Disclaimer: Los personajes son de S. Meyer la creadora de Twilight (Crepúsculo) La historia no es mía, es de la fabulosa María Bravo, quise hacer una adaptación de esta historia que ella creo. TODOS LOS DERECHOS SON DE ELLAS MENTES INCREIBLES….

Ahora sí, nos vemos en los muchos capítulos que esta hermosa autora creo y plasmo en papel.

REPITO la historia es de María Bravo yo solo la adapte a Twilight. NADA me pertenece.

(-.-)(-.-)(-.-)(-.-)(-.-)(-.-(-.-)

=CAPÍTULO 4=

Un ruido persistente y molesto me hace abrir los ojos, cuando consigo centrarme me doy cuenta que es el timbre, me levanto de golpe, son las nueve de la mañana, voy corriendo hacia la puerta y veo a través de la cámara a Rosalie que sujeta una bolsa a la altura de la cámara.

- ¿Te han tirado de casa? – le contesto riéndome y le abro para que suba. Cuando se abren las puertas del ascensor estoy apoyada en la puerta con cara de dormida.

-¡Buenos días! He traído croissants recién horneados ¿Pones tú el café? –me dice agitando la bolsa.

-Pasa anda, me has pillado en la cama ¡son las nueve de la mañana y es domingo! – Cierro la puerta, voy a la cocina y conecto la cafetera - ¿no tienes que ir al bar?

- No, he decidido que tengo que empezar a dejarlos un poco a su aire y a ejercer mi papel de empresaria – me dice muy segura.

- ¿En serio? Me alegro Ros, ya te he dicho muchas veces que lo hicieras, tienes gente muy buena trabajando.

- Si, iré luego a la hora de las comidas pero solo para supervisar – me mira pensativa y sé que se muere por preguntar qué tal fue anoche.

Le paso su café y me siento con ella en la isla de la cocina con el mío, cojo un croissant y me pongo a comer.

Ella me mira pero sigue sin decir nada, aprieto los labios para aguantarme la risa.

- Sabes porque he traído el desayuno, así que no me hagas suplicar – me dice mirándome con cara de niña buena.

-¡Qué buenos están los croissants! – le digo riéndome – No hay mucho que contar. Fuimos a cenar, a tomar una copa y poco más – le digo haciéndome la desinteresada.

- ¡Y una mierda! ¡Cuenta por esa boquita! – me suelta mirándome medio enfadada.

Me río y le cuento paso a paso lo que paso anoche. Cuando termino está mirándome con los ojos como platos, sé perfectamente que piensa como yo, simplemente fue un beso.

- ¿Te besó y tú te apartaste? ¡No me lo puedo creer! Isabella Swan, no sé qué es lo que buscas pero desde luego si a mí me besara un hombre como Edward estando soltera te aseguro que no hubiera dormido sola – lo dice tan tranquila dándole un bocado a su croissant mientras yo la miro perpleja.

- ¿Qué esperabas? ¡Joder Ros, que acabamos de conocerlo! Ni tú ni yo sabemos nada de él.

- De eso se trata cuando te interesa conocer gente. Pero está bien, tienes razón, aunque a mí me parece un buen tío, ¿vas a volver a quedar con él? – me dice mientras da un sorbo a su café.

- Bueno, le pedí que me acompañara a la cena del viernes, pero la verdad es que no sé si después del ridículo que hice ayer querrá volver a verme – al decirlo en voz alta me doy cuenta de cuánto me molesta esa idea – No lo rechacé, simplemente necesito tiempo y confianza... tengo miedo porque sé que es el tipo de hombre por el que podría sentir algo más, y que me haría daño si esto no saliera bien.

- Bella, no adelantes acontecimientos, dale tiempo a las cosas, solo espero que no lo dejes escapar porque realmente creo que ese hombre te conviene – me dice apretándome la mano.

- La verdad es que me encanta... – le digo sonriendo.

- Pues ya sabes ¡déjate querer! Bueno voy a ver a mis padres antes de irme al restaurante – dice dejando el vaso en el fregadero y se cuelga el bolso.

- Vale, yo me voy a la ducha y a pelear con la fiera de mi sobrina – me da dos besos ya en la puerta y se va.

