Capitulo N° 18
Durante semanas después de descubrir que mamá había golpeado a Ben, no podía estar cerca de ella, apenas podía hablar con ella, y nadaba en un estanque fangoso de amargo resentimiento y culpa. Sin embargo, pasar mis noches con Emmett cuando podía, independientemente de que el tiempo involucrara el mejor sexo de mi vida, o un tiempo tranquilo leyendo un libro mientras él y Ben trabajaban juntos en su novela gráfica, me cambió. Desintegró poco a poco mi amargura.
El peso que siempre llevaba sobre mis hombros no había desaparecido por completo, pero fue reducido. Cuando caminaba por la calle, mis pasos se sentían más ligeros, respiraba más fácil. Ya no me sentía vieja y cansada.
Me sentía joven. Emocionada. Encantada. Casi… satisfecha.
También me decidí a tratar de relajarme más sobre nuestra situación financiera. Por difícil que era, cedí en el gasto de enviar a Ben a las lecciones de judo con Emmett. Significaba que los chicos estaban fuera la mañana del sábado, una de las pocas veces que Emmett y yo podíamos, de hecho, pasar un tiempo juntos, pero no me importaba. Sonaba tan cursi, pero viendo a Ben pasar a través de esa puerta, sonriéndole a Emmett, siendo feliz y teniendo a un hombre para hablar… me dio una especie de paz que nunca pensé que tendría.
Emmett McCarty. Tú, tan encantador. Estás cambiando mi vida.
Apoyé la mano en el paquete que acababa de terminar de envolver, sonriendo estúpidamente mientras recordaba la noche anterior. Bueno, técnicamente esta mañana. Tanto Emmett como yo habíamos regresado del trabajo, sintiéndonos más agitados que cansados, y por fin me había tomado contra su escritorio como me había estado prometiendo. Había sido un lento, sensual, burlón, sexo malditamente fantástico. Te juro que estaba pasando a través de mis días en un torrente de endorfinas. Creo que eso es lo que hizo más fácil al decir adiós a algunas cosas muy bonitas.
Acaricié el papel marrón del paquete. Dentro estaba mi vestido favorito Donna Karan; uno que Royce me había comprado. Se había vendido bien en eBay y ya era hora de enviarlo a su nuevo hogar.
Soplando aire entre mis labios, aburrida, miré mi montón de eBay. Había vendido un par de cosas, pero todavía tenía que tomar fotografías de un par de artículos y publicarlos en el sitio. Las ganancias estaban pagando las clases de judo de Ben, así que necesitaban hacerse. Tenía que seguir adelante. El siguiente, un par de Jimmy Choos.
Mirándolos, me di cuenta que iba a necesitar que uno de los chicos me ayudará con esto. Los magníficos zapatos de tacón de diez centímetros se componen de una gran cantidad de finas tiras. Fuera de los pies, no se veían muy bien. Puestos, se veían sexy como el infierno. Tendría que estar usándolos en las fotografías, lo que significaba que iba a necesitar a alguien para tomarme las fotografías.
Sujetándolos en mis brazos, dejé la habitación de Ben y me detuve fuera de la puerta de mamá. Ronquidos fuertes desde dentro me aseguraron que todo estaba normal con ella, y me dirigí fuera del apartamento y escaleras abajo hacia el piso de Emmett. Él y Ben me habían enviado mensajes de texto después de su clase de judo para hacerme saber que iban a la casa de Emmett para trabajar en la novela gráfica.
Por los sonidos de ametralladoras procedentes del piso de Emmemtt, me di cuenta que había sido engañada. Estaban jugando Call of Duty.
Entré sin llamar y me deslicé en silencio en la sala de estar. Emmett, Ben y James estaban sentados en el sofá, James y Ben sostenían los controles.
Peetie estaba en el sillón frente a mí directamente. Había visto a James y Peetie un par de veces desde que Emmett se había mudado, pero todavía no había pasado realmente mucho tiempo con ellos, sobre todo porque cuando estaban por aquí más que nada jugaban a los videojuegos, en realidad sólo interactuando conmigo cuando me tomaba el tiempo para traerles unos bocadillos.
