Capitulo N° 31
―Así que, ¿alguna noticia del misterioso Jacob? —le pregunté a Nessie, apoyándome contra la pared de su dormitorio, viendo mientras ella pegaba un cartel del cantante de una de las mayores bandas de rock indie de todo el mundo en su pared. Mi chica tenía buen gusto. Nessie resopló entre sus labios, dando un paso atrás de la pared para analizar el cartel.
—Estoy ayudándole con un informe para la escuela, así que lo he visto un poco.
—¿Detecto por el tono que nada de importancia ha sucedido?
Ella me miró por encima del hombro.
—Creo que puede haber algo de tensión sexual entre nosotros.
La respuesta completamente neutral causó no un pequeño bufido asfixiante por mi parte.
—¿Tensión sexual?
Volviéndose totalmente hacia mí, Nessie me miró con la expresión perpleja de un académico hacia una teoría que encontraba desconcertante.
—Bueno, fantaseo con él, así que no sé si soy yo proyectando esos sentimientos en la situación o si la tensión entre nosotros es debido al hecho de que los sentimientos son mutuos.
Pensé en la tensión entre Emmett y yo antes de que empezáramos a salir y luego estudié a Nessie. La chica era impresionante y demasiado construida para una chica de quince años de edad. La kriptonita de un adolescente. Sonreí con suficiencia.
—Él siente lo mismo por ti.
Sus ojos se iluminaron de esperanza.
—¿Eso crees?
—Por supuesto.
Complacida, empezó a colgar otro cartel, sonriendo como una idiota.
—Entonces, ¿cómo están tus costillas?
—Lamentablemente todavía doloridas. —Había pasado una semana desde el ataque, y después de pasar siete días de descanso en cama en el apartamento, había rogado a Emmett para que me dejara asistir a la cena del domingo. Al ver mi desesperación, él estuvo de acuerdo en que era momento que saliera del apartamento. Teniendo en cuenta que tenía que volver a trabajar mañana, lo encontraba como una práctica a plazo. Salir del apartamento con Emmett y Ben a cuestas, me sorprendió descubrir que todavía estaba un poco nerviosa y renuente de estar fuera de casa.
Cuando nos subimos en el autobús, me encontré mirando hacia atrás en la calle para asegurarme de que la cara de William Hale no estuviera en la multitud.
Emmett me atrapó y dedujo lo que estaba haciendo. Las nubes que se reunieron en sus ojos me hicieron sentir amada, pero me molestó que parte de la oscuridad en sus profundidades se originó a partir de sus sentimientos de desamparo sobre toda la situación. Básicamente, él se sentía culpable de no haber estado allí para detenerlo, lo cual era dulce, pero tonto e irracional. Al final resultó que, los dos necesitábamos reconfortarnos sobre todo el calvario. Había tomado su mano para hacerle saber que entendía, y él me mantuvo cerca de él para dejarme saber que entendía.
Nuestra relación había cambiado en la última semana. Nuestras confesiones de amor nos habían traído a ambos la seguridad que necesitábamos. No creo que curara alguno de nosotros de nuestras posesividades, o la llamarada de celos que sentíamos cuando se mencionaba a una ex pareja, pero saber que confiábamos mutuamente en el otro nos había hecho más fuertes.
También me había puesto caliente como el infierno, y no poder hacer nada al respecto me estaba matando. Apaciguar mi frustración era el conocimiento que estaba matando a Emmett, también.
—Listo. —Nessie dio un paso atrás y miró alrededor de su habitación recién decorada con carteles—. ¿Qué te parece?
—Creo que Esme va a matarte.
—Ella dijo que podía.
—Ella dijo "un cartel".
—Bueno, sólo escuché la parte del permiso.
—Vamos, tú —sonreí, señalando a la puerta—. Vamos a disfrutar de la cena antes de que Esme descubra que tu habitación ha sido transformada en un paraíso para las groupie.
Antes de que pudiera salir, Nessie preguntó en voz baja:
—¿Estás realmente bien, Rose?
Mirando hacia atrás, a ella, por encima de mi hombro, me sentí cálida por la preocupación en su rostro.