Necesito pensar en lo que me ha dicho Rosalie. Sé que lleva razón, cualquier mujer con veintisiete años sabría lo que hacer o cómo actuar, en cambio yo, parezco una quinceañera a la que todo le da miedo.

Me doy una ducha pensando en la noche anterior y aun puedo notar los labios de Edward rozando los míos, y un calor se apodera de mí con solo recordarlo. Salgo de la ducha, me pongo aceite corporal y al mirarme en el espejo pienso que debería dejarme llevar y ver cómo se van sucediendo las cosas.

Oigo que suena un mensaje en mi móvil, salgo a la habitación a por él y el corazón se me acelera cuando veo que es un mensaje de Edward, lo abro nerviosa y leo:

"¡Buenos días!

¿Qué tal?

Espero que no te molestara lo de ayer, entiendo que prácticamente no nos conocemos, no volverá a ocurrir...

Aunque me muera de ganas. Me pediste tiempo y te lo daré.

Besos"

¿Qué significa eso? ¡Yo sí que quiero que vuelva a ocurrir! Vuelvo a leer el mensaje, dice que no volverá a ocurrir pero también que se muere de ganas, creo que ha entendido lo que le decía porque el mismo reconoce que no nos conocemos, lo que no sé es si con lo de darme tiempo se refiere a que no volveré a verlo, o que lo veré cuando yo decida. Sí, creo que acaba de pasarme la pelota... y no sé qué contestar.

Me acerco al armario y comienzo a vestirme pensando en una respuesta. Vaqueros, una sudadera y mis converse, imposible ir mas arreglada para tirarme en el suelo con mi sobrina. Me recojo el pelo en una coleta de caballo meto mis cosas en un bolso bandolera, y me miro en el espejo, sí, un look muy dominguero. Sigo sin saber qué contestar, y decido que tengo todo el día para hacerlo.

Cuando llego a casa de mis padres ya está mi sobrina allí, como siempre va guapísima con un vestido azul, unos leggins a conjunto, zapatillas blancas, y su pelo recogido en una coleta de caballo como yo. Todo el mundo me dice que si algún día tengo una hija, no se parecerá tanto a mí como mi sobrina. Las dos tenemos el pelo castaño claro con reflejos dorados, los ojos marrones, labios carnosos y rasgos muy parecidos.

- ¡Hola tía! – me chilla en cuanto entro por la puerta. Viene corriendo por el pasillo y se me echa encima.

-¡Pero qué mayor esta mi niña! – la abrazo bien fuerte, esto recupera a cualquiera.

- Es que ya he cumplido los tres años, tía – me río al verla enseñarme tres deditos.

- ¡No me digas! ¡Ya eres toda una señorita! Bueno ¿has traído las princesas? – le pregunto mientras la llevo en brazos al comedor - ¡hola a todos! – bajo a mi sobrina que se va directa a por su mochila.

- No sé cómo lo haces para estar tan guapa aunque sea con unos vaqueros y una sudadera – me dice mi hermano abrazándome.

- Eso eres tú que me ves con buenos ojos – le digo riéndome.

- Pues yo te veo con los mismos – dice mi cuñada dándome dos besos. ¡Vaya par de aduladores!

- Creo que tienes algo que contarme – me dice mi hermano bajando la voz para que no lo escuchen mis padres. Asiento aunque no me apetece tener que contarle nada, pensaba que lo habría olvidado. Me distraigo jugando con mi sobrina hasta que mi madre nos avisa para comer. Hablamos de todo un poco, y después del café mi hermano se acerca y me pide que lo acompañe al balcón.

-Bueno ¿Qué tal tu cita? – me dice dándome un codazo.

-Bien, ya te dije que solo nos estamos conociendo.- lo digo sin poder evitar una sonrisa.

- ¿Te gusta de verdad, no? – me dice mirándome a los ojos.

- No lo sé Garrett... bueno si, me gusta, mucho, pero estamos conociéndonos – le digo y me acuerdo de sus ojos azules, de nuestras manos cogidas y de su manera de mirarme.

