Sorpresaa! Dos capis nuevos especialmente dedicados a Emely, B. McCarthy y Roseemmett por sus constantes reviews para motivarme a terminar esta magnifica historia a la cual ya solo le queda el epilogo ;'( Muchas gracias a todos lo que la han leido, disfruten...

Capitulo N° 30

El murmullo de voces apagadas pero agitadas se filtró en mi conciencia, afortunadamente sacándome de mi turbio ensueño de hojas húmedas, sangre y pasos resonando. Mis ojos cansados se abrieron, la falta de definición de colores centrándose rápidamente para revelar que tenía una sala de espera ocupada.

Victoria y Ben seguían sentados a mi lado, Bella estaba en el sillón, y Edward se sentaba en el reposa brazos del mismo, sus dedos masajeando la nuca del cuello de ella. Emmett y Eleazar estaban de pie por la chimenea con un hombre mayor que no reconocí, y mamá estaba sentada en el otro sillón. Todos me estaban mirando.

Yo estaba mirando a Eleazar. El aire alrededor de él crepitaba, y aunque podía decir que se había calmado un poco, tenía el aura de un hombre regresando de la batalla.

Había una gran cantidad de energía acumulada a su alrededor. Mis ojos viajaron por todo su brazo hasta su mano. Nudillos magullados.

Tragué saliva.

—No te molestará otra vez, pequeña.

Nuestros ojos se encontraron y sentí mi miedo desintegrarse.

—Él no te estaba esperando.

La esquina de la boca de Eleazar se arqueó.

—No. De hecho no lo estaba. Tuve… una charla con él. —Miró rápidamente por el rabillo de sus ojos al hombre que no conocía—. Se ha ido de nuevo a Glasgow y sabe que si vuelve, lo sacaré por la fuerza.

—¿Qué es lo que tienes sobre de él, Eleazar? —pregunté con curiosidad, mi voz ronca por la privación del sueño y el dolor.

Él suspiró, sus ojos se oscurecieron.

—No es lo que tengo sobre él. Es lo que sé de él. Sé qué botones presionar.

Sacudí la cabeza, confundida.

—Sólo digamos que su padre fue rápido para la violencia también.

Esa información me congeló por un segundo.

¿William Hale había sido víctima de abuso? Ahora, ¿no tenía eso demasiado sentido? Un ciclo de abuso. Por supuesto.

Me volví hacia Ben y retiré el cabello de su cara. Puede que no lo haya salvado de las manos rápidas de mamá, pero lo había salvado de la brutalidad de papá. Era una pequeña especie de consuelo.

Ante el pensamiento de mamá, me centré en ella.

—¿Te despertamos? —pregunté con suavidad, realmente sin importarme si lo habíamos hecho o no. El ataque de mi padre había traído de vuelta mis sentimientos iniciales de traición e ira cuando descubrí por primera vez que había golpeado a Ben.

Los ojos ansiosos de Lilian escrudiñaron mi rostro. No hay que olvidar que ésta también era una mujer que había sabido que papá me golpeaba mientras era niña y lo dejó pasar por mucho más tiempo del que debió haberlo hecho.

Me puse rígida.

¿Eso era lo que yo estaba haciendo con Ben? Sabía que mamá no lo había golpeado desde que la confronté en la cocina, pero, ¿eso realmente importaba? Él todavía tenía que vivir en un ambiente donde me ponía nerviosa al dejarlo solo en el apartamento con ella. ¿Era egoísta de mi parte mantenerlo aquí por temor de perderlo? Sin tan sólo no me hubiera amenazado con ir a la policía si me lo llevaba…

La resolución se abrió camino hacia mis huesos y mis ojos se entrecerraron en ella. Estaba un poco cansada de sus amenazas.

—Quería asegurarme que estuvieras bien —murmuró ella antes de que sus ojos destellaran sobre los de todos. Su mano instintivamente fue a su cabello sin lavar. Fue un momento raro de cohibición, y lo siguió al tirar de su bata con más fuerza alrededor de su frágil cuerpo—. Ahora sé que estás bien, creo que me iré a la cama.

La observé en silencio arrastrar los pies, una decisión difícil a pesar de todo.

—Rose, este es el doctor Henderson —me informó Edward en voz baja, arrastrando mis pensamientos de mamá al hombre mayor de aspecto distinguido en la sala, quien ahora dio un paso hacia mí. Estaba muy consciente de Emmett de pie junto a él, pero todavía no había reconocido su presencia. Había demasiadas cosas sucediendo y estaba realmente cansada para pensar con claridad sobre el tema—. Él va a examinarte.

