Disclaimer: Los personajes son de S. Meyer la creadora de Twilight (Crepúsculo) La historia no es mía, es de la fabulosa María Bravo, yo leí el libro y me encanto la historia y quise hacer una adaptación de esta historia que ella creo. TODOS LOS DERECHOS SON DE ELLAS MENTES INCREIBLES….

Ahora sí, nos vemos en los muchos capítulos que esta hermosa autora creo y plasmo en papel.

Este capítulo es dedicado para todas quienes se dan el tiempo de comentar algo, gracias chica, claro que también para aquellas que son lectoras fantasma…

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=Capítulo 13=

Aparcamos y entramos prácticamente corriendo en el ascensor, deseando llegar a la habitación. Las puertas se cierran y Edward se abalanza sobre mí besándome salvajemente. Llevo mis manos a tu trasero y lo aprieto contra mí notando su erección en mi vientre.

¡Como deseo a este hombre! Gimo contra sus labios y él se separa, pone sus manos a cada uno de los lados de mi cara y me mira intensamente a los ojos.

-Podría follarte en este ascensor ahora mismo, ¿Qué me haces Bella? – dice apoyando su frente en la mía respirando con dificultad.

- ¿Y tú a mí? Porque yo estaría dispuesta a dejar que lo hicieras – sonrío al pensar que realmente le dejaría hacerlo. Se ríe y me abraza fuerte contra él. Podría pasarme así todo el día.

Llegamos a la habitación, Edward se dirige directamente al teléfono y pide que nos suban una botella de champagne. Se acerca hasta mi dejando su jersey encima del sillón, estoy parada observándole, cuando le tengo delante de mí me quita la chaqueta y la lanza al sillón. Me acaricia la mejilla con el dorso de la mano, baja acariciando mi cuello hasta el primer botón de mi camisa. Lo abre y sonríe.

-Eres preciosa Bella – se separa de mí y me observa. ¡Me excita que me mire así!

- Edward… - digo en un susurro. Tengo la garganta seca.

-Lo sé – y sonríe de medio lado. Llaman a la puerta y se dirige a abrir. Yo sigo parada en el mismo sitio, deseando que me toque. Abre la botella de champagne sirve dos copas y vuelve a mi lado.

-Por nosotros – dice pasándome mi copa, brindamos y me la bebo casi de golpe – Vaya, veo que tenías sed – se ríe, se bebe la suya y deja las dos sobre la mesa.

Lo tengo delante observándome, mis pezones se endurecen y tengo que juntar mis muslos. Levanto mi mano y le hago un gesto para que se acerque. Sonríe, me coge de la mano y tira de mí hacia él. Llevo mis manos a su cintura y saco la camisa por fuera de sus pantalones. Desabrocho uno a uno los botones mientras él hace lo mismo con los míos.

Me da la vuelta en sus brazos, me quita la camisa, aparta mi pelo hacia el lado derecho y me da suaves besos desde mi clavícula hasta debajo de mi oreja. Lleva sus manos hasta las copas de mi sujetador y con los dedos me las baja liberando mis pechos. Me acaricia los pezones haciéndome jadear.

- Llevo todo el día pensando en tenerte así – me dice al oído.

- Oh Dios… - intento girarme hacia él pero me lo impide apretándome más.

- Todos esos hombres observándote y saber que solo yo puedo tocarte así – besa mi hombro y lleva sus manos a mis vaqueros. Los abre y me los baja agachándose detrás de mí. Me hace salir de mis zapatos y me deja solo en ropa interior. Sube sus manos acariciando mis piernas, me da un beso en el trasero, y me da la vuelta con sus manos en mis caderas.

Está arrodillado delante de mí solo con sus vaqueros. Se inclina y me besa el vientre. Después deja un reguero de besos siguiendo la línea de mi tanga de cadera a cadera.

Llevo mis manos a su pelo y enredo mis dedos en él. ¡Esto es tan erótico que noto la humedad entre mis piernas! Me baja el tanga se inclina y me da un beso justo encima de mi monte de Venus.