- Me parece bien que os lo toméis con calma, no me gustaría que volvieran a hacerte daño – me abraza, me da un beso en la sien y me vuelve a mirar – Hacia mucho tiempo que no te brillaban los ojos como ahora al hablar de un hombre – me río y pienso que ni siquiera mi hermano sabe lo que paso con mi ex, mejor dicho, nadie sabe lo que paso realmente.

- Si supongo que hay que darle tiempo a las cosas...– sonrío y yo misma me convenzo de lo que digo.

Paso la tarde jugando con mi sobrina, y a las seis decido irme a casa. Tengo que poner una lavadora y planchar otra, y quiero dejar todo listo para la semana.

Cuando llego cojo el móvil, releo el mensaje de Edward por milésima vez y decido contestar:

"¡Hola Edward!

Siento haber tardado tanto en contestar, estaba pensando cómo hacerlo.

Ayer no pasó nada por lo que tengas que disculparte, ya te dije que me encantó, lo pasé genial y por supuesto que me encantaría repetir.

Un beso y espero verte pronto"

No lo pienso mucho por miedo a arrepentirme y le doy a enviar. Miro el teléfono durante un minuto por si me contesta y como no lo hace me pongo a poner la lavadora y de repente suena mi móvil. Es Edward y me está llamando, por mensaje soy más valiente, pero finalmente contesto:

- Hola – le digo y se me escapa una sonrisa.

- Hola – con solo oírlo se me ha puesto la piel de gallina – ya no sabía que pensar ¡me estaba volviendo loco!

- Lo siento... debería haber contestado antes.

- No pasa nada, me parece que la espera ha valido la pena – lo oigo reír al otro lado – ¿de verdad te encantaría repetir?

- Si, y espero que no te hayas echado atrás con lo del viernes. Sigue en pie la cena.

- ¡Por supuesto! Nada me gustaría más que volver a verte – me dice en un tono de voz que ha hecho que se me encoja el estómago. Voy a prepararme un té.

- Yo también tengo ganas de verte – me sorprendo a mí misma al decirlo en voz alta - ¿qué has hecho hoy?

- Nada especial, he estado con algunos de mi equipo comiendo en la playa, he salido a correr y he trabajado un rato en el hotel.

- ¡Sí que te ha cundido el día! – le digo riéndome – y ahora, ¿dónde estás? – oigo como empieza a reírse y me deja un poco confundida.

- Si te lo digo no vas a creerme – me dice sin dejar de reírse.

- ¿Por qué? ¿Qué te hace tanta gracia?

- Estoy aparcado delante de tu casa – abro los ojos de par en par.

- ¿En serio? ¿Qué haces ahí? – me río asomándome a la terraza y veo el coche aparcado justo en la acera de enfrente.

- Ya te he dicho que me estaba volviendo loco – lo veo como sale del coche y mira hacia arriba.

- ¡Estás loco! – lo saludo con la mano pero no estoy segura de que pueda verme - ¿te apetece un café?

- Vale, te espero aquí – dudo un poco fijándome en cómo voy vestida. Aun llevo los vaqueros y la sudadera.

- No, ¿por qué no subes tú? – le digo tensando la espalda.

- Bueno, como quieras – también noto la duda en su tono de voz.

-Es la puerta 58 – le digo y lo veo sacar una chaqueta del coche.

- Lo sé, ahora nos vemos.-Voy corriendo a mirarme en un espejo, ¡Dios, ni siquiera me he maquillado un poco! Toca al timbre del portal.

- Es el piso quince – le digo mientras le abro.

- De acuerdo – me dice con una sonrisa de oreja a oreja.

Me pellizco las mejillas para darme un poco de color, me recoloco la coleta y me pongo un poco de perfume. Ya que llevo las pintas que llevo, por lo menos hay que oler bien. Suena el timbre, abro la puerta y ahí está.

Lleva el pelo despeinado y sé que es por pasarse los dedos, es una manía que me he fijado que tiene. Lleva unos vaqueros y una camiseta negra, con una chaqueta negra también. ¡Está tan guapo! Lo veo sonreír y me hace sonreír a mí.

Se acerca, levanta su mano hasta mi mandíbula, y antes de besarme me mira como pidiendo permiso, entonces soy yo la que se acerca a él respondiendo así a su pegunta. Tiene unos labios tan suaves...

