Disclaimer: Los personajes son de S. Meyer la creadora de Twilight (Crepúsculo) La historia no es mía, es de la fabulosa María Bravo, yo leí el libro y me encanto la historia y quise hacer una adaptación de esta historia que ella creo. TODOS LOS DERECHOS SON DE ELLAS MENTES INCREIBLES….
Ahora sí, nos vemos en los muchos capítulos que esta hermosa autora creo y plasmo en papel.
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=Capítulo 12=
Música:
Tengo la cabeza apoyada en su pecho mientras me acaricia la espalda arriba y abajo. Le doy un suave beso en el pecho y lo miro apoyando la barbilla en él.
- Estas preciosa – dice tirando mi pelo hacia atrás- ¿Mañana tienes algo que hacer?
- No, este fin de semana no tengo nada que hacer – le digo pensando que podría quedarme así todo el fin de semana.
-Quiero que lo pases conmigo - me dice sonriendo – Podemos hacer lo que más te apetezca – me da un beso en la cabeza y se levanta de la cama.
-De acuerdo – le digo mirando como saca del armario un pantalón de pijama negro y se lo pone ¿Hay algo que le quede mal a este hombre?
-¿Tienes hambre? – sé sienta en la cama, se inclina y me besa – Voy a pedir que nos suban algo, estoy muerto de hambre.
Vuelve a levantarse y coge la carta de menú que está sobre el escritorio. Me incorporo en la cama tapándome con la sabana, necesito ir al baño. Me levanto y cojo una manta individual que hay a los pies de la cama y me envuelvo en ella. Voy hacia el baño, cierro la puerta y observo mi reflejo en el espejo. Tengo los labios hinchados, las mejillas sonrojadas y los ojos brillantes.
Me acaricio los labios recordando sus besos y cada una de sus caricias, sin duda ha sido el mejor sexo que he tenido nunca. Ningún hombre había conseguido que me corriera dos veces seguidas y tengo claro que si hubiera seguido habrían sido tres. Me encanta su manera de comportarse conmigo, tan dulce y atento y quiere que pase el fin de semana con él, lo que me hace estar cada vez más segura que no solo busca sexo o pasarlo bien con la chica de turno. No sé exactamente lo que busca pero de momento me gusta lo que me da.
No he traído mi neceser, ni pijama, ni ropa para mañana, ¡Qué desastre! Tengo que desmaquillarme. Miro en la cestita del hotel, que tiene casi de todo. Me lavo la cara con el jabón, que huele de maravilla, me pongo un poco de crema hidratante de un botecito de muestra, me aseo un poco y salgo de nuevo envuelta en la manta. Edward sigue sentado en el escritorio con el móvil en la mano, levanta la vista hacia mí y sonríe. Deja el móvil, se incorpora y camina hacia mí lentamente. Estoy paralizada en la puerta del baño, encerrada en esos ojos que me miran con deseo ¿Me desea otra vez? Me coge la cara entre sus manos y me besa hundiendo su lengua en mi boca, se separa y me mira.
-Me encantaría volver a hundirme en ti, pero primero tenemos que comer algo – me dice y abro la boca de par en par.
- Se me ha quitado el hambre – le digo con la voz ronca de deseo. Se ríe a carcajadas y me estrecha entre sus brazos. Me da un beso en la cabeza y vuelve a mirarme a los ojos.
-Estas mucho más guapa sin maquillar – dice acariciando mi mejilla. Sonrío y oigo tres golpes a la puerta – Salvada por la campana – dice riéndose mientras se dirige a la puerta.
Miro a mi alrededor buscando algo que ponerme y encuentro mi ropa y la de Edward en una silla, cojo su camisa y me la pongo. Me tapa justo hasta los muslos y es más cómoda que mi vestido. Veo como deja una bandeja en la cómoda de la habitación, se gira y me mira.
- Te queda mejor el encaje, pero reconozco que con mi camisa estás muy sexy – se ríe metiendo la mano por debajo de la camisa hasta darme un apretón en el trasero.
