Disclaimer: Los personajes son de S. Meyer la creadora de Twilight (Crepúsculo) La historia no es mía, es de la fabulosa María Bravo, yo leí el libro y me encanto la historia y quise hacer una adaptación de esta historia que ella creo. TODOS LOS DERECHOS SON DE ELLAS MENTES INCREIBLES….

Ahora sí, nos vemos en los muchos capítulos que esta hermosa autora creo y plasmo en papel.

Este capítulo es dedicado para todas quienes se dan el tiempo de comentar algo, gracias chica, claro que también para aquellas que son lectoras fantasma…

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=Capítulo 14=

Me despierto con el sol dándome en los ojos y poco a poco soy consciente de que estoy en la cama del hotel con Edward agarrado a mí por la cintura. Me giro despacio para no despertarle y le observo dormir. ¡Esta guapísimo! Tiene el pelo revuelto y una expresión serena en la cara.

Le acaricio su barba incipiente y noto como se revuelve y me aprieta más fuerte contra él ¡Vaya no soy la única que se ha despertado, está completamente desnudo!

Sonrió traviesa y decido aprovechar el momento. Bajo mi mano acariciando su cuerpo, sus pectorales, sus abdominales definidos… Él se mueve un poco girándose más hacia mí, y llevo mi mano a su trasero, le acaricio, bajo por su pierna y subo por el interior de su muslo.

Cuando llego a su miembro lo envuelvo entre mis dedos y la acaricio suavemente. Gime y cuando lo miro está abriendo los ojos, me mira fijamente mientras no dejo de acariciarle, le sonrió y él me devuelve una amplia sonrisa.

- Buenos días Bella – me dice con voz ronca.

- Muy buenos días Edward – le acaricio más fuerte y subo hasta sus labios para besarle.

-Estaba teniendo un bonito sueño, y mira por donde a veces los sueños se hacen realidad, ¡oh Bells! – jadea y me besa.

- Me alegro de cumplir tus sueños – le digo y de repente me tumba boca arriba y está encima de mí. Levanta mi camisón hasta mis caderas dejándome desnuda de cintura para abajo. Me besa con fuerza bajando su mano por mi cuerpo hasta el vértice de mis muslos, mete un dedo en mi interior y frota mi clítoris con la palma de su mano.

- Isabella ya estás mojada – mete un segundo dedo haciéndolos girar.

- ¡Oh Edward! Eso es culpa tuya – le digo jadeando.

-Me alegro – me besa y alarga su mano hasta coger un preservativo. Se sienta sobre sus talones mientras se lo pone, vuelve a tumbarse sobre mí y me penetra lentamente.

- ¡Ah, sí! – gimo y muerdo mi labio. Empieza a moverse, dentro fuera, dentro fuera y yo noto mi cuerpo acelerarse. Me besa y se arrodilla aun dentro de mí. Me levanta de las caderas dejándome apoyada sobre mis hombros y empieza un ritmo demoledor. ¡Madre mía! Esto va a ser rápido.

- Vamos cielo, noto como estás a punto – me dice mirándome a los ojos.

- No pares, ¡ah! – jadeo apretando mis piernas en sus caderas. Lleva su pulgar hasta mi clítoris y da vueltas haciendo que me vuelva loca.

-Sí, cariño. Córrete conmigo – acelera sus embestidas y me corro chillando su nombre - ¡Oh Bells! – se corre y cae encima de mí. Sale de mi interior y se tumba a mi lado. Me tiembla todo el cuerpo. Me giro y está mirándome con una sonrisa. Me acaricia la cara suavemente, se inclina y me besa.

-Eres muy especial para mi Isabella Swan – vuelve a besarme.

- Y tú eres tremendamente bueno dando los buenos días – sonrió y él estalla en carcajadas.

-¡Qué romántica señorita Swan! – me hace cosquillas en la cadera haciendo que me remueva en la cama. – Es hora de levantarse, tenemos que ir a casa de tu hermano.

- Es verdad. ¿Estás preparado para aguantar a mi sobrina? – me levanto y lo miro.