- ¡Ah!- jadeo - Déjame tocarte – le suplico con voz ronca.

- No, primero quiero tocarte yo – con un solo dedo me acaricia entre mis pliegues – Estás empapada Bella…me gusta.

- Oh… - echo la cabeza hacia atrás y empujo la suya hacia mí.

- ¿Eso es lo que quieres? ¿Quieres correrte en mi boca? – saca su lengua y me da un suave lametazo entre mis piernas – Separa las rodillas – me dice acariciando mis piernas. Llega hasta el vértice de mis piernas separa mis pliegues y me acaricia con la lengua haciéndome temblar.

- ¡Joder Edward! – le aprieto contra mí y noto como sonríe. Sabe muy bien lo que hace, noto mi cuerpo acelerarse en esta dulce agonía. Mete un dedo en mi interior a la vez que su lengua no da tregua a mi clítoris. Chillo y me retuerzo contra él buscando la liberación del orgasmo que se está formando en mi interior. Mete un segundo dedo dentro de mí y sus dientes atrapan mi clítoris, su lengua lo acaricia y me corro gritando su nombre.

Poco a poco vuelvo a ser consciente de mi cuerpo, sube hasta que lo tengo frente a mí y se lame los labios manchados de mis fluidos. Me lanzo a sus labios, hundiendo mi lengua en su boca. Noto mi sabor. Llevo mis manos a la cinturilla de sus vaqueros, los abro y él se los baja y los tira hacia el lado junto con su bóxer. Lo empujo hacia la habitación sin dejar de besarlo, lo lanzo a la cama y él se ríe a carcajadas. Me subo a horcajadas sobre él, bajo por su cuerpo besando sus pectorales, sus marcados abdominales, paso mi lengua por su oblicuo derecho, y cojo su miembro entre mis manos. Jadea alzando la cadera y empiezo mi festín de Edward Cullen. Chupo y lamo sin parar, lo miro a través de mis pestañas y veo como aprieta los dientes. Me encanta verlo así, es tan excitante. Hundo su pene en mi boca hasta la garganta, me coge del pelo intentando hacer que me separe, pero esta vez no voy a parar.

- ¡Bella para! Para o me correré en tu boca… ¡Ah, joder! – chilla mientras yo subo y bajo por su pene. Acaricio sus testículos y cuando noto que está casi a punto, le acaricio justo por debajo de ellos hundiendo su polla hasta el fondo de mi garganta, y entonces estalla.

Noto su semen caliente recorrer mi garganta y su cuerpo temblar debajo de mí. ¡Sí, lo he conseguido! Me tumbo a su lado mirándole apoyada en mi codo. Se tapa los ojos con su antebrazo y sonríe. Se gira y me mira.

- No era esto lo que quería… pero reconozco que no lo cambio por nada – se acerca y me besa en los labios.

- Bueno, de alguna manera quería devolverte el favor – me río y él me acaricia la cara.

- Estás tan guapa cuando te ríes – me besa y se levanta exhibiendo su espléndida desnudez. Vuelve con la cubitera, con el champagne y las copas. Las llena y me pasa la mía. Está fresquito y buenísimo. Dejo mi copa en la mesita, paso por a lado de Edward le doy un beso y voy al baño. Me limpio un poco, me quito el sujetador que sigo llevando puesto, me pongo el albornoz y salgo de nuevo. Edward ha abierto la cama y está sentado apoyado en el respaldo, con las piernas cruzadas a la altura de los tobillos, tapado con la sabana hasta su cintura. Me acerco y me siento a su lado. Se gira y me mira mientras doy un sorbo a mi copa. La dejo de nuevo en la mesita y al girarme noto como le ha cambiado la mirada. Ahora es más profunda, de un azul más intenso. Niega con la cabeza y se inclina hacia mí.

-Vas demasiado tapada – me besa y su mano desata el lazo del albornoz.

