Bueno creo que ya fue demasiado suspenso así que aquí les traigo un nuevo capitulo de esta hermosa historia, espero que lo disfruten. Este capitulo me gustaría dedicárselo a Rosemmett que constantemente me ha pedido que actualice ya :) Aquí esta el capitulo linda, besos

Capitulo N° 29

―Voy a matarlo —amenazó Edward con tan tranquila veracidad que un escalofrío se extendió por mi espalda.

Una firme mirada de compensación ardió en sus ojos. Otro escalofrío siguió a raíz del otro mientras Bella limpiaba mi labio. Siseé ante la punzada del antiséptico contra mi labio cortado y le lancé a Bella una mirada adolorida.

Ella hizo una mueca, apartando el algodón.

—Lo siento.

Edward dio un paso hacia mí, todo un hombre erizado y enojado e incluso vistiendo una camiseta y pantalones de correr él era intimidante.

—¿Dónde está?

Sacudí la cabeza.

—Dime, Rose.

Cuando no lo hice él dio otro paso hacia mí y demando fríamente:

—Dime.

—¡Retrocede! —le gritó Bella, sus propios ojos brillando con rabia y ansiedad—. Estás empezando a asustar a Rose. —Su voz baja pero no perdió su autoridad—. Y creo que ella ha pasado suficiente por una noche, ¿no crees?

Se miraron el uno al otro por un momento, y luego Edward murmuró algo bajo su aliento y retrocedió. Un renovado respeto por esta mujer se apoderó de mí. Ella podría ser pequeña pero era extremadamente feroz, el tipo de amiga que todos necesitaban de su lado.

Cuando Bella había abierto la puerta después de que la golpeara por lo que se sintieron como cinco minutos, se me quedó mirando en conmoción por un segundo, de pie allí medio dormida en pijama con su cabello desordenado y salvaje alrededor de sus hombros. Cuando tropecé hacia ella, mi expresión adolorida, sangre seca hecha costras sobre mi rostro y camisa, fue la primera vez que tuve evidencia real de cuán profundamente se preocupaba por mí. Ella me llevó dentro y sentí su cuerpo estremecerse con rabia mientras me guiaba a la sala, su fuerte voz gritándole a Edward por ayuda.

Colapsé en su sofá, el cansancio drenando toda fuerza de mí ahora que había llegado a ellos. Mientras Bella trataba de limpiar el corte sobre mi labio, les expliqué lo que había pasado. Luego las aterradoras amenazas de Edward el hombre de las cavernas empezaron.

—¿Es realmente tan malo? —le pregunté suavemente a Bella, mis temblorosos dedos tocando tentativamente el área alrededor de mi labio.

Se sentía sensible e hinchado.

Bella frunció el ceño.

—Tienes suerte de que él no te sacara un diente. —Miró abajo hacia mi costado—. Necesitas que revisen tus costillas.

—No creo que estén rotas.

—Oh, ¿ahora eres doctor?

—Bella —dije con un suspiro—, si me llevas al hospital harán preguntas y llamarán a la policía y no puedo tener a servicios sociales comprobando nuestra situación justo ahora. Mamá está peor que nunca. Ellos pueden llevarse a Ben.

—Rose, tú mama no puede evitar su enfermedad, y tú estás cuidando de él —habló Edward, su voz tranquilizadora.

Con mis ojos le dije a Bella que pensaba que ella era increíble. Ella guardó mi secreto e incluso lo ocultó de Edward. Lo aprecié enormemente, pero estaba más que un poco cansada de guardar el secreto en primer lugar.

Como si fuera algo de lo que yo debería estar avergonzada.

—Edward, mi mamá no tiene síndrome de fatiga crónica. Ella es una alcohólica postrada en una cama.

Con excepción de la ligera elevación de sus cejas, Edward en realidad no reaccionó a la noticia. Nos sentamos en silencio por un momento y luego él se acercó y se sentó sobre la mesa de café para así estar directamente frente a mí. Por un momento me perdí en esos preocupados ojos verdes suyos.

—Haré que el doctor de mi familia te revise en la mañana. Él puede ser muy discreto. ¿Accederás a verlo?

—Sí, lo hará —respondió Bella por mí violentamente.

No estaba siquiera mirándola y podía sentir sus ojos clavados en mí, retándome a contradecirla. Asentí hacia él y sentí el sofá moverse mientras Bella se desplomaba con alivio.

—Antes de ver a un doctor necesito un plan. —Miré de Edward a Bella, desesperación y determinación luchando por un lugar en mis ojos—. No puedo dejarlo acercarse a Ben.

