En mitad de la trayectoria, una intensa luz blanca le hizo gritar y desviarse. Mientras la vampiresa se retorcía en el suelo, los elfos miraron hacia los entes que se acercaban a ellos, ocultos todavía por el resplandor. Cuando este, proveniente de una botella de cristal, dejó de brillar, pudieron reconocerlos. La dama Galadriel iba a al frente, portando la luz de Eärendil. A sus costados la escoltaban Elrond y Celeborn, vestidos con sus armaduras y con las espadas desenvainadas. Tras ellos se adivinaba la silueta del mago gris, Gandalf.

"¡Ada!"-gritó Elrohir-

Tras el asentimiento de Celeborn, Elrond corrió hacia sus hijos, con el frasco en la mano. Acunó a su hijo mayor y le tendió el frasco. Elladan lo apretó contra su pecho, sentía que eso era lo único que le ataba al mundo. Celeborn, por su parte, corrió hacia Thranduil y su hijo y se colocó frente a ellos, defendiéndolos. Gandalf y Galadriel rodearon a Verylä.

"Ah, mira quién está aquí. La princesa de la luz y nuestro viejo mago gris."-se mofó Verylä, levantándose con lentitud-

"¡Esconde tus colmillos y refúgiate en la sucia cueva en la que te escondes!"-bramó Gandalf, iluminando su vara- "Nada tienes que hacer aquí."

"Ah, perdona si mis asuntos no te conciernen, anciano."-gruñó la otra, haciendo crujir su cuello- "Ahora, si me permites, tengo que acabar mi cometido."

La lucha comenzó. Gandalf, a pesar de su edad, era ágil y esquivaba con facilidad los ataques del monstruo valiéndose de su bastón. Galadriel tampoco iba retrasada, y aunque desarmada, era capaz de hacerla retroceder. Legolas, refugiado en el pecho de su padre, contemplaba atónito la escena, sintiéndose, por alguna razón, en la Primera Edad, donde las guerras eran abundantes y grandiosas todas ellas. Verylä, a pesar de haber bebido tanta sangre y estar apoyándose en Elladan, parecía en clara desventaja. Eran incontables las veces que había sido rechazada y había barrido el suelo con su piel desnuda.

"¿Quién te envía?"-preguntó Galadriel. Ni una gota de sudor ensuciaba su piel de porcelana-

"El único."-respondió con desdén Verylä, aunque no estaba en condiciones de hacerlo-"El más grande y el más fuerte. Aquél ante todos vosotros, inmundos duendes, os arrodillaréis, con cabeza o sin ella."

Gandalf golpeó el suelo con su vara y la vampiresa salió disparada y se estampó contra una columna.

"¿De quién hablas? ¡Danos nombres!"-bramó-

"¿De qué sirve eso, anciano? Por muy viejo y muy sabio que te creas, no sabes nada de él."

"Sirve, vampiro, para sufrir lo menos posible antes de desaparecer."-habló Galadriel, y su voz les hizo estremecerse a todos-

"Ah, ¿acaso no era vuestro deseo salvar al elfito? Sabes que si muero puedo ordenar que él me siga, ¿verdad? Ahora está bajo mi control."-rió Verylä, levantándose. No parecía tener muchas fuerzas, y por ello sacaba su última carta- "Adelante, pues, si es vuestra decisión…"

Entonces, Galadriel avanzó hacia ella sacando una daga de su vestido, y la clavó en su corazón. Era una daga encantada y portaba en ella luz del mismísimo árbol Telperion, algo de lo que el cuerpo de una criatura oscura nunca podría recuperarse. Era un movimiento que nadie excepto la propia Galadriel se esperaba. Incluso Celeborn mismo se asustó de la acción de su esposa, quien había parecido decidir sacrificar a su propio nieto.

"¡No!"-gritó Elrohir sin poder evitarlo-

La sala se quedó inmóvil, a excepción de Verylä, que se retorcía en el suelo, y de Elladan, que agarrándose el pecho, se convulsionaba y dejaba escapar sangre por su boca. Elrohir, llorando, lo abrazó. Elrond, por su parte, estaba petrificado. Pero Galadriel no tenía expresión alguna en su rostro. Recogió la daga manchada de sangre y se acercó a los gemelos.

