Disclaimer: Los personajes son de S. Meyer la creadora de Twilight (Crepúsculo) La historia no es mía, es de la fabulosa María Bravo, yo leí el libro y me encanto la historia y quise hacer una adaptación de esta historia que ella creo. TODOS LOS DERECHOS SON DE ELLAS MENTES INCREIBLES….

Ahora sí, nos vemos en los muchos capítulos que esta hermosa autora creo y plasmo en papel.

Este capítulo es dedicado para todas quienes se dan el tiempo de comentar algo Adriu, CorimarCautela, Yoliki, Dayis gracias chicas, claro que también para aquellas que son lectoras fantasma solo no me asusten por fitas

(-.-)(-.-)(-.-)(-.-)(-.-)(-.-(-.-)

=Capítulo 24=

Escucho la voz de mi madre a lo lejos, creo que está hablando con Edward, me siento tan cansada que mis párpados no quieren abrirse. Poco a poco me esfuerzo por abrirlos y siento un profundo dolor de cabeza. Miro a mí alrededor pero no veo a nadie. Estoy tumbada en la cama de un hospital sin saber muy bien como he llegado hasta aquí. La puerta se abre y entra mi madre que me sonríe mientras sus ojos se llenan de lágrimas.

-Bells cariño – dice llegando hasta mí y cogiendo mi mano - ¿Cómo te encuentras?

- Como si me hubiera atropellado un autobús – le digo notando mi garganta seca – Pásame el agua, por favor.

- Claro hija – me pasa un vaso que me bebo casi de golpe. Mi madre me observa sin decir nada aunque sé que se muere de ganas de saber qué ha pasado.

-Mamá, estoy bien – le digo sonriendo intentando que se tranquilice.

-Eso me has dicho esta mañana cuando hemos hablado por teléfono…

- Lo sé, simplemente me ha superado un poco todo esto – recuerdo a los periodistas, sus preguntas y un solo nombre resuena en mi cabeza: Tanya Denaly.

-Voy a avisar a la enfermera de que has despertado.

- De acuerdo.

Sale de la habitación y escucho la voz de Edward preguntarle asustado como estoy. La puerta se abre de nuevo y aparece él con la cara desencajada. Tiene el pelo revuelto, no lleva corbata y dos botones de su camisa abiertos.

- Cielo… - llega hasta mí y me da un beso en la frente - ¿Cómo estás?

- Bien, me duele un poco la cabeza pero bien. No sé qué me ha pasado, empecé a encontrarme mal y… - me callo notando un nudo en la garganta. Solo tengo ganas de llorar.

- Shh tranquila – se inclina y me abraza – Has tenido una crisis de ansiedad bastante fuerte. ¡Me has dado un susto de muerte Bella!

- Lo siento… - digo en un tono seco. ¿Cree que me olvidado de lo que pasó?

- No, soy yo el que lo siente. No sabía que…

La puerta se abre y aparece una enfermera bajita y delgada. Tiene el pelo rubio y tendrá más o menos la edad de mi madre. Mira a Edward que está sentado en el borde de mi cama y este se levanta pidiendo disculpas.

- Tengo que revisarla ¿le importaría salir fuera? – le pide con una sonrisa.

- ¿Es necesario?

- Sí señor, es necesario – ella sonríe abriendo la puerta para que él salga.

-Estaré fuera – me dice y yo asiento en respuesta. La enfermera mira el gotero, me toma la tensión y varias cosas más que no sé muy bien para qué sirven.

- ¿Cómo se encuentra? – pregunta sin dejar de sonreír.

- Me duele muchísimo la cabeza.

- Es normal después de una crisis. Tómese esta pastilla – me pasa un vasito con una pastilla y un vaso de agua que me tomo inmediatamente.

-¿Cuándo podré irme? –solo tengo ganas de llegar a casa.

- El médico pasará enseguida. En cuanto esté lista el alta podrá marcharse.

- Gracias.

Me sonríe y sale de la habitación. Mi madre y Edward vuelven a entrar. Él está a los pies de mi cama y mi madre se sienta en la silla de al lado. Me miro las manos porque no sé a dónde mirar. Tengo tantas preguntas que hacerle a Edward, pero no quiero que mi madre este delante.

