Disclaimer: Los personajes son de S. Meyer la creadora de Twilight (Crepúsculo) La historia no es mía, es de la fabulosa María Bravo, yo leí el libro y me encanto la historia y quise hacer una adaptación de esta historia que ella creo. TODOS LOS DERECHOS SON DE ELLAS MENTES INCREIBLES….

Ahora sí, nos vemos en los muchos capítulos que esta hermosa autora creo y plasmo en papel.

Este capítulo es dedicado para todas quienes se dan el tiempo de comentar algo Adriu, CorimarCautela, Yoliki gracias chicas, claro que también para aquellas que son lectoras fantasma solo no me asusten por fitas

(-.-)(-.-)(-.-)(-.-)(-.-)(-.-(-.-)

=Capítulo 18=

Me despierto con el sonido del teléfono de casa sonando. Estoy desnuda enredada en el cuerpo de Edward. Salgo de la cama intentando no despertarlo, me pongo un camisón y voy al comedor a coger el teléfono.

-Buenos días mamá – contesto cuando veo el número. Miro la hora y veo que son las nueve y media.

-¡Buenos días hija! Ya iba a colgar – dice tan eufórica como siempre - ¿Qué tal todo? No sabemos nada de ti.

-Lo siento mamá, esta semana he estado muy liada. Me han encargado un acto muy importante y no he parado quieta ni un segundo – le digo mientras enciendo la cafetera.

- Ah, ¿y de que se trata?

- Es la inauguración de una multinacional aquí en Seattle y me han pedido que se yo quien la dirija – digo y sonrío pensándolo.

- ¿No me digas? ¡Bells eso es genial!

- Sí, sí que lo es. Lo malo es que solo me queda una semana y está siendo algo complicado tenerlo todo a punto.

-¿Una semana? Eso es una locura – dice preocupada.

- Sí, pero ya está casi todo a punto. ¿Vosotros que tal? – saco el pan del armario y lo pongo en la tostadora.

-Muy bien cariño, ahora nos estábamos arreglándonos para dar un paseo y comer por ahí. ¿Y de qué es esa multinacional tan importante? – dice cotilla como siempre.

- Pues… Creo que se dedica a la exportación e importación, y algo sobre nuevas energías. Es largo de explicar – le digo pensando en todos los campos que abarca Cullen.

- Ah… ¿irán famosos como a la fiesta del hotel?

- Mamá – digo sin poder evitar reírme – Si, algún que otro famoso sí que va, pero no de los que tú conoces, más bien gente importante en el mundo de los negocios. De hecho Garrett puede informarte, la empresa está en su mismo edificio.

- ¿En serio? Garrett me dijo que ahí iba la empresa de tu amigo Edward. ¿Es para él esa fiesta? - ¡Joder con mi madre, no se le escapa una!

- Si mamá, es para él la fiesta.

-¿Por eso te ha elegido a ti? Tú dirás lo que quieras pero a ese chico le gustas Bells– afirma rotundamente.

- ¡Vaya gracias! Pensaba que me había elegido por mi trabajo pero ya veo que puedo estar equivocada.

- Bueno no te enfades. Me alegro mucho por ti, estoy muy orgullosa – me dice y no puedo evitar sonreír.

-Gracias. Mamá tengo que dejarte, aún no he desayunado – saco las tostadas y las coloco en un plato.

-¡Ah vale! Llámame y no trabajes demasiado Bella.

- No, no te preocupes. Dale un beso a papá. Esta semana pasaré a veros cuando tenga un hueco – pienso en todo lo que hay que hacer y me pongo nerviosa solo de pensarlo.

- Muy bien, un beso.

- Hasta luego – cuelgo y preparo dos cafés. Vuelvo a la habitación y veo que Edward sigue dormido. Me acerco hasta él y sentándome a su lado le acaricio la mejilla con el dorso de mis dedos. Me inclino y deposito un suave beso en sus labios que le hace sonreír. Abre los ojos despacio y clava su intensa mirada azul en mis ojos.

- Buenos días – sonrío y vuelvo a besarle.