- Nada me apetece más. Dúchate tu primero si no llegaremos tarde – se ríe.

- De acuerdo – me inclino le doy un beso y me voy directa al baño. Dejo que el agua caliente caiga sobre mí, sin dejar de pensar en el hombre que hay ahí fuera.

"Eres muy especial para mí"

Repito esa frase en mi cabeza una y otra vez, intentando averiguar qué significa él para mí, y me asusta lo que siento. Esta derrumbado mis barreras a pasos agigantados, le estoy dejando entrar en mi mundo quizá demasiado rápido…pero no puedo evitarlo.

No quiero evitarlo. Quizá me equivoque, porque prácticamente no le conozco, pero es tan fácil estar con él. Mi cabeza es un torbellino de dudas e inseguridades, pero no estoy dispuesta a parar ahora.

Salgo a la habitación envuelta en el albornoz y la toalla en el pelo, Edward pasa a mi lado hacia el baño.

- Llama y pide el desayuno, salgo enseguida. – me besa la frente y cierra la puerta.

Llamo y pido un desayuno para dos. Me pongo unos vaqueros, una camiseta negra, y botines. Cuando empiezo a cepillarme el pelo Edward sale del baño con una toalla atada a la altura de sus caderas, se ha afeitado y todavía caen gotas de agua por su cuerpo. Va hacia el armario, saca unos vaqueros y una camisa blanca, se quita la toalla y me la lanza. Lo miro boquiabierta y observo su perfecto cuerpo desnudo. Se ríe haciéndome reír a mí y llaman a la puerta.

- ¿Puedes abrir? – se acerca hacia donde estoy con unos bóxer en la mano se inclina y me besa – Iría yo, pero igual se sorprenden un poco.

- No veo por qué – me rio y salgo hacia el salón. Abro la puerta y me encuentro con una camarera guapísima, rubia, con unos ojos verdes que te hacen perderte en ellos.

-Buenos días, traigo el desayuno – me dice sonriente.

- Claro, pase. Déjelo sobre la mesa – me aparto para dejarla entrar y él hace su aparición en el salón.

- Buenos días – le dice a la camarera. Se acerca hasta su cartera y le da una propina.

-Muchas gracias señor Cullen – le dice completamente roja y tartamudeando. Se da media vuelta y me mira con mala cara al pasar a mi lado, cierra la puerta despacio.

-Apuesto a que le hubiera encantado que le abrieras tú la puerta – digo sentándome a la mesa.

- No seas tonta – se sienta a mi lado y coge mi mano dándome un suave apretón.

- Edward cualquier mujer con ojos en la cara estaría encantada de estar en mi lugar, te lo aseguro – pongo mis ojos en blanco y me sirvo un café con leche.

- Bueno, pues aprovecha que eres tu quien está y que yo no quiero que otra esté en ese lugar – dice untando mantequilla en una tostada.

- ¿Por qué? Me refiero a que ves en mi – ese es otro de mis problemas. Está claro que podría tener a cualquier mujer como las que vi en las fotos de internet - ¿Por qué yo Edward? - me mira y se ríe.

-¿Por qué? Porque eres una mujer muy guapa Bella, además eres inteligente, elegante, divertida… tienes todo lo que cualquier hombre pueda desear– da un sorbo a su café y me observa.

- Gracias – le sonrió y continúo con mi desayuno…

.-.-.-.-.-.

Llegamos a casa de mi hermano y me doy cuenta de que estoy temblando. Edward me para antes de llamar al timbre y me besa intensamente en plena calle. Sé que lo ha hecho para hacer que me tranquilice, pero no ha servido de mucho.

Mi hermano nos abre y cuando llegamos a su piso mi sobrina sale disparada lanzándose en mis brazos.

-¡Hola princesa! – le abrazo fuerte pero con cuidado de no darle en el brazo.

