"¡Adaaaaaaaaa!" –el grito de Legolas resonó por todo el castillo-
Thranduil alzó la mirada y caminó con rapidez para bajar del trono. Legolas y los gemelos emergieron entonces de uno de los pasillos, y el príncipe se lanzó a sus brazos. Thranduil respiró hondo el aroma que desprendía el cabello de Legolas. Se había preocupado mucho al ver que no volvían.
"Legolas, mi niño… ¿dónde estabais?" –le susurró al oído abrazándole con más fuerza-
Legolas se refrotó contra él.
"Queríamos investigar… Resultó que esa bestia seguía por allí, y por poco alcanza a Elladan en la iglesia, y salimos corriendo, pero empezó a llover y perdimos a los caballos… Tuvimos que aguardar al amanecer."
Dejaron de abrazarse, y junto entonces el pequeño se percató de que había una elfa tras ellos. Elladan y Elrohir, al igual que él, también se quedaron embriagados por su belleza. La muchacha aparentaría la misma edad que los gemelos, y les dirigía una pequeña sonrisa.
Su piel pálida contrastaba con su pelo rojo como el fuego, con gran volumen y brillos rubí. Lo llevaba suelto, por lo que algunos de sus bucles caían sobre sus mejillas perfectas y cubrían parte de sus ojos esmeraldas, protegidos a su vez por largas pestañas que se balancearon seductoramente. Legolas tragó saliva para que no se le cayera la baba. Era tan hermosa… Inconscientemente, la imaginó con un vestido de novia y con la corona de princesa. Estuvo seguro de enamorarse en ese preciso instante.
"Ah, sí." –le despertó Thranduil- "Esta encantadora muchacha se llama Verylä, y ha pedido asilo durante unos días para disfrutar de la fiesta como nosotros." –la voz del monarca se había suavizado. Él también debía de sentir admiración por la joven, aunque a Legolas le extrañó el hecho, porque Thranduil sólo había amado a su madre-
Verylä se inclinó y la sonrisa en sus labios se hizo más acentuada.
"Es todo un placer, mis señores. Espero no causarles ninguna molestia."
"Desde luego que no." –susurraron al unísono Ell y Ro-
"Si… Si me permite, padre, acompañaré a Verylä a sus aposentos." –intervino Legolas hábilmente, ofreciéndole el brazo- "Si le place…."
Los dos jóvenes se marcharon demasiado juntos como para no despertar la envidia de, como mínimo, los gemelos.
"Ah… Bueno, dado a que Legolas parece haberse olvidado, ¿seréis vosotros quienes me contéis con todo detalle lo que pasó ayer?" –carraspeó Thranduil, apartando la mirada del punto de unión entre su hijo y la elfa-
Elrohir asintió, pero Elladan echó una última mirada a las gráciles piernas de Verylä. Se sorprendió cuando ella miró atrás y le dirigió una pequeña sonrisa y sus ojos azules relucieron simpáticos y comprometidos.
Varias horas después, Legolas parecía haber perdido su oportunidad. Observaba junto a Elladan a Elrohir pavonearse y hacer todo tipo de bromas ante Verylä, que reía cómplice. Como buitres esperando la muerte de sus víctimas, espiaban desde uno de los balcones esperando el primer error del Peredhil.
"No puede ser que acepte con facilidad esas burradas que le dice mi hermano." –protestó Elladan- "Ella no es ese tipo de doncella."
"Y que lo digas. Cuando la acompañé para buscarle una habitación, parecía mucho más formal."
Legolas los observó unos minutos más y entonces resopló.
"Nunca pensé que diría esto, pero iré a buscar el consejo de mie padre… Quiero saber cómo pedirle matrimonio a una deseada futura princesa."
Elladan apenas le oyó marcharse. Miró con admiración los bucles plateados de Verylä.
"Ah, mamá. Casi creí que volviste."
Legolas recorría los pasillos en busca de su padre, que no estaba en la sala del trono. Se dirigía hacia su estudio cuando descubrió la puerta de su dormitorio abierta. Preguntándose quién estaría allí, entró en silencio. Su padre, el rey Thranduil, estaba en el amplio balcón.
"¿Ada, qué haces aquí?" –pero Legolas no necesitó una respuesta, pues al llegar a su lado descubrió que desde su habitación también podía ver a Verylä y a Elrohir-
"¿Viniste por ella?" –sonrió con dulzura el monarca al percatarse de la atención de Legolas- "Es una buena esposa. Si no me contuviese su edad y el hecho de que tú la deseas de igual modo, sería yo quien primero le pidiese matrimonio."
