Disclaimer: Los personajes son de S. Meyer la creadora de Twilight (Crepúsculo) La historia no es mía, es de la fabulosa María Bravo, yo leí el libro y me encanto la historia y quise hacer una adaptación de esta historia que ella creo. TODOS LOS DERECHOS SON DE ELLAS MENTES INCREIBLES….

Ahora sí, nos vemos en los muchos capítulos que esta hermosa autora creo y plasmo en papel.

REPITO de nuevo la historia es de María Bravo yo solo la adapte a Twilight. NADA me pertenece.

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=Capítulo 10=

Música:

Miley Cyrus – The Climb.

Miley Cyrus – 7 Things.

Adele – Rolling In The Deep.

Llego a casa a las tres y media, y nada más entrar por la puerta suena el teléfono.

- ¿Diga? – contesto sin mirar quien es.

- Cariño, ¿cómo estás? – me dice mi madre.

- Hola mamá, bien acabo de entrar por la puerta. ¿Qué tal vosotros? – le digo quitándome los zapatos y desabrochándome el vestido.

- Bien, hoy hemos comido en casa de tu hermano. Irina ya está dando guerra – la oigo reír y hace que sonría yo también.

- Me alegro, eso significa que ya está mucho mejor – pongo el altavoz y me pongo un pantalón de pijama con una camiseta.

- Sí, ¿hoy es cuando vais a cenar a ese restaurante? – me pregunta.

- Si mamá, es esta noche. ¿Vosotros vais a ir a bailar? – le pregunto. Todos los viernes mis padres van a clases de baile, a mi madre le encanta y a mi padre no le queda otro remedio que acompañarla.

-Sí, hoy vamos a una discoteca a hacer una exhibición – dice riéndose a carcajadas.

- Eso está muy bien, a ver si a la siguiente puedo ir a veros – le digo mientras me caliento un poco de sopa.

- ¡A ver si es verdad! Bueno, voy a tumbarme un rato. Pasarlo bien esta noche y no bebáis si vais a conducir – me dice advirtiéndome como solo una madre sabe hacerlo.

- No te preocupes mamá, no vamos a coger coche – le digo arrepintiéndome al momento.

- ¿Y cómo vais a ir? Ya sabes que no me gustan los taxis de noche Isabella – me dice y sé que tengo que decirle la verdad.

- Nos llevará un amigo de Edward – le digo como si nada, para que no me pregunte.

- Ah, ¿también va Edward con vosotros? – me pregunta.

- Sí, mamá. No conoce a nadie aquí y le invitamos para que nos acompañara – le digo y sé lo que me va a preguntar.

-¿Estas saliendo con ese chico Bella? – me pregunta y noto como sonríe.

-No mamá, es un amigo, nada más. Mañana te llamo y te cuento que tal ha ido – espero que deje de hacerme preguntas.

- Está bien. Es un chico encantador y muy guapo – vuelve a la carga.

- Si mamá. Te tengo que dejar que se me enfría la comida – le digo con un tono demasiado brusco.

- Vale, ya hablaremos. Un beso hija mía – me dice aunque sé que se ha quedado con ganas de preguntarme más.

- Hasta luego mamá – le digo y cuelgo. Podría tirarse toda la tarde preguntándome cosas acerca de Edward y no me apetece darle muchos detalles.

Como y me tumbo un rato a ver la tele, tengo tiempo de sobra hasta esta noche. Me despierto de golpe y miro el reloj asustada, ¡son las seis de la tarde! Creo que he tenido una pesadilla durante la siesta pero doy gracias de que me haya despertado. Voy hacia mi bolso para coger mi móvil y veo que tengo dos mensajes de Edward…

"Hola cielo ¿Cómo estás?

Estoy deseando que llegue esta noche para verte.

¿Te recojo a las nueve menos cuarto como habíamos quedado?"

¡Mierda! Me lo ha mandado hace una hora. Y el siguiente:

"¿Estás bien?

No he sabido nada de ti en todo el día, en diez minutos te llamo"

Justo han pasado cinco minutos desde el último mensaje, así que me apresuro a contestarle.

"Lo siento Edward, me he quedado dormida.

Sí, recógeme como habíamos quedado, yo también tengo ganas de verte.

Besos"

Corro a la habitación, saco el vestido y lo dejo sobre la cama. Me meto en la ducha me lavo el pelo y mientras tengo la mascarilla puesta me enjabono el cuerpo, me enjuago y salgo de la ducha. Me pongo el conjunto nuevo, un camisón y la bata para poder quitármelo sin rozarme el maquillaje. Suena un nuevo mensaje.

"Estaba empezando a ponerme nervioso.

Estoy deseando verte con ese vestido tan espectacular y coger los besos que me tienes reservados.

Hasta luego cielo."

Me rio al leerlo, y me meto en el baño a secarme el pelo. Me lo plancho y me rizo algunos mechones. Ya son las siete y media y aún tengo que maquillarme. Me pongo el corrector, el maquillaje y me pinto los ojos en negro con un efecto ahumado. Me miro en el espejo y sonrío, me gusta el resultado, resalta mis ojos castaños. De repente suena el timbre, miro el reloj pero aún son las ocho y diez. Me abrocho la bata, voy hacia el portero automático y veo a Edward través de la cámara.

- Aun son las ocho y cuarto – le digo sonriendo. Veo como sonríe de oreja a oreja.

- Lo sé, pero estaba aburrido – me dice haciendo un gesto de disculpa.

- Anda sube – le abro y me miro en el espejo de la entrada. ¡Voy en bata y camisón! Entreabro la puerta por si sale algún vecino y llega el ascensor. Sale y camina hacia mi puerta mientras la abro. Esta guapísimo. Lleva un traje gris oscuro, con una camisa blanca y una corbata gris, me mira y sonríe.

- Buenas noches – me dice y se agacha para darme un beso suave en los labios.

-Llegas pronto – le digo señalando mi ropa haciéndole entrar.

- Llevo arreglado más de media hora y ya no sabía qué hacer – dice riéndose mientras yo cierro la puerta.

- Solo me falta ponerme el vestido. Sírvete lo que quieras mientras yo termino. Tienes cerveza en la nevera, o vino blanco, creo que hay una botella abierta, tienes las copas en el armario de encima del fregadero – le digo señalando la cocina.

- Espera – dice cogiéndome la mano al pasar por su lado. Me acerca hasta él, me pone una mano en la mejilla y otra en la cintura y me besa. Nuestras lenguas se entrelazan y me aprieta contra él. Hace que me fallen las rodillas – Ahora ya puedes ir a vestirte – me dice separándose de mí. Respiro hondo y me voy a mi habitación sin decir nada.