- Buenos días ¿Qué hora es? – pregunta frotándose los ojos con los dedos.

- Las nueve y media. He preparado el desayuno – le digo pasando mis dedos entre su pelo.

-¿Las nueve y media? ¡Hemos dormido más de ocho horas! – se ríe y tira de mí para abrazarme.

- De vez en cuando no está mal – lo miro y sonrío.

- Solo duermo tanto cuando estoy contigo – dice pasando su pulgar por mi labio inferior.

- ¡Venga levanta! Hay mucho que hacer hoy – me levanto y tiro de su mano.

- Está bien – se levanta dejando al descubierto su espléndida desnudez y sonríe - ¿Dónde está ese desayuno?

- ¡Edward! – chillo cuando me alcanza y me lanza a la cama.

- Me encanta despertarme contigo – se acerca y me besa – Ahora ya podemos ir a desayunar. - Se levanta y va al baño, voy a la cocina y lo espero sentada en un taburete. Aparece llevando solo el pantalón de su traje y se sienta a mi lado. Desayunamos mientras planeamos cosas que podemos ir adelantando para fiesta.

-Bella, no quiero que te agobies – dice terminando su café.

- Ya, pero son cosas que no tienen por qué esperar hasta el lunes.

- Ya, bueno yo tengo una reunión a las doce que no sé cuánto me va a llevar. Avisaré a Alice para que te ayude. Estoy seguro de que le encantará ayudarte con el tema de las flores – me mira y sonríe.

- No hace falta Edward, me sabe mal que tenga que ponerse a trabajar en sábado.

- Está aquí para ayudar. No te preocupes. – me coge de la mano y me acaricia los nudillos.

- ¿Cuándo voy a verte? – le digo poniendo cara de pena.

-He quedado a cenar con todos la gente de mi empresa. Quiero que me acompañes – me mira fijamente midiendo mi reacción.

- ¿Qué? ¿Para qué? – le digo asustada.

- Hablaremos de la inauguración y quiero que estés allí – dice tranquilamente.

- ¿Por qué? – le pregunto confusa.

- ¿Cómo que por qué? ¡Porque eres tu quien la está organizando! – dice riéndose.

- Ya… ¿Aviso a Aro?

- No te preocupes, ya hablo yo con él.

- Está bien. Edward te pido que la próxima vez me avises de estas cosas – digo un poco enfadada porque nunca me dice nada.

- La verdad es que acabo de pensarlo. Si vamos a hablar de eso que mejor que estéis allí – se acerca y me da un suave beso en los labios – No te enfades.

- No me enfado, pero avísame la próxima vez.

-De acuerdo. Voy a llamar a Alice– se levanta, me da un beso en la cabeza al pasar por mi lado y coge su móvil.

Me siento un poco superada por todo esto, pero creo que tengo que ir acostumbrándome porque esta va a ser mi rutina de esta semana. Tenemos seis días para prepararlo todo y siento como si todo se me escapará de las manos. ¡No, está todo bien! Me repito dándome ánimos a mí misma. Lo tengo todo bajo control y nada puede salir mal.

Hoy cerraré la historia de las flores y el lunes firmaré el contrato con el catering, y así con todo. Me levanto y voy a la habitación donde saco un traje de pantalón negro, con una camisa blanca. Muy de negocios.

Voy al baño y mientras estoy planchándome el pelo aparece Edward que se apoya en el marco de la puerta a observarme.

- Mi hermana te espera en el hotel y Aro te llamará para quedar – lo miro y asiento.

- Bien. ¿Tú estarás allí? - la digo dándome las ultimas pasadas.

- Si, Alice también estará.

-Perfecto – termino y saco mi neceser de maquillaje. Edward se acerca y abrazándome por la espalda me aparta el pelo para darme un beso en la nuca –Edward– digo advirtiéndole.

- ¿Qué? – dice mientras sigue dándome pequeños besos por el cuello.

-Que yo tengo que arreglarme y tú también Y tienes una reunión – me giro y le doy un beso en los labios.

- Cuando pase todo esto, quiero un fin de semana entero contigo – dice apretándome contra él.

