Disclaimer: Los personajes son de S. Meyer la creadora de Twilight (Crepúsculo) La historia no es mía, es de la fabulosa María Bravo, yo leí el libro y me encanto la historia y quise hacer una adaptación de esta historia que ella creo. TODOS LOS DERECHOS SON DE ELLAS MENTES INCREIBLES….

Ahora sí, nos vemos en los muchos capítulos que esta hermosa autora creo y plasmo en papel.

Este capítulo es dedicado para todas quienes se dan el tiempo de comentar algo Adriu, CorimarCautela, Yoliki gracias chicas, claro que también para aquellas que son lectoras fantasma…

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=Capítulo 16=

Entro en la oficina prácticamente a rastras, enciendo el ordenador y voy directa a la sala de descanso por mi segundo café del día. Me siento en mi mesa y no dejan de entrar correos con presupuestos de catering, decoración, orquestas y demás, todos ellos dispuestos a dar lo mejor de sí en la gran fiesta de Edward. ¿Soy la única que no había oído hablar de las oficinas Cullen hasta que conocí a Edward? Al parecer sí.

-Bella, tenemos una cita en media hora para ver las oficinas de Cullen para la fiesta ¡Tenemos que irnos ya! – me dice Aro poniéndose la americana.

-Está bien – le digo bebiéndome el café de un trago y cogiendo mi bolso.

- Iremos en mi coche – dice mientras entramos en el ascensor.

-Muy bien. ¿Quién nos espera? – pregunto inocente y deseando que sea Edward quien nos esté esperando en las oficinas.

- Un tal Jared, no habla nada de español. Ni el señor Cullen, ni Smith podían acompañarnos.

-Ah, de acuerdo – le digo sin poder evitar la decepción en mi voz. Subimos al coche y salimos hacia las oficinas, no sé porque estoy nerviosa. Saco mi móvil y le mando un mensaje a Edward.

"¡Buenos días! Me parece fatal que la primera

vez que

voy a ver tu oficina no seas tú quien me la

enseñe… "

-Bella ¿estarás cansada, no? – me dice Aro.

- Eh… sí. La verdad es que hemos dormido poco – le miro y sonrío – Espero que todo esto valga la pena.

- ¡Claro que sí! Estoy seguro de que todo va a salir bien. – dice buscando un sitio donde aparcar. Mi móvil suena.

"Te aseguro que me hubiera encantado haber

sido yo

quien lo hiciera, pero ya he dejado ordenes de

que os

ayuden en todo lo necesario. ¿Qué tal va el día?"

"Bien, deseando que sean las ocho para verte.

Vamos a entrar ya. Besos"

"Yo también lo estoy deseando…"

Sonrío y avanzo hacia la entrada del edificio. Ya lo conozco porque Garrett trabaja aquí. En la recepción hay un hombre de unos sesenta años, bajito, que viste con un traje de chaqueta negro, que camina hacia nosotros cuando nos ve entrar.

- ¿El señor Vulturi? – pregunta en un inglés bastante cerrado.

- El mismo. Ella es…

- La señorita Swan, supongo – dice tendiéndome la mano.

- Sí, soy yo, pero puede llamarme Bella.

-De acuerdo, yo soy Ted – nos dice con una sonrisa – ¿Me acompañan? – dice señalando los ascensores.

- Por supuesto – dice Aro.-Nos enseña cada uno de los pisos de los que serán las oficinas de Cullen y por ultimo donde se celebrara el evento. Es el último piso. Un espacio diáfano totalmente, de techos altos, con una terraza exterior. Es perfecto para la fiesta Saco la cámara y hago fotos a todo.

- Al otro lado del pasillo hay una sala de juntas, una recepción y el despacho del señor Cullen . ¿Me acompañan? – dice dirigiéndonos hacia allí. Entramos en una sala acristalada con una mesa enorme donde caben unas veinte personas. Volvemos al pasillo y al fondo hay una recepción semicircular, en madera de pino, acero y cristal. En la pared de atrás, con unas letras de acero se lee "Cullen Company" Sonrío al pensar en que Edward es el dueño de esto, y no puedo creerlo.

