Disclaimer: Los personajes son de S. Meyer la creadora de Twilight (Crepúsculo) La historia no es mía, es de la fabulosa María Bravo, yo leí el libro y me encanto la historia y quise hacer una adaptación de esta historia que ella creo. TODOS LOS DERECHOS SON DE ELLAS MENTES INCREIBLES….
Ahora sí, nos vemos en los muchos capítulos que esta hermosa autora creo y plasmo en papel.
Este capítulo es dedicado para todas quienes se dan el tiempo de comentar algo Adriu, CorimarCautela, Yoliki, Dayis gracias chicas, claro que también para aquellas que son lectoras fantasma solo no me asusten por fitas …
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=Capítulo 23=
-Bella– escucho a Edward detrás de mí. Me giro totalmente descolocada - ¿Qué ha pasado?
- Edward cariño yo puedo explicártelo… - dice su madre.
-Mamá, no estoy hablando contigo. ¿Isabella? – vuelve a preguntarme sin apartar sus ojos de los míos.
- Yo solo…
- ¡Esme ya está bien! – escucho a Carlisle enfadado.
-Yo solo le he dicho la verdad – dice ella tranquila. Sigo mirando a Edward que frunce el ceño al escuchar a su madre. ¿Qué verdad? Pienso, pero soy incapaz de preguntar y sé que es el miedo a conocerla lo que me tiene paralizada.
- Mamá esta vez te has pasado – dice Alice que se acerca hasta mí y pasa su brazo por mis hombros – Tranquila Bells, no le hagas caso.
- Señor Cullen– Alec llega hasta nosotros.
-Bella, háblame – Edward se acerca pero yo me aparto negando con la cabeza. Necesito aclarar muchas cosas.
- No, estoy bien – respiro hondo intentando controlar mis emociones.
- Alec lleva a casa a Isabella, yo llevaré a mi familia de vuelta al hotel – dice él. ¿Qué? ¿Va dejarme tirada?
- Pero Edward…
-Bella, necesito solucionar esto. Luego iré a tu casa – se acerca y me pasa los dedos por la mejilla.
Su padre se ha llevado a Esme del brazo hacia el coche.
- Mañana te llamaré antes de irme. Espero verte pronto Bella– dice Alice que me da un fuerte abrazo. Cierro los ojos intentando que eso me tranquilice.
- Mañana hablamos – fuerzo una sonrisa.
- Tranquila Bella, todo se arreglará – vuelve a besarme en la mejilla y se marcha hacia el coche.
-Iré en cuanto pueda – dice Edward una vez que estamos solos. Lo miro y no puedo evitar enfadarme.
Pensé que me apoyaría, que vendría conmigo y en vez de eso deja que sea Alec quien me lleve a casa.
- Haz lo que quieras Edward – digo conteniendo mis lágrimas y mi rabia.
-Bella, no sé lo que ha pasado pero estoy seguro de que todo tiene una explicación. Hablaré con mi madre para intentar tranquilizarla y luego iré a verte.
- ¡Te he dicho que hagas lo que quieras! – digo enfadada – Por favor Alec, llévame a casa – me giro y me dirijo al coche. Él mira a Edward que asiente en respuesta.
Me siento en el asiento del copiloto y Alec sube segundos después. Arranca y se incorpora al tráfico. Siento como si una losa me comprimiera el pecho, mi labio empieza a temblar y sin poder evitarlo mis lágrimas empiezan a rodar por mis mejillas. ¡Ha sido lo más humillante que he vivido nunca! Alec me mira, alarga el brazo y me acaricia en el hombro, solo ese gesto hace que llore con más fuerza. ¡Maldita sea, llevo dos días sin dejar de llorar! Me pasa una caja de pañuelos y se lo agradezco con una sonrisa.
