Disclaimer: Los personajes son de S. Meyer la creadora de Twilight (Crepúsculo) La historia no es mía, es de la fabulosa María Bravo, yo leí el libro y me encanto la historia y quise hacer una adaptación de esta historia que ella creo. TODOS LOS DERECHOS SON DE ELLAS MENTES INCREIBLES….

Ahora sí, nos vemos en los muchos capítulos que esta hermosa autora creo y plasmo en papel.

Este capítulo es dedicado para todas quienes se dan el tiempo de comentar algo Adriu, CorimarCautela, Yoliki, Dayis gracias chicas, claro que también para aquellas que son lectoras fantasma solo no me asusten por fitas

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=Capítulo 22=

Edward se marcha justo cuando yo tengo que levantarme. Quedamos en llamarnos esta tarde aunque no sabe si hoy nos veremos, su socio vuelve a Nueva York y tienen mucho trabajo.

Desayuno sin dejar de pensar en su madre, tomo una decisión: No pienso dejar que se entrometa en nuestra relación. Me parece perfecto si no le gusto, pero a su hijo si y voy a luchar por ello. Me ducho, me visto y me marcho a la oficina. Lo primero una reunión para comentar la inauguración, y Aro me dice que hay varias empresas que se han puesto en contacto con él para diferentes campañas publicitarias y varios eventos próximos. Me pide que a partir de ahora sea yo quien dirija los proyectos, lo que conlleva una subida de categoría laboral, con su correspondiente sueldo, pero también más trabajo, pero eso no me preocupa, me encanta lo que hago.

Estoy pletórica y decido mandarle un mensaje a Edward para decírselo.

"¡Buenos días de nuevo! ¡Te comunico que acaban de ascenderme!

Espero poder celebrarlo pronto contigo.

Besos.

¡Ah! Y que Te quiero"

Me lo pienso dos veces antes de enviarlo, cojo aire y pulso la tecla. Ya se lo he confesado con lo cual no es nada nuevo. Me pongo a trabajar y dejo de pensar en todo: novios intensos, suegras indeseables, inauguraciones de locura… ¡Vaya última semanita!

Cuando me quiero dar cuenta es la una de medio día. Salgo a comer y voy a la cafetería de al lado de la oficina, me siento en una mesa y decido comer un sándwich vegetal con un té helado. Cojo el periódico y empiezo a leer tranquilamente. Siempre lo mismo, políticos corruptos, Seattle y la crisis, la bolsa… pero al llegar a la página de sociedad doy un salto en mi silla. ¡Estoy en el periódico! Edward y yo salimos en dos fotos ocupando media página a la entrada de sus oficinas. En una me tiene cogida de la cintura y sonríe a la cámara, he de reconocer que para lo tensa que era mi sonrisa no parece muy forzada, pero él ¡está guapísimo! La otra es del beso que Edward me dio delante de todos los periodistas ¡qué vergüenza! A pie de foto puede leerse:

Edward Anthony Cullen Presidente de Cullen y su pareja Isabella Swan.

¡Madre mía! Hago una foto y se la envío a Ros. Leo la noticia con atención. Hablan de la empresa de Edward, de su sede en Seattle y lo que eso supone para la ciudad. Al final comenta:

"El señor Edward Cullen confirmó que la señorita Isabella Swan es su pareja y según sabemos también fue la organizadora del evento llevado a cabo por VLC VULTURI EVENTOS Y PUBLICIDAD. Debe estar orgullosa ya que además parece haber atrapado al soltero de oro de Nueva York."

Me atraganto con el sándwich al leerlo. ¿Por qué todo el mundo piensa que estoy con él por su dinero? Supongo que es lo normal, pero están tan equivocados… Llamo a mis padres, necesito escuchar la voz de alguien que no piense eso de mí.

- ¡Hola mamá! – le digo cuando contesta.

- ¡Bells cariño! ¿Qué tal estas? ¿Cómo fue todo?

-Bien mamá, salió todo genial. Deberías haber venido.

- Hija nosotros no pintábamos nada allí. Vuelve a agradecerle la invitación a Edward de nuestra parte. Pero cuéntame quien había y como fue – dice curiosa como siempre.