Legolas se volvió hacia él, consternado.
"¡Dijiste que no te volverías a casar, que tu amor por mamá nunca desaparecería lo suficiente!" –se alarmó-
"Bueno, siempre hay excepciones. Y veo en Verylä la misma razón que vi en tu madre para empezar una nueva vida."
Legolas retrocedió, profundamente herido por sus palabras. ¿Cómo podía decir eso Thranduil, quien le había jurado que siempre estaría allí para él y sólo para él?
"Padre… creo que… creo que daré una vuelta."- y sin esperar respuesta, huyó lejos de él-
Intentando poner su mente en blanco, bajó a las cuadras y cuidó con amor de su caballo tordo, el cual había vuelto en algún momento de la noche anterior, algo afectado todavía. Y no se dio cuenta de la hora hasta que sus tripas rugieron pidiendo un tentempié.
Después de satisfacer sus necesidades y su glotonería, subió los escalones en busca de los gemelos. Sólo encontró a Elrohir, sentado en la cama.
"Hola, Ro. ¿Perdiste al fin a Verylä?"
"Se la presté un rato a Ell."
"Oh."
Legolas se sentó en la cama de un salto junto a él.
"Qué hermosas esmeraldas…" –susurró casi inaudiblemente Legolas-
"¿Uh? ¿Esmeraldas? ¿Hablas de Verylä?"
"Ajá…." –suspiró risueño Legolas- "Ro… ¿no crees que sus ojos brillan tanto como hermosas esmeraldas?"
"Bueno, yo los comparo más bien con el color del bosque, pero se aceptan sugerencias." –replicó Elrohir algo confuso-
"Oh, vamos, ¿Cuántas esmeraldas has visto en tu vida? El bosque es demasiado oscuro en comparación a esos hermosos cristales que porta."
"Como sea."-resopló Elrohir-
"¿De qué habláis vosotros dos?" –Elladan entró en ese momento en la habitación-
"Ay, hermanito de mi corazón. Intento convencer a Legolas de los ojos de Verylä son como el bosque y no como las esmeraldas."
"¡Pero es que son…!" –protestó Legolas-
"Hey, parad el carro. ¿Cómo se van a parecer a las esmeraldas o al bosque? ¿Cuántas veces le habéis mirado a los ojos? Yo bastantes, y sé a ciencia cierta que sus ojos son azules y no verdes."
"¿Estás ciego, Ell?"- Elrohir hizo una mueca- "O eres daltónico o algo…"
"De Legolas podría esperarme confusión, pero tú no tienes perdón. Sus ojos, Ro, son como los de mamá, azules, ¿recuerdas? No puedes haberlos olvidado"
"Por supuesto que no los he olvidado, pero al parecer tú sí."
La mirada de los gemelos se volvía cada vez más dura y sus puños se tensaban a cada negación del otro. Legolas se levantó y los separó.
"Ok, los ojos dan igual, ¿de acuerdo? Hablemos de otra cosa. Por ejemplo… ¿y su piel? ¿No es bella incluso su piel?"
"Bueno no sé a qué viene lo de la piel, pero es cierto que es perfecta." –se apaciguó Elladan-
"Sí, es cierto. Elrohir aprueba." –Elrohir sonrió mostrando sus dientes blancos y levantó sus pulgares para corroborar sus palabras.-
"No me creo que hallas dicho eso, Ro." –retrocedió Elladan- "¿no insistías precisamente en que te gustaban mucho más las chicas bronceadas que las doncellas de piel pálida?"
"Precisamente por eso me gusta Verylä, idiota." –su tono volvió a ser parecido al de la burla y el desafío- "Parece una aventurera, toda una guerrera, con sus pequitas y todo…"
"¿Qué bronceado, qué pecas?"-se extrañó Elladan-
"¿Eso, qué bronceado? ¿Qué aventurera? Si parece una dulce y dedicada doncella…"
Los tres jóvenes elfos se miraron durante unos segundos en silencio.
"¿Por qué discutimos?" –susurró Legolas- "Es como la vez en la que nos peleamos cuando éramos niños porque queríamos saber qué tipo de chica era el mejor."
"Sí." –asintió al final Elladan, colocando una mano en el hombro de su hermano gemelo- "Ro, ¿por qué decías que era toda una aventurera?"
"Le conté de nuestras misiones y las guerras. Ella escuchó con atención, ¡incluso me dio consejos de lucha!"
