Disclaimer: Los personajes son de S. Meyer la creadora de Twilight (Crepúsculo) La historia no es mía, es de la fabulosa María Bravo, yo leí el libro y me encanto la historia y quise hacer una adaptación de esta historia que ella creo. TODOS LOS DERECHOS SON DE ELLAS MENTES INCREIBLES….
Ahora sí, nos vemos en los muchos capítulos que esta hermosa autora creo y plasmo en papel.
Este capítulo es dedicado para todas quienes se dan el tiempo de comentar algo Adriu, CorimarCautela, Yoliki gracias chicas, claro que también para aquellas que son lectoras fantasma…
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=Capítulo 15=
- Bells despierta – escucho un susurro en mi oído – Bella cariño – noto unos labios sobre los míos y abro los ojos. Edward me mira con una espléndida sonrisa.
- ¿Qué pasa? ¿Qué hora es? – le digo asustada.- Tranquila, solo son las cinco y media – me acaricia la mejilla se inclina y me besa - ¿Tienes idea de lo guapa que estás en estos momentos? – vuelve a besarme.
- ¿Dónde vas? Es muy pronto todavía – lo abrazo para no dejarlo ir y empieza a reír a carcajadas.
- Tengo una reunión a las siete y tengo que pasar por el hotel a cambiarme. No quería irme sin despedirme – me besa en el cuello haciéndome cosquillas.
- Me alegro de que no lo hayas hecho, me hubiera enfadado muchísimo – le acaricio la mejilla y el cierra los ojos al contacto de mis dedos - ¿Estás mejor? – abre los ojos y sonríe.
-Contigo todo se vuelve mejor - ¡Vaya, no esperaba oírle decir eso!
- Quédate – le sonrío y me siento para estar frente a frente.
- No puedo, y tú tampoco, tienes que trabajar.
-Está bien – hago un puchero y vuelve a mostrarme su hermosa sonrisa.
-Te llamo a medio día – se acerca y me besa, levanto mis manos hasta su pelo y profundizo en su boca. Gimo contra sus labios pero él se separa riendo – Me voy.
- ¿No quieres desayunar? – niega con la cabeza - Espera te acompaño hasta la puerta – me levanto cojo mis pantalones y mi camiseta, que supongo que Edward ha dejado en la silla, me los pongo y lo acompaño hasta la puerta.
- Bella – me coge de la mano y me gira para que lo mire – Siento haber aparecido anoche así.
- Edward, no te disculpes. Me encantó que vinieras.
- Solo fue un mal día, no tienes que preocuparte – me da un suave beso en los labios y pasa su pulgar por mi labio inferior.
- Está bien, llámame luego – tira de mi mano hacia él y me abraza. Levanto mi cara hacia él y dejo que me bese.
- Hasta luego – sonríe y sale hacia el ascensor. Observo como sube y me lanza un beso justo antes de cerrarse las puertas. Cierro la puerta y voy arrastrándome hasta la cocina a prepararme un café bien cargado. Tengo tiempo de sobra por lo que me siento a desayunar tranquila. Vienen a mi mente imágenes de la noche anterior, sus caricias, su manera de hacerme el amor, sentirlo en mi interior sin barreras, sus palabras…
"Te necesito"
"Contigo todo se vuelve mejor"
No es la primera vez que me dice algo así, pero escucharlo es tan reconfortante. Aunque sé que algo le había pasado, nunca había visto esa expresión en su mirada, parecía tan… derrotado. Esta mañana ya parecía el mismo, pero aun así algo ha cambiado y quiero saber qué es. Yo fui sincera con él al contarle mi historia con Sam. ¿Por qué no puede hacer él lo mismo? Igual se está arrepintiendo de todo esto y no sabe cómo pararlo. No, eso no, si no, no hubiera venido y mucho menos me hubiera dicho que me necesita, no tiene sentido.
Esta tarde intentaré hablar con él. Me pidió que siempre fuera sincera, pues yo quiero lo mismo. ¿Qué no tengo que preocuparme? ¡Claro que me preocupo! No quiero verlo así y no saber qué pasa, no puedo.