- Mamá no creo que conocieras a nadie, eran gente de negocios y casi todos extranjeros. Pero todo esfuerzo tiene su recompensa… ¡Me han ascendido!

- ¿Qué? ¿No me digas? ¡Cuánto me alegro Bella!

- Sí, estoy feliz.

- ¿Qué te pasa hija? No te noto muy contenta – dice tan intuitiva como siempre.

- Nada mamá, estoy muy contenta de verdad.

- A mí no me engañas Isabella, algo te pasa – me dice y noto la preocupación en su voz.

- ¡Ay mamá! He conocido a la familia de Edward– le digo tragando el nudo que se forma en mi garganta.

- ¿Y qué pasa?

- Su madre me odia – "Disfruta mientras puedas" Vuelve a repetir mi mente.

- ¿Por qué? Bella igual la has malinterpretado.

- No mamá, no he malinterpretado nada. Fue muy clarita al respecto te lo aseguro.

- Esa mujer no te conoce para odiarte, deja que te conozca y ya verás cómo poco a poco cambia de opinión – dice intentando consolarme.

- No sé mamá… me preocupa que pueda estropear nuestra relación, estaba yendo todo tan bien…

-Bella, eso no va a pasar, pero ponte en su lugar, su hijo está aquí solo y ella debe preocuparse mucho por él.

- Si, supongo que si – me limpio una lagrima que resbala por mi mejilla. ¡No puedo permitir que me afecte así!

- ¿Y él que dice?

- Está dispuesto a enfrentarse a su madre, pero yo no quiero que lo haga ¡es su madre!

- Bella cariño, no quiero verte mal por esto. Ya verás como el tiempo le demuestra que eres buena para su hijo.

- Ya bueno, perdona, hoy me ha pillado el día flojo – le digo riendo.

- Ya veo, ya. Cariño vente a casa y hablamos, así te desahogas más tranquila.

- No te preocupes mamá, se me pasará. Además el miércoles vuelven a Nueva York.

- Eso no soluciona nada hija.

- Bueno, pero me ayudará a pensar. Mamá tengo que volver al trabajo, mañana te llamo.

- Muy bien Bella, y no quiero que te preocupes, estoy segura de que todo se arreglará – me dice haciendo que mis ojos vuelvan a llenarse de lágrimas.

- Gracias mamá. Un beso, dale uno a papá.

-Hasta luego cariño – cuelgo, respiro hondo y vuelvo al trabajo.

La mañana se me ha pasado rápido, pero la tarde parece no tener fin. Tengo ganas de llegar a casa, darme un baño y no hacer nada.

-Bella– me llama Sara – ¡Otro ramo! – me giro y veo al chico de la floristería que sostiene un ramo de rosas rojas precioso.

- ¡Oh, Dios mío! – niego con la cabeza y me dirijo a recepción.

- Esto se está convirtiendo en costumbre – me dice mientras firmo el albarán.

-Sí, eso parece – vuelvo a notar el nudo de emoción en mi garganta, cojo el ramo y vuelvo a mi mesa ¿Qué me pasa? Abro el sobre con dedos temblorosos, lágrimas en los ojos, y el corazón me bombea con fuerza.

"Enhorabuena por tu ascenso, te mereces eso y más.

Cielo no te imaginas lo que tú me haces sentir…

Resérvame tus besos"

Mis lágrimas resbalan por mis mejillas sin poder evitarlo, voy al servicio y me encierro dejando que mi cuerpo libere toda esta tensión. Pienso en las palabras de Edward, sé que siente algo y sé que es amor, pero en estos momentos me gustaría tanto oírselo decir. Respiro hondo e intento calmarme. Escucho mi móvil mientras me retoco el maquillaje, termino pero cuando llego a mi mesa han colgado. Es Ros.

- Hola – me contesta enseguida.

- Hola. ¿Qué tal?

- Bien, ha sido un día raro, pero bien.

- El mío también está siendo de lo más raro – me siento en mi mesa y termino lo que me queda por hacer.

- ¿Qué te pasa? ¡Has salido en el periódico! – dice emocionada.

- Si – contesto riendo – Oye, ¿te apetece venir a casa esta noche? Podemos pedir pizza y ver una película o algo.