Peetie me vio y me saludó ondeando su mano, llamando la atención de Emmett. Él se volvió y me dedicó una sonrisa de bienvenida que me golpeó en el estómago, despertando todas esas molestas mariposas revoloteando por ahí.
—Hola, nena.
Levanté una ceja a su pantalla plana.
—¿Esto es trabajar en una novela gráfica?
—James y Peetie vinieron con nosotros después de la clase. —Como si eso lo explicara todo.
—¡Hola, Rose! —dijo James por encima del sonido de disparos, sus ojos parpadeando sobre mí brevemente—. ¿Has traído bocadillos por casualidad?
Esa era yo. La dama de los sándwiches.
—No. —Sostuve mis zapatos en alto, dirigiéndole a Emmett una mirada inquisitiva—. Necesito que tomes una foto mía usando éstos.
Emmett los miró y luego levantó las cejas.
—Vaya. —Levantó las manos, haciendo un gesto a sus amigos—. No delante de los chicos.
Entrecerré mis ojos hacia él.
—No ese tipo de foto, ansioso pervertido sexual.
—Eh, antes de que nadie diga nada más —intervino Ben en voz alta—, recuerden que su hermanito está en la habitación.
Emmett sonrió y se levantó.
—¿Esto es para eBay?
Dándole mi cámara, asentí, y luego empecé a quitarme los zapatos y amarré las correas de los Jimmy Choos. Una vez que estaban puestos, levanté mi pierna para mirarlos, girando el tobillo de un lado a otro, lamentando ya su pérdida.
—Nena, si los amas tanto, consérvalos.
Hice un puchero.
—No puedo. Cuestan una cantidad ridícula de dinero. Sería estúpido conservarlos.
—Maldición, hombre —susurró James, su atención repentinamente en los zapatos y mis piernas—. No la dejes vender esos. —Sus ojos acalorados devorándome—. Esos son realmente calientes.
—En serio, voy a golpearte —le advirtió Emmett sombríamente.
James se encogió de hombros, me lanzó una sonrisa descarada, y se volvió hacia la pantalla del televisor.
—No es mi culpa que tu novia sea tan jodidamente ardiente.
Ben golpeó con el hombro a James antes de que Emmett pudiera tomar represalias.
—Amigo, esa es mi hermana.
—Y, amigo, cuida tu lenguaje. —Traté de no sonrojarme. Ignorando la sonrisa impertinente de James, giré mis pies para que Emmett pudiera conseguir una buena foto de los zapatos. Mis ojos se posaron en Peetie, quien estaba enviando mensajes de texto a alguien.
Por lo que Emmett me había dicho, me imaginé que probablemente era a su prometida, Emily. Peetie estaba envuelto alrededor de su dedo meñique, aparentemente. Parecía un buen tipo. Un balance para lo impredecible, contundente y presuntuoso de James. James era hermosísimo, no rudamente sexy como Emmett, o calientemente áspero en la superficie como Edward. Él era impresionante como una estrella de cine, con su abundante cabello rubio e incluso los ojos negros, y él lo sabía.
Mi mirada se trasladó a Ben, quien estaba empezando a parecerse más y más a nuestro padre cada día. Mi padre pudo haber sido un bruto y un imbécil, pero había sido guapo. Una vez que Ben se diera cuenta de que era un niño guapo, dependería de las influencias en su vida en cuanto a cómo iba a reaccionar hacia eso y a las niñas.
No quería que se convirtiera en un James.
—Espero que ustedes tres no estén corrompiendo a mi hermano.
James resopló.
—¿Es una broma? Si alguien está haciendo de corruptor, es él.
Ben sonrió ante eso y sentí una extraña mezcla de alegría y preocupación. En las últimas semanas me di cuenta de una diferencia en él. Todavía gruñía y se encogía de hombros mucho y sin duda estaba destinado a ser melancólico, pero en realidad había empezado a conversar con otras personas además de Emmett y de mí, y lo tomé como una buena señal. Pasar tiempo con James, sin embargo, podría convertirlo en un engreído. O, bueno, andando alrededor de Emmett podría convertirlo en un arrogante.
—Hecho. —Emmett me dio mi cámara con un rápido beso en los labios.
—Gracias. —Acababa de desenganchar la correa en mi tobillo, cuando la boca de Emmett rozó mi oreja.