—¿Y él quiere dinero de Royce? —Bella apretó su labio en disgusto.

—Sí.

—Entonces, ¿por qué no fuiste a casa de Royce? —preguntó ella, con algo más que curiosidad en su voz—. Él te lo habría dado.

—Lo habría hecho —estuve de acuerdo, mi voz suave pero con un borde—. Pero él es de una vida que ya ni siquiera reconozco, y no quiero regresar ahí. Enfrentarlo, asegurar su lealtad, significa convertirme en alguien más otra vez. No puedo hacer eso. Soy sólo "Rose" ahora. Y sé que ya no puedo hacer todo por mi cuenta. —Le di una sonrisa insegura—. Lo bueno es que finalmente me di cuenta que tengo amigos en los que puedo confiar.

Bella tragó con fuerza y se estiró por mi mano, enlazando sus dedos con los míos.

—Los tienes. —Sus ojos se volvieron feroces mientras miraba hacia Edward— . Te lo quitaremos de encima. Pagaremos al cabrón para que desaparezca.

Giré mi cabeza y capté el reacio asentimiento de Edward. Él no quería pagarle con dinero. Él quería pagarle con sangre.

El dolor en mi costado y mi maltratado orgullo me hacía estar de acuerdo con Edward. ¿El dinero realmente mantendría a William alejado o él eventualmente regresaría por más? Siempre había sido así cuando éramos más jóvenes. Él tomaba cualquier dinero extra que mamá dejaba alrededor, desaparecía por días sin decir nada, y luego regresaba a casa cuando se quedaba sin nada. La única vez que desapareció completamente fue cuando el tío Eleazar le dio una paliza y empezó a hacer de guardaespaldas alrede…

—¡Tío Eleazar! —solté las palabras con entusiasmo, con repentina comprensión, mi mano apretando tan fuerte la de Bella que probablemente fue doloroso.

—¿Eleazar? —Las cejas de Edward se fruncieron en confusión.

Asentí.

—Eleazar. No voy a dejar que ustedes le paguen a William. Él lo verá como una debilidad y regresará por más. No. —Los miré fijamente, incapaz de sonreír con triunfo debido al corte—. Sólo hay una persona a la que William Hale siempre le ha temido y piensa que esa persona está en los Estados Unidos.

Edward sonrío con suficiencia.

—Eleazar.

—Eleazar.

Girando hacia Bella, Edward asintió hacia la puerta.

—Vamos, tenemos que vestirnos. Llevaremos a Rose con Eleazar y luego Eleazar y yo le daremos una pequeña visita a el señor Walker.

—No, Edward, no quiero que tú…

Él alzó una mano para detenerme.

—No voy a pelear con él. —Sus ojos oscurecidos—. Eleazar y yo sólo tendremos… una charla con él.

—¿No deberíamos llamar a Emmett? —preguntó Bella mientras ella y Edward se paraban.

La mención de su nombre disparó un dolor más intenso que mis heridas físicas a través de todo mi cuerpo. Sentí mis mejillas arder mientras admitía suavemente.

—Fui a él primero. Él estaba un poco ocupado con Heidi.

Ambos se quedaron en silencio por un momento mientras asimilaban lo que quería decir, y luego Edward soltó una maldición. Él pasó rozando a Bella, apretando su hombro mientras le lanzaba una sonrisa lobuna que no alcanzó sus ojos.

—Mejor envuelvo mi mano. Parece que mi puño estará encontrando más de una cara esta noche. —Y con esa declaración salió de la habitación, posiblemente para cambiarse.

Me quedé mirando detrás de él, preguntándome si quería decir lo que pensaba que había querido decir.

Bella sonrió débilmente.

—Él está bromeando, Edward ya no pelea. Bueno… normalmente… —Ella alzó la ceja pensando—. Aunque, es un poco sobreprotector. Y definitivamente no le gustan los hombres que golpean a mujeres y no le gustan los infieles… pero él está bromeando… —Ella giró la cabeza para mirar hacia la puerta—. Creo.

El Caledonian era un Hotel Waldorf Astoria, así que era un lugar agradable. Para asegurar una entrada ininterrumpida a través de él, Bella y Edward iban bien vestidos, y yo me acurruqué detrás de Bella todo el camino hacia el área de recepción. Ahora eran las cuatro treinta de la mañana. Edward le dio a la recepcionista de noche un ligero y sensato asentimiento, y eso junto con su apariencia —él llevaba un abrigo negro de Armani sobre sus pantalones de vestir y camisa— pareció asegurar a la recepcionista que pertenecíamos allí.