- Tranquilízate Isabella– me dice con voz calmada – La señora Cullen a veces puede ser insufrible – lo miro perpleja, él me dedica una sonrisa y sin poder evitarlo empiezo a reír. No esperaba oír eso de Alec, es siempre tan correcto, pero me alegra saber que no soy la única que lo piensa. Me muerdo el labio intentando retener la cantidad de preguntas que tengo, miro por la ventana limpiándome las lágrimas y decido que no pierdo nada por intentarlo.
-Alec, ¿puedo hacerte una pregunta? – lo miro y asiente en respuesta - ¿Edward está casado? – pregunto directamente. Es lo que las palabras de Esme me han hecho pensar.
- No Bella, el señor Cullen no está casado – me mira y sonríe. Noto como mi cuerpo se relaja al instante. ¡Menos mal! ¿Por qué Esme me ha dicho eso? Repaso nuestra conversación y no logro entender sus palabras. Desde que la conozco no ha dejado de tratar de hacerme daño cuando yo lo único que quiero es hacer feliz a su hijo. Y luego está Edward, siempre tan esquivo a la hora de hablar… ¡me va a estallar la cabeza! Estoy enfadada y dolida, me siento como si un tren de mercancías hubiera pasado por encima de mí.
Subo a casa, me pongo el pijama, me desmaquillo, me deshago la coleta y decido hacerme un té caliente. Me siento en el sofá y me tomo un ibuprofeno para el dolor de cabeza que empiezo a notar. Ha sido todo tan extraño… me siento como si fuera un actor dentro de una obra de teatro sin saber exactamente cuál es su papel. Trato de tranquilizarme y apartar mi enfado a un lado, pero no lo consigo. Decidí enfrentarme a ella, no dejar que me humillara, y aun así lo ha conseguido, y que Edward me haya dejado sola ya ha sido el golpe final.
Estoy haciendo lo que un día prometí no volver a hacer, llorar por un hombre, pero me he dado cuenta de que esa promesa carece de sentido cuando te enamoras. Llevo una hora sentada en el sofá pensando en mil cosas, ni siquiera he encendido la televisión. Miro el reloj y veo que es la una de la madrugada. Edward no me ha dicho nada pero por la hora que es deduzco que ya no va a venir. Me levanto y me voy a la cama, no voy a esperarlo toda la noche. Cuando mis parpados comienzan a cerrarse suena el timbre. Por un momento estoy tentada de no abrir, pero la tentación me dura solo un momento.
Lo veo a través de la cámara y abro la puerta sin preguntar. Cuando sale del ascensor noto mis nervios en el estómago, me mira a los ojos y noto el cansancio en su mirada.
- Pensé que ya no vendrías – le digo cuando se acerca.
-Te dije que lo haría. ¿Puedo pasar? – dice delante de mí. Noto que está enfadado. Espero que no sea conmigo porque yo también estoy enfadada.
- Claro – entro y él entra cerrando la puerta a su espalda. Llego hasta el comedor y me siento en el sofá. Ahora mismo me lanzaría a sus brazos y haría como si nada de esto hubiera pasado, pero no puedo, quiero saber qué es lo que pasa.
- ¿Qué pasa Edward? – le pregunto directamente, él suspira y se sienta a mi lado - ¿No vas a decir nada?
- Cuéntame que ha pasado Bella– se gira y me mira a los ojos.
- Supongo que ya te lo ha contado tu madre.
- Te lo estoy preguntando a ti. ¿Qué ha pasado?
-Nada… Simplemente estaba comentando con Alice algunos cambios que yo haría en tu piso si fuera mío, y entonces tu madre ha salido con que no era mi sitio, que ese sitio a tu lado ya estaba ocupado y alguna que otra cosas más – aprieto mis dientes cabreada y él me mira frunciendo el ceño.
- Mi hermana dice que te ha insultado.
- Bueno, me ha llamado maleducada…
-¿Solo eso? – dice sin apartar sus ojos de mí. Noto como mi rabia va en aumento.