Me retoco el maquillaje, me pongo el vestido y unos zapatos negros con un detalle fino en dorado, cojo una cartera a conjunto y un abrigo negro hasta media pierna.

Antes de salir al comedor me pongo perfume, me miro en el espejo de cuerpo entero y me sorprendo del resultado.

Sonrío, cojo la cartera y el abrigo en el brazo y salgo a su encuentro. Está de espaldas a mi observando la calle desde el ventanal de la terraza, tiene una mano en el bolsillo y en la otra sostiene una copa de vino. Dejo la cartera y el abrigo sobre un taburete y carraspeo para hacerme notar.

Se gira lentamente hacia mí y cuando me ve noto como contiene la respiración. Se muerde el labio inferior y camina hacia mí despacio. Deja la copa en la isla de la cocina, me coge de la mano y me hace girar para verme entera.

Cuando lo tengo otra vez de frente sonríe de medio lado y niega con la cabeza. Frunzo el ceño al verlo.

- ¿Es que quieres matarme? – me dice riéndose.

- ¿Cómo? – le pregunto confundida.

- Estás increíble – me dice mordiéndose el labio de nuevo. Sonrió y me acerco más a él.

- ¿Eso significa que te gusta? – le sonrío coqueta.

- ¿Qué si me gusta? – me dice riéndose – Más que eso. No quiero que te separes de mí en toda la noche, estoy seguro de que voy a tener que discutir con más de uno por acercarse demasiado – dice cogiéndome de la cintura y apretándome más a él. Levanto la cara para mirarle y él se agacha y me besa en los labios.

- Yo también voy a tener que recordarle a más de una que eres mi acompañante esta noche – le doy un beso, se separa de mí y se acerca a por otra copa.

- Aún tenemos tiempo – dice abriendo la nevera y sirviéndome una copa de vino – Quiero tenerte para mí solo un poco más – me dice acercándome mi copa y cogiendo la suya.

- Por esta noche – le digo a modo de brindis.

- Por esta noche – levanta su copa y brinda con la mía. Doy un sorbo que me sabe a gloria, este hombre hace que se me seque la boca con solo tenerle cerca.

- Así que estabas aburrido – le digo acercándome a él.

-Sí, llevaba media hora dando vueltas por la habitación y he decidido venir – me dice sonriendo – Además tengo algo para ti – me dice metiendo su mano en el bolsillo interior de la chaqueta.

- ¿Para mí? – le digo confusa.

- Sí, sé que esta noche es especial para vosotras – sonríe y me ofrece un estuche de ante negro y cuadrado – Espero que te guste.

-Edward, no tenías por qué – le digo cogiendo el estuche nerviosa. Le miro y sonríe. Abro el estuche y me quedo paralizada. Son unos pendientes largos de oro blanco con una perla al final - ¡Dios mío, son preciosos! – le digo sonriendo.

- Me alegro de que te gusten. Los he visto y he pensado que podrías llevarlos esta noche – me dice sonriendo.

- Edward, me encantan – dejo el estuche en la barra me quito los míos y me los pongo – No tenías por qué, de verdad. Muchas gracias – le digo acercándome a él. Me coge la cara con las dos manos y me besa.

- Estás preciosa – dice rozando mis labios.

- Gracias – le digo dando un sorbo a mi copa - ¿Nos vamos? – le pregunto sonriendo.

- Sí, Alec está esperándonos abajo – me dice cogiendo mi abrigo para que me lo ponga.

-¿Lo has dejado abajo media hora? – le digo cogiendo mi cartera y acercándome a la puerta.

- Es su trabajo – dice frunciendo el ceño como si fuera lo más lógico del mundo. Pobre hombre, lleva esperándonos un buen rato.

- Está bien – me miro en el espejo de la entrada, me pongo un poco más de brillo de labios y me aparto el pelo para que se vean los pendientes. Lo miro a través del espejo – Son preciosos – le digo sonriendo.

Me coge de la mano, salimos, cierro la puerta y nos metemos en el ascensor. Llegamos abajo y me abre la puerta del portal. Justo en la acera hay aparcada una limusina negra. Sale un hombre alto y moreno, que asiente la cabeza cuando nos ve a modo de saludo. Miro a Edward y veo como sonríe.

- ¿Vamos a ir en limusina? – le digo con los ojos como platos.

- Claro. Te he dicho que no pensaba separarme de ti en toda la noche – dice tirando de mi mano hacia la limusina – Alec, esta es le señorita Swan – le dice señalándome.

-Buenas noches señorita Swan, encantado de conocerle – me dice sonriendo a abriendo la puerta de atrás para que entremos.

- Igualmente – le digo nerviosa mientras subo en la limusina. Es enorme con asientos de cuero negros y los cristales tintados – No puedo creerme que hayas traído una limusina – le digo a Edward cuando se sienta a mi lado. Él coge mi mano y me besa los nudillos.

-Vamos a recoger a Rosalie y Emmett– dice riéndose.

- ¡Dios mío! Ros no se lo va a creer – le digo imaginándome su cara cuando nos vea. Lo miro y se ríe. Doblamos la esquina de la calle de Ros y los veo en el portal. Paramos y Edward sale del coche y me ofrece su mano para salir. Miro a Ros que tiene la boca abierta y me da la risa. Tira de Emmett hacia nosotros y con los ojos como platos se acerca hasta mí.

-¡Madre mía! ¿Vamos a ir en limusina? – dice dándole dos besos a Edward. Me mira y me encojo de hombros. Edward y Emmett se saludan con un apretón de manos.

-¿Te gusta? – le dice él riéndose al ver su expresión.

-Me siento como una estrella de Hollywood – dice ella riéndose. Entramos y Emmett y Ros se sientan en frente de nosotros.

- He pensado que así podíamos ir todos juntos – dice él encogiéndose de hombros.

- Ya… Edward esto en Nueva York será normal, pero aquí nadie va en limusina – le dice ella mirando todo a su alrededor.

- Bueno, siempre hay una primera vez para todo – le dice él cogiendo mi mano.

Llegamos al restaurante y Edward le da instrucciones a Alec para recogernos una vez terminada la cena. Me coge de la cintura y entramos. En la recepción hay una chica morena, guapísima que sonríe cuando nos ve llegar.

- ¡Señor Cullen! ¿Viene a cenar con nosotros? – le dice a Edward sonriéndole.

- Buenas noches Carolina – le dice él sonriendo – En realidad venían ellos a cenar, yo me apunté después – le dice acercándome a él.

- Oh, muy bien – dice mirando cómo me coge de la cintura. Pone mala cara - ¿Tenían reserva? – me pregunta no tan amable como a Edward…

-Si claro. Una mesa para cuatro a nombre de Isabella Swan– le digo con una sonrisa falsa. Mira en su ordenador y levanta la cabeza.