- Pensé que… - sus labios atrapan los míos en un beso intenso y su mano se desliza dentro del albornoz directa a mis pechos. Me acaricia el pezón, baja su boca y lo chupa - ¡Oh, Edward! – levanta la cara hacia mí, me besa, se destapa y cogiéndome de la cintura me sienta a horcajadas sobre él.

- No he terminado contigo – me quita el albornoz y besa mis pezones inclinándome hacia atrás. Noto como crece su erección debajo de mí y por un momento estoy tentada de metérmela directamente, sentir su piel contra mi piel pero me contengo. Vuelve a levantarme y me besa hundiendo su lengua en mi boca.

Alarga la mano hasta la mesita, coge un preservativo y separándome un poco se lo pone.

Me levanto sobre mis rodillas, mientras él se tumba debajo de mí, llevo su erección hasta mi entrada y la hundo en mi interior.

-¡Ah! – me quejo porque noto una punzada de dolor.

-¿Estás bien? – Edward me mira desde abajo y sonrío.

- Sí, es solo que estoy un poco dolorida – me río y giro la cadera con su miembro dentro de mí.

- ¡Joder, Bells! Me excita oírte decir eso – lleva sus manos a mis caderas.

Subo y bajo despacio. ¡Lo noto tan adentro en esta postura! Este hombre es insaciable, no entiendo como se ha recuperado tan rápido. Empiezo a moverme arriba y abajo, una y otra vez, sintiendo como llega hasta el fondo.

Se sienta en la cama haciendo que estemos frente a frente y él me recibe con un golpe de cadera cada vez que bajo.

- ¡Oh, sí! – chillo cuando lo noto tan profundo. El aprieta sus dedos en mi cadera empujándome hacia él cada vez que nos juntamos.

- Bella, me encanta sentirte - besa mi cuello y nos movemos aumentado el ritmo. Noto mi cuerpo acelerarse.

- ¡Edward, no pares! – intento alcanzar la cima pero no consigo llegar.

-Vamos Bella córrete – dice sin dejar de moverse. Apoyo mi frente en la suya y le beso.

-¡Oh, Dios! ¡No puedo! – mi cuerpo parece exhausto y me mantiene en la cima sin dejarme caer.

-Vamos cielo, córrete conmigo - me besa intensamente, a la vez que su mano se mete entre nuestros cuerpos y sus dedos buscan mi clítoris.

-¡Así, así, no pares! – sonríe y me besa abrazándome con la otra mano.

- Así cariño, siénteme – y me lanzo al vacío.

-¡Edward! – chillo aferrándome a sus hombros y notando como mis fluidos resbalan por mis piernas.

-¡Oh, cariño! – dice apretándome contra él mientras se corre dentro de mí. Estamos en la misma posición, abrazados, con el dentro de mí, recuperando la respiración. ¡Madre mía, ha sido increíble! Me levanta y sale de mí despacio. Se quita el preservativo, lo deja en el suelo, y vuelve a abrazarme. Estoy perdida entre sus brazos, me encanta lo que me hace sentir. Me hace sentir deseada y en cierto modo querida. Se separa, me aparta el pelo de la cara y me besa suavemente. No puedo abrir los ojos.

- Hola – me dice una vez que consigo mirarle.

-Hola – sonrío y le doy un beso suave en los labios.

- ¿Cómo estás? – me acaricia la espalda arriba y abajo.

- Creo que mi cuerpo no soportaría otro asalto – me río sin demasiadas fuerzas y él vuelve a abrazarme fuerte entre sus brazos.

- El sexo contigo es alucinante Bella – tengo su cabeza por encima de mi hombro y no consigo verle la cara.

- Contigo tampoco está mal – le digo riéndome, me separo de él para mirarle a la cara y está sonriendo de oreja a oreja. Le acaricio la cara y él se inclina y me besa.

- Ahora a descansar señorita – me levanta y me tumba en la cama. Coge la sabana y nos tapa a los dos. Luego coge pañuelos de la caja de la mesita y me limpia entre las piernas.

- Déjame a mí – le digo intentando que pare.

