Capitulo N° 25

¿Dónde estás? Besos.

Miré abajo al mensaje de Emmett, suspiré un poco, y luego rápidamente le respondí de regreso.

Llevé a Ben a almorzar con Eleazar y Victoria. ¿Con resaca? Besos.

—Sé que no es asunto mío, pero pareces un poco distraída hoy —observó Victoria suavemente mientras paseaba al lado mío.

El tío Eleazar y Ben caminaban delante de nosotras y podía ver a Eleazar charlando animadamente con Ben. Fuimos a almorzar al Buffalo Grill, este increíble lugar de comida familiar detrás de la universidad. Ahora estábamos caminando llenos de hamburguesas en un bonito paseo de domingo por el campo. No éramos los únicos disfrutando el enorme parque detrás de la universidad. Amigos y familiares habían descendido sobre él, jugando fútbol y tenis, persiguiendo perros juguetones, y en general pasando el rato y disfrutando del claro clima de primavera mientras durara. Decidí que esta mañana realmente no me sentía como para enfrentar a Emmett o a nuestros problemas. En lugar de eso, salté sobre Ben tan pronto como llegó a casa y luego llamé al tío Eleazar para sugerir un almuerzo. Me encontré respirando un poco más fácil tan pronto como Ben y yo salimos del edificio y traté de disfrutar un poco hasta que Emmett se entrometió en mis pensamientos con su mensaje.

Mi teléfono sonó antes de que pudiera responder el comentario de Victoria. La respuesta de Emmett:

Un poquito. ¿Tú estás bien?

—Sólo un segundo, Victoria —murmuré disculpándome, antes de responder que estaba bien y lo vería cuando regresara.

—¿Es ese Emmett? —Ella asintió abajo hacia mi teléfono.

—Sí —dije. Sádicamente esperando que él estuviera sufriendo la peor resaca del mundo. Él ni siquiera podía darme eso—. Nunca antes lo había visto tan ebrio.

—¿Está bien?

La estudié por un momento. No nos conocíamos tan bien, así que no sabía si podía confiar en ella. Había acudido a Bella y Edward por ayuda porque confiaba en ellos para ser honestos, pero el consejo que me dieron había sido hecho añicos por la inmersión de Emmett al fondo de una botella anoche. Sí, sentía la urgencia de hablar con alguien al respecto, ¿pero Victoria? Simplemente no la conocía tan bien.

Como si sintiera el giro de mis pensamientos, me dio una sonrisa comprensiva.

—Lo entiendo. No estás segura de poder hablar conmigo. Está bien… pero deberías saber que soy realmente buena repartiendo consejos y manteniendo secretos. Si no me hubiese convertido en una bibliotecaria definitivamente hubiese sido una columnista de día y una espía de noche.

Me reí un poco.

—Bien, es bueno saberlo. Sinceramente, ni siquiera sé qué decir. No sé si todo está en mi cabeza o si realmente hay un problema.

Victoria se aclaró su garganta.

—Obviamente estás estresada sobre algo y… bueno… he aprendido una dura lección en el pasado sobre ignorar algo sólo porque pensaba que todo estaba en mi cabeza.

Momentáneamente distraída, pregunté tentativamente.

—¿Qué pasó?

Sus extraños ojos se estrecharon y noté que inconscientemente ella apretó sus manos en puños.

—Mamá. Ella estuvo rara por un tiempo antes de que nosotros nos enteráramos de su diagnóstico. Ella era insolente, algo temperamental, e impaciente. Ésta mujer que era la persona más tranquila que conocía. Mi instinto me dijo que algo estaba seriamente mal, pero no la presioné al respecto. Y debí hacerlo. Si lo hubiera hecho, quizá podría haberla llevado a una consulta con el médico por el bulto en su pecho. En lugar de eso ella estaba muerta de miedo, para el momento en que finalmente encontró el valor para hacer algo, fue muy tarde.

—Dios, Victoria, lo siento mucho.

Ella se encogió de hombros.

—Vivo con esa culpa cada día, así que lo que sea que tu instinto te esté diciendo, no lo ignores.