- Por mi perfecto – le sonrío y le doy un pequeño empujón – Hasta entonces hay mucho trabajo por hacer.

- Está bien – pone los ojos en blanco y sale a la habitación. Cuando termino salgo y lo encuentro completamente vestido y arreglado. Supongo que habrá usado el otro baño.

Nos vamos hacia el hotel, y al entrar encontramos a Alice en recepción con una sonrisa radiante.

- ¡Buenos días! – se acerca y nos da dos besos a cada uno. Mira a su hermano de arriba abajo y sonríe - ¿Desde cuándo repites traje? – dice y empieza a reírse con fuerza.

-Alice– le dice él muy serio pero yo no puedo evitar reírme.

- ¡Está bien! No te enfurruñes Ed– le da un beso en la mejilla y me sonríe – ¿Nos vamos? Alec nos llevará donde haga falta – dice resuelta.

- Ah… De acuerdo – miro a Edward que le hace un gesto a su hermana para que nos deje solos.

- Te echaré de menos – dice poniendo sus manos en mi cintura.

- Y yo a ti – sonrío y él se inclina a besarme - Venga ¡a trabajar! – me da un pellizco en el trasero que me hace dar un salto.

- No me entretengas y podré trabajar tranquila – le digo alejándome hacia la salida.

- Tened cuidado – me dice desde lejos. Me giro y le lanzo un beso que le hace sonreír.

Llego hasta Alice que está hablando con Alec. Nos subimos en el coche y nos dirigimos a la floristería donde les indico.

- Y bien Alice, ¿te gusta Seattle? – le digo mientras la veo observar todo por la ventanilla.

-¡Oh, sí, me encanta! Es una ciudad preciosa. ¿Siempre has vivido aquí? – me pregunta.

- Si, toda la vida. Bueno, estuve ocho meses en Londres para perfeccionar el idioma, pero era demasiado triste para mí – le sonrío y ella me sonríe de vuelta.

- Si, Londres es demasiado gris. ¿Todo bien con mi hermano? – me pregunta de pronto. ¡Vaya, no esperaba esa pregunta!

- Sí, todo muy bien. Bueno poco a poco – le digo un poco tensa.

- Conmigo puedes hablar tranquila Bella. Creo que le haces mucho bien a Edward. Se le ve muy contento y eso es raro en él.

- ¿Raro en él? – pregunto frunciendo el ceño.

- Bueno si, mi hermano es un poco serio, supongo que será por los negocios. Para mí es nuevo verle tan… relajado – me coge de la mano y me da un suave apretón.

- Ya… No sé, estamos bien juntos.

-¿Le quieres? – me pregunta directamente mirándome a los ojos. Me quedo callada observándole. ¡Claro que le quiero! Pero no puedo decirlo en voz alta.

- Bueno, creo que es pronto para decir algo así. Solo sé que estoy muy a gusto a su lado – le sonrío y ella me mira entornando sus ojos azules.

- Le conozco bien, y sé que esta vez sí que está enamorado – sonríe y asiente – Bueno no quiero incomodarte con mis estupideces romanticonas – se ríe.

-Bien. ¿Y tú? Edward me ha dicho que estás comprometida – le digo pensando en que quizá pueda averiguar por qué él odia tanto a su prometido.

- ¡Sí! –dice feliz enseñándome un hermoso anillo en oro blanco con un diamante, demasiado exagerado para mi gusto.

- ¡Oh, vaya! Es precioso – le digo observando el anillo.

-Sí que lo es. Si Edward te ha hablado de mi prometido, no creo que haya sido muy bien, ¿me equivoco? – dice haciendo una mueca de disgusto.

-Yo…bueno, supongo que es muy protector contigo – digo sin saber muy bien que decir exactamente.

- Si, demasiado. Peter es encantador y me quiere – dice intentando ser convincente pero noto cierta tristeza en su tono.

-¿Vendrá a la fiesta? – le pregunto intentando animarla pero creo que consigo todo lo contrario. Mira hacia la ventana y la observo tragar con fuerza.

