Disclaimer: Los personajes son de S. Meyer la creadora de Twilight (Crepúsculo) La historia no es mía, es de la fabulosa María Bravo, yo leí el libro y me encanto la historia y quise hacer una adaptación de esta historia que ella creo. TODOS LOS DERECHOS SON DE ELLAS MENTES INCREIBLES….
Ahora sí, nos vemos en los muchos capítulos que esta hermosa autora creo y plasmo en papel.
REPITO de nuevo la historia es de María Bravo yo solo la adapte a Twilight. NADA me pertenece.
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Capítulo 8=
Hoy ha sido un día agotador, mi jefe está fuera y me ha tenido casi todo el día al teléfono, y haciendo mil cosas para mañana, ya que tengo la tarde libre.
Salgo a las cinco de trabajar, llego a casa y estoy tan cansada que no me apetece ir al gimnasio, así que me pongo la ropa de correr y salgo por el río para despejarme. Me coloco los cascos del móvil para escuchar música y emprendo mi camino. Cuando doy la vuelta para volver a casa suena el móvil.
- Hola – oigo la voz alegre de Rosalie al otro lado.
- Hola, me pillas corriendo de vuelta a casa – le digo cogiendo aire.
- ¿Quieres que te llame luego? Se te nota cansada– me dice riéndose.
- Te llamo yo cuando suba a casa, y no te rías que deberías salir a correr también – le digo, aunque sé que nunca vendrá conmigo.
- Si, ya, luego hablamos.
- Está bien, hasta ahora – le digo y cuelgo. Termino mi camino, subo a casa, y directamente lleno la bañera, voy a la cocina, cojo una botella de agua y cojo el teléfono.
-¿Qué querías? – le digo a Rosalie nada más descolgarme el teléfono.
- Nada, te llamaba para ver qué tal te fue ayer, al final no puede llamarte.
- Ya, bueno, si te lo cuento no te lo crees – le digo recordando cada momento del día.
-¿Por qué? ¿Fue mal la comida? – me dice alarmada.
-No, qué va. La comida fue genial, de hecho quedamos a cenar en mi casa.
- ¡Vaya! Ya van dos veces – me dice riéndose. Le cuento todo lo que pasó durante la comida, en el parque, la cena.
- ¿Te has acostado con él? – me dice cuando le hablo del medio calentón del sofá.
-¿Quieres escuchar? Justo cuando la cosa se estaba poniendo realmente interesante, sonó el teléfono, y era mi madre – le digo poniendo los ojos en blanco y acercándome a cerrar el grifo de la bañera.
- ¿Tu madre? ¡Esta Renee siempre tan oportuna! – la oigo reírse a carcajadas.
- Sí, pero esta vez era serio. Irina se ha caído y se ha roto el bracito, iban camino del hospital – le digo recordando la carita de pena que tenía mi sobrina.
- ¡Dios mío! ¿Está bien? - Si, está bien. Le han escayolado el brazo, pero todo bien.
- ¿Y qué hiciste con Edward? – me pregunta y ahí viene la parte buena.
- Edward me llevo al hospital y se quedó conmigo hasta que me trajo de vuelta a casa – le digo y una sonrisa se me instala en la cara.
-¿En serio? ¿Con tus padres y todo? – está tan alucinada como yo.
- Si, conoció a la familia al completo – le digo riéndome.
- Ese hombre es increíble.
- Si, lo es, aunque igual se asustó un poco porque hoy no he sabido nada de él en todo el día – le digo pensando en que quedó en llamarme y no lo ha hecho.
- ¿Has probado a llamarlo tú? Siempre es él que te busca – me dice un poco enfadada.
-Ya, bueno, ya veré. Mañana cuando salga de trabajar como contigo en el bar y nos vamos ¿No?
- Claro, estoy deseando ir y que me unten en mil potingues – me dice riéndose.
- Está bien, pues te dejo que me he preparado un baño y se me está enfriando el agua.