- No he traído nada de ropa… - le digo sonriendo mientras me besa el cuello.
- No te hace falta ropa – me muerde el lóbulo de la oreja y noto un pinchazo en la entrepierna.
- ¿No tenías tanta hambre? – no me sale la voz ¡Estoy excitada otra vez!
- Creo que lo vamos a dejar para luego – me dice cogiéndome en brazos y hundiendo la lengua en mi boca – Esto va a ser rápido – me lleva hasta la cama, donde caemos besándonos. Desabrocha uno a uno los botones de la camisa, baja su mano por mi cuerpo y con un solo dedo roza mis pliegues.
Mete un dedo en mi interior haciéndome gemir, mientras que con el pulgar traza círculos en mi clítoris. Chillo al notar otro dedo dentro de mí y de repente se incorpora, se quita los pantalones y coge un preservativo de la caja. Me sonríe mientras lo abre y enfunda su erección ¿Cómo se ha recuperado tan rápido? Tira de mí y se levanta conmigo en brazos, noto su erección en mi muslo, me empotra contra la pared y se clava en mí.
- ¡Joder! – le digo en un jadeo.
- Agárrate fuerte con la piernas – me dice bajando la cabeza hasta mis pechos.
Echo la cabeza hacia atrás ¡Lo noto tan dentro de mí! Empieza a moverse rápido, sale y entra sin parar y empiezo a notar cómo crece un nuevo orgasmo en mi interior. Me mira a los ojos, sonríe y asalta mi boca. Tira de mi labio entre los dientes gruñendo y hunde sus dedos en mi culo levantándome sin dejar de clavarse en mí.
- ¡Voy a correrme! – le digo tirando de su pelo.
- Vamos, quiero oírte – dice mordiéndose el labio inferior.
- ¡Oh sí! ¡No pares! – chillo aferrándome a él.
- ¡Joder Bella, podría follarte a todas horas! – me dice apretando los dientes y me corro.
-¡Oh, joder! – digo en un jadeo, noto como él golpea con sus caderas y sé que también ha llegado. Me besa mientras nuestras respiraciones se normalizan, sale de mí y me baja al suelo. Se quita el preservativo, le hace un nudo y lo tira a la papelera. Me mantengo pegada a la pared porque dudo que pueda sostenerme sobre mis piernas. Se acerca y me estrecha fuerte entre sus brazos.
- No sabes las veces que he pensado en tenerte así – dice dándome un beso en la coronilla. Levanto la cara hacia él y sonrío.
- ¿En serio? ¿Desde el día del parque? – me rio recordando cuando nos besamos en el césped como si estuviéramos solos.
- No, desde que nos presentaron en el restaurante – dice acariciando mi espalda. Lo miro con la boca abierta – No me mires así que es cierto. Vamos a comer algo – se separa dándome un dulce beso en la nariz y se va al baño. ¡Madre mía! Ese hombre va a acabar conmigo. Me abrocho la camisa, que ni me ha quitado, con dedos temblorosos. No hay duda de que tenía ganas… "podría follarte a todas horas" esa frase se me ha quedado clavada. Nadie me había dicho nunca nada parecido, aunque también es verdad que nadie me ha hecho el amor contra la pared nunca, no, no me ha hecho el amor, me ha follado contra la pared… y me ha encantado.
Siempre he sido bastante tradicional en el sexo, de hecho solo he mantenido relaciones con dos hombres a lo largo de mi vida, no es que no me gustara innovar, simplemente no surgía. Con Sam se volvió bastante monótono, le faltaba algo, quizá por eso se buscó a otra, y con mi pareja anterior prácticamente no nos veíamos pero cuando lo hacíamos a mí me encantaba, pero después de probar esto creo que el sexo ya no volverá a ser lo mismo sin Edward. Sale del baño con el pantalón de pijama, paso a su lado sonriendo para entrar a lavarme un poco, me coge de la cintura y me da un beso suave en los labios. Entro me lavo y salgo de nuevo, está sentado en la cama con la bandeja en medio, me siento al otro lado de la cama. Hay sándwiches de varios tipos y fresas, no tenía mucha hambre, pero se ven tan apetecibles.