- ¿Solo eso? ¿Te parece poco? ¡Pues no, no me ha dicho solo eso! ¡También me ha dejado caer, sutilmente por supuesto, que soy una zorra caza-fortunas que no va a ninguna parte contigo, y que lo único que busco es que alguien me solucione la vida! – le digo subiendo el tono poco a poco. Me mira y se pasa la mano por el pelo.
-Bella, lo siento, yo…
-No Edward, si lo sintieras no me habrías dejado sola – noto como empiezan a inundarse mis ojos. No quiero llorar pero no puedo evitarlo.
-Bella, por favor no llores…
- Edward si hay algo que quieras contarme, te pido que lo hagas – le cojo la mano y me acerco más a él - ¿Hay alguien más? – me mira abriendo los ojos de par en par.
- ¿De verdad crees que te engañaría? – pregunta frunciendo el ceño.
- ¿Y qué quieres que crea? – chillo poniéndome de pie – Ya no sé lo que pensar, entre todos vais a hacer que me vuelva loca – me acerco a la terraza y miro a través del cristal. Me abrazo a mí misma sin dejar de llorar.
-Bella– Edward está justo detrás de mí, se acerca y pone sus manos en mis hombros. Solo su contacto me tranquiliza – Cielo ven aquí – me gira entre sus brazos y yo hundo la cara en su pecho.
-¡Oh Edward, estoy tan cansada! – lloro con más fuerza mientras paso mis manos por su cintura y lo abrazo.
-Bella– levanta mi cara hacia él con el índice y el pulgar y besa mis lágrimas – Solo estás tú – y besa mis labios. Hunde su mano en mi pelo pegándome más a él, y su lengua recorre el interior de mi boca. Llevo mis manos hasta su pelo y le devuelvo el beso. Gruñe en mi boca y sus manos bajan hasta mi trasero. Me coge en brazos, me lleva a la habitación, me tumba sobre la cama y él se tumba sobre mí.
-Edward, no puedo – digo separándome de él.
-Bella, por favor – me suplica besando mi cuello.
-No es eso, es que estoy en esos días… - ¡Oh dios, maldita regla! Pienso notando la excitación entre mis piernas. Edward levanta la cabeza y me mira.
- ¿Crees que por tener la regla voy a parar? – me dice con una sonrisa y yo lo miro con los ojos como platos – Ven aquí – dice levantándose y tirando de mi mano.
Entramos en el baño y abre el grifo de la ducha, se gira hacia mí y llevando sus manos al bajo de su camiseta se la quita. Se desnuda por completo lentamente frente a mí haciendo que lo desee cada vez más. Sabe muy bien como provocarme. Vuelve a acercarse me quita la camiseta y me baja los pantalones junto con las braguitas. Me besa dulcemente mientras acaricia mis pezones provocándome un escalofrío.
- Puedes quitártelo tú, o te lo quito yo – dice bajando su cabeza hasta mi pechos y jugando con mis pezones. ¡Oh madre mía! Sé a lo que se refiere…
- Lo haré yo – tiro de su pelo para poder volver a besarlo. Él me sonríe y entra en la ducha. Respiro hondo, me quito el tampón si pensarlo demasiado, y entro tras él. Le abrazo por la espalda, besando su cuerpo y se da la vuelta entre mis brazos. Nos empuja a los dos debajo del agua haciendo que me ría.
- Eso ya me gusta más – sonríe y me besa con dulzura. Gimo contra sus labios y él profundiza el beso en respuesta – Te deseo tanto Bells.
- Y yo a ti… - le miro a los ojos y sonríe. Acaricia mi cuerpo con sus manos, acaricia mis pechos sensibles provocándome, baja una mano hasta mi sexo y con un solo dedo traza círculos en mi clítoris. Me sujeto a sus hombros jadeando, y él vuelve a hundir su lengua en mi boca. Tira de mí hacia él y me levanta en brazos, pega mi espalda a la pared y se hunde en mí poco a poco.
- Oh Edward– gimo sintiendo como entra en mí.
