Capitulo N° 26

Encontré difícil dormir esa noche. Finalmente me dejé llevar a la inconsciencia en las primeras horas de la mañana y despertado a las diez treinta por el fuerte sonido de notificación de un mensaje en mi teléfono.

Era del tío Eleazar, recordándome que había aceptado ir a buscar piso con él. Eso estaba bien. Probablemente es mejor dejar de pensar en mi pelea con Emmett de todos modos. Medité sobre el asunto durante la noche. Una parte de mí sentía que nuestra discusión era ridícula, que era absurdo estar sintiendo tanto dolor por malentendidos. Me pregunté si todos fueron malentendidos de mi propia creación. Tres veces casi tomé el teléfono para llamar a Emmett, para hablar de ello, para tratar de dar sentido a todo el drama. Había visto mierdas como éstas en la tele, leído sobre ello en los libros, y aunque había disfrutado de la angustia de todo ello, ponía los ojos en blanco y pensaba en la forma en que en realidad nunca sucedía en la vida real. Las personas no eran tan estúpidas.

Bueno, lo éramos.

Yo lo era.

A la final no lo llamé. Decidí que mis heridas estaban todavía muy frescas para hablar con él. Desde que tenía dieciséis años yo no había estado sin un novio, y durante los meses entre las relaciones, había estado en la búsqueda de uno. Había pasado tanto tiempo creyéndole a mamá y papá, creyéndoles que yo no era nada, que en lugar de poner esfuerzo en la lucha contra toda la detestable mierda que me había alimentado toda mi vida, la había creído y por lo tanto me aferré a los hombres que creía tenía todos los atributos que me faltaban.

Emmett había sido diferente desde el principio, pero aún así me había puesto en marcha en una relación con él. Había empezado a confiar en él. Más que eso, había empezado a confiar en su opinión de mí como una persona que me hacía sentir mejor acerca de quién era yo. Estaba más que un poco rota en el interior ante la idea de perder su buena opinión, o peor aún, que él nunca realmente tuviera una buena opinión en primer lugar.

Sacudí la cabeza ante ese pensamiento. A pesar de que mi mente estaba divagando a causa de él, no me atreví a creer que él nunca había visto más en mí. Todo lo que había hecho por mí, todas las miradas que me había dado, el cariño, la ternura, no podrían ser falsos. Sabía que no podría ser falso. Quizá tomarnos un día de distancia el uno del otro para calmarnos era lo mejor. Podríamos hablarlo mañana.

Con el pecho adolorido, asentí para mí misma. Eso sonaba como un plan. Me levanté de la cama para ver a Ben salir a la escuela. Me echó una mirada y él lo supo.

—¿Tú y Emmett tuvieron una pelea?

—Jodido clarividente —murmuré con irritación en voz baja mientras le pasaba para hacer un poco de té.

—Tomaré eso como un sí.

Solté un gruñido.

—¿Es malo? —De repente sonó preocupado y muy parecido a un niño pequeño.

Lo miré por encima de mi hombro. Ben estaba tratando de actuar de manera fría, como si una pelea entre Emmett y yo no fuera nada del otro mundo, pero sabía que iba a estar ansioso acerca de lo que significaba para su amistad con Emmett. Negué con la cabeza.

—Vamos a estar bien. No es nada que no se pueda arreglar.

Alivio brilló en sus ojos cuando me dio una sonrisa compasiva. Compasión de Ben. Debo realmente lucir como una mierda.

Cerré los ojos. Dios, esperaba que Emmett y yo pudiéramos arreglar esto.

Yo lo amaba.

Exhalando un profundo suspiro, abrí los ojos y chillé.

Araña.

En mi taza.

—¡Ben! —grité, congelada en el acto.

—¿Una araña? —preguntó casualmente, sus pasos cada vez más cerca. Conocía mi grito muy bien.

—Taza.

No moví ni un músculo mientras Ben con calma inclinaba la taza fuera de nuestra ventana de la cocina, depositando la araña en el alféizar, casi como Emmett había hecho con la araña descomunal que había estado en su cocina. Sentí una oleada de nostalgia al recordar ese día y traté de aplastarla con la misma rapidez con la que se había levantado.