Ted se acerca a una puerta doble de nuestra derecha en la que puede leerse en las mismas letras de la recepción:

"Edward A. Cullen– Presidente"

Las abre y dan paso a un despacho enorme. Todo siguiendo la línea de la recepción y del resto de despachos que hemos visto. Madera en color pino, acero y cristal. A la derecha hay dos sofás de tres plazas cada uno con una mesa central. A la izquierda ventanas de suelo a techo ofrecen una vista de la ciudad impresionante. Hay una mesa en madera enorme para una sola persona, con un ordenador, un teléfono y poco más, y otra mesa que supongo que será para reuniones con unas diez sillas alrededor. ¡Es un despacho precioso! Ted está explicándole a Aro todos los cambios que se han hecho y que quedan por hacer tanto en distribución como en sostenibilidad, y yo aprovecho para mandarle a Edward una foto de su mesa de despacho con la ciudad detrás.

"¿No te parece un derroche una mesa tan grande

para

una sola persona? Tienes unas oficinas

preciosas

B.S."

"Contigo ahí no derrocharía ni un centímetro de

esa mesa

E.C."

¡Madre mía! Ahogo un jadeo y junto mis muslos. Niego con la cabeza y vuelvo al lado de Aro y Ted.

"Has hecho que me ruborice delante de mi jefe.

Hablamos luego, besos

B.S."

"Si estuviera ahí créeme que me importaría bien

poco

si estuviera tu jefe. Tengo una reunión en el

hotel. Besos cielo

E.C."

¿Está loco? Si, lo está, y va a volverme loca mí. Una vez que tenemos todo lo necesario Aro yo volvemos a la oficina. Tengo que consultar un par de cosas con Edward acerca de la inauguración pero esperaré a esta noche. Respondo varios e-mails y parece que no pasen las horas. Hasta mañana no puedo confirmar los dos últimos proveedores que me faltan así que me pongo a estudiar los bocetos de las invitaciones. Aro sale a la una del despacho y se acerca a mi mesa.

-Bella, tomate la tarde libre, así recuperas las horas de ayer – me dice apoyado en mi mesa.

- ¿En serio? La verdad es que estoy algo cansada.

-Por eso, vete a casa y descansa mañana nos espera un gran día – sonríe y se va a su despacho. Empiezo a guardar los archivos, recojo mi mesa y me voy. Podría darle una sorpresa a Edward, después de haberlo dejado tirado ayer sería una manera de compensarle. Si, voy a ir a verlo, igual no tiene tiempo para comer conmigo pero voy a intentarlo.

Aparco al lado del hotel, me retoco el maquillaje en el espejo retrovisor, un poco de perfume y lista. Voy andando hacia la entrada y no dejo de maravillarme con el lujo de este hotel. Estoy parada en el semáforo de enfrente, esperando que el muñequito cambie a verde, mirando los coches de alta gama que van parando, gente que llega y gente que se va… De repente un coche negro sube la rampa a la vez que veo como Edward sale a la calle.

El coche para y Edward va a abrir la puerta de atrás. Baja una chica a la que no le veo la cara, tiene el pelo oscuro y largo hasta la cintura, y al bajar se tira a los brazos de él, que la levanta y la hace dar vueltas en sus brazos riendo. Cuando paran le coge la cara entre sus manos, lo veo como sonríe y vuelve a abrazarla. La chica se gira a coger su bolso del coche y por fin le veo la cara.

Aunque estoy un poco lejos se la ve muy guapa, es alta y delgada… Edward la rodea por los hombros y entran juntos al hotel.

¡Dios, me he quedado paralizada! No sé qué hacer, estoy temblando y siento frío. Giro sobre mis talones y corro hacia el coche. Me siento apoyo la cabeza en el volante y sin poder evitarlo las lágrimas empiezan a rodar por mis mejillas. ¡Seré idiota! ¡No me lo puedo creer! Otra vez la misma historia…otra vez vuelta al dolor… ¡No, no, no!

No puedo permitirme volver a pasar por esto. Me limpio las lágrimas con el dorso de la mano, arranco el coche y me voy a casa. Me apetece estar sola, no pensar en nada, ni en nadie. ¿Cómo he podido estar tan ciega? Era demasiado bonito para ser real, demasiado intenso para mí.

Subo a casa, me quito los zapatos y decido darme un baño para templar un poco mis nervios e intentar sacarme el frío que siento. Me sumerjo en el agua, cierro los ojos e intento no pensar en nada. Por supuesto, fracaso. No dejo de ver a Edward girando abrazado a esa chica… Su sonrisa… creo que nunca lo he visto reír así. Se le veía… feliz. Quizá sea su novia, quizá me haya engañado todo este tiempo. La verdad es que nunca le he preguntado si tenía pareja, bueno pareja no, porque él no tiene parejas. ¿Qué esperaba? No soporto el nudo que tengo en la garganta, y me permito llorar, pero llorar de verdad. Mi cabeza no para de dar vueltas ¿Por qué todo me sale mal?