- Me gusta hacerlo a mí – se ríe y me besa la punta de la nariz. De repente suena mi teléfono, miro la hora. ¡Joder, son las ocho de la tarde! Me levanto y voy a por él. Es

Rosalie.

- Hola

- ¿Hola? ¿Eso es todo lo que me vas a decir? – me grita desde el otro lado.

- ¿Qué quieres que te diga? – estoy en el salón y me asomo a la habitación. Edward sigue sentado en la cama.

- Isabella Swan, llevo sin saber nada de ti desde ayer. He ido esta mañana a tu casa y no estabas, por lo que deduzco que has dormido fuera, ¿me equivoco? – me dice intentando parecer enfadada.

-No, no te equivocas. Siento no haberte dicho nada pero no he tenido tiempo – le digo riéndome.

- Bueno, eso está bien creo. ¡Lo has cogido con ganas! – la oigo reír a carcajadas.

- ¡Rosalie! – a veces es tan descarada. Edward sale de la habitación con el pantalón de pijama y se dirige a la nevera.

- Bueno y ¿todo bien?

-Ros, ahora mismo estoy ocupada. Te llamo mañana, ¿vale? – miro a Edward que me sonríe bebiendo agua de una botellita.

- ¿Aun estás con él? – vaya tela, que pesadita se pone cuando quiere.

- Si – noto como se queda callada.

- Ah, bueno, en eso caso te dejo – se ríe y me hace reírme a mí.

- Ya hablamos, ¿vale? – voy hacia la habitación. - Sí, claro. Ya me cuentas. Dale recuerdos a Edward.

- Si. Un beso.

- Adiós – y me cuelga.

Abro la maleta, saco mi camisón y me lo pongo. Vuelvo al salón y veo a Edward sentado en el sillón.

- ¿Quieres salir a cenar o pedimos que nos suban algo? – Dice mirando la carta. Me acerco y me siento a su lado.

- Lo que tú quieras, pero la verdad es que estoy cansada – se me escapa una risita.

- Me gusta tenerte aquí – se acerca y me besa.

- Yo también estoy bien aquí. Tengo que llamar a Garrett para decirle que vamos mañana. – le digo haciendo una mueca.

- Claro, yo voy a ir viendo que tienen de cena – Se levanta y va hacia el mueble bar leyendo la carta. Mi hermano va a alucinar cuando le diga que Edward va a acompañarme mañana, pero en fin, él lo ha querido.

-Garrett, soy yo – le digo a mi hermano cuando contesta.

- Hola, estábamos preocupados por ti. Mamá me ha llamado para ver si sabía algo de ti – me dice preocupado.

- ¿Y por qué no me llamado al móvil? – mi madre a veces me desespera.

- Acaba de llamarme Bells. ¿Estás bien? – me dice más tranquilo.

- Sí, estoy bien. Te llamaba porque mañana voy a pasarme a veros, así veo a Irina. ¿Qué tal está?

- Está encantada con su escayola pintada – se ríe – Y sin parar de un lado a otro.

- Pobrecita, tiene que molestarle mucho – pienso en lo pequeñita que es para una escayola tan grande.

- Si le molesta no lo parece. ¿A qué hora vendrás? – me pregunta.

- Supongo que por la mañana, pero no muy pronto – Edward se acerca me da un beso en la cabeza y se marcha a la habitación.

- Muy bien, ¿te quedas a comer? Kate va a hacer canelones – me dice. Mi cuñada hace los canelones más buenos que he comido nunca.

- Bueno, la verdad es que no voy a ir sola – cierro los ojos esperando la respuesta de mi hermano.

- ¿Viene Ros contigo? – pregunta aunque sé que sabe que no es Ros.

- No, Edward quiere acompañarme, así ve a Irina también – digo como si fuera lo más normal del mundo.

- Vaya, ¿esto va en serio?

-Garrett… - no quiero hablar de esto con mi hermano.

- Está bien, está bien, no me cuentes nada. Bueno pues os quedáis los dos a comer, así lo conocemos– noto como está sonriendo y no puedo evitar sonreír yo también.