- Pasa – le digo apartándome de la puerta.

- Gracias – entra despacio mirando a su alrededor. Cierro la puerta y le sigo, cuando llegamos al comedor mira todo con atención.

La cocina está integrada en el comedor, la decoración es moderna, la cocina es en rojo y blanco, con los electrodomésticos en acero inoxidable. El comedor está pintado en un gris claro, con el sofá y el mueble en blanco, la mesa del comedor es de cristal y acero, acero, igual que la mesita que tengo entre el sofá y la televisión. Tuve mucha suerte de encontrar este piso, es un ático precioso.

Tiene dos habitaciones, dos baños, una cocina con una isla en medio, que es prácticamente lo que uso de comedor para mi sola, y una terraza increíble. Mi parte favorita.

Lo observo mientras detiene la vista en un vinilo que ocupa toda la pared de al lado de la mesa. Es de una vista del puente de Brooklyn en blanco y negro, con la ciudad de Nueva York al fondo. Me mira y sonríe.

- Bonitas vistas – me dice señalando la fotografía.

- No te lo había dicho, pero siempre me ha llamado la atención la ciudad de Nueva York – le digo riéndome.

- ¿Has estado?

- No, qué va. Es uno de mis viajes pendientes – le digo observando la fotografía.

- Ya iremos – me dice y me acaricia la mejilla con los dedos. Asiento aunque sé que para mí será complicado. Llevo queriendo ir media vida y nunca ahorro lo suficiente.

- ¿Qué quieres tomar? Yo estaba preparándome un té – le digo señalando mi taza.

-Un café largo. – me voy hacia la cocina para preparárselo.

- Siéntate, luego si quieres te enseño la casa.

- Me encanta, tienes muy buen gusto – se acerca al mueble donde tengo una foto con mi hermano que me encanta. Los dos estamos mirándonos y riéndonos, éramos unos críos, nos la tomaron sin que nos diéramos cuenta y se ha convertido en una de mis favoritas.

Me acerco y dejo su café y mi taza en la mesita pequeña.

Se ha quitado la chaqueta y la camiseta negra se adapta perfectamente a su cuerpo, se nota que hace deporte, porque se le define cada músculo de sus brazos, y deduzco que el torso será igual. Me ruborizo solo de pensarlo.

- Ese es Garrett, mi hermano mayor – le digo señalando la foto y cogiendo la de al lado me río – y esta es mi sobrina, Irina - Él también sonríe cuando ve la foto.

Irina sale riéndose mientras yo le decía cosas al hacerle la foto, esta guapísima.

-Es preciosa, se parece muchísimo a ti – se gira hacia mí sonriendo. Asiento, dejo la foto en el estante y nos sentamos en el sofá.

- Bueno ¿me vas a explicar que hacías ahí? – le digo recordando que estaba aparcado en mi calle.

-Llevaba todo el día esperando a que me contestaras, y como no lo hacías he venido para hablar contigo pero llevo más de media hora en el coche sin saber qué hacer. No quería agobiarte, pero por otra parte, no sabía si querías volver a verme, necesitaba saber que estaba todo bien, y justo cuando me iba a ir me ha llegado tu mensaje – me coge de la mano y la acaricia con el pulgar.

-No me puedo creer que lleves media hora ahí bajo... – le sonrío. Levanta la mano, me coge de la barbilla entre el índice y el pulgar, se acerca y me da un beso suave en los labios.

- Y yo no me podía creer que no volvería a hacer esto – me dice todavía rozando mis labios. ¡Dios mío, solo con eso estoy ardiendo!

- Bueno... me encanta que lo hagas – le digo notando como se me pone la piel de gallina. Vuelve a besarme y esta vez entreabro los labios, en cuanto se da cuenta, noto su lengua entrar y los dos profundizamos el beso.

Tiene su mano en mi mandíbula y con el pulgar me acaricia la mejilla. Se separa y le noto la respiración entrecortada. Yo tampoco estoy mucho mejor, de hecho creo que acabo de derretirme un poco en el sofá.

