Disclaimer: Los personajes son de S. Meyer la creadora de Twilight (Crepúsculo) La historia no es mía, es de la fabulosa María Bravo, yo leí el libro y me encanto la historia y quise hacer una adaptación de esta historia que ella creo. TODOS LOS DERECHOS SON DE ELLAS MENTES INCREIBLES….
Ahora sí, nos vemos en los muchos capítulos que esta hermosa autora creo y plasmo en papel.
Este capítulo es dedicado para todas quienes se dan el tiempo de comentar algo Adriu, CorimarCautela, Yoliki, Dayis, teresa aguirre, ItaPalacios gracias chicas, claro que también para aquellas que son lectoras fantasma solo no me asusten por fitas …
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=Capítulo 27=
Salgo a las cinco de trabajar. Es viernes pero hoy hemos tenido una nueva presentación de publicidad y me ha tocado hacer doble turno. Edward lleva fuera dos días y parece que haga una eternidad. Me llama unas tres veces durante el día, pero aun así, lo echo muchísimo de menos.
Ya he llevado varias cajas a casa de Edward, me resulta fría y vacía, aunque supongo que poco a poco la iremos haciendo nuestra. Alec está pendiente de mi constantemente, él dice que no pero yo creo que Edward le ha dado instrucciones de que lo haga. Hoy había quedado en recogerme del trabajo para ir a llevar más cosas al piso, y cuando le he dicho que tenía que quedarme a trabajar, ¡ha pedido que me trajeran un menú de un restaurante! Me encanta que aun estando tan lejos siga preocupándose por mí.
He quedado con Rosalie en pasarme por el restaurante a cenar con ella y después tomarnos una copa. Necesito mantenerme ocupada para no pensar tanto en él, aunque por mucho que quiera sigo haciéndolo. Llego del gimnasio a las ocho, llamo a mi madre y cuando me estoy vistiendo para irme hacia el restaurante, suena mi móvil. Es él.
- ¡Hola! - contesto eufórica como siempre que me llama.
- Hola cielo. ¿Qué tal el día?
- Bien... hemos tenido la nueva presentación y ha salido todo perfecto.
- Pero has tenido que trabajar por la tarde – dice y sé que está sonriendo.
-¡Vaya! Veo que Alec te mantiene bien informado - digo riéndome.
- Para eso le pago - dice riendo.
- ¿Tu cómo estás?
- ¡Volviéndome loco! El error ha sido peor de lo que pensaba, todo parece estar en contra... y te echo de menos.
- Yo también a ti Edward, muchísimo - me tumbo en la cama deseando que estuviera aquí.
-Espero no alargar mucho esto Bells, pero mínimo me quedan tres semanas por delante. Hasta la semana que viene no puedo reunirme con el director de la empresa.
-¿Tres semanas? - digo casi chillando e incorporándome de un salto. ¡Tres semanas! Llevo dos días y ya me parece una tortura.
-Si cielo, no puedo irme dejando esto así. Créeme que no hay nada que me apetezca más que estar contigo, pero...
- No te preocupes Edward, eso solo que pensaba que no sería tanto tiempo.
- Lo sé, yo tampoco pensaba que esta mierda se complicara tanto.
- Bueno, tranquilo.
-¿Me esperarás? - pregunta y noto la preocupación en su voz.
-¡Claro que te esperaré! - digo riendo y lo escucho reír al otro lado.
- Bien. ¿Qué vas a hacer hoy?
-He quedado con Ros para cenar en el restaurante y luego tomar una copa - le digo y lo oigo reír - ¿Qué te hace tanta gracia?
-Que aquí solo es medio día. Me encantaría acompañaros.
- Y a mí que lo hicieras.
- Bueno cielo, tengo que dejarte, estoy a punto de entrar en otra reunión. Avísame cuando estés en casa.
- Vale. Te quiero.
- Yo también te quiero, y acuérdate de...
- ¡Reservarte los besos! - digo riendo.
- ¡Exacto! Pásalo bien, y dale recuerdos a Ros y a Emmett.
- De tu parte. Y tú no te canses mucho. Un beso.
- Te quiero cielo. Un beso.
Y cuelga. Me quedo un rato pensando que en unas tres semanas no lo voy a ver ¡se me van a hacer eternas! Termino de vestirme y me voy al restaurante.
- Hola - saludo nada más entrar.
- ¡Vaya cara! - me dice ella desde detrás de la barra.
- Muchas gracias, amiga. Ponme una cerveza o un Martini lo que más rabia te dé.
- ¡Ah no, entras y te lo pones! - dice riéndose y haciéndome reír a mí.
- ¿Necesitas ayuda? - le pregunto poniéndome un Martini.
- No te preocupes, pero ponme a mi otro – me guiña el ojo y sale de la barra a llevar unas botellas de vino. Le preparo otro y entro a la cocina a coger algo de comer ¡Estoy muerta de hambre! me prepara un platito de ibéricos y me siento en la barra a esperar. Cuando la cosa se calma un poco, Ros prepara una mesa para las dos.
-¿Has hablado con tu amor? - me pregunta riendo.
- Si... - le digo con un tono apagado.
- ¿Qué pasa?
- Que va a tardar mínimo unas tres semanas en volver ¡Tres semanas! - le digo dando un sorbo a mi copa de vino.
- Bella es su trabajo.
- Ya lo sé, pero pensaba que no tardaría tanto.
- Siempre puedes ir a verle... - dice alzando sus cejas.
- ¡Claro! ¿Cómo no se me habrá ocurrido? – le digo irónica.
-¡Lo digo en serio! Le pides vacaciones a Aro, coges un avión y te vas, así de fácil – dice tan tranquila.
-No puedo hacer eso Ros, es un viaje de trabajo, solo le molestaría...
- ¡Si, seguro que le molestaría muchísimo tenerte allí! - dice riendo a carcajadas haciéndome reír a mí.
