Disclaimer: Los personajes son de S. Meyer la creadora de Twilight (Crepúsculo) La historia no es mía, es de la fabulosa María Bravo, yo leí el libro y me encanto la historia y quise hacer una adaptación de esta historia que ella creo. TODOS LOS DERECHOS SON DE ELLAS MENTES INCREIBLES….
Ahora sí, nos vemos en los muchos capítulos que esta hermosa autora creo y plasmo en papel.
Este capítulo es dedicado para todas quienes se dan el tiempo de comentar algo Adriu, CorimarCautela, Yoliki gracias chicas, claro que también para aquellas que son lectoras fantasma solo no me asusten por fitas …
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=Capítulo 17=
Abro los ojos molesta por el sol que entra a través de la ventana. Me duele la cabeza sin duda de tantas emociones como viví ayer. Edward no está a mi lado. Me levanto y voy al baño, me miro en el espejo, y como era de esperar estoy hecha un asco. Me lavo la cara, me cepillo el pelo y salgo de nuevo envuelta en el albornoz. Justo cuando pienso en cuanta luz entra en la habitación mi cabeza se dispara.
- ¡Oh Dios mío! ¿Qué hora es? – corro hacia el salón pero Edward entra justo en ese momento.
- ¡Buenos días! – me dice con una sonrisa.
-Edward ¿Qué hora es? – le pregunto buscando mi ropa.
- Son las nueve – dice tan tranquilo.
- ¿Las nueve? Yo entro a trabajar a las ocho, ¿lo sabías? – paso a su lado hacia el salón pero cogiéndome de la cintura me corta el paso.
- Cielo tranquila – me atrae hacia él y empieza a besarme.
- Edward no tengo tiempo, de verdad. Yo nunca llego tarde. ¡Madre mía, Aro me va a matar!
- ¡Bella, para! He hablado con Aro a las siete y le he dicho que pensaba llamarte para que pasaras por mi oficina a concretar algunas cosas.
- ¿Qué has hecho qué? – pregunto perpleja.
- Cielo estabas muy cansada. No pasa nada, le ha parecido bien – me acaricia la mejilla y sonríe.
- ¿En serio?
- Si. Hoy vas a pasar el día conmigo – hunde la cabeza en mi cuello y tira del lóbulo de mi oreja.
- Pero… ¡Ah! – gimo y ladeo mi cabeza para darle acceso.
- No hay peros que valgan – sonríe y se lanza a mis labios. Poco a poco me lleva hasta la cama donde me tumba sin dejar de besarme. Abre el cinturón del albornoz y sus manos recorren mi cuerpo. Acaricia mis pezones con sus dedos lanzando una descarga justo a mi entrepierna. Bajo mis manos acariciando su espalda, arrastro su pantalón y baja su mano hasta la unión de mis muslos.
Acaricia mis pliegues separándolos y alcanza mi clítoris con el pulgar.
- ¡Oh, madre mía! – jadeo contra sus labios y él sonríe mientras me mira fijamente.
-Estás preciosa Bella– dice sin dejar de excitarme.
- Edward… - digo con un hilo de voz.
- Sí, me encanta verte así – baja hasta mis labios y me besa con fuerza.
- Te quiero dentro de mí – gruñe mientras yo bajo mis manos hasta su trasero y lo acerco más a mí.
- ¡Oh Bella! – y me penetra. Estoy tan excitada que no creo que aguante mucho. Edward se mueve sobre mí mientras yo observo su rostro perfecto. Veo como aprieta la mandíbula cada vez que se hunde en mí. Levanto mi mano y le acaricio la mejilla. ¡Le quiero tanto! Me incorporo un poco para besarle y él me levanta sentándome sobre sus muslos. Estamos frente a frente mirándonos y diciéndonos más que si estuviéramos hablando.
Me muevo atrás y adelante girando mis caderas, mientras él hunde sus dedos en mi cintura.