Estaba tan ocupada analizando las oscuras sombras ocultas en sus ojos que pasé completamente por alto el consejo de Victoria.

—¿El tío Eleazar sabe cómo te sientes sobre la muerte de tu mamá?

—Sí. —Asintió ella—. Se preocupa. Pero estoy bien.

—Si alguna vez quieres hablar…

Victoria sonrío tristemente hacia mí.

—Gracias, Rose. Lo digo en serio. Has sido realmente buena conmigo estando aquí, y sé que eso no debe ser fácil. Puedo decir por la manera en que vez a papá que él es importante para ti, y después de ver cómo es tu madre, más o menos me odio por alejarlo de ti cuando obviamente lo necesitabas.

—Jamás te sientas de esa manera. Tú eres su hija. Y él te necesitaba a ti. Entiendo eso. La "Yo Adolescente" no, pero la "Yo Adulta" lo entiende. Y la "Yo Adulta" finalmente está bien con eso. —Observo a Eleazar reír a algo que Ben dijo—. Pero es agradable tenerlo de vuelta por un tiempo.

—¿Emmett realmente debe preocuparse por ti para haberse tomado todas las molestias para encontrarnos?

Allí había una pregunta junto con su pregunta, y supe que Victoria se había dado cuenta que lo que sea que estaba molestándome era sobre Emmett.

Sentí la necesidad de confiar en ella abriéndose camino en mi interior. Había pasado tanto tiempo embotellando todo y manteniéndolo para mí misma, que supongo que estaba más o menos cansada de cargar cada pequeño problema en silencio.

—Emmett y yo nos topamos con su ex-novia ayer.

Victoria suspiró pesadamente.

—Ah.

—Él me contó hace un tiempo que había estado enamorado de esta chica Heidi. Ellos rompieron porque ella se fue a trabajar a una universidad en Francia, no porque dejaran de amarse. Ahora ella está de regreso, y ya están intercambiando mensajes de texto. Tú debiste haber notado cuán apagado y extraño estaba Emmett ayer después de ello, y luego viste cuán jodidamente ebrio se puso… y él nunca se emborracha. Así que ahora estoy pensando lo peor. Heidi está de regreso y la cabeza de Emmett está hecha un desastre porque todavía la ama.

—Oye, bueno, eso es demasiado. —Victoria acomodó sus hombros hacia atrás y empezó a enumerar sus puntos con los dedos—. Uno: no sabes si él todavía la ama. Dos: encontrarte con una ex con la que tienes una historia puede confundir la cabeza de cualquiera. Tres: él no puede simplemente comenzar una amistad con esta mujer sin discutirlo contigo, lo que me trae al punto cuatro: tienes que hablar con él al respecto. De otra manera la inseguridad sólo va a consumir tu relación como un virus.

Asentí.

—Tienes razón. Eres buena en esto.

—Lo sé. Entonces, ¿vas a tomar mi consejo?

—Tengo un pequeño problema de inseguridad, así que quizá me lleve un tiempo encontrar el valor para abordarlo con esto.

—En otras palabras tienes miedo de que te diga que todavía está enamorado de esta persona Heidi.

Fruncí el ceño.

—Es posible que desees añadir lectora de mente a tu currículo.

—Sí, creo que hemos establecido que soy impresionante. —Ella sonrió descaradamente.

Le devolví la sonrisa.

—De acuerdo.

Justo tan pronto como su sonrisa apareció, Victoria se volvió seria otra vez.

—Encuentra el coraje para hablar con él, Rose, o va estallar fuera de proporción.

—¿Coraje? —Arrugué el ceño—. ¿Crees que puedo descargar eso de internet?

—No me sorprendería. Pero probablemente vendrá con ataduras y toda una serie de consecuencias desagradables.

—Entonces voy a tener que robarlo de alguien más, ¿no?

—¿Qué quieres decir con robar coraje? Rosalie Hale, tú eres una de las personas más valiente y más fuerte que jamás he conocido, y eso es decir bastante… vengo de Arizona, donde cerca de seis millones de personas están dispuestas a vivir en un tortuoso calor entre mayo y septiembre.