- Muy bien, enseguida estará lista su mesa. Pedro, coja las chaquetas y páselos a la salita en cinco minutos – le dice a un camarero de al lado. Nos coge las chaquetas y me giro mirando a Edward. La recepcionista me mira de arriba abajo, supongo que pensando en la suerte que tengo de ir acompañada de un hombre como Edward Cullen.

- No sabía que ya habías estado – le digo a Edward bajando la voz.

- Si, vine el segundo día de llegar a Seattle. No sabía que este era el restaurante al que querías venir – me dice rozando mi mejilla con los nudillos – Voy a ser la envida de todos los hombres del restaurante – se agacha y me da un suave beso en los labios que hace que me olvide de la recepcionista.

- ¡Oh, dios mío! – dice Ros acercándose a mí. La miro confusa.

-¿Qué pasa? – digo mirándola. Se ha puesto blanca de repente y Emmett la sujeta del brazo.

- Bella, no quiero que te pongas nerviosa, pero no sabes quién está cenando aquí – me dice con mala cara.

-Rosalie, seguramente muchos famosos vendrán a cenar aquí – le digo sonriendo y ella niega con la cabeza.

- Rosalie cállate – le dice Emmett serio.

-¡No, lo va a ver igualmente! – le dice ella enfadada – Quiero que mires disimuladamente al centro de la sala, hay una chica de espaldas con un vestido rojo – me dice con cautela. Miro por encima de su hombro y me quedo boquiabierta. Empiezo a temblar, me sudan las manos y de repente tengo frio.

- ¿Qué ocurre? – escucho a Edward a mi lado y noto su mano en la parte baja de la espalda. Respiro hondo mirando a Ros y pidiéndole en silencio que no diga nada.

-El imbécil de su ex está aquí cenando con la subnormal por la que le dejó – le dice ella enfadada. Edward me gira hacia él y frunce el ceño al ver mi expresión. Debo estar blanca como la pared.

- Estoy bien – digo forzando una sonrisa – No pasa nada de verdad – le digo apretando su mano.

- ¿Me acompañan a la salita, por favor? – oigo al camarero a nuestro lado. Edward le mira apretando la mandíbula, me suelta la mano y se dirige a la recepcionista. Habla con ella aunque no escucho lo que dicen.

- Bella lo siento – me dice Ros apretando mi mano.

- No te preocupes, estoy bien de verdad, es solo que no esperaba verlo aquí – le sonrío débilmente.

- Bien, vamos a la salita – dice Edward cogiéndome de la cintura. Seguimos al camarero y me doy cuenta de que vamos a tener que pasar por al lado de la mesa para ir a donde nos dirigen. Cuando llegamos a su altura siento como Edward aprieta sus dedos en mi cadera y me atrae hacia él, le miro y me sonríe. Llegamos a una sala con mesas altas y nos pasan una copa de champagne.

-Su mesa estará lista enseguida – nos dice el camarero que sale de nuevo a la sala.

- Ya está todo arreglado – dice Edward mirándome con gesto preocupado – Cenaremos en un comedor privado.

-¿Cómo? No hacía falta, de verdad – le digo negando con la cabeza.

-Es lo mejor Bella, llevamos esperando esta cena mucho tiempo para que ahora nos la amarguen – me dice Ros dando un sorbo de su copa.

- ¡Es que a mí no me amarga nada! Él está ahí, y yo con vosotros, no hace falta darle tantas vueltas – les digo enfadada. Sé que Edward lo ha hecho por mí, pero no quiero que mi noche cambie porque Sam esté cenando en el mismo restaurante que yo.

- Bueno así estaremos más tranquilos – dice Emmett que me mira sonriendo.

- Está bien – digo y suspiro. Doy un trago a mi copa que hace que se me templen un poco los nervios.

- ¿De verdad estás bien? – me dice Edward acercando su rostro hacia el mío. Es tan guapo que hace que todo se me olvide con solo mirarlo.

-Estoy bien – sonrió y le acaricio la cara – Gracias – le doy un suave beso en los labios.

- Pueden pasar al comedor – nos dice el camarero desde la entrada. Caminamos hacia el fondo del restaurante y entramos en una sala con solo una mesa para cuatro. El comedor es precioso, todas las paredes son de cristal, con unos vinilos opacos que impiden que se nos vea desde el restaurante. Nos sentamos y optamos por dos menús degustación para probar un poco de todo. Me siento mucho más tranquila y poco a poco empiezo a disfrutar de la cena.

- ¿Cómo acabo tu madre en Nueva York, Edward? – le pregunta Rosalie probando el primer plato. Lo miro y sonríe.

- Bueno, mi padre vino a pasar unas vacaciones con su familia a Málaga. Le faltaba un año de carrera para terminar y vino con dos primos de su edad a pasar unos días. Mi madre se hospedaba en el mismo hotel, y coincidieron un día en la playa. Según mi padre, desde el primer momento que la vio supo que era la mujer de su vida. Pasaron todas las vacaciones juntos, y una de las noches mi padre la besó, y se hicieron novios – Se ríe y se nota que los echa de menos – El padre de mi madre, mi abuelo, estaba totalmente en contra de esa relación, no le gustaba mi padre, siempre decía que parecía muy mujeriego y que cuando volviera a Estados Unidos se olvidaría de mi madre. Pero se equivocó. Al volver mantuvieron una relación por carta, todas las semanas se escribían. Mi madre empezó a pensar que nunca más volvería a verlo, aunque mi padre siempre le decía que volvería a por ella. Cuando acabo la carrera, ahorró todo lo que ganaba y dio la entrada para una casa. Seguían mandándose cartas, pero era mucha la distancia y el tiempo que llevaban sin verse, así que mi madre decidió romper la relación – bebe un sorbo de vino y me mira – Después de comprar la casa se gastó más de medio sueldo en un anillo, cogió un avión y se fue a Madrid a buscar a mi madre. No sabía si tenía novio, o si se habría olvidado de él, pero vino igualmente. Se presentó en su casa y hablo con mi abuelo para pedirle la mano de su hija. Mi abuelo no se lo creía, pero según contaba desde ese día le empezó a gustar más – nos reímos al oírlo – Cuando llego mi madre mi padre supo que no lo había olvidado. Le pidió matrimonio y al año siguiente se casaron. Mi madre se fue con él a Nueva York, y hasta hoy. –dice y empieza a comer de nuevo.

-¿Lo dejo todo por tu padre? – le dice Ros sorprendida con la historia.

- ¿Tú no lo harías si estuvieras segura de que es el hombre de tu vida? – le dice Edward frunciendo el ceño.