—Pequeña, estoy bien. De hecho, ¿sabes qué? Estoy más que bien. Estoy genial.
—Pero tu padre…
Necesitando desahogarse, Bella le había dicho a Alice lo que me había pasado, y Alice le había dicho a Esme, y Esme le había dicho a Carlisle, y aparentemente Nessie escuchó la conversación entre su madre y padre.
Alcancé la mano de Nessie, dándole un apretón.
—Sé que debe ser difícil para ti entender porque tienes un padre increíble. Podría refutar el hecho de que a mi padre no le importa a quién hace daño, incluyendo a sus propios hijos, a mí. O podría encontrar lo que él no puede darme en otro lugar. Tengo al tío Eleazar. Y tengo una familia en todos ustedes. No cambia lo que hizo mi padre, pero ya sabes, va a llevarme un largo rato ayudarme a superarlo. —Le sonreí para tranquilizarla—. Algunas personas nacen con familia, y otros tienen que hacer su familia. —Me encogí de hombros—. Puedo vivir con ello, si eso significa que puedo pasar tiempo con ustedes, cabrones sarcásticos.
Nessie se echó a reír, la tristeza desapareciendo de sus ojos. Me apretó la mano de nuevo, y la guié hasta el comedor, donde nuestra familia estaba esperando: Emmett, Ben, tío Eleazar, Victoria, Bella, Alice, Edward, Jasper, Esme, Carlisle y Seth.
Qué hermoso regalo para la vista. Le sonreí a Emmett al otro lado de la habitación mientras sacaba una silla para mí. Una vez que nos acomodamos todos alrededor de la mesa y los demás estaban charlando en voz alta, Emmett se inclinó hacia mí.
—¿Cómo están yendo esas costillas?
Lo miré a sus ojos preocupados mientras llevaba una patata asada a mi boca.
—Justo como estaban cuando me hiciste esa pregunta hace veinte minutos.
—Bueno, perdón por ser un novio preocupado.
Hice una mueca, y compartimos otra conversación silenciosa.
Lo único que quieres saber es si ya podemos tener sexo.
Los labios de Emmett se crisparon alrededor de su boca llena de comida.
Tienes toda la maldita razón.
Divertida y encendida en la misma medida, busqué distracción en Alice, quien estaba hablando sobre los vestidos de las damas de honor de la boda de Bella y Edward.
—Vi estos hermosos vestidos fucsias en este sitio web de diseños de boda española. Estaba pensando…
—¿Que estoy demente sí creo que Bella tendrá el color fucsia en su boda? — terminó Bella por ella secamente.
Edward y Jasper inmediatamente comenzaron a trabajar diligentemente en su comida y me pregunté cuántas veces habían caído en un desacuerdo acerca de la boda entre la novia y la dama de honor.
—¿Por qué no pensamos en algo más moderado para los vestidos de las damas de honor? —sugerí, lanzándole a Alice una mirada suplicante.
Alice se vio tan adorablemente desanimada que quería abrazarla.
—Pero el fucsia es un color tan romántico.
Las cejas de Carlisle se fruncieron juntas.
—De nuevo, ¿qué color es fucsia?
—Rosa —espetó Bella.
Edward resopló, y aparentemente incapaz de contenerse, le dio a su hermana menor una mirada incrédula.
—¿Realmente estás tratando de vestir de rosa en nuestra boca? ¿Mi boda…. con Bella?
—No se trata sólo de color rosa —argumentó Alice como si fueran idiotas—. Es un lujoso color magenta púrpura rosáceo.
Bella levantó una ceja.
—Es rosa.
Alice hizo un mohín.
—No has tomado ninguna de mis sugerencias para la boda.
—Alice, te quiero muchísimo, lo hago, pero eres toda dulzura y arco iris, y yo soy todo lo que eso no es.
Me aventuré con otra idea.
—¿Y si vamos a por algo metálico para nuestros vestidos?
Alice se detuvo por un momento a pensarlo y luego su rostro se iluminó.
—Todas luciríamos bien en champagne. Creo que incluso Kate usaría champagne.