-Basta... sabes que no voy a ir – digo terminando mi plato.
- Pues entonces cambia esa cara, tres semanas pasan enseguida.
- Lo sé, pero lo echo de menos - sonrío y bebo de mi copa.
- ¿Ya te has mudado?
- Estoy en ello - digo sonriendo de oreja a oreja.
- No me creo que vayas a hacerlo... Me alegro mucho por ti - coge mi mano y me da un suave apretón.
- Gracias, estoy hasta nerviosa - me río.
- Bueno, vamos a tomar esa copa - se levanta y la sigo. Deja todo listo para que pueda cerrar y nos vamos al centro a tomar algo. Vamos al local donde tomé mi primera copa con Edward, pero me he propuesto pasarlo bien intentando no pensar mucho en él. Después de tomar la primera copa, se nos ha unido Emmett y hemos ido a liberar un poco de estrés bailando. Llego a casa sobre las tres de la mañana.
"De vuelta en casa"
Se lo envío a Edward y el tiempo que me cuesta desnudarme y ponerme el pijama, es el que él tarda en llamarme.
- Hola - contesto sentándome en la cama.
- Hola ¿Qué tal lo has pasado?
- Bien, hemos ido a desestresarnos bailando un poco - le digo con una risita.
- ¿Estás borracha? - me dice y sé que sonríe.
- Un poquito, pero no llevaba coche.
- ¡Eso me tranquiliza! - dice riendo - Me alegro de que lo hayas pasado bien.
- Bueno si, pero ahora llego a casa y mi cama está vacía - digo poniendo voz de penita.
- ¡Eso también me alegra! - se ríe y yo estallo en carcajadas.
- Tonto, digo que está vacía porque no estás.
- Lo sé, la mía también es grande sin ti. Me he acostumbrado a dormir contigo y ahora ya no sé dormir solo.
- ¡Oh Edward!
- Es complicado estar sin ti - dice en un susurro.
- Bueno, tres semanas pasan enseguida, vamos a pensar en cuando volvamos a estar juntos.
- Está bien. Cuando vuelva quiero una semana de vacaciones los dos juntos.
- Pero...
-No hay peros que valgan Bells. Sé que te corresponden y quiero perderme contigo.
- Bueno, entonces no dejaré de pensar en esas vacaciones - digo riendo.
- Yo tampoco - se ríe - Ahora ve a descansar cielo, mañana te llamo.
- Está bien. ¿Tú también vas a dormir?
- No yo tengo que trabajar un poco más. Piensa en esas vacaciones juntos, y ves pensando donde quieres ir.
- De acuerdo. Buenas noches cariño.
- Te quiero mucho cielo. Sueña conmigo – me dice bajito.
-Eso no será difícil, siempre lo hago. Yo también te quiero - digo sonriendo y cuelgo. La semana pasa tan despacio que parece no acabar nunca. Me levanto el miércoles y cuando estoy preparándome el café suena mi móvil. Corro a la habitación y me asusto al ver que es Edward.
- ¿Qué pasa? - pregunto nerviosa.
- Nada cielo. Buenos días - dice en un tono tan triste.
-Edward ¿Qué pasa?
- Necesitaba oírte... - dice susurrando y me da la impresión de que ha bebido. Ayer hablé con él antes de irme a dormir y estaba bien. Sé que algo ha pasado.
-Edward, sé que ocurre algo, por favor háblame.
- Prométeme que vas a esperarme - dice con voz entrecortada.
- ¡Claro que voy a esperarte!
-¡Prométemelo! - dice prácticamente chillando.
- Te lo prometo. ¿Qué más necesitas para saber que estaré aquí cuando vuelvas?
- Solo te necesito a ti.
-Edward ¿Qué ha pasado?
- Me haces tanta falta cielo... -dice en un susurro que no hace más que ponerme más nerviosa.
- Edward por favor...
- Es tarde cielo, solo quería oírte y decirte que te quiero muchísimo.
-Yo también a ti cariño, pero me estás preocupando - digo notando un nudo en mi garganta.
-No te preocupes, estoy bien. Te llamo esta tarde -dice aparentando tranquilidad.
- ¡Necesito saber que estás bien Edward!
- Lo estoy, solo he tenido un mal día. Venga, vete a trabajar, yo me voy a la cama.
- Está bien - digo rindiéndome porque sé que no va a contarme nada - Te quiero muchísimo.
- Yo también, no lo olvides - dice en un hilo de voz y me cuelga. Me quedo un rato pensando en que ha podido pasar. Nunca lo he oído tan decaído... Voy a la habitación y me visto sin dejar de pensar en él. Algo pasa y no sé qué puede ser. Espero averiguar algo más cuando vuelva a llamarme. Me voy a trabajar y paso la mañana con un nudo en el estómago, los nervios no me dejan concentrarme. Pienso en mil posibilidades y solo se me ocurre una. Cojo el teléfono y llamo a Rosalie.
- Hola, ¿qué tal? - contesta.
- ¡Me voy a Nueva York!
-.-.-.-..-
Hablo con Aro que a regañadientes pero sin poder hacer nada por evitarlo, me da las vacaciones que me corresponden ¡No vuelvo hasta después de reyes!
Salgo volando a las cinco directa a casa de mis padres para comentarles lo que voy a hacer. Al principio alucinan un poco, pero luego me animan para que me vaya, eso sí, con la promesa de que volveré antes de Nochebuena. Llego al restaurante de Rosalie que me recibe dando saltos de alegría.
-¿Qué te ha hecho decidirte? – pregunta frunciendo el ceño.
-Edward, me ha llamado esta mañana, allí deberían de ser la una o las dos de la madrugada, y no sé, nunca lo había oído hablarme así.
- ¿Hablarte cómo?