"Ro, yo…" –Elladan retiró la mirada un segundo.- "Creo que ella es más como una madre, que te escucha y sabe aconsejarte. Cada vez… cada vez la veo más como mamá."
"¿Celebrian?" –intervino Legolas, aunque Elrohir seguía igual de confundido. El príncipe rebuscó entre sus recuerdos y sólo recordó una mujer de cabellos claros y ojos zafiro, muy diferente a la madre de los gemelos- "Descríbela. ¿En qué le ves el parecido?"
"Bueno, cuando habla conmigo siempre utiliza un tono amable y comprensivo, me mira como si supiese todo sobre mí con sólo mirarme a los ojos, como mamá. Y luego está que es clavadita a ella por fuera: ojos azules zafiro, pelo casi plateado con bucles que heredó Arwen… Y su piel es tan blanca como la de ella."
"Ell. ¿Estamos hablando de Verylä?"
"Por supuesto, ya lo sé." –contestó Elladan, mirándole con fijeza-
De nuevo, un silencio. La verdad escondida entre sospechas inundó sus mentes poco a poco.
"Yo los bucles los veo casi más rizos. Y nada de plateado. Rojo, rojo fuego. Como Maedhros, vuestro abuelo adoptivo."-opinó Legolas-
"Para mí es un color castaño claro, y muy liso. Toda una aventurera." –repitió a media voz Elrohir-
"Vayamos a ver a mi padre." –masculló Legolas ordenando los pensamientos de los tres antes de salir corriendo-
Corrieron por los pasillos y llegaron al estudio del rey cuando el sol ya volvía el cielo de color anaranjado.
"¡Padre, padre!" –exclamó Legolas irrumpiendo en la sala sin llamar, y se lanzó a los brazos de Thranduil-
"Necesitamos tu consejo y tu opinión, mi rey."-dijo Elladan inclinándose al entrar.-
"¿De qué se trata?"
"Es Verylä, Ada." –susurró Legolas como si se tratase de un secreto, y los gemelos cerraron puertas y ventanas- "Dime, ¿cómo es?"
"¿Qué?" –Thranduil se mostró confundido un segundo, antes de mirarle- "ahora que preguntas, Legolas. Es muy parecida a tu madre, ¿sabías? Tiene exactamente su tono de ojos."
"Pero… tú me dijiste que había heredado los ojos de mamá."
"Sí. ¿No es eso lo que acabo de decir?"
"Ok, lo hemos cogido." –intervino Elladan antes de que la situación se volviese a caldear- "¿Y su pelo?"
"Su pelo… Su pelo. Igual al de mi esposa. Negro, algo ondulado."-sonrió levemente, y sus mejillas se colorearon con suavidad- "¿A qué viene este interrogatorio?"
"Ada, yo veo a Verylä como la mujer de mis sueños: tiene el pelo rojo rizado y los ojos verdes esmeralda."
"Para mí es igual a Celebrian, tiene el mismo tono plateado de cabello y sus ojos zafiro son como los de ella y los nuestros."
"Y conmigo finge que es una aventurera, de cabello castaño, tez bronceada, ojos verde floresta. Y parece que conoce muy bien mis gustos, porque hemos estado hablando un buen rato."
Elladan se volvió con brusquedad hacia él.
"Lo sabía, sabía que era como una madre, que sabe de todos tus secretos. Pero no sólo los tuyos, Ro, Verylä sabe de los de todos nosotros."
La profecía les vino a la cabeza a los jóvenes, aunque Thranduil todavía estaba algo perdido… "…aquello que refleja el corazón…"
"Ada, dijiste que amabas a mi madre de todo corazón, que todo en ella era perfecto."
"Así es."
"¿Ves de la misma manera a Verylä?"
Thranduil se quedó en silencio. No porque lo estuviese pensando, sino porque sabía a la perfección la respuesta y temía decirla. Las lágrimas en los ojos grises de Legolas bastaron para que supiera que el sí era claramente visible para los jóvenes. El príncipe se hizo el fuerte, y sacudió la cabeza para despejarse, limpiando de un movimiento brusco sus lágrimas de indignación.
"Padre. Es un hechizo, es el mal. Por favor, no te dejes llevar."
Tanto él como los gemelos salieron del estudio dejando atrás a un confuso Thranduil. Elladan y Elrohir se colocaron a los lados de Legolas.
"Bien, es obvio que la bestia se ha infiltrado en nuestras murallas. Debemos averiguar más sobre Verylä y su verdadero objetivo."
"Claro, y todos sabemos lo que viene a continuación…"-asintió Elrohir, crujiendo los nudillos-