- Bells cielo, solo estás tú – dice pegado a mis labios y empieza a moverse. Lo abrazo más fuerte sintiendo como entra y sale de mí sin parar, beso su cuello, tiro del lóbulo de su oreja entre mis dientes y él gruñe en respuesta. Necesito tanto sentir que es mío, necesito saber que está a mi lado, que a pesar de todo sigue aquí. Empuja con más fuerza y echando la cabeza hacia atrás me mira directamente a los ojos.
-¡Dios Bella! – aprieta sus dedos en mis nalgas y me impulsa hacia arriba con cada embestida.
- ¡Oh, sí Edward! Voy a correrme – le digo notando como mi músculos se aprietan en torno a él.
-Eres, tan, perfecta – dice separando las palabras y vuelve a besarme intensamente – Solo, estás, tu.
- Ah, Edward…
- Así cielo, necesito sentirte. ¿Sabes lo que me haces sentir? – dice clavando sus ojos en los míos.
- No, no lo sé… ¡oh Dios! – jadeo y beso sus labios. Me corro chillando su nombre y apretándome contra él noto como acelera el ritmo y de pronto siento como se corre en mi interior. Me besa suavemente, sale de mí y me baja al suelo. Lleva sus manos a mis mejillas sin dejar de besarme, apoya su frente en la mía recuperando el aliento.
Abro los ojos, acaricio su cara con mi mano y él se apoya en ella. Vuelvo a besarle y nos miramos fijamente a los ojos.
- Te quiero Bella– dice sin dejar de mirarme a los ojos. ¡Oh Dios mío! Mis ojos vuelven a llenarse de lágrimas – Eh, deja de llorar.
- Oh Edward…
-No quiero que vuelvas a dudar de mí. Te quiero y eso nada ni nadie podrá cambiarlo, ¿de acuerdo? – dice levantando mi cara hacia él.
- Yo también te quiero – sonrío y le beso.
- Lo sé… Nadie se enfrenta a mi madre solo por gusto – dice intentando retener una sonrisa pero sin poderlo evitar los dos estallamos en carcajadas. Nos lavamos y salimos de la ducha. Le pido un minuto de intimidad y cuando salgo está dormido en mi cama.
Intentando no molestarle me acerco y me tumbo a su lado. Lo observo y pienso en lo mucho que quiero a este hombre, en que él también me quiere a mí y en lo que hemos avanzado juntos. Me acerco y le doy un beso suave en los labios. Abre los ojos y sonríe.
- ¿Tú también me miras mientras duermo? – me acaricia la cara y se acerca más a mí.
- Solo a veces… - sonrío y vuelvo a besarle.
-Ven, deja que te abrace – me abraza fuerte contra él.
- Edward…
- Dime – me besa la cabeza y acaricia mi pelo.
- ¿Qué ha pasado con tu madre? – al final no me ha contado nada. Noto como sonríe.
- Está cabreada porque pretende que acabe con alguna mujer sosa y aburrida que lo único que le interese sea si hoy tiene peluquería o pádel, y se está dando cuenta de que no va a ser así.
- ¡Oh, vaya! – le digo porque no sé exactamente qué decir.
-Y después de una noche como esta, ¿qué te parece si dormimos? – me pregunta y levanto mi cabeza para mirarle.
- Me alegro de que estés aquí – le beso y sonrío.
- Te he dicho que vendría – sonríe y me abraza. Alarga su mano y apaga la luz. Me abraza con fuerza y cierro los ojos.
- Buenas noches Edward– le doy un suave beso en el pecho y me acurruco contra él.
-Buenas noches cielo – dice acariciando mi espalda.
- ¿Puedo oírlo otra vez? – digo con una risita haciéndole reír a él.
- Te quiero – dice sabiendo exactamente a qué me refería.
- Y yo a ti – lo abrazo más fuerte y poco a poco, me pierdo en mis sueños.