—Emmett dice que él también piensa que soy fuerte —murmuré incrédulamente.

—Chica, habla con él. No puedo creer que un hombre que te mira de una manera que en realidad me hace pensar que estar en una relación puede ser bastante dulce, en serio podría estar enamorado de alguien más.

Inhalé un profundo respiro.

—Está bien. Hablare con él.

Victoria me palmeó en la espalda, haciendo que hiciera una mueca de dolor.

—¡Esa es mi chica!

Un par de horas después, me despedí del tío Eleazar y Victoria en Princess Street con planes para verlos para la cena durante la semana, y luego dejé a Ben en el Omni Centre, donde se iba a encontrar con sus amigos. Antes de que me fuera, él agarró mi brazo.

—¿Rose, estás bien? —preguntó, sus cejas fruncidas con preocupación. Me maravillaba que ahora estaba viendo a los ojos a mi hermano.

Deseaba que no fuera tan alto para su edad; al menos me permitiría pretender que no estaba creciendo si todavía se veía como un niño pequeño. Sin embargo, con o sin altura, nada disminuía su intuición. Era parte de quién él era, era parte de nuestra relación, me conocía muy bien.

Me encogí de hombros.

—Estoy bien.

Ben metió las manos en sus pantalones, encorvándose, su cabeza inclinada hacia mí, sus ojos buscando en los míos.

—¿Hay algo que debería saber?

—Sólo me estoy sintiendo un poco rara. Es una cosa de chica —le aseguré con una suave sonrisa—. Ahora ve. Pasa el rato con tus amigos y se inmaduro. Responsable —agregué apresuradamente—, pero inmaduro.

Él hizo una mueca.

—¿Esas dos van de la mano?

—Si tu inmadurez puede guiar a consecuencias, entonces es irresponsable.

Ben gruñó.

—Deberías escribir esas mier… cosas.

—Escuché el "mierda" ahí, pequeño, y me voy a robar el último Pop-Tart como castigo.

—Qué duro, Rose. —Él sacudió la cabeza, alejándose con una sonrisa—. Duro.

Puse mis ojos en blanco y le di un pequeño saludo antes de dejarlo, esperando usar la caminata de regreso a casa para reforzar mi coraje.

Para el momento que estaba parada fuera de la puerta de Emmett estaba bastante segura para decirle todas las tonterías que hizo. Habiéndole ya enviado un mensaje diciendo que estaba en camino, no me molesté en tocar.

—Soy yo —grité mientras caminaba dentro y cerraba la puerta.

—Aquí.

Seguí su voz hacia la sala y estuve sorprendida de encontrar que James estaba con él. Incluso más sorprendente, el televisor no estaba encendido. Mirando abajo a las tazas de café y los sándwiches medio comido del deli local, era claro que James había pasado para hablar.

Mi corazón golpeó más fuerte.

Oh-oh. Eso no podía ser bueno, ¿cierto?

—Hola, James. —Sonreí temblorosamente.

—Rose. Luciendo hermosa como siempre, nena. —Él me sonrió, quitando las sobras de sus dedos.

No sabía cómo saludar a Emmett. Después de nuestro encuentro con Heidi, él no me había tocado. Emmett, quien no parecía ser capaz de respirar sin tocarme, no había puesto un solo dedo sobre mí. Nada de sostenernos la mano, o apretar mi cintura, nada de pasar afectuosamente su nariz por mi cuello. No creo haber estado en su compañía una vez desde que empezamos a salir sin él acariciando mi cuello.

Sin sentirme realmente de humor para ser rechazada por su repentina aversión a tocarme, no fui hacia él para besarlo como normalmente lo haría. Sólo me quedé de pie allí incómodamente, mirándolo. No lucía ni un poco con resaca, el bastardo afortunado.

—¿Cómo te sientes?

Emmett no me respondió de inmediato. De hecho, por lo que se sintió el momento más largo de mi vida, él se quedó allí moviendo la taza de café en su mano mientras sus ojos recorrían mi rostro, absorbiendo cada rasgo.