Ben me tendió la taza y yo hice una mueca.

—Bótala.

Él puso los ojos en blanco.

—Sólo lávala en agua caliente.

—Si crees que puedo poner esa taza en mi boca sin siempre recordar a esas delgadas, peludas, eeeeeewww —me estremecí—, patas en ella, estás loco.

Con otro movimiento de ojos, tiró la taza en la basura y yo me desplomé con alivio.

Malditas todas las arañas del mundo. Estaban poniendo un serio bache en mi camino a la independencia.

Cuando Ben se acercó y me besó en el cabello antes de ir a la escuela, sabía que había pasado de lucir como una mierda a sólo lucir patética. Sin embargo, su cariño me dio calidez y por un momento me olvidé de mis preocupaciones acerca de Emmett.

Me apresuré a la ducha y me vestí con algo cómodo para la búsqueda de pisos con el tío Eleazar.

Al pasar el dormitorio de mamá, suspiré con exasperación. Mamá no había asomado su cabeza de su habitación en días, y la única razón por la que sabía que estaba viva era porque la oía roncar. Se me ocurrió mientras estaba en nuestro tranquilo piso que no le había dirigido una palabra en una semana. Ni una. Tal vez eso es algo bueno, pensé con una sorprendente cantidad de tristeza. Tal vez nunca iba a aprender a pensar más de mí misma si seguía dejando a mamá acercarse lo suficiente para envenenar mis intentos. Y tal vez si pensaba más de mí misma, no me sentiría tan irracional sobre la amistad de Emmett con Heidi.

Por otra parte, tal vez era sólo una ilusión.

El tío Eleazar y yo estábamos tumbados en el suelo de madera del piso de dos dormitorios en Heriot Row. Una calle que estaba a sólo unos minutos de distancia de Dublin Street, que bordeaba el lado norte de Queen Street Gardens. Más importante aún, estaba a la vuelta de la esquina de Jamaica Lane, donde Victoria acababa de firmar un contrato de alquiler de un apartamento de una habitación por encima de una tienda de café.

Todo se estaba acomodando para ella. Demostrando quién te conoce, una vez más, Carlisle le consiguió a Victoria una entrevista en la biblioteca de la universidad. Ellos habían estado impresionados con su título de postgrado en bibliotecología de los Estados Unidos, así como sus seis años de experiencia laboral. La habían aceptado de inmediato, con un contrato temporal pendiente a ser revisado para su permanencia en un tiempo de seis meses.

Ella parecía feliz. Nerviosa, pero feliz.

Eleazar estaba preocupado.

Dado que Victoria había comenzado su nuevo trabajo hoy, yo me había ofrecido a acompañar a Eleazar para ver el piso sin amueblar que estaba tan cerca de la nueva casa de su hija. Sin muebles no era lo ideal, pero la ubicación sí. El alquiler estaba bajo la firma Cullen, por lo que Ryan fue el que se ofreció a ver el piso con nosotros. Cuando de repente nos tumbamos en el suelo, nuestros ojos estudiando el nivel de artesanía de la decoración, Ryan nos había mirado con los ojos muy abiertos y luego dijo:

—Oh, voy a esperar fuera.

El tío Eleazar y yo solíamos acostarnos así cuando me llevaba a trabajos con él. Durante nuestra hora de almuerzo nos acostábamos en las capas de polvo y hablábamos sin sentido entre nosotros. Hoy, no estaba de humor para tonterías. Yo estaba de ánimo para respuestas.

—¿Vas a decirme por qué sigues flotando alrededor de tu hija adulta como si pudiera desaparecer o romperse en mil pedazos en cualquier momento?

Eleazar suspiró pesadamente, rodando la cabeza hacia un lado para mirarme. Sus ojos dorados eran suaves con afecto por mí, pero todavía podía ver ese brillo de tristeza en la parte posterior de los mismos.

—Soy un padre. Me preocupo, pequeña.

—¿Es porque está llevando toda esa culpa por Carmen?