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Suena el despertador, lo apago y me giro hacia Edward que sigue durmiendo a mi lado. Le acaricio la mejilla, me acerco para besarlo pero él me coge de la nuca y me besa intensamente tumbándome de espaldas haciéndome reír.
-Pensaba que estabas durmiendo – le digo sonriendo.
- Con ese despertador es difícil no enterarse – hunde su cabeza en mi cuello y me muerde la oreja.
- ¿Hoy no trabajas?
-Hasta las diez no tengo ninguna reunión… Quédate conmigo.
- ¡No puedo quedarme! – digo riendo.
- Puedo llamar a Aro…
- ¡No, eso ni en broma! Tengo que trabajar, tu quédate aquí si quieres, pero yo me tengo que ir – le doy un beso y le empujo para levantarme.
- Está bien, tendré que levantarme.
- Quédate si quieres – le digo cogiendo la ropa del armario – Cuando salgas cierras la puerta y listo.
- Voy a preparar el desayuno – se levanta, me abraza por la espalda y aprieta su erección contra mis nalgas.
- ¡Edward! – digo riendo.
- Es inevitable cielo – me muerde en el cuello y sale de la habitación. Cuando estoy lista salgo de la habitación, y me encuentro el desayuno dispuesto en la isla de la cocina, Edward está hablando por teléfono. Él no tiene que trabajar pero yo sí, así que me pongo a desayunar.
-Muchas gracias por el desayuno – le digo cuando se sienta a mi lado.
- No hay de qué.
-¿Tienes que trabajar? – le pregunto refiriéndome a su llamada.
- Era mi padre. A medio día voy a acompañarles al aeropuerto – dice mirándome de reojo.
- Muy bien. Yo me tengo que ir volando – le digo terminando mi café. Me inclino y le beso en los labios.
-Espérame que voy contigo – de un sorbo termina el café.
- Edward ni siquiera estás vestido, llegaré tarde.
- No llegarás tarde. Dos minutos. – corre a la habitación haciéndome reír. Me lavo los dientes y él se apoya en el marco de la puerta a observarme, ya está vestido y sonríe.
- Señorita Swan por su culpa vamos a llegar tarde – dice haciéndome reír.
- ¡Venga vámonos!...
Llego al trabajo justita pero a mi hora. Ya está listo mi nuevo despacho, pequeño pero para mí perfecto. Tiene una ventana al fondo, una mesa de acero y cristal que me encanta, a la derecha hay un sofá biplaza con una mesita delante, y a la izquierda archivadores y dos estanterías.
Traslado mis cuatro cosas y decido mandarle una foto a Edwrd.
"Deseando estrenarlo contigo. ;) Te quiero"
Me contesta al minuto:
"¡Quiero una cita ya! Te echo de menos y yo también te quiero"
Sonrío como una idiota y me pongo a trabajar. A media mañana me escapo a la sala de descanso a hacerme un café y cuando vuelvo al despacho, suena el teléfono de mi mesa.
-Bella, soy Sara. Alice Cullen está aquí – me dice la recepcionista.
- Dile que pase – Alice entra en mi despacho tan guapa como siempre. Sonríe mientras me acerco a darle un abrazo.
- No podía irme así después de lo que pasó ayer – me dice sentándonos las dos en el sofá.
- Alice no te preocupes, quizá yo también me pase un poco, pero no pude evitarlo.
- No Bella, la culpa fue de mi madre. No tiene derecho a decirte las cosas que te dijo…
- Bueno, no te preocupes. Espero que poco a poco se dé cuenta de que no soy el tipo de mujer que ella cree.
- Seguro que si – me coge las manos y me da un suave apretón.
- Tu hermano ya me explicó que está enfadada porque no soy el tipo de mujer que quiere para su hijo, pero eso no puede decidirlo ella.
- Si, algo así, pero está claro que mi hermano ya ha elegido – dice alzando las cejas haciéndome reír.