- Bella, vas a hacer que me corra – me coge de la nuca y hunde su lengua en mi boca.
- Es lo que quiero, ¡oh! – le digo acelerando el ritmo.
- ¡Joder! – baja la cabeza hasta mis pechos y me aprieta ligeramente el pezón entre sus dientes.
- ¡Ah! – chillo notando los primeros espasmos de mi orgasmo.
-¡Vamos! Sigue cielo – me besa tirando de mi labio y exploto notando mis fluidos resbalando por mis muslos. Edward se encuentra con mi movimiento y en un último giro se corre en mi interior apretándome fuerte contra él. ¡Es tan excitante sentirlo!
-Ah – suspiro – Ha sido perfecto – le digo abrazándole.
- Contigo siempre es perfecto – dice sin soltarme.
- ¡Oh Edward! ¿Cómo puedes decirme cosas así? – levanto la cabeza y lo miro.
- ¿Qué quieres decir? – me besa dulcemente y me observa con atención.
- Cosas como esas… cosas de… parejas – le digo sonriendo.
- ¿No es lo que somos? – me mira conteniendo una sonrisa mientras yo lo miro boquiabierta.
- Señor Cullen, creo recordar que usted dijo que no tenía parejas – le digo y frunzo mis labios para evitar sonreír.
-Bueno, es cierto, pero con usted haré una excepción – me sonríe y acaricia mis muslos. Me he quedado bloqueada - ¿Qué pasa? – me levanta un poco para salir de mi interior sin dejar de mirarme.
- ¡Ah! – jadeo mientras sale y él sonríe - ¿Por qué? – le pregunto por fin.
- ¿Por qué, qué? – alcanza una caja de pañuelos y nos limpia a ambos.
- ¿Por qué conmigo harás una excepción?
- Bella, ya te lo explicado. Contigo es… especial. Siento cosas que no he sentido antes. Ayer mismo, cuando no sabía nada de ti ¡Creí que me volvía loco! - me besa y me tumba, se coloca a mi lado y me mira – Me da miedo lo que siento por ti.
- Edward… - le digo acariciando su rostro.
- Hasta ahora nunca me he preocupado por nadie, excepto por mi familia, mi negocio y por mí. Y de repente apareces tú, sentada en la barra de un restaurante, con tu belleza y tu sonrisa perfecta haciendo que mi mundo se tambalee con solo mirarme. – ¡Madre mía, no me esperaba esto, me ha dejado petrificada! Me mira sonriendo, se inclina y me besa.
- Edward yo… No puedo prometerte que esto vaya a salir bien, pero sí que a partir de ahora confiaré en ti, no pienso dejar que nada ni nadie lo estropee.
- No quiero promesas Bella. Quiero vivir el día a día contigo, ir descubriéndonos y ver lo que nos depara el futuro. Simplemente eso – dice sin apartar sus ojos de los míos.
- Está bien. Me parece un plan perfecto – tiro de él y le beso.
- Bien, y ahora después de esta conversación tan profunda, vamos a desayunar porque estoy muerto de hambre – aprieta mi cadera haciéndome cosquillas y se levanta de la cama – ¡Venga arriba! Que debe estar todo frío. Lo he pedido antes de que te despertaras.
- Eso es culpa tuya, que te entretienes con nada – le digo riendo y envolviéndome en el albornoz de nuevo.
-¿Con nada? No creo que eso sea así. Podría entretenerme así cada minuto del día – se ríe haciéndome reír a mí.
- ¡Venga, déjalo ya que yo también tengo hambre! – digo mientras salgo hasta el salón.
Desayunamos, luego me meto en la ducha, y mientras él se está duchando decido llamar a mi jefe.
- ¡Buenos días Aro! – le digo nerviosa – No he podido llamarte hasta ahora.
