Capitulo N° 26

Como si Emmett percibiera que necesitaba un poco de tranquilidad, me envió mensajes más de lo habitual en los próximos días a pesar de lo ocupado que estaba. Los dos estábamos ocupados. Para el deleite mío y de Ben, el tío Eleazar y Victoria habían decidido quedarse en Edimburgo indefinidamente. Pasé tiempo ayudándoles en la búsqueda de pisos online y enviándoles vínculos con los decentes durante mis períodos más tranquilos en el trabajo, ya que el tío Eleazar estaba preocupado buscando la creación de un negocio de decoración y pintura en Edimburgo.

Lo había puesto en contacto con Edward como punto de partida para la construcción de un perfil y contactos, pero Eleazar también tenía un montón de cosas que averiguar financieramente, y Victoria y yo estábamos encantadas de dejarlo haciendo eso mientras buscábamos pisos. Yo estaba un poco sorprendida cuando Victoria me informó que estábamos buscando dos pisos, pero ella insistió en que había estado dependiendo mucho del tío Eleazar últimamente y que era el momento de retomar el control de su vida; comenzando con alquilar su propio lugar.

Además de eso, me encontré jugando de árbitro en relación con los planes de boda de Bella. Alice aún no había abandonado sus esperanzas de convertir a Bella en una romántica, y Bella, en mi esfuerzo por disuadirla de pensamientos homicidas, necesitaba un recordatorio de vez en cuando que quería a Alice y se enfadaría mucho con ella misma si "accidentalmente" liquidaba a su dama de honor.

Por lo tanto, un poco abrumada esa semana e incapaz de ver a Emmett tanto como me hubiera gustado, me pareció que estaba muy bien de él mantener mucho el contacto conmigo durante el día, y aún más encantador de su parte pasar el miércoles para llevarme a un largo almuerzo.

Estaba sentada detrás del mostrador de recepción esperando por él cuando entró en la oficina de los agentes de inmobiliario usando sus jeans desgastados, botas y una andrajosa camiseta de Def Leppard, luciendo sexy, fresco y totalmente a gusto en su propia piel. Vi a mi colega Anna, quien trabajaba en administración conmigo, parar en medio de la conversación con Ollie, uno de nuestros agentes, para babear por Emmett, mientras paseaba por delante de ella.

Mi cara se dividió en una gran sonrisa y corrí alrededor de la mesa para darle la bienvenida. Debería haber estado avergonzada por el largo beso que me dio, pero no lo estaba. Estaba tan contenta de verlo.

—Hola, tú —murmuré, retrocediendo para acariciar cariñosamente sus mejillas desaliñadas.

Sus ojos se dirigieron por mi cuerpo y se llenaron con más que un poco de aprecio cuando regresó a mi rostro.

—Te ves bien, nena. —Llevaba una falda tipo lápiz negra de cintura alta, a media pierna, con una blusa de seda blanca sin mangas metida en ella.

En mis pies llevaba tacones de aguja negros y blancos de trece centímetros lo cual me hacía sacarle un par de centímetros por encima de su cabeza. Era evidente que no le importaba—. Una secretaria muy sexy.

—Dios mío, ¿es este el novio? —Ryan, uno de los agentes más jóvenes, preguntó burlonamente detrás de Emmett.

Emmett se volteó con una ceja levantada, ingiriendo con la mirada al chico apuesto en su traje a la medida. Ryan era exactamente la clase de chico con el que hubiese salido pre-Emmett, y creo que Emmett lo sabía. Sentí la tensión instantánea en su cuerpo.

Lo apreté más cerca, entendiendo después de mi propia última lucha de inseguridad y celos (ninguna de los cuales había desaparecido por completo) lo mucho que ayudaba ser tranquilizada por tu pareja. Para que quedara claro que yo estaba con Emmett y sólo Emmett, envolví un brazo alrededor de su cintura.

—Sí, él es Emmett.

Emmett asintió hacia Ryan, sin dejar de valorarlo. Ryan sonrió en respuesta.