—¿Ella te dijo eso?

—Sí.

—Mi niña es dura, al igual que tú, y ella va a estar bien. Eso lo sé. Pero soy su padre y ella se mudó a un nuevo país, dejó a todos sus amigos atrás, y está empezando de nuevo. Quiero asegurarme de que está bien, y me preocuparé si no puedo estar cerca de ella. ¿Y qué si tengo que soportar el mal acabado de la pintura con el fin de hacer eso? —Hizo un gesto hacia la pared principal, donde la pintura se había secado en pinceladas irregulares—. Algo pasa, ella me necesita, me llama, y estoy literalmente a segundos de distancia.

—¿Así que vas a tomar este lugar, entonces?

—Sí. —Se sentó, tirando de mí con él—. ¿Te apetece un viaje a Ikea?

Sonreí.

—Por suerte para mí es día de pago. —Eleazar pareció confundido—. Puedo ponerme un poco loca por accesorios cuando hago compras en Ikea.

—Ah. —Se rió y me ayudó a ponerme de pie.

Mientras desempolvaba mi trasero, me di cuenta del calor de un escrutinio intenso y repentino por parte de Eleazar.

Levanté la mirada y elevé una ceja con expresión severa.

—¿Qué?

—Estoy preocupado por ti. —Apartó el cabello de mi cara, acariciando mi mejilla con su calloso pulgar—. Te ves cansada.

Sacudiendo la cabeza, le di una sonrisa triste a Eleazar.

—Tuve una pelea con Emmett.

Él frunció el ceño.

—¿Por qué?

Y de esa forma le conté todo, le hablé de Heidi y mi inseguridad sobre su amistad y mi preocupación de que Emmett nunca realmente me respetará en la forma en que respetaría a alguien como Heidi.

—¿Todo eso está pasando en tu cabeza? —preguntó Eleazar con incredulidad.

Confundida, asentí lentamente.

—Jesucristo, mujer. Dudo mucho que Emmett pensara cualquiera de la mierda que le lanzaste anoche. Probablemente sintió que todo eso salió de la nada. Sabes, los hombres no piensan igual que las mujeres.

—Bueno… —Puse mala cara—. Eso es porque tienes la capacidad emocional de un vaso de shot.

Eleazar resopló con diversión, mientras nos reuníamos con Ryan afuera.

—Me lo quedo, hijo. —Asintió hacia él.

—Excelente. —Ryan sonrió—. Vamos a regresarte a la oficina para que podamos firmar todos los formularios.

Seguimos a Ryan por la calle mientras él hablaba con alguien en su teléfono. Todo en él era tan brillante, tan ensayado. En realidad, no podía creer que hace sólo cuatro meses me había sentido atraída por ese imbécil retardado.

¿Imbécil retardado?

Oh, Dios, estaba pasando demasiado tiempo con Ben estos días.

—Volviendo a mi punto anterior —dijo el tío Eleazar de repente, atrayendo mi mirada del saco hecho a la medida de Ryan—. Creo que estás pensando demasiado todo el asunto. Creo que descubrirás que ese chico se preocupa en grande por ti, y estaría dispuesto a hacer concesiones. Y puedo decir que es un hecho que no quiso decir lo que dijo anoche. Sabes que todos decimos mierdas que no queremos decir cuando estamos enojados.

—¿Crees se preocupa mucho por mí?

Poniendo los ojos en blanco (alguien más estaba pasando demasiado tiempo con Ben, también), Eleazar suspiró.

—Por supuesto que sí. Jesucristo, chica. Saca la cabeza de tu culo.

Había estado pensando en aparecer en casa de Emmett antes de mi turno en el bar esa noche, pero cuando traté llamar en su puerta no hubo respuesta. Como no me había enviado mensajes de texto o me llamó, pensé que tal vez era una buena cosa de todos modos. Tal vez necesitaba tiempo lejos de mí para calmarse.

Recibí un mensaje de Bella antes de ir al trabajo, explicando que no estaría esta noche porque había capturado un virus que Seth había recogido en la escuela y vomitaba absolutamente todo.

Encantador.