Lentamente, una sonrisa se extendió en sus labios apretados, la ternura en su mirada causando un dolor creciente en mi pecho.

—Mucho mejor, nena. Mucho mejor.

Parecía haber más detrás de sus palabras que una actualización de su estado físico. Simplemente no podía adivinar qué era.

—Bueno, mi trabajo aquí ha terminado. —James palmeó sus manos sobre sus rodillas y se puso de pie.

Seguí sus movimientos, completamente confundida.

—¿Qué trabajo?

—Oh. —El sacudió la cabeza, sonriendo como si tuviera un secreto—. Alimentando al chico destilería aquí. —Todavía sonriendo, James se acercó a mí y presionó un suave beso en mi mejilla, sus oscuros ojos brillando felizmente mientras retrocedía—. Siempre es bueno verte, Rose. Nos vemos.

—Adiós —respondí en voz baja, sorprendida por su cariño, confundida por él y el misterioso comportamiento de Emmett, y preguntándome en qué demonios me había metido.

—Nos vemos, compañero —gritó Emmett, y James se despidió con la mano, luego nos dejó en el silencioso vacío del apartamento.

Mi nariz se arrugó en desconcierto, me giré hacia Emmett.

—¿Qué fue todo eso?

Emmett sacudió la cabeza, colocando su taza en la mesa de café.

—Él sólo vino a charlar. —Sus labios se curvaron en las esquinas—. ¿Por qué todavía estás allí cuando yo estoy aquí? —Él ondeó su dedo, indicándome que fuera hacia él con una sexy confianza que inmediatamente alzó banderitas verdes en todas mis zonas erógenas. La aceleración de mis motores sexuales zumbando en mis oídos, las banderas moviéndose, listas para caer…

Físicamente me sacudí a mí misma, con la intención de recordarme que vine aquí para hablar, no para lanzarme sobre él a la primera oportunidad. Sólo porque Emmett estaba sintiéndose repentinamente todo lindo y afectuoso no significaba que tenía que rendirme a él. Quería respuestas sobre su conducta de ayer.

¿No es así?

—¿Rose? —Emmett alzó una ceja—. Ven aquí, nena.

—No. —Hice sobresalir mi barbilla, mis ojos se estrecharon sobre él. ¿Qué clase de juego estaba jugando conmigo?—. Si me quieres, ven a buscarme.

Un gruñido gutural fue lo último que oí antes de que se moviera, a una velocidad sorprendente para una persona con resaca. En un momento había estado en el sillón, y al siguiente estaba en el otro lado de la habitación, su cuerpo presionándome contra su escritorio. Maltratándome un poco bruscamente, se apoderó de mis muslos, envolviendo mis piernas alrededor de sus caderas para que pudiera moler su erección en mí. Me aferré a él, con las manos en su cintura, mi cabeza echada hacia atrás del placer instantáneo cuando acarició mi cuello.

—Emmett —gruñí, tratando de recordar cuál había sido el punto de mi visita mientras él empujaba sus caderas, la tela vaquera alrededor de su erección frotándose contra la unión entre las piernas de mis jeans. Jadeé, mojada y necesitada. ¿Qué estaba pasando… qué estábamos… qué? Sentí su lengua en mi garganta y más fuerza en sus movimientos, frotándose. Sus labios salpicaron besos por mi cuello hasta mi oído.

—Te he echado de menos esta mañana —susurró con voz ronca.

—¿En serio? Pensé que tendrías demasiada resaca para darte cuenta. — Mis manos se deslizaron por su espalda hasta envolverse alrededor de su cuello, mis dedos se enredaron en su cabello mientras inclinaba su cabeza para poder mirarlo a los ojos y ver si podía discernir la verdad en ellos.

Tomé una respiración profunda, aterrada de que lo que fuera a decir pudiera concluir con la experiencia de la pérdida absoluta de Emmett en mis brazos—. Estuviste apagado ayer. Después de… Heidi…

Emmett asintió con cuidado, pasando sus manos por mis muslos externos en lo que parecía ser un gesto tranquilizador.

—Estaba sorprendido de verla. Me perdí en mis pensamientos durante un rato.