- La enfermera ha dicho que cuando venga el médico podré irme a casa – digo mirando a mi madre. No soy capaz de mirar a Edward directamente.

- Deberías venir a casa Bella– dice mi madre cogiendo mi mano.

- Mamá eso no tiene sentido. Estaré bien. Ese gotero es un tranquilizante y me acaban de dar una pastilla para el dolor de cabeza, no necesito nada más.

- Yo me quedaré con ella René, no se preocupe – dice él tranquilo.

- ¿Me llamarás si pasa algo?

- Claro, no tiene de que preocuparse.

- ¡No me hables de usted Edward, me haces parecer una vieja! – le dice haciéndonos reír.

- Perdona. Bells ¿quieres algo antes de irnos? – dice acercándose por el otro lado.

- No gracias – le miro de reojo seria y él frunce el ceño preocupado. Me dan el alta, llevamos a mi madre a casa y llegamos a la mía. Sigo notando la tensión en cada uno de los músculos de mi cuerpo, me quito los zapatos y voy a rastras hasta mi habitación. Edward me sigue de cerca sin decir ni una sola palabra. Sabe que estoy enfadada, no, enfadada no, estoy muy cabreada y dolida.

- ¿Quieres que te prepare un baño? – se acerca por la espalda poniendo sus manos en mis hombros haciendo que mi cuerpo se estremezca. Asiento y dándome un suave beso en la coronilla entra en el baño. Me siento en la cama abrazando mis rodillas y tratando de organizar lo que siento. Cuando sale me ve mirando a la nada, suspira y se arrodilla ante mí posando sus manos en mis rodillas. ¡No puedo mirarlo a la cara!

- Bells yo… - levanto mi mano y la llevo hasta sus labios. No quiero oír ni una sola palabra, de momento. Quiero bañarme tranquila y pensar en todas las preguntas que quiero hacerle.

- Cuando salga hablaremos – me levanto, cojo un camisón, ropa interior y voy hacia el baño.

Sigue arrodillado con la cabeza agachada. Entro y cierro la puerta, necesito estar sola.

Me sumerjo en el agua intentando que el agua se lleve esta sensación que siento. Probablemente todo tenga una explicación, pero me siento tan traicionada, tan dolida que sin poderlo evitar dejo que mis lágrimas caigan. Ahora mismo es lo que necesito.

Escucho los pasos de Edward acercarse hasta la puerta, el pomo de la puerta tiembla pero no la abre. Lloro con más fuerza mientras lo escucho alejarse. Sabe que quiero estar sola, necesito llorar.

Salgo del baño una media hora más tarde. Me ha sentado bien desahogarme. Él no está en la habitación, y escucho como las puertas de los armarios de la cocina de abren y se cierran. Llego hasta allí y Edward se queda parado mirándome con dos vasos en la mano. Clava sus ojos azules en los míos sin saber qué hacer. Me siento en el taburete y el deja los vasos sobre la isla. Ha preparado una pizza y una ensalada, no sé ni qué hora es pero no tengo nada de hambre.

- Es lo que sabía cocinar – dice sentándose a mi lado.

- No tengo mucha hambre.

-Bella, no has comido en todo el día. Tienes que comer – coge un trozo de pizza y lo deja en el plato. Lo cojo, doy un mordisco y lo miro. Sonríe y coge otro trozo para él.

-¿Quién es Tanya Denaly? – le pregunto directamente y él deja la pizza a medio camino hacia su boca. Suspira y me mira.

- ¿Podemos hablar después de cenar?

- No veo por qué hay que esperar…

- Isabella…

-Edward– digo mirándole seria y él asiente mordiendo su labio inferior.

-Tuvimos un lío, que duró unos dos años, aproximadamente – dice tranquilo y empieza a comer. ¡Dos años! Eso no es un simple lío.

- ¿Y?

- ¡Y nada más Isabella!