- No te preocupes Bella, ya he hablado con el señor Cullen esta mañana. ¿Qué tal va todo? ¿Habéis adelantado mucho? – me pregunta emocionado mientras yo pienso en nuestra conversación en la cama. Yo creo que sí que hemos adelantado, pero no exactamente en el trabajo. Sonrío y reprimo mis pensamientos.
- Eh, sí. El señor Cullen me ha dado detalles de lo que quiere. Luego te lo paso todo.
-Muy bien Bella. Ya no vuelvas a la oficina, mejor trabajar ahí. Seguro que pueden prestarte uno de esos maravillosos despachos – dice riéndose.
-Si, seguro que si – Edward sale con una toalla alrededor de sus caderas y va a buscar su ropa al armario. ¡No puedo dejar de mirarlo! – Bueno Aro, voy a seguir a ver si acabo pronto él se gira y se ríe. Me muerdo el labio para aguantarme la risa.
-Claro, claro, ya hablamos Bella. Saluda al señor Cullen de mi parte.
- De acuerdo, yo se lo digo. Adiós – y cuelgo. Cierro los ojos sintiéndome culpable por haber mentido a mi jefe. Nunca he faltado al trabajo, nunca he llegado tarde y por supuesto nunca le he mentido a mi jefe.
-Edward eres una mala influencia para mí – digo riéndome.
- ¿Por qué? Ahora vamos a trabajar – se quita la toalla mostrando su desnudez sin ningún pudor. Se pone los bóxer y me mira - ¿Algo que quieras decir? – me dice con una sonrisa pícara jugando en sus labios. Me acerco hasta él, paso mis brazos por su cuello y le beso.
- Simplemente que me encantas – sonrío pegada a sus labios y el me devuelve una sonrisa tímida.
- ¿Me estás provocando? – baja sus manos hasta mi trasero y me da un suave apretón.
- No, te estoy diciendo la verdad – sonríe y me da un pequeño azote en el trasero - ¡Eh! – digo riendo.
-Yo creo que sí, que disfrutas provocándome. Venga vamos a cambiarnos si no, no saldremos de aquí – me besa la frente.
- Si, además hay que pasar por mi casa antes. Antes de salir de la habitación llaman a la puerta. Edward abre poniéndose la americana de un traje de tres piezas de raya diplomática que le queda de vicio.
-¡Buenos días! Veo que se os han pegado las sábanas – es Alice que sin dejar de reír, le da un beso a su hermano y apartándole viene hasta mi para abrazarme.
- ¡Buenos días Alice! – le digo notando el calor en mis mejillas.
- ¿Dónde vais? – dice mirando a su hermano.
- A trabajar, y por cierto llegamos tarde – le dice muy serio.
-Bueno, ¿os apetece que comamos juntos? Podemos quedar en algún sitio y Alec me llevará – me mira pidiéndome con la mirada que diga que sí.
- Por mí no hay problema – digo mirando a Edward.
- Está bien – dice en un suspiro – Te llamaré más tarde para decirte el sitio, pero ahora tenemos que irnos.
- ¡Vale! – me abraza a mí y después a él y sale medio bailando de la habitación - ¡Hasta luego! – nos dice casi desde el pasillo. Miro hacia Edward que pone los ojos en blanco negando con la cabeza.
- ¡Anda vámonos! – le digo a su lado. Pasamos por mi casa, me cambio y vamos hasta las oficinas de Edward. Ha quedado allí con uno de los responsables de marketing que tiene algunas directrices que darme. Expongo mis ideas y les paso algunos de los planos que ya he diseñado para ver, más o menos, como va a quedar todo. De momento les encanta y yo me siento orgullosa de ello.
Salimos a las dos de las oficinas. Tengo la cabeza llena de información, que si flores en blanco, que si taburetes en negro, que si camareros de esmoquin… ¡Por favor, parar el mundo que me bajo! Respiro hondo intentando calmarme y pensar en que puedo con ello. Edward está hablando con el señor Smith, mientras yo observo a la gente ir y venir.