- Bueno ahora se lo pregunto a ver qué le parece – le digo pero sé que a Edward le va a parecer genial.

- Muy bien, mándame un mensaje con lo que sea para avisar a Kate.

- De acuerdo. Dale un beso a las dos y otro para ti.

- Igualmente y llama a mamá – se ríe y me cuelga. Parece que todo el mundo ve normal que Edward me acompañe a casa de mi hermano menos yo. No sé si estoy haciendo bien en dejarme llevar, al fin y al cabo, sé que esta historia acabará tarde o temprano. O bien cuando él encuentre a otra y se canse de mí, o bien cuando yo no pueda soportar que lo nuestro no siga adelante.

Hoy ha estado tan cariñoso y atento conmigo. Incluso la última vez que nos hemos acostado no ha sido como las demás. Esta vez creo que me ha hecho el amor, bueno creo no, estoy segura de que no ha sido simplemente follar. Sus caricias, sus besos, sus palabras… Todo me ha hecho sentirlo más cerca de mí. Dice que le encanta tenerme aquí, y yo reconozco que estoy disfrutando como nunca.

- ¿En qué piensas? – me dice abrazándome por detrás.

- En ti – le contesto sinceramente.

-¿Ah sí? ¿Qué exactamente? – me da un beso suave en la coronilla y me gira en sus brazos para mirarme.

- En lo bien que lo he pasado hoy – le acaricio la barba que empieza a arañarme la yema de los dedos.

- Yo también lo he pasado bien. ¿Qué ha dicho tu hermano? – me da un beso en la cabeza y me lleva de la mano hasta el sofá.

- Nada, nos invita a comer, pero si no te apetece podemos hacer otra cosa – le digo sentándome en sus piernas.

- Por mi perfecto – dice sonriendo.

- Está bien. Ahora tengo que llamar a mi madre. Lleva todo el día preguntando por mí y si no la llamo es capaz de avisar a la policía – me rio y busco su número en la agenda.

- Salúdala de mi parte – dice tan tranquilo. Me separo y me siento a su lado. Marco y espero a que me conteste.

- ¿Diga? – contesta mi madre.

- Hola mamá.

- ¡Bella! Me tenías preocupada hija – se le nota nerviosa.

- Mamá, he pasado el día fuera, ¿Por qué no me has llamado al móvil?

-Sabes que no me gustan. ¿Qué tal la cena de anoche? – pregunta y vienen a mi mente todas las imágenes desde ayer. El encuentro con Sam, mi confesión con Edward, cuando nos acostamos, la ducha, la comida en la Forks…

-Bien, muy bien – le digo sonrojándome y veo como Edward me mira.

- Me alegro. A ver si convenzo a tu padre para que me lleve – se ríe.

- Mamá no creo que a papá le vaya mucho ese tipo de restaurantes. Se quedaría con hambre – digo pensando en mi padre.

- Bueno, a él no, pero a mí sí. ¿Y qué tal el chico este, Edward, se lo pasó bien? – pregunta inocentemente. Si ella supiera lo que me ha hecho ese chico las últimas casi veinticuatro horas.

- Sí, creo que sí. Le gustó mucho también. Bueno mamá, voy a cenar, mañana te llamo, ¿vale? – le digo con la esperanza de que no haga más preguntas.

- Vale hija, pero llámame. Un beso y descansa. – me dice.

- Si mamá, dale un beso a papá. Hasta mañana. – y cuelgo. Edward me mira sonriendo, se inclina y me besa.

-¿Te ha preguntado por mí? – pregunta metiéndome un mechón de pelo detrás de la oreja.

- Sí, quería saber si te lo pasaste bien anoche – me rio.

- Bueno, después de que vinieras a verme, creo que fue una de las mejores noches que he pasado – sonríe haciendo que me sonroje.