- ¿Y nada más? Edward te pido por favor que seas sincero porque me enteraré de si es cierto lo que dices – le cojo del brazo y hago que me mire a la cara – Si exiges sinceridad ten la decencia de serlo tú también.

- Está bien… - me mira apretando su mandíbula y sé que no le gusta hablar de ello – Nos presentó mi mejor amigo en una fiesta, una gala benéfica o algo así, es hija del propietario de una cadena de hoteles muy importante de Estados Unidos. Hablamos, congeniamos bastante y quedamos para cenar la semana siguiente – cojo mi vaso y bebo agua, no sé si estoy preparada para oír esto- Poco a poco fueron pasando los meses, seguíamos quedando cada semana, me acompañaba a eventos, cenas y poco a poco, sin saber muy bien cómo, la dejé entrar en mi vida – me mira intentando averiguar lo que siento, pero intento que mi cara no transmita ninguna de mis emociones.

- Continua – digo con un hilo de voz.

- Conoció a mi familia, a mis amigos… No me planteaba si me acompañaría a los sitios o no, simplemente lo daba por hecho. Estábamos bien juntos, era una relación fácil, sin demasiadas explicaciones.

- ¿Vivías juntos? – pregunto insegura. Me mira y niega con la cabeza.

- No, siempre he vivido solo, creo que ya te lo dije.

-También me dijiste que no tenías parejas y Tanya claramente fue una pareja – digo enfadada y él pone los ojos en blanco - ¿Qué pasó? – pregunto y agacha la cabeza apartando sus ojos de los míos.

- Me engañó con mi mejor amigo – levanta la cabeza y vuelve a mirarme. Creo que los ojos se me van a salir de las órbitas. ¡Será zorra!

- ¡Oh Edward! ¿Por qué no me lo dijiste?

- Bella…

- ¡No Edward! ¿Sabes por qué me daba tanto miedo estar contigo cuando te conocí? – pregunto enfadada.

- No…

- Pues uno de los principales motivos era que si nunca habías tenido una relación, solo podía significar que no querías tenerla. No es que yo la buscara en ese momento, pero sabía que podría llegar a sentir algo por ti. Y ahora sin más me entero de que sí que has tenido una relación, y lo que más me duele no es que hayas estado o hayas dejado de estar con una o con otra, lo que más me duele es ¡que no has sido tu quien me lo ha contado! – le digo prácticamente chillando.

- No es fácil Bella, es una parte de mi vida de la que no me gusta hablar.

-¿Crees que para mí fue fácil hablarte de Sam? – me levanto y camino hacia la terraza. Me abrazo intentando serenarme. Noto como viene hacia mí me da la vuelta por mis hombros.

- Bella lo que siento por ti no tiene nada que ver a lo que sentía por ella.

- ¿Crees que eso me importa? – le digo llorando de nuevo - ¡Me mentiste Edward!

- No Bells, tranquilízate por favor.

- ¿Qué me tranquilice? ¡Estoy dolida! Me importa una mierda si la querías o no, lo que quería era que confiaras en mí como yo lo hice.

- ¡No la quería! Nunca lo vi como una relación, no se explicarlo. ¡Tú me has hecho ver lo que es querer a una persona, tú me has hecho darme cuenta de lo que significa! Nunca esperé llegar a sentir esto por nadie… - agacha la cabeza y se pasa los dedos por el pelo – Te quiero Isabella, esa es la única verdad que puedo decirte. Pero… - se calla y mordiéndose el labio me mira.

- ¿Pero qué Edward? – digo sin dejar de llorar.

- Cuando llevábamos más de un año saliendo… Nos comprometimos – dice apretando sus dientes mientras yo siento de nuevo una losa caer sobre mi ¡Joder!

-¡Oh Dios mío! – digo respirando profundamente. Doy gracias a la enfermera por ponerme ese tranquilizante. Él se acerca e intenta cogerme - No, no te acerques a mí – digo apartándome.

- Bella lo siento.

-¡Basta Edward, basta! ¡No puedo más! – me aparto y me siento en el sillón – Y dices que nunca lo viste como una relación ¿lo dices en serio? ¿Te das cuenta de lo jodido que es esto?