- No sé, supongo que tienes que estar muy segura para hacer algo así – dice ella acercándose el tenedor a la boca.

- ¿Tú harías algo así? – me pregunta clavando sus ojos en los míos.

-Supongo que sí, pero tendría que estar muy segura –le digo sonriendo – Es una historia preciosa – digo cogiendo mi copa.

- Lo es, y a los nueve meses de vivir en Nueva York nací yo – dice riéndose.

- ¡Vaya, no perdieron el tiempo! – le dice Ros riéndose. El resto de la cena lo pasamos hablando del restaurante de Ros, del proyecto de Edward, y de todo un poco.

Nos reímos, degustamos todos los platos selectos del restaurante y sus postres. Edward pide una botella de champagne y brindamos por esta gran noche. Tras mucho discutir él no nos deja pagar la cena, a cambio de ir a tomar algo por ahí. Cuando salimos hacia la recepción Edward va al servicio con Emmett y Ros y yo a por los abrigos. Justo cuando me giro con el mío tropiezo de morros con Sam, que se queda mirándome con la boca abierta y su guapa amiga colgada del brazo.

- ¡Bells, que sorpresa! – me dice sonriendo.

- Si, ¿Qué tal? – le digo con una falsa sonrisa en la cara.

-Bien, todo bien – dice mirándome de arriba abajo – Estás preciosa – sonríe de medio lado.

- Hola Isabella – me dice su novia sonriendo.

- Hola – oigo a Edward a mi lado. Me coge de la cintura y me da un suave beso en la sien. Sam lo mira con los ojos entrecerrados.

- Hola – le miro y sonrió.

- Soy Sam Uley– le dice estirando su mano.

- Edward Cullen– dice Edward estrechándosela.

-Hemos venido a cenar aquí porque era una ocasión especial – dice la rubia teñida sonriendo – Sam y yo nos acabamos de comprometer – dice alzando su mano para enseñarme un precioso anillo de oro blanco con un diamante. Me quedo sin habla, esto sí que no me lo esperaba. ¡Va a casarse!

- En hora buena – oigo a Edward a mi lado.

- Si, en hora buena – les digo con un hilo de voz que no sé cómo he conseguido sacar.

- Gracias – me dice Sam con un amago de sonrisa. Se nota que está tan tenso como yo.

- Bueno, nos vamos, tenemos mucho que celebrar – le dice ella con un tono pícaro.

-Sí, nosotros también nos vamos – le digo sonriendo.

- Me alegro de verte Bella, estás guapísima – me dice Sam dándome dos besos.

- Hasta luego – le digo casi sin fuerzas. Los veo ir hacia la salida, me giro y veo que Edward me miro serio.

- ¿Estás bien? – dice mirándome fijamente.

-Sí, claro. Vamos a por esa copa – le digo forzando una sonrisa. Ros me mira con los ojos como platos mientras niego con la cabeza para que no pregunte. Salimos del restaurante y Alec ya está esperándonos en la puerta. Vamos al centro a tomar algo. Nada más llegar al pub Ros me pide que la acompañe al servicio.

- ¿Qué ha pasado? No lo he visto acercarse a ti – me dice una vez que hemos entrado.

- Nada, me choque con él cuando se iban. Acaba de pedirle matrimonio a Emily– le digo intentando asimilar la noticia.

- ¿Qué? ¿Y te lo ha dicho? – dice Ros enfadada.

- En realidad me lo ha soltado ella, sin duda quería que lo supiera – le digo lavándome las manos.

- ¡Sera zorra! – dice entrando en uno de los baños.

- Supongo que es lo normal, llevan ya dos años juntos y se les ve bien – lo digo no muy convencida. Realmente me alegro por ellos, pero sin duda me ha sorprendido. Ros sale del baño y me mira.

- ¿Estás bien? – me dice lavándose las manos.

- Sí, no me importa. Vamos a disfrutar lo que nos queda de noche – le digo tratando de olvidar la noticia.

- Si, además tú ya tienes a alguien a tu lado – me dice sonriendo.

- Rosalie, ni siquiera sé que es lo que busca Edward. No quiero hacerme ilusiones – le digo pensando que quizá solo busque diversión, es algo en lo que no dejo de pensar.

- ¿Tú has visto cómo te mira? ¡Si solo le falta que le salgan corazones por los ojos! – dice riéndose.

- Eres una exagerada, anda vamos que nos están esperando. – le digo saliendo de los servicios.

Llegamos a la mesa donde están sentados, me siento al lado de Edward que me mira sonriendo. Pedimos las copas y poco a poco mi humor vuelve a cambiar. No voy a dejar que nada ni nadie me arruine esta noche. Tengo buenos amigos, y a Edward a mi lado ¿Qué más puedo pedir? Emmett empieza a contar chistes que nos hacen reír a carcajadas.

Siempre se la ha dado bien y siempre tiene alguna historia divertida para cada ocasión. Ros y él se levantan para pedir otra copa y Edward se gira hacia mí.

- ¿Te he dicho ya lo guapa que estás esta noche? – me dice Edward al oído.

- Creo que sí, pero me gusta – le digo riéndome.

- Ese vestido sin duda es un castigo – me dice en un tono que hace que se me ponga la piel de gallina.

- Me alegro de que te guste – le digo y me acerco a darle un beso suave en los labios.

- Me alegro de que no hayan logrado amargarte la fiesta – dice acariciándome la mejilla.

- No, hace mucho que lo dejamos. Me alegro por ellos – sonrió y doy un sorbo a mi copa.

- ¿Qué pasó? – dice cogiendo él la suya.

- Nada, simplemente nos estancamos, el conoció a Emily y decidimos que lo mejor era dejarlo – le digo intentando parecer indiferente, aunque creo que no lo consigo.

- ¿Solo eso? – dice clavando sus ojos en los míos.

- Si, y no es poco – le digo sonriendo.

-Ya, entiendo. – me dice serio y noto como cambia el gesto. Parece que se haya enfadado pero no sé muy bien por qué. Ros y Emmett vuelven con las copas y no tengo la oportunidad de preguntarle qué pasa.

El resto de la noche lo noto tenso y serio, intento acercarme a él pero lo noto pensativo y con la cabeza en otra parte. Decidimos irnos y su humor sigue distante aunque ríe con lo que Ros y Emmett cuentan, sé que algo ha cambiado, espero poder preguntarle qué le pasa de vuelta a casa. Una vez que hemos dejado a mis amigos en casa me giro hacia él dentro de la limusina.

-Edward ¿Qué te pasa? – le digo cogiendo su mano.