Salgo de la bañera, me envuelvo en mi albornoz, me enrollo el pelo con una toalla y voy a prepararme un té.

No he comido nada en todo el día, pero ahora mismo no me entra nada. El dolor en mi pecho en insoportable. La vieja herida ha vuelto a abrirse. Me tumbo en el sofá hecha un ovillo intentando que el calor vuelva a mi cuerpo pero sin conseguirlo ¿Es posible que ya esté enamorada? No sé a quién intento engañar… ¡Claro que estoy enamorada! No sirve de nada negarme a mí misma lo que siento. ¡Le quiero! Amo a este hombre con toda mi alma…

Suena mi móvil sobresaltándome. No me apetece hablar con nadie… Miro la pantalla y veo el nombre de Edward. ¡No, por Dios! No puedo oír su voz, oír sus mentiras. Le cuelgo. Supongo que me llamará por la cena de esta noche, bueno seguramente para anularla porque ha llegado otra de sus amiguitas ¿Esa era su reunión? Me siento tan engañada…

Vuelve a sonar mi teléfono, es él otra vez. No pienso hablar con él, me duele demasiado… Dejo que suene y lo pongo en silencio. La pantalla se ilumina con cada una de sus llamadas y mis lágrimas ruedan por mis mejillas.

Entra un mensaje.

"Alexis cielo, veo que estas ocupada. Te llamo

para

decirte que tendremos que posponer la cena a

mañana.

Lo siento. Te llamo más tarde y te explico.

Besos."

¡Oh mierda, lo sabía! Ha cancelado nuestra cena para estar con esa. No quiero saber nada más, así que directamente apago el móvil. Me tomo el té y enciendo la radio para oír algo y no este silencio que me tapona los oídos. Me tapo con la manta, y me acurruco debajo. ¿Qué va a explicarme, que esta noche otra va a calentarle la cama?

De repente suena una canción que me encanta, One and only de Adele. Nunca me había parado a escucharla letray me doy cuenta de que cada una de las palabrasde lacanción parecen escritas para mí. Sí, me hacostado dejaratrás el pasado, mis dudas, pero ¿de qué me haservido?

Lloro con más fuerza dejando que la canción me lleve. No dejo de pensar que el mismo me pidió que lo nuestro fuera una relación cerrada, ¡será hipócrita! Y yo como tonta le creí. Creí cada una de sus palabras… Lloro con más fuerza intentando arrancarme esta sensación de encima pero sin conseguirlo. El cansancio de la noche y el dolor hacen que poco a poco me quede dormida.

.-.-.-.-.

Abro los ojos poco a poco y las imágenes vuelven a caer sobre mí. Respiro hondo, me levanto y voy al baño. Tengo los ojos hinchados, el pelo envuelto aun en la toalla y mi reflejo me devuelve una mirada triste. ¡Se acabó, no pienso hundirme! Me cepillo el pelo, salgo a la habitación y me pongo el pijama. Miro el despertador y veo que son las siete y media de la tarde ¡Vaya he dormido unas cuatro horas! Vuelvo al comedor y de repente llaman al timbre, miro a través de la cámara y ahí está él. Mis ojos vuelven a inundarse en lágrimas. Leva un traje azul marino de raya diplomática, corbata a juego y camisa blanca.

Su pelo esta revuelto sin duda de haberse pasado los dedos repetidamente. Tiene una expresión de pánico en el rostro y está apretando la mandíbula mientras mira de un lado al otro. Sé que está preocupado por mí, no ha sabido nada de mi desde esta mañana y no tengo derecho a no decirle, por lo menos, que estoy sana y salva.

- Dime – contesto conteniendo las lágrimas.

- ¡Bella, oh Dios mío! Llevo llamándote todo el día. ¿Tienes idea de lo preocupado que estaba? Vengo de la oficina y Aro me ha dicho que te ha dado la tarde libre ¿Por qué no me coges el teléfono? Ábreme. – oigo como suspira sin duda aliviado.

- No Edward– le digo en un susurro dejando que mis lágrimas rueden por mis mejillas.

- ¿Qué pasa Bella? Tengo un hueco y me moría de ganas de verte – dice sonriendo ¡Me duele tanto verlo! Por un momento estoy tentada de hacerme la tonta, abrirle la puerta y dejar que me abrace como si nada hubiera pasado, pero enseguida vuelve la imagen de él con esa chica…

-No Edward, no quiero verte, no quiero hablar contigo. Por favor vete y déjame vivir mi vida. Que disfrutes de la compañía – se me quiebra la voz justo al final.