Sonreí débilmente al médico.

—Gracias.

Sus amables ojos cayeron en mi labio.

—¿Dónde te gustaría hacer esto, Rose? ¿En algún lugar privado?

—Mi habitación va a estar bien.

El doctor Henderson me siguió en silencio por el pasillo hasta mi pequeño dormitorio, y allí comprobó mi corte, el cual Bella ya había protegido contra la infección, y luego inspeccionó mi estómago y costillas.

Había una ligera contusión alrededor de mis costillas que le hizo fruncir los labios.

—Parece que él quería asustar en vez de mutilar completamente, señorita Hale —murmuró el doctor Henderson con un dejo de enojo. Suponía que iba dirigido a mi padre—. Podría haberte causado algunos daños internos si hubiera pateado con más fuerza. Como está, creo que tus costillas sólo están magulladas, aunque es posible que pueda haber una pequeña fisura o dos. Vas a sentir algunas molestias durante las próximas semanas. No hay nada que yo pueda hacer, excepto recomendarte tomar ibuprofeno para reducir la inflamación y poner hielo en la zona lesionada. También voy a escribirte una justificación. Será mejor si te tomas por lo menos una semana de descanso. No fumas, ¿verdad?

Negué.

—Lo dejé hace unos meses.

—Bien. Eso es bueno. Si sientes alguna dificultad para respirar, o el dolor empeora, o si sientes algún dolor en el abdomen, ponte en contacto conmigo. —Sostuvo una tarjeta de negocios, y la tomé agradecida.

—Gracias.

—Ahora, voy a dejarte para que descanses. Duerme un poco.

La persuasión no fue necesaria, y me metí en la cama con cuidado, cerrando los ojos ante el sonido de la puerta de mi habitación cerrándose. Deslicé fuera mi pantalón, siseando por el dolor en mis costillas. Con una patada, mis jeans cayeron de la cama al suelo y sostuve mi edredón con más fuerza a mi alrededor.

Por primera vez en mucho tiempo me sentí completamente segura. ¿Cómo podría no hacerlo cuando tenía un pequeño ejército en mi sala de estar, dispuestos a defenderme hasta el último aliento? Había estado tan asustada anoche, con tanto pánico, pero habían alejado la mayor parte eso: Bella, Edward, el tío Eleazar, Victoria, Emmett y Ben.

Mi familia.

Mis músculos cansados se fundieron en mi cómodo colchón, y mis párpados se cerraron. El sueño profundo me reclamó por primera vez en días.

Fue el calor lo que me despertó. Agitada, me quité mis mantas y mis ojos se abrieron por el dolor mientras dejaba escapar un grito ahogado.

—Rosalie. —La voz de Emmett repentinamente estaba ahí.

Mis parpadeantes ojos legañosos encontraron los suyos. Él estaba sentado en el suelo de mi habitación, con la espalda contra la pared, con las rodillas dobladas y las manos colgando lánguidamente sobre ellas. Oscuros círculos plagaban sus ojos; ojos que estaban entrecerrados pero aún así llenos de preocupación.

Me di la vuelta sobre mi codo, agarrándome las costillas. Había luz en el exterior.

—¿Qué hora es? —pregunté, mi voz quebrándose con las palabras. Me sentía pegajosa y caliente y tenía la boca seca.

—Son las ocho de la mañana. Domingo.

Oh, Dios. Había dormido un día entero. Con esfuerzo procesé la apariencia andrajosa de Emmett.

—Cariño, ¿no has dormido?

Algo centelleó en sus ojos ante mi pregunta.

—He dormitado un poco. No quiero dejarte. Mira lo que pasó el viernes por la noche.

—No es tu culpa. —Mis labios se apretaron y luego siseé ante el escozor.

Me había olvidado de mi labio.

—Quiero golpearlo de nuevo.

Mis cejas se alzaron hacia el cielo, sus palabras me despertaron por completo.

—¿Le pegaste a William también?

—Lo habría matado, pero Eleazar pensó que podría ser una mala idea.

—Ah, el tío Eleazar. Un hombre racional. Es como un aguafiestas.

Los labios de Emmett se crisparon.

—Me alegra ver que tu sentido del humor sigue intacto.

Hice una mueca ante los dolores y malestares despertando.

—Es casi la única cosa que lo está.

Se inclinó hacia delante.

—¿Puedo traerte algo?

—Un vaso de agua. —Asintiendo, Emmett se puso de pie—. ¿Dónde está Ben?

—En su cama. Bella y Edward se ofrecieron a venir y llevarlo a casa de los Masen para la cena más tarde.