- Aun no lo sabe – dice mirándome de nuevo y forzando una sonrisa.

-Bueno seguro que viene – le digo intentando animarla y ella me dedica una sonrisa radiante.

-Si, seguro – dice volviendo a mirar hacia el exterior. No me esperaba esa reacción. Quizá Edward tenga razón y no sea tan bueno como parece. ¡No! Seguro que él se equivoca. Alice parece tan dulce que dudo que alguien sea capaz de aprovecharse de ella, pero no me ha gustado ver esa mirada triste en ella. Quizá es demasiado buena y sí que ese tal Peter este con ella por egoísmo. Espero verlos juntos algún día para averiguarlo y demostrarle a Edward que está equivocado Espero que lo esté, porque no me gustaría ver sufrir a Alice.

Dice que está segura de que esta vez Edward sí que está enamorado. ¿Qué quiere decir con "esta vez"? Sé que sí que siente algo, de eso no tengo ninguna duda, pero no sé si es tan fuerte como para decir que está enamorado… No quiero pensarlo demasiado, cada cosa lleva su tiempo y yo tampoco estoy preparada para decirle lo que siento. Le amo.

-.-..-.-.-.

Llego a casa después de estar todo el día por ahí con Alice. Estoy molida, pero no puedo pararme porque esta noche es la dichosa cena. Edward me ha llamado unas ocho veces para ver qué tal estábamos, no entiendo a qué se debe tanta preocupación, supongo que será por su hermana. Ya tenemos la decoradora, y todo el material necesario, las invitaciones ya han empezado a repartirse y el lunes empiezan a acondicionar la sala. Siento una mezcla entre miedo y emoción, pero gracias a Alice que hoy me ha ayudado mucho a canalizar toda esta locura, tengo la seguridad de que todo va a ir bien.

Me preparo un vestido ajustado color azulón, con escote de barco y de media manga, zapatos negros, bolso a conjunto y como la noche ya empieza a refrescar saco un abrigo de entretiempo negro. Me ducho, me seco el pelo, me lo plancho, me lo retiro hacia un lado con unas horquillas y justo cuando empiezo a maquillarme suena mi móvil.

-¿Diga? – contesto con la cara llena de crema hidratante.

-Isabella, soy Aro. ¿Paso a recogerte a las ocho? – me dice tranquilamente.

-Ah, Aro. Me pillas terminando de arreglarme. Eh…bueno si, a las ocho estaré preparada – le digo dudosa ya que pensaba ir sola hasta el hotel.

-De acuerdo, pues en media hora nos vemos – dice resuelto.

-Muy bien, así te avanzo todo lo que ya está cerrado.

- Perfecto Isabella. Hasta luego – y cuelga. ¡Vaya, no esperaba ir con mi jefe! Tampoco esperaba ir con Edward ya que no quiero que lo nuestro se sepa, y mucho menos que mi jefe se entere. Termino de maquillarme, me visto y decido mandarle un mensaje a Edward.

"Estoy impaciente por verte"

Sonrío y decido ponerme los pendientes que me regaló.

"Y yo estoy impaciente por besarte, abrazarte, tocarte y…"

"¡Me estás ruborizando!"

"Eso es lo que quiero. Te veo en un rato cielo.

Resérvame tus besos"

Me río al leerlo y meto mis cosas en mi bolso. Me pongo perfume y llaman a la puerta.

-Ya bajo – le digo a Aro que asiente en respuesta. Bajo en el ascensor y no sé por qué empiezo a ponerme nerviosa. Supongo que es porque sé que voy a ver a Edward o puede que esté nerviosa por conocer a su equipo y explicarles todo el tema de la organización. Espero que no me avasallen a preguntas…

- ¡Buenas noches Aro! – le digo dándole dos besos.

-¡Isabella estás impresionante! – me dice sonriendo.

-Muchas gracias. Habrá que darles buena impresión a esa gente de negocios – le digo riéndome y él suelta una carcajada.