- ¡Hola tía! Pensaba que ya no venias – se gira y mira hacia Edward - ¡Ken! – chilla señalándolo. ¡Oh dios mío! Aún sigue con lo de Ken. Él la mira con los ojos como platos y yo empiezo a reírme a carcajadas.

- Irina, se llama Edward. ¿Le das un beso? – la bajo al suelo y ella lo mira de arriba abajo. Edward se agacha hasta llegar a su altura y ella corre a abrazarlo.

- ¡Vaya, estás muy guapa con esa escayola! – le dice él acariciando su cabecita.

- Si, os he dejado un huequito para que pongáis vuestro nombre – señala en la escayola rosa dos huecos y Edward se echa a reír.

- Ahora mismo lo pongo – se levanta y Irina le coge de la mano. Le gusta. – Buenas tardes – le dice Edward a mi hermano.

-Buenas tardes señor Cullen – dice Garrett extendiendo su mano hacia él.

- Por favor, llámame Edward – sonríe mientras se dan la mano.

- Vale perdona, es la costumbre. Pasar, Kate está en la cocina. – mi hermano se aparta para dejarnos pasar y Irina viene corriendo a mi lado.

-Hola Kate – saludo a mi cuñada que sale a recibirnos.

- Hola guapa – me da dos besos y se gira hacia Edward– Hola Edward…

-Hola, he traído una botella de vino blanco, Bella me ha dicho que te encanta – Le da la botella que se ha empeñado en comprar en el hotel.

- Muchas gracias – ella la coge y la guarda en la nevera – Sentaros por favor – pasamos al comedor y Edward se sienta a mi lado en el sofá. Mi sobrina se sube en mis piernas y lo observa.

-Bueno peque, ¿y tú cómo estás? – le digo haciéndole cosquillas.

- Bien ya no me pica porque es rosa – sonríe.

-Claro – la abrazo y miro a Edward que está sonriendo.

- Bueno, ¿Cómo van las oficinas? – le pregunta mi hermano.

- Bien, parece que todo está claro ya. De momento seguimos en una alquilada para poder trabajar hasta que estén terminadas las nuevas y pueda trasladar a todo el equipo – mi hermano asiente en respuesta.

- Perfecto. Estará bien tener a alguien más por allí, ahora está muy vacío. – Garrett se ríe y me mira. Kate llega con unos canapés. Dejo a Irina en el sillón y voy a ayudarla.

- ¿Qué queréis beber? – nos pregunta

- Yo cerveza, si puede ser – dice Edward.

- Claro, ¿tu amor?

- Cerveza también.

- Yo también así que creo que todos lo mismo – le digo a Irina, miro a Edward un segundo y la acompaño a la cocina.

- Bueno que, ¿Me vas a contar de qué va esto? – me dice nada más llegar a la cocina.

- ¿De qué va el qué? Solo somos amigos Kate. – abro la nevera para que el frescor me dé en la cara mientras saco las cervezas.

-Venga ya Bella. Solo hay que ver como os miráis para saber que hay algo entre los dos – se apoya con la cadera en el banco y me mira dispuesta a sacarme información.

- Bueno, algo hay, pero no sé si quiero algo más. Él es un hombre al que no le van las relaciones serias ni nada por el estilo…

- ¿Ah no, y que hace aquí si no busca una relación contigo? – me dice sacando las copas del armario.

- Bueno él quiso acompañarme, aunque ya le dije que no era buena idea – Justo lo que creía, ahora pensaran que somos una pareja seria.

- Bella, a veces pareces tonta. Está claro que ese chico no busca un rollito más, por lo menos contigo.

- Bueno, yo no lo veo así, con lo que te pediría por favor que no le comentes a mis padres que he estado aquí con él – sería el colmo que mi madre se enterara.

- De acuerdo, pero tiempo al tiempo – sonríe y me da un beso en la mejilla cuando pasa por mi lado hacia el salón. Cuando llego no puedo creer lo que estoy viendo.

Mi sobrina está sentada sobre las rodillas de Edward, que está rodeado de miles de rotuladores de colores pintando en la escayola. Le dice algo a Irina y esta se ríe a carcajadas.