Me siento apoyando la espalda en el cabecero, Edward me pasa una copa de cava con una sonrisa.
- Menos mal que he pedido algo frio – me dice riendo y pasándome un sándwich.
- ¿Hubieras parado si hubiera sido caliente? – le digo dando un bocado a mi comida. ¡Está buenísimo! Edward me mira levantando la ceja.
- No, solo pararía si tú me lo pidieras ¿Cuánto hace que no estás con un hombre Bella? – Me atraganto cuando lo oigo preguntarme eso. No me esperaba esa pregunta, pero donde las dan las toman, a esto podemos jugar los dos.
-Desde que lo deje con Sam– le digo tranquilamente bebiendo de mi copa.
- Dos años… es mucho tiempo ¿Por qué? – Dice cogiendo otro trozo de la bandeja. ¿Cómo que por qué?
- Ya te lo he dicho. Ningún hombre me ha gustado tanto desde que estoy sola – asiente pero no lo veo muy convencido con mi respuesta, bien, veamos qué me dices tú – Y tú, ¿cuándo fue la última vez que estuviste con una mujer? – ¡Chúpate esa! Lo miro aparentando tranquilidad, porque no la siento en absoluto.
- Unos cinco o seis meses – dice bebiendo de su copa. Suelto el aire que estaba reprimiendo, hace más tiempo del que yo pensaba.
- ¿También erais una pareja formal? – No sé si quiero saberlo, aunque mi curiosidad es más grande. Me mira serio, coge la botella de champagne, vuelve a llenar las copas y la vuelve a dejar en la cubitera. Creo que no me va a contestar.
- La verdad es que nunca he tenido pareja formal – dice mirando mi reacción. ¡Vaya! eso ha sido un duro golpe. No es que yo busque una relación seria ya, pero si nunca la ha tenido significa que no es lo que busca.
- Ah… muy bien – le digo porque no sé muy bien que decir.
-¿Qué quieres hacer mañana? – me pregunta cambiando totalmente de tema. Quiero preguntarle qué es lo que busca en mí, pero creo que con lo que me ha dicho antes me ha quedado bastante claro.
-Lo primero ir a mi casa a por ropa – le digo haciendo una mueca – y después no sé, podemos ir a comer por ahí.
- Ya te lo he dicho, lo que tú quieras – me dice acercando una fresa a mi boca. Muerdo y sonrío.
- Bien pues vamos viendo sobre la marcha – le digo bebiendo de mi copa.
-Me alegro de que hayas venido… -me dice sonriendo.
- Yo también de que me hayas escuchado – le digo chocando mi copa con la suya a modo de brindis. Deja la copa en la mesita de noche, se levanta y deja la bandeja en la mesa del salón. Vuelve, se tumba apoyando su cabeza en mis muslos y me mira directamente a los ojos. Tengo la sensación de que puede ver dentro de mí, lo que pienso, lo que siento… yo en cambio parece que no lo conozca. Sonrío bajo la cabeza y le doy un beso suave en los labios.- Me pones nerviosa cuando me miras así – le digo riéndome.
- Podría mirarte todo el día – levanta su mano y acaricia mi mejilla.
- ¿Por qué? – paso mis dedos entre su pelo y cierra sus ojos. ¡Es tan guapo!
- Porque me encantas, estás guapísima – abre los ojos y vuelve a mirarme.
- Tu tampoco estás nada mal… - le digo riéndome. Vuelve a cerrar los ojos mientras le acaricio el pelo y lo observo detenidamente. En pocos días ha conseguido cambiar mi vida de forma radical, no sé lo que espera de mí, ni lo que busca pero estoy dispuesta a averiguarlo, aunque creo que me va a hacer daño. Puede que cuando lo conocí fuera simple atracción pero ahora sé que es algo más y me da miedo pensar que él no sienta lo mismo. ¡Claro que no siente lo mismo, nunca ha tenido una relación formal! Pienso mientras observo su hermosa cara. Abre los ojos y mira directamente a los míos.