- Me alegro. ¿Has pensado que vamos a cenar? Empiezo a tener hambre – cojo la carta de encima de la mesa y observo los platos. ¡Madre mía, doce dólares un sándwich! (Lo siento no se de precios)

- Ya está pedida, no tardaran – me quita la carta de las manos y tira de mi hacia él para abrazarme. Apoyo mi cabeza en su pecho desnudo oyendo los latidos de su corazón y él acaricia mi brazo arriba y abajo erizándome la piel.

- Edward ¿Por qué nunca has tenido una relación de pareja normal? – cierro los ojos temiendo que mi pregunta le moleste.

- Bueno, supongo que no ha habido ninguna mujer que me haya llenado tanto como para plantearme tener una relación – dice tranquilamente sin dejar de acariciarme. Su respuesta me hace pensar que no es que no quiera si no que nunca ha querido nada más. Me permito soñar durante un momento que puede que conmigo sea diferente.

-Ya veo – le digo porque no sé muy bien que decir.

- ¿Es eso lo que te preocupa? ¿Qué me canse de ti como he hecho con las demás? – pregunta exponiendo mis dudas en voz alta.

- Bueno, no es que yo busque una relación ya, no se… - ¡Qué difícil es describir lo que siento!

- Bella mírame – me levanta la barbilla para que lo mire – Me gusta estar contigo, me siento yo mismo a tu lado. No necesito ser algo que no soy, ni tu finges ser quien no eres. Me gusta verte reír, como valoras las pequeñas cosas, como una cena con amigos o pasar tiempo con tu familia. Eso es algo nuevo para mí. Eres diferente y por eso me gustas – me da un beso suave en los labios y yo lo miro boquiabierta.

- Esta soy yo, ni más ni menos. – sonrió y vuelvo a tumbarme en su pecho.

- Eso sí, mientras que estemos juntos quiero que esto sea una relación cerrada. Si alguna vez conoces a alguien te pido que antes de nada termines con lo que tenemos – me dice seriamente. Levanto la cabeza y lo miro.

-¿Crees que estaría con alguien más estando contigo? Eso no hacía falta que me lo dijeras Edward y por supuesto yo también espero lo mismo por tu parte – le digo seria y un poco enfadada. ¿Quién se cree que soy?

- Lo siento, no pretendía ofenderte –se inclina y me besa en los labios haciendo que mi enfado se evapore.

- No me he enfadado. Pero lo que no quiero para mí, no lo quiero para nadie. – Apoyo la cabeza en su pecho y lo abrazo. Llaman a la puerta, él me da un beso en la cabeza y se levanta a abrir. El camarero entra con uno de esos carritos de hotel, coloca un mantel sobre la mesa, y cuatro bandejas de esas que llevan su propia tapadera.

No sé qué es pero huele muy bien. Coloca dos copas y descorcha una botella de vino tinto. Sirve un poco en las copas, Edward da un sorbo de la suya, asiente y le entrega una propina. El camarero le sonríe, coge el carrito y se marcha.

Me levanto del sofá y me encamino a la mesa. Me doy cuenta de que solo llevo puesto el camisón y voy a la habitación a por el albornoz. Cuando salgo Edward se ha puesto una camiseta de manga corta y está sentado en la mesa.

- Huele de maravilla – sonrió sentándome en el mismo sitio que esta mañana para el desayuno.

- Este hotel tiene uno de los mejores restaurantes italianos de Seattle – levanta una de las bandejas en las que hay un carpaccio de ternera con una pinta espectacular.

- Ha acertado señor Cullen – le digo sonriendo. Le sirvo un poco en su plato y después me sirvo yo. Está delicioso.

-Me alegro de que le guste señorita Swan – asiente y empieza a comer. Además del carpaccio hay unos raviolis de espinacas, un solomillo en salsa Marsalla, y por ultimo una panacotta que parece recién traída de la misma Italia.

- Una vez que esté claro lo de tus oficinas, ¿Qué vas a hacer? - le digo terminando mi copa de vino.

- ¿A qué te refieres?

- Me refiero a dónde vas a vivir, ¿ya tienes algo mirado o vas a vivir en el hotel? – me río.