- ¿De qué cojones estás hablando? ¿Te importaría abrir para que hablemos de esto?

-¡No, Edward no! ¡Te he visto! Te he visto en la puerta del hotel, no tenemos nada de qué hablar – lo miro y se lleva las manos a la cabeza. Sin duda sabe de qué le estoy hablando.

-Bella, déjame que te explique por favor.

- No, no volveré a pasar por esto. Adiós – y cuelgo el telefonillo. Veo como pega un puñetazo a la pared, leo en sus labios como maldice y pasa sus dedos entre su pelo. La cámara se desconecta y yo me dejo caer al suelo llorando desconsoladamente. Me abrazo las rodillas y hundo mi cabeza en ellas. Verle ha sido peor de lo que esperaba.

He estado a punto de bajar yo misma, dejar que me abrazara y me dijera que todo iba a estar bien. Me levanto y me arrastro de nuevo al sofá. Veo mi móvil apagado pero no quiero encenderlo porque sé lo que me voy a encontrar. Justificaciones de algo que es injustificable. Me preparo un vaso de leche caliente y sentada en la isla de la cocina viene recuerdos de los momentos que hemos vivido juntos. Ha sido corto pero tan intenso…

Llaman de nuevo a la puerta y veo a Ros con una sonrisa de oreja a oreja y no puedo evitar sonreír.

- ¿Qué haces aquí? – contesto y sonríe.

- He venido a verte. Creo que tienes mucho que contar.

- Sube – abro la puerta y me miro en el espejo del recibidor. Estoy hecha un asco pero no puedo hacer nada. El ascensor llega, Ros sale radiante como siempre pero al verme se queda paralizada en mitad del pasillo - ¿Qué pasa Bells? – me dice preocupada.

- ¡Oh Ros! - y es suficiente para volver a romper a llorar. Rosalie llega corriendo a mi lado y me abraza. Entramos en casa y me lleva hasta el sofá, donde no me suelta ni un segundo.

-Tranquila Bella, sssh, tranquila – dice acariciando mi espalda - ¿Estáis todos bien? – me pregunta preocupada por si a alguien nos ha ocurrido algo. Asiento, levanto la cabeza y la miro.

- Sí, estamos bien, no te preocupes – veo como suelta el aire que estaba conteniendo y me coge de la mano.

- ¿Entonces qué pasa Bella? – dice pasándome un pañuelo de encima de la mesa.

- Es Edward, me ha engañado Ros– me limpio y la miro. Tiene los ojos abiertos de par en par sin duda está tan sorprendida como yo.

- ¿Cómo lo sabes? – pregunta frunciendo el ceño.

-Porque lo he visto – le digo y su expresión cambia. Ahora está enfadada.

- ¡Será cabrón! – se levanta del sofá maldiciendo.

-Ya ves, otra vez me he equivocado – digo negando con la cabeza.

- ¡Oh Bella, cuanto lo siento! – dice volviendo a mi lado – Cuéntame que ha pasado.

Le cuento todo lo que ha pasado desde ayer mientras ella prepara unos martinis para pasar el trago dice. Saca unas papas, olivas y demás guarrerías y me obliga a comer algo.

- ¡No me lo puedo creer! ¿Estás segura de que era él? – dice una vez que le he contado todo.

-Rosalie por favor, créeme. Yo tampoco podía creerlo cuando lo he visto – me siento mucho mejor ahora que lo he hablado con alguien.

- Me parecía tan sincero. Te miraba como si no existiera nadie más.

- Pues ya ves que sí que hay alguien más. ¡Y que no sea la única! – le digo terminando mi tercera copa.

- Voy a hablar con él – dice convencida.

- ¡De eso nada! No quiero que hables con él – le digo rogándole.

-Bella, quiero que me explique por qué. Si solo quería una aventura no entiendo porque da a entender nada más.

- En realidad él nunca me dijo que quisiera algo más – digo comiendo cacahuetes.

-¿Ah no? ¿Qué significa para ti "te necesito"? – me dice prácticamente gritando.

- Basta Rosalie. No quiero pensar en ello, necesito pasar página – intento auto convencerme de lo que he dicho.

- Está bien. Es tarde – dice mirando el reloj.

