Capitulo N° 19

―Tengo panqueques —anunció alegremente Helena McCarty, alcanzando el plato de su esposo. Inmediatamente puse mi plato limpio encima del de Ben y agarré el de Emmett también.

—Yo ayudaré. —Sonreí cortésmente.

Helena y Anderson McCarty no habían sido nada sino amigables y abiertos conmigo y con Ben desde que habíamos llegado a su casa ayer, pero todavía no podía quitarme de encima mi nerviosismo.

No era sólo porque eran los padres de mi novio y yo quería gustarles. Era porque eran los padres de Emmett —padres que él adoraba— y quería que ellos pensaran que era lo suficientemente buena para su hijo.

La última semana había sido extraña. A principios de la semana yo todavía me sentía insegura y extraña sobre el anuncio de Emmett, de que había estado enamorado de esta Heidi que sonaba como una persona exótica, pero ya que él pasaba todo su tiempo libre conmigo, y era incluso afectuoso en el bar —pareciendo incapaz de mantener sus manos lejos de mí por más de cinco segundos— esas inseguridades empezaron a desaparecer en el fondo hasta que finalmente apenas era siquiera consciente de ellas.

Mientras el sábado se acercaba, y Ben y yo nos preparábamos para una noche en Longniddry, me volví más y más ansiosa por conocer a los padres de Emmett. Le confesé esto a él y pensó que era adorable. Parecía estar completamente seguro de que a ellos les gustaría.

Así también Royce.

Todavía seguíamos escribiéndonos, y el miércoles él me había llamado para hablar por primera vez desde la separación. Había sido difícil al principio, pero la tensión entre nosotros se alivió cuando me dijo que estaba saliendo con alguien. Dijo que ese alguien era mayor que yo y que tenía un niño, y Royce se sentía un poco fuera de su profundidad con ella. Le dije que mimara a la madre trabajadora del niño y la conquistaría en poco tiempo. Me dijo que sólo fuera yo misma y que me ganaría a los padres de Emmett en poco tiempo. Había colgado el teléfono preguntándome de cual "yo misma" estaba hablando, ya que no creo que alguna vez le hubiera presentado a la verdadera.

El sábado por la mañana, Emmett había alquilado un auto para llevarnos fuera de la ciudad y antes de darme cuenta estábamos conduciendo por la calle principal de Longniddry, pasando pintorescas casitas con sus ladrillos del color de la playa y los tejados de pizarra roja y el bar del pueblo, que se veía bien frecuentado, pero yo no había sido capaz de disfrutar de la idílica hermosura. Era un día frío de primavera y el sol salió y el pequeño pueblo estaba bastante atestado. ¿Pero yo? Estaba demasiado ocupada mordiendo mi labio. A pesar de la seguridad tanto de Emmett como de Royce, pequeñas mini-versiones de mí habían empezado a volverse locas juntas en mi estómago. Podía sentirlas pateando y gritando allí.

Giramos a la izquierda en una rotonda, la conocía, y Emmett había señalado la gran puerta de piedra roja de entrada a la finca Gosford, parloteando acerca de algo que su padre le había dicho acerca de esto. Ben había respondido, así que deduje que él estaba escuchando realmente. Yo, por el contrario, estaba tratando de no vomitar.

Cuando entramos en una urbanización bien cuidada y estacionamos delante de una casa de tamaño mediano encalada con un techo rojo, perdí mi capacidad de respirar. Emmett se rió de mi reacción, dándome un fuerte y rápido beso, antes de hacernos acompañarlo saliendo del auto y hacia la casa de sus padres.

Habían sido encantadores hasta ahora. Helena o Lena, como ella prefería que la llamaran, era cálida, amable y de ingenio seco, y Anderson — Andy— era tranquilo, amable y estaba verdaderamente interesado en mí y Ben. Su perro, Bryn, era una enérgica cachorra King Charles de catorce meses quien de inmediato se enamoró de Ben, y viceversa.

Habíamos ido juntos a la posada local para el almuerzo, donde charlamos sobre el trabajo, mi trabajo, el trabajo de Emmett, su trabajo y el talento de Ben para dibujar y escribir. Deduje que Emmett les había dicho algo sobre mamá porque daban vueltas alrededor del tema con mucho cuidado.