Tengo un nudo de sentimientos encontrados. Por una parte me dolió verlo así, verlo sufrir, porque estoy segura de que lo que sentía era dolor, y por otro lado estoy feliz, siento que he pasado una noche fantástica en sus brazos cuando no esperaba verlo, y que de alguna manera conseguí calmarle. Me gusta que haya recurrido a mi cuando lo ha necesitado.
Miro el reloj ¡las seis y media! Dejo la taza en el lavavajillas, y me meto corriendo en la ducha. Salgo, me seco el pelo, me maquillo y me visto. Son las siete y media cuando salgo de casa.
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-Buenos días Bella ¿ese traje es nuevo? Te sienta de maravilla – me dice Jake, el vigilante, cuando me ve entrar corriendo en el trabajo.
-Sí, lo es – sonrió y subo corriendo por las escaleras – Buenos días – saludo a Sonia que está esperándome en mi mesa.
- Bella han llegado ya los folletos de la nueva campaña de publicidad, y Aro me ha pedido que pasaras a la sala de reuniones en cuanto llegaras. Se trata de un nuevo contrato y por lo que se ve es de los importantes – me dice nerviosa.
- Sonia, tranquilízate. Luego revisare los folletos. ¿Me preparas un café? Siento pedírtelo pero tengo que enviar unos correos antes de ir a la sala de reuniones.
- Claro, no te preocupes – sale disparada hacia la sala de descanso. No me gusta pedirle que me haga un café pero hoy no tengo más remedio. Me siento en mi mesa y empiezo a enviar varios correos pendientes.
- Aquí lo tienes – deja un café con un posavasos en mi mesa sonriendo.
-Muchísimas gracias – vuelvo la vista al ordenador y termino de enviar todo. Me bebo el café, voy hacia la sala de reuniones, observo mi reflejo en el cristal y llamo a la puerta.
-Adelante – escucho la voz de Aro al otro lado.
- Buenos días – me giro hacia la sala y ahí está él, el hombre que ocupa mis pensamientos, Edward Cullen. Se levanta de su silla mirándome directamente a los ojos, sonríe y camina hacia mí. El otro hombre que está a su lado se levanta también me mira y asiente. Tendrá unos cuarenta años, es alto aunque no tanto como Edward, rubio, con los ojos verdes y atractivo, pero al lado de Edward no llama realmente la atención. Me he quedado clavada en mi sitio. No sé si tengo la boca abierta de par en par o si ni siquiera la he abierto.
-Buenos días señorita Swan – Edward ladea la cabeza y me observa. No soy capaz de reaccionar y veo como frunce el ceño. Oigo carraspear a Aro a mi lado que me devuelve a la realidad.
-Bella, te presento al señor Edward Cullen– señala hacia Edward y yo lo miro estupefacta ¡Tengo que reaccionar!
- Buenos días – digo en un hilo de voz, alargo mi mano hasta él que sonríe al estrechármela. Nuestros ojos no son capaces de separarse.
- Y él es el señor Smith – dice mi jefe.
- Encantada de conocerle – tiro de mi mano que continúa atrapada entre los dedos de Edward y estrecho la del señor Smith.
-Bien, hechas las presentaciones podemos sentarnos – Edward se coloca detrás de mí y pone su mano en mi espalda para dirigirme hacia la mesa, haciendo que un escalofrío recorra mi cuerpo. Retira una silla a su lado y me indica que me siente ¿De que coño va todo esto?
- Bella, el señor Cullen está montando una de las sedes de sus oficinas aquí en Seattle. Quiere hacer una fiesta de inauguración dentro de dos semanas y nos ha pedido que seamos nosotros quienes llevemos todo el tema de publicidad – dice Aro al que se le ve emocionado con la idea.
-Vimos el trabajo que hizo usted en la inauguración del hotel Twilight y creemos que fue un trabajo extraordinario – me dice el tal Smith sonriendo. ¡Tiene que ser una broma! No puedo creerme que esto esté pasándome y que encima Edward no me haya dicho nada.