—Bien. —Volví a cerrar los ojos.

Un minuto más o menos después, Emmett me sacudió suavemente para despertarme.

—Necesitas beber algo.

De mala gana, lo dejé ayudarme a sentarme, y tuve que detenerme de inclinarme y presionar mi rostro contra su cuello. Todavía teníamos demasiado que discutir antes de poder siquiera pensar en abrazarnos.

Tomé un gran trago del agua helada que me había traído y le di las gracias. Y antes de que pudiera decir nada, me empujó suavemente y se metió en la cama a mi lado, su brazo rodeando mis hombros para atraerme contra su pecho.

—¿Qué estás haciendo? —murmuré, pero realmente no protesté. Emmett suspiró pesadamente, sus dedos rozando por mi cabello.

—He pasado por el infierno de ida y vuelta en los últimos días, Rose. Sólo déjame abrazarte.

Las lágrimas punzaron mis ojos.

—Sé que no te acostaste con ella.

—Sin embargo, se vio mal y no estabas en ningún estado para pensar en nada más que lo obvio.

Mi puño se apretó, cerrándose en una bola apretada. Ni siquiera me había dado cuenta que lo había hecho hasta Emmett empujó sus dedos contra los míos, obligándome a relajar mi mano. Su pulgar acarició con dulzura sobre mi palma donde mis uñas se habían clavado en mi piel.

—Estoy casi asustada de preguntar esto, pero… ¿por qué ella estaba ahí?

Sentí su vacilación y mi corazón automáticamente comenzó a quejarse con un fuerte bang, bang, bang contra mi pecho.

—¿Emmett?

Él volvió su cabeza y presionó su boca contra mi frente, inhalando mi aroma. Cuando se alejó, replicó suavemente.

—Se presentó tarde en el apartamento, angustiada y un poco ebria. La dejé entrar. Se lanzó hacia mí.

Estaba decidido. La odiaba.

—La aparté, le dije que nada podría suceder entre nosotros y que pensaba que era mejor que se fuera, pero se rompió a llorar y me sentí como un bastardo. No podía sólo echarla.

Me tragué el nudo en la garganta.

—¿Ella todavía está enamorada de ti?

—Ella no me conoce —respondió, en tono irritado.

—Tomaré eso como un sí.

—Nos sentamos a hablar durante mucho tiempo, yendo en círculos hasta que empezó a recuperar la sobriedad. Me pidió usar la ducha y dormir por la noche. Para entonces estábamos en la misma página, y me sentí mal por ella, así que dije que sí.

Me tomó un momento, pero pregunté:

—¿Misma página?

Emmett se apartó de mí tentativamente, y sólo para que pudiera mirarme a los ojos. Su rostro demacrado era la cosa más hermosa que jamás había visto y el dolor en mi pecho se intensificó por él. Levanté la mirada desde la suave y sexy curva de su labio superior a sus ojos y mi respiración se cortó al ver su expresión.

Era vulnerable, cruda, y abierta…

Estaba desnudo y sangrando por mí.

—Le dije algo que debería haberte dicho hace mucho tiempo. —Acunó su gran mano alrededor de mi cuello, acercándome—. Nunca he conocido a nadie ni tan remotamente valiente y fuerte como tú. Nunca he conocido a una mujer tan modesta, tan amable y tan desinteresada. Eres una mujer compleja. —Su boca se curvó en las esquinas—. Y eres inteligente, apasionada, divertida y emocionante, y me sorprendes jodidamente demasiado. Cuando te vi por primera vez, te quise como nunca había querido a nadie. Cuando me desgarraste por primera vez, quise conocerte. Y cuando llegué a conocerte, cuando permanecí de pie al otro lado de una cocina y me pediste que no matara a una araña porque eso no decía mucho de nosotros como especie si matábamos algo porque lo temíamos, lo supe. Supe que nunca iba a conocer a alguien tan hermosa, tan compasiva o determinada. He sabido por un tiempo que estaba enamorado de ti, Rose. Lo sabía y debí habértelo dicho. Las lágrimas corrieron por mis mejillas y el pulgar de Emmett hizo todo lo posible para atraparlas todas. Mi barbilla tembló cuando pregunté:

—¿Por qué no lo hiciste?

Él arqueó una ceja.

—Tal vez por la misma razón que tú no me lo dijiste. —Él se inclinó para darme un beso muy cuidadoso pero dulce en mi boca. Cuando se retiró, continuó—. ¿La semana pasada, el sábado en que nos encontramos con Heidi y estuve silencioso contigo?

—¿Sí?