- Si, mañana tengo mucho trabajo ¡Encima tengo que montarle una fiesta! – me río de la mala suerte que tengo. Ros me mira y las dos comenzamos a reírnos – Gracias por todo Ros – le digo una vez que nos hemos calmado.

- ¿Quieres que me quede a dormir? Puedo avisar a Emmett– dice dándome un suave apretón en el brazo.

-No, no te preocupes, estoy mucho mejor. Te acompaño a la puerta – digo levantándome con ella. Al llegar a la puerta se gira y me abraza.

- Llámame si necesitas algo – dice apretándome más fuerte.

- Lo haré. Te quiero Rosalie.

- Y yo a ti – dice cogiéndome la cara entre sus manos – Llámame – abre la puerta y sube en el ascensor.

- Mañana te llamo – le digo justo antes de que se cierren las puertas y ella asiente en respuesta. Entro en casa y meto las copas y los platos en el lavavajillas. Me ha sentado bien estar con Ros, pero ahora que vuelvo a estar sola noto como va volviendo el dolor. Me preparo la ropa para mañana e intento mentalizarme para afrontar el proyecto que tengo entre manos. Sé que tendré que verlo, pero no escucharé sus mentiras.

Llaman a la puerta de arriba y voy corriendo a abrir.

-Rosalie ya te he dicho que no hace falta que te quedes – digo gritando antes de abrir. Lo que encuentro al otro lado de mi puerta hace que mi mundo se desestabilice por completo. Una preciosa mujer de ojos azules, me observa con una sonrisa nerviosa en los labios.

Es ella. Es la chica que estaba con Edward.

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Nos observamos la una a la otra detenidamente. Noto crecer la rabia dentro de mí y por un momento pienso en cerrarle la puerta en las narices.

- Buenas noches Isabella– me dice sonriendo.

- ¿Qué es esto, una broma? ¿Qué es lo que quieres? – le digo apretando la puerta entre mis dedos.

- Bueno creo que ha habido un malentendido por mi culpa – habla nerviosa pero sin dejar de observarme.

- Mira, sé que tú no tienes culpa de nada. Te pido que te vayas y que tanto tú como Edward me dejéis tranquila – le digo en un tono calmado que se contradice enormemente con cómo me siento en estos momentos. La miro y sonríe ¡Será desgraciada!

-Isabella, soy Alice Cullen, la hermana de Edward– y su sonrisa se ensancha mientras que mi boca se abre de par en par.

- ¡Oh, Dios mío! – le digo porque no sé qué decir.

- Lo siento de verdad. Tenía muchísimas ganas de conocerte pero no así - dice haciendo un gesto que ahora que sé quién es, sin duda ha heredado de su hermano. Sonríe y después se muerde el labio inferior.

- Perdona – digo saliendo del estado de shock en el que he entrado - ¡Madre mía, debes pensar que estoy loca o algo por el estilo! – Me siento tan imbécil es estos momentos.

- No, no te disculpes, yo hubiera hecho lo mismo. ¿Puedo darte dos besos ya o todavía quieres cerrarme la puerta en las narices? – dice riéndose.

- ¡Claro! Soy Isabella Swan– digo tendiéndole mi mano sonriendo.

- Yo Alice– dice riendo y antes de que me dé cuenta me abraza – Encantada – me da dos besos y la veo tan feliz que me hace reír a mí.

-Por favor pasa – me aparto y ella entra observando todo – Siéntate –le digo una vez que estamos en el comedor.

- Gracias – se sienta y me mira sonriendo – Tenía razón Edward, eres una chica preciosa.

- Y un poco loca también – me río sin dejar de pensar en cómo me he equivocado - Debes pensar que soy una histérica. Lo siento. ¿Quieres beber algo? – le digo levantándome de sofá.

-Lo mismo que tu – sonríe y me sigue hasta la cocina.

- No sabía que estabas en Seattle. No puedo creer lo que ha pasado – le digo preparando dos martinis, y con este ya van cuarto.

- Bueno, he llegado hoy desde Italia. Ya que estaba decidí venir a darle una sorpresa a mi hermano. Le he avisado cuando ya estaba aquí. He oído hablar mucho de ti – coge su copa y da un sorbo.

- ¿Dónde está Edward? – pregunto preocupada.

- La última vez que lo he visto estaba entrando en su habitación. Me ha contado lo ocurrido y no podía esperar a mañana para arreglar esto – dice apartando su pelo hacia atrás y sentándose en el taburete de la cocina.