- Espero que sí. ¿Y tú qué tal? Tendrás ganas de ver a Peter.
- Eh… si claro, estoy deseando verle.
-Ya queda poco. ¿Quieres que almorcemos juntas? – digo cambiando de tema al notarla un poco incomoda.
- No puedo. ¡Aún no he terminado ni la maleta! – se ríe y se levanta – Tengo que irme – dice haciendo un puchero.
- Espero verte muy pronto – la abrazo fuerte y ella se ríe ¡es tan adorable!
- Edward me ha dicho que te encantaría ir a Nueva York así que, ya sabes, allí te espero – me dice y estallo en carcajadas.
- ¡Ojala!
- No tienes más que decirlo – dice cogiéndome las manos – Me lo he pasado muy bien contigo Bells, me alegro muchísimo de haberte conocido.
- Yo también a ti – sonrío.
- Bueno me voy que no quiero ponerme llorona. Hasta pronto – me da dos besos y la acompaño a la salida – Llámame ¿de acuerdo?
- No te preocupes que lo haré. Que tengáis un buen viaje.
- Hasta luego Bells.
-Hasta luego – le digo mientras sube en el ascensor. A medio día Sonia baja a por comida para todos, el viernes que viene tenemos una presentación publicitaria y vamos todos locos
- ¡Isabella! – escucho como grita desde mi despacho. Salgo y me la encuentro cargada con las bolsas de la comida y jadeando.
-¿Qué pasa? ¿Por qué gritas? – pregunto mientras Sara llega hasta nosotras y Aro sale del despacho.
-Bella, abajo hay una veintena de periodistas y todos preguntan por ti.
-¿Qué? ¿Jake está abajo no? – pregunto preocupada.
- Si, ha dicho que no había podido avisar que te lo dijera por si pensabas salir.
- ¿Pero qué quieren? – No entiendo que quieren de mí.
- Me han preguntado sobre tu relación con el señor Cullen… - dice Sonia a modo de disculpa.
- ¿Qué? ¡No puedo creerlo!
- Bella es normal… – dice Aro a mi lado.
-¿Normal? Ya dijimos que sí, que somos pareja. ¿Qué más quieren? ¡Tengo que llamar a Edward! – entro en el despacho y le llamo al móvil pero no contesta. ¡Mierda! De repente suena y veo que es mi madre. ¡Oh no, ahora no!
- Dime mamá – contesto de mala gana.
- ¡Bells hija! ¿Estás bien? – pregunta alterada.
- Si mamá, mucho trabajo pero estoy bien.
- ¡Estás saliendo en la tele! – dice chillando.
- ¿Cómo? - ¡Oh Dios mío! ¿De qué coño va todo esto?
- Si, son unas fotos tuyas de la fiesta, y en otras estás corriendo por el río.
- ¿Qué? A ver, mamá tranquilízate.
-Hablan de tu relación con Edward. ¿Qué está pasando Isabella?
- ¡No lo sé! Estoy tratando de hablar con Edward pero no me contesta. Debe estar llevando a su familia al aeropuerto – digo paseando de un lado al otro de mi despacho.
- Están en la puerta de tu oficina.
-¡Lo sé mamá, ya lo sé! Escucha tengo que dejarte y tratar de localizar a Edward. Luego te llamo.
- Ten cuidado cielo – dice preocupada.
- Mamá, no pasa nada. Un beso. – Cuelgo y salgo del despacho. Sara y Leah siguen esperando para ver qué pasa, pero ni siquiera yo lo sé. Vuelvo a llamar a Edward pero sigue sin contestar. Llamo a Jake para ver qué tal va todo.
-Jake ¿Qué está pasando?
- ¡Madre mía Bells! No paran de preguntar por ti – dice sorprendido.
- ¿Saben que estoy aquí?
- ¡Claro que lo saben! Pero no te preocupes no pueden entrar aquí – dice tratando de tranquilizarme.