- ¿Qué piensas? Te has quedado muy callada… - gira su cara y me besa en el vientre.
- Nada, la verdad es que no estaba pensando en nada – miento.
- Tienes cara de cansada, deberíamos dormir – se incorpora y me da un suave beso en los labios.
- Si, si no mañana no aprovecharemos el día – me tumbo girándome hacia él. Se acerca y me besa, ¡Me encantan sus besos! Se tumba y me atrae hacia él.
- Descansa cielo – me besa en la coronilla y apaga la luz. Me apoyo en su pecho y cierro los ojos mientras me acaricia la espalda arriba y abajo y caigo en un profundo sueño.
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Noto un cosquilleo en la oreja, intento apartarlo pero vuelve una y otra vez. ¡Dios, con el sueño que tengo!
- Bella, despierta cielo – oigo con voz suave en mi oído, pero me niego a abrir los ojos.
- No…un poco más – digo intentando alejarme.
- ¡De eso nada! Quiero aprovechar el día – vuelve a besarme en el cuello riendo. Poco a poco soy consciente de donde estoy y abro los ojos. Me giro y ahí está él, tan guapo como si hubiera dormido ocho horas seguidas.
- Buenos días – le digo sonriendo. Tengo que tener una cara de sueño digna de foto.
- Buenos días dormilona – se acerca y me besa, adentra su lengua en la mía y gimo contra sus labios. Me he despertado por completo – Dúchate conmigo – dice rozando mi pecho con la mano y noto su erección contra mi cadera.
Se levanta de la cama y tiende su mano hacia mí, la cojo y me levanto. Me lleva de la mano hacia el baño y abre el grifo de la ducha, se gira, me mira y sonríe. Se acerca y cogiendo el bajo de mi camisa me la saca por la cabeza, estoy completamente desnuda frente a él, me ruborizo y sonrío metiendo mis manos por la cinturilla de su pantalón. Se los bajo y él los aparta de una patada, me empuja dentro de la ducha y levanto mi cara hacia el agua.
-¿Tienes idea de lo sexy que estas en estos momentos? – dice acercándose a mí – No, no lo sabes – me besa metiendo sus manos entre mi pelo. Bajo mi mano por su cuerpo y agarro su erección, aprieto mis dedos y el gruñe en mi boca. Subo y bajo apretando suavemente y noto como contiene la respiración. De repente me siento desinhibida y valiente.
Bajo besando su pecho, su vientre y me arrodillo delante de su miembro. ¡Joder, es mucho más grande visto desde aquí! Me acerco y lamo la punta antes de metérmelo en la boca, chupo fuerte bajando, y noto como tiembla. Lo miro a través de mis pestañas. Tiene la mirada puesta en mí y en mis movimientos. Vuelvo a metérmela hasta el fondo de mi boca y él jadea en respuesta. ¡Me encanta tenerlo así! Empiezo a acelerar el ritmo y me doy cuenta de que esto me excita, y mucho, ser capaz de hacerle jadear con mi boca, tenerlo de alguna forma en mi poder.
Aprieto ligeramente sus testículos mientras no dejo de chuparlo y noto como se tensa.
- ¡Para Isabella! – dice tirando de mi hacia arriba, sonrío y me besa como si se le fuera la vida en ello. Me da la vuelta y me acerca a su cuerpo, me aparta el pelo hacia un lado y deposita suaves besos desde mi clavícula hasta el lóbulo de mi oreja, tira de él entre sus dientes. Baja su mano de mis pechos hasta el centro de mi deseo y traza círculos en mi clítoris.
- ¡Oh Edward! – estoy tan excitada que sé que me voy a correr de un momento a otro.
- Vamos Bella, quiero que te corras antes de follarte.
- ¡Ah! – noto como se acelera mi cuerpo y mis caderas giran al mismo ritmo que su mano. Le agarro y empiezo a masturbarle al mismo ritmo. Me muerde en el hombro y no puedo soportarlo más. Me corro chillando, me tiemblan las piernas y el me agarra fuerte con una mano en mi vientre para que no me caiga pero sigue moviendo sus dedos. Creo que es el orgasmo más largo que he tenido en mi vida.