- Era lo que todo el mundo esperaba que hiciera– levanta los hombros como si acabara de decir la frase más lógica del mundo y se arrodilla delante de mí – Cielo mírame – me levanta la barbilla entre el índice y el pulgar para que lo mire a la cara – Sigo siendo yo.

- No, no eres tú.

- Si lo soy Bella, sigo queriéndote igual…

- Eso no basta Edward. Necesito tiempo – le digo intentando pensar en todo esto.

- ¿Qué quieres decir? – dice frunciendo el ceño.

- Necesito ver todo esto desde fuera, necesito entender muchas cosas.

-¿Estás diciendo que se acabó? – dice poniéndose de pie.

-Estoy diciendo que necesito tiempo. ¡Todo esto me supera! No estaba preparada para esto: la prensa, tu madre, tu ex… es demasiado.

- ¡No Bella! No me pidas que renuncie a ti – veo su cuerpo tensarse. Me levanto y me doy cuenta de que sus ojos están vidriosos.

- No quiero que lo hagas, solo necesito tiempo – lloro con más fuerza al saber que tengo que separarme de él, pero es lo único que puedo hacer si quiero afrontar todo esto.

- Nunca he creído demasiado en los tiempos – se acerca y acaricia mi mejilla. Cierro mis ojos apoyándome en su mano y él se inclina y me besa.

- Edward… - digo dejando que sus labios rocen los míos.

- Por favor Bella, no me pidas que me vaya – noto como tiembla su voz y al abrir los ojos veo sus lágrimas recorriendo sus mejillas.

- ¡Oh Edward! – Levanto mis manos y cojo su cara entre ellas – Solo necesito tiempo.

- Está bien – asiente y vuelve a besarme. Sé que debería alejarme para no sentir sus labios pero no puedo. Hace su beso más profundo con una mano en mi nuca y la otra en mi cadera.

- Edward por favor – me separo y apoya su frente en la mía.

- Te esperaré Bella, te esperaré lo que haga falta – me besa la frente y se dirige a la puerta – Te quiero Bella, eso no ha cambiado – me dice justo antes de salir por la puerta.

Caigo al suelo cuando sale y estallo en mil pedazos. Necesito poner distancia entre nosotros para asimilar todo lo que ha pasado, pero no sé si podré soportarlo. Siento como si me hubieran arrancado una parte de mí, es tan grande el dolor por su mentira, por todo lo que he averiguado en el día de hoy que si no pongo distancia e intento ver las cosas con calma, desde fuera, no seré capaz de perdonarlo, y aunque me duela en el alma tener que separarme, sé que es lo mejor para los dos, pero duele tanto…

-.-.-.-.-.-.

Llegó al trabajo sin saber muy bien cómo, no he dormido en toda la noche. Entro en mi despacho mientras Sara y Sonia me miran con curiosidad. Jake me ha dicho que hoy no ha venido ningún periodista, que por lo que se ve, el señor Cullen mando un comunicado ayer por la tarde para que nadie pudiera molestarme en el trabajo si no tomaría medidas legales. Cuando escucho su nombre las lágrimas acuden a mis ojos pero he sido capaz de detenerlas.

Enciendo el ordenador y me pongo a trabajar, si, esto me ayudara a no pensar en nada. Llaman a la puerta y Aro asoma la cabeza.

-Bella, ¿puedo pasar? – me pregunta desde el umbral.

- Claro, pasa.

- ¿Qué haces aquí? – dice acercándose. Lo miro perpleja.

- Aro es viernes, trabajo.

-No Bells, quiero que cojas tus cosas y te vayas a casa a descansar. – me dice seriamente.

-Aro eso es una tontería, hay mucho trabajo…

- Es una orden.

- ¿Qué? Aro estoy bien de verdad. Ayer fue un día duro pero ya estoy bien.

- ¡De eso nada! Sé que ayer pasaste la tarde en el hospital. Han sido dos semanas muy duras Bella. Vete a casa.

- Pero…

- No hay excusas Isabella. Pásale a Sonia lo que tuvieras que hacer hoy y te vas. Quiero que descanses, te necesito entera la semana que viene.