- ¿Estás bien? – dice él pasando su mano por mi cintura.
- Sí, no te preocupes – le digo intentando aparentar calma.
- Lo estás haciendo muy bien, deja de preocuparte – me gira en sus brazos y me besa suavemente.
- Vale – digo asintiendo.
- Bien, vamos a comer – me coge de la mano y tira de mi hacia el coche.
-¿Y tú hermana? – digo subiendo en el coche mientras él sostiene mi puerta.
- Ya le avisado, iremos al restaurante de Rosalie– me dice sentándose al volate y mirándome sonriendo.
- ¿Al restaurante de Ros? – le digo prácticamente gritando. ¡Aun no le he contado lo que ha pasado!
- Si. ¿Qué pasa? – dice incorporándose al tráfico.
- Nada, pero tengo que llamarla.
- Ya ha reservado Alice, no te preocupes – me dice acariciando mi rodilla.
- Yo no me preocupo pero tú sí que deberías. ¡Voy a llamarla! – digo sacando mi móvil.
- ¿Yo? ¿Por qué debería preocuparme? – me mira frunciendo el ceño mientras yo llamo.
- ¡Mierda, no lo coge! Llamaré al restaurante – marco el número y espero - ¿Chellse? – digo una vez que me contestan.
- Si soy yo – escucho del otro lado.
- Chellse soy Isabella. ¿Puedes pedirle a Ros que se ponga, por favor?
- Isabella ahora mismo es imposible. Esto esta hasta arriba – me dice pero no la escucho muy bien.
- De acuerdo. ¿Puedes decirle algo de mi parte? – le digo mirando a Edward que me observa de reojo – Dile que Edward y yo vamos a comer, y que está todo arreglado, ¿de acuerdo? –él se gira y frunce el ceño mirándome.
- De acuerdo Isabella. Hasta ahora – y me cuelga. Miro a Edward que para en un semáforo en rojo.
-¿Puedes explicarme que está pasando? – me pregunta alzando las cejas.
-Eh… Ayer Ros vino a casa cuando tú y yo habíamos discutido, y… - me muerdo el labio y lo miro.
-¿Y? Y tú y yo no discutimos porque prácticamente ni hablamos – me coge de la mano y me da un suave apretón.
- Bueno, pero le conté a Ros lo que había pasado, así que supongo que estará un poco enfadada contigo – le sonrío.
-¿Un poco enfadada? – arranca cuando el semáforo se pone verde.
- Un poco bastante, seguramente – le digo haciendo una mueca y él empieza a reír a carcajadas - ¿Te hace gracia? – le pregunto un poco ofendida.
- Me hace gracia la cara que pones – se acerca y me besa.
- La vista en la carretera – le digo girándole la cara.
-¿Está enfadada como para pegarme? – dice riéndose.
- Bueno, cree que eres un cabrón insensible que se la ha jugado a su mejor amiga, con lo cual… Si, puede que hasta para pegarte. – me río al pensarlo.
- ¿Un cabrón insensible? ¡Vaya, veo que ayer os quedasteis más que satisfechas!
- Bueno es lo que tiene el Martini, te hace perder la boca.
- Ya veo… Yo te llamé cabezona si te sirve de algo – me mira y sonríe.
- Bueno, ya me siento mucho mejor – nos miramos y sin poderlo evitar estallamos a carcajadas. Es tan fácil estar con él. Sabe exactamente como ser en cada momento. Es divertido cuando hay que serlo, serio en los negocios, amable, sincero, generoso en la cama y fuera de ella… ¿Qué he hecho yo para merecer a un hombre como él? Pienso mientras lo miro a su lado. Aparca y se gira a mirarme.
- ¿Qué piensas? – dice acariciando mi mejilla.
-En lo fácil que es estar contigo – digo sinceramente.
- Ven aquí – tira de mí y me besa hundiendo su lengua en mi boca – Yo solo quiero hacerte feliz – dice cogiendo mi cara entre sus manos.