—Ven aquí esta noche, y espérame en nada más que esos zapatos.
Mi piel se sonrojó calientemente ante el pensamiento y rápidamente miré hacia Ben y los chicos para asegurarme de que no habían oído. Estaban completamente ajenos. Mis ojos se encontraron con la mirada oscura de Emmett y asentí estando de acuerdo.
Un teléfono sonó y renuentemente rompimos el contacto visual.
Ben levantó su teléfono.
—Puedo. Me tengo que ir. Los chicos me están esperando en el cine.
—No hemos terminado —se quejó James.
Peetie rió.
—James, compañero, cuando intentas convencer a un adolescente a pasar tiempo contigo jugando videojuegos, es hora de reevaluar tu vida.
Nos reímos, ganándonos una seña con el dedo medio de James.
—Estaré en casa en unas horas —me informó Ben con una sonrisa antes de dejar el apartamento. Esa sonrisa me dio más calidez que una taza de chocolate caliente.
—En realidad, ustedes también deberían irse. —Emmett se dirigió hacia ellos, haciendo un gesto para ahuyentarlos.
Peetie se puso de pie con una sonrisa de complicidad.
—Claro, no hay problema, Emily quiere que me encuentre con ella en Princes Street de todos modos.
Gruñendo, James apagó la consola y la tele.
—Ambos son unos arrastrados.
—¿Viste los zapatos? —preguntó Emmett con aire de suficiencia, haciéndome sonrojar. Si no sabía que tenía planes inminentes para follarme, lo sabía ahora. Y también lo sabían sus amigos.
James se quejó un poco más, haciéndome sonrojar aún más con un:
—Bastardo afortunado.
—Nos vemos luego, Jo. —Peetie asintió hacia mí cuando nos pasó.
—Cuida de esos tacones en tu espalda. Esos hijos de puta pueden lastimar —le aconsejó James, golpeando a Emmett en el brazo.
Me quejé mortificada mientras Emmett se reía.
—Usen protección. —James me guiñó un ojo—. Y a divertirse, niñitos.
Tan pronto como la puerta se cerró detrás de ellos, fulminé a Emmett.
—No vamos a tener sexo.
Su boca se abrió de golpe.
—¿Por qué no? Los eché. Tenemos un par de horas de sexo ininterrumpido.
—Sí, pero ahora ellos saben qué es lo que estamos haciendo.
—¿Y qué diferencia hay?
—No lo sé. Pero hace alguna diferencia.
Emmett inclinó la cabeza hacia un lado.
—Lógica femenina. Necesitan su propio código decodificador.
—Deberíamos invitar a Peetie y a Emily a salir a cenar con nosotros.
—Bueno, tal vez es sólo la lógica Rose. —Emmett se rió de mí por mis cambios de tema.
Me encogí de hombros, dirigiéndome a la chimenea para recoger un marco de fotos que Emmett tenía en la repisa de la chimenea. Contenía una foto de él, James y Peetie disfrazados de superhéroes para Halloween. Emmett era Batman. Por supuesto que lo era.
—Pensé que sería agradable el llegar a conocer mejor a tus amigos. Son como tus hermanos.
—Bueno, eso suena bien. Voy a hablar con él al respecto.
—Yo diría que deberíamos invitar a James, pero traer a una chica a cenar con sus amigos podría ser el tipo de señal que quiere evitar enviar a una de sus… acompañantes.
Emmett gruñó.
—Y estarías en lo cierto.
Estudiando la foto de James vestido como Iron Man, fruncí el ceño.
Realmente era increíblemente guapo. Y había algo en él. Detrás de todas las bravatas había algo más. Estaba en sus ojos. Eran amables.
—¿Está completamente en contra de todas las relaciones? Es una pena si es así. —Me volví a sonreír suavemente a Emmett—. Realmente parece un buen tipo.
—Lo es. —Emmett asintió, pareciendo muy serio de repente—. Pero… perdió a alguien.
Un dolor atravesó mi pecho mientras procesaba lo que Emmett no estaba diciendo.
—¿Una chica?
Apartando la mirada, me di cuenta que lo que fuera que había ocurrido también había afectado a Emmett.