- ¿Qué pasa?

- ¡Nada! – ¿Por qué todo el mundo se ha vuelto tan observador?

- Está bien, a las ocho dejo esto preparado y voy.

- Muy bien – noto cierto alivio al saber que voy a verla. Ella siempre sabe alegrarme los días.

- Luego hablamos. ¡Y me lo cuentas todo! – ríe y me cuelga.

Por fin salgo de trabajar, llego a casa y lo primero que hago es llamar a Edward pero no me contesta. Pongo una lavadora, lleno la bañera y me meto dentro. ¡Qué gusto! Salgo, paso la ropa a la secadora y plancho la que tengo. Como no adelante faena la casa se me echa encima. Suena mi móvil y veo que es él ¡al fin!

- Hola – contesto y directamente se me instala una sonrisa en la cara.

- Hola cielo.

-Gracias por las flores, que sepas que me has hecho llorar.

- ¿Llorar, por qué? – pregunta preocupado.

- Nada, hoy tengo el día sensible. ¿Tú qué tal?

-Bien, un día de locos, pero bien. Mañana me instalo por completo en el nuevo despacho.

-Mmm...… me encanta tu despacho – le digo provocándolo. Se ríe a carcajadas haciéndome reír a mí.

- A mí no me convencía, pero reconozco que desde el sábado me encanta.

- Me alegro.

- ¿Cómo estás? Enhorabuena por tu ascenso.

- Bien, estoy bien, un poco abrumada por la que se me viene encima, pero bien.

- Tranquila, lo harás muy bien. Bella hoy no voy a poder pasar a verte - dice y noto la decepción en su voz.

- No pasa nada, pero te echaré de menos.

- ¿Estás bien?

- Si, solo que ha sido un día largo, pero ahora va a venir Rosalie y seguro que me anima.

-¿Por qué necesitas que te anime? ¿Qué pasa Bella? – dice preocupado y me imagino su ceño fruncido.

-No necesito que me anime, no pasa nada de verdad, solo ha sido un fin de semana de muchas emociones y hoy tengo uno de esos días tontos.

- Voy a verte.

- ¡Edward no! De verdad que no hace falta… estoy bien.

-De acuerdo. Te llamaré esta noche antes de acompañar a Benjamín.

-Edward tu haz lo que tengas que hacer y no te preocupes.

-Está bien. Tengo que entrar a una reunión de última hora.

- Vale. Hablamos luego.

- Muy bien cielo. Un beso.

- Hasta luego – cuelgo y miro el teléfono ¡cada día me gusta más! Me río pensando, suelto el teléfono y vuelvo a mi plancha. ¡Es tan protector! Y me encanta que lo sea… Ros llega radiante como siempre.

-¡Pizza sin Lambrusco no es una pizza! – dice levantando una botella de Lambrusco tinto. Me río y le doy un abrazo.

- ¡Qué ganas tenía de verte! – le digo sin soltarla.

- ¿Pero qué te pasa? Venga entra, que tus vecinos van a pensar que te has cambiado de acera – dice haciéndome reír a carcajadas.

- Anda pasa. Llamamos para pedir la cena y mientras esperamos le cuento lo de mi ascenso, mi confesión a Edward, lo de su madre…

- Joder Bells, estoy alucinando – dice dando un bocado a su pizza recién llegada.

- Pues si…

- ¡Menuda zorra está hecha la madre!

- ¡Rosalie! – le riño riéndome.

- ¿Qué? ¡Es la verdad!

- Ya, pero me guste o no, es su madre.

-No dejes que te manipule Bella. Si se lo permites tendrás la batalla perdida – dice negando con la boca llena.

- ¿Y qué hago?

-¡Plántale cara! Si empiezas a permitir que te humille nunca conseguirás que te deje tranquila.

-Lo sé y si no fuera porque es su madre ya le hubiera dicho cuatro cosas bien dichas.

- ¡Pues hazlo! Ella no se ha cortado al decirte que eres una caza fortunas, o algo así. Tú vas y le dices: Mire, querida señora Cullen– dice levantándose y haciendo un pequeño teatro mientras yo no puedo parar de reír tirada en el suelo – Sé que no le gusto, y que piensa que voy a aprovecharme de su hijo, pero, ¿sabe una cosa? ¡Quien se lo folla soy yo, y ni usted ni nadie podrá impedirlo!