-Bella, quieren que seas tú quien dirija esta campaña – Aro me sonríe como si me acabara de tocar la lotería de Navidad. Respiro hondo y me centro en lo que estoy escuchando.
- Aro, eso es imposible y lo sabes. Es muy poco tiempo – miro hacia Aro que me mira sorprendido – La fiesta del hotel se organizó con dos meses de antelación, y aun así nos tocó correr al final.
-Dispondrá de todo lo que necesite – dice mirándome a los ojos.
-Señor Cullen, no se trata solo de eso, es por tiempo más que nada.
- Tutéeme por favor.
- Solo si tú lo haces, Anthony– lo miro muy seria y sonríe.
- Llámame Edward ¿puedo llamarte Bella? – sonríe de medio lado y luego muerde su labio inferior.
- Por supuesto - ¡Será cabrón, está disfrutando con todo esto!
- Bien, Bella. Sé que puedes hacerlo, dispondrás de un equipo a tu cargo que harán todo los que les pidas en el tiempo que quieras – me pasa un dossier– Ahí tienes el presupuesto. No está cerrado, si necesitas más no tienes más que pedirlo.
- No sé, es muy poco tiempo – abro la carpeta y mis ojos se abren de par en par. Lo miro, miro a mi jefe, al señor Smith y vuelvo a mirarlo a él. ¡Madre mía, es casi como si me dieran carta blanca!
-¿Será suficiente? Ahí está detallado lo que queremos que se haga, pero serás tú quien se encargue de cómo hacerlo – me sonríe y no puedo evitar sonreírle de vuelta.
-Bella, estoy seguro de que podrás hacerlo – dice Aro a mi espalda.
-Aro será muy complicado encontrar proveedores con tan poco tiempo – Es una oportunidad para mí, pero también sé que es una auténtica locura ¿es que nadie se da cuenta?
- ¿Me permiten hablar un momento a solas con la señorita Swan? – dice él mirando a mi jefe y al señor Smith. Lo miro estupefacta. ¿Qué pretende?
- Por supuesto – el señor Smith se levanta y mira a mi jefe.
- No es necesario Edward– le digo en un susurro.
- Esperaremos fuera –Aro me mira entornando los ojos como advirtiéndome para que no rechace la propuesta. Él y el señor Smith se dirigen a la puerta cerrándola al salir. Me giro y Edward me está mirando fijamente.
-¿Qué pasa Bella? – me coge de la mano dándome un suave apretón.
-¿Qué, que pasa? ¡No sé, dímelo tú! ¿Podrías haber tenido el detalle de informarme de esto, no crees? - Ahora estoy enfadada. No sé qué es lo que pretende con todo esto.
- Bella, mi socio acaba de dar el visto bueno esta mañana, no podía decirte nada sin estar seguro.
- ¡Oh, Dios mío! – me cojo la cabeza entre mis manos sin saber qué hacer.
- Bella mírame – me aparta las manos y las coge entre las suyas – Sé que eres buena en tu trabajo, y sé que serás capaz de hacerlo. Yo te ayudaré – me coge de la mandíbula entre el pulgar y el índice obligándome a mirarle.
- Edward, de verdad que es poco tiempo. No quiero que esto salga mal. – me mira y sonríe.
- No va a salir mal. ¡Vas a hacerlo genial! Sabes que es una oportunidad que no puedes dejar pasar.
- Lo sé. Sé que sería muy bueno para mí, para mi carrera, pero no quiero decepcionarte – le miro haciendo una mueca y él me acaricia la cara.
- Tú nunca podrás decepcionarme. Di que sí – me pasa el pulgar por mi labio inferior haciéndome temblar. Me levanto y camino hacia la ventana, lo siento detrás de mí.
Tengo un nudo en el estómago por los nervios, noto como me sudan las manos y el corazón me bombea frenético en mi pecho, pero suspiro y casi sin pensarlo demasiado contesto…
-De acuerdo – cierro los ojos esperando no arrepentirme de esto.
- Mírame – me gira entra sus brazos y sonríe.
- Esto es una locura, ¿lo sabes no?