Se acomoda mirándome y alarga la mano hasta su café.

-Voy a beberme el café porque si no, no podré apartar las manos de ti – me dice dando un sorbo a su café–No me mires así que va en serio - Me da la risa de verlo a él contenerla.

- Está bien, ¿quieres que te enseñe la casa? No es muy grande pero no necesito más – intento cambiar de tema, me levanto y le tiendo la mano, la coge y le llevo por el pasillo – Esta es la habitación de invitados que también utilizo de despacho – salimos al pasillo y abro la otra puerta – este es el baño de invitados – llegamos al final del pasillo y abro la puerta - y este es mi dormitorio, con mi baño – me mira y se ríe.

-Está muy bien y me encanta como lo tienes decorado. En general el piso es estupendo, ¿hace mucho que vives aquí? – me dice observando las vistas desde la ventana.

- No, en realidad llevo año y medio aquí, pago poco de alquiler para el piso que es. Y ahora mi parte favorita – le digo llevándolo de nuevo al comedor. Abro la puerta de cristal y salimos a la terraza.

Allí tengo unos sofás en blanco de exterior con una mesa bajita en negro, otra mesa grande, con seis sillas, donde en verano suelo preparar cenas o comidas.

- ¡Vaya! Entiendo que sea tu parte preferida... – se asoma hacia la calle. Hace un poco de fresco y me abrazo para darme un poco de calor, se gira y me mira ladeando la cara - ¿tienes frío? – me pregunta acercándose hacia mí.

- Bueno por las noches ya refresca y aquí arriba se nota – lo tengo delante, da un paso acortando la distancia que nos separa. Me abraza y me da un beso en la coronilla.

- Aunque no te lo creas, te he echado de menos – me dice mientras me acaricia la espalda arriba y abajo. Levanto la cara hacia él ya que le llego a la altura de la barbilla y me besa.

- Quédate a cenar – le digo con un hilo de voz. Me sonríe, lleva sus manos hasta mi mandíbula y me acaricia con los pulgares. Podría pasarme todo el día así, y no me apetece que se vaya.

- Lo que tú digas, aunque te aviso que no sé cocinar– se ríe abrazándome de nuevo.

- Yo sí, y me encanta, pero había pensado en pedir comida china – le digo riéndome.

- Por mi perfecto, pero espero otra cena hecha por ti, ahora ya no hay excusa – me besa me coge de la mano y volvemos a entrar.

Pido la cena mientras lo observo mirar mi colección de cdś, y no puedo creer que este aquí y cuanto me gusta. Me siento como una niña aunque también estoy muy cómoda con él, parece que también quiere ir poco a poco.

Llega la cena, nos sentamos en la isla de la cocina, yo quería poner la mesa pero Edward prefería cenar aquí. Abro una botella de vino blanco y empezamos a cenar, no me había dado cuenta del hambre que tenía.

- ¿Trabajas mañana? – dice antes de dar un sorbo a su copa.

- Sí, claro. A las ocho empieza mi semana – le digo con una sonrisa.

-Me preguntaba si, mañana no, porque llega mi socio de Nueva York, pero ¿el martes tendrías tiempo para comer conmigo?

- Tengo un descanso de solo dos horas para comer, tendríamos que comer en un restaurante del centro.

- No hay problema, ¿a qué hora sales a comer? – me dice terminando su plato.

- A la una. ¿Vas a venir al centro solo para comer conmigo? – le digo acabando yo también mi cena.

Doy un trago de vino y lo miro. Está mirándome frunciendo el ceño.

- A ver, creo que hay algo que tengo que explicarte–se gira hacia mí en el taburete y gira el mío para tenerme cara a cara – Isabella, me gustas muchísimo y me encanta estar contigo, quiero conocerte mejor aunque no tengo ninguna duda de que eres una mujer increíble – me está mirando a los ojos y yo desvío la mirada – Mírame – me dice girándome la cara hacia él de nuevo.

- Edward tú también me gustas, no quiero que pienses que no, lo que pasa es... no sé, no quiero que te canses demasiado rápido – le digo porque es uno de mis miedos. Estoy alucinada de lo fácil que me resulta hablar con él, parece que lo conozca de toda la vida cuando realmente hace dos días. ¡Dos días y está sentado en mi cocina! Si esto no es dejarse llevar, ya no sé lo que tengo que hacer.