Edward levanta la vista y me ve parada en la puerta del salón con las copas en la mano, me sonríe y sigue pintando. Vuelvo a recuperar la noción del tiempo y dejando las copas en la mesita del centro me siento en mi sitio de nuevo.

- Bella al final, ¿cuándo te van a dar vacaciones? – me pregunta mi cuñada abriendo las botellas.

-Pues se supone que empezare la segunda quincena de noviembre. Tengo casi un mes y medio entre vacaciones y horas – bebo de mi copa y miro a mi hermano que observa a Edward detenidamente.

- ¡Qué bien, tendrás las navidades! – dice Kate.

- Eso espero, pero hasta que no esté de vacaciones no quiero pensarlo.

- ¡Tía mira, Edward me ha dibujado un caballo! – dice mi sobrina que salta de las rodillas de Edward y viene corriendo hacia mí.

- ¡Madre mía, que bonito! – miro a Edward que nos mira riéndose.

-Ahora tienes que firmar tú. ¿Me dibujas una estrella? – coge los rotuladores y me los pasa.

- Claro – la siento en mis rodillas y me pongo a ello.

- Daros prisa que la comida ya está lista – dice su madre levantándose a la cocina. Le dibujo una estrella y pongo mi nombre dentro. Kate sale con los canelones y nos hace sentarnos a todos en la mesa. Irina se empeña en sentarse a mi lado, como siempre, y nos hace reír durante toda la comida. Hablamos como si fuéramos un grupo de amigos que se reúne un domingo a comer. Veo que Edward se divierte y como él y mi hermano se caen bien enseguida.

-Kate estaba todo buenísimo. Muchas gracias por la invitación – dice Edward cuando nos levantamos para irnos.

- Gracias a vosotros por venir. Lo hemos pasado genial – dice ella cogida del brazo de mi hermano.

- A ver si la próxima salimos por ahí todos juntos – dice Garrett.

-Cuando queráis, por mi encantado – Edward me coge de la cintura, pero yo me separo y me agacho a despedirme de mi sobrina.

- Bueno peque, cuídate mucho y pórtate bien – le digo y ella me abraza fuerte.

-Si tía ¿Edward es tu novio? – me dice al oído haciéndome reír.

- No cariño, es solo un amigo – se separa y me mira con el ceño fruncido.

- Pues a mí me gusta, yo quiero que sea tu novio – levanto la cara y veo como Edward, mi hermano y mi cuñada se están aguantando la risa.

- Bueno cielo nos tenemos que ir – le doy un beso y me levanto.

- Adiós princesa – Edward se agacha y Irina se lanza a sus brazos abrazándole.

- Adiós Edward, y yo sí que quiero que seas el novio de la tía Bella – Edward estalla en carcajadas haciéndonos reír a todos. ¡Esta niña es de lo que no hay!

- Gracias, veré que puedo hacer – se levanta y lo miro boquiabierta. Mi hermano se ríe y Edward le devuelve la sonrisa. ¿De qué van estos dos?

- Bueno vamos hablando – me despido y Edward lo hace después. Cuando llegamos a la calle me acerco para darle un beso a Edward, pero él me para y me mira.

-¿Qué pasa? – le pregunto y veo como está apretando la mandíbula.

- Dímelo tu – frunce el ceño y me observa – He intentado acercarme a ti y no me has dejado en toda la comida.

- Edward ya te lo dije, no quiero que piensen cosas que no son – me acerco y le acaricio la mejilla, me coge de la cintura se inclina y me besa intensamente.

- Por primera vez no me importa lo que piensen los demás – dice hundiendo su cara en mi cuello – Vamos se ha hecho tarde – se separa y me coge de la mano hasta el coche.

Llegamos en silencio al hotel, me duele la cabeza de tanto darle vueltas a las cosas. Este fin de semana ha sido intenso y revelador, he descubierto muchas cosas acerca de Edward. No sé si yo también veo cosas donde no las hay o si realmente él está empezando a sentir algo por mí.