Mariposas estaban en completa agitación en mi estómago mientras subíamos hasta el cuarto piso. Me sentía culpable por arrastrar a Bella, Edward y Eleazar en este desastre, pero no lo estaba haciendo por mí. Lo estaba haciendo por Ben, y había probado tener un historial de actuar egoístamente cuando se trataba de proteger a Ben. Afortunadamente para mí, a Bella, Edward y Eleazar en realidad les importaba, y sabía que ellos estarían haciendo esto incluso si no se los hubiese pedido.

Cuando nos detuvimos fuera de la puerta de hotel de Eleazar, Edward golpeó ruidosamente y Bella colocó un brazo alrededor de mi hombro y me atrajo hacia ella. Dio algo de presión contra mi costado e hice una mueca de dolor, inmediatamente fui recompensada con una vaga disculpa de Bella.

Habría sido gracioso las muchas veces que se llamó a sí misma una idiota si yo no hubiese estado tratando de recuperar mi aliento.

La puerta de la habitación se abrió y estuve sorprendida de encontrar al tío Eleazar completamente vestido y alerta. Sus ojos se entrecerraron sobre mí y vi los músculos de su mandíbula tensarse contra la furia.

—He estado tratando de llamarte —dijo lacónicamente.

Confundida, parpadeé rápidamente.

—Uhm… mi teléfono se apagó. —Lo apagué cuando Emmett había tratado de llamarme otra vez.

Eleazar asintió y luego retrocedió para así nosotros poder entrar en su habitación. Edward entró y se detuvo abruptamente en el umbral. Supe el por qué cuando me moví cerca de él con Bella.

Victoria y Emmett estaban ahí.

Edward miró hacia mí, atrayendo mi mirada.

—¿Puedo golpearlo ahora si quieres?

No voy a mentir… realmente considere la sugerencia antes de finalmente decir con un suspiro:

—No vale la pena.

—¿Rose? —preguntó Emmett con voz ronca.

Miré hacia él y sentí el agarre de Bella apretarse sobre mí. Los ojos azules de Emmett observaron mi rostro y justo como los de Eleazar habían hecho, su expresión se nubló, ira concentrada volviendo a la vida en sus ojos.

—¿Quién demonios lo hizo? —preguntó entre dientes apretados.

No respondí a su pregunta. Tenerlo aquí era extremadamente doloroso. La rabia que él sentía sobre mi ataque parecía falsa a la luz del hecho de que me había engañado con Heidi.

—Quiero que te vayas.

Emmett cerró los ojos como si tuviera dolor.

—Rose, por favor, lo que viste…

—Sólo vete.

—Rose. —Victoria caminó hacia delante—. Dale la oportunidad de explicarse.

—Después —espetó Eleazar, sus ojos dorados fijos sobre mi boca herida—. Quiero un nombre. Ahora. —Tragué saliva, sintiendo la amenaza de violencia aumentar en la habitación. No sólo de Eleazar, su rabia estaba infectando a Emmett y a Edward.

—William.

Las fosas nasales de Eleazar estallaron por el nombre.

—Papá lo hizo —aclaré.

—¿Qué? —gritó, su pregunta ahogada por la explosión de improperios de Emmett.

Victoria interponiéndose entre ellos, tratando de calmarlos.

—Nos van a sacar del hotel —les advirtió. Se volvió hacia mí—. Explica lo que pasó.

Por segunda vez en la noche conté mi historia, y cuando terminé el aire estuvo cargado de testosterona. Emmett finalmente no pudo soportarlo más y cruzó la habitación, su temblorosa mano alcanzando a acunar mi barbilla.

Ante el roce de su piel contra la mía, alejé mi cabeza, luego hice una mueca ante la fuerte punzada de dolor en mi cuello de donde había sufrido el latigazo cervical del ataque de William.

—Rose, no hice lo que crees que hice —insistió.

No podía mirarlo. Todo lo que podía ver era su rostro encima del mío cuando me hacía el amor, sus ojos diciéndome que le importaba, y luego la imagen desgarrándose para revelarlos a él y a Heidi retorciéndose desnudos en su cama. Mi estómago se revolvió con el pensamiento y el dolor en mi pecho fue indescriptible. ¿Así que es así como se siente tener el corazón roto?

—¿Por qué siquiera viniste aquí?

—Vine aquí porque pensé que aquí era a donde irías si estabas en problemas.