- Gracias – digo sonriendo.
- Y ahora, vamos a ver si me dejan entrar en el restaurante – me dice riendo.
- No te preocupes, conozco a la dueña – bajo del coche y me acerco hasta él que me coge de la cintura.
- Esa es la que me da miedo, la dueña – y los dos volvemos a reír a carcajadas. Entramos en el restaurante, donde Edward ha quedado en que se reuniría con Alice.
- Ya echaba de menos a la mujer más guapa de todo Seattle – dice el señor Manuel cuando paso por su lado.
-Buenas tardes Manuel. ¡Usted sí que sabe alegrarme los días! – le digo sonriendo y mirando a Edward que también sonríe.
- Veo que ya no vas sola – dice mirando a Edward de arriba abajo - ¡Buena novia te has buscado! – le dice.
- Ni que lo diga – le dice él pasando su mano por mi cintura.
- Cuídala mucho que esta chica vale millones – le dice cogiendo mi mano y dándome un suave apretón.
- No se preocupe, lo haré – le sonríe y se dan la mano.
- ¡¿Qué cojones estás haciendo aquí?! – oigo la voz de Rosalie detrás de mí. Me giro y la veo con las dos manos en la cintura mirando a Edward con mala cara.
- Ros… - le digo intentando frenarla.
-¡Ni Ros, ni Rosalie, que pareces tonta Isabella! Después de todo te habrá contado cualquier mentira y tú le habrás creído. ¡Me has decepcionado, Cullen! – dice volviendo a encararlo.
- ¡Basta Rosalie! – le digo sin alzar mucho la voz para que no nos escuche todo el restaurante - ¡Es su hermana! – la cojo del brazo para que me mire - ¡Es su hermana! – le repito.
- ¿Su hermana? ¿Cómo que su hermana? – y de repente como si nos hubiera oído Alice hace su aparición.
-Edward– le dice desde la entrada. Camina hacia nosotros como si flotara sobre unos tacones de infarto. Lleva un vestido rosa palo de falda de tubo, con una chaqueta a conjunto, zapatos color hueso y un bolso del mismo color. Esta preciosa. Observo cómo la mitad de los hombres la siguen con la mirada y como Edward le sonríe haciéndome ver cuánto la adora.
- Su hermana – le digo a Ros que se ha quedado embobada mirándola.
- Hola Alice– dice Edward dándole dos besos.
- Hola Bella– llega hasta mí y para variar me da un abrazo.
-Hola Alice. Ella es mi mejor amiga Rosalie, Ros ella es Alice Cullen, la hermana de Edward– le sonrío y Edward llega a mi lado para cogerme de la cintura atrayéndome hacia él.
- Encantada – dice Alice dándole besos.
-Eh… Igualmente – dice Ros sorprendida – Entonces… - se gira hacia mi expectante.
- La mujer de ayer era ella – digo haciendo una mueca.
- ¡Madre mía! Edward lo siento – se gira hacia él y Edward le sonríe.
-No pasa nada Rosalie. Me alegro de que Bella tenga tan buenas amigas, lo tendré en cuenta – dice él haciéndonos reír a todos.
- Venga que tengo vuestra mesa preparada – dice ella resuelta. Nos sienta en una mesa de las más alejadas. Pedimos Vino y empieza a servir distintos platos para que Alice y Edward lo prueben todo.
- Y bien Bella, ¿Qué tal llevas los preparativos de la fiesta? – me pregunta Alice bebiendo de su copa.
- Bien, a pesar del poco tiempo que tenemos, está yendo muy bien – miro a Edward que sonríe a mi lado.
- ¡Me muero de ganas de que llegue! – dice ella ilusionada – son unas oficinas fantásticas Edward.
- Si, lo son, y estoy seguro de que Bella hará un trabajo increíble – dice cogiendo mi mano.