—Todos pensamos que eras un fantasma, amigo. —Sus ojos se dispararon más allá de los hombros de Emmett hacia mí y una chispa decididamente coqueta estalló a la vida en ellos—. Pensamos que Rose estaba fingiendo tener un novio para mantenernos a todos alejados.

Oh, Dios.

—¿Perdón? —murmuró Emmett, y sentí su mano bajar de mi cintura hasta mis caderas, empujándome más hacia él.

Ryan se rió, levantando sus manos.

—Ah, no te preocupes. Sabemos que está tomada. Eres un tipo con suerte.

Escuché a Anna reírse nerviosamente cuando la cara de Emmett permaneció intimidantemente imperturbable. Decidí que definitivamente era el momento del almuerzo.

—Bueno, ya nos vamos —anuncié alegremente, llegando a mi escritorio para buscar mi bolso—. Nos vemos en un rato.

Con su brazo todavía alrededor de mi cintura, Emmett me llevó fuera de la oficina y caminamos en silencio hasta la colina más allá de Queen Street Gardens. En el momento en que llegamos al restaurante, este delicioso pequeño lugar en Thistle Street, había recibido tres gruñidos en respuesta a las tres preguntas que le había hecho sobre el trabajo.

Cuando nos instalamos en nuestra mesa, se sentó y me miró por un momento y luego dijo en voz baja:

—Debo haber contado al menos a cinco hombres allí, todos de nuestra edad.

Tratando de no hacerlo enojar, dado que me había comportado como una arpía celosa (al menos internamente) el fin de semana, asentí.

—Y supongo que todos coquetean contigo como ese pequeño imbécil.

Me encogí de hombros.

—Has visto a otros hombres coqueteando conmigo, Emmett. Siempre lo hacen en el bar todo el tiempo.

—Eso es diferente. Ser amigables te consigue propinas en el bar.

—No dije que coqueteaba con estos chicos también. Es por eso que Ryan dijo esa broma acerca de que tú fueras real. Nunca te habían visto, pero hablo de ti todo el tiempo. —Me incliné hacia adelante—. Me pediste que confiara en ti. Apreciaría que tú confiaras en mí también.

Después de un momento, Emmett se relajó y puso un codo en la mesa, pasando su mano a través de su cabello en frustración.

—Sólo estoy cansado. Lo siento. No estoy de buen humor.

Alcancé su otra mano.

—Está bien. Tienes permitido tener un humor de mierda.

—No hoy. No nos hemos visto desde el lunes. No voy a pasar nuestro almuerzo juntos desprendiéndote la cabeza porque eres jodidamente hermosa para tu propio bien.

Satisfecha, me reí, y el estado de ánimo entre nosotros se relajó. En el momento en que llegó nuestra comida nos pusimos al día en todo lo que había pasado esa semana.

—Creo que Ben se ha perdido el judo —dije. Emmett había estado muy ocupado para atender a clases, así que Ben había faltado también. En consecuencia había parecido inquieto y aburrido durante toda la semana.

Cuando Emmett no contestó, levanté la vista de mi salmón para encontrarlo mandando un mensajes de texto—. ¿Algo está mal?

Negó con la cabeza.

—Nah, es sólo Heidi.

Y justo así, una nube negra rodó sobre nuestra mesa y estalló, empapándome sin compasión, fría y húmeda. Esperé un par de segundos, pero él siguió escribiendo. Mi paciencia se rompió.

—¿Puedes escribirle luego? Se supone que estamos pasando tiempo juntos.

—Lo siento. —Me dio una mirada consternada antes de darle a ENVIAR y llevándose de nuevo el teléfono a su bolsillo—. Dejó su Kindle en mi apartamento anoche.

Sentí como si me hubiese pateado justo en el estómago. Su anuncio casual me sacó la respiración y me tomó un momento componerme.

—¿Estuvo en tu apartamento anoche?

Captando la acusación en mi tono, las cejas de Emmett se juntaron.

—¿Es eso un problema?

Mi sangre se calentó y tuve una visión de vomitar mi salmón y patatas en su cara y gritar—: Sí, ¡es un jodido problema!