- ¿Él no sabe qué estás aquí? – me siento a su lado y la observo. Es tan guapa como su hermano y se le ve tan dulce.

-¡No! Me mataría si supiera que estoy aquí. Alec me ha traído, me ha costado pero lo he convencido – dice haciendo una mueca.

-Y… ¿Qué tal está? – me mira y su expresión cambia.

- Mira Bella, seré sincera contigo. La última vez que he hablado con él estaba enfadado, bastante enfadado, aunque sé que en realidad lo que está es… dolido – cierro los ojos al escucharla. ¡Pues claro que está dolido! No he querido ni escucharle…

- ¡Mierda! – digo pellizcándome el puente de la nariz pensando en qué hacer.

- Creo que deberías venir a hablar con él, nunca lo había visto así.

- ¿Crees que querrá escucharme? ¡No le he dejado ni subir!

- Bueno, si no lo intentas no lo sabremos. Alec está esperando abajo. Es tarde y tengo que irme. ¿Me acompañas? – me coge de la mano y sonríe.

La observo y pienso en qué es lo que debo hacer. Es increíble cómo ha cambiado todo en una hora, ¡esto es una locura!

- Dame cinco minutos para cambiarme – le digo saltando del taburete y corriendo a mi habitación. Me pongo unos vaqueros, una sudadera y unas zapatillas.

Entro en el baño y me recojo el pelo en una cola de caballo. ¡Dios estoy horrible! No tengo tiempo para nada más. Cojo mi bolso y cuando llego al comedor guardo las llaves, la cartera y el móvil, que sigue apagado.

- Bien, vámonos – le digo a Alice nerviosa.

-Vamos - se pone la chaqueta, me coge de la mano y tira de mí hacia la puerta. Bajamos en el ascensor, y noto los nervios en el estómago. Miro a Alice, que me sonríe intentando tranquilizarme y le devuelvo la sonrisa. Salimos y veo como Alec sale del coche sonriendo y Alice me arrastra hasta él.

- Te dije que lo conseguiría – dice ella chocando su mano con la de Alec.

- Me alegro de verla señorita Swan– inclina la cabeza y nos abre la puerta de atrás.

- Gracias, llámeme Bella por favor – no entiendo tanto formalismo. Entro en el coche detrás de Alice. Saco mi móvil y lo enciendo. ¡Veinte llamadas perdidas y todas de Edward! Hay cuatro mensajes también. Dos de ellos preocupándose por mí, otro explicándome quien es la chica que está a mi lado en estos momentos y otro pidiéndome perdón por si me ha hecho daño pero diciendo que no tengo razón. ¿Qué he hecho?

Espero que quiera aceptar mis disculpas, aunque supongo que lo entenderá. El conoce mi historia con lo que sabe cómo ha podido afectarme verlo con otra mujer sin saber quién era.

Aun así, creo que estará enfadado. Llegamos al hotel y solo entonces me fijo en cómo voy vestida. Miro hacia Alice que lleva un vestido negro precioso con una americana, zapatos de tacón y bolso a conjunto. ¡Muy bien Bella, perfecta para pedir disculpas y encima en hotel de lujo!

Subimos y no puedo evitar que mis manos empiecen a sudar, mis rodillas flaquean, y no sé si son los nervios o los cuatro martinis pero estoy mareándome.

- Déjame hablar a mi primero, ¿de acuerdo? – me dice Alice acariciando mi brazo.

- De acuerdo – le digo en un hilo de voz.

- Tranquila Bella, estoy segura de que todo va a salir bien – y sin más me abraza.

- Gracias por todo Alice.

- Me alegro de haberte conocido – dice mirándome a los ojos.

- Y yo a ti – sonrío. Las puertas se abren y estamos frente a la puerta de la habitación de Edward. Respiro hondo y recuerdo la primera vez que vine hasta aquí. Estaba más o menos igual de nerviosa. Alice me indica que me coloque al lado en la puerta para que no me vea al abrir, y que por favor le deje hablar a ella. Asiento y me coloco donde me dice.

Sonríe y llama a la puerta. Noto el corazón martillearme contra el pecho. A los dos minutos se abre la puerta.

-Hola Edward– dice Alice con una preciosa sonrisa.

- ¿Qué quieres Alice? ¿Pasa algo? – lo escucho y mi corazón da un salto.

- ¿Qué tal estás? – le pregunta y el suspira.