Sorprendentemente, no me importó si ellos sabían. Emmett era obviamente cercano a ellos y compartía mucho de su vida. Si eso me incluía y a mi vida, yo sólo podía tomar eso como una buena señal para nuestra relación.

Esa noche habíamos visto algo de televisión con ellos y Ben había estado dibujando sobre un programa de historia que Andy estaba viendo, encontrando el conocimiento de Andy sobre eventos históricos completamente fascinante. Era multifaceta, escuchando a Andy mientras atormentaba la vida de Bryn, quien amaba cada minuto de la atención.

Me había sentado en la cocina con Emmett y su madre mientras ella sacaba fotografías antiguas de bebé que me hicieron reír. Emmett había sido un preadolescente de aspecto gracioso. Era tan lindo.

Era todo tan normal.

Tan perfectamente normal.

Era maravilloso.

A la hora de dormir, Ben tomó el sofá y Emmett y yo aterrizamos en su antiguo dormitorio. Había sido completamente conservado desde sus años de adolescencia: pósteres de bandas que parecían de una década anterior pegados sobre sus paredes, recortes de revistas de cine, así como sus propios dibujos. Al igual que sus bocetos ahora, consistían en geniales y pequeñas paradojas de dibujos animados. Él tendía a dibujar a las caricaturas en una acción que estaba totalmente en desacuerdo con su apariencia física. Me había robado uno de sus dibujos recientes, esbozado en una servilleta en el trabajo. Era una caricatura de un mercenario: grandes y abultados músculos, chaleco de cuero, botas de motociclista, cadenas, casquillos de balas atados a su alrededor, pañuelo, pistolas en fundas y un cuchillo escondido en sus botas. En sus manos había una gran caja abierta de chocolates en forma de un encantador corazón y mientras él se los comía llevaba esta soñadora, y tonta, sonrisa en su cara. Era hasta ahora mi favorito.

La antigua habitación de Emmett explotaba con su personalidad adolescente y me encantó. Me sentí como una adolescente cuando empezamos a besarnos en silencio en su cama. Me había detenido antes de que se pusiera demasiado caliente y pesado, negándome a tener relaciones sexuales bajo el techo de sus padres. Él no había estado contento por eso, pero teniendo en cuenta que tenía el colchón más rechinante del planeta Tierra no cambiaría de opinión sobre el tema.

Acurrucarme con él sólo para quedarme dormida había estado bien de todos modos. Dulce. Un poco emocional. Seguro.

Me había despertado contenta, con el olor del desayuno.

Después de que nos llenamos con un enorme desayuno que incluía increíbles haggins fritos, Lena estaba ahora decidida a matarnos. O a mí. Los chicos parecían perfectamente felices con la idea de engullir panqueques.

—Tal vez me quedaré fuera de estos —le dije a Lena con una sonrisa irónica—. Estoy bastante llena.

—Tonterías. —Ella me devolvió la sonrisa mientras dejaba los platos en el fregadero—. Si puedes comer todo lo que quieras y todavía mantener tu bella figura, entonces deberías.

Brillando por su cumplido, lavé los platos rápidamente y luego los puse en el lavavajillas. Para cuando me di la vuelta, Lena ya había acumulado un montón de panqueques en dos platos.

—Toma los siropes. —Ella asintió a las botellas de sirope dorado y de chocolate.

La seguí de regreso al comedor y me senté, observando como todo el mundo hincaba el diente, ignorando a Bryn, quien deambulaba de un asiento a otro, sus hermosos ojos de color marrón pidiendo a alguien que le lanzara un pedazo de los excelentes panqueques. Tomé un panqueque por ser cortés, arranqué un pedazo y lo balanceé subrepticiamente debajo de la mesa. Una suave boca de perrito la engulló, lamiendo mis dedos en agradecimiento. Yo inmediatamente alcancé una de las servilletas en el centro de la mesa, haciendo caso omiso de la astuta sonrisa de Emmett.