En vez de eso, empujé mi plato a un lado, y le di una mirada que sugería que él era un total y absoluto zopenco.

—Veamos… estuviste solo en tu apartamento anoche con tu ex-amor. ¿Por qué en el mundo eso me molestaría?

—Ya hemos hablado de esto. Sólo somos amigos.

—¿Y si tengo un problema con eso?

—Dijiste que confiabas en mí.

Me incliné sobre la mesa, manteniendo mi voz baja, tratando de no causar una escena.

—Hace diez minutos actuaste como un idiota posesivo en mi lugar de trabajo por un par de chicos coqueteando conmigo. ¿Cómo no puedes ver que invitar a tu ex-novia a tu apartamento y no decirle a tu novia actual no es un maldito problema? —Mi voz se levantó en las tres últimas palabras y la gente se volvió para mirar. Mis mejillas estaban quemando, me paré de la mesa—. Volveré al trabajo.

—Rosalie. —Emmett se paró para detenerme, pero ya había agarrado mi bolso y estaba caminando hacia la puerta dejándolo varado, sabiendo que no podía seguirme antes de pagar por nuestra comida.

Estaba tan molesta que no podía volver a trabajar de inmediato. Entré en los Jardines y me senté en un banco escondido detrás de un árbol, y sollocé.

Estar con Emmett me había convertido en un desastre emocional.

Mi teléfono sonó. Era Emmett. Lo ignoré.

Y luego recibí un texto.

Cariño, lo siento. Tienes razón. Me habría enojado también. Ven al apartamento después del trabajo y así podemos hablar. Odio pelear contigo. Besos.

Me sequé las lágrimas del borde de mis ojos antes de agarrar el teléfono y responderle.

Bien. Besos.

Eso era todo lo que iba a obtener. Después de todo, todavía estaba dolida y muy molesta de su desconsiderada imbecilidad.

Aunque no soy una de esas personas que infectan a todos los demás con su mal humor, estuve tan perdida en mis pensamientos durante el resto del día que mis compañeros me dieron un gran espacio, sintiendo mi miseria.

Yo no sabía lo que iba a decirle a Emmett cuando lo viera. ¿Iba a superar toda la cosa sobre Heidi? No lo creía. ¿Iba a hacerle elegir entre ella y yo? Quería hacerlo, pero eso sólo me haría la persona más detestable. No podía dictar de quién era amigo Emmett o no.

Cuando llamé a la puerta, me sentí mal con la incertidumbre.

Abrió la puerta, luciendo aliviado de verme. No le di nada, rozándolo con fuerza al pasar a su lado. Caminé y me detuve en su sala de estar y la primera cosa que vi en la mesa de café fue su jodido Kindle. Me deshice de mi bolso y tiré mi teléfono en la mesa al lado de él.

—Entonces, ¿ella no se lo llevó?

—Rose…

Ante su lastimero tono, giré sobre mis talones y levanté una ceja.

—Sabes, estaba dispuesta a creer que era sólo yo. Sólo yo y mis estúpidas inseguridades. Pero tenerla por aquí sin decirme nada, eso fue realmente una mierda de ti, Emmett.

Hacía mucho tiempo que no había visto a Emmett parecer culpable. La última vez, de hecho, había sido cuando se dio cuenta que se había equivocado sobre mí, cuando nos sentamos en esta misma habitación y le había confiado la historia de mi vida. Tenía la misma mirada en su rostro ahora.

—Lamento no haberte dicho. Pero fue completamente inocente.

Me mordí el labio, sintiendo mi estómago enturbiarse por la emoción.

—Tengo un problema con ella —confesé.

—Ella no ha hecho nada malo. Rose, Heidi y yo éramos amigos antes de que nosotros fuéramos una pareja, y estoy simplemente poniéndome al día con una vieja amiga. Eso es todo. Necesitas superar todo esto.

Lo odiaba. En ese momento, yo en realidad lo odiaba físicamente.

—No me hables así, tú, condescendiente idiota.

—Rose…

—¿Por qué no me dijiste que ella estaba aquí ayer por la noche?