—Fue hace mucho tiempo, pero lo cambió.
Aturdida, negué con la cabeza, mirando hacia atrás al James sonriente en la foto.
—Uno nunca sabe con qué dolor viven las personas, ¿verdad? Todos somos demasiado buenos ocultándolo.
—Tú eres la mejor.
Sí, no iba a estar en desacuerdo con eso.
Perdida por un momento, mirando la foto, sintiendo una profunda simpatía por James y por el amor que había sido tomado de él, no escuché a Emmett moverse hasta que estaba de pie justo detrás de mí. El calor de él, el olor de él, me sacó de mis pensamientos melancólicos y mis dedos cayeron del marco de la foto, mi cuerpo cada vez más caliente a la espera de él.
Sus manos descansaron en mis caderas por un momento y eso era todo lo que necesitaba para sentir un estremecimiento de emoción bajo en mi vientre. Fuertes dedos se cerraron en el borde de mi jersey y lentamente empezó a tirar de él hacia arriba.
El movimiento exigió que levantara los brazos sobre mi cabeza y así lo hice, la habitación estaba en silencio, salvo por la suave respiración y el roce de la ropa. La oscuridad descendió sobre mí por un segundo mientras tiraba el jersey por encima de mi cabeza, el aire frío susurrando a través de mi piel, besándola hasta enchinarla. Me estremecí, dejando que mis brazos cayeran lentamente mientras mi jersey caía al suelo.
La cálida mano de Emmett rozó mi espalda suavemente, deslizando el cabello por encima de mi hombro. Tiernamente, sus dedos rozaron mi piel, siguiendo la correa de mi sostén hacia mi hombro y a lo largo de la parte alta de mi espalda.
Sentí un ligero tirón y mi sujetador se soltó, descendiendo hasta el suelo con un leve empujón de Emmett. Otro temblor se trasladó a través de mí y mis pezones se erizaron firmemente con excitación. Me removí un poco, mi ropa interior frotándose contra mí, húmeda por la emoción.
Me torturó con su toque, sus hábiles dedos rozando mi cintura, mis costillas, la curva de mis pechos. Gemí, dejando caer mi cabeza hacia atrás, mi espalda arqueándose, mis pechos rogando por ser tocados. Mi súplica silenciosa fue ignorada mientras la exploración suave de Emmett se movía a mi estómago, sus manos deteniéndose en la pretina de mi falda.
Dando un paso más cerca, de modo que su frente estaba presionada contra mi espalda, Emmett metió sus pulgares en el tejido de mi falda y pantalón y empujó hacia abajo. En lugar de dejar que cayeran, mantuvo prensada la tela con sus palmas presionadas contra ella, capturándola contra mi cuerpo, mientras sus dedos bajaban por mi piel desnuda. Él siguió el movimiento, y lentamente bajando, se puso de cuclillas, sus caricias burlonas cubriendo mis muslos externos, más allá de mis rodillas, pantorrillas abajo, hasta que sus pulgares rozaron mis tobillos.
Luchando por controlar mi respiración temblorosa, salí de mi ropa. Su calor se apresuró a regresar a mi cuerpo mientras se levantaba. Acarició las mejillas de mi trasero y me habría tropezado hacia adelante en la repisa de la chimenea si él no hubiera envuelto un brazo alrededor de mi cintura, llevándome de nuevo contra él. Algo duro golpeó mis nalgas y no necesité de su repentina falta de aliento para decirme que era su excitación. Unos labios cálidos apenas tocaron mi hombro, y luego su brazo se había ido, pero no su calor.
El sonido de una cremallera detrás de mí me puso resbaladiza con anticipación, mi respiración cada vez más fuerte en el silencio de la habitación. Se escuchó el susurro de la ropa y vi su camiseta caer al suelo por el rabillo de mi ojo, y entonces la tela de sus jeans se había ido contra mi trasero, el palpitante calor desnudo de su pene excavó en la curva de mi trasero.
Y después se había ido también.
Confundida, giré la cabeza sobre mi hombro, mi mirada cayendo sobre la alfombra delante de su chimenea vacía. Desnudo, y duro, Emmett me miró con ojos ardientes. Se quedó allí, con las rodillas dobladas, los brazos detrás de él, las palmas de las manos en el suelo.