- No, no es una mala idea, pero tendré que buscar un piso. Mi asistente está mirando algunas posibilidades, pero aún no he visto nada. ¿Quieres que pidamos algo más? – me dice señalando los platos.

- No, estoy hinchadísima. Si vivieras en este hotel en un mes no podría entrar por esa puerta – sonríe y el asiente riendo.

- Ven vamos al sofá – me coge de la mano y me lleva con él. Me hace tumbarme y él se tumba detrás de mí abrazándome por la espalda. Enciende la tele y va haciendo zapping por los canales.

- ¿Te gusta la tele? – le digo acomodándome entre sus brazos.

- Prefiero el cine, pero si, algunas series me gustan mucho. – se detiene en un canal en el que va empezar una película.

-¡Me encanta esta película! Es dura, pero es preciosa – le cojo la mano para que no cambie.

- Bien, pues esta. Bella, ¿quieres acompañarme a ver varios pisos el martes? – me pregunta y noto como se tensa a mi lado.

- Claro, yo saldré a las seis de trabajar. – me doy la vuelta para mirarle.

- Bien, quedaré sobre las siete. –me da un beso y noto como se relaja.

- ¿Por qué zona estas mirando?

- Cerca de las oficinas, Rachel me ha dicho que ya tiene seis posibles – me abre el cinturón del albornoz y me acaricia el estómago por encima de la tela de mi camisón.

-¿Quién es Rachel? - ¡Madre mía! Escucho un nombre de mujer y todos mis sentidos se despiertan alerta.

- Es mi asistente – noto como sonríe y me besa la cabeza.

-Ah, muy bien. Bueno pues veremos que ha encontrado Rachel, aunque por la zona que dices te aseguro que te va a salir un alquiler por un ojo de la cara – le digo sabiendo que es una de las zonas más caras de Seattle.

- No quiero un alquiler– dice tranquilamente.

- Edward, te aseguro que cuando veas lo que vale un piso en esa zona cambiarás de opinión – me giro para verle la cara y veo como sonríe.

- Créeme, después de comprar en Nueva York no creo que me sorprenda mucho – me acaricia la cara sin dejar de sonreír – Esta es una de las cosas que más me gustan de ti – dice clavando sus ojos en los míos.

- ¿El qué? – le pregunto sin saber a qué se refiere.

- Que no tienes ni idea de quién soy, ni del dinero que gano – se inclina y me besa en los labios – Y aun así estás conmigo.

- Creo que sí que sé quién eres, pero es verdad que me importa bien poco lo que ganes – me rio.

-Eso es nuevo para mí, por eso sé que eres diferente – me abraza hundiendo la cara en mi cuello – Y ahora a ver la película que ya va a empezar.

Me doy la vuelta en sus brazos y justo empieza la película. No entiendo muy bien que ha querido decir Edward. Yo creo que si lo conozco pero igual estoy equivocada y no lo conozco en absoluto. Quizá no sepa muy bien a qué se dedica, ni como es con sus amigos o su familia. Nunca lo he visto en su entorno, pero lo he visto en el mío y es como cualquier otro hombre de su edad. Es divertido, inteligente, amable y cariñoso… con eso me basta, de momento, aunque sí que me gustaría ver cómo se comporta en su trabajo o con su familia. Eso será difícil, pero supongo que no cambiará demasiado de cómo es conmigo.

Qué no se el dinero que gana, ¿qué más da el dinero que gane? A mí lo que me importa es su cariño… Qué eso es nuevo para él, ¿quiere decir que todas sus relaciones han sido por el dinero? Me parece una idea bastante triste, pues ¿de qué sirve el dinero si no tiene amor?

Me acurruco aún más entre sus brazos mientras él sigue acariciándome. Quizá esa es la manera de llegar hasta Edward, demostrarle que no todo es el dinero, que no puede comprar todo y mucho menos el amor.

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Los amito mucho…

Locura realizada…

Cambio y fuera…

By:antoCullen::

Jane…