Estoy metiendo mis cosas en la maleta cuando llega hasta mí y me abraza por la espalda. Me besa en el cuello haciendo que mi cuerpo se estremezca.

- Lo he pasado muy bien este fin de semana – me gira en sus brazos y clava sus ojos azules en mi – Ojala pudieras quedarte.

- Ojala, pero tengo que prepararme las cosas para la semana. No he pasado por casa ni cinco minutos– me río y lo abrazo.

- Esta semana va a ser un no parar, pero en cuanto pueda quiero verte.

-Claro, avísame cuando puedas y nos vemos – levanto mi cara y le beso.

- Te acompañaré, Edward vendrá con su coche y yo volveré con él – coge mi maleta y tira de mi mano.

-No hace falta Edward. Me voy con mi coche y cuando llegue te aviso – se gira y me mira levantando la ceja y sé que no hay discusión posible – Está bien, vámonos.

Aparco en el garaje y subimos al portal. Me dejo envolver en sus brazos y siento que lo voy a echar mucho de menos.

- Te echaré de menos – dice apretándome contra él.

- Yo también.

- Eso espero – se ríe y me besa – Descansa Bella.

- Y tú – sonríe y se dirige a la puerta. Veo como un coche negro para en doble fila, es Edward.

- Resérvame tus besos – me guiña el ojo sonriendo y se va.

Subo a casa como en una nube. Llego hasta mi habitación y me desplomo en la cama. ¿Será siempre así? Una sonrisa se instala en mi cara y sé que va a ser difícil quitarla de ahí ¡Me encanta este hombre!

.-.-.-.-

El lunes parece no terminar nunca. He tenido dos reuniones esta mañana y ahora estoy terminando de preparar unos informes. Suena mi móvil y veo la cara de Rosalie en la pantalla, lo que me hace sonreír.

- ¡Hola! – le digo.

- ¡Hola! ¿Qué tal todo?

-Bien, estoy aun en la oficina terminando unos informes pero me faltan diez minutos para irme a casa, ¿tú qué tal?

- Bien, estaba pensando, si no tienes otros planes, si te apetecería cenar con tu mejor amiga y así hablamos – me dice en tono de súplica haciéndome reír.

- Pues claro que me encantaría cenar y hablar con mi mejor amiga.

- Bien ¿Cómo quedamos?

- ¿Qué te parece si vienes a casa y pedimos algo?– lo que menos me apetece hoy es ponerme a cocinar.

- Por mi perfecto, a las ocho y media estoy en tu casa, ¿vale?

- Muy bien, luego nos vemos. Voy a ver si termino de una vez – le digo mientras sigo archivando papeles.

- ¡Dile a tu jefe que no te explote más! Hasta luego – se ríe y me cuelga. Tengo ganas de verla y contarle qué tal va todo con Edward, quizá su opinión me sirva para aclararme un poco y ver las cosas desde otro punto de vista. Hoy Edward solo me ha mandado un mensaje para decirme que esta noche me llamará, que está ultimando detalles para la inauguración de las nuevas oficinas, y que me echa de menos… Yo también lo echo de menos a él, más de lo que esperaba y no dejo de sentir miedo a lo que siento.

Termino con los informes, recojo mis cosas y salgo por fin de trabajar. Llego a casa, me ducho y directamente me pongo el pijama. Pongo una lavadora, plancho otra y justo cuando estoy guardándola suena mi móvil, es Edward.

- Hola – contesto y me tumbo en el sofá con una sonrisa en la cara.

- Hola. ¿Cómo ha ido el día? – le noto cansado.

-Bien, ha sido un día largo y ahora estoy esperando a Ros que viene a cenar.

-¡Ah muy bien! Salúdala de mi parte. Bella ¿mañana vas a acompañarme a ver los pisos? – me pregunta y escucho a un hombre que le pide en ingles que se dé prisa.

-Si claro, ya te dije que no había problema. ¿Cómo quedamos? – ¡Madre mía, me había olvidado!