Kate era la mejor amiga de Bella de la universidad y las dos no se llegaban a ver entre sí tanto como solían porque Kate vivía en Londres. Sin embargo, se mantenían en contacto todo el tiempo, e iban a estar en las bodas de la otra.
—Hmm. —Bella tragó un pedazo de pollo y se encogió de hombros—. Podría trabajar con eso.
Todo el mundo dejó de comer para mirarla. Ella levantó la vista, sus ojos alrededor de toda la atención. Ella hizo una mueca y le disparó a Edward una mirada asesina.
—¿Qué? Puedo comprometerme.
Él se echó a reír.
—Es simplemente la primera vez que he oído que realmente estás de acuerdo acerca de algo que tiene que ver con la boda.
—Eso es porque nuestra planificadora de bodas apesta. Sin ánimo de ofender, Ali.
Alice puso los ojos en blanco.
—Bueno, podrías planearla tú misma, ya sabes.
—Sólo acepté casarme con él bajo la condición de que no tuviera que hacer eso.
Emmett se aguantó una risa a mi lado. Edward entrecerró los ojos en su prometida.
—Entonces, ¿por qué yo no puedo planificar la boda?
Todas nuestras cejas se levantaron ante esa sugerencia.
—¿Tú? —Bella lo miró boquiabierta.
—Yo. —Él se encogió de hombros y tomó un sorbo de agua antes de añadir—: Tenemos el mismo gusto, así que sabes que probablemente te gustará lo que yo decida. Y creo que puedo lograr que se haga más rápido que ustedes dos, yeguas belicosas.
—Pero estás tan ocupado… no puedo pedirte que hagas eso.
Él se encogió de hombros y le dio una sonrisa de: "¿Y qué?"
—Entonces yo te ayudo —Bella anunció determinación—. Lo haremos juntos.
—¿En serio?
—En serio.
—Pero… —La inclinación de cabeza de Alice ante la oposición de ser expulsada de los planes fue interrumpida por Jasper cuando le dio un beso rápido en los labios. Él se echó hacia atrás y tuvieron una de esas conversaciones silenciosas que parecían estar de moda en estos días. Lo que sea que pasó entre ellos, los hombros caídos de Alice se levantaron y ella asintió, cediendo.
—Me alegro de que se solucionara. —Esme sonrió a todos—. Si hubiera tenido que hacer frente a una llamada telefónica más pidiéndome arbitrar, iba a gritar.
—Eso, eso —murmuré, ignorando la mirada de traición de Alice.
—Entonces, Eleazar, Victoria… —Edward cambió abruptamente el tema—. Rose nos dijo que ambos encontraron apartamentos.
Victoria asintió.
—En Jamaica Lane. Y papá está justo a la vuelta de la esquina. Nos mudamos en breve. Será bueno salir de ese hotel. Oh, y papá tiene su primer trabajo en fila, gracias a ti, Edward.
Esa fue la primera vez que había oído hablar de eso.
—¿De verdad, tío Eleazar? ¿Dónde?
Eleazar pareció un poco más que satisfecho y me respondió:
—Haciendo un par de casas de muestra para un nuevo desarrollo en Newhaven. Empieza en dos meses. Me da tiempo para conseguir unir un equipo. —Él me miró a lo largo de la longitud de la mesa—. ¿Qué te parece, Rose? ¿Tienes ganas de empacar del bar y e ir a la agencia de bienes raíces para ser una aprendiz?
Mi tenedor cayó a mi plato en estado de shock. Estaba… él había… ¿Tío Eleazar realmente me pidió trabajar para él?
—¿Qué? —respondí de manera inteligente.
—Te pregunté si querías trabajar para mí. Es un riesgo para los dos, por ser un nuevo negocio, pero tengo toda la fe en que puedo hacer esto. Lo he hecho dos veces antes. Así que, ¿vas a confiar en mí? ¿Quieres venir y trabajar conmigo?
—¿Como pintora y decoradora? ¿Contigo? —Oh, Dios mío, ¿tío Eleazar pensaba que era lo suficientemente buena para trabajar para él? Sé que no sonaba atractivo para algunos: una pasantía para ser una pintora y decoradora. Pero se necesita habilidad y paciencia, y era algo que realmente disfrutaba hacer. Sería una verdadera carrera, algo que nunca había pensado que tendría.