Su respuesta me sorprendió. Mis ojos me traicionaron y buscaron los suyos. ¿Había pensado que vendría aquí?

—¿No a casa de Royce?

Negó con la cabeza, con una expresión desesperada. Eso me desconcertó. No me gustó. Dejé caer mi mirada, mis confusos pensamientos me daban dolor de cabeza. Emmett había confiado en que no recurriría a Royce, después de todo. Él si me veía.

Él me veía.

Me burlé de la esperanza burbujeando dentro de mí.

También se había follado a Heidi.

Desinflada, sentí caer mis hombros.

—¿Dónde está? —preguntó Eleazar—. Voy a arreglar las cosas con ese hijo de puta de una vez por todas.

No era amiga de la violencia. Todos los que realmente me conocían sabían eso. Pero al mirar la angustiante y sanguinaria mirada de mi tío, no pude encontrar la fuerza de voluntad para mentirle. Quería creer que combatir la violencia con violencia nunca era la respuesta. Yo quería creer que había una mejor manera. Y tal vez para otras personas esa era la solución. Desafortunadamente, el miedo era la única cosa que William Walker entendía. Era un bravucón de Bengio, y los bravucones eran realmente cobardes de corazón. William definitivamente lo era… pero sólo cuando se trataba de Eleazar.

Un día le tendría que preguntar a Eleazar por qué era eso.

Sin embargo, no esta noche.

—El piso por encima de Halfway House en Fleshmarket Close.

Eleazar tomó su teléfono de la mesita de noche y se lo metió en el bolsillo. Se volvió hacia Victoria.

—Lleva a Rose a casa. Te llamaré cuando terminemos. —Asintió hacia Emmett y Edward—. Ustedes dos van conmigo.

Mis ojos me desobedecieron una vez más, encontrando los de Emmett. Las emociones arremolinadas en esos ojos azules eran como una red electrificada que me atrapaba. Sosteniendo mi mirada, dio un paso hacia mí y acunó mi rostro suavemente entre sus manos, y luego presionó su frente contra la mía sin decir una palabra. El familiar olor de él, el calor, el tacto de su piel, todo me hizo estremecer con una oleada de angustioso anhelo.

—Sabes que no dormí con ella, Rose —susurró contra mi boca, y todos los demás simplemente parecieron desaparecer. Quería creerle desesperadamente.

Echándose hacia atrás para mirarme a los ojos, se negó a dejarme ir.

Tuvimos una conversación silenciosa.

Tienes que confiar en mí.

La vi allí. Con tu camiseta. ¿Qué otra cosa se supone que piense?

Que nunca te haría daño así.

Un diluvio de imágenes titiló en revoloteos y susurros de color y sentimiento. La ternura de sus ojos, la honestidad que había conocido de él, nuestra risa, la búsqueda de manos sin las que no era capaz de pasar un día sin sentir mi cuerpo debajo de ellas…

Heidi volviendo a la vida de Emmett era un problema para mí. Sin embargo, nunca había sido porque me preocupara que fuera a hacer algo tan cruel como engañarme con ella. Sí, me había preocupado que me dejara por ella, pero nunca creí que me fuera a cortar así. Yo había confiado en que nunca me cortaría de esa manera. ¿Acaso esa confianza todavía existía?

Busqué en su rostro por la respuesta.

No. Emmett nunca me cortaría así.

Algo en su mirada cambió mientras reconocía que me daba cuenta y suspiró.

Allí está.

Le clavé una mirada que le dijo que no se había zafado todavía.

—Todavía tenemos que hablar.

Él asintió, su mirada vacilante en mi boca. Sus propios labios reduciéndose, un brillo intenso se reflejó en sus ojos al mirar mi labio magullado e hinchado.

—¿Alguien más sabe que acaba de pasar aquí? —preguntó Eleazar impacientemente.

Bella gruñó:

—Creo que Rose acaba de decir que cree que Emmett no durmió con esta chica Heidi.

Edward se quejó.

—Si tan sólo fueras así de intuitiva acerca de nuestra relación.

Ella lo miró fijamente.

—Si no estuviera tan jodidamente preocupada porque vas a romperle la cara a ese tipo, te patearía el trasero.

Alcé una ceja, mirando por encima de mi hombro a su prometido. Edward entrecerró los ojos y vi otra conversación silenciosa desarrollándose. Lo que sea que él dijo la hizo retorcerse.

—Och, suficiente de esto —se quejó Eleazar mientras se acercaba a abrir la puerta del hotel y salía furioso, seguido de Edward. Emmett me dio una significativa y más conmovedora mirada antes de desaparecer detrás de ellos.