-Vale, mañana te veo, y ¡Llámale! – me dice riéndose y me cuelga.
Me voy al baño, echo aceite de vainilla en el agua, sales minerales, cojo mi móvil y lo dejo en la banqueta de al lado de la bañera junto al fijo, me desnudo y me sumerjo en el agua. Empiezo a pensar que tal vez Rosalie tenga razón y esta vez sea yo quien debe llamar a Edward. Me seco las manos en la toalla, cojo el móvil y por si está ocupado le escribo un mensaje.
"Hola Edward ¿Qué tal? Supongo que estarás ocupado, solo quería darte las gracias por lo de ayer. Un beso"
Ya está enviado, ahora si quiere me contestará.
No he sido muy extensa pero no sé qué decirle. Empiezo a enjabonarme, me lavo el pelo, me pongo la mascarilla y me relajo un poco más en el agua. A los dos minutos suena el teléfono, ¡Es Edward!
- Hola – le digo nerviosa.
- Hola preciosa, no he podido llamarte en todo el día, pensaba que estarías en el gimnasio y pensaba llamarte esta noche – me dice y se le nota nervioso.
- No, ayer no dormimos mucho y estoy agotada, he salido a correr y ahora me estoy dando un baño – le digo moviendo las piernas nerviosa.
-¿Un baño, eh? Si estuviera ahí te frotaría la espalda – me dice bajando la voz.
- Ya, pero no estás aunque me encantaría – le digo sonriendo cuando lo oigo carraspear - ¿Aun tienes trabajo?
- Sí, he quedado para cenar con mi socio, tenemos una cena con unos alemanes a los que queremos comprar una patente.
-¡Ah, muy bien! – le digo con una nota de decepción en la voz.
- ¿Ocurre algo? – me dice y sé que está sonriendo.
- No, estoy agotada y se me están arrugando los dedos – me río.
- Pues sal de ahí, te llamo después de cenar ¿De acuerdo?
- Vale, estaré en casa. Un beso.
- Resérvamelos – me dice y ya ha hecho que esa simple palabra me recuerde a él.
- Sí, no te preocupes – le digo riéndome – Hasta luego Edward...
- Hasta luego cielo – y me cuelga. ¿Cielo? Creo que me he quedado con la boca abierta al oírle decir eso, pero me ha sonado genial ¿Me estaré volviendo un poco loca? Salgo de la bañera, me seco y me visto con un camisón y mi bata. Me siento un rato en el sofá y decido llamar a mi hermano a ver cómo va la peque.
-Hola Garrett ¿Cómo va la nena? – le digo cambiando de canal en la televisión.
-Hola, ya no para, hoy no ha ido al colegio, aunque dice que no le duele.
- Pobrecita, tiene que estar incomodísima – le digo riéndome.
- Bueno, dice que le pica y hoy no ha parado de pedir que se la quitemos. ¿Qué tal tú? Hoy he visto a Edward en las oficinas – me dice con tono jocoso…
- ¿Ah sí? Acabo de hablar con él y me ha comentado que no ha parado en todo el día.
- Sí, bueno han estado hablando con mi jefe. Por lo visto quiere instalar un sistema de energía solar en el edificio y están poniéndose de acuerdo para hacerlo entre todos. ¡No me puedo creer que salgas con Edward Anthony Mansen Cullen! – me dice riéndose.
-No salgo con él Garrett y yo no sé quién es exactamente Edward Anthony Mansen Cullen como dices tú – le digo medio mosqueada.
-Vamos Bella, no te enfades, es solo que me sorprendió ver que era él, justo lo conocí dos días antes de que me lo presentaras y no me imaginaba que fuera él. Parece un buen hombre – me dice cambiando a un tono más serio - ¿Vas en serio con él?
-Garrett, solo nos estamos conociendo. Ayer me acompaño porque me puse nerviosa y no quería que condujera así, pero ya está. ¿Puedo hablar con mi sobrina, por favor? – le digo intentando cambiar de tema.