- Tú sí que eres una locura. Mi locura – se inclina para besarme pero lo paro a punto de rozar mis labios.
- Edward aquí no – me mira y se ríe a carcajadas.
- Oh si, señorita Swan, voy a besarla le guste o no – me río y me coge de la nuca – Te recuerdo que los tengo reservados – y me besa. Dejo que me estreche entre sus brazos y noto como mi cuerpo va calmándose poco a poco.
-Edward… - me separo respirando entrecortadamente.
- Está bien, lo siento. Vamos a dar la noticia – me coge de la mano y me lleva hasta la puerta. Antes de abrirla se gira hacia mí y me da un beso apasionado que hace que mis rodillas luchen por sostenerme en pie –Gracias – sonríe y abre la puerta.
Mi jefe y el señor Smith nos observan expectantes yo enderezo la espalda y sonrío en dirección a Aro.
- La señorita Swan ha aceptado – les dice Edward que parece encantado con la noticia.
-A pesar de que pienso que es una auténtica locura, lo haré. Solo espero estar a la altura.
- Bien señorita Swan. En el dossier contiene toda la información, si necesita cualquier cosa no dude en ponerse en contacto conmigo o con el señor Cullen– dice el señor Smith que me pasa una tarjeta suya y otra de Edward. Sonrío al verla.
- De acuerdo, me pondré ahora mismo a trabajar en ello – asiento y miro hacia Edward– Muchas gracias por confiar en mi trabajo, puedo prometerte que daré lo mejor de mí – le digo con una amplia sonrisa.
-Lo sé. Llámame si necesitas algo – se inclina sonriendo para besarme y lo hace en ambas mejillas, pero rozando la comisura de mis labios – Un placer Isabella.
Noto mis mejillas arder. Aro nos mira sonriendo pensando en el pellizco que va a sacar de todo esto, no tiene ni idea de lo que pasa realmente.
-Señor Cullen tenemos que irnos – dice Smith – Encantado señorita Swan – nos estrechamos las manos y yo le sonrío.
- Llámeme Bella.
- De acuerdo, yo soy Vladimir – me sonríe y se dirige a Aro– Mantendremos el contacto Aro – se dan la mano y yo observo a Edward quien también se despide.
- Hasta luego – le digo mirándole fijamente. Se inclina y muy bajito me dice al oído – No me mires así y resérvamelos – se endereza con una pícara sonrisa haciéndome reír.
- Bien, vámonos – dice Smith y él asiente. Los acompañamos hasta la salida y una vez que entran el ascensor Aro me mira sonriendo de oreja a oreja.
- Bien Bella, esto va a ser un bombazo – aplaude como un niño pequeño – Quiero que dejes lo que estás haciendo y le pases a Sonia todo. Tienes que estar al cien por cien en esto.
- Está bien Aro. ¿Puedo hacerte una pregunta?
- ¡Claro! Lo que sea.
- ¿Por qué has dejado que sea yo quien lo haga? Me refiero a que desde lo del hotel no me has dejado llevar ninguna campaña – lo miro, apoya su mano en mi hombro y sonríe.
- Sé que eres buena Bella, por eso no quiero a otra persona que no seas tú como mi mano derecha, aunque sé que es egoísta por mi parte, porque sé que lo que te gusta es estar al pie del cañón. Además la compañía Cullen solo lo harían si lo llevabas tú, y no puedo negarte una oportunidad como esta – me sonríe dándome un apretón en el hombro.
- Gracias Aro.
-¡Pues venga, a trabajar! – se ríe a carcajadas haciéndome reír a mí. Me siento en mi mesa con el dossier delante y empiezo a leer las condiciones. ¡Va a ser un acontecimiento espectacular! Empiezo a anotar todo lo que necesito en una libreta y empieza a emocionarme la idea de hacer esto.
-Bella, ¿Puedes firmar esto? – me pregunta Sara, me giro y veo al mismo chico de la floristería en recepción con un centro de rosas increíble. Sara me mira sonriendo y dando palmitas emocionada.
-Sí, claro – me acerco y firmo el albarán. Es precioso y no puedo evitar emocionarme al verlo.