- ¡Qué burra eres!

- Lo sé, pero es la verdad. Tiene que darse cuenta que su hijo ya no es ningún niño. Y si Edward quiere enfrentarse a ella ¡que se enfrente! – se sienta a mi lado en el suelo y apoyamos la espalda en el sofá.

- No quiero que lo haga porque sé que esas cosas luego se echan en cara. ¿No me traerá problemas, verdad? – digo mirándola con preocupación.

- Te traerá los que tú le dejes que te traiga. Dile la verdad, que le quieres y que eso no puede cambiarlo – me sonríe y me abraza fuerte. Cuando Ros se va, voy a lavarme los dientes, voy al baño y justo lo que me faltaba por hoy, ¡la regla! Ahora entiendo mis bajones. He estado tan agobiada que ni siquiera me he dado cuenta que me tocaba hoy. En fin, mañana será otro día.

Justo cuando voy a poner la alarma en mi móvil, me llama Edward.

- Hola – contesto tumbándome en la cama.

- Hola ¿estás mejor? – dice preocupado.

-Sí, mucho mejor. Además he averiguado el motivo de mi día malo. Además de no haberte visto, me ha llegado el periodo.

- Oh, vaya. Me alegro de que estés mejor.

- Gracias.

- Te echo de menos – me dice en un tono que si pudiera atravesar el teléfono lo haría.

- Y yo a ti. ¿Mañana podré verte?

-¿Te apetece comer conmigo? Tenemos mucho que celebrar – me pregunta y sé que está sonriendo.

- Me encantaría.

- A la una pasaré a recogerte.

- ¡Perfecto!

- Bueno cielo, tengo que llevar a Benjamín. ¿Estás bien entonces?

- Que siii… No te preocupes. – digo riéndome y lo oigo reír al otro lado.

-Descansa cariño – su voz hace que mis terminaciones nerviosas se pongan en alerta.

- Te echaré de menos.

- Y yo a ti. Sueña conmigo – sonrío al escucharlo.

- Siempre lo hago. Buenas noches Edward.

- Buenas noches cielo. Cuando cuelgo cierro los ojos y analizo como hemos avanzado hasta ahora, el miedo que me daba al principio, y como poco a poco se ha convertido en una parte tan importante de mi vida que ahora no podría separarla de mí aunque quisiera. No pienso renunciar a él, y sé que él no va a renunciar a mí.

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Salgo a la una volando a la calle, deseando tirarme en los brazos de Edward, lo veo bajar del coche en la esquina y corro hacia él. Cuando se gira, me ve, sonríe y abre sus brazos para recibirme. Como una niña pequeña dejo que me levante entre sus brazos agarrándome a él con mis piernas en su cintura y mis brazos en su cuello. Le beso como si hiciera años que no le veo, y él me devuelve el beso exactamente igual.

- Si quieres puedo pedirle a Alec que nos lleve al hotel - dice riendo pegado a mis labios. Me separo y miro por encima de su hombro. Alec nos observa desde dentro del coche con una sonrisa. Lo saludo muerta de vergüenza y él levanta su mano en respuesta y se incorpora al tráfico de nuevo. Vuelvo a mirar a Edward que no deja de reírse.

- Ya puedes bajarme - le digo riendo.

-Por mí no te cortes - dice besándome y bajándome poco a poco - ¿Cómo estás?

- Ahora bien - sonrío y él me abraza.

-Bells... - dice volviendo a besarme - Venga, vamos a comer.

Llegamos a un restaurante de comida tradicional. Pedimos el menú y una botella de vino. Edward no deja de mirarme mientras el camarero nos sirve.

- ¿Qué pasa? - le digo una vez que estamos solos.

-Tenía muchísimas ganas de verte - alarga su mano y coge la mía.

-Yo a ti también, pero eres un hombre tan sumamente ocupado...

-Espero que a partir de ahora sea todo más tranquilo. Además, hoy me dan las llaves del piso - clava sus ojos azules en mi sonriendo.

- ¡Vaya, que rápido!