—Te emborrachaste. —Sonreí débilmente—. ¿Estás seguro de que todo está bien? Que… ¿estamos bien?

Sus ojos se suavizaron, Emmett agarró mi barbilla en su mano.

—Nena, estamos más que bien. —Me dio un beso, tirando de mí más cerca, y más profundo, por lo que me relajé en él con un gemido. Dios, quería creerle más de lo que alguna vez quise creer a alguien en mi vida.

Su lengua tanteó mi labio inferior mientras sentía sus dedos sobre el botón de mis jeans. Me aparté, la anticipación y excitación sacando de golpe el resto de las preguntas que tenía en mi cabeza. Él me aseguró que estábamos bien. Eso era suficiente. Lamí mis labios donde su lengua había estado y sostuve su ardiente mirada mientras él me desabrochaba el pantalón. Después que se abrió el último botón, Emmett acunó mis caderas y me deslizó con suavidad hacia adelante para que mi trasero estuviera colgando precariamente en el borde de su escritorio. Sus dedos calientes se deslizaron dentro de mi cintura y yo me aferré a la mesa, levantando mis caderas para darle mejor acceso mientras bajaba mis jeans por mis piernas. Salieron, junto con las sandalias rojas que llevaba. Atormentándome, Emmett sacó lentamente mi ropa interior por mis piernas y cuando estuvieron fuera, metió las bragas en el bolsillo trasero de sus jeans.

—Eres un pervertido.

Se rió en voz baja, mirándome mientras lo observaba desatar sus jeans. Él los empujó y sus bóxer hasta los tobillos, sus ojos nunca dejando mi rostro sonrojado mientras acariciaba lentamente su polla.

Me retorcí, mis piernas inconscientemente ampliándose.

Emmett dio un paso adelante, sus jeans agitándose alrededor de sus tobillos, y justo cuando pensaba que iba a deslizarse dentro de mí, se dejó caer de rodillas y apretó mis muslos separados, insinuando su rostro entre mis piernas.

—Oh, Dios —gemí, echando mi cabeza hacia atrás ante el toque eléctrico de su lengua en mi clítoris. Me agarré a su cabello, aferrándome, meciéndome suavemente contra su boca mientras me lamía y me impulsaba hacia el clímax.

Y luego chupó mi clítoris. Duro.

Grité, acabando contra su boca en una explosión de luz y calor. Mis músculos se estaban apenas relajando cuando él se levantó, agarró mis caderas, las inclinó hacia arriba, y estrelló su pene en mí, tan profundo que era casi doloroso. Me quedé sin aliento, aferrándome a él mientras mis músculos internos pulsaban a su alrededor en algunas réplicas.

Su agarre en mi piel estaba estrujándome, sus movimientos ásperos, duros y frenéticos, pero no me importó. Ya la tensión había comenzado a enrollarse dentro de mí, y mis farfulladas respiraciones y gritos por más se mezclaban con sus gruñidos y gemidos guturales.

Estaba caliente.

Demasiado caliente.

Quería arrancar mi camiseta y la suya, pero eso significaría parar, y nada me podía parar ahora.

Una mano salió de mi cadera para agarrar la parte de atrás de mi cabeza, y luego él aplastó su boca sobre la mía, un jadeante y sin aliento deslizar de labios y lenguas… sin delicadeza, sólo una necesidad salvaje de imitar con la boca lo que su polla hacía en mis interiores. Él inclinó mis caderas aún más, desalojando mi boca de la suya mientras me sostenía. Sus ojos eran oscuros con posesividad mientras golpeaba en mí.

Sentí que todo mi cuerpo estaba fulgurando con fragmentos de fuego, mientras cada embestida me empujaba hacia el punto de quiebre.

Y por último…

Me rompí.

El orgasmo llegó en una oleada tras otra, y estaba tan absorta en el momento extraordinario que apenas oí gruñir a Emmett:

—¡Mierda! —Mientras él llegaba a su clímax, empujando contra mí cuando acabó duro.

Mi mano se deslizó sobre el escritorio cuando mis músculos se disolvieron, y los brazos de Emmett rodearon mi cintura, sosteniéndome mientras él seguía jadeando en mi hombro.