- ¡Vaya Bella! ¿Es del mismo chico del otro día? – me pregunta curiosa y yo asiento emocionada – Un hombre solo hace algo así cuando está enamorado – me sonríe y yo la miro perpleja.
- Solo nos estamos conociendo – cojo el centro y me lo llevo a mi mesa. Cojo la tarjeta y la abro con dedos temblorosos. Está escrita a mano.
"Gracias por aceptar, estoy seguro de que lo harás muy bien.
¿Tienes idea de lo que me estás haciendo?
Me desarmas... Nos vemos esta tarde.
Edward"
¡Madre mía! Le desarmo… ¿Y él a mí? Ha llegado y ha arrasado todos mis esquemas, está derrumbando mis muros sin apenas tocarlos… El miedo empuja por salir pero esta vez no pienso dejar que lo haga.
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Estiro mi espalda y miro la hora, ¡las cinco y media! Me levanto de la silla, recojo mis cosas y salgo de trabajar. Llevo todo el día hablando con proveedores, con catering y demás para la espléndida fiesta de Edward. Aun no puedo creerme que haya hecho lo que ha hecho. Me encanta y lo odio al mismo tiempo.
- Hasta mañana Sara – le digo a la recepcionista al salir. Salgo a la calle y respiro hondo, tengo que darme prisa porque a las seis y media he quedado con Edward.
Oigo el claxon de un coche y cuando giro la cabeza veo el coche de Edward parado en segunda fila. Baja y viene hacia mí y de repente mi enfado se evapora, me río y corro hacia él que al verme correr se ríe a carcajadas. Me lanzo a sus brazos y le beso con más ganas que nunca.
-¡Vaya, pensaba que estabas enfadada! – dice abrazándome.
- Y lo estoy, esto es por las flores. ¿Qué haces aquí? Habíamos quedado en mi casa.
- Y yo pensaba que hoy salías a las cinco – me coge de la mano y me dirige hacia el coche.
- Si, pero a un loco se le ha ocurrido que puedo montar una fiesta en dos semanas… - se para en seco, se gira y me besa cogiéndome de la nuca y hundiendo su lengua en mi boca con fuerza.
- Tú eres la que va a volverme loco. Vamos – y me lleva casi a rastras hasta el coche.
Lo observo conducir con una sonrisa en mis labios, me mira de reojo y sonríe él también. Llegamos a un edificio justo al lado de sus oficinas. Es un edificio nuevo, con unos veinte o veinticinco pisos. Una mujer rubia y muy guapa nos espera al lado de la puerta de entrada.
-Buenas tardes señor Cullen, soy Kate Deli – alarga su mano y Edward la estrecha con una sonrisa.
-Encantado. Ella es la señorita Swan, me ayudará a decidirme.
-Encantada – la tal Kate estrecha mi mano y sonriendo de nuevo hacia él dice – Pues vamos allá.- Entramos y solo con ver el vestíbulo sé que es un piso tremendamente caro. Hay un conserje que sale del mostrador para recibirnos y llamar a uno de los dos ascensores. Subimos hasta la planta veinte, hay tres puertas por piso. Entramos y nos recibe una amplia sala totalmente diáfana en la que están el salón y la cocina. Las paredes son en blanco y burdeos, suelos de madera y muebles blancos. Es bonito pero me parece muy frío. La cocina tiene una isla central que es tres veces la mía, y un poco más alejada una mesa de cristal y acero, en la que caben unas diez personas, la mujer nos explica que contiene lo último en pequeño y gran electrodoméstico, cosa que yo no había dudado ni un momento.
Caminamos hacia el salón en el que hay un sofá blanco con una mesa central en negro, una televisión que ocupa casi lo mismo que mi mueble entero del comedor, una chimenea, y otro sillón auxiliar por si con el sofá de diez plazas no tuvieras bastante. Hay una cristalera que da a una terraza con vistas a la Ciudad de las Artes y las Ciencias preciosa.
Tiene sillones en mimbre, una barbacoa, una mesa con sus correspondientes sillas y unas tumbonas donde tomar el sol. ¡Madre mía, tiemblo de pensar en el precio!