-Está bien, pero me gusta, te mira realmente interesado y solo el hecho de acompañarte y quedarse contigo en el hospital ya le da muchos puntos a su favor.
- Bueno, déjalo ya y pásame con Irina – le digo pensando en lo que me está diciendo, ¿Realmente le intereso a Edward?
-Vale, ya hablamos – oigo como llama a mi sobrina y ella chilla corriendo hacia el teléfono – Hasta luego – me dice mi hermano riéndose.
- Adiós – mi sobrina coge el teléfono - ¡Hola mi vida! ¿Cómo está mi princesa? – le digo riéndome.
-Bien, pero me pica y quiero que mami me lo quite – me dice poniéndome voz de pena.
-Cariño, no te lo pueden quitar, tienes que aguantar un poquito – le digo y se me encoge el corazón de pensar lo que le tiene que molestar.
-Mañana mami me va a ayudar a pintarla de colores, ¿Quieres venir a ayudarnos? – me dice entusiasmada.
-No puedo, la tía tiene que trabajar, pero en cuanto la vea te pondré mi nombre en un huequito ¿vale?
- ¡Vale! Mami dice que cuando la pintemos ya no me picará – me dice y me la imagino frunciendo el ceño de la forma tan graciosa que lo hace.
-Seguro que no cariño, ya verás cómo una vez pintada ya no pica nada – le digo sonriendo.
- Vale. ¿Cómo se llama el novio de Barbie, tía? – me dice de repente.
- Ken, el novio de Barbie se llama Ken – le digo riéndome.
-Sí, Ken. ¿Ken también vendrá a pintar mi escayola? – me dice ilusionada.
- ¿Ken? – le pregunto desorientada.
- Si, tu amigo, el que vino a verme al hospital – me dice enfadada.
- ¡Ah, Edward! – Me río a carcajadas – cariño Edward no es el novio de Barbie – le digo sin parar de reírme.
- Bueno ¿Vendrá? Es muy guapo, yo sí que creo que es el novio de Barbie.
- No creo princesa, Edward tiene que trabajar – le digo pensando en la cara de Edward si le llama Ken.
- Vale, le guardaré otro trocito para que ponga su nombre – me dice con tono tristón.
- Muy bien princesa. Bueno pórtate bien ¿vale?
- Sí, me voy a cenar – me dice contenta.
- Yo también cariño, un besito enorme.
- Otro para ti – y me cuelga.
Esta niña es de lo que no hay, pensaba que no se acordaría de Edward, pero veo que es difícil olvidarse de él.
Se ha ganado a mi familia en cinco minutos que los ha visto, y aunque no esperaba tener que presentárselos, la verdad es que no me molesta. Me levanto del sofá y me preparo un bol de leche con cereales para cenar, no tengo mucha hambre y tampoco me apetece cocinar.
Vuelvo al sofá y me pongo a ver un concurso de cocina mientras ceno, me río de pensar en cómo esos cocineros están media hora para cocinar un plato excepcional, y yo en cinco minutos me he preparado una cena.
Pienso en la cena del viernes y en las ganas que tengo de que llegue, aunque no sé si tengo más ganas de que llegue la cena o de ver a Edward ¿Es posible que ya lo eche de menos? No puedo dejar de pensar en lo que hubiera pasado ayer de no ser por la interrupción, me he pasado todo el día recordando sus besos, su forma de tocarme y de la cara que puso cuando descubrió que llevaba liguero.
Reconozco que me encanta la ropa interior, es mi mayor vicio, Rosalie siempre me dice que no entiende porque si nunca la enseño, y en parte sé que tiene razón, llevo casi dos años sin estar con un hombre, pero eso no significa que no me guste estar guapa y llevar la ropa que me gusta.
Me termino los cereales y me tumbo en el sofá, no sé cuánto tiempo pasa hasta que me quedo dormida. Sueño con lo mismo que llevo soñando toda la semana, Edward. Con su forma de mirarme, con sus besos, con su manera de sonreír, y de repente oigo un ruido de fondo persistente, entreabro los ojos y veo en el reloj que son las once y media, parpadeo y me doy cuenta de que suena mi móvil.