Fue el sexo más duro que he tenido, una especie de experiencia placerdolor.

No sabía si la épica respuesta de mi cuerpo había sido al sexo duro o a la posesividad, la aparentemente sobrenatural necesidad que Emmett parecía impulsar, una necesidad de tenerme, reclamarme. Siempre fue un poco así durante el acto sexual, pero esto había sido… diferente.

Casi desesperado.

—¿Te he hecho daño? —preguntó en voz baja, sonando arrepentido.

Negué con la cabeza en su hombro, el material de su camiseta, empapada de sudor, frotándose contra mi mejilla. El olor de su colonia, el detergente brisa del mar que utilizaba, y su sudor fresco era reconfortante.

—No.

—¿Estás segura?

—Segura. —Me reí un poco—. Aunque podría dormir durante un mes ahora.

Resopló.

—Yo también. —Él se apartó, sonriendo suavemente, con ternura, mientras rozaba sus nudillos por mi mejilla—. Nada se siente tan bueno como estar dentro de ti.

Y allí iba él, haciendo retroceder todas mis inseguridades.

—Nada se siente tan bueno como tenerte dentro de mí.

Su beso fue cálido y dulce, tan suave en comparación con el sexo que acabábamos de tener… como si lo que sea que hubiese pasado entre nosotros le hubiera asegurado y llevado al borde.

Recordé a Andy diciéndome que nunca había visto a Emmett tan feliz como cuando estaba conmigo, y de repente me sentí estúpida por haber dudado de nosotros. Por haber dudado de él. Al igual que un gatito contento, me apoyé en mis codos y observé como Emmett se ponía los jeans de nuevo. Él me dijo que me quedara allí. Desapareció de la habitación y regresó unos minutos después con un paño. Hasta ese momento todavía me sentía un poco avergonzada cada vez que Emmett me ayudaba a limpiar después del sexo, pero algo había cambiado entre nosotros y me sentí segura de nuevo. Si es posible, incluso más de lo que había hecho; ya no me sentía avergonzada. Me sentía… poderosa.

Abrí mis piernas con una sonrisa insinuante y sus ojos azules destellaron ante mi maldad.

—Sexy como el infierno —murmuró, presionando el paño entre mis piernas.

Mis pestañas se cerraron ante la frescura del mismo, y me levanté un poco para ayudarlo. Labios calientes se cerraron sobre los míos, su lengua empujando en mi boca. La tela desapareció, y grité en su boca cuando dos gruesos dedos se deslizaron dentro de mi pasaje hinchado.

No podía aguantar más.

Negué con la cabeza, gimiendo a medida que me alejaba de él.

—No puedo.

Emmett no estaba de acuerdo. Bombeó sus dedos dentro y fuera de mí, viendo mi rostro con atención. Había pensado que después de ese gran clímax tomaría algún tiempo para trabajar hasta a otro, pero mi cuerpo seguía estando tirante y ensartado, y su penetración junto con el movimiento tortuosamente suave de su dedo pulgar contra mi clítoris me envió estrellándome de cabeza a otro orgasmo.

Fue más suave, pero mi piel estaba casi ardiendo con el uso excesivo.

—Estás tratando de matarme.

Emmett me besó de nuevo, y sentí el paño de nuevo entre mis piernas.

Todavía estaba temblando cuando me ayudó a bajar del escritorio y subió mis jeans de nuevo por mis piernas. Ni siquiera me molesté en pedir mi ropa interior. Sabía cuál sería la respuesta.

Después de un rato, nos acomodamos en el sofá. Me quedé entre sus piernas, mi espalda apoyada en su pecho mientras veíamos una película. Me sentí relajada por lo que pareció la primera vez en muchos días. No podía realmente creer que sólo fue ayer que nos topamos con Heidi. Se sentía como si hubiera estado pregonando en mí por semanas.

Emmett se rió en voz alta en la tele y volví la cabeza para sonreír a su cara.

—Estás definitivamente de un mejor estado de ánimo hoy.

Su brazo se apretó alrededor de mí.