Pasamos por una puerta que da un pasillo enorme. El piso tiene tres habitaciones cada una con su correspondiente baño, además de otro baño de invitados. La habitación principal es espectacular, una cama de dos por dos, un diván a los pies de la cama precioso, una cómoda con un espejo y el baño, ¡menudo baño!
Tiene ducha y bañera, un mueble con dos lavabos y el espejo ocupa toda la pared. Un armario de suelo a techo que ni siquiera yo llenaría con todas mis toallas, cremas, maquillajes y demás. En la habitación hay una puerta que da a un vestidor que es casi del mismo tamaño que la habitación.
- ¿Te gusta? – me dice él sonriendo.
- Es perfecto – contesto pensando en el vestidor.
- Me refiero al piso en sí – dice riendo.
- ¡Oh! Sí, es bonito – le digo no muy convencida. A ver el ático es una maravilla, pero lo veo frío, no sé.
- Seguimos viendo – me coge la mano y mirando a la mujer de la inmobiliaria dice – No me interesa.
- Está bien. Hay otros dos en el edificio de aquí al lado, a ver qué les parece – le dice sonriendo e indicándonos la salida. Los otros dos pisos son más de lo mismo, grandes, fríos, no me gusta ninguno.
- El siguiente puede que le guste. Es el último que teníamos programado, pero si no seguiremos buscándole algo que se adapte a sus necesidades – la mujer sonríe.
- Vamos a verlo – dice Edward pasando su mano por mi cintura. Subimos a la planta veinte de un edificio nuevo, al salir del ascensor hay solo una puerta, Kate la abre y mi boca se abre de par en par. Lo que más destaca es la luz. Entra a raudales por una cristalera de suelo a techo que ocupa toda la pared frontal y que da a una terraza maravillosa. Es una sala amplia con suelo de madera en gris, paredes blancas con vinilos perfectamente colocados y combinados, una chimenea al fondo al lado de un sillón blanco con cojines en negro, una mesa en madera y cristal a conjunto con un mueble de comedor moderno y precioso en blanco y negro también.
Tiene la monocromía de los otros pisos pero el conjunto de este queda espectacular. La cocina está separada por una barra americana, tiene una isla central preciosa y es toda en madera color gris oscuro y blanco. Hay una escalera al lado del salón y una puerta a la izquierda.
Entramos y hay un despacho también con una cristalera del suelo al techo, en otra puerta un baño de invitados, y una habitación con su correspondiente baño. Volvemos al salón y subimos a la planta de arriba en la que hay tres habitaciones más. Todas son preciosas pero la habitación principal me deja sin habla. Primero la inmensa cama en el centro de la estancia, la decoración en gris, blanco y rojo y la cristalera que da paso a una terraza con unos chaise lounge en color beige y negro. Luego el baño, en tonos tierra y crema, con una bañera en la esquina en la que una de las paredes es una ventana con vistas a las ciudad, increíble. También hay una ducha de esas raras del suelo, dos lavabos con un espejo enorme, y hasta un sillón individual en color crema.
Estoy boquiabierta con todo lo que veo. Sin duda es un piso maravilloso, y Kate lo termina de rematar cuando pasamos por una puerta de la habitación a un vestidor completamente iluminado. ¡Lo que daría por un vestidor así! Me adentro en él y observo cada detalle, es perfecto.
Cuando salgo de nuevo a la habitación, Kate ha desaparecido y Edward me observa con una pícara sonrisa en los labios.
- ¿Y bien? – me dice acercándose a mí y posando sus manos en mi cintura.
- ¿Y bien qué? – le digo pasando mis dedos entre su pelo.
- ¿Qué te parece este?
- ¿Qué, que me parece? Edward es perfecto. A mí me encanta pero es tu casa – sonrío y el asiente.
- Ya, pero desde que hemos entrado no he podido evitar mirarte y sé que te ha encantado – me dice riendo.
-¡Claro que me gusta! ¿A quién podría no gustarle? Es un ático de ensueño.