-Bien, apoya las manos en la pared y abre las piernas – dice inclinándome hacia delante. Abre la mampara de la ducha y coge un preservativo, se lo pone y cogiéndome fuerte de las caderas me la clava desde atrás.
- ¡Edward! – chillo cuando lo noto dentro de mí.
- Bella vas a volverme loco – se inclina, me besa la espalda y empieza a moverse con un ritmo demoledor - ¡Joder nena, vamos córrete conmigo!–me dice apretando los dientes. Y no hace falta que me lo vuelva a decir, mi cuerpo estalla y me desbordo a su alrededor. El aprieta fuerte sus dedos en mi cadera y con una última embestida se corre dentro de mí.
Caemos al suelo de la ducha con el agua relajando nuestros cuerpos. Se quita el preservativo y me acerca pegando mi espalda a su pecho. Me abraza fuerte y me besa la nuca.
- Esto sí que es levantarse con buen pie – le digo riéndome. Él estalla en carcajadas y me giro a mirarlo. Está tan guapo cuando se ríe. Me lanzo y le beso pasando mis brazos por su cuello.
-Ahora a ducharse de verdad – me dice levantándose conmigo. Coge el gel, se echa en las manos y empieza a frotarlo por mis brazos, mis pechos, entre mis piernas y decido imitarlo.
Nos lavamos mutuamente entre besos y risas. Me lavo el pelo, nos enjuagamos y salimos de la ducha. Me enrolla en un albornoz y él se pone otro. Salimos y llaman a la puerta.
- Justo a tiempo – se ríe y va a abrir. Me miro en el espejo y sonrío ¡Dios, esto es demasiado! Demasiado intenso, demasiado bonito para que sea verdad. Cojo una toalla y me enrollo en pelo en ella, salgo pero Edward no está en la habitación. Me asomo al salón y llega hasta a mí el olor a café recién hecho. ¡Estoy muerta de hambre! Él sonríe y me hace una reverencia para que me siente. - Su desayuno, señorita Swan.
-Muchas gracias señor Cullen – me siento riéndome, me da un beso en la mejilla y se sienta.
- ¿Café? – levanta una pequeña cafetera y ladea la cabeza para mirarme.
- Por favor, con leche – sonrío cogiendo el azúcar.
- ¿Dónde vamos hoy? – da un sorbo a su café.
- He pensado que podemos ir a comer a Forks esta a tres horas de aquí, también visitar la playa Quileutes, al fin y al cabo eres un turista y no puedes dejar de ver esos paisajes.
- De acuerdo, haremos turismo.
- Mañana iré a ver a mi sobrina, no la he visto desde el hospital - le digo poniendo cara de pena al pensar en su bracito escayolado.
- ¿Puedo acompañarte? – me mira al ver que no respondo – Bella ¿Qué pasa?
- Nada. No es necesario Edward – le digo pensando que no quiero involucrarlo demasiado con mi familia.
- ¿Qué? ¿no quieres que te acompañe? – me mira fijamente.
- No es eso, simplemente no quiero que piensen cosas que no son – Mi mente no deja de repetirme la conversación de anoche. No quiere una relación, con lo cual no quiero que mi familia se encariñe con él.
- Bueno, somos amigos ¿no? - Me dice muy serio y creo que un poco enfadado.
- Si, por eso, no es necesario que me acompañes – esta conversación se está volviendo demasiado seria.
- Si fuera Rosalie quien quisiera acompañarte estoy seguro de que no pondrías impedimentos. A mí no me importaría que tú vinieras si fuera al revés – me mira frunciendo el ceño.
- No es lo mismo – doy un sorbo al café, que está buenísimo.
- ¿Por qué no te acuestas con ella? – me mira serio directamente a los ojos.
- Es un punto a tener en cuenta - ¿Por qué no lo entiende?