Porque no creía que fuera lo suficientemente buena en nada para tener una.
Mis viejas inseguridades susurraron y maldijeron en mis oídos, causando un vuelo de mariposas nerviosas en mi estómago. Esas inseguridades querían que dijera que no, tan seguras de que sólo terminaría en fracaso.
Y podría serlo. No sólo por mí, sino porque, como dijo Eleazar, era un nuevo negocio. Estaría renunciando a dos puestos de trabajo seguros por éste y luego todo podría caer a pedazos. ¿Podría realmente ser tan egoísta? Ben necesitaba que pensara lógicamente estas cosas…
Sentí la mano de Emmett deslizándose sobre la mía por debajo de la mesa y cuando miré sus ojos me dijo todo lo que necesitaba saber. Empujé hacia atrás la inseguridad, las segundas conjeturas.
Las mariposas fueron un poco difíciles de superar, pero a pesar de ellas, asentí a Tío Eleazar, una maravillosa sonrisa formándose en mis labios.
—Me encantaría.
Unas horas más tarde todavía estaba sorprendida por la oferta del tío Eleazar.
Sentada en el escritorio de Emmett en su sala de estar, escuchando a Ben reír con Victoria mientras le hablaba basura a James sobre un videojuego, todavía medio estaba en ese momento de regreso en casa de Esme y Carlisle.
Emmett, Ben, Victoria y yo habíamos vuelto al apartamento de Emmett para reunirnos con James y Peetie, quienes se habían pasado con cerveza, comida para llevar, y el último videojuego de lucha.
Victoria había caído rápidamente en una sorprendente camaradería con James y los dos ahora se lanzaban comentarios clasificados como bajo supervisión de un adulto (todavía era lo suficientemente consciente para darles el infierno si ellos decían palabrotas delante de Ben) el uno al otro, mientras le daban una tremenda paliza a las contrapartes virtuales de cada uno.
—¡Amigo, apestas! —Victoria sonrió mientras el molesto comentador gritaba—: ¡Eliminado!
James le lanzó una mirada de fingida ofensa.
—Dame una oportunidad, yanqui. No he jugado este juego antes.
—Yo tampoco.
—Sí, pero tienes los dedos más pequeños. Son más rápidos y más ágiles a través de los botones.
Victoria se echó a reír.
—Incluso tus excusas apestan.
—Amigo —concordó Ben, sacudiendo la cabeza con decepción.
—Ahora, ouch. —James le hizo un gesto de abatimiento—. No me vengas con eso de "amigo". —Él entrecerró sus ojos en Victoria—. Has estado aquí diez minutos y ya has conseguido echar a perder meses de culto al héroe.
—Oh, vamos —respondió Victoria alegremente—. Le hice un favor al chico. Él habría descubierto la verdad finalmente.
Con los labios estremeciéndose, James se volvió hacia la televisión.
—De acuerdo, Tori. Prepárate para morir.
—Tú lo harás.
Me pregunté cuándo los chicos grandes iban a permitirle jugar a Ben. Sin embargo, al echar un vistazo a mi hermanito, pude ver que se estaba divirtiendo sólo pasando el rato con los chicos y escuchando a Victoria meterse con James. En realidad, sospechaba que Ben podría tener un pequeño enamoramiento con Victoria, pero nunca lo avergonzaría preguntando.
Mientras se reían entre sí, me puse de pie y en silencio salí de la habitación, en dirección a la habitación de Emmett por un momento de paz para poder así envolver mi cabeza en torno al hecho de que dentro de unos meses estaría comenzando una nueva carrera.
Una carrera.
Sacudiendo la cabeza con asombro, cerré la puerta de Emmett y luego me deslicé por la habitación para acostarme con cuidado en la cama. Consiguiendo la comodidad, me quité los zapatos, mi mente zumbando con los nuevos planes mientras yacía allí.