- Está bien, pero no es necesario.

-Bella, coge tus cosas y vete a descansar – se da media vuelta y sale del despacho. ¡Perfecto! Si algo podía evitar hacerme pensar es el trabajo, y ahora ni eso. Le mando a Sonia todo lo que tiene que revisar, recojo mis cosas, me despido y me marcho. Salgo a la calle y respiro hondo. Decido ir a casa de mis padres.

- Hola mamá – le abrazo y entro en casa.

- ¿Qué tal estás hija? – me pregunta mi padre al verme entrar.

-Bien tranquilos, estoy bien – digo con una sonrisa forzada – He ido a trabajar y Aro me ha dado el día libre.

- ¡Pues claro! ¿Cómo se te ocurre ir a trabajar?

- ¡Mamá porque estoy bien!

- Anda siéntate que te preparo un café – me dice yendo a la cocina. Me siento en el sofá con mi padre que me mira fijamente.

- ¿Qué te pasa Bells? – pregunta cogiendo mi mano. Trago con fuerza para no echarme a llorar.

- Nada papá, estoy bien.

- Te conozco Bella, y no tienes buena cara.

- Estoy cansada, solo es eso.

- Ahora vendrá tu hermano con Irina, hoy iban a quitarle la escayola – dice mi madre sacando una bandeja con café y croissants.

- ¿En serio? ¡Me muero de ganas de verla! – sonrío de verdad desde ayer por la mañana.

- Estarán a punto de llegar. ¿Qué tal está Edward? – me pregunta mi madre haciendo que se me caiga la cucharilla de café de mi mano.

-Eh… bien, trabajando – contesto nerviosa. Aún no ha venido como mi pareja y ya les tengo que decir que se ha terminado.

-Pobre, ayer lo pasó fatal. Cuando llegué a urgencias no paraba de andar de un sitio a otro.

Bella ese chico te quiere de verdad, no hay más que verlo para darse cuenta – dice sonriendo mientras yo no puedo evitar que mis ojos se llenen de lágrimas - ¿Qué pasa hija? – pregunta al verme llorar.

-Sabía que no era solo cansancio – dice mi padre abrazándome por los hombros.

- Lo he dejado – digo abrazando a mi padre.

-¿Pero por qué? Pensaba que estabais bien juntos – dice mi madre preocupada.

- Mamá, es complicado.

-Bella, cuando dos personas se quieren no hay nada complicado. Las cosas se solucionan juntos – dice sentándose a mi lado.

- Lo sé pero… me supera. Todo el tema de la prensa, su madre, todo.

- Hija – dice mi padre levantándome la cara – Piensa muy bien que es lo que quieres, y si es a él, eso es lo que cuenta – dice limpiándome las lágrimas. Lo miro y sonrío, es difícil oír algo así de los labios de mi padre. Mi madre me da un suave apretón en la mano y yo consigo dejar de llorar. Llaman a la puerta y se levanta a abrir.

- No sé qué ha pasado, pero nunca te he visto tan feliz como estos últimos días – me dice mi padre sonriendo.

- Necesito tiempo para pensar en todo esto papá.

- Está bien Bells. Pero mira por ti, no por lo que puedan pensar los demás, ¿de acuerdo? – asiento y sonrío. Mi sobrina entra corriendo y cuando me ve se lanza a mis brazos. Me abraza con fuerza dándome besos por toda la cara haciéndome reír.

- ¡Mira tía, me han quitado la escayola! – dice levantando su bracito.

- Me alegro mucho peque.

- Pero me he guardado esto – se levanta y va hacia mi hermano que me mira frunciendo el ceño – Papi, dame lo que me han regalado.

- Toma anda. ¿Qué tal estas Bells? – dice mi hermano dándome dos besos.

- Bien – sonrió y esquivo su mirada. Sé que sabe que algo está mal.

-¡Mira tía, es el caballo de Edward! – dice enseñándome el trozo de escayola con su dibujo y su nombre grabado. Acaricio su nombre sonriendo y acordándome del día que lo dibujó. ¿Cada pequeño detalle va a recordarme a él?