- Nada, no te preocupes – dice mirando nuestras manos unidas. El resto del camino hacia mi casa lo hacemos en un incómodo silencio. No sé qué ha cambiado, pero sin duda algo le pasa. Alec para justo delante de mi portal, Edward baja y me ayuda a bajar a mí. Camino hacia mi portal hasta que me doy cuenta que no me sigue.

- ¿Quieres subir? – le digo acercándome a él.

- Se ha hecho tarde, mejor hablamos mañana – me dice forzando una sonrisa.

- Edward, no sé qué está pasando. Estábamos bien y de repente, no sé… - le digo intentando que me diga algo.

-Bella, no me gusta que me mientan – dice mirándome fijamente. ¿Cómo? Ahora sí que no entiendo nada.

- No sé a qué te refieres, pero yo no te he mentido – le digo confusa, sin duda no esperaba esto.

- ¿Todavía sientes algo por él? No quiero que me contestes ahora, quiero que lo pienses y cuando lo tengas claro me llamas – me dice tranquilo.

- ¿De qué estás hablando? Si es por Sam, creo que es obvio que no siento nada por él – no entiendo a qué viene este cambio.

- Sé que hay algo que no me estás contando. Si lo dejasteis de mutuo acuerdo no entiendo por qué te afecta tanto – dice metiendo sus manos en los bolsillos del pantalón.

-No es que me afecte, simplemente me ha sorprendido que vaya a casarse, solo eso – le digo intentando que comprenda mi reacción.

- Está bien Isabella. Piensa en lo que te he dicho, ya hablamos – dice acercándose a mí.

- De acuerdo, veo que no lo vas a entender. Buenas noches Edward – le muestro una sonrisa forzada.

- Buenas noches Isabella – dice mientras me doy la vuelta para entrar en el portal – Bella – dice cogiendo mi brazo y girándome hacia él. Pone su mano en mi nuca, se acerca y me da un beso en los labios tan suave pero que encierra toda su duda – Piensa que es lo que quieres – se da media vuelta y camina hacia la limusina. Lo miro desde el portal y le digo adiós con la mano, él asiente y se sube en el asiento del copiloto. No esperaba que mi noche acabara así, subo en el ascensor sin dejar de pensar en sus palabras, entro en casa tambaleándome, no he entendido nada.

¿Cómo puede pensar que siento algo por Sam? Hace mucho que deje de sentir nada por él, en todo caso siento odio y rabia de que después de todo lo que me hizo él sea feliz. Aunque lo cierto es que me alegro por él. Tengo que hacer algo. Pensaba que estaba todo bien y de repente mi noche ha dado un giro de ciento ochenta grados. ¿Y cómo sabe que hay algo más? Nadie sabe qué pasó realmente.

Tengo que hablar con él. Sí, quiero que entienda bien lo que pienso y lo que siento. ¿Y si voy a su hotel? Creo que será lo mejor, quiere sinceridad, mejor hablarlo en persona.

Cojo las llaves del coche y salgo de casa, entro en el ascensor y bajo directa al garaje. Sé que si lo pienso me voy a arrepentir y no iré a hablar con él, y quiero hacerlo.

Subo al coche y cuando salgo a la avenida me doy cuenta de que estoy temblando, tengo que tranquilizarme. Conecto el manos libres y llamo a Ros.

-Hola, ¿Qué pasa? – me dice cuando coge el teléfono.

- Hola, no sé muy bien que ha pasado, voy camino del hotel de Edward. Ha pensado que aún siento algo por Sam y me ha dejado en casa para que piense en lo que quiero – le digo tragando el nudo que se me acumula en la garganta.

- ¿Qué? ¡No me lo puedo creer! Pero si entre tú y Sam hace mucho que no hay nada… - me dice enfadada.

- Lo sé, ¿crees que hago bien en ir a hablar con él? – le pregunto porque realmente no sé qué pensará cuando aparezca allí.

-¡Claro que sí! Dile lo que sientes Bells, sé sincera.

-¡Siempre soy sincera! Creo que esto es una locura, ni siquiera sé el número de su habitación y dudo que me lo digan en recepción – le digo pensando que está en uno de los hoteles más lujosos de Seattle y que no creo que me dejen pasar así como así.

- No es ninguna locura, lo que no sé es porque has dejado que se fuera sin hablar con él – me dice reprendiéndome.

-No sé, no esperaba que me preguntara eso, supongo. – le digo pensando en lo estúpida que he sido.

- Bueno, ahora ya da igual. Ve allí y habla con él. La habitación es la dos mil tres – me dice intentando que me relaje.

- ¿Y tú como sabes cuál es su habitación? – me doy cuenta de que probablemente ella sepa más cosas de Edward que yo, y eso me mosquea un poco.

- ¡Isabella! ¡No seas idiota! Le he mandado varias facturas del restaurante – me dice enfadada.

- Está bien, lo siento, y siento si te he molestado – pienso que igual he interrumpido algo.

-No tranquila, acabamos de subir a casa, nos hemos tomado otra copa en el pub de abajo – me dice riéndose – Mañana quiero que me llames y me lo cuentes todo, ¿entendido?

-Sí, no te preocupes, espero que quiera escucharme. Un beso y disfruta de tu noche – le digo llegando al hotel.

-Espero que tú también disfrutes de la tuya, besitos – y me cuelga. Aparco y me miro en el espejo retrovisor. Estoy pálida y nerviosa, respiro hondo varias veces, me pellizco las mejillas y bajo del coche. Entro por la puerta giratoria del hotel, hay varias personas en el bar y un recepcionista me mira desde el mostrador. Sé el número de habitación, pero no la planta, y en este hotel hay treinta si no me equivoco.

Supongo que será una de las últimas, pero si pregunto sabrán que no me hospedo aquí y no me dejaran subir. Paso de largo la recepción asintiendo al recepcionista a modo de saludo y me dirijo a los ascensores, cuando entro suelto el aire que estaba conteniendo y pulso la planta veintiocho, por el número de habitación debe de ser de las últimas. El ascensor es panorámico y observo como Seattle va quedando a mis pies, y el estómago se me sube a la garganta a cada piso que subo. Llego a la planta, salgo y no encuentro la habitación, llega hasta la dos mil, será la siguiente. Entro en ascensor y subo una planta más, al salir encuentro la habitación a la derecha. Me tiemblan las rodillas y me sudan las manos, estoy más que nerviosa y ni siquiera sé si está aquí. Me acerco a la puerta, cojo aire, levanto la mano y toco con los nudillos. No se escucha nada, igual no ha venido al hotel. Ando de un lado a otro, tiene que estar aquí, me acerco de nuevo a la puerta y llamo con un poco más de ganas. ¡Por favor, que este aquí! A los cinco segundos se abre la puerta, y ahí está él, tan guapo como al principio de la noche. Se ha quitado la chaqueta del traje y aflojado un poco la corbata, me mira fijamente apoyado en el marco de la puerta, me he quedado sin palabras.