- Tan apagado. Parecía tan solo que tengo que hacer algo – le digo y sonrío - ¿Es una locura verdad?
- ¡No, claro que no! ¡Es genial!
- Esta tarde lo llamaré para decírselo…
- ¡¿Decírselo?! ¡No se lo digas! – grita como una posesa.
- ¿Cómo que no se lo diga? ¿Qué pretendes que me plante en Nueva York sin decir nada?
- Bueno, creo que sería genial si le dieras una sorpresa.
- La última vez que le quise dar una sorpresa pasé uno de los peores días de mi vida – digo recordando cuando lo vi abrazado a la que, entonces no sabía, era su hermana.
- Entonces no sabías que te quería Bells, eras un mar de dudas. Pero ahora es diferente y sé que le encantaría.
- ¿Estás segura? – pregunto empezando a pensar que quizá no sea tan mala idea.
- ¡Claro que lo estoy!
- Pero no conozco nada de allí, me da miedo plantarme en una ciudad tan grande yo sola…No sé – digo sentándome en la barra.
-¿Por qué no se lo dices a Alec? Estoy segura de que él sabrá cómo hacerlo.
-¿Alec? – abro los ojos como platos - ¡Claro! Voy a llamarle. Salgo a la puerta del restaurante y lo llamo, me contesta al primer tono.
- ¿Qué ocurre Bella? – pregunta nervioso.
- Nada, nada. Esto… estaba pensando en ir a Nueva York a darle una sorpresa a Edward– le digo y me muerdo mi labio.
- ¿En serio?
- Si, bueno, he hablado con él esta mañana y lo he notado… nervioso, no sé, y he pensado que quizá una sorpresa le venga bien.
- ¿Bien? ¡Bella le encantará! – dice riendo.
- ¿Tú crees?
- No lo creo, estoy seguro.
- No sabes cómo me tranquiliza oírte decir eso, no estaba segura de que fuera una buena idea – le digo andando arriba y abajo por la calle.
-Es una magnífica idea. Voy a buscarte un vuelo, en cuanto sepa algo te llamo.
- No hace falta Alec yo lo miro.
- No, tu preocúpate de los papeles que necesitas para viajar a Estados Unidos, yo iré contigo.
- ¿De verdad? – pregunto perpleja. Me vendría genial que alguien que conozca el terreno me acompañe.
- ¡Claro! Edward me mataría si no lo hago – dice estallando en carcajadas lo que me hace reír.
- Muchísimas gracias Alec.
- Gracias a ti Bella– y me cuelga. Vuelvo al restaurante sonriendo de oreja a oreja. Cada vez estoy más segura de lo que voy a hacer. Ros y yo nos pasamos la tarde buscando todo la documentación que necesito para viajar a Nueva York. Cuando salgo de allí ya lo tengo todo, pero hasta dentro de unas veinticuatro o cuarenta y ocho horas no podré volar. Llego a casa y justo cuando me quito la ropa para ir a ducharme me llama Edward.
- Hola – contesto nerviosa.
- Hola cielo, siento mucho lo de esta mañana.
- Me tenías preocupada. No estoy allí para saber lo que pasa y eso me pone más nerviosa todavía – digo poniéndome mi bata.
- Lo sé, lo siento. Ayer fue una noche horrible, tuve que aguantar demasiadas tonterías y creo que bebí demasiado champagne – dice y sé que está sonriendo.
- Ya… ¿Qué pasó?
- Bueno, tuve que encontrarme con Seth y no fue una velada muy agradable.
-Sam, ¿el qué se suponía que era tu mejor amigo?
- El mismo. Intento pedirme perdón, estuvo toda la noche siguiéndome. No sé a qué viene esto ahora después de tanto tiempo. Supongo que igual Tanya le ha dado la patada y ahora quiere arreglar lo que pasó – dice tranquilo, pero sé que en el fondo era su mejor amigo y tiene que dolerle.
- ¿Y qué vas a hacer?
- Absolutamente nada, que lo hubiera pensado antes.
-Bueno, es decisión tuya. ¿Estás mejor? – pregunto.
-Si, siento haberte asustado. Me hubiera encantado que estuvieras aquí ayer – me dice y una sonrisa se instala en mi cara pensando que en dos días podré abrazarlo.
- Y a mí me hubiera encantado estar, pero ya va quedando menos.
- Si, en unas dos semanas creo que estará todo arreglado. ¿Has pensado donde vamos a irnos de vacaciones?
- Creo que a París – digo riendo.
- ¿París? ¿Nunca has ido a París?
- No, la verdad es que no.
-¡Pues París entonces! Te encantará – dice haciéndome sonreír como una idiota.
- ¡Perfecto! ¿Qué estás haciendo ahora?
- Preparando una documentación. ¿Y tú?
- Preparándome para darme un baño – le digo provocativa.
- Bella cielo, no me hagas esto – dice riendo.
- ¡Es la verdad! – me río y abro el agua de la ducha.
- Como me gustaría estar ahí… Mmm...
- ¡Para Edward, que me pones nerviosa! – digo sin dejar de reír.
- Me encanta oírte reír.
- Y a mí saber que estás mejor. Te quiero.
- Yo también a ti. Te llamo esta noche.
- De acuerdo. Un beso.
- Un beso cielo – y cuelga. Entro en la ducha sonriendo como una tonta. Salgo, me preparo unos cereales para cenar y me siento a buscar cosas en el portátil para mi próximo viaje. Temperatura, lugares interesantes, trucos para que no te timen… hay un sin fin de cosas que puedes hacer en una ciudad como Nueva York. Estoy emocionada por ver a Edward y saber qué le va a parecer mi sorpresa. Suena mi móvil de nuevo, pero no conozco el número.
- ¿Diga? – contesto seria.
- ¿Dime que no es una broma que vas a venir a Nueva York? – me dice Alice prácticamente chillando.