-Bien, estoy bien. Ya te he dicho que no me apetece hablar…

- Bueno, quizá conmigo no –Alice estira su mano hacia la mía y tira de mí para ponerme a su lado – Pero con ella estoy segura de que si – le sonríe. Edward y yo nos miramos fijamente sin prácticamente pestañear. Sé que está enfadado, puedo notarlo desde aquí, pero también parece aliviado.

-Alice, ¿Cómo...? – dice mirando hacia su hermana. Ella se le arrima, pasa sus brazos alrededor de su cuello y le da un beso en la mejilla.

- De nada. Me voy a dormir, portaros bien – se ríe y dándome un beso a mí se encamina al otro lado del pasillo y entra en la que supongo que será su habitación. Me giro y veo como Edward me mira con atención.

- ¿Puedo pasar? – le digo en un susurro. Se aparta hacia un lado y me indica que entre.

- Por supuesto – entro y lo siento detrás de mí. Pasa por mi lado y se dirige al mueble bar del que saca dos vasos – ¿Una copa?

- Si, martini, si tienes – ya que va a ser el quinto mejor no mezclar. Lo observo servirlo mientras me siento en el sillón.

-Toma – dice sentándose en el otro sillón individual de al lado. Está tan frío conmigo…

-Edward , lo siento – intento coger su mano pero se aparta, se levanta y camina hacia la ventana con la copa en la mano. Acaba de partirme el alma en dos.

- ¿Tienes idea de cómo lo he pasado hoy? – me mira apretando la mandíbula.

-De verdad que lo siento, pero no podía soportar otra mentira – me levanto y camino hasta él.

- No has querido ni escucharme Bella– bebe de su copa mientras me observa.

- Lo sé, y créeme que lo siento. Cuando tú hermana ha venido a mi casa…

- Pensaba que confiabas en mí. No tienes ni idea del miedo que he pasado hoy – dice frunciendo el ceño y mirándome fijamente.

-Edward, cuando te he visto con ella no sabía que pensar. ¡No sabía quién era! - ¡por Dios! ¿Por qué no lo entiende?

- ¡Te he dicho mil veces que yo no soy él! No voy a engañarte Bella– me dice prácticamente chillando.

- ¡Lo sé! Pero ponte en mi lugar por un momento. ¿Qué habrías pensado si me ves abrazada a otro hombre?

- Por lo menos te hubiera dejado hablar – cierra los ojos y respira hondo - Necesitaba verte, llevaba desde esta mañana sin saber nada de ti. ¡Pensaba que te había pasado algo! – niega con la cabeza y se da media vuelta pasándose la mano entre su pelo.

- Por favor, perdóname – le digo acercándome a él. Con manos temblorosas lo abrazo por la espalda y esta vez no se aparta. Apoyo mi cabeza en él y lo oigo suspirar.

- No vuelvas a hacerme esto Bella– se gira, deja su copa en la mesa de al lado y me coge la cara entre sus manos. Me mira a los ojos y me da un suave beso en los labios. ¡Oh, cuanto lo necesitaba!

- Lo siento – lo abrazo con fuerza y él me da un beso en la cabeza.

-Yo también lo siento – lo miro y veo que su expresión ha cambiado – Si yo hubiera estado en tu lugar probablemente le hubiera partido la cara al que te estuviera abrazando, pero luego te habría pedido explicaciones – dice acariciando mis mejillas.

- Muy diplomático por tu parte – le digo sonriendo y veo como asoma a su rostro una media sonrisa. Baja la cabeza y me besa hundiendo su lengua entre mis labios. Llevo mis manos hasta su pelo y lo acerco más a mí. ¡Cuánto lo he echado de menos! Baja sus manos por mi cintura y las pasa por debajo de la sudadera haciendo que todas mis terminaciones nerviosas se pongan en alerta. Yo directamente le quito la camiseta de algodón y sonrío mirándole. Subo hasta su cara acariciando su pecho desnudo, y paso mi mano por su barba incipiente. Se apoya contra mi mano cerrando los ojos y acerco mi boca a sus labios. Mientras nos besamos me desnuda poco a poco y me va empujando hacia la mesa. Aparta la silla, me baja las braguitas y me besa desde mi cadera hasta mi pecho. Me desabrocha el sujetador con sus diestras manos y comienza a trazar círculos con su lengua en mis pezones.

- ¡Oh Edward! – le digo metiendo mi mano por dentro de su pantalón y cogiendo su miembro entre los dedos. Gime contra mi pecho y sube besando todo el camino hasta mis labios.