- Hola – digo en un suspiro.

- Hola – me dice y noto como eleva las comisuras de la boca, ¿qué le hace tanta gracia?

- ¿Podemos hablar? – le digo apretando mi cartera entre las manos.

-Claro, pasa – dice apartándose a un lado y abriendo la puerta del todo. Entro y me quedo boquiabierta, es una habitación enorme, un salón con un sillón de dos plazas en gris, otro individual ergonómico en color naranja, con una mesita de cristal en el centro, una mesa al otro lado con cuatro sillas en blanco y una puerta doble que supongo que dará paso a la habitación.

Me giro y lo miro, se acerca y pone su mano en mi mejilla acariciándome con el pulgar, se agacha y me da un suave beso en la comisura de los labios que hace que me relaje con ese simple gesto. Necesitaba tanto su contacto. Le sonrío y él me devuelve la sonrisa.

- ¿Quieres una copa? – me dice cogiendo mi mano y dirigiéndome al sillón.

-Sí, gracias – digo quitándome la chaqueta y dejándola sobre el sillón individual.

Lo veo poner las copas retorciéndome las manos sobre el regazo, y pensando en que no sé qué decirle realmente. Sé que tengo que decirle la verdad acerca de lo que pasó con Sam, pero se me hace difícil, no he hablado con nadie de lo que pasó, simplemente que ya no sentíamos lo mismo y poco más, pero eso a él no le sirve, le diré la verdad y que piense lo que quiera.

- ¿Estás bien? – dice dejando las copas sobre la mesita y sentándose a mi lado.

- Sí, estoy bien – sonrío, cojo mi copa y doy un largo trago para intentar calmarme.

-Bien. Bella no quería ser brusco contigo, es solo que no me gusta que me mientan – me dice cogiendo mi mano y acariciando mis nudillos.

- No te he mentido Edward. Hace mucho que olvidé a Sam, no siento nada por él, simplemente me ha impactado que vaya a casarse. Tú me gustas mucho, más de lo que haya llegado a gustarme cualquier hombre desde que lo deje con él. A mí tampoco me gusta que me mientan – le digo mirándolo de reojo.

- Pero hay algo más… - dice girándome hacia a él para que lo mire. Lo miro a los ojos y él me aprieta la mano infundiéndome tranquilidad - Sí, hay algo más. Nadie sabe porque lo dejamos exactamente – le digo y bajo la mirada a nuestras manos unidas. Me levanta la barbilla entre el índice y el pulgar. Cojo aire y suspiro.

-No hace falta que…. – me dice con gesto preocupado.

-No, he venido aquí para que entiendas lo que siento – no me iré de aquí sin contarle la verdad - Hace dos años que pasó, el día de nuestro sexto aniversario para ser exactos. Le pedí a Aro la tarde libre, quería hacer una cena especial – le miro y me rio, él sonríe sin entender – Salí a las tres de trabajar, fui al supermercado para comprar su cena preferida y a la joyería a recoger su regalo, un reloj que le encantaba. Llegué y entré en el garaje, había un coche en mi plaza pero no me extrañó, la finca era nueva y habían muchas plazas sin ocupar y cada uno aparcábamos donde queríamos, así que aparqué en la de al lado. Cogí las compras y subí al ascensor – me tiembla la voz, cojo mi copa y bebo para pasar el nudo que se ha instalado en mi garganta – Cuando abrí la puerta de casa escuche ruidos en la cocina, entre en silencio y al girar el pasillo… - ¡Joder, esto es más duro de lo que pensaba!

- Bella, no sigas… - dice levantando mi cara para que lo mire, y justo veo en sus ojos la mirada que no quería ver.

- No, tienes que saberlo todo – le digo negando con la cabeza - Al girar el pasillo, mire hacia la cocina y… - levanto los ojos hacia él – Estaba tirándosela encima de la encimera de mi cocina – le digo recordando ese día como si fuera ayer – Él estaba de espaldas a mí y no se dio ni cuenta, fue ella la que lo apartó. Él me miro sorprendido y me pregunto ¿Qué haces en casa? – me río al recordarlo – Me dijo que no era lo que parecía ¿te lo puedes creer? Me quedé mirando sus pantalones, lo miré a la cara y me reí. ¡Me dio la risa! – lo miro y lo veo apretando la mandíbula.

- ¡Hijo de puta! Me alegro de que no lo perdonaras – me dice entre dientes.

- No, no lo hice – cojo mi copa y vuelvo a beber – Le tire la bolsa de la joyería, le desee un feliz aniversario y me largué de allí.

- No me lo puedo creer – dice enfadado.

-Fui a casa de Ros. Crucé medio Seattle andando. Cuando llegué aún llevaba las bolsas del súper en la mano – sonrío triste al recordarlo.

- ¿Rosalie tampoco sabe lo que pasó? – pregunta con el ceño fruncido.

- No – niego con la cabeza – Estuve hora y media sin hablar, no entendía que había pasado. Ella solo me abrazaba e intentaba tranquilizarme. Le dije que me había dicho que ya no sentía lo mismo por mí, y que necesitaba tiempo. Creo que nunca se lo ha creído del todo, y más cuando una semana después se lo encontró con ella en un restaurante, pero no volvió a preguntarme.

- Lo siento Bella. Nunca me hubiera imaginado que te pasara algo así. Espero no volver a cruzármelo porque no sé si podré controlarme – dice apretando los puños.

-Eso es justo lo que quería evitar – le digo cogiendo su mano - No quiero que se interponga entre nosotros - apoyo mi mano en su mejilla y, él cierra los ojos y se apoya más en ella.

- No lo hará – dice mirándome de nuevo – Pero no me gusta cómo te ha hecho sentir. Bella, tú también me gustas mucho y no pienso dejar que nadie te haga daño – lo dice en tono serio y creo que sincero.

-Edward, es pasado, de verdad quiero seguir conociéndote y que me conozcas – le sonrío y noto como se relaja.

- Ven aquí - Tira de mi mano hacia él, me coge la cara entre sus manos y me da un beso suave en los labios. ¡Dios mío, estaba deseando sentir sus besos!

Levanto mis manos a su cuello, entreabro los labios y adentra su lengua en mi boca haciendo el beso más intenso.