-¿Te recojo a las seis y media en tu casa? Un momento Bells – oigo como le dice enfadado a alguien que esperen en inglés. ¡Vaya! Nunca había escuchado a Edward enfadado – Ya está, ¿te va bien a esa hora? – me dice en un tono completamente diferente.

- Si, por mí no hay problema.

- ¿Qué te pasa? No estás muy habladora – me dice y sé que está sonriendo.

- Bueno he escuchado como te decían que te dieras prisa así que supongo que estas ocupado y no quiero molestar.

-Tú nunca molestas y necesitaba oírte. ¿Estás bien? – lo dice un tono tan cálido que me hace sentirme especial con solo escucharlo.

-Sí, aunque te he echado de menos – lo oigo suspirar al otro lado.

- Yo también Bella, más de lo que te imaginas. Tengo que seguir con esto, si no, no acabaré hoy. Si termino pronto te llamo, ¿de acuerdo?

- Claro, si no mañana hablamos. Un beso – podría estar oyendo su voz todo el día.

-Resérvame los tuyos – me dice haciendo que sonría.

- Lo haré. Hasta luego – y cuelgo.

Definitivamente este hombre va a acabar conmigo. El timbre suena devolviéndome al aquí y ahora. Voy hasta la puerta y veo a Ros que levanta una botella de vino a la cámara. Le abro y espero a que llegue el ascensor - ¡Hola! – viene hasta mí y me abraza.

- Hola – le digo riéndome – Pasa y vamos a probar ese vino – me río y entramos en casa.

-A ver qué te vea – me mira de arriba abajo mientras doy una vuelta sobre mi misma riéndome– Si, estás distinta.

- ¿Pero qué dices? – me río a carcajadas y ella rompe a reír también – Anda, elige que cenamos, yo voy a ir abriendo el vino – le paso los folletos de comida y voy a la cocina a por las copas y el abridor. Nos sentamos en el sofá y nos decidimos por comida tailandesa.

- Bueno que, cuéntamelo todo – me pasa mi copa de vino y me mira fijamente.

- ¡Ay, Ros, es mejor de lo que pensaba! Es tan intenso y tan tierno a la vez…

- Vamos lo que viene siendo un buen polvo de toda la vida – me dice riéndose.

- ¡Joder Rosalie! Tu siempre tan romántica – me río – Y no fue solo un polvo – la miro de reojo satisfecha.

- Te has tirado todo un fin de semana encerrada en un hotel con él, supongo que no estarías haciendo punto de cruz – a las dos nos entra la risa y terminamos riendo a carcajadas.

- Bueno, después de hablar con él el viernes, pase la noche con él. El sábado nos fuimos a comer por ahí, y ayer comimos en casa de mi hermano.

- ¿Qué, como que comisteis en casa de tu hermano? – me dice a punto de escupir el vino.

- Pues eso, le dije a Edward que yo tenía que ir para ver a mi sobrina, y él me pidió acompañarme, por lo que no me pude negar. – Llaman a la puerta y voy a abrir. Es la cena.

-Bells, ¿no crees que estáis yendo un poco deprisa? – me dice mientras nos sentamos en los taburetes de la isla de la cocina.

- ¿Qué? ¡No me puedo creer que tú me digas eso!

- Bueno a ver, una cosa es que tú te dejes llevar, pero meter a la familia de por medio…

- ¿Y qué quieres que haga? Él se empeñó en venir, incluso se enfadó porque en casa de mi hermano no le dejé acercarse a mí – la miro y está sonriendo - ¿Qué te hace tanta gracia?

- Vosotros, bueno tú más que él.

- ¿Ah sí? ¿Y se puede saber por qué? Yo no le veo la gracia.

- Te estás enamorando de Edward, Bells– me dice tranquilamente.

- Es muy pronto para eso, pero sí que me gusta muchísimo. Además, se me ha olvidado comentarte un pequeño detalle, Edward no tiene relaciones serias.

- ¿Cómo, que quieres decir?