- De acuerdo, veré como salgo de esta. – Respiro hondo y pienso qué hacer… Puedo salir lo más natural posible, responder alguna de las preguntas y me dejarán tranquila. No, eso es lo que pensó Edward al acudir juntos a la fiesta y por lo que se ve no ha salido demasiado bien. Mi coche está en el garaje de las oficinas, puedo salir directa… Edward me está llamando ¡Por fin! –Edward – respondo aliviada.
-Bells cielo ¿estás bien? – pregunta preocupado.
- Sí, sí, estoy bien. La puerta de mi oficina está llena de periodistas…
- Lo sé. Escucha ¿Alec puede entrar directo al garaje?
-Mi coche está en el garaje pensaba salir directa, o salir tranquila y hablar con ellos, no sé…
- No, Alec y yo vamos para allí. Espérate en la oficina, saldremos juntos – noto la tensión en su voz.
-Está bien, pero no entiendo qué es lo que quieren – le digo sin comprender.
-Bella, esto forma parte de mi vida. He intentado mantenerte al margen, pensé que si mostrábamos nuestra relación con naturalidad esto no pasaría, pero me equivoqué. Lo siento.
- De acuerdo Edward. Ven a buscarme.
- Estamos de camino. Hasta ahora. Cuelgo y aviso a Jake para que deje entrar el coche de Edward. Hablo con Aro que no pone ninguna pega, aunque sé que todo este escándalo no le está haciendo ninguna gracia. Termino de guardar los archivos para el viernes y recojo mis cosas.
-Bella– Edward entra corriendo hasta mí y me abraza - ¿Estás bien? – pregunta mirando mi cara.
- Si, estoy bien. ¿Qué está pasando?
- Simplemente quieren conocerte.
- Ya me conocen…
-Bella, no les basta con unas fotos a la puerta de mis oficinas. Hasta ahora he podido mantenerlos alejados, pero te expuse demasiado en la fiesta.
- No creo que sea para tanto. A ver, no me hace gracia que veinte periodistas me esperen a la puerta de mi trabajo, pero algo podremos hacer.
- Cielo, vamos a salir en el coche con Alec, tu irás detrás y yo hablaré con ellos. No pueden molestarte en tu trabajo – dice nervioso.
-Mi madre dice que han sacado fotos mías corriendo por el río – le digo recordando el destello que vi cuando fui a correr.
- ¿Qué? ¿Cuándo? – pregunta enfadado.
- Ayer cuando salí a correr me pareció ver algo pero no le di importancia…
- ¡Joder Isabella! ¿Por qué no me lo dijiste?
-¡No sabía lo que era! – está consiguiendo ponerme más nerviosa de lo que estoy.
- Está bien, vamos a salir – dice cogiendo mi mano y tirando de mi hacia el ascensor. Bajamos los tres en un incómodo silencio. Alec me mira y me dedica una sonrisa tímida intentando tranquilizarme. Subo en el asiento de atrás del coche y Edward me da un beso en los labios.
- Todo saldrá bien – dice acariciando mi cara. Se sienta delante y Alec arranca. Avisamos a Jake para que nos abra y unos diez periodistas se lanzan sobre nosotros una vez que salimos a la calle. Todos chillan preguntas que no entiendo ¡Madre mía, esto me supera! Noto como mi respiración se acelera, y el corazón me martillea frenético en el pecho ¿Qué es todo esto? Alec para el coche y Edward baja su ventanilla.
-¡Señor Cullen! ¿Ha venido a recoger a su novia? – chilla uno de ellos. Él asiente y creo que está sonriendo. Intentan asomarse a la parte de atrás para verme pero Edward se lo impide.
-Contestaré algunas de sus preguntas, pero quiero que respeten la vida privada de la señorita Swan, y sobre todo, su trabajo. Si no, me veré obligado a tomar las medidas oportunas – les dice Edward muy serio.
- Señor Cullen, ¿es cierto que llevan más de un mes de relación? – pregunta uno de ellos más tranquilo. ¿Cómo saben eso?