- Desde luego. Venga vamos – me dice caminando hacia su coche. Llegamos al hotel y al entrar en recepción Alice sale a nuestro encuentro. Lleva un mono de gasa negro precioso, con un cinturón dorado, el pelo recogido en una cola de caballo y los ojos con efecto ahumado que hacen que su azul te haga no dejar de mirarlos.

- ¡Hola Bella! – se acerca y me da dos besos – Buenas noches – dice sonriendo a Aro que la mira embelesado. ¡Aro por favor que podría ser tu hija! Pienso para mí.

-Aro, te presento Alice Cullen– digo señalándola.

- ¿Cullen? – dice él a modo de pregunta.

- Exacto. Soy hermana de Edward, y también trabajo en Cullen –Aro asiente y le da la mano.

- Encantado de conocerla señorita Cullen.

-Por favor llámeme Alice, yo no soy tan protocolaria como mi hermano – me mira de reojo haciéndome sonreír – Bueno pasemos al salón – dice haciendo una reverencia hacia la puerta del restaurante. Se coloca a mi lado y cogiéndome del brazo nos hace bajar unas escaleras que llevan hasta el restaurante. La chica de la entrada nos guarda los abrigos y nos indica que podemos entrar. Está bastante concurrido. La decoración es bastante clásica, en madera, y colores neutros. Caminamos hacia la barra y lo veo de espaldas.

Lleva un traje de chaqueta gris oscuro, que le sienta como un guante, está apoyado con un codo en la barra, y los pies cruzados a la altura del tobillo. Mi cuerpo reacciona a su presencia, noto como mi corazón se acelera y mi piel se eriza. Respiro hondo y sonrío mientras nos acercamos.

-Edward– dice Alice a mi lado y él poco a poco se da la vuelta. Lleva la camisa blanca y una corbata gris perla. Lleva una copa de vino en la mano, que deja en la barra al vernos. Me mira directamente a los ojos y como siempre no puedo apartar mi mirada.

- Buenas noches señor Cullen– escucho de fondo a Aro a mi lado. Él parpadea y rompe el hechizo.

- Buenas noches Aro, llámeme Edward por favor – le dice sonriendo y estrechando su mano.

-Isabella, estás preciosa – me sonríe y apoyando su mano en mi hombro se inclina para besarme. Reacciono de inmediato girando mi cara para que su beso caiga en mi mejilla y rápidamente le doy otro. ¿Se ha vuelto loco?

- Buenas noches Edward– fuerzo una sonrisa y él me mira entornando sus ojos y frunciendo el ceño.

- Muy bien – dice en un susurro - ¿Una copa? – dice mirando a Aro que acepta encantado y se dirige junto a él a la barra.

-¿A qué viene eso Bella? – me pregunta Alice.

- ¿El qué? – le digo desconcertada.

- Oh Bella, le has girado la cara.

-Alice, no quiero que todo el mundo piense que estamos juntos – le digo en un susurro.

-¡Pero estáis juntos! – niega con la cabeza –Bellacreo que a alguien no le ha sentado nada bien lo que acabas de hacer – me señala a la barra y veo a Edward observándome con la mandíbula apretada.

- Lo siento – le digo sin voz para que pueda leerme los labios pero niega con la cabeza. ¡Perfecto, ahora se ha enfadado!

Nos acercamos y me presenta a todos sus compañeros de forma fría. Somos unas diez personas y la mayoría de ellos no habla español. No me mira ni una sola vez y yo estoy tan pendiente de él que no me quedo con ninguno de los nombres que me dice.

Pasamos al comedor, y nos indican una mesa redonda. Edward apoya su mano en mi espalda para indicarme que me siente a su lado, y mi cuerpo se estremece con solo sentir su roce. Lo tengo a mi derecha y su olor llega hasta mis fosas nasales aturdiendo mis sentidos. Lo miro de reojo y veo como, sin duda para provocarme, lame su labio inferior para después morderlo. ¡Quiero ser yo quien lo muerda! Ahogo un jadeo y veo como la comisura de sus labios se elevan en una media sonrisa. Por lo menos parece que su enfado va a menos.

Nos sirven los entrantes y todo el mundo empieza a preguntarme por la inauguración. Edward me observa con atención, y Aro contesta a algunas de las preguntas.