- Es precioso.

- ¿Dónde está Edward? – me pregunta volviendo a guardar el dibujo.

- Está trabajando cariño, pero te manda un beso muy grande – le sonrío y la abrazo. Mi hermano se sienta a mi lado y Irina se pone a jugar en el suelo con sus muñecas.

- Lo he visto esta mañana en las oficinas – dice mirándome – Y tenía peor cara que tu – me mira fijamente esperando una respuesta. Niego con la cabeza porque no me apetece hablar de esto ahora.

- Estoy bien – le digo.

- Ya… Me ha pedido que os saludara a todos de su parte – dice mirando a mis padres. Trato de olvidarme de todo pero al parecer no va a ser tarea fácil.

-Voy a irme a casa a descansar – digo poniéndome de pie – Mañana os llamaré – le doy dos besos a mi padre que se levanta a mi lado y a mi madre.

-Espera Bella, bajamos contigo – dice mi hermano – Irina despídete de los abuelos, que mamá nos está esperando. Bajamos en el ascensor y noto la mirada de mi hermano fija en mí. Mi sobrina no para de hablar de todo lo que hace en el cole y por lo menos me sirve de distracción.

- ¿No me vas a decir nada? – me pregunta mi hermano. Lo miro y suspiro.

- Lo he dejado con Edward. – le digo notando una presión en el pecho ¡Me duele tanto decirlo! - Necesito tiempo Garrett.

- ¿Tiempo para qué?

- Han pasado muchas cosas en muy poco tiempo y tengo que asimilarlas – lo miro conteniendo las lágrimas ¿podré hablar de él sin ponerme a llorar?

- ¿Te ha hecho daño? – pregunta acariciando mi cara.

- No, no…

- ¿Le quieres? – me pregunta al salir a la calle.

- Si, le quiero muchísimo.

- Os he visto juntos y sé que él también te quiere a ti. Entiendo que es complicado, él no es una persona cualquiera, pero es algo que tú ya sabias. No puedes echar a perder lo que tenías porque la prensa se os eche encima, o su madre no apruebe vuestra relación, estoy seguro de que para él también tiene que ser duro no poder hacer su vida como cualquiera de nosotros.

- Lo sé Garrett, no sabía hasta qué punto era una persona conocida, pero no es solo eso, he descubierto cosas que no conocía que me han afectado mucho, y necesito tiempo para asimilarlas.

- Muy bien Bells, pero te conozco y sé que eres capaz de superar cualquier cosa para conseguir lo que quieres, y si lo que quieres es estar con él no dejes que nada ni nadie lo estropee.

- ¡Oh Garrett! – rompo a llorar y le abrazo.

- Eh, tranquila - dice acariciando mi espalda – Estoy seguro de que todo se arreglará. Es un buen hombre Bells, y te quiere.

- Lo sé…

-Descansa y si necesitas algo no dudes en llamarme, ¿de acuerdo? – dice secando mis lágrimas. Asiento y sonrío.

- Gracias –me limpio mis lágrimas y me agacho a abrazar a mi sobrina – Ven aquí peque, dame un abrazo enorme.

- ¿Por qué lloras tía?

-No lloro cielo, es que estoy constipada – sonrío y le abrazo con fuerza.

-Pues que el tío Edward te cuide mucho – dice dándome un beso enorme. Miro a mi hermano que alza los hombros riendo.

- ¿El tío Edward?

- Si Edward es tu novio, ahora es mi tío, me lo ha dicho mamá – me dice como si fuera lo más lógico del mundo.

- Si cariño.

- Dale un besito cuando lo veas – me da otro beso y mi hermano la coge en brazos.

- Hasta luego – dice Garrett sonriendo.

- Saluda a Kate de mi parte – le digo lanzándoles un beso mientras entro en mi coche.

-.-.-.-.-

Llego a casa, me pongo el pijama y me siento a ver la tele. No me concentro en nada de lo que están haciendo, la apago y me tumbo a pensar.