—Emmett dijo que ha solicitado un puesto de trabajo de diseños gráficos en la ciudad —le dijo Andy a Lena mientras ella se acomodaba en su propio lugar.

—Oh, eso es bueno, hijo. ¿Para qué compañía es?

—Es una compañía de sitios web —respondió Emmett después de tragar un bocado de comida—. No es mucho más dinero que en el bar, pero estaría haciendo lo que me gusta.

—Y es mejor que tener que viajar a Glasgow o mudarse hacia el sur — añadí, mi pecho oprimiéndose ante el pensamiento de Emmett yéndose.

—Cierto —convino Lena.

—No voy a mudarme —nos aseguró Emmett, o a mí, más bien, sonriéndome con calor en sus ojos lo que fue increíblemente embarazoso delante de sus padres—. Me gustan demasiado mis vecinos.

Me sonrojé, sonriendo.

—Amigo —murmuró Ben, sacudiendo la cabeza.

—¿Qué quieres decir, amigo? —preguntó Emmett, ofendido de que Ben hubiera insinuado que no era genial—. Eso es lo más amable que vas a conseguir, compañero.

—Sí. —Asintió Andy, cortando un delicioso bocado del panqueque empapado en sirope mientras le guiñaba un ojo a su esposa—. Lo aprendió del mejor.

Antes de irnos por el día decidimos llevar a Bryn a la playa. No era una playa perfecta. Era típica de la zona, cubierta de piedras, mejillones, algas repulsivas y gaviotas. Bryn salió inmediatamente detrás de las gaviotas, zambulléndose en el agua fría sin cuidado, la lengua del perrito colgando de su boca en absoluta delicia. Fue lindo que pensara que las gaviotas estaban jugando con ella cuando en realidad eran apenas conscientes de su presencia hasta que les ladró para saludarlas y las asustó alejándolas.

Casi como lo que Edward debe haber pensado de mí cuando nos conocimos. Yo había hablado efusivamente sobre él como una idiota, tan decidida a encontrar al hombre perfecto que había estado ciega a su encaprichamiento con Bella.

Mientras caminaba con Andy a mi lado, Lena, Ben y Emmett en frente, jugando con Bryn, me pregunté quién era esa persona que había actuado como una tonta por un hombre. No la reconocía. No la conocía y no quería volver a encontrarme con ella nunca más.

Gracias a Emmett, no creía que hubiera una remota posibilidad de que lo hiciera.

—Él es feliz —dijo Andy de pronto, en voz baja para que no la arrastrara el viento que estaba azotando mí cabello más allá de mis mejillas.

Lo metí detrás de mí oreja, lanzándole una mirada curiosa.

—¿Emmett?

Andy asintió, dándome una sonrisa, una que llegó a sus ojos, que estaba llena de una sorprendente cantidad de afecto.

—Sabía, por su manera de hablar de ti en el teléfono que eras diferente.

Sin embargo, conociéndote, viéndolos juntos, lo sé.

Confundida, disminuí mi paso mientras mi corazón se aceleraba.

—¿Saber qué?

—Mi hijo siempre ha sido una persona privada. Él tiene a su familia y a James y a Sam, y eso siempre ha sido suficiente para él. Ha habido novias, obviamente, unas de las que él estuvo cerca, pero siempre mantuvo su estrecho círculo, excluyéndolas y sin siquiera darse cuenta. — Andy sonrió de nuevo, sus ojos en Emmett, quien estaba caminando con su brazo alrededor de los hombros de su madre, sonriéndole a la cara—. Sin embargo, no a ti. Tú estás dentro. Y Emmett está… bueno, no creo haberlo visto nunca así de feliz.

Mi corazón dio un vuelco, la respiración entrecortada mientras me centraba en Emmett, amando su manera de moverse, poderoso, a gusto consigo mismo, seguro. Por no hablar de su fácil afecto con las personas, su capacidad para revelar cómo se sentía por alguien sin importarle lo que pensaran los demás.

—¿Eso cree?

—Así es. —Andy me dio un pequeño empujón con su hombro, un movimiento que Emmett obviamente inconscientemente había desarrollado de ver a su padre—. Me alegro de que te conociera, Rosalie.

