Disclaimer: Los personajes son de S. Meyer la creadora de Twilight (Crepúsculo) La historia no es mía, es de la fabulosa María Bravo, yo leí el libro y me encanto la historia y quise hacer una adaptación de esta historia que ella creo. TODOS LOS DERECHOS SON DE ELLAS MENTES INCREIBLES….
Ahora sí, nos vemos en los muchos capítulos que esta hermosa autora creo y plasmo en papel.
Este capítulo es dedicado para todas quienes se dan el tiempo de comentar algo Adriu, CorimarCautela, Yoliki, Dayis, teresa aguirre, ItaPalacios gracias chicas, claro que también para aquellas que son lectoras fantasma solo no me asusten por fitas …
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=Capítulo 28=
Llevamos una hora intentando encontrar un vestido y no ha habido suerte, pero ir de compras por Nueva York es mejor de lo que pensaba, y eso que no he comprado nada, pero tienes de todo, eso sí, los precios son bastante desorbitados. Creo que no he cerrado la boca desde que hemos llegado. Alice me cuenta, más o menos, de que va la gala benéfica, por lo que se ve no es la única con la que Corporaciones Cullen colabora, pero la del domingo los fondos que se recauden irán destinados a la lucha contra el cáncer.
Compramos en una cafetería dos cafés para llevar, seguimos nuestro camino cuando de repente me paró en seco frente a un escaparate. ¡Ahí está, el vestido que quiero! Negro, con escote palabra de honor, corte sirena, y un combinado de tejidos en satén y organza negros.
Según Alice es ideal para la fiesta, y para mí lo que estaba buscando, sencillo pero muy elegante. Entramos y una chica rubia muy joven viene a atendernos. Antes de sacarme el vestido del escaparate me hace probarme tres vestidos más, que por supuesto no me gustan. Ya me ha entrado por el ojo el otro y lo quiero.
Lo saca del escaparate y me lo pruebo. Cuando me miro en el espejo sé que he acertado. Salgo y Alice silba dando su visto bueno.
- Es un vestido precioso Bella– dice Alice cogiéndome de la mano.
- ¿Crees que a tu hermano le gustará?
- ¿Qué si le gustará? ¡Sé que le va a encantar! – dice y las dos estallamos en carcajadas.
- Disculpen – dice la chica a mi espalda - ¿Se lo lleva?
- Sí, me lo llevo y los zapatos y el bolso también – le digo con una amplia sonrisa.
El vestido se lo quedan para sacarle un poco de cadera, que me quedaba un poco justo y meter el largo. Puedo pasar a recogerlo mañana por la tarde o llamar para que me lo envíen donde quiera. Así son las cosas cuando pagas lo que vale un vestido como este. Cuando voy a pagar saco mi tarjeta de crédito y Alice carraspea a mi lado. La miro y me señala la tarjeta que Edward me ha dado. Pongo los ojos en blanco y le entrego a la chica mi nueva tarjeta.
- Es solo un regalo – le digo a Alice cuando salimos de la tienda.
- ¿No te ha gustado verdad? – dice sonriendo.
- ¿El qué?
- Que te diera esa tarjeta – dice parándose en otro escaparate.
- No, no me ha gustado. No quiero su dinero.
- No lo entiendes Bella, para mi hermano es una manera de demostrarte que confía en ti.
- Ya…
- No te enfades – dice dándome un codazo.
-No me enfado, en cierto modo lo entiendo, pero no es necesario. ¿Desde cuándo la tiene?
- No tengo ni idea, pero bueno, piensa que te ha hecho un regalo precioso – dice sonriendo.
- Sí, eso si – digo olvidando mi enfado.
- ¡Y ahora otra sorpresa! – se coloca detrás de mí y me tapa los ojos con sus manos.
- ¡Alice! ¿Qué haces? – le pregunto sin poder evitar reír.
- ¿Estás preparada? – me pregunta emocionada.
- No sé muy bien para qué pero supongo que sí – es estresante ir con los ojos tapados por mitad de la quinta avenida. Aparta sus manos de mis ojos, los abro y cuando veo lo que tengo enfrente chillo como una niña pequeña.
-¡Victorias Secret! – digo abrazando a Alice.
- Vega me dijo que tenías debilidad por la ropa interior y he pensado que te gustaría dar una vuelta.
- ¡Me encantaría! – digo sonriendo y caminando hacia la entrada. Entramos y a cada paso que doy por la tienda veo algo que me gusta, podría estar aquí todo el día. Veo en un maniquí un conjunto de corpiño palabra de honor negro, con tanga y liguero que es precioso. Disimuladamente saco mi móvil, le hago una foto y se la envío a Edward.
"¿Crees que me quedará bien?"
Se lo envío y me río de imaginarme la cara que pondrá cuando lo vea. Suena un mensaje de Edward.
"Seguro que mucho mejor que a esa maniquí…
Quiero vértelo puesto. Ahora."
Me río, le pido a la dependienta mi talla y me voy directa al probador. Me pruebo el corpiño y el liguero y agradezco llevar un culote negro que más o menos hace conjunto. Alice está en el probador de al lado así que cojo mi móvil y me hago una foto frente al espejo.
Se la envío a Edward, que contesta inmediatamente.
"¡Vuelve a casa ya! ¡Te lo regalo! Te echo de menos…"
Suelto una carcajada, me cambio y salgo del probador. Alice me mira frunciendo el ceño y sonrío.
- ¡Me lo llevo! – doy media vuelta y se lo doy a la chica para que me lo prepare. Seguimos mirando y elijo dos conjuntos más para mí y uno azul cielo para Rosalie que sé que le encantará. Alice está dudando entre dos conjuntos, cuando veo que una chica se nos acerca. Es un poco más alta que yo, morena, con unos ojos azules impresionantes y un cuerpo que por un momento me hace pensar que es uno de esos ángeles de Victorias Secret.
-¡Alice! – dice una vez que llega hasta nuestro lado. Alice está de espaldas a ella y veo cómo se pone blanca en décimas de segundos – ¡Alice! – Vuelve a llamarla la chica esta vez tocando su hombro al ver que no se da la vuelta. Se gira poco a poco y la mira muy seria.
- Hola – contesta en inglés en un tono que nunca le había escuchado utilizar. Una mezcla de desprecio y enfado que me hace pensar que no se llevan muy bien.
- ¡Qué casualidad! No esperaba encontrarte por aquí – dice acercándose y dándole dos besos que ella no le devuelve ¿Qué pasa aquí?
- Yo no esperaba volver