Dijo que Sadie iba a cubrirla.

Brian me saludó alegremente en la puerta del bar y me presentó a nuestro nuevo portero, Vic. Era este enorme hombre corpulento polaco con el que no querría meterme. Sonreí un "hola" a Vic y recibí un estoico asentimiento en respuesta. Levanté una ceja a Brian.

—¿Qué le pasó a Phil? —No es que lo echaría de menos.

—Nos dejó por pastos más verdes —respondió Brian con un encogimiento de hombros.

Imitando su encogimiento de hombros, entré para encontrar a Sadie y Alistair trabajando detrás de la barra. Su aún no había encontrado un sustituto para Emmett, por lo tanto, Alistair estaba de regreso para cubrir los turnos que pudiera. Sadie era un estudiante posgrado de veintiún años de edad, quien solía trabajar los lunes por la noche. Parecía una chica genial. Era extrovertida, divertida y muy inteligente. Sólo habíamos trabajado juntas un par de veces, así que realmente no la conocía muy bien, y esta noche íbamos a estar ocupados, así que no me imaginé que pudiera cambiar de ninguna manera.

Tres horas más tarde, el lugar estaba lleno. Los tres trabajamos hasta el punto de desplomarnos, así que me escondí en la oficina de Su durante mi descanso ya que el nivel de ruido era mucho más tranquilo allí. También comprobé obsesivamente mi teléfono, pero Emmett todavía no se había puesto en contacto.

Mordiéndome el labio, me pregunté si debería estar preocupada, pero entonces se me ocurrió que no había contactado con él tampoco, y tal vez él estaba sentado mirando a su teléfono, preocupándose por qué yo no le había enviado mensajes de texto a él.

Dios, eso esperaba.

Cuando volví al bar, estaba tan ocupado que por suerte no tuve tiempo para pensar en mi relación.

De hecho, mi cabeza estaba tan metida en el trabajo que cuando el primer hombre se abrió camino al frente de la barra y se inclinó sobre ella no lo reconocí. Le lancé una rápida mirada irritada, sin tener mucha paciencia con nadie que se metiera en la parte delantera de la fila, pero me incliné bajo la barra para tomar una cerveza para mi cliente, sin registrar quién era. No fue hasta que me enderecé de nuevo desde la nevera y me di cuenta qué él se había abierto paso hasta el extremo de la barra para estar cerca de mí que me tomé el tiempo para mirarlo realmente.

Ojos grises-azules me miraban desde el rostro de un hombre robusto y viejo. Su cabello estaba recortado cerca de su cabeza, pero pude ver las pizcas de gris entre las hebras oscuras. Había líneas atractivas alrededor de sus ojos, y su rostro no se había suavizado con la edad. Todavía era tosco. Sus poderosos hombros y pecho sugirieron que seguía tan en forma como siempre lo había estado.

Esos duros ojos fulguraron sobre mí y sentí mi mundo girar al revés.

—¿Papá? —articulé, no creyendo que estuviera de pie en el bar frente a mí.

Quería correr. Quería ocultarme. No. Quería correr a casa, agarrar a Ben, y luego ocultarnos.

—Rose. —William se inclinó sobre la barra—. Me alegra verte, muchacha.

Me encontré tropezándome hacia él, el golpeteo ruidoso de la charla y música debilitándose a un murmullo silencioso. Puse la cerveza en la barra con una mano temblorosa. William observó mis dedos temblorosos y sonrió cuando volvió su mirada hacia mi rostro.

—Ha pasado mucho tiempo. Has crecido. Eres más bonita de lo que tú mamá era.

—Oye, ¿me sirves? —preguntó una chica al lado de William, irritada. La irritación se mezcló con miedo cuando William giró la cabeza para mirarla.

—¿Qué estás haciendo aquí? —pregunté, lo suficientemente alto para ser escuchada por encima de la música, odiándome por el temblor en mi voz.