Toda la tensión se desvaneció de mis hombros y me relajé.

—Yo también —le susurré, incapaz de enmascarar mis sentimientos.

Antes de que Andy me pudiera preguntar lo que fuera que se planteara preguntar, y que estaba emergiendo en sus ojos, sonó mi teléfono. Yo me disculpé y lo saqué del bolsillo de mi chaqueta. Era Bella.

Mi corazón se detuvo.

¿Mamá?

—¿Hola? —respondí casi sin aliento.

—Hola, tú. —La voz de Bella era tranquila, inestable.

Me sentí enferma.

—¿Está todo bien? ¿Está mamá bien?

—Dios, sí. —Se apresuró a tranquilizarme—. En realidad estoy llamando para decirte algo.

Eso sonaba un poco siniestro.

—¿Algo?

—Bueno… Edward me propuso matrimonio ayer.

¿QUÉ?

—Oh, Dios mío.

—Dije que sí.

—¿Qué? —Me reí alegremente, oyendo su risa gutural y, obviamente, satisfecha en el otro extremo de la línea—. ¡Estoy tan feliz por ti! Enhorabuena, cariño, y dile a Edward que dije: "¡ya era hora!"

Su risa calentó mis mejillas congeladas.

—Lo haré. Mira, Alice ya está planeando una temible fiesta de compromiso, así que, uhm, hablaremos cuando vuelvas. Espero que el "fin de semana de conocer a los padres" haya ido bien.

—Muy bien. No tan bien como tu fin de semana, obviamente.

—Sí. Bueno, él le pagó a un taxista para que participara en esto y me lo propuso en Bruntsfield en el taxi justo donde nos conocimos. Sacó un anillo, me dijo que me amaba y que trataría de no joderlo si yo trataba de no joderlo, así que, ¿cómo podía decir que no?

Solté un bufido.

—No podías. Suena como la propuesta perfecta para ti.

Su voz se suavizó.

—Sí, de alguna forma lo fue.

—Estoy tan feliz por ti.

—Gracias, Rose. ¿Nos vemos pronto?

—Pronto.

Colgamos y Andy me miró con una ceja arqueada.

—¿Buenas noticias?

Asentí.

—Mi mejor amiga acaba de comprometerse. No tiene familia propia, así que esto es increíble para ella. —De repente las lágrimas picaban mis ojos al pensar en todo lo que Bella estaba ganando, y me reí un poco llorosa, sintiéndome como una idiota.

—¿Qué está pasando? —Emmett se acercó, con el ceño fruncido—. ¿Por qué estás triste?

—No estoy triste. —Ondeé la mano con una sonrisa tonta y levanté mi teléfono—. Esa era Bella. Ella y Edward acaban de comprometerse.

Emmett sonrió, enganchando un brazo alrededor de mi cuello para atraerme a su lado.

—Ven aquí, chica ñoña. El fresco viento costero secará esas lágrimas.

Me acurruqué contra él.

—¿No crees que es una gran noticia?

Él asintió, sus brillantes ojos sobre mí.

—Creo que es una noticia genial. Ella es una buena chica, merece ser feliz.

Dios, era encantador a veces.

—Y Edward es un hombre valiente. Voy a tener que comprarle una cerveza cuando volvamos.

Andy gruñó a nuestro lado.

—Una cerveza para un soldado que va a la guerra.

Los hombros de Emmett se sacudieron debajo de mi cabeza.

—Exactamente.

—Para un general inspeccionando su campo de batalla y usando la lógica contra un enemigo ilógico.

—Sí.

—Para un guerrero a punto de ir a la entrada de la cueva del dragón.

—Por supuesto.

—Para…

—Está bien, está bien, hombres graciosos —interrumpí con un resoplido—. ¿Quién necesita un viento costero para secar los ojos cuando estoy en presencia del sentido del humor McCarty?

Andy me lanzó una sonrisa irónica y luego se volvió con una sonrisa en toda regla hacia Emmett mientras nos acercábamos más a Ben, Lena y Bryn.

—Mejor conserva a esta, hijo.