Se baja el pantalón junto con el bóxer y me levanta entre sus brazos sentándome en el borde la mesa. De pronto se arrodilla y directamente hunde su lengua en mi interior.

Coloca mis piernas sobre sus hombros dejándome totalmente expuesta ante él. ¡Madre mía, esto es tan erótico!

Dejo que su lengua obre su magia sin dejar de gemir y cuando mete dos dedos de golpe dentro de mi jadeo con un grito. Continúa con su asalto y sin poder evitarlo me corro contra sus labios.

Se levanta y me tumba poco a poco en la mesa, me agarra de las piernas y se hunde en mí de un solo golpe.

- ¡Ah! – chillo y lo miro. Me sonríe y empieza a moverse. Dentro, fuera, dentro, fuera, una y otra vez.

- Te necesito Bella, no lo olvides nunca. Mírame – abro mis ojos y le miro Rueda sus caderas dentro de mí y se tumba para besarme en los labios.

- ¡Oh si Edward! – le digo apretándole contra mí con los talones. Vuelve a incorporarse y acelera sus embestidas. Me coge de las manos y me levanta para tenerme frente a frente y me besa con fuerza.

- Cielo, voy a correrme – lo veo contenerse. Lleva su mano hasta mi clítoris y lo masajea haciendo que mi orgasmo se acelere.

- ¡Oh joder sí! – chillo y él me besa tragándose mis jadeos. Me corro entorno a él y hundiendo sus dedos en mis caderas noto como se corre en mi interior.

- ¡Bella! – dice hundiendo su cara en mi cuello. Lo abrazo con fuerza para no soltarlo nunca. Estas últimas horas han sido de las peores de mi vida, y ahora en estos momentos todo eso queda olvidado y solo quedamos él y yo. Amo a este hombre, lo quiero como nunca antes he querido. He sentido tanto dolor al no tenerlo que sé que nunca más volveré a sentir algo tan fuerte como lo que siento por él. Y sé que a él le ocurre lo mismo. No hace falta que me lo diga porque lo siento.

-Tenía miedo de haberte perdido – dice en un susurro todavía dentro de mí.

-Edward, yo siento lo mismo – hago que levante su cara para poder mirarle a los ojos.

- No te alejes – me coge la cara entre sus manos y me besa con tanto amor que una lágrima escapa de mis ojos – No llores – dice besándome para recogerla entre sus labios.

- Prométeme que no vas a dejarme sola – le digo sin poder evitar que mis lágrimas se derramen.

- Te lo prometo – sonríe y con un beso hace que me sienta segura entre sus brazos.

Sale de mí y me lleva en brazos hasta el baño. Llena la bañera, me indica que entre y él lo hace detrás de mí. Apoya la espalda y yo me apoyo en él. No hablamos, simplemente nos acariciamos, nos robamos besos y reímos. Empiezo a notar el cansancio en mi cuerpo y mis ojos empiezan a cerrarse mientras él me acaricia entre sus brazos.

- Vamos a la cama – se levanta, sale de la ducha y cuando salgo me envuelve en un albornoz.

-Edward, no he traído nada, y mañana trabajo – pienso recordando como he salido de casa.

- Bien, mañana pasaremos por tu casa antes de ir a trabajar. No te preocupes – me da un beso en la frente.

- Está bien – me doy media vuelta y camino hasta la cama – Estoy tan cansada – le digo metiéndome en ella.

- Y yo. Ven aquí – se tumba detrás de mí y me abraza - Ha sido un día largo.

- Por cierto, tu hermana es un encanto – lo oigo reírse y me abraza con más fuerza.

- Si, lo es – me besa en el cuello y dice – Ahora descansa cielo - Y sin más me envuelve en su abrazo y me duermo profundamente.

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Bueno ¿Qué tal les pareció este capítulo? ¡Bueno? ¿Malo? ¿Los vulturis? Nos veos en la siguiente actualización…

=Adelanto=

- ¿Al restaurante de Rosalie? – le digo prácticamente gritando. ¡Aun no le he contado lo que ha pasado!

- Si. ¿Qué pasa? – dice incorporándose al tráfico.

- Nada, pero tengo que llamarla.

- Ya ha reservado Alice, no te preocupes – me dice acariciando mi rodilla.

- Yo no me preocupo pero tú sí que deberías. ¡Voy a llamarla! – digo sacando mi móvil.

- ¿Yo? ¿Por qué debería preocuparme? – me mira frunciendo el ceño mientras yo llamo.

- ¡Mierda, no lo coge! Llamaré al restaurante.

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Nos vemos