-¡Alice! ¿Qué tal estás? ¿Cómo te has enterado? – pregunto eufórica.
- Alec me ha llamado. ¿Va en serio?
- Si, completamente en serio.
- ¡Oh Dios mío! ¡No me lo puedo creer! – dice chillando.
- Yo tampoco – digo riendo - ¿Qué te parece la idea?
- Me parece una gran idea. Edward te necesita – dice seria de repente.
- ¿Por qué dices eso? He hablado con él hace un rato y parecía que estaba bien.
- Bien está, pero no hay quien lo aguante – dice riendo y haciéndome reír a mí.
- Me habías asustado, ayer me llamó y parecía triste, no sé – le digo esperando que ella me cuente algo que yo no sepa.
- Si, se encontró con Seth en un evento y bueno, no fue muy agradable.
- Si eso me ha dicho…
- Pero bueno, basta de pensar en cosas malas. ¡Tengo tu vuelo!
- ¿Qué? Ya le he dicho a Alec que no hacía falta…
-Bella, mi hermano me mataría si se entera de que sé que venías y te he dejado que sacaras tú el vuelo – me dice haciéndome reír - ¿Qué te hace tanta gracia?
- Que has dicho lo mismo que Alec.
- Es que tú no trabajas para él – dice estallando en carcajadas.
- Está bien.
-Lo tienes todo en tu email. Volarás con Alec, y como es una sorpresa he cogido un vuelo nocturno, así nos aseguramos de que no te llamará.
- ¡Vaya, has pensado en todo!
- ¿Por quién me tomas? ¡Me muero de ganas de verte!
- Yo también a ti.
-Cuando llegues vendréis directos a las oficinas, él estará allí.
- ¡Madre mía, estoy nerviosa!
- Te confieso que yo también – dice y las dos estallamos en risas – Mañana te llamaré, ahora tengo que entrar a una reunión con mi querido hermano.
- ¡No le digas nada! – digo chillando.
- ¿Estás loca? Me muero por ver la cara de tonto que se le va a quedar cuando te vea. Hasta mañana Bella.
- Hasta mañana – y cuelgo. Me levanto y empiezo a dar saltitos por el comedor
¡Estoy tan emocionada! Entro en mi correo y ahí está ¡mi billete a Nueva York!
Corro a la habitación y saco la maleta. Empiezo a meter ropa de invierno, me preparo los zapatos, las botas, gorros, bufandas y un sin fin de cosas. Edward me llama para darme las buenas noches y contengo las ganas de decirle que pasado mañana estaré con él.
Llega el viernes y tengo los nervios a flor de piel. Alec me recoge y paso por casa de mis padres donde están todos para despedirme. Mi sobrina quiere venirse para ver a su tío Edward, pero la convenzo de que pronto vendré a por ella e iremos las dos. Paso también a despedirme de Rosalie que me desea suerte y que lo pase muy bien. Y una vez hechas todas las despedidas nos vamos al aeropuerto.
El vuelo se hace un poco largo, y cuando llegamos a Nueva York no consigo tranquilizarme. Alec no deja de reírse de verme tan nerviosa e intenta tranquilizarme. Debería estar cansada porque en Seattle es tarde, pero tengo la adrenalina por las nubes. Alice ha dejado un coche para nosotros esperándonos, cargamos el equipaje y vamos camino de las oficinas de Edward. Miro embobada todo a través de la ventanilla, el paisaje me absorbe y no consigo cerrar la boca. ¡Es increíble!
- ¿Te gusta Bella? – me pregunta Alec.
- Es una maravilla – le miro y sonrío de oreja a oreja.
- Sí que lo es, aunque Seattle es mucho más tranquila para vivir.
- Sí, eso seguro – le digo girándome de nuevo hacia la ventanilla. Pasa aproximadamente una hora en la que cada cosa que veo me fascina más. ¡Estoy en Nueva York y voy a ver a Edward!
-Esas son las oficinas – dice Alec señalándome un edificio todo de cristal y acero enorme.
- ¡Oh Dios mío! – digo abriendo la ventana y asomándome. ¡Es enorme! – Parecía más pequeño en las fotos – digo recordando las que vi en Internet y Alec estalla en carcajadas.
-Si. Voy a avisar a Alice de que hemos llegado – dice sacando su móvil. A los cinco minutos veo aparecer a Alice en la puerta de entrada. Lleva un traje de chaqueta negro, con una blusa azul a juego con sus ojos. Salto del coche y corro a abrazarla.
-¡Estás aquí! – dice chillando mientras me abraza fuerte.
- ¡Si, cuanto me alegro de verte! – me separo y la observo - ¡Estás guapísima!
- Tú estás increíble Bella. ¡Alec! – chilla y va a abrazarle, veo como él sonríe de oreja a oreja y se dan un abrazo.
- Me alegro de verte Alice– le dice él.
- Bueno, os cuento, Edward está en una reunión de la que está a punto de salir. Tu subirás conmigo a mi despacho – dice señalándome – Alec tu puedes llevar las cosas de Bella al apartamento de mi hermano– dice señalándole y él asiente sonriendo.
- Pues voy hacia allí. Que vaya muy bien Bella– dice mirándome y yo, espontánea como siempre le doy un abrazo.
- Gracias por todo Alec – digo separándome avergonzada.
-No hay de qué. Luego hablamos – se da la vuelta y se va hacia el coche. Alice me coge del brazo y tira de mí hacia el edificio. Hay un mostrador en cristal y acero desde el que una chica rubia nos saluda con una espléndida sonrisa al pasar. Vamos hacia los ascensores y cuando se para Alice vuelve a tirar de mi brazo, andamos por un pasillo y me encierra en un despacho.
-Bien, ya hemos pasado lo primero – dice suspirando.
- Alice esto es una locura – digo nerviosa.