Cuando llega el segundo plato el vino parece que ha hecho efecto y se dejan de lado los temas más serios para hablar distendido sobre casi todo. He estado observando a Edward y me he dado cuenta de cómo sus trabajadores le tienen un gran respeto a pesar de lo joven que es. Algunos le doblan la edad pero se nota que le admiran. Desde luego es admirable que con solo treinta y tres años sea presidente de una multinacional como la suya.

Cojo mi copa y justo cuando la acerco a mis labios, noto su mano en mi muslo donde empieza a trazar círculos con el pulgar, trago con fuerza y me tenso de los pies a la cabeza. Le miro disimuladamente y ríe hablando con un chico rubio que no recuerdo como se llama.

¡Muy bien, si quiere jugar, juguemos! Llevo mi mano por encima de la suya hasta su rodilla, y noto sus músculos contraerse a mi contacto. Le acaricio con mi pulgar mientras asciendo hasta su entrepierna y carraspea a mi lado haciéndome reír. Cuando llego a la altura de su cremallera vuelvo a bajar hasta la rodilla sin dejar de acariciarle con mis dedos. Así una y otra vez, hasta que al final planto mi mano directamente en su erección y él contiene el aire a mi lado.

Le acaricio arriba y abajo, mientras se excita cada vez más. Baja su mano por mi muslo y me separa las rodillas para ascender por el interior de mis muslos. ¡No puedo creer que esté haciendo esto! Arrastra mi vestido a su paso y yo separo mis piernas un poco más. Al llegar al vértice de mis piernas me acaricia con un solo dedo y yo muerdo mi labio para no chillar aquí mismo.

Respiro hondo mientras mi cuerpo se acelera. ¡Esto es tan erótico! Subo más el mantel con miedo de que alguien pueda ver lo que estamos haciendo, y lo miro. Gira su cara hacia mí y me dedica esa sonrisa pícara que me encanta. Aprieto mis dedos rodeando con fuerza su erección y miro como su otra mano agarra la mesa con fuerza.

El mueve más rápido su dedo contra mi ropa interior haciendo que empiece a notar los primeros latigazos de un orgasmo. ¡No puedo correrme aquí!

- Si me disculpan – digo soltando mi mano de su erección y dejando mi servilleta en la mesa. Edward me mira frunciendo el ceño y yo le devuelvo una sonrisa. Saca su mano de entre mis piernas y me levanto. ¡Necesito ir al baño! Me levanto arrastrando mi vestido hacia abajo y me dirijo a los servicios. Cuando me dispongo a entrar en uno de ellos la puerta se abre de par en par y aparece Edward con una mirada de deseo que no le he visto nunca antes.

- ¡Edward! – le digo en un susurro, pero no me da tiempo a nada más, me alcanza y me empuja contra la pared de uno de los baños. Cierra la puerta y se gira hacia mí. Hunde su lengua en mi boca con fuerza mientras me aprieta contra la pared. Llevo mis manos a su pelo y lo acerco más a mí. Sus manos están por todas partes. Nos besamos con violencia, sin descanso. Se agacha y arrastra mi vestido hasta mi cintura mientras yo abro su cinturón y sus pantalones. Se los bajo junto con su bóxer y él clavando los dedos en mi tanga lo rasga, me lo enseña y se lo guarda en el bolsillo de la americana. ¿Qué? ¡Voy a tener que ir sin bragas el resto de la noche!

Me levanta en brazos, mis piernas se enrollan en sus caderas y sin más se clava en mi interior. Muerdo su hombro para acallar mis jadeos y empieza a moverse a un ritmo demoledor.

- No vuelvas a hacer lo que has hecho – me dice al oído y clavando sus dedos en mi trasero.

- E…Edward por favor – le ruego para que no se enfade.

- No, no quiero que nadie piense que puede tener algo contigo – dice mirándome a los ojos y se lanza de nuevo a mis labios. Noto crecer dentro mí el orgasmo y echando mi cabeza hacia atrás gimo bajito por si hay alguien en el baño.