- Bien, pues no se hable más, me lo quedo – dice tranquilamente.
-Bueno, quizá deberías pensarlo, no sé, seguir mirando por si algún otro te gusta más.
-Bella, al igual que a ti a mí me ha encantado. No pienso estar un mes para encontrar un piso.
- Yo tarde seis en encontrar el mío… - digo en un susurro.
- No, me quedo con este. Además, no he podido dejar de imaginar cómo sería hacerte el amor en cada habitación de esta casa – me atrae hacia él y me besa. Gimo contra sus labios y me separo porque noto como mi cuerpo empieza a calentarse.
- En tus manos lo dejo – le digo sonriendo.
- Bien, vámonos – tira de mi mano y salimos de la habitación. Al llegar al salón Kate nos observa con atención sin dejar de sonreír.
-Señor Cullen me comunica el director que el precio es negociable, pero no bajará más de trescientos mil. Tenga en cuenta que son todos calidades de lujo y la situación es una de las mejores de Seattle – le dice ella retorciendo sus dedos nerviosa. ¿No bajara más de trescientos mil? ¿Cuánto vale entonces?...
- No se preocupe. Me lo quedo – sonríe satisfecho mientras yo dejo caer la mandíbula – Hable con Ángela sobre negociaciones. Muchas gracias por todo.
- Ha sido un placer señor Cullen. Srita Isabella– me dice alargando su mano hasta mí. Se la estrecho y sonrío pero no salgo de mi asombro.
-Hasta pronto – dice Edward tirando de mi mano hacia la salida. Bajamos en el ascensor y noto su mirada clavada en mí. Una vez que salimos a la calle y nos dirigimos hacia el coche él se detiene y agarrándome la barbilla entre el índice y el pulgar me hace mirarlo.
- ¿Qué ocurre? – pasa la yema de sus dedos por mi ceño fruncido.
- Nada, simplemente me parece un derroche.
-Bella, el piso me encanta. Es justo lo que buscaba donde lo buscaba, para mí no es un derroche – se inclina y me besa dulcemente en los labios.
- Está bien – me río.
- Bien. Ahora tengo un poco de prisa, he quedado para una cena de negocios ineludible – noto como se tensa y se muerde el labio inferior.
- ¿Qué pasa? – le digo apoyando mis manos en sus hombros.
-Que no me gusta separarme de ti – me dice mirándome fijamente a los ojos.
-Edward yo tengo trabajo que adelantar. ¿Qué te parece si quedamos mañana a cenar en mi casa?
-Me parece que se me va a hacer largo hasta mañana – me dice bajando sus manos hasta mi trasero y dándome un suave apretón.
- ¡Edward! – le riño pero sin poder evitar reírme.
- Venga vamos, te llevare a casa.
- Tengo que recoger mi coche en el trabajo – digo para recordarle que tiene que llevarme hasta allí.
-De acuerdo – dice abriéndome la puerta del coche. Llegamos hasta la puerta de la oficina y se baja del coche para despedirse.
-Mañana a las ocho estoy en tu casa – dice hundiendo la cara en mi cuello y dándome suaves besos desde la clavícula hasta la oreja.
- Mmmm…. Te esperaré impaciente – me aparto y le miro.
- Venga vete no se te haga más tarde.
- Si, te echare de menos – le digo acariciando su cara.
- No más que yo a ti – y se lanza a mis labios una vez más.
Camino hasta el garaje de las oficinas y me despido con la mano antes de entrar. Me subo en el coche y no puedo evitar respirar hondo. Esto está yendo demasiado rápido, me digo a mi misma una y otra vez conduciendo de regreso a casa.
Cuando entro suena el teléfono. Es mi madre para preguntarme qué tal va todo y hablarme de mi sobrina. Hago que la conversación dure lo justo, necesito un baño y relajarme. A las doce me voy a dormir completamente agotada y sueño con el ático de Edward, con sus caricias y sus besos.
Me despierto completamente despejada y con ganas de trabajar en el proyecto que tengo entre manos. No puede fallar nada. No tengo tiempo de salir a comer ya que tengo una reunión a medio día. Cuando estoy imprimiendo un listado con las calidades de los productos que quiero me llega un mensaje al móvil.