—Las cosas están bien hoy. Increíble sexo, buena compañía y buenos amigos. Lo que me recuerda, ¿te dije que voy a tener una fiesta la semana que viene?

Sonreí y negué con la cabeza.

—Sí, le estaba diciendo a James y Heidi al respecto. Voy a invitar a todos alrededor el próximo fin de semana. Invita a Victoria.

Todo lo que escuché fue: "… y Heidi al respecto."

—¿Heidi?

Emmett asintió, mirando de nuevo a la televisión, su concentración en mí menguando.

—Hablé con ella esta mañana, justo antes que James llegara. Pensé que sería bueno para ella ponerse al día con James y Peetie.

—¿Pensé que habías dicho que fue una sorpresa verla ayer? —Estaba tratando de ignorar el martilleo de mi corazón contra mi pecho y realmente esperaba que Emmett no pudiera sentirlo.

—Lo fue. Pero fue una buena sorpresa. Toparme con Heidi era justo lo que necesitaba… —Emmett resopló ante la pantalla—. ¿Qué diablos va a hacer él con eso? —Su enfoque en la película lo interrumpió a media frase.

¿Qué quiso decir con: "toparme con Heidi era justo lo que necesitaba"?

Y justo así estaba de vuelta en el punto de partida.

Ahora era el momento para preguntarle cómo se sentía —en perfecto español— sobre tener a Heidi de nuevo en su vida. ¿Qué significaba eso para nosotros? ¿Cómo se sentía él acerca de Heidi? ¿Estaba todavía enamorado de ella?

Oh, Dios. ¿De eso era todo lo que se trataba el sexo duro y feliz?

Sentí presión en mi pecho y no podía respirar. ¿Era su buen estado de ánimo debido a su conversación con Heidi? ¿Estaba transfiriendo pensamientos posesivos y afectuosos por ella en mí, porque yo estaba aquí y dispuesta? ¿O era que mis grandes, gordas e ilógicas inseguridades psicóticas estaban alzando sus feas cabezas de nuevo y torciendo todo a su alrededor?

—¿Estás bien? —preguntó Emmett en voz baja, acariciando mi brazo de arriba abajo con su mano.

¡Dile! ¡Pregúntale!

Pero estaba aterrorizada. Si preguntaba y él seguía enamorado de Heidi, Emmett se sentiría obligado a decirme la verdad y yo tendría que levantarme y salir de sus brazos y nunca volver a ellos de nuevo.

¿Qué patético sería que pudiera estar dispuesta a sentarme con él en una mentira sólo para sentir su aliento en mi oreja?

—Estoy bien —susurré suavemente, acurrucándome contra su pecho. Cerré los ojos—. Sólo cansada.

Sus dedos barrieron mi cabello y golpeé hacia atrás mis inseguridades. El sexo de antes, las caricias de ahora… no podría tratarse de nadie más que de mí.

Le importas a Emmett. Realmente le importas.

—¿Rose? Sé cuando algo está mal contigo. Todo tu cuerpo se tensa.

¡Maldita sea!

Suspiré y retrocedí, apoyando mis manos en su pecho mientras miraba a su familiar y maravilloso rostro. Mi estómago de repente tuvo una explosión de mariposas.

—¿Me preguntaba si debería estar preocupada de que el amor de tu vida haya repentinamente vuelto a ella?

Las cejas de Emmett chocaron entre sí. Él pareció completamente desconcertado por la pregunta.

—Nunca he dicho que ella era el amor de mi vida. Dije que solíamos estar enamorados. Solíamos. Los dos somos personas diferentes ahora. Bueno, yo por lo menos. —Trazó mi labio con su pulgar, sus ojos siguiendo el movimiento antes de encontrar su camino en los míos—. No tienes nada de qué preocuparte. Ya te lo dije. Me crees, ¿no? —Deslizó su mano a mi nuca, su fuerte agarre trayendo mi rostro más cerca del suyo—. ¿Confías en mí?

Cuando Emmett me miraba de esa manera, con tanta intensidad y sinceridad, era difícil responder con nada más que una afirmación tranquila:

—Confío en ti.