- ¿Diga? – contesta intentando parecer despierta.
- ¿Te he despertado? – oigo la voz de Edward al otro lado y me despierto de golpe.
- Hola, me he debido quedar un poco traspuesta en el sofá – le digo incorporándome.
- Lo siento, ha sido más largo de lo que esperaba, pero como te he dicho que te llamaría no quería faltar a mi palabra – me dice y sé que está sonriendo.
- No importa, ¿Qué tal ha ido?
-Bien, una cena aburrida como siempre – dice riéndose – Y tú ¿Me has echado de menos? – me dice bajando el tono y no puedo evitar que se me ponga la piel de gallina.
- Mentiría si te dijera que no – le digo riendo – Mi sofá no es el mismo desde ayer – oigo como coge aire.
- ¿En serio? Me alegro, porque yo no soy el mismo desde ayer, tampoco he dejado de pensar en ese sofá – dice riendo – Mañana tampoco podré verte. Tenemos que cerrar varios asuntos antes de que Peter vuelva a Nueva York y por la noche lo acompañaré al aeropuerto.
- No pasa nada, el viernes nos veremos – le digo aunque no puedo disimular que me decepciona un poco la idea – Además, mañana Ros y yo tenemos toda la tarde ocupada.
- ¿No trabajas?
- No, me deben muchas horas y tengo una tarde de chicas pendiente con ella – le digo riendo.
- ¿Tarde de chicas, eh?
- Si, comeré con ella en el bar y luego haremos que nos mimen un poco – le digo pensando en la cara que estará poniendo.
- Muy bien, pero no dejes que sea un hombre quien te mime – me dice en tono bajo y hace que se me encoja en vientre.
- No lo sé, ya te contaré el viernes – me río y sé que está frunciendo el ceño.
- Si intentas ponerme celoso lo estas consiguiendo– me dice riéndose – Te llamare mañana a ver qué tal vas, aunque me ha gustado que hoy me enviaras ese mensaje.
- Bueno, no sabía nada de ti y pensé que habías salido corriendo después de conocer a mi familia de repente – le digo pensando que no ha dicho nada al respecto.
- Metete en esa cabecita que no voy a ir a ninguna parte. Tienes una familia muy agradable, y aunque no fue en las circunstancias que esperaba conocerla, no me asustó hacerlo – me dice y hace que me quede con la boca abierta. Cojo aire porque me he quedado sin palabras.
- De acuerdo – le digo porque es lo único que se me ocurre.
- Muy bien. Vete a la cama y descansa, es tarde y mañana tienes que trabajar – me dice y aunque es un poco mandón hace que suene bien.
- Si, los dos tenemos que trabajar. Buenas noches– le digo sonriendo.
- Buenas noches, sueña conmigo – y me cuelga. Eso no será difícil… Apago la tele, me preparo la ropa para mañana y me acuesto…
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- Hola – le digo con un hilo de voz. Cuando llega a mi altura se agacha hacia mi silla y me da un suave beso en los labios.
- Hola – dice acariciando mi mejilla con los dedos – Iba camino del hotel y me acordado que venias a comer aquí – me dice sonriendo.
- Sí, me alegro de verte – le digo sonriendo.
- Edward ¿Quieres un café? – le dice Ros desde la barra.
- De acuerdo, aún tengo media hora – me mira y sonríe.
- Siéntate – le digo señalando la silla que está a mi lado. Se sienta y me acaricia la rodilla con la mano.
- ¿Te veo sorprendida? – me dice con esa sonrisa de medio lado que tanto me gusta.
Un pequeño adelante, disfrútenlo, ahora si ¿Merece comentarios o algo de perdida? Jajaja Nah chantaje puro, nos vemos en el siguiente les aseguro que esta bueno jajaja, bay…
Locura realizada…
Cambio y fuera…
By:antoCullen::
Jane&SophieW.