Me acerco más en el sofá y él me coge de la cintura apretándome hacia él. Gimo en su boca y me tumba en el sillón. Noto su peso encima de mí, y llevo mis manos a su espalda, él tiene una de las suyas en mi cadera y con la otra me acaricia el hombro que deja el descubierto mi vestido. Se separa un poco, se levanta del sofá, me ofrece la mano y me levanta con él. Coloca una mano en la cintura y otra en la nuca y me besa como creo que nunca me han besado. ¡Joder, noto la humedad entre mis piernas y solo me ha besado!

Me separo sonriendo, llevo mis manos a su corbata y se la quito, él sonríe de medio lado y creo que está tan nervioso como yo, tiro la corbata encima de la mesa y él vuelve a la carga con sus besos. Noto como duda a la hora de tocarme, su pulgar no deja de acariciarme encima de la cadera, y mientras me pierdo en sus besos, bajo mis manos a su cintura y saco la camisa por fuera del pantalón. Gime en mi boca y poco a poco su mano va bajando por mi muslo y la lleva hasta mi trasero, me da un suave apretón y noto como me flaquean las rodillas. Me mira sonriendo y levanta mi cabeza para acceder a mi cuello, me besa justo donde se junta con la clavícula y noto un pinchazo en la entrepierna que me hace gemir.

Meto las manos por debajo de su camisa y le acaricio con manos temblorosas. ¡Es mejor de lo que creía! Noto cada uno de sus músculos bajo las yemas de mis dedos, saco las manos y empiezo a desabrocharle los botones uno a uno. Levanta la cabeza de mi cuello y me sonríe.

- ¿Estás segura de esto? – me pregunta mirándome fijamente y acariciando mi cara con los nudillos.

- Nunca he estado más segura de nada – le digo sinceramente.

-Me encantas – me dice con voz ronca acercándose hasta juntar nuestros labios de nuevo.

Sigo desabrochando su camisa, cuando he terminado con los botones la abro y la bajo por sus hombros, el despega sus labios de los míos y acercándose a mi oído me dice:

- Los gemelos – se ríe y me muerde la oreja. Me río y se los quito, para después quitarle la camisa y ver su torso desnudo. Esta firme y duro, no de forma exagerada, pero si con cada musculo definido. Me mira y sonríe, sube su mano poco a poco de mi cintura a mi pecho, y pasa el pulgar por encima de mi pezón, mientras que su otra mano me sujeta por la nuca. Gimo y me besa entrelazando nuestras lenguas. Sigue haciendo círculos con el pulgar en mi pezón y de repente baja sus manos hasta mis muslos y me coge en brazos, colocando mis piernas una a cada lado de su cuerpo. Camina conmigo besándome y me apoya de espaldas a la pared. Echo la cabeza hacia atrás dándole acceso a mi cuello y baja besando desde mi oreja a la parte de arriba de mi vestido.

Se aprieta contra mí y noto su erección contra mi centro. Jadeo apretando mis caderas contra él lo que le hace gemir. Noto como volvemos a movernos y abre la puerta del dormitorio. Me baja resbalando por su cuerpo y me sonríe. Acerco mis manos a la hebilla de su cinturón y él me mira con una sonrisa pícara en los labios y una ceja levantada.

Desabrocho solo su cinturón, y subo acariciando sus abdominales y su pecho, hasta rodearle el cuello con las manos. Vuelve a apretarme contra él, y baja las manos hasta mis muslos, las sube poco a poco y pasa por debajo del vestido, cuando llega al liguero se ríe.

- Vas a volverme loco, lo sé – me dice riendo.

- Te dije que me encantan los ligueros – bajo las manos por su espalda y paseo los dedos justo en el borde del pantalón. Vuelve a besarme y lleva su mano hasta el cinturón de mi vestido, lo abre y va hacia lateral, donde está la cremallera. Ahora sí que empiezo a temblar. ¡Por favor Swan, cálmate! Me reprendo mentalmente, notando como baja poco a poco la cremallera hasta el final. Tira con la otra mano de la única manga del vestido, y este cae en remolino a mis pies. Contiene el aire mientras me mira de arriba abajo, tira la cabeza hacia atrás y se muerde el labio inferior. Vuelve a mirarme y noto como me ruborizo.

- ¿Has llevado eso debajo toda la noche? – dice mirando el corpiño y sonriendo.

- Es nuevo – le sonrío coqueta. Se ríe y tira de mí hacia él.

- ¿Tienes idea de lo atractiva que eres? – me dice rozando mis labios.

- Tu tampoco estás nada mal – le digo sonriendo. Vuelve a besarme el cuello hasta llegar al borde del conjunto, me deja besos suaves por todo el borde mientras yo le sujeto por el pelo y lo acerco más a mí. Jadeo al notar su lengua rozarme la piel.

Levanta la cabeza y separándose de mí me coge de la mano, y me hace salir del remolino de mi vestido, me sujeta la cara entre las manos y me besa. Bajo las manos por su abdomen hasta el botón de sus pantalones, lo abro y bajo la cremallera. Se quita los zapatos y los aparta a un lado, arrastro los pantalones, que caen a sus pies, sale de ellos y lo acerco a mí tirando de sus caderas. Jadea en mi boca y acerco mi mano a su erección, por encima de la tela de su bóxer. Se separa gruñendo al sentir mi roce.

¡Madre mía! Esta duro completamente. Aprieto un poco con mis dedos y él baja sus manos hasta los corchetes de mi corpiño. Los desabrocha lentamente mientras yo sigo acariciando su erección. Tira el corpiño sobre una butaca de la habitación, liberando mis pechos. Baja la cabeza hasta ellos y rodea mi pezón con la punta de la lengua. Jadeo y lo acerco más a mí. Se lo mete en la boca y chupa, tira de él con los dientes y noto como palpita su miembro entre mis dedos. Sigue con el otro pezón, y yo, notando la humedad entre las piernas meto mi mano por dentro de su bóxer. ¡Oh, joder! Es suave, duro, y de buen tamaño. Jadeo al notar su piel entre mis dedos, llevo el pulgar hacia la punta y lo acaricio con la gota que escapa entre mis dedos. Levanta la cabeza y me mira fijamente mientras lo acaricio, jadea echando la cabeza hacia atrás, para después cogerme en brazos y llevarme hacia la cama. Se tumba sobre mí y me besa suavemente, baja sus manos por los lados de mi cuerpo e incorporándose un poco se quita el bóxer, vuelve a tumbarse y noto su erección rozándome justo en el centro de mis deseos. Baja por mi cuerpo y continúa su asalto a mis pechos. Sin duda sabe lo que se hace, podía correrme solo por sentir lo que hace con mis pezones.