- ¿Por qué? Va a ser genial – se acerca hasta una mesa y sirve dos martinis.
- ¡Alice no son ni las diez de la mañana! – digo riéndome.
- Yo también estoy nerviosa. Bebe, te sentará bien – dice pasándome una copa – He quedado con Ángela, la asistente de Edward para que nos avise una vez que él vuelva a su despacho. Anunciará que aún le queda otra reunión y entonces entrarás tú. ¡Tachan! – dice haciendo una reverencia.
- ¿Estás segura de que saldrá bien?
- ¡Claro que saldrá bien! – me coge de la mano y me lleva hasta un sofá. No me había fijado pero es un despacho enorme, con unas vistas de Manhattan espectaculares.
- ¡Es precioso Alice! – digo mirando hacia fuera.
- Me alegro de que te guste – sonríe y de repente suena el teléfono de su mesa - ¿Si? – dice llegando hasta él corriendo - ¡Perfecto, vamos para allí! – me mira y sonríe.
- ¿Ya está? – digo levantándome de un salto.
- ¡Vamos a darle la mayor sorpresa que jamás le hayan dado! – dice dando saltos y palmas como una niña pequeña.
-Alice, estoy como un flan, ni siquiera me he mirado al espejo…
- Ah, por eso no te preocupes. Pasa aquí – me coge de la mano y me lleva hasta una puerta que da acceso a un baño. Entro, me lavo los dientes, me retoco el maquillaje, el pelo y me pongo un poco de perfume. Me tiemblan las manos porque no sé qué va a pensar Edward de todo esto.
Probablemente dentro de un rato me llamaría como hace cada día, y se va a encontrar con que estoy delante de él. ¡Me muero de ganas de verlo! Salgo del baño y Alice me sonríe de oreja a oreja.
- Estás espectacular – dice mirándome de arriba abajo. Llevo unos pantalones palazzo negros, con una blusa en color rojo y una americana negra.
- ¡Estoy lista! – sonrío y salimos del despacho. Subimos un piso más y al abrirse las puertas del ascensor una mujer de unos cuarenta años se acerca hasta nosotras. Es peli-negra, con los ojos azules y se nota que cuida su cuerpo.
- Buenos días, Soy Ángela Weber, usted debe de ser la señorita Isabella Swan – dice en inglés sonriéndome.
- Llámeme Bella– sonrío y estrecho su mano.
- De acuerdo Bella. Anunciaré al señor Cullen que tiene su siguiente reunión y entras ¿de acuerdo? – dice mientras andamos hasta una puerta enorme de madera.
- De acuerdo – asiento y noto como mis piernas empiezan a temblar ¿Por qué estoy tan nerviosa? ¡Es mi novio por Dios!
-Que vaya muy bien Bells– dice Alice abrazándome.
- Gracias.
- Bien, allá vamos - dice Ángela y nos hace una señal para que mantengamos silencio – Señor Cullen, entra su siguiente reunión.
-Ángela ¿qué reunión? – pregunta Edward y Ángela me hace una seña para que entre sin contestar. Abro la puerta empujando despacio y encuentro a Edward de espaldas mirando por un ventanal que va desde el suelo al techo. Se está pasando las dos manos por el pelo, seguramente preguntándose qué dichosa reunión la espera ahora. Cierro la puerta a mi espalda y me quedo plantada mirándole. Se da la vuelta y se queda parado mirándome. Abre los ojos de par en par observándome sin decir nada.
Coge aire y viene dando grandes zancadas hacia mí. Sonrío como una tonta, me coge en brazos y me hace girar abrazada a él.
- ¡Dios mío Bella, dime que no estoy soñando! – dice sin soltarme.
- No Edward, estoy aquí – las lágrimas ruedan por mis mejillas mientras dejo que sus brazos me envuelvan. Se separa, me baja al suelo despacio y hundiendo sus manos en mi pelo me besa apasionadamente.
- ¡Estás aquí! – dice riendo.
- Eso parece – sonrío y acaricio su cara.
- No llores cielo – dice abrazándome de nuevo – ¡No puedo creer que estés aquí! – se separa y me besa una y otra vez.
-Te he echado tanto de menos– digo acariciando su cara.
- ¿Cuándo has llegado? ¿Cómo? – pregunta sin soltarme ni un segundo.
- Es largo de contar, pero estoy aquí – paso los brazos por su cuello y me lanzo a sus labios. Hunde su lengua en mi boca y sus manos bajan hasta mi trasero. Gimo contra sus labios y metiendo los dedos entre su pelo lo acerco más a mí.
-Espera un momento – dice separándose. Se acerca hasta la puerta y se asoma –Ángela anula todas mis reuniones – le dice a su ayudante.
- Ya está todo anulado señor Cullen. Hasta el lunes no tiene nada en la agenda – escucho que le dice ella.
- ¿Tú lo sabías? – le pregunta Edward que me mira un momento.
- Fui yo quien busco su vuelo señor Cullen.
- ¡Ah, es increíble! Está bien Ángela, puedes irte a casa. Nos veremos el lunes.
- De acuerdo señor Cullen.
- ¡Hola! – escucho la voz de Alice al otro lado y me acerco a asomarme - ¿Qué te ha parecido la sorpresa? – le dice mientras me señala.
-¿Tú también has tenido algo que ver? – pregunta él frunciendo el ceño.
- ¡No soportaba más tu mal humor! – se ríe, se acerca y le da un beso en la mejilla – Yo también me voy a casa hermanito – me da un beso a mí y junto a Ángela se marchan. Edward se da la vuelta y me hace entrar en el despacho. Me coge de la cintura y me acerca a él.
-Tengo que decirte que Alec ha venido conmigo – digo sonriendo.
- ¿Alec también? – frunce el ceño y sonríe.
- También – asiento y envuelvo su cuello con mis brazos.