Mi estómago dio un giro mientras pensaba en lo que iban a hacer.

Otro taxi nos llevó a Bella, Victoria y a mí de nuevo al piso. Aunque estaba exhausta, estaba lo suficientemente despierta como para tirarle una mirada tan feroz a la puerta de Emmett que era una maravilla que las llamas no brotaran de la puerta y la devoraran con el calor de mi ira.

—Él nos explicó todo a papá y a mí —dijo de repente Victoria, obviamente atrapando mi mirada—. Necesitas hablar con él.

—Ella no necesita hacer nada sino descansar —insistió Bella suavemente, sacando mis llaves del bolso mientras subíamos las escaleras a mi piso.

—Está bien —murmuré—. Le creo. Verla a ella fue una sorpresa, no estaba pensando claramente… pero Emmett no me haría eso. Aunque no significa que no esté pensando en hacerlo.

—No lo está —me aseguró Victoria, pero estaba demasiado cansada para escuchar.

Tratamos de estar en silencio mientras me acomodaba en el sofá con Victoria mientras Bella nos hacía a todas una taza de té, pero oí abrir la puerta de Ben abrirse. Cerré los ojos, tomando una respiración profunda.

—¿Qué está pasando? —le oí preguntar, obviamente hablando con Bella. Ella le susurró algo y lo siguiente que escuché fueron sus ligeros pasos a través del piso de madera.

—¿Qué demonios?

Mis ojos se abrieron para encontrar a Ben de pie junto a mí en su pijama. Sus ojos estaban muy abiertos y asustados mientras veían mi rostro, y así de simple él era un niño de nuevo.

—Estoy bien. —Traté de tranquilizarlo, reprimiendo un estremecimiento de dolor cuando alcancé su mano y lo arrastré a mi lado. El miedo comenzó a desvanecerse de sus ojos, para ser reemplazado por algo que era muy familiar esta noche: la promesa de una retribución masculina.

—¿Quién lo hizo?

A pesar de toda la mierda que había sucedido en las últimas veinticuatro horas me estaba empezando a sentir muy amada, dado toda esta ira y rabia en mi nombre.

—Papá —le respondí con sinceridad, ya decidiendo que no iba a ocultarle esto.

Le conté todo. Y no sólo lo de esta noche. Abrazándome, le confesé a los tres el abuso de mi padre cuando era joven. La última palabra se había derramado de mi boca minutos antes y todavía nadie había dicho nada. Nos sentamos en la sala de estar en un pesado silencio. Mi estómago se revolvió mientras esperaba la respuesta de mi hermano.

Bella fue la primera en hablar.

—Bueno, ahora espero que Eleazar mate al cerdo.

—No quieres decir eso —murmuré.

—¿No quiere? —preguntó Victoria, sorprendiéndome con su rabia. Ella siempre era muy relajada—. La gente puede ser… bueno, puede ser maravillosa. Y a veces, por desgracia, pueden ser monstruos que se esconden dentro de nuestros hogares. Nos preocupa que esos monstruos encuentren su camino al interior. No debemos tener miedo de que ya estén dentro. Tu mamá y papá se supone que están ahí para protegerte de eso. No se supone que ellos sean los monstruos.

—Ella tiene razón. —Ben se inclinó hacia delante, con los codos apoyados en sus rodillas, con la cabeza agachada mientras miraba al suelo—. Eleazar tiene que enseñarle otra lección. Una que se le quede esta vez.

Odiando verlo apenado, puse mi mano en su espalda y comencé a frotar círculos tranquilizadores entre sus omóplatos.

Me miró de nuevo.

—Es por eso que pierdes los estribos cuando mamá dice que soy como él.

Mi boca se aplanó.

—No eres nada…

—Como él —finalizó Ben—. Sí. Ahora lo entiendo.

Estuvimos en silencio por un momento y luego mi hermanito me miró.

—Tienes que dejar de tratar de protegerme de todo, Rose. Ya no soy un niño. Te encargas de todo por tu cuenta y no es justo para ti. Así que para. Somos un equipo.

Orgullo y gratitud se juntaron para crear un nudo en la parte posterior de mi garganta, así que asentí, revoloteando cariñosamente su cabello con mi mano. Sus ojos se cerraron ante la caricia y para sorpresa de todos, se metió por debajo de la parte de mí que no me dolía y me abrazó. Nos sentamos allí de esa forma tanto tiempo que me quedé dormida…