- Sí, es cierto – contesta él en el mismo tono.
- ¿Es verdad que la señorita Swan escogió con usted el piso al que va a trasladarse? – Abro los ojos de par en par al oír la pregunta.
-Si, ella me acompañó. Confío mucho en su criterio – dice riendo.
- ¿Van a trasladarse juntos? – pregunta esta vez una chica.
- Eso aún está por decidir – dice tranquilamente mientras mi boca se abre de par en par. Alec me mira por el espejo retrovisor y sonríe.
-Señor Cullen, ¿su relación con la señorita Isabella significa el fin definitivo de su relación con la señorita Tanya Denaly? – pregunta la misma mujer.
Mi corazón acaba de pararse. Todo parece haber quedado en silencio. Solo escucho los flashes de las cámaras y mi respiración errática. ¿Quién es Tanya Denaly? Mi cabeza empieza a darme vueltas, noto como la bilis sube hasta mi boca, creo que voy a desmayarme. Escucho la voz de Edward como en un eco…
- No responderé a más preguntas. Les pido por favor que no vuelvan a molestar a la señorita Swan. Gracias – sube la ventanilla y nos incorporamos al tráfico. Todo está en silencio, miro mis manos sin saber a dónde mirar e intento que mi cuerpo se relaje en vano. Me siento fuera de lugar, como si todo esto no fuera conmigo y solo fuera una espectadora más. Mi corazón vuelve a latir frenético, empiezo a hiperventilar y sin poderlo evitar todo se vuelve negro…
- ¡Oh mierda, Bella! – las palabras de Edward es lo último que escucho.
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Oh-oh así que después de todo Esme tenía razón ¿No? Veremos qué pasa con Bella, ¿Ustedes que dicen?... ¡Apareció Tanya!
=ADELANTO=
- Gracias.
Me sonríe y sale de la habitación. Mi madre y Edward vuelven a entrar. Él está a los pies de mi cama y mi madre se sienta en la silla de al lado. Me miro las manos porque no sé a dónde mirar. Tengo tantas preguntas que hacerle a Edward, pero no quiero que mi madre este delante.
- La enfermera ha dicho que cuando venga el médico podré irme a casa – digo mirando a mi madre. No soy capaz de mirar a Edward directamente.
- Deberías venir a casa Bella– dice mi madre cogiendo mi mano.
- Mamá eso no tiene sentido. Estaré bien. Ese gotero es un tranquilizante y me acaban de dar una pastilla para el dolor de cabeza, no necesito nada más.
- Yo me quedaré con ella René, no se preocupe – dice él tranquilo.
- ¿Me llamarás si pasa algo?
- Claro, no tiene de que preocuparse.
- ¡No me hables de usted Edward, me haces parecer una vieja! – le dice haciéndonos reír.
- Perdona. Bella ¿quieres algo antes de irnos? – dice acercándose por el otro lado.
- No gracias – le miro de reojo seria y él frunce el ceño preocupado.
Me dan el alta, llevamos a mi madre a casa y llegamos a la mía. Sigo notando la tensión en cada uno de los músculos de mi cuerpo, me quito los zapatos y voy a rastras hasta mi habitación. Edward me sigue de cerca sin decir ni una sola palabra. Sabe que estoy enfadada, no, enfadada no, estoy muy cabreada y dolida.
- ¿Quieres que te prepare un baño? – se acerca por la espalda poniendo sus manos en mis hombros haciendo que mi cuerpo se estremezca. Asiento y dándome un suave beso en la coronilla entra en el baño. Me siento en la cama abrazando mis rodillas y tratando de organizar lo que siento. Cuando sale me ve mirando a la nada, suspira y se arrodilla ante mí posando sus manos en mis rodillas.
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Nos vemos en el siguiente capítulo, besos…
Locura realizada…
Cambio y fuera…
By:antoCullen::
Jane.