-Si, Rachel se ha encargado de todo. Mañana harán algunos cambios, pero por lo demás creo que la semana que viene podré instalarme.

- Brindo por ello - levanto mi copa y él coge la suya.

- Y por tu ascenso - asiento y bebo un sorbo.

- Van a darme un despacho - digo con una sonrisa y alzando una ceja.

-Pues habrá que estrenarlo - muerde su labio inferior escondiendo una sonrisa.

- Supongo - sonrío y empiezo a comer.

- He estado hablando con Alice antes. Mañana se marchan y quiere despedirse.

- ¡Ah claro! Le echare de menos - le miro y sonríe.

- Ella ha dicho lo mismo de ti, pero ha prometido que volverá pronto.

- Estaría bien que ella también se instalara aquí en Seattle.

- ¿Quieres matar a mi madre? - dice riendo y por un momento pienso que tal vez matarla no, pero mantenerla lo más alejada posible, no está mal.

- No, pero a tu hermana le ha encantado.

-Bella, Peter no va a dejar su empresa en Nueva York, y ella no se irá de su lado. En fin, ¿te apetece cenar con ellos hoy? - me pregunta en un tono cauto, sin duda porque sabe perfectamente que no me apetece nada.

- Como apetecerme...

- Lo sé cielo. Ayer volví a discutir con mi madre.

-¿Te puedo hacer una pregunta? - le digo recordando la noche que apareció en mi casa.

- Claro, lo que quieras.

- La noche que apareciste en mi casa, que Ros se había quedado a cenar...

- Sé de qué noche me hablas - dice terminando su plato y clavando sus ojos en mí.

- Si te molesta no te pregunto - le digo cuando le veo apretar la mandíbula.

-Bella, nada de lo que tú digas podría molestarme. Pregunta.

-¿Qué pasaba? Sé que entonces no quisiste contármelo, pero quizá ahora... - le digo poniendo cara de pena y él me sonríe.

- Discutí con mi madre. Fue el día que mi padre se dio cuenta de que había alguien - coge su copa y da un sorbo sin dejar de mirarme. ¡Lo sabía, sabía que tenía que ver conmigo!

- Está bien, no necesito saber nada más. Si quieres que esta noche cenemos con ellos, iré a cenar, no me importa - cojo su mano y sonrío.

- ¿De verdad?

- Si, de verdad.

- Bien, quedaré con ellos. Salimos del restaurante a las tres menos diez minutos. Llegó tarde. Al llegar a la puerta de mi oficina, Edward me acaricia la mejilla con el dorso de su mano.

- Te recojo a las ocho - se inclina y me besa.

- ¿Vendrás luego a dormir conmigo?

- ¿Quieres que vaya? - baja hasta mi cuello y me da suaves besos que hacen que mi piel se erice.

- ¡Claro que quiero! Me has malcriado...

- Pienso hacerlo cada día - levanta su cara hasta la mía y sonríe.

- Tengo que entrar.

-¿Seguro? - pregunta tirando de mi hacia él haciéndome reír.

- Si, venga que tú también tienes mucho que hacer - le beso y él cogiéndome de la nuca hace su beso más profundo.

-Hasta luego cielo - se separa dejándome las piernas como gelatina y sonríe.

-Hasta luego - me doy la vuelta y entro en el edificio. Me siento en mi mesa y pienso en la cena. ¡Otra vez soportar a esa mujer! Pero no pasa nada, ya decidí que no va a afectarme.

Salgo de trabajar y decido salir un rato a correr. Tengo tiempo de sobra y así descargo adrenalina, para ir más relajada esta noche. Voy corriendo por el cauce del río, con la música puesta dejando que mi cuerpo se relaje mientras corro. Voy subiendo el ritmo a la vez que sube el ritmo de la música. Veo un destello a mi lado pero al girarme no veo nada. Sigo corriendo y cuando noto que mis piernas comienzan a arder doy la vuelta a casa.

Me ducho, me recojo el pelo en una coleta estilo años sesenta, maquillaje natural y me visto con unos pantalones estilo palazzo negros, una camisa de media manga blanca, y una americana negra.

Llaman a la puerta y bajo deseando volver a estar con Edward.