Levantó una mano, sin decir una palabra, y yo me volví a tomarla.
Colocándome sobre él, me sonrojé, temblando mientras estaba allí con mis pies a cada lado de sus caderas, tan vulnerable y abierta a él. Emmett tiró de mi mano, y yo le seguí el movimiento, bajándome de rodillas, la alfombra una almohada suave en contra de ellas. Tomando su erección en la mano, Emmett la guió a mi entrada, y a medida que bajaba más, él me llenó, deslizándose en mi canal mojado con una satisfacción que nos hizo a ambos jadear. Agarré sus hombros y me elevé muy ligeramente, la deliciosa fricción haciendo que un cúmulo de tensión se enroscara en mi vientre. Mis labios se abrieron en una exhalación encantada, y mis ojos se clavaron en los de Emmett cuando mis caderas comenzaron a ondular contra su ritmo perfecto.
Fue intenso, ver el placer escalar en sus ojos mientras él veía lo mismo en los míos. Mi piel comenzó a arder y traté de moverme más rápido, persiguiendo el clímax, pero Emmett me frenó, agarrando mis caderas para flaquear mis movimientos. Sus ojos se apoderaron de mi rostro, deteniéndose en cada pequeño detalle, haciéndome sentir más desnuda de lo que nunca me había sentido antes.
Sacudí la cabeza, en silencio diciéndole que se detenga. Su agarre en mis caderas se endureció. No podía apartar la mirada. Quería mirar hacia otro lado. Era mucho. Demasiado. Sintiendo las lágrimas pinchar mis ojos, me incliné hacia delante, aplastando mis pechos contra él, envolviendo mis brazos alrededor de su cuello, mis labios en su cabello mientras lo montaba con estocadas tortuosamente lentas.
Sintiendo un suave tirón en mi cabello, dejé que me enderezara, arqueando mi espalda bajo su control. Un caliente y húmedo ardor capturó mi pezón mientras él tomaba mi seno derecho en su boca, apretando y acariciando con la otra mano el izquierdo, pellizcando mi pezón entre sus dedos índice y pulgar. Un grito escapó de mis labios cuando una fuerte oleada de placer se disparó entre mis piernas, y me agarré a su nuca con más fuerza, moviéndome más rápido ya sea que él quisiera o no.
Su boca se movió, presionando besos húmedos sobre mi pecho, mientras yo me estrellaba contra él, necesitando más, necesitando todo. Él gimió contra mi piel, sus dedos clavándose en los músculos de mi espalda.
—Emmett —susurré mientras la tensión se elevaba y erigía, mis caderas moviéndose más rápido contra la suya—. Estoy cerca. Tan cerca… —
Queriendo su boca cuando acabara, tiré suavemente de su cabello, arrastrando su rostro hacia el mío, mis labios cayendo sobre los suyos, deslizando mi lengua profundamente en su boca para un beso hecho de erotismo, de nostalgia pura.
La tensión se rompió dentro de mí. Acabé con un grito ahogado en su boca, y mis músculos momentáneamente bloqueados en torno a él a medida que mi sexo apretaba su pene, ola tras ola de palpitante placer cayendo en cascada sobre mí. Me derrumbé contra él por completo, mi frente en su hombro mientras él bombeaba dentro de mí un par de veces antes de que el calor húmedo de su liberación explotara dentro de mí, gruñendo roncamente en mi oído cuando acabó, causando que mis músculos internos se impulsaran a su alrededor unas cuantas veces más.
Permanecimos allí por un buen rato, envueltos uno alrededor del otro.
Sin decir una palabra.
Sin necesidad de hacerlo.
Emmett gimió.
—Tengo que irme en una hora.
Estábamos tumbados en la alfombra, la manta de piel sintética de su sofá la cual Chelsea había comprado como regalo de mudanza, ahora arrojada sobre nosotros. Mi cabeza descansaba sobre el pecho de Emmett, mis piernas enredadas con las suyas, mientras sus dedos jugueteaban con mi cabello.
—Trabajar apesta —le dije con un puchero, trazando las florituras tatuadas en su brazo derecho.
—Ya lo sé. Podría quedarme aquí para siempre.