"Estoy impaciente porque llegue esta noche.
Resérvame tus besos hasta entonces
E.C."
Sonrió notando la ya familiar punzada de deseo que noto al saber algo de Edward y contesto:
"Yo también estoy deseándolo. Mis besos solo tienen un dueño. TU"
Cojo las hojas y voy al despacho de Aro donde me espera uno de los representantes. La reunión es larga pero consigo lo que quería para la fecha.
-Bella, hoy tendrás que acompañarme a una cena con los encargados de la decoración. Solo tenían esta noche libre sino no tendrán a tiempo lo necesario – me dice Aro una vez que se ha ido el representante.
- ¿Esta noche? Esta noche no puedo Aro– le digo pensando en la cena con Edward.
-Bella esto es prioritario y lo sabes. A mí tampoco me apetece pero nos jugamos mucho.
-Está bien – le digo suspirando – Anularé mis planes – le digo saliendo del despacho. Cojo el móvil y voy a la sale de descanso para llamar a Edward. No creo que le haga mucha gracia pero también es su culpa por encargarme esto a última hora.
- Hola Edward– le digo cuando contesta.
- Hola cielo, ¿ocurre algo? – me dice preocupado.
- No, estoy bien, pero tenemos que anular la cena de hoy. Tengo una reunión con los decoradores y solo les quedaba un hueco esta noche.
- Joder – dice enfadado – Esta bien, no pasa nada.
- Lo siento, de verdad, pero no puedo cancelarlo – digo con voz triste porque realmente me apetecía mucho verlo.
- No te preocupes, pero avísame cuando estés en casa.
- Si – sonrió al pensar en cuanto se preocupa por mí – Yo te aviso. ¿De verdad que no te importa?
- ¿Hay posibilidad de cambiarlo? – me dice y sé que está sonriendo.
- No.
-Pues entonces no puedo hacer nada. ¿Mañana tienes libre?
- En principio si, te llamaré por la mañana.
-De acuerdo. Ten cuidado – dice y noto la desilusión en su voz.
- Lo tendré. Un beso.
- Besos – y cuelga.
Voy hasta mi mesa y me preparo la documentación que necesito para los decoradores. A las nueve salimos de la oficina directos al restaurante, y es la una de la madrugada cuando entro en casa por fin.
"Señor Cullen, le informo de que he llegado sana y salva
a casa, y de que le he echado de menos cada minuto de la cena de hoy"
Le doy a enviar sonriendo mientras me pongo el pijama.
"Ahora ya puedo irme a dormir tranquilo.
Yo la he echado de menos cada minuto del día señorita
Swan.
Espero su recompensa mañana. Besos"
Respondo sonriendo:
"Pensaré en una manera de compensarle mi ausencia en el día de hoy. Hasta entonces soñare con ello"
"Buenas noches cielo"
"Buenas noches"
Me meto en la cama sonriendo y pensando en mañana.
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Bueno ¿Qué tal les pareció este capítulo? ¡Bueno? ¿Malo? ¿Los vulturis? Nos veos en la siguiente actualización…
***Adelanto Capítulo 16***
La verdad es que nunca le he preguntado si tenía pareja, bueno pareja no, porque él no tiene parejas. ¿Qué esperaba? No soporto el nudo que tengo en la garganta, y me permito llorar, pero llorar de verdad.
Mi cabeza no para de dar vueltas ¿Por qué todo me sale mal?
Salgo de la bañera, me envuelvo en mi albornoz, me enrollo el pelo con una toalla y voy a prepararme un té.
No he comido nada en todo el día, pero ahora mismo no me entra nada. El dolor en mi pecho es insoportable. La vieja herida ha vuelto a abrirse. Me tumbo en el sofá hecha un ovillo intentando que el calor vuelva a mi cuerpo pero sin conseguirlo ¿Es posible que ya esté enamorada?
No sé a quién intento engañar… ¡Claro que estoy enamorada! No sirve de nada negarme