- Bella, tu hermano no tiene por qué saber lo que hacemos en nuestra intimidad. Si no quieres que te acompañe, no lo haré, pero pensé que pasaríamos el fin de semana juntos – me dice enfurruñado. ¡Es como un niño pequeño!
- De acuerdo, acompáñame – le digo resignada. Lo miro y está sonriendo de oreja a oreja, lo que me hace sonreír a mí.
- Gracias – dice terminando su café.
- De nada – termino el mío y dejo la taza en la mesa – Voy a vestirme – me levanto pero él tira de mi mano y me sienta en su regazo.
- No te enfades conmigo – hunde su cara en mi cuello y me da un suave beso debajo de la oreja.
- No me enfado… pero vamos a vestirnos si no, no nos iremos nunca – me levanto y voy a la habitación.
Me pongo la misma ropa con la que vine ayer, el vestido no está muy arrugado. Entro en el baño y me peino con el único peine que hay. Me seco el pelo con el secador y salgo a la habitación. Edward ya está vestido con un pantalón vaquero, una camisa blanca y un jersey azul marino sobre los hombros. Me viene a la cabeza cuando Ros me dijo que parecía sacado de un catálogo y reconozco que tiene razón. ¡Esta para comérselo!
- ¿Estas lista? – está contento y me contagia con su energía.
- Cuando quieras - cojo mi bolso y mi abrigo.
- ¿Cómo viniste ayer? – se acerca y me da un beso suave en los labios.
- Con mi coche.
- Bien, déjalo aquí y luego lo recogemos. Iremos en el mío – tiende su mano hacia mí y yo la acepto encantada.
Bajamos en el ascensor directos al garaje, lo cual agradezco así nadie vera que voy vestida de noche. Llegamos a mi casa, y entramos directos al garaje también.
-Enseguida salgo, sírvete lo que quieras si te apetece – le digo una vez que hemos entrado en mi piso.
Me desnudo, me cambio la ropa interior, me pongo unos pantalones vaqueros con una blusa azul y una americana blanca. Entro en el baño, me cepillo el pelo, me lavo los dientes y me pongo un poco de perfume. Me preparo una pequeña maleta con un camisón, mi neceser, ropa para mañana, y ropa interior. Salgo y veo que Edward está en la terraza.
- Ahora sí que podemos irnos – le digo desde la puerta. Se da la vuelta y me mira.
- Estas guapísima Bella– dice mirándome desde los pies hasta mis ojos.
- Déjate de cuentos y vámonos – cojo mi bolso, el cargador del móvil y mi pequeña maleta.
-Dame eso – dice cogiéndola el – Y vámonos antes de que decida encerrarte aquí todo el día. – lo miro con la boca abierta y él sonríe. Nos dirigimos hacia Forks en su coche, algo que tiene es que el conduce como un loco por lo rápido aunque en casi la mitad del tiempo estamos ya en nuestro destino. Paramos el coche y bajamos al mirador que esta en el centro donde se puede ver perfectamente él área de los acantilados y ver como los chicos mas locos se avientan. Miro a Edward y creo que le gusta lo que ve. Saco mi móvil del bolso y sin pensarlo le hago una foto de perfil. Me mira y sonríe. Sus ojos se ven más azules que nunca aquí, el viento alborota su pelo y tiene una sonrisa perfecta. Vuelvo a enfocarle y veo que se vuelve tímido ante la cámara.- Ven aquí – tira de mi mano hacia él y coloca su mano en mi cintura – Disculpe, ¿podría hacernos una foto? – le dice a una chica que está a nuestro lado. Ella se sonroja y asiente.
- ¡Por supuesto! – coge el móvil que le pasa él con manos temblorosas. ¡A ella también le afecta! Edward me aprieta contra él y la chica pone cara de disgusto. ¡Si guapa, va conmigo! Pienso y me abrazo a mí misma.
- Muchas gracias – le dice el cogiendo mi móvil – Salimos muy bien – me dice enseñándome la foto.
- Si, aunque apuesto a que ella hubiera preferido estar en mi lugar – le digo haciendo una mueca.
- ¿Celosa? – dice levantando mi cara hacia él y mirándome a los ojos.