Sonreí contra su piel, absolutamente encantada.
—Ya sabes, lo único que haría esto más perfecto sería un verdadero fuego en esa chimenea.
Dio un resoplido de risa.
—Voy a encender algunas velas la próxima vez.
—Muy bien. ¿Alguien te ha dicho que eres un poco romántico?
—Nop. Esa es sin duda la primera vez que me han llamado así.
Sorprendida, incliné la cabeza para mirar su rostro.
—¿En serio?
—En serio. —Sus labios temblaron—. ¿Crees que soy romántico? Nena, eso no dice mucho de esos imbéciles con los que has salido.
Le sonreí en respuesta.
—En realidad, tienes tus momentos.
Con los ojos suaves, le dio a mi hombro un apretón.
—Lo haces fácil.
—¡Ves! —exclamé en voz baja, con los ojos brillando con total satisfacción—. Eso fue romántico.
—¿Lo fue?
—Sí. ¿Seguramente, has sido romántico con tus ex novias?
¿Por qué, oh, por qué pregunté eso? ¿Realmente quiero oírlo hablar de las ex-novias?
Afortunadamente, Emmett eludió la pregunta. Desafortunadamente, él la eludió al hacer otra.
—Entonces, ¿Royce era romántico? ¿Y ese tipo Marco? —Ahí hubo un claro filo en la pregunta, así que pensé que lo mejor sería ir con cuidado. Pero honestamente.
—Marco podía ser muy romántico. Todo corazones y flores y mierdas como esas.
Emmett gruñó.
—¿Mierdas como esas?
Me encogí de hombros, sintiéndome bien hablando de ello ahora que estaba envuelta en los brazos de algo real.
—Mirando en retrospectiva, todo parece falso. Estuvimos juntos dos años. Él se encontró con Ben un par de veces. Nunca conoció a mamá. Lo veía cada fin de semana cuando podía. Él me mandaba flores, me compró cosas buenas, salimos en el Día de San Valentín. Conocí a sus padres, pero sabía muy poco de ellos. Salía con algunos de sus amigos y sabía aún menos acerca de ellos. No sabía si tan siquiera conocía a Marco. Sé con certeza que él no me conocía. Así que, sí… mierdas como esas. Prefiero el sexo caliente contra un escritorio con un tipo que sabe exactamente en lo que se está metiendo, perdón por el juego de palabras, acerca de flores y chocolates mil veces.
Miré hacia Emmett y lo vi con una amplia sonrisa hacía mí.
—Creo que estoy teniendo una influencia terrenal en ti, Rosalie Hale.
Le sonreí de vuelta.
—Yo también lo creo.
Frotó su pantorrilla contra la mía y me atrajo aún más cerca.
—¿Y Royce?
—Él tenía sus momentos. Una vez más, no sabía mucho acerca de él, y él parecía feliz con eso. Sabía que tenía una ex-esposa, que su madre había fallecido pero su padre estaba vivo. Tenía un hermano muy cercano, pero no lo suficientemente cerca para presentarme. No me conocía en absoluto como pensaba que lo hacía… pero era un verdadero caballero.
Sentí a Emmett tensarse debajo de mí por un segundo antes de dejar salir aire entre sus labios.
—Te preocupabas por él.
Después de presionar un beso tranquilizador en su pecho, asentí.
Ese silencio cayó sobre nosotros una vez más, el que parecía tan lleno de palabras no dichas, tan lleno de emoción, cargando el aire entre nosotros. Comprendiendo lo que significaba, sentí mi pecho oprimirse con la gravedad de la emoción. Para detenerme de decir las palabras muy pronto, estúpidamente le pregunté lo que no quería saber.
—¿Alguna vez has estado enamorado?
Cuando él dejó escapar un gran suspiro, traté de no reaccionar físicamente, y cuando contestó en voz baja—: Sí. —Traté de no sentirme enferma.
Fue una estupidez, por supuesto, sentir dolor en el pecho, sentir mi estómago revolverse y mi cerebro gritar: ¡Noo! pero no pude evitar mi reacción. Emmett había estado enamorado.
Tomándome un momento para asegurarme de que mi voz fuera firme, inhalé otra respiración y luego le pregunté:
—¿Cuándo? ¿Quién?