-Nadie quiere nada conmigo Edward– le miro y acaricio su mejilla con mis dedos.

-¡Qué equivocada estás Isabella! – acelera sus embestidas, me aferro fuerte a sus hombros y él me besa para acallar mis gemidos. Con un par de movimientos me corro sin poder, ni querer evitarlo. Él me aprieta fuerte y lanzándome hacia arriba con sus embestidas se corre apretando los dientes.

Los dos respiramos entrecortadamente, le miro y le beso dulcemente. Sale de mí y me baja al suelo. Coge papel y me limpia entre las piernas y después se limpia él.

Me mira y le sonrío.

- ¿No podías esperar? – le digo sin poder evitar reírme.

- No, lo he pasado fatal desde que has entrado – dice y sin poder evitarlo sonríe también. Se sube el bóxer y se abrocha los pantalones.

-Bien, ¿sabes que ahora voy a tener que ir sin bragas? – le digo bajando mi vestido.

- Mmm...… no sabes cómo me gusta ser el único que sabe eso – se inclina, me da un apretón en el trasero y me besa - ¡Salgamos de aquí! – se da media vuelta pero yo le detengo.

- No podemos salir los dos – le digo colocándole bien la corbata.

- ¡Isabella! – dice medio enfadado de nuevo.

- Por favor Edward déjame hacerlo a mi manera, si no toda esa mesa va a pensar que por eso tengo este trabajo – le cojo la cara entre mis manos y el suspira pero asiente.

- De acuerdo, ya hablaremos de esto – me besa y me sonríe.

- Venga sal ya, ahora iré yo. - Asoma la cabeza para comprobar que no hay nadie y con un último beso sale del baño. Apoyo la espalda en la pared y suelto el aire. No puedo creer que acabemos de hacer lo que hemos hecho. Salgo y me miro en el espejo, tengo los labios hinchados y los ojos brillantes que junto con mis mejillas rojo escarlata sin duda nadie sabrá lo que he hecho los últimos diez minutos ¡Mierda!

Me retoco el maquillaje, vuelvo a colocar mis horquillas en mi pelo, y estirándome de nuevo el vestido, salgo del baño. Me siento en mi sitio mientras Edward me observa a mi lado. Nadie parece darse cuenta de lo que ha pasado así que respiro aliviada. Bebo un buen trago de mi copa y cojo mi cucharilla para el postre que acaba de llegar.

- ¿Te gustaría probar esta vez sin tus braguitas? – me dice Edward a lo oído haciendo que me atragante con el helado.

-Eres un pervertido – le digo mirándolo seriamente.

-Contigo cielo, es inevitable serlo – me dice sonriendo. Le sonrío y sin querer ya estoy deseándolo de nuevo…

O00o0o0o0oo00oo00o0o

=ADELANTO=

-Esperaba que vinieras – le digo sin dejar de abrazarlo.

- Casi me vuelvo loco hoy Bella– dice sin dejar de acariciar mi espalda arriba y abajo.

- ¿Por qué? – levanto mi cara hacia él y le cojo de la mano para llevarlo a la habitación.

-¿Por qué? ¡Acaban de pedirme tu número de teléfono y he tenido que controlarme para no partirle la cara! – dice negando con la cabeza.

-¿Qué? ¿Quién te ha pedido mi teléfono? – le pregunto confusa mientras le quito la corbata y le desabrocho los botones de la camisa.

- ¡Me da igual quien! – me coge las manos que ya estaban desabrochando su cinturón –Isabella mírame – me levanta la cara y me mira intensamente a los ojos.

- ¿Qué pasa Edward? – le acaricio la mejilla con mis dedos.

- Quiero que vengas conmigo a la inauguración – dice sin soltarme la barbilla.

O0O00O0O00O

Así qué Edward y Bella también saben ser unos pillines uf ¿Quién quiere un Edward así? Yo por favor estas navidades sería un plus que me llegara… jajaja lamentablemente es de Bella y S. Meyer. Bueno hay será para la otra.

Locura realizada…

Cambio y fuera…

By:antoCullen::

Esta mortal inmortal se despide.

Jane.