De golpe mis ojos bajaron desde el techo ante el sonido de la puerta abriéndose, y no me sorprendí al ver a Emmett deslizarse dentro de la habitación, cerrando con llave la puerta tras él. Me sonrió mientras se acercaba y se instalaba a mi lado.
—¿Estás bien?
Asentí, alcanzando a acariciar su mejilla.
—Sólo necesitaba un momento para procesar todo.
Se acomodó junto a mí y rodé hacia él, disfrutando de la sensación de sus brazos alrededor de mí. Aspiré el olor de su loción de afeitar y froté mí frente contra la línea de su erizada mandíbula.
—Hoy es un buen día —murmuré, contenida.
—Bueno, yo no sé si estoy a punto de hacerlo mejor o peor.
Al recordar la última vez que había dicho eso, me puse tensa ante la espera. Había sido justo antes de que descubrir al tío Eleazar y a Victoria en su sala de estar. Esperaba que todo lo que fuera a decir llegara a ser una sorpresa tan agradable como esa. Crucé los dedos.
—De acuerdo —respondí con cautela.
Emmett tomó aire mesuradamente.
—Dijiste la semana pasada que pensabas que necesitabas dejar a tu madre y que no sabías qué hacer.
—Sí. —Mi buen humor huyó al pensar en ello.
—Creo que tengo una solución, pero no sé cómo vas a reaccionar a ella.
Esperé.
La mano de Emmett tomó mi cadera y murmuró por encima de mi cabeza:
—Múdense conmigo. Ben y tú.
Ante la sugerencia tan drástica, retrocedí bruscamente y al instante me estremecí ante el fuerte dolor en mi costado. Despejando mi expresión para que así él no pensara que estaba haciendo una mueca ante la idea de vivir con él, lo miré a la repentinamente incierta cara de Emmett.
—¿Nos estás pidiendo que nos mudemos contigo?
—Sí. —Hizo un gesto a la habitación—. Hay un montón de espacio. Eso significa que no tendrás que preocuparte por Ben quedándose en el piso con tu madre, pero también significa que puedes comprobar a tu madre en cualquier momento que desees.
—Pero la renta de mamá… su discapacidad no lo cubrirá.
—Sigue pagándola. Podemos utilizar el lugar como espacio de almacenamiento también.
—No puedo permitirme pagar dos rentas.
—No tendrás que hacerlo. Yo pago la renta de este lugar de todos modos. Voy a seguir pagándola. Sólo tendremos que dividir los gastos de alimentos y servicios públicos.
Mi corazón latía con fuerza ante la oferta, mis emociones (y mi cuerpo) gritando: "¡Sí!" ante la idea de tener que despertar a su lado cada mañana, pero mi mente estaba jugando de manera más segura.
—No podemos interferir con tu vida de esa manera, Emmett. No sólo estás pidiéndole a tu novia que viva contigo. Estás acogiendo a un adolescente también.
Mi precaución causó que una sonrisa se formara en su perfecta boca.
—Nena, ya he acogido a un adolescente. Paso el mismo tiempo con el chico que contigo. Él es un buen chico. Lo amo. Los amo a ambos. Así que, ¿van a mudarse conmigo?
Las lágrimas comenzaron a llenar mis ojos mientras mi pecho se comprimía con tantos sentimientos.
—¿Lo amas?
Sacudió la cabeza ante mis lágrimas.
—Dios santo, te vas a deshacer.
Le di una palmada sin entusiasmo.
—No arruines el increíble romanticismo del momento.
—¿Eso fue un sí?
Mudarnos con Emmett era un gran paso para los tres, pero después de todos los altibajos nos habíamos vuelto más fuertes que nunca. Yo creía que podíamos hacerlo, que estaba lista, y que por el momento era la mejor solución a nuestro problema con mi madre.
Me acurruqué más en el pecho de Emmett y cerré los ojos mientras sus brazos se apretaban automáticamente a mí alrededor.
—Ese fue un gran y gordo sí. —Mientras Emmett se relajaba debajo de mí, me di cuenta de lo tenso que había estado por la solicitud, y una abrumadora oleada de amor por él se apoderó de mí. Ese amor se convirtió rápidamente en un hormigueo de lujuria en todos mis lugares libidinosos mientras sentía el calor de su piel a través de su camiseta—. Malditas costillas —murmuré, con la voz ahora ronca por la frustración sexual.