- Muy bien señorita Swan. Ya que soy el único tonto que parece que no se ha enterado de nada, creo que tendrá que explicármelo – se inclina y me
besa en el cuello.
- Ya le he dicho que es largo de contar, señor Cullen– me río y él empieza a quitarme la chaqueta.
-No se preocupe, ya ha oído a mi asistente, tenemos todo el fin de semana para que me lo explique – Bajo los brazos para que pueda quitarme la chaqueta y sonrío.
- ¿Quiere que empiece aquí? – digo mordiendo mi labio.
- Por supuesto, he empezado a cogerle cariño a los despachos – me acerca hasta él y me besa recorriendo mi boca. Estoy feliz por volver a estar a su lado, contenta de saber que se alegra de que esté aquí, y pienso aprovechar cada minuto a su lado.
Edward se acerca a la puerta, la cierra con pestillo y se gira hacía mí con una sonrisa pícara en los labios Noto como el corazón me martillea en el pecho, y otras partes de mi cuerpo también palpitan con anticipación. Se acerca a mí y se queda parado casi rozándome.
- Desnúdate – dice sorprendiéndome.
- ¿Cómo? – pregunto alzando las cejas.
- Desnúdate – dice y sonríe.
- Oh, será un placer – digo con una risita. Me desabrocho la camisa despacio mientras él me observa fijamente siguiendo el movimiento de mis manos.
Cuando voy a sacármela por los brazos, bajo hasta mis pechos y los rozo con mis manos apartando la camisa y dejándola caer al suelo. Él se muerde su labio inferior sonriendo. Me quito los zapatos, desabrocho mis pantalones despacio y dejo que caigan a mis pies, me quedo solo con un conjunto de sujetador y culotte negro de encaje. Salgo hacia un lado de mis pantalones, los lanzo y miro a Edward directamente a los ojos. Llevo mis manos a mi espalda para desabrocharme el sujetador pero Edward da un paso hacia mí cogiendo mis manos.
- ¡Ah no! Yo también quiero que te desnudes – digo apartándome hacia un lado. Se ríe echando la cabeza hacia atrás haciéndome reír a mí.
- Creo que esto no ha sido una buena idea, llevo demasiados días sin ti como para alargar esto – intenta acercarse de nuevo, pero de nuevo me separo.
- Cullen… - digo a modo de advertencia.
-Está bien – dice quitándose la chaqueta y lanzándola a un sillón. Se desnuda en menos de un minuto, observo su miembro que aprieta contra la tela de su bóxer y muerdo mi labio sonriendo.
- Todo – le digo en un susurro. Alza las cejas y se ríe.
-Bella, deja que te toque, por favor.
- Primero quítatelo todo, tú has empezado Edward– sonrío.
-Está bien – se baja el bóxer liberando su erección, lo lanza a un lado y antes de que me dé cuenta se me echa encima. Me besa invadiendo mi boca, lleva sus manos a mi espalda, desabrocha mi sujetador, y me baja el culotte de un tirón. Río contra sus labios y baja su boca hasta mis pezones. Chupa, tira y lame haciendo que mi cuerpo se acelere a marchas forzadas, vuelve a subir hacia mi boca y yo cojo su erección entre mis dedos y aprieto subiendo y bajando. Gruñe contra mis labios, baja su mano hacia mi sexo y separando mis pliegues hunde dos dedos en mi interior.
- ¡Oh Bella, ya estás mojada! – dice trazando círculos con sus dedos.
- Necesito sentirte – digo en un jadeo. Me levanta en brazos y yo enrosco mis piernas en su cintura. Camina hasta la mesa y con un brazo aparta todos los papeles lanzándolos al suelo.
- ¡Siempre he querido hacer eso! – digo riendo.
- Yo también – se inclina y me besa. Me sienta en el borde de la mesa y me tumba poco a poco, me levanta las piernas apoyando mis talones en el borde y sin más se clava dentro de mí. ¡Oh, me hacía tanta falta! Empieza a moverse despacio, mirándome a los ojos, sus manos recorren mis muslos, suben por mi cintura y masajean mis pechos. Sus dedos tiran de mis pezones provocándome, se inclina y los chupa, hundo mis manos en su pelo y lo acerco más a mí. Acelera el ritmo poco a poco, levanta la cabeza y me besa ahogando mis jadeos. Se levanta, coloca mis tobillos en sus hombros y aumenta más el ritmo.
-¡No puedo creer que estés aquí! – dice sin dejar de moverse.
- No aguantaba estar sin ti ¡Oh Edward! ¡No voy a aguantar mucho más! – digo con la voz ronca.
- ¡Ah Bella! – dice apretando sus dientes. Noto como mis músculos se contraen a su alrededor, gruñe echando la cabeza hacia atrás, yo arqueo mi espalda y gritando su nombre caigo desde lo más alto mientras él de un golpe seco se deja llevar en mi interior. Baja mis piernas a los lados, tira de mis muñecas para incorporarme y me abraza con fuerza.
- No sé qué has hecho conmigo Bella, pero casi me vuelvo loco en una semana – hunde la cabeza en mi cuello y me da un beso justo debajo de mi oreja.
- Mmm...… - murmuro porque ahora mismo no soy capaz de hablar.
-¿Qué quiere decir eso? – me dice riendo. Levanto la cabeza y lo miro.
- ¿Está usted enamorado señor Cullen? – sonrío y él estalla en carcajadas - ¡No te rías! – digo notando como se mueve todavía en mi interior.
- ¡Hasta las cejas! – se inclina y me besa – Me ha encantado tu sorpresa – sale de mi despacio y me lleva de la mano hasta una puerta que da un baño.
-No he sido yo sola, de hecho, yo pensaba avisarte.
- ¿Por qué?
-No sé, por si acaso – digo alzando mis hombros y saliendo de nuevo al despacho.