Pienso en Edward, es sus palabras de ayer, en cada momento que hemos pasado juntos y sé que no quiero perderle, pero que no tuviera la confianza para contarme algo como lo de su compromiso me duele. No me importa que haya estado con esa chica tanto tiempo, incluso puedo tolerar que haya estado comprometido, lo que me duele es la mentira, su falta de confianza conmigo. Yo le he contado todo de mi vida anterior, incluso lo que nadie sabía… Sé que para él también tuvo que ser duro enterarse de que su novia le engañaba con su mejor amigo. ¿Qué pasaría? Suena el teléfono de casa haciéndome dar un salto en el sofá.

- ¿Diga? – contesto sin mirar quien es.

-¡Bella! ¿Cómo estás? – me pregunta Rosalie asustada - He llamado a la oficina y me han dicho que te habían dado el día libre

- Bien Ros, estoy bien.

-¡Dios mío, acabo de enterarme de lo de la prensa de ayer y de lo del hospital!

- Si, fue… difícil. ¿Cómo te has enterado, me has visto en la televisión? – digo sonriendo ante lo ridículo de todo esto.

- No, Edward ha estado aquí – me levanto de golpe al escucharla.

- ¿Ah sí?

- ¿Qué ha pasado Bells? Edward no ha querido contarme nada pero parecía un alma en pena. Me ha pedido si podía llamarte para saber que estabas bien.

- Rosalie han pasado muchas cosas

- ¿Por qué no vienes, comemos juntas y me las cuentas? Hoy tengo mucho trabajo y no puedo escaparme.

- Está bien, me cambio y voy – me vendrá bien distraerme.

- Aquí te espero – dice y me cuelga. Voy a la habitación, me pongo unos vaqueros, una camiseta azul marino y una americana del mismo color. Entro en el baño y suspiro al verme reflejada en el espejo. Estoy pálida, con ojeras, los ojos hinchados y rojos de tanto llorar y mi pelo, mejor no pensarlo. Me hago una coleta de caballo, un poco de correcto y lista.

-Buenas tardes – saludo al entrar en el restaurante.

-¡Bells! – dice Rosalie que viene hacía mi - ¡Madre mía! ¿Qué ha pasado? – pregunta cogiendo mis manos.

- Mejor te lo cuento con tranquilidad – le digo intentando sonreír.

- Por tu cara y por la que llevaba Edward sé que esto no va a gustarme – dice entrando en la barra mientras yo me siento en un taburete.

- Te contaré la versión corta. Ponme un Martini o lo que sea – le digo sin ganas.

- Me estas asustando…

- Ponte tu otro, invito yo. – Se sienta a mi lado y le cuento por encima todo lo que ha pasado. El fin de fiesta, su madre, su declaración, la prensa, mi desmayo y mis recientes descubrimientos y sus consecuencias. Se levanta en silencio, sirve otros dos martinis y me mira fijamente.

- ¡Demasiada información! – me dice bebiendo de su copa.

- Si…

- ¿Cómo estás? – pregunta preocupada.

- Mal, estoy dolida. Siento que me ha engañado, que no confía en mí.

-Bella, no creo que sea así. Quizá es difícil para él hablar de ello.

- Sí, pero eso no justifica que no me lo contara. Rosalie él me pidió que fuera siempre sincera con él, y que él no lo sea conmigo…

- Ya, pero al final te lo ha contado que es lo importante. No lo estoy defendiendo pero, no sé, echarlo todo a perder por algo que pasó, no me parece justo.

- Me lo ha contado porque no le ha quedado más remedio. Estoy segura de que si no hubiera sido por la prensa nunca me hubiera dicho nada.

- Él está destrozado. Hoy cuando lo he visto parecía tan… apagado. Estaba muy preocupado por ti, me ha pedido que te llamara para saber cómo estabas. Le he mandado un mensaje cuando he hablado contigo – dice poniendo cara de disculpa.

- ¿Por qué no me ha llamado él?

-Bueno, si le dijiste que necesitabas tiempo…

- Ya, pero no significa que no podamos hablar. ¿Tu como lo has visto? – le pregunto y ella sonríe.

- Ya te lo he dicho, destrozado.