-Eso espero. Aún faltan algunas cosas por concretar, pero creo que estará todo a tiempo.
- Por cierto Alice, tengo que pedirte un favor – le dice Edward poniéndose serio – Quiero que ayudes a Bella en todo lo que necesite.
- ¡Oh claro! Me encantará – dice risueña.
-Bien, ¿has hablado con mamá? – dice él frunciendo el ceño.
-Si, antes de venir al restaurante he estado hablando con ella. Sigue enfadada y papá sigue intentando convencerla – dice probando el postre que acaban de traer.
- ¿Crees que vendrá?
- ¡Claro que vendrá! Ya la conoces, primero monta un numerito pero luego siempre aparece. Solo por quedar bien aparecerá – dice ella acariciando la mano de su hermano.
- Bien, eso espero – me mira y fuerza una sonrisa. Se le ve preocupado pero realmente no sé porque su madre no quiere venir.
-Bella, ¿me acompañarás algún día de compras? – dice Alice emocionada.
- Alice… - le dice Edward a modo de advertencia.
- ¿Qué pasa? Estoy segura de que conoces tiendas fantásticas, y necesitaremos vestidos para la fiesta – sonríe mirándome.
-Por mi perfecto – digo y él me mira sorprendido – Quizá podemos ir alguna tarde de esta semana.
- ¡Genial! Como nos veremos para lo de la fiesta ya quedaremos.
- Muy bien – digo mirando a Edward que niega con la cabeza.
-¿Qué tal todo? – pregunta Ros apoyando su mano en el hombro de Edward.
-Perfecto, estaba todo buenísimo. Tienes un restaurante precioso – dice Alice mirando a su alrededor.
- Muchas gracias. Aquí es donde se conocieron Bella y tu hermano, ¿lo sabias? – dice ella que nos mira sonriendo.
- ¿En serio? No lo sabía.
- Pues sí, digamos que yo fui la celestina. ¿Verdad que hacen una pareja preciosa? – me sonríe y yo la miro con mala cara. Edward se ríe a mi lado.
- La verdad es que nunca había visto a mi hermano así.
- Alice por favor – le dice él negando con la cabeza. Los observo atentamente a los dos dándome cuenta de lo bien que se llevan.
- ¡Ay Ed! No pasa nada, simplemente me alegro de verte bien.
- Gracias.
-Bueno, ¿os apetece una copa? – dice Ros cambiando de conversación.
- Solo si te la tomas con nosotros – le dice él sonriendo.
- ¿Podrás perdonarme? – le dice poniendo cara de pena.
- Bueno, no me has pegado.
- ¡Oh Edward! Te aseguro que casi lo hago. ¡Chellse! – dice Ros a la camarera – Prepara cuatro gin tónics – se sienta al lado de Alice. Nos tomamos la copa charlando tranquilamente. Alice es encantadora y pronto hace buenas migas con Ros. En el fondo son muy parecidas. Reímos con las ocurrencias de ambas y cuando nos quedamos solos decidimos marcharnos. Ros nos acompañará a Alice y a mí en nuestra tarde de compras, y Edward, por supuesto, ha denegado nuestra invitación a acompañarnos.
- Espero veros pronto por aquí – nos dice ya en la puerta.
- Si, descuida. Me ha encantado – dice Alice dándole un abrazo.
-Por cierto Rosalie, tanto Emmett como tú estáis invitados a la inauguración. Te lo digo con tiempo para que organices todo en el restaurante –le dice Edward y Ros abre los ojos de par en par.
- ¿En serio? – le dice ilusionada y no puedo evitar reírme.
- ¡Claro! No podéis faltar. De todas maneras la organizadora os hará llegar la invitación – dice cogiéndome de la cintura y apretándome contra él.
- Allí estaremos. Muchas gracias.