- Para nada – me lanzo y le doy un intenso beso en los labios. Se separa y me mira sonriendo.
-Eso espero, porque solo tengo ojos para ti – vuelve a besarme apretándome contra él y noto su erección en mi vientre. ¡Madre mía!
- Me alegro de oír eso.
- Bueno señorita Swan ¿Dónde va a llevarme a comer? Estoy muerto de hambre – se agacha y me da un suave mordisco en mi cuello.
- Vamos, te va a encantar.
Volvemos al coche y nos dirigimos a El oso escondido. Es un pequeño local en el que casi todo son retratos de animales, el dueño era un cazador y coleccionaba las cabezas de sus presas y digo dueño porque ya murió gracias a Dios, los animales no tenían la culpa. Está pegado a la playa de la reservación, la mayoría de los restaurantes tienen terraza con unas vistas espectaculares pero esos están al cetro, además Edward merecía conocer esta parte y no perdérsela, muchas veces se puede ver como los ancianos Quileutes hacen rituales para los turistas y ganan dinero. Aparcamos y vamos paseando hacia un pequeño restaurante, nos sentamos y se acerca el camarero con las cartas.
-¿Desean tomar algo mientras deciden? – dice mirándonos.
- Dos cervezas, por favor – dice Edward resuelto. El camarero me mira y yo asiento de acuerdo, me sonríe y se va.
- También le gustas al camarero – dice él en voz baja.
- ¿Qué? ¡No digas tonterías Edward! Solo intenta ser amable, es su trabajo. – pongo los ojos en blanco riéndome.
- ¿No tienes ni idea del efecto que provocas en los hombres, verdad? – me mira fijamente haciendo que me sonroje.
- ¿Qué efecto?.
- Apuesto a que la mayoría de los hombres de este restaurante estarían encantados de estar en mi lugar – me coge la mano y me acaricia suavemente los nudillos.
- Tiene gracia, porque yo apuesto a que la mayoría de las mujeres me sacaría los ojos si pudiera. –le sonrío y él estalla en carcajadas.
-¡Ay Bella! No te enteras de nada – se calla cuando llega el camarero con nuestras cervezas.
- ¿Han decidido ya? – dice mirándome.
-Tú eres la experta nena, te dejo elegir – dice él mientras le guiña un ojo al camarero. ¡Está marcando territorio! ¡No me lo puedo creer!
- Bien. Pónganos unas almejas acompañadas de vegetales salteados, carne en stakes, unos cangrejos sasonados con ajo por favor….
- Muy bien, ¿para beber?
- Un vino blanco, un Marina Alta si puede ser – veo como Edward me observa con atención.
- Buena elección señorita – el camarero sonríe y recoge nuestras cartas.
- ¿Stakes?– pregunta Edward una vez que se ha ido el camarero.
- Si. No puedes venir a Forks y no probarlo.
- Estoy en tus manos.
Nos sirven la comida y veo como Edward disfruta con cada plato de los que hemos pedido. El Stakes es un plato que mayormente se sirve en barbacoa acompañado de papas asadas a Edward le encanta. Hablamos de todo un poco, me pregunta por mi familia, yo a él por la suya y noto que los echa de menos. Cree que sus padres vendrán para la inauguración de las nuevas oficinas pero no está seguro.
Al parecer su madre no está muy contenta de que haya decidido instalarse aquí en Seattle.
- Bueno creo que es lo normal Edward, mi madre se volvería loca si yo me fuera a vivir al otro lado del mundo – le digo bebiendo de mi copa.
- Ella hizo lo mismo, así que no puede echármelo en cara – termina de comer y se recuesta en la silla – Estaba todo buenísimo. Buena elección señorita Swan– dice imitando la frase del camarero.
- Me alegro de que le haya gustado. – sonríe y le hace una señal al camarero para que nos saque la cuenta – Invito yo Edward – le digo alzando una ceja.
- De eso nada Bella – llega el camarero con la cuenta y rápidamente dejo mi tarjeta que ya tenía preparada.