Entendiendo, Emmett gimió.
—Nena, no lo hagas. Estoy luchando como es, sin enterarme de que también estás luchando.
—Lo sé —murmuré lastimeramente, mis perversos pensamientos vertiéndose en mi mano mientras se deslizaba lentamente por el estómago de Emmett y por encima de sus jeans. Él siseó, inhalando fuertemente mientras yo frotaba mi mano con fuerza sobre su creciente erección.
—¿Estás tratando de torturarme?
Negué con la cabeza.
—Si estás listo para algo agradable y lento —mis dedos hurgaron mientras abría el botón de sus jeans y luego deslizaba la cremallera abajo—, yo puedo aliviar un poco el dolor.
—Rose, no tienes que hacerlo —argumentó, pero era una protesta a medias, y podía sentir su pecho subiendo y bajando en excitadas respiraciones.
—Yo quiero.
Eso fue todo lo que tomó convencerlo y él me ayudó a ponerlo en libertad de los confines de sus jeans y ropa interior. Días de frustración sexual reprimida ahora me enfrentaban a una palpitante, gruesa, polla venosa, tensionada hacia el estómago de Emmett. Cuando envolví mi fría mano alrededor de la misma, él trató de sofocar otro gemido, su cabeza cayendo hacia atrás con la sensación.
Mi puño apretado, comenzó a acariciarlo pero lento. No podía ir más deprisa por temor a tirar de mis costillas, y el tortuoso impulso tuvo un sexy efecto en Emmett. En lugar de ver mi mano, estudié su rostro. Había cerrado los ojos, sus pestañas descansando contra sus mejillas, sus mejillas ahora enrojecidas en las crestas. Tenía los labios entreabiertos de placer.
Dios, él era ardiente.
Apreté mis piernas juntas, sintiendo mi sexo palpitar y la humedad crecer con el deseo.
—Nena, yo… —Aspiró un fuerte, duro grito de aliento y de repente estuve agradecida que el volumen de la televisión en la sala de estar fuera alto—. Voy a acabar… —Su mandíbula se cerró e hizo un ruido gutural mientras se venía todo sobre mi mano y su camiseta.
Después de unos segundos de escucharlo jadear, me mordí el labio y reflexioné en voz alta, señalando su camiseta:
—Espero que no fuera nueva.
Su cuerpo comenzó a temblar con una risa lastimera. Se pasó los dedos ligeramente temblorosos por el cabello, sus ojos brillando hacia mí.
—Acabo de venirme como un joven inexperto.
—Manos mágicas —bromeé.
Emmett sacudió la cabeza.
—Manos de Rose —corrigió, luego presionó un dulce beso en mi boca. Después de que nos limpió a mi mano y a él mismo, y se puso una camiseta limpia, regresó a la cama, pero esta vez se sentó a horcajadas sobre mí.
—¿Qué estás haciendo? —suspiré, emocionada, pero también todavía adolorida—. No podemos hacer nada.
Él negó con la cabeza, sus ojos llenos de calor.
—No tienes que hacer otra cosa que permanecer lo más quieta posible. —
Y sin decir más se fue a trabajar en mis jeans, cuidadosamente tirando de ellos, junto con mi ropa interior.
Empujó mis muslos a los lados y se arrastró hasta la cama hasta que su cabeza estuvo entre mis piernas. Suavemente, metió dos dedos dentro de mí y gruñó:
—Mierda, estás empapada.
—Disfruté de conseguir que te vinieras —susurré, tratando de no retorcerme ante la deliciosa sensación de tenerlo dentro de mí.
—Puedo sentir eso. —Emmett dio un suspiro tembloroso—. Esto es una tortura.
—¿Sabes lo que es realmente una tortura? Tener tu lengua tan cerca y a la vez tan lejos.
Me lanzó una sonrisa maliciosa y luego se puso rápidamente a darle a esa lengua suya un mejor uso.