- Lo que oyes. Le pregunte si la última relación que tuvo fue una relación seria, formal, y él me dijo que no tenía relaciones formales – sigo comiendo porque no quiero pensar mucho en ello.

- Oh, eso no me lo esperaba.

- Pues ya ves, por eso no quiero encariñarme con él. Sé que esto tiene fecha de caducidad, y no pienso volver a pasarlo mal – lo digo decidida aunque en el fondo sé que ya podría hacerme daño.

- Bueno, tiempo al tiempo supongo – levanta su copa hacia mí - ¡Por el fin de dos años de sequía! – dice brindando y haciéndome reír. Cuando Ros se va me tumbo en la cama, cojo mi móvil y decido mandarle un mensaje a Edward, supongo que envalentonada por el vino.

"Mi cama está vacía sin ti"

No sé si estará despierto, si seguirá en las oficinas o seguramente en una cena de negocios. Tiene una vida tan ajetreada que es difícil seguirle el ritmo. Como no me contesta decido prepararme la ropa para mañana. Voy al baño, me lavo los dientes, me cepillo el pelo y pongo el despertador. Me tumbo en la cama inquieta, enciendo la luz de la mesita y decido leer un rato para ver si me entra el sueño. Unos veinte minutos más tarde llaman a la puerta.

Me levanto asustada y voy corriendo abrir, han llamado aquí arriba con lo que abro directamente y lo que encuentro me deja totalmente paralizada. Edward está delante de mí con un traje de chaqueta gris oscuro, con la corbata aflojada y una mirada intensa.

- Edward…

Y no me da tiempo a decir nada más. Directamente me besa y me estrecha entre sus brazos. Sabe a whisky o algún licor fuerte, que en su boca resulta adictivo.

Sus manos recorren mi cuerpo hasta mi trasero y yo enredo las mías alrededor de su cuello. Me levanta haciendo que enrosque mis piernas en sus caderas y cierra la puerta de una patada.

Me lleva sin parar de besarme hasta mi habitación, enciende la luz y lentamente me baja por su cuerpo. Se separa y me mira como nunca antes me ha mirado.

Me acerco y le quito la chaqueta lentamente, la corbata, los gemelos y la camisa. Recorro su torso desnudo con mis manos mientras que la ropa ha quedado tirada por el suelo.

Ninguno dice nada, solo nos miramos y sé que algo ha pasado. Lo noto en su forma de mirarme, en su forma de besarme… pero no sé qué es. Solo puedo dejar que sea él quien me guíe en lo que necesita. Me coge el bajo de la camiseta, me la saca por la cabeza y acaricia mis pechos desnudos haciéndome gemir.

Tira de mis pantalones pegándome más a él y su boca busca la mía. Me baja el pantalón junto con el tanga y separándose de nuevo me observa completamente desnuda. Sus manos recorren mis pechos, mi cintura y al llegar a mi cadera me aprieta.

- Te necesito – me dice en un susurro.

-Oh, Edward – le beso apretándole contra mí. Intentando que comprenda que estoy aquí para él. Le desnudo por completo, me coge en brazos y me lleva hasta la cama. Se tumba sobre mí y sus labios recorren mi barbilla, mi cuello, mis pechos, mi cintura y directamente me besa en el vértice de mis muslos. Acaricio su pelo atrayéndole hacia mí, y chillo en respuesta a la magia que obran sus labios y su lengua.

Introduce dos dedos en mi interior y los gira a la vez que su lengua rueda sobre mi clítoris. ¡Es una sensación maravillosa!

- ¡Ah! Edward… voy a correrme – levanto mis caderas pero vuelve a sujetarme para que no me mueva, y continua implacable haciendo que mi cuerpo se eleve cada vez más. Arqueo la espalda y me corro gritando su nombre. Sube hasta mis labios sin dejar de acariciar mi cuerpo y me besa dulcemente. Noto mi sabor en su boca. Lo empujo para tumbarlo a mi lado y me siento a horcajadas sobre él.

Lo miro desde arriba y sonríe. Hago resbalar su miembro por mi humedad y lo veo apretar la mandíbula para contenerse.