- ¿Cansarme? – sé ríe a carcajadas – No creo que vaya a cansarme. Y sí, voy a ir al centro solo para comer contigo.

- De acuerdo – le sonrío, se acerca y me da un beso suave en los labios.

Pongo los platos en el lavavajillas y lo conecto, nos sentamos en el sofá para terminarnos el vino.

- ¿Has dicho que mañana llega tu socio? – le digo pensando en lo que me ha dicho.

-Sí, viene para ver dos oficinas que hemos seleccionado. Mientras me ha tocado alquilar una para poder trabajar desde aquí con mi equipo.

- ¿Las que buscáis, no las queréis alquilar? – todas las oficinas que conozco son alquiladas.

-Isabella, necesitamos todo un edificio para la compañía. Preferimos tenerlo en propiedad así no preocuparnos por nada. – me dice dejando su copa vacía en la mesa.

- ¿Un edificio? – me apunto una nota mental para buscar en Internet la empresa de Edward

-Cullen C.O. Corporaciones constará de unos trescientos trabajadores aquí en Seattle. Empecé en una oficina como este comedor y hoy no encuentro un edificio para estar cómodos.- sonríe y frunce el ceño pensando en lo que ha dicho.

- No pensaba que fuera una compañía tan grande...-¡Joder, este hombre tiene un imperio!

- Lo es... bueno, me quedaría toda la noche hablando contigo, pero mañana a las cinco me levanto para recoger a Eleazar en el aeropuerto, así que quizás debería irme – me dice mordiéndose el labio inferior.

- Lo entiendo, yo también tengo que madrugar, y aun no me he preparado ni la ropa. – le digo pensando que tengo que sacar la ropa de la secadora. Se levanta y tira de mí. Me abraza escondiendo su cara en mi cuello y me roza con sus labios en la clavícula lo que me provoca un escalofrío, sube hacia mi cara rozándome con sus labios por el cuello y me enciendo como una hoguera. Al llegar a mis labios me coge de la mandíbula a ambos lados y me besa en los labios, entreabro los míos y llevo mis manos hasta su cuello, para profundizar el beso. Le acaricio el pelo de la nuca para no caer en la tentación de enredarlos en su pelo despeinado, que realmente es lo que me apetece. Baja una de sus manos a mi cadera y sigue besándome como si fuera la última vez que va a hacerlo.

Cuando se separa, apoya su frente en la mía, y me acaricia la mejilla. Los dos estamos prácticamente jadeando, y es que lo que siento cada vez que me besa es indescriptible.

- Nunca me cansaré de esto, es imposible – levanta la cabeza y me sonríe.

- No, creo que yo tampoco – le digo devolviéndole la sonrisa.

- Será mejor que me vaya – se gira a por su chaqueta y noto el frío de su ausencia aunque está en el otro lado del salón.

- Vale, ten cuidado.

-No te preocupes – me dice caminando hacia la puerta – me ha encantado cenar contigo. Mañana te llamo. – Vuelve a besarme y abre la puerta.

- Avísame de lo del martes – le digo pensando que no me apetece nada que se vaya. Llama al ascensor y se abren las puertas.

-Te avisaré – me dice entrando en el ascensor sonriendo – Resérvame un beso. – dice guiñándome un ojo y se cierran las puertas.

Entro y cierro la puerta, me apoyo en ella y pienso en todo lo que me ha dicho hoy. Este hombre es tan intenso, que sé que va a arrastrarme con él. Saco la ropa de la secadora, me doy una ducha y me meto en la cama, mañana ya pensaré que me pongo, ahora solo puedo pensar en una cosa, y tiene nombre y apellidos.

Edward Cullen…

O00o0o0o0o0o00o00o0o00o

Bueno ¿Qué tal con esta pareja? A que suspiro de amor, son lindos, bueno veremos cómo les va el martes en su comida, yo quiero ver que pasa mmm…

Los amito mucho…

Locura realizada…

Cambio y fuera…

By:antoCullen::

Jane&SophieW.