"Bebe. Esto te liberará. ¡Rápido!"-dijo la dama tendiéndole el arma-

Elladan le miró asustado, igual que Elrohir, pero al final abrió la boca y Galadriel dejó caer aquellas gotas negras. Elladan abrió los ojos como platos y se estiró para lamer la hoja. Sus pupilas recuperaron lentamente su tamaño normal. Celeborn y la familia del bosque se acercó a curiosear. Elladan, más relajado, respiraba profundamente, con la cara escondida en el pecho de su hermano, pues esto se aferraba a él como si sus vidas dependieran de ello. Elrohir seguía llorando, pero besaba el rostro de su hermano, que recuperaba su aspecto normal. Las venas dejaron de remarcársele, pero tardaría en recuperar el color en la piel. Todos suspiraron, aliviados. La vida de Elladan no corría peligro. Galadriel nunca dejaría morir a ninguno de sus amados nietos, ella sabía perfectamente cómo combatir tal criatura. Legolas se soltó de su padre para arrodillarse junto a su amigo. Acarició su cabeza y cuando apartó la mano descubrió un montón de pelos enganchados entre sus dedos. Algo confundido miró a Elrohir, quien levantó un poco la cabeza de su hermano. Sí, de hecho, había perdido mucho cabello.

"Tendremos que cortarlo."-suspiró Elrond- "La parte buena es que podremos diferenciaros con facilidad."

Elrohir sonrió a su pesar y acunó a su hermano.

"Bueno, tendremos que barrer."-añadió Celeborn, que no lo decía por la cabellera de su nieto, sino por Verylä, que se había convertido en un montón de polvo.-

El caballero gris se acercó a lo que quedaba de ella y sacó el collar ovalado.

"Será mejor que lo destruyamos. Si ha decidido poseerlo para revivir como alguien que me sé yo, lo pasaremos mal."-comentó-

Galadriel y Gandalf alzaron la cabeza al unísono, compartiendo pensamientos, al parecer. Sin mediar palabra, el mago se dirigió con rapidez hacia la salida.

"¡Gandalf! ¿Dónde vas?"-saltó Thranduil-

"Celeborn acaba de sugerir quién podría ser el señor de la vampiresa. Tenemos que hacer nuestro movimiento cuanto antes."

Los sindar presentes se miraron entre sí, Thranduil y Celeborn tenían cierto brillo de temor en sus miradas. Legolas se cruzó de miradas también con el gemelo Peredhil, que al contrario de su padre, tampoco sabía de qué iba el asunto. Elladan, por su parte, hacía tiempo que había caído en los brazos de Irmo.

"Ada, la profecía decía que ella anunciaría la llegada de su señor. Hemos evitado la masacre, pero su señor llegará de todos modos… ¿Contra quién hemos de enfrentarnos?"-preguntó Legolas-

"Contra alguien al que siempre creí muerto. Alguien contra el cual deseé que tú nada tuvieses que ver."-murmuró pálido Thranduil- "Pero olvida eso ahora, Legolas. Vamos a la enfermería. Levantaremos el toque de queda y nos prepararemos para la bronca que nos va a echar nuestra querida sanadora al ver nuestro estado."

Legolas suspiró, pero terminó asintiendo.

Con todo, la fiesta ocurrió a su tiempo sin percance alguno. El episodio de Verylä fue borrado de la mente de los jóvenes por el alcohol, y aunque los mayores no dormirían tranquilos por más de una noche, terminaron disfrutando de la fiesta. El único sobresalto que estos tuvieron en unos meses adelante fue la visita de cierta compañía de enanos. Elladan, por su parte, era feliz con su nuevo corte de pelo, que aunque era demasiado corto para su gusto, le quedaba bastante bien. Otro cambio que había tenido era que le había cogido el gusto a la carne. Su hermano y su padre le encubrían gracias a su nombre: elfo hombre, aludiendo que había heredado eso de su parte humana. Desde luego, los elfos encontrarían cómo diferenciar a ambos gemelos.