—No se trató de Heidi, nena. Se trataba de ti. Acerca de nosotros.

—No lo entiendo.

La mano de Emmett se deslizó por mi brazo, sus nudillos acariciando mi piel con movimientos suaves.

—Cuando nos topamos con Heidi, fue una sorpresa y algo extraño. Cuando ella y yo salíamos pensé que estaba enamorado de ella. Estuvimos juntos tres años y no lo tomé bien cuando terminó. Pero estar ahí, mirándola, no sentí más que una familiaridad distante. No había dolor o amor o algo más que una alegría amistosa de verla. —Sus ojos se oscurecieron—. Mientras estábamos ahí me quedé atrapado en este pensamiento… el pensamiento de mí caminando por Princes Street diez años en el futuro con una mujer sin rostro en mi brazo, y encontrarme contigo cuando ya no fueras mía. Porque todos se van eventualmente, pensé. —Resopló en lo que pareció dolor y su control sobre mí se apretó—. Me llegó como una ventisca. No, me derribó. Creo que he estado enamorado de ti desde ese momento en la cocina, pero el sábado pasado fue la primera vez que me di cuenta de lo loco que estaba por ti. Lo que siento por ti… —Emmett tomó aliento y me encontré a mí misma extendiendo la mano hasta su rostro, mi corazón latiendo con fuerza cuando vi a este hombre, este fuerte hombre irreverente, superado por la emoción… emoción por mí—. Me consume — susurró, apoyando su frente contra la mía de nuevo—. Es casi debilitante. Es demasiado. Es… ni siquiera puedo describirlo, pero estar contigo es… está esta intensidad dentro de mí todo el tiempo, este… tirón constante, la desesperación… es como si estuvieras atada a mí o algo así. Y es a la vez jodidamente ardiente.

—Lo sé —susurré con dulzura, mis lágrimas cayendo más rápidamente—. Lo sé. Yo también lo siento.

—Sin embargo nunca me dijiste eso —respondió un poco áspero—. Siempre mantienes algo de ti oculto de mí, y yo no lo sabía. No podía decir si te sentías de la misma manera. Ese es el por qué me emborraché la noche del sábado. Ese es el por qué James vino la mañana siguiente para hablar conmigo. Me convenció que te sentías de la misma manera.

—¿Cómo hizo eso?

—Le pedí su opinión sobre ti y me dijo: "No tienes nada de qué preocuparte, amigo. Esa chica piensa que eres "el indicado" y no lo diría si no lo creyera."

De repente recordé la actitud de Emmett una vez que James se había ido. Era como si alguien hubiera encendido un interruptor en su interior. Se había ido el silencio tenue, el hombre de mal humor de la noche anterior. En su lugar había quedado un seductor. El sexo duro contra su escritorio… recuerdo que pensé en ese momento que se había sentido como una reclamación. Ahora, no creía haber estado demasiado lejos de la realidad.

Alivio, intenso alivio, me llegó y apoyé la cabeza contra su pecho caliente.

—¿Le dijiste esto a Heidi? —murmuré contra su piel.

—Le dije que estaba enamorado de ti y que no pensaba que fuera una buena idea renovar nuestra amistad.

Otra lágrima cayó, salpicando su piel.

—Espero que esas sean lágrimas de felicidad.

Sollocé ahora, la emoción dentro de mí era demasiada para contener después de todo lo que había pasado.

—También te amo —chillé, manteniéndolo apretado—. Tanto que quiero matarte a veces. —Gemí atractivamente.

Emmett se rió en voz baja.

—El sentimiento es definitivamente mutuo, nena.

—¿Y ahora qué? —sollocé.

—¿Ahora? Soporto la agonizante espera para que esas costillas sanen rápido para que yo pueda labrar mi perverso camino contigo y mostrarte lo jodidamente que te amo.

Sonreí a través de mis lágrimas.

—Siento tu dolor.

Emmett gruñó en respuesta.

Nos quedamos en silencio por un momento y luego me aparté para estar frente a su hermoso rostro.

—Creo que tengo que dejar a mamá, Emmett. No sé cómo voy a lograr hacerlo.

Otro beso suave rozó mis labios y tiré de él hacia mí, ignorando el dolor para así poder besarlo, largo, duro y profundo. Finalmente nos separamos, jadeando.

Malditas costillas estúpidas.

—Nos preocuparemos de todo eso más tarde —dijo Emmett—. Por ahora, vamos a llevarte a vías de recuperación.

—¿Puedo decirte que te amo de nuevo?

Él asintió, su expresión seria.

—Nunca me cansaré de escucharlo.