—¿De verdad quieres saberlo? —Su voz era ronca.
—Si me quieres decir, yo quiero saber.
—De acuerdo —contestó suavemente, su mano deslizándose por mi brazo en una caricia—. Fue hace mucho tiempo. La conocí hace diez años, cuando tenía dieciocho años. Su nombre era Heidi y nos conocimos en nuestro primer período de la uni.
Heidi.
Y él la había amado.
Ya me estaba imaginando a una belleza alta, de cabello oscuro y ojos inteligentes y auto control genial como Bella. Empujé esas fantasías a un lado.
—¿Qué pasó?
—Estuvimos juntos durante tres años y medio. Pensé que nos comprometeríamos, compraríamos una casa, nos casaríamos, tendríamos niños. Pensé que era ella.
¿Era un cuchillo eso que él estaba retorciendo en mi costado? Me mantuve inmóvil, tratando de aplastar los celos intensos y el dolor que sentía ante su revelación.
—Sin embargo, a Heidi le ofrecieron un puesto en una universidad de Francia para hacer su postgrado en literatura francesa. Así que rompí con ella. Rompí con ella antes de que ella pudiera romper conmigo, porque sabía que iba a elegir a Francia y ella sabía que yo nunca dejaría Escocia. No podía dejar a mis padres o James y Peetie atrás. Ella iba a terminarlo, así que lo hice más fácil para ella.
Había tanto en esa confesión que mi garganta se cerró con ansiedad. No dije nada, sólo enlacé mis dedos con los suyos y esperé que el dolor disminuyera.
No lo hizo.
Un rato más tarde, nos duchamos juntos y luego Emmett me dejó para ir al bar. Me encontré dirigiéndome a mi piso en una niebla de desaliento absoluto. Traté de sacarme de mi estado de ánimo sombrío, dándole sonrisas fáciles y besos suaves, diciéndome a mí misma que no había una sola vez que me hubiera dado motivos para creer que no estaba en esto conmigo, que él no sentía lo que yo sentía cuando estábamos juntos.
Casi me había convencido cuando entré en mi apartamento, pero cuando cerré la puerta, me encontré cara a cara con mi madre. Se tambaleó sobre sus pies descalzos, su camisón colgando como un saco sobre su delgado cuerpo. Sus ojos desenfocados y los pies inestables me dijeron que no había tomado con calma hoy la bebida. Hoy ella quería estar bien y verdaderamente enojada.
—¿Dónde has estado?
No estaba de humor para hablar con ella, le respondí en breve:
—Con Emmett. —Y pasé junto a ella, en mi camino a mi habitación.
—¿Dónde fue?
Suponiendo que estaba preguntando a dónde había ido él, la miré por encima del hombro.
—Al trabajo.
—Bar —se burló ella—. Un poco perdedor, ¿eh?
Dado que yo también trabajaba en el bar, traté de no tomarlo como algo personal.
—En realidad él es un diseñador gráfico, mamá.
—Mmph, un cabrón de lujo, ¿eh? —Ella soltó una risa y se dirigió hacia la cocina—. ¿Qué diablos está haciendo contigo?
Me quedé helada.
—Aburrirse contigo, pequeña muchacha. No lo suficientemente inteligente para él.
Volví por el pasillo, corrí al baño y me encerré en él, escuchando mis inseguridades comerme. Sonaban terriblemente igual a mamá cuando estaba borracha.
Pero ella tenía razón, ¿cierto?
Emmett había estado enamorado de una chica que había sido inteligente e interesante, dirigiéndose a Europa para hacer un postgrado en literatura francesa.
Había estado enamorado de alguien que obviamente era todo lo contrario a mí. Peor aún, no habían terminado porque él había dejado de amarla. Se terminó a causa de sus problemas de abandono de mierda.
Me miré en el espejo, en busca de algo, algo interesante, algo único, algo que me hiciera alguien con quien Emmett necesitara estar.
No pude encontrar nada.
Un sollozo se elevó hasta mi boca y dejé que las lágrimas cayeran.
Hoy me había enamorado de Emmett McCarty. Pero, ¿cómo podría esperar que él me amara cuando yo no podía encontrar nada en mí digno de ser amado?