—He estado tratando de encontrarlos por muchos jodidos años, desde que salí —gruñó él, su rostro retorciéndose en esa conocida expresión de odio— . La perra se largó y no me dijo a dónde iban. Entonces hice una búsqueda en Google sobre ti la otra semana y donde apareciste de pronto fue en una imagen con un multimillonario de Edimburgo. El artículo decía que trabajabas aquí. Era un artículo algo viejo, pero pensé que probaría mi suerte. —Él me dedicó una sonrisa que no llegó a sus ojos.

Ahora todo mi cuerpo estaba temblando. La sangre estaba corriendo a mis oídos, mis puntos de pulso palpitando a millón y mi estómago revuelto.

Apreté las manos a la espalda, intentando calmar los temblores.

—¿Q-qué es lo que quieres?

Los ojos de William se estrecharon y se inclinó sobre la barra. Instintivamente retrocedí.

—Quiero ver a mi hijo, Rose.

Era mi peor temor hecho realidad.

Lo temía más de lo que le temía a William Hale.

—No.

Él curvó su labio hacia mí.

—¿Qué?

Negué con la cabeza, con los ojos echando chispas.

—Nunca. No te permitiré acercarte a él.

Él resopló, pareciendo sorprendido por mi atrevimiento. Estrelló una mano en la barra con una sonrisa torcida.

—Te dejaré reflexionar eso muy cuidadosamente, muchacha. Hasta pronto. —Y tan rápido como había aparecido, se fundió en la multitud.

El ruido, la música, me abrumó de nuevo y me tambaleé contra la barra en absoluto estado de shock.

—Rose, ¿estás bien?

Parpadeando rápidamente, viendo pequeñas manchas oscuras en toda mi visión, me volteé con pies inestables para encontrar a Alistair mirándome a la cara con preocupación.

—Me siento…

—Whoa. —Me alcanzó cuando me tambaleé hacia él—. Está bien, vas a tomar un descanso.

—Demasiado ocupada… —murmuré.

Algo frío fue presionado en mi mano cuando Alistair me condujo hacia la sala de personal. Miré hacia abajo a la botella de agua.

—Sadie y yo nos encargamos, así que sólo tómate un minuto o dos. Probablemente estás deshidratada. Hace calor aquí esta noche. Anda ya, bebe —insistió, y luego una vez que estuvo seguro de que estaba obedeciendo sus órdenes, se apresuró a salir a la barra para ayudar a Sadie con los clientes.

Mi corazón aún martillaba. Miré fijamente la pared. Tratando de procesar lo que acababa de suceder.

William Hale estaba de vuelta.

Todavía era un miserable hijo de puta.

Y… Ben. Quería ver a Ben. Negué con la cabeza, inclinándome con un jadeo mientras las lágrimas pinchaban mis ojos.

No. Nunca.

Maldición.

¿Qué iba a hacer?

Tomé un taxi a casa esa noche, aterrorizada de que William estuviera esperándome fuera del bar. No lo estaba. Sin embargo…

Me acosté en la cama mirando el techo.

Esto podría destruirme. Podría hacerme un ovillo y llorar y ser esa niña de la que él había abusado. Podría correr hacia Emmett. Pero yo era quien tenía que proteger a Ben. Siempre había sido yo quien tenía que protegerlo. Y de todos modos, William sólo estaba jugando conmigo. No había tenido ningún interés en querer ver a Ben cuando estaba en la jodida vida de Ben, y ahora había acudido a mí. No a mamá. A mí.

Entonces hice una búsqueda en Google sobre ti la otra semana y donde apareciste de pronto fue en una imagen con un multimillonario de Edimburgo.

El hijo de puta no quería a Ben. Quería dinero.

Iba a chantajearme por dinero.

Estúpido imbécil. ¡Yo no tenía nada de dinero!

Sacudí la cabeza y me volteé de lado, jalando apretadamente las mantas a mi alrededor. Simplemente le diría que Royce y yo habíamos terminado y que ya no tenía acceso a su dinero. Estaba bastante segura de que luego se iría serpenteando de nuevo a su pequeño agujero en Glasgow.

Eso era todo, decidido entonces. No había necesidad de decirle a nadie sobre esto. William se habría ido antes de darme cuenta.

El sueño me evadió por otra noche.