- Bueno nos vamos – digo dándole dos besos – Ya te llamo y te cuento, ¿de acuerdo? – le digo al oído. Ella asiente en respuesta. Acompañamos a Alice dando un paseo hasta el hotel donde nos despedimos, y Edward y yo vamos a mi casa. Entro por la puerta y lo primero que hago es quitarme los zapatos. ¡Tengo los pies molidos! Él se quita la americana y me observa sonriendo.
- ¿Qué pasa? – le pregunto poniéndome un vaso de agua.
- Mi hermana acaba de conocerte y ya te adora – se sienta en el taburete de la cocina y me observa.
- ¿Por qué dices eso? – le sirvo un vaso a él que se lo bebe de un solo trago.
- Porque la conozco bien. Ven aquí – dice dejando el vaso sobre la isla de la cocina. La rodeo y me coloco entre sus piernas.
- Es una chica encantadora. Como su hermano – le doy un suave beso en los labios y él sonríe mientras me abraza.
- Cuando quiere sí que lo es – me besa el cuello poniéndome los pelos de punta.
- ¿Y su prometido? – me separo para mirarlo y cambia el gesto por completo.
- Ni lo sé, ni me importa – dice medio enfadado.
- ¿Por qué le odias tanto? – le paso los dedos por su ceño fruncido.
- Porque sé que no la quiere – dice contundente.
-Edward, eso no puedes saberlo.
- Lo que quiere es su dinero, la fama que recae sobre él gracias a mi hermana.
- ¿La fama? – pregunto con una sonrisa que se me borra al ver que a él no le hace tanta gracia.
-Bella, esto es muy diferente a Nueva York. Solo por estar con mi hermana ha duplicado las ventas de su empresa. Alice no quiere darse cuenta porque está enamorada, pero es así.
- Quizá sea como tú lo ves, pero si se porta bien con ella…
- ¿Bien? Siempre está sola, y cuando está con él tendrías que verla. Es un cero a la izquierda – me dice bajando su mano por mi pierna y acariciando mi muslo.
- Tu hermana no es tonta Edward, sino fuera feliz no se habría comprometido con él – le aflojo la corbata y se la saco por la cabeza.
- Si alguna vez los ves juntos entenderás lo que te digo – lleva su mano hasta mi liguero y sonríe al rozarlo – Mmmm… creo que no me apetece hablar más del tema – sonríe y me besa apasionadamente.
- ¿Te apetece un baño? – le digo desabrochando los botones de su camisa uno a uno.
-Si, vamos – se levanta y lo llevo de la mano hasta mi habitación. Entro en el baño y me inclino a poner el tapón y encender el agua. Antes de que pueda incorporarme noto sus manos en mis caderas y roza su erección contra mi trasero. Me incorporo y el baja la cremallera de mi vestido acariciándome la espalda con sus dedos.
Me saca las mangas por lo brazos, y el vestido cae a mis pies. Me gira entre sus brazos y separándose de mí me observa. Tiene una mirada provocativa que sin duda consigue excitarme.
- No tendré vida suficiente para agradecer el haber entrado a ese restaurante – dice posando sus manos en mi cintura.
-Y yo me alegro de que lo hicieras – le digo sacando su camisa del pantalón.
-No puedo apartar mis manos de ti – dice desabrochando mi sujetador y bajando los tirantes por mis brazos. Me acerca hasta él y cogiéndome de la nuca me besa con fuerza. Le cojo las muñecas para quitarle los gemelos y le quito la camisa.
- ¿Tienes idea de cuánto me excita oírte decir eso? – llevo mis manos hasta la hebilla de su cinturón y lo abro. Le desabrocho los pantalones que caen a sus pies y quitándose los zapatos los aparta a un lado.
- Llevo todo el día deseando volver a hundirme en ti – dice desabrochado mi liguero.
-¡Oh Edward! – jadeo llevando mis manos a la cinturilla de sus bóxer y se los bajo lentamente.
Me baja las medias arrodillándose y deposita un suave beso en mi monte de venus. Baja mi tanga despacio y con sus manos en mis caderas me acerca hasta su boca.