- ¿Por si acaso qué? – pregunta tirando de mi mano y dándome la vuelta para que lo mire. Agacho la cabeza mirando mis pies.
- No quería molestarte.
- ¿Molestarme? – pregunta frunciendo el ceño.
- Sí, no sé, es un viaje de trabajo, igual no te gustaba que estuviera aquí – lo miro y veo como contiene la sonrisa.
- Me encanta que estés aquí – me coge la cara entre las manos y me besa – Vamos a casa. – Salimos del edificio en el coche de Edward, es un Audi en color negro que no tiene nada que envidiarle al coche que tiene en Seattle. Miro por la ventanilla queriendo conocer cada rincón de la ciudad. Me giro hacia él cuando llegamos a un semáforo y veo que me observa sonriendo. - Estás aquí – sonríe y aprieta mi rodilla con una mano. La cojo y entrelazo nuestros dedos.
- Si, y no pienso volver sin ti.
- No pensaba dejar que lo hicieras – sonríe y me suelta para continuar nuestro camino. El tráfico en Nueva York es tal como lo describen ¡un auténtico caos! Edward vive por la zona de West Side Highway, según me cuenta. Yo no tengo ni idea de donde está pero miro absorta todo lo que me rodea. ¡Estoy en Nueva York con Edward! Ni yo misma me lo creo. Él me va indicando por donde vamos pero creo que me he perdido en la quinta avenida. Imaginarse como puede ser Nueva York no tiene nada que ver con verlo en persona, te sientes tan pequeño en medio de la ciudad…
Avanzamos por una avenida en la que se ve el río Hudson ¡Es increíble! Entramos en un parking subterráneo, aparcamos y Edward abre mi puerta. Me lleva de la mano hasta un ascensor y subimos a la planta treinta, está claro que le gustan los áticos. Llegamos a un vestíbulo blanco, con una sola puerta en negro. Edward abre y me hace pasar. Había imaginado como podría ser el "apartamento" de Edward, y me habría quedado corta siempre. Esto no es lo que mundialmente se conoce por apartamento, es impresionante. Grande no es la palabra adecuada para describirlo.
Caminamos y mis tacones resuenan en el suelo de mármol blanco, todo es blanco paredes y suelo, no hay paredes que rodeen la casa son ventanas de suelo a techo, todo cristal y acero. Llegamos a un salón en el que hay un sofá rinconero marrón, una mesa del centro en un marrón más oscuro y dos sillones individuales más. Camina sin soltarme de la mano, cosa que agradezco porque probablemente me perdería en una casa tan grande.
Al otro lado del salón hay una mesa grande de madera con un jarrón blanco encima con flores naturales todas en color blanco, ocho sillas alrededor hechas de lo que supongo que es metacrilato transparente. Él me mira de reojo y yo fuerzo una sonrisa. Seguimos caminando y abre dos puertas abatibles que dan a la cocina. Es unas tres veces la mía, toda en blanco y acero inoxidable, una isla central con cuarto taburetes negros alrededor, y también con vistas al río. Salimos a un pasillo y abre una puerta a la derecha, el baño de invitados. ¡Baño de invitados y es enorme! Salimos de nuevo y abre otra puerta, habitación de invitados, que equivale a la mía principal si la juntamos con mi cuarto de baño. Tiene una cama bajita en madera y unas vistas al río a través de diferentes ventanas.
Salimos y abre la que es la habitación principal. Por un momento creo que me quedo sin respiración. Las ventanas van del suelo al techo, una cama en el centro en ante marrón, y al fondo a la derecha una chimenea en acero negro con un sillón blanco y una alfombra en el mismo tono marrón que la cama. Abre una puerta para indicarme el baño, paso a su lado y miro el baño embobada.
Es todo blanco, como el resto de la casa, una bañera enorme a la izquierda con una ducha italiana justo al lado, y a la derecha un lavabo doble con un espejo que cubre toda la pared.
- ¿Qué te parece? – me pregunta y noto cierto nerviosismo en su voz.
- Es increíble– le miro y sonríe.
- Me ayudo a escogerlo Alice– me cuenta mientras vamos a la cocina. Me siento en la isla mientras él abre la nevera - ¿Tienes hambre?
-La verdad es que si – me río sin dejar de observar a mi alrededor.
- Voy a calentar lo que ha dejado Jane para comer y te enseño la mejor parte – dice conectando el horno. Sirve dos copas de vino blanco y me pasa una. Doy un largo trago y lo miro sonriendo.
- ¿Y Jane es…?
-Ah, mi asistenta, creo que sin ella comería todo el día en restaurantes – dice haciéndome reír.
- Pues huele muy bien.
- Cocina genial. Ven, quiero enseñarte la terraza – me coge de la mano y me lleva hacia el salón, abre una cristalera y salimos fuera. Es una terraza que bordea toda la casa, el suelo es blanco con unas tumbonas en mimbre, una mesa para ocho, y lo mejor de todo, las vistas. Si desde dentro de la casa son espectaculares, una vez fuera te dejan sin aliento. Me acerco a la barandilla, y Edward me abraza por la espalada.
Respiro hondo y me siento tan completa que me da miedo. Apoyo la cabeza en su pecho y dejo que me envuelva en sus brazos.
- Hace mucho frío, vamos dentro – dice besando mi cabeza. Me pasa las cosas para poner la mesa, saca una ensalada de la nevera y sirve en dos platos el pastel de carne que ha calentado. Mientras comemos le cuento cuando decidí venir a Nueva York y todo lo que vino después. - Me alegro de que lo hicieras – se levanta, se inclina y me da un beso en los labios.
- Sé que tú hubieras hecho lo mismo. Quiero que te apoyes en mi cuando lo necesites Edward, quizá no pueda hacer gran cosa, pero estaré a tu lado – le digo mientras él retira los platos. Llega hasta mí y se coloca entre mis piernas. Me coge la cara entre sus manos y clava sus ojos azules en los míos.