—No te lo oculté. Te lo dije en el almuerzo. Si algo estuviera pasando no te lo diría jodidamente, ¿cierto? —Su voz comenzó a imitar la mía, elevándose con frustración.

—Dijiste que la amabas.

—Amaba. Tiempo pasado.

Ignorando su creciente impaciencia, crucé mis brazos sobre mi pecho y traté de volver a mi punto de origen.

—No terminaron porque dejaras de amarla, Emmett. Rompieron porque tú tuviste miedo que fuera a dejarte. Tuviste miedo de que ella no fuera a elegirte así que te fuiste primero.

La ira se encendió en sus ojos y dio unos pasos hacia mí, dirigiéndose hacia mí.

—Tú no sabes una mierda.

Por una vez no estaba intimidada. Estaba muy enfadada.

—Sé que tengo razón.

Emmett maldijo entre dientes y miró a la mesa donde estaba su Kindle.

—Esta conversación es una locura.

Antes de que pudiera responder a esa no-respuesta a mi no-pregunta, sonó mi teléfono. Estaba a punto de darme la vuelta para recogerlo y apagarlo cuando me quedé helada al ver la expresión en el rostro de Emmett. Sus ojos se habían estrechado en mi teléfono, estudiándolo, al parecer. Apartándome suavemente, se estiró para recogerlo. Mientras él miraba la pantalla, con la mandíbula apretada, el músculo en su mejilla sobresaliendo mientras levantaba los furiosos ojos a mi cara.

Mi corazón de repente empezó a latir fuerte en mi pecho.

Emmett volvió el teléfono hacia mí. La pantalla leía: ROYCE LLAMANDO.

—¿Qué está haciendo él llamándote? ¿Qué? ¿Fuiste corriendo a él en la primera señal de problemas?

Me estremecí ante la acusación.

—No. Hablamos a veces.

La cosa incorrecta para decir.

—¿Te has mantenido en contacto con él y no me lo dijiste?

Oh-oh. Me encogí de hombros.

Emmett soltó un resoplido de incredulidad.

—¿Yo estoy aquí consiguiendo un jodido interrogatorio por Heidi, y tú has estado ocultándome lo de Royce? ¿Por qué? ¿Por qué no me lo dijiste?

Alcé las manos, preguntándome cómo diablos el argumento se había volteado hacia mí.

—Porque no importa. Es sólo un amigo.

Su expresión se volvió glacial, los celos, la ira y el disgusto en sus ojos. Y sus siguientes palabras me rompieron el corazón.

—No. Heidi es sólo una amiga. Royce es un polvo millonario que todavía tiene una erección por ti, y te permite tenerlo colgando en una cuerda. ¿Tienes un problema conmigo saliendo con Heidi? ¿Crees que la mantengo alrededor en caso de que tú y yo no funcionemos? Bueno, ¿quién dice que no estás lista para abrirle las piernas a Royce, si lo que tenemos se va al retrete?

Supongo que ese es el problema cuando realmente llegas a conocer a alguien. Conoces todos sus disparadores y botones emocionales, y por desgracia, en tiempos de guerra, los presionas. El botón que Emmett presionó tenía acceso directo a mis conductos lacrimales, y el agua salada se derramó en un angustioso silencio por mis mejillas. Di un paso lejos de él, sintiéndome enferma. Ignorando su expresión de remordimiento, concentrándome en esas feas palabras y lo que significaban.

Significaban que nunca había dejado de pensar en mí como una superficial caza fortuna. Él nunca había creído que podía ser más que eso. En realidad no. ¿Significaba eso que nunca había querido decir en serio nada de lo que me había dicho?

El dolor no permitiría que el silencio se mantuviera y perdí el control con un sollozo.

—Mierda, Rose. —Maldijo con voz ronca, tratando de llegar a mí—. Yo no…

—No me toques. —Arrebaté mi teléfono de sus manos y lo guardé en mi bolso.

—Rose, no quise decir eso. —Me agarró del brazo—. Yo sólo estaba…

—¡Suéltame! —le grité en la cara, arrancando mi brazo lejos de él, temiendo que si lo dejaba tocarme lo perdonaría como siempre lo hacía.