- ¡Oh Dios! – susurro y me cojo la cabeza entre las manos.

- No tiene sentido que los dos lo estéis pasando mal. ¿Por qué no le llamas y habláis tranquilamente de esto? Hoy estáis los dos mucho más tranquilos y seguro que ves las cosas de otra manera.

- No puedo. Sé que si lo veo, no podré soportar estar lejos de él…

- Estás coladísima Bella– me dice sonriendo.

- Creo que es evidente.

- ¡Rosalie! ¿Puedes ayudarnos con estas mesas? – pregunta uno de los camareros.

- Si, ya voy. Bella, ¿me ayudas con los cafés? – pregunta poniendo cara de pena.

- ¡Claro! Yo los voy haciendo y tú vas sacando.

- De acuerdo – me dice riendo.

- ¡Vamos allá! – le digo entrando en la barra y ella me da un fuerte beso en la mejilla.

- Te mereces ser feliz – dice abrazándome.

- Gracias.

Empiezo a preparar un café tras otro mientras ella los lleva a las mesas. Estoy de espaldas a la barra concentrada en el trabajo. Me ayuda a liberar parte de la tensión acumulada.

- Buenas tardes – escucho la voz de Edward a mi espalda y mi cuerpo entero se paraliza.

No soy capaz de girarme. Cierro los ojos y respiro hondo.

- ¡Edward! – Ros se acerca y escucho como lo saluda. ¡Tengo que girarme! Me doy la vuelta despacio y lo encuentro mirándome fijamente. Lleva el mismo traje que el día que lo conocí, sus preciosos ojos azules no tienen el mismo brillo y la tensión de su mandíbula me hace ver que está conteniendo sus emociones.

- Hola Edward– digo en un susurro.

- No esperaba encontrarte aquí – dice nervioso y Rosalie se aleja hacia el comedor.

- Aro me ha dado el día libre y he venido a ver a Ros– digo saliendo de la barra y acercándome hasta él. Cuando llego a su altura nos miramos a los ojos, él se inclina y me da un beso suave en la comisura de mis labios ¡lo echo tanto de menos! Cierro los ojos sintiendo su cercanía y trato de esconder un jadeo que sale de mis labios. Levanta la cabeza y poco a poco abro mis ojos. Me mira y sus ojos me transmiten el dolor que siente.

-¿Cómo estás? – me pregunta sin dejar de mirarme.

- He tenido días mejores…

- ¡Oh Bella! – die y su mano acaricia mi cara - ¡Lo siento tanto!

- ¿Tu cómo estás?

- Mal, no voy a negar lo evidente. Te echo de menos a cada segundo – dice sin dejar de acariciar mi mejilla. Apoyo mi cara en su mano y cierro los ojos. Por un momento deseo que nada de esto hubiera pasado. Deseo poder borrar cada segundo de los últimos días.

-Yo también te echo de menos – le digo clavando mis ojos en los suyos.

- Tenemos que hablar Bella. Por favor.

- Si…

-Bien – dice aliviado- ¡Vámonos! – dice cogiendo mi mano.

-Edward– digo frenándolo.

-No aguanto más Bella, necesito que lo entiendas. Por favor, ven conmigo – dice mirándome a los ojos. No puedo soportarlo, tenerlo cerca es demasiado para mí. Le quiero demasiado para negarnos por lo menos una explicación. Cojo aire y lo suelto poco a poco.

- De acuerdo, vámonos – le digo con una sonrisa y él suelta el aire que estaba conteniendo.

Busco a Ros por el comedor, nuestras miradas se cruzan, ella asiente sonriendo sin necesidad de que le explique lo que pasa. Salimos del restaurante cogidos de la mano. No sé dónde vamos, ni me importa, solo sé que por mucho que lo intente no puedo estar alejada de él.

0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o0

Bueno Edward anduvo comprometido tómala barbón. No se lo esperaban ¿Verdad? Bueno veremos si Bells le cree lo que tenga que decirle y ver qué pasa...

Nos vemos en el siguiente capítulo, besos…

Locura realizada…

Cambio y fuera…

By:antoCullen::

Jane.