Baja por el centro de mi vientre hasta el borde del tanga, y sigue el contorno de cadera a cadera con su lengua, haciéndome gemir. Me mira a través de sus pestañas, sonríe y luego me muerde la cadera. Baja besando el interior de mis muslos y acariciando mis piernas, llega a mis pies y me quita los zapatos. ¡Ni siquiera notaba que los llevaba! Sube besando mi otra pierna, y acariciando cada parte de mis piernas hasta los enganches del liguero, los suelta uno a uno, y baja mis medias rozando mi piel.

Cuando vuelve a poner sus manos en mis caderas, me mira como si me pidiera permiso para seguir. ¿Permiso? ¡Voy a entrar en erupción de un momento a otro!

Mete los dedos por la goma de mi tanga y lo baja junto con el liguero por mis piernas lanzándolo al suelo. Tira de mis manos hasta levantarme y sentarme a su altura, y me besa lentamente, acariciando mis pechos.

Respiro entrecortadamente, y estoy ardiendo. Vuelve a tumbarme y besando mi cadera, veo como empieza a acercarse al centro de mis piernas. Jadeo anticipándome a lo que viene. Acaricia con el índice la hendidura de mis labios, y noto como resbala con mi humedad. Abre mis pliegues, y levantando la vista hacia mí, acerca su boca y me acaricia con la lengua. Levanto las caderas, y él me sujeta para que no me mueva. ¡Oh, Dios! No sé si voy a aguantar mucho, hace demasiado tiempo que no estoy con un hombre y mucho más desde que tuve esta sensación.

Sigue rodeando mi clítoris con su lengua, lo muerde entre sus dientes y tira de él, sabe lo que está haciendo y sabe que me voy a correr enseguida. Sigue su insistente asalto y le cojo del pelo cuando noto los primeros espasmos del orgasmo que se está creando en mi interior.

Lo aprieto más a mí y el hunde la lengua en mi interior ¡Joder, es increíble! La saca y con un solo toque más en mi clítoris caigo desde lo más alto. Chillo aferrándome a su pelo y tengo el orgasmo más fuerte que he tenido nunca.

Sigue acariciándome con la lengua, mientras que mi respiración se tranquiliza. Levanta la cabeza y me sonríe.

Se acerca y se tumba a mi lado acariciándome la cara.

- ¿Estás bien? – me dice con la voz ronca.

- Estoy más que bien – le digo y me lanzo a sus labios. Bajo mi mano hacia su erección y la cojo, aprieto mis dedos suavemente y gime en mi boca, se coloca entre mis piernas y me mira fijamente, tiene los ojos de un azul oscuro, le acaricio la mejilla y sonríe.

- Un momento – me dice levantándose de la cama– No te muevas – sonríe de medio lado y se va hacia una puerta que hay a la derecha. Supongo que será el baño, pero me he quedado totalmente descolocada.

Sonrío y pienso que ha valido la pena venir, acabo de tener uno de los mejores orgasmos de mi vida.

Sale del baño y veo que lleva una caja en la mano, pero no logro ver que es. Se acerca y deja la caja en la mesilla de noche, son preservativos. ¡Seré idiota! Ni siquiera había pensado en ello. Se coloca a los pies de la cama y contemplo su cuerpo desnudo, ¡me excito con solo mirarlo! Se arrodilla y se inclina hacia mí, me acaricia la cara con sus dedos y sonríe.

- Eres tan hermosa – acerca sus labios a los míos y me besa. Es un beso dulce y tranquilo. Baja su mano por mi cuerpo hasta mi pecho, aprieta y hace su beso más intenso. Con la otra mano llega hasta mis pliegues y vuelve a tocar mi pequeño nudo de nervios.

Arqueo la espalada a su tacto y gimo en su boca. Alarga la mano hasta la caja y coge un preservativo, lo abre y enfunda su erección con él. Separa mis piernas y acerca su rostro al mío, me mira a los ojos y noto la punta de su erección en mi entrada. Poco a poco se introduce en mí y gruñe echando la cabeza hacia atrás, se queda quieto mientras mi cuerpo lo acepta y se acopla a él. Es mucho más grande de lo que parece, y noto como palpita dentro de mí. Baja la cabeza y me besa.

- Estás tan apretada – dice saliendo un poco de mí y empuja sus caderas de nuevo contra mí.

- ¡Oh Dios! – digo en un jadeo al sentirlo. Lo miro y me sonríe. ¡Está tan guapo! Gira sus caderas dentro de mí rozando las paredes de mi interior y noto como vuelvo a ascender. Sale y entra, rotando las caderas a la vez.

- Creo que nunca he deseado tanto a alguien – dice hundiendo su rostro en mi cuello y mordiendo el lóbulo de mí oreja.

- Edward, no pares, por favor – le digo apretándolo contra mí. Subo mis manos por su espalda y noto como acelera sus embestidas. Se levanta apoyándose en sus manos y me mira, mientras sigue con un ritmo demoledor. Noto como mi cuerpo empieza a acelerarse y succiona cada una de sus embestidas. Baja su rostro y me besa. Sale y entra sin parar y solo escucho nuestros jadeos.- ¡Ah! no puedo aguantar más – le digo con hilo de voz.

- Mírame – dice mirándome fijamente – Quiero que me mires mientras te corres – Vuelve a besarme y acelera el ritmo. Lo aprieto más a mi cuando siento los primeros espasmos del que será mi segundo orgasmo con este hombre.

-¡Edward! – Chillo mientras caigo en picado mirándolo a los ojos.

- ¡Oh my God! – gruñe mientras se corre en mi interior.

Poco a poco disminuye el ritmo de mis latidos y me besa. En ese beso siento que no solo me gusta este hombre, sino que está haciendo que algo surja en mi interior. No puedo decir que esté enamorada, pero sí que podría llegar a estarlo, y eso me da miedo.

O00o0o0o0o0o

¡Oh My God! Como diría este Edward, ¡Joder! que capítulo más largo y caliente de editar, y chicas este arroz ya se cosió, bueno nos vemos en el siguiente capítulo solo por adelantarles estará muy bueno, así que tomen sus abanicos porque la temperatura sube…

Ahora ¡Adelanto!...

Edward me mira levantando la ceja.

- No, solo pararía si tú me lo pidieras ¿Cuánto hace que no estás con un hombre Bella? – Me atraganto cuando lo oigo preguntarme eso. No me esperaba esa pregunta, pero donde las dan las toman, a esto podemos jugar los dos.

-Desde que lo deje con Sam – le digo tranquilamente bebiendo de mi copa.

- Dos años… es mucho tiempo ¿Por qué? – Dice cogiendo otro trozo de la bandeja. ¿Cómo que por qué?...

- Ya te lo he dicho. Ningún hombre me ha gustado tanto desde que estoy sola…

Bueno por ahí se cose una platica algo rara, nos vemos…

Locura realizada…

Cambio y fuera…

By:antoCullen::

Jane…