Me hundí con el dolor mientras retrocedía.

—No quise decir eso. —Sus ojos brillaban con un pánico que no pude procesar.

—¿Qué estamos haciendo? —Negué con la cabeza—. ¿Esto lo vale? ¿Vale la pena la forma en que me he sentido en las últimas semanas? Me siento en carne viva todo el tiempo, como si mi corazón hubiera estado expuesto en el bloque de un carnicero y tú lo estás machacando. Pensé que era yo. No me sentía lo suficientemente inteligente o interesante para ti. Me mantuve pensando: "En cualquier momento va a despertar y preguntarse qué carajos está haciendo conmigo."

Emmett contuvo el aliento.

—No…

—Pensé que era yo —repetí—. Que mis inseguridades eran el problema. No tú y Heidi. Pero entonces ayer por la noche, tú pasando el rato con ella… no diciéndome, no hablándome sobre ello, ¿esperando que estuviera bien con eso? Y tal vez no decirte acerca de Royce no estuvo bien tampoco. Pero nada de eso realmente importa de cara a esto. —Me pasé una mano por mi mejilla, tratando de borrar el torrente de lágrimas. Pero cuando empecé a hablar de nuevo, más se derramaron—. Dijiste que querías que viera que había mucho más en mí de lo que yo creía. Nunca nadie me había dicho que yo era inteligente o talentosa o valiente, ni que me merecía más de lo que había pedido. Hasta ti. Y resulta que en realidad tú nunca creíste eso. En el fondo siempre creíste que sólo soy una chica superficial que se abre camino a una mina de oro follando.

—No —argumentó, apoderándose de mis brazos para sacudirme—. Estaba enojado. Todo salió mal. Yo no quise decir eso. —Trató de llevarme en un abrazo, pero luché contra él—. Nena, detente, simplemente para. No puedo…

Presioné en él y empujé en él hasta que me dejó ir, y lo miré a la cara con cada fragmento de mi andrajosa autoestima.

—Tú lo has dicho. Eso significa que está en alguna parte. —Y entonces me alejé de él—. Y vi la forma en que reaccionaste ante Ryan.

Mientras se pasaba una mano por su cabello, la expresión de Emmett pasó de remordimiento a agitación.

—Bueno, él es la clase de estúpido idiota tras el que vas.

Sacudí la cabeza con incredulidad.

—¿De verdad crees que después de todo entre nosotros, él es el tipo de chico tras el que iría?

—¿De verdad crees que, después de todo, te engañé con Heidi?

—Engañaste a Chelsea conmigo. —Hice una mueca tan pronto como las palabras salieron de mi boca. Eso fue un golpe bajo.

Emmett resopló, mirándome con incredulidad.

—Y tú engañaste a Royce conmigo.

—¿Es eso lo que realmente crees? —repetí sus palabras hacia él. Sentí más lágrimas temblar en mis pestañas y odié que él pudiera reducirme a este lloroso lío—. ¿Que me he estado aferrando a Royce en caso que esto termine?

Se encogió de hombros, con una expresión pétrea.

—¿De verdad crees que he estado esperando a que alguien mejor venga? ¿Que estoy usándote?

Me limpié la nariz con el dorso de la mano y miré hacia otro lado, incapaz de mirarlo a los ojos mientras le respondía con voz ronca:

—Creo que nunca dejaste de verme como esa chica. A la que no respetabas mucho.

—Entonces tal vez realmente no eras tan inteligente después de todo. —Su tono fue cortante, horrible.

No creo que nadie me haya cortado tan profundo con sus palabras como él lo había hecho. Y odié que tuviera esa clase de poder sobre mí.

Él suspiró y finalmente lo miré, viendo como él se pasaba una mano por la cara y se alejaba de mí. Con voz cansada, sugirió:

—Tal vez sea mejor que te vayas antes de que digamos cosas más feas que no queremos realmente decir.

Yo no le contesté con palabras.

Sólo me fui.