- Buenas noches - le doy un beso y miro a nuestro alrededor - ¿Has venido con Alec?

-No, he venido solo - dice y empieza a reír - Venga vamos.

Llegamos a un restaurante justo debajo del nuevo piso de Edward. Su familia aún no ha llegado así que esperamos en la barra bebiendo una cerveza.

- ¿Han visto tu nuevo piso? - le pregunto y doy un sorbo a mi cerveza.

- Si, les ha encantado.

- Me alegro - sonrío y pienso que por lo menos algo que yo he ayudado a elegir le ha gustado a doña perfecta.

- Estás guapísima Bells- me dice inclinándose y besando mis labios. Oigo como alguien carraspea a nuestra espalda y al girarme veo a sus padres y a su hermana mirándonos. Carlisle y Alice contienen la risa, en cambio Esme no tiene nada que contener. Los saludo a los tres riendo porque siempre nos descubren igual. El camarero nos acompaña a nuestra mesa y agradezco que nos sentemos igual que la cena anterior. Me siento protegida al lado de Carlisle y Edward.

La cena esta deliciosa. Yo he pedido un lenguado en salsa de almendras que está buenísimo. Edward y su padre no han dejado de hablar de trabajo, mientras Alice y yo comentábamos detalles del piso de su hermanos. Le comento que en una de las terrazas podría poner una zona con sofás bajitos, tipo tumbona, donde poder tomar algo en verano.

- De todas maneras esas cosas las decidirá Edward y la persona que viva con él - me dice su madre mientras salimos. Edward y su padre van a pagar.

- Mamá - le recrimina Alice.

-No te preocupes Alice, ya estoy más que acostumbrada. Mire Esme, por supuesto que su hijo decidirá lo que pone y lo que deja de poner en su casa, igual que es mayorcito para decidir quien vive o comparte su vida con él.

- ¿A caso crees que vas a ser tú?

- No sé si seré yo, o no, lo que sí sé es que le guste o no quiero a su hijo.

-Eres como todas las demás. Una maleducada buscando quien le solucione la vida - me dice con desprecio.

- Mamá por favor – Alice la coge del brazo enfadada.

-Afortunadamente estoy muy orgullosa de la educación que me dieron mis padres, y no busco quien me solucione la vida porque ya la tengo solucionada. Seré muy clara con usted: Puede insultarme, menospreciarme e incluso humillarme, pero tenga muy clara una cosa, no voy a separarme de su hijo a menos que sea él quien me lo pida, así que si esa es su intención ya le digo que está perdiendo el tiempo - suelto el aire que estaba conteniendo y la miro directamente a los ojos.

-No puedes ocupar el puesto que no te corresponde.

- ¿Qué? ¡No intento ocupar ningún puesto! - le digo enfadada. ¡Esta mujer me desespera!

-No, no puedes porque ya está ocupado – dice riendo.

-¡Mamá, déjalo ya! - le grita Alice justo cuando Carlisle y Edward salen del restaurante.

-¿Qué cojones está pasando aquí? – escucho a Edward a mi espalda y sin duda alguna, bastante cabreado. Miro fijamente a su madre intentando entender que ha querido decir. ¿Qué puesto está ocupado? No entiendo lo que ha querido decir con eso, pero por su sonrisa sé que no va a gustarme.

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Llevo una hora sentada en el sofá pensando en mil cosas, ni siquiera he encendido la televisión. Miro el reloj y veo que es la una de la madrugada. Edward no me ha dicho nada pero por la hora que es deduzco que ya no va a venir. Me levanto y me voy a la cama, no voy a esperarlo toda la noche. Cuando mis parpados comienzan a cerrarse suena el timbre. Por un momento estoy tentada de no abrir, pero la tentación me dura solo un momento.

Lo veo a través de la cámara y abro la puerta sin preguntar. Cuando sale del ascensor noto mis nervios en el estómago, me mira a los ojos y noto el cansancio en su mirada.

- Pensé que ya no vendrías.

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Bueno con Esme que no nos cae, bueno veremos que o quien ocupa ese lugar que dice Esme.

¿Escucho teorías?...

Nos vemos en el siguiente capítulo, besos…

Locura realizada…

Cambio y fuera…

By:antoCullen::

Jane.