- No tienes idea de lo atractiva que estás en estos momentos – dice mirándome. Hundo mis dedos en su pelo y tiro suavemente para que se levante. Se inclina y pasa su lengua entre mis pliegues.
- ¡Ah! – chillo ante la sensación que me provoca e involuntariamente separo mis piernas.
Aprieta sus dedos en mis caderas para mantenerme quieta mientras traza círculos con su lengua en mi clítoris. Baja su mano hundiendo un dedo en mi interior y mi cuerpo se calienta en un momento. Continua con su asalto y cuando estoy a punto de llegar al orgasmo se para.
- ¿Qué pasa? – le digo con un hilo de voz.
- Nuestro baño está listo – dice incorporándose y besándome. Noto el sabor de mis fluidos en su boca y hace que me excite más aun – Al agua – se separa y cogiéndome de la mano me obliga a entrar en la bañera. Entra y me mira fijamente. Se sienta mientras yo lo observo todavía de pie. Tira de mi mano y me siento a horcajadas sobre él. Le cojo el miembro entra mis dedos y le provoco subiendo y bajando.
- ¡Oh! – jadea echando la cabeza hacia atrás y yo aprovecho para besarle el cuello. No dejo de mover mi mano excitándole cada vez más y cuando noto como se acelera me apoyo sobre mis rodillas y caigo hundiendo su miembro en mí.
- ¡Ah sí! – gimo y le beso.
- ¡Dios Bells, vas a matarme! – me dice cuando empiezo a subir y bajar. El agua se sale de la bañera, pero me da igual. Estoy tan excitada que no puedo parar.
- Me encanta sentirte - le digo contra sus labios.
-¡Joder Bella! – baja sus cabeza hasta mis pechos y chupa uno de mis pezones. Acelero el ritmo notando que voy a llegar de un momento a otro y Edward acude a mi encuentro, cada vez que yo bajo el da un golpe seco con sus caderas haciendo que lo sienta aún más.
- No puedo más – digo prácticamente chillando.
- Así cielo, no pares ahora – me dice apretándome contra él.
- ¡Edward! – chillo su nombre a correrme y lo abrazo aún más fuerte.
- ¡Oh sí! – gruñe mordiendo mi hombro y noto el calor de sus fluidos en mi interior. Permanecemos en la misma posición sin decir nada. Me separo y sonrío. Me coge la cara entre sus manos y me besa diciendo lo que no dicen sus labios
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=ADELANTO=
-Que yo tengo que arreglarme y tú también. Y tienes una reunión – me giro y le doy un beso en los labios.
- Cuando pase todo esto, quiero un fin de semana entero contigo – dice apretándome contra él.
- Por mi perfecto – le sonrío y le doy un pequeño empujón – Hasta entonces hay mucho trabajo por hacer.
- Está bien – pone los ojos en blanco y sale a la habitación. Cuando termino salgo y lo encuentro completamente vestido y arreglado. Supongo que habrá usado el otro baño.
Nos vamos hacia el hotel, y al entrar encontramos a Alice en recepción con una sonrisa radiante.
- ¡Buenos días! – se acerca y nos da dos besos a cada uno. Mira a su hermano de arriba abajo y sonríe - ¿Desde cuándo repites traje? – dice y empieza a reírse con fuerza.
-Alice – le dice Edward muy serio pero yo no puedo evitar reírme.
- ¡Está bien! No te enfurruñes Ed– le da un beso en la mejilla y me sonríe.
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Bueno espero que les haya gustado, nos vemos en el siguiente capítulo dónde conoceremos a la familia Cullen, ya veremos como le va a Bells.
Bueno ¿Qué tal les pareció este capítulo? ¡Bueno? ¿Malo? ¿Los vulturis? Nos veos en la siguiente actualización…
Esta neófita inmortal se despide…
Jane.