- Bella… - aprieta mis caderas frenándome.

- Tomo la píldora y estoy sana – me inclino hacia él que suspira en respuesta a lo que he dicho.

-Yo también lo estoy – sonríe y me besa. Me levanto sobre mis rodillas y lo miro a los ojos mientras lo acerco hasta mi entrada - ¿Estás segura?

- Si… - y lo hundo en mi interior.

-¡Joder Bella! – sus manos me aprietan las caderas para mantenerme quieta donde estoy.

Tiene los ojos y la mandíbula apretados. Poco a poco afloja su agarre y empiezo a moverme.

- ¡Oh dios mío! – gimo mientras giro mis caderas haciendo que entre y salga de mí. Noto como entra hasta dentro, mis fluidos resbalándose por mis muslos y los jadeos de Edward hacen que mi cuerpo se acelere. Edward se sienta haciendo que quedemos frente a frente, me agarra de la nuca y tira para echarme la cabeza hacia atrás, besa mi cuello y sus dedos se enredan en mi pelo.

Nos miramos a los ojos sin dejar de movernos y noto como se aferra a mí, como si me utilizara para salvarse, pero ¿salvarse de qué?

- Vamos cielo, córrete conmigo – me dice sin dejar de movernos.

- Si… – balbuceo. Le beso y noto como mi cuerpo empieza a temblar a la espera del orgasmo que se está formando en mi interior.

- ¡Oh Isabella! – y ya no puedo evitarlo.

- ¡Edward, oh, Edward! – me corro hundiendo mi cara en su cuello y gritando su nombre sin parar.

- I...isabella… - y llega conmigo. Noto como se corre en mi interior, abrazándose a mí. Poco a poco me tumba con él pero sin separar nuestra unión. Apoyo mi cabeza en su pecho y dejo que mi cuerpo vuelva a la normalidad. ¡Madre mía, ha sido genial!

Edward acaricia mi espalda arriba y abajo, oigo como su corazón poco a poco se ralentiza. Levanto la cabeza y lo miro, me está mirando con una sonrisa en los labios pero con una mirada triste. ¿Qué le pasa? Sale poco a poco de mí y me tumba a su lado. Me besa la cabeza y me aprieta entre sus brazos.

-¿Qué pasa Edward? – levanto la cabeza para mirarle.

- Nada, solo te echaba de menos. Ha sido un mal día, solo es eso – y otra vez está ahí esa triste sonrisa.

- Yo también te necesito – le digo recordando sus palabras de antes. Se acerca y me besa. Me acaricia la mejilla y se levanta a por la caja de pañuelos de la cómoda.

- Déjame – separa mis piernas y me limpia. Va al baño y cuando sale observo su espléndido cuerpo. Se tumba a mi lado y yo me acurruco entre sus brazos.

- Quédate a dormir – le digo acariciando su pecho.

- De acuerdo – me aprieta contra él y me besa.

-Si necesitas hablar sabes que puedes contar conmigo para lo que sea – levanto la cara y lo miro. Sé que no va a contarme nada.

- Lo sé – me acaricia la mejilla y suspira – Ahora duérmete – vuelve a besarme y acomodándome en su pecho me adentro en mis sueños.

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Adelanto del capítulo siguiente:

-Buenos días señorita Swan– Edward ladea la cabeza y me observa. No soy capaz de reaccionar y veo como frunce el ceño. Oigo carraspear a Aro a mi lado que me devuelve a la realidad.

-Isabella, te presento al señor Edward Anthony Cullen– señala hacia Edward y yo lo miro estupefacta ¡Tengo que reaccionar!...

- Buenos días – digo en un hilo de voz, alargo mi mano hasta él que sonríe al estrechármela.

Nuestros ojos no son capaces de separarse…

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¿Qué tal? ¿Bueno? ¿Malo? ¿Los Vulturis?

Resérvenme sus Besos y comentarios :-*

Los amito mucho…

Locura realizada…

Cambio y fuera…

By:antoCullen::

Jane…