- Bella tu das sentido a todo lo que me rodea, así que no vuelvas a decir que no puedes hacer gran cosa – acerca sus labios a los míos y me besa recorriendo el interior de mi boca con su lengua dulcemente.
Tiro de su corbata, la saco por su cabeza y la dejo sobre la isla de la cocina. Me lanzo a sus labios de nuevo y mis manos empiezan a desabrochar los botones de su camisa. Baja besando mi cuello mientras yo acaricio su torso desnudo. Empieza a desabrocharme los botones, pero cuando solo lleva dos de ellos, llaman a la puerta.
-Edward están llamando – digo intentando apartarlo.
-No voy a abrir – sigue desabrochando los botones pero yo le cojo las manos cuando vuelvo a oír el timbre.
- Cariño, abre – digo riendo.
- ¡Joder! Juro matar al que sea – me besa con fuerza y se separa abrochándose la camisa de nuevo – Sea quien sea espero que no se fije mucho en esto – dice señalándose la erección que se marca bajo su pantalón.
- ¡Edward! – digo dándole un golpe en el brazo en el brazo mientras salimos al salón. Vuelven a llamar.
-¡Ya va! – dice en un inglés tan sexy que consigue excitarme aún más. Abre la puerta y se encuentra a Alice con una sonrisa de oreja a oreja.
- ¡Buenas tardes!
-Alice … ¿Qué haces aquí? – dice serio mientras que yo intento controlar la risa.
- Pasaba por aquí y he decidido venir a ver qué tal iba todo – dice entrando a su lado. Llega hasta a mí y me abraza – Bueno y a recordarte la fiesta del domingo, a la que supongo que llevarás a Alexis, y para la que necesitará un vestido – lo mira y sonríe.
-¡Oh Dios! – dice Edward cerrando la puerta y colocándose a mi lado - ¿Quieres ir a una gala benéfica el domingo? – me pregunta.
- Bueno, no lo sé… - digo sin entender de qué va todo esto.
- ¡Tienes que ir! Es una gala benéfica anual a la que nunca hemos faltado… - dice haciendo un puchero que me hace sonreír.
- Lo que tú digas – digo mirando a Edward que me mira fijamente y después mira a su hermana y sonríe.
- Está bien, iremos.
- ¡Bien! – dice Alice dando saltos - Así no estaré yo sola – dice sonriendo.
- Deberías estar acostumbrada ya… - dice él yendo hacia el sofá. Lo miro con mala cara por ser tan borde con su hermana y alza los hombros. Me siento a su lado en el sofá mientras Alice se sienta enfrente. Edward tira de mí y me sienta en sus piernas.
- Bueno, a lo que íbamos – dice ella cambiando de tema – Tengo que llevarme a Bella de compras.
- ¿Cómo? - pregunto riéndome.
- A no ser que lleves un vestido de noche en la maleta claro.
- Pues no, no llevo ninguno – digo riéndome.
- Por eso, tenemos que irnos. Sé que es lo que menos te apetece, pero si no vamos hoy, no estará listo para el domingo y …
-¡Vale, vale! Tranquilízate Alice – dice él riendo – Iros de compras – dice resoplando. Me giro y le sonrío.
- ¿Tú no vienes? – pregunto acariciando su cara.
- ¿Vas a hacerme pasar por eso?
- No, intentaré no tardar mucho – le doy un beso suave y me levanto.
- ¡Va a ser genial! – dice Alice.
-Lleva a Alec y no te separes de Bella ni un minuto – le dice Edward a modo de advertencia.
- ¿Quién te crees que me ha traído? – le contesta sonriendo y sale del apartamento. Él tira de mi mano y hundiendo sus dedos en mi pelo me besa apasionadamente. Gimo contra sus labios y se separa sonriendo.
- Te estaré esperando y la próxima vez iremos nosotros solos de compras – vuelve a besarme.
- Suena tentador…
-Contigo todo es tentador cielo. Por cierto, espera aquí un segundo – da media vuelta y saca una cartera de su chaqueta – Toma, esta tarjeta es para ti – dice entregándome una tarjeta Visa. Levanto la cara y lo miro perpleja.
- ¿Perdona? – digo frunciendo el ceño.
- Estás autorizada en esta cuenta, quiero que la utilices para comprarte lo que necesites.
-Edward, no quiero tu dinero – digo enfadada.
- Lo sé cielo, pero quiero que la tengas. Cógela.
- No la quiero.
- Bella… – dice con media sonrisa – Si no la coges lo pagará Alice. Por favor – coge mi mano y la deja en mi palma.
- Pero Edward…
- Tómatelo como un regalo. Lo que te compres yo te lo regalo – me dice sonriendo. Se acerca y me levanta la barbilla entre el índice y el pulgar – Por favor.
- Está bien, es un regalo – le digo y se ríe.
- Un regalo – asiente y me besa – Venga ir a divertiros. Llámame si necesitas algo, lo que sea.
- Si, tranquilo.
- Te quiero cielo.
- Y yo a ti – paso mis dedos por su cuello y le beso en los labios. Alice y yo bajamos en el ascensor y encontramos a Alec en la puerta. Nos montamos en el coche y nos vamos directas a la quinta avenida. ¡Me voy de compras en Nueva York! Sonrío pensando en cómo me gustaría que estuviera aquí Rosalie y cómo sorprender con mi vestido a Edward, bueno, con el vestido y con algo más…
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¡Uf! Que capítulo más largo de adaptar jajaja. Bueno nos hemos ido de compras a la gran manzana. Bueno veremos qué tal le va a ella con Esme ahora que la va a ver hasta en la sopa…
Locura realizada…
Cambio y fuera…
By:antoCullen::
Jane.