-Cóbrese, por favor – le entrego la bandeja sonriendo y veo como se sonroja.
- Por supuesto, señorita - se da la vuelta y se va. Me giro hacia Edward y veo que me está mirando con cara de enfadado.
-Jamás, en toda mi vida, he permitido que una mujer me pagara ni un mísero café – me dice frunciendo el ceño.
-Siempre hay una primera vez para todo señor Cullen. ¡Bienvenido al 2015! – me inclino hacia él y le doy un suave beso en los labios.
- Bien, ¿nos vamos? – se levanta extiende su mano hacia mí y juntos nos acercamos a la barra a recoger mi tarjeta.
Damos un paseo por el pueblo, cogidos de la mano como cualquier otra pareja, y pienso amargamente que Edward no tiene parejas. ¿Por qué? Creo que me estoy equivocando al permitirme a mí misma soñar con que todo va a ir bien.
Si no ha tenido relaciones serias con ninguna mujer no va a tenerla conmigo. No puedo enamorarme de este hombre, me repito a mí misma. Solo es una amistad en la que ambos sacamos provecho. ¡Exacto! Eso es lo que tengo que pensar.
-¡Bella! – me dice Edward sacándome de mis pensamientos.
- Perdona, estaba distraída. ¿Nos vamos? Quiero que veas los rituales que hacen aquí, son muy entretenidos y mas las historias…
-¿Estás bien? – me acaricia la mejilla y me observa detenidamente ¡Es tan guapo que duele mirarlo!
- Sí, estoy bien.
….
Nos dirigimos a la reserva Quileutes ya que estamos en las playas y está cerca Edward me pone frente a su cuerpo y me abraza poniendo sus manos sobre mi cintura mientras observamos los rituales y las historias que aquí cuentan…
Ha sido un día muy lindo para los dos una ves de regreso por la carreteras de Seattle paramos cerca de un parque y empezamos a caminar un poco como en la playa…
…..
-Allí están mis oficinas – dice señalando un edificio. Lo reconozco, mi hermano trabaja allí.
-Si, ¿en qué plantas van a estar? – le digo recuperando el buen humor.
-En las siete ultimas. La semana que viene empezaran a trabajar – me coloca delante de él pegando mi espalda a su pecho, me aparta el pelo hacia un lado y me besa el cuello. Gimo en respuesta, ladeo la cara y le beso en los labios.
- ¿Quieres que nos sentemos en el césped? – le digo sonriendo y sé que él también se acuerda de nuestra exhibición en el parque del otro día.
-Para lo que me apetece hacerte ahora mismo, prefiero que no haya público – se me escapa un pequeño jadeo al escucharlo – Vámonos – me da la vuelta y tira de mí en dirección al coche de nuevo. Nos dirigimos al hotel y ya noto la expectativa en mi cuerpo y ni me está tocando. Me mira de reojo y sonríe.
-Resérvame los besos que estás imaginando – dice con voz ronca y yo aprieto los muslos. Coge mi mano y la planta sobre su tremenda erección –
Esto es lo que provocas en los hombres Bella – Lo miro perpleja y aprieto suavemente mi mano. Suelta un gruñido en respuesta.
- Dese prisa señor Cullen, estoy impaciente por ver cuánto le provoco – jadea echando la cabeza hacia atrás – ¡Los ojos en la carretera! – le digo y aparto mi mano volviéndola a dejar en mi regazo. Me mira y se ríe. ¡Me encanta provocarlo! Estoy deseando llegar al hotel y dejarme envolver de nuevo entre sus brazos…
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Oh a que si les gusto ¿Verdad? Bueno nos leemos en el siguiente capítulo, lamentablemente tuve que quitar y poner muchas cosas pero la historia esta intacta solo quite la comida original y puse algunos paisajes, por favor no me maten pero no se mucho de gastronomía, se cocinar y muy bien pero eso de los nombres nomas no, así que disculpen, nos leemos pronto…
Recervenme sus Besos :-*
Los amito mucho…
Locura realizada…
Cambio y fuera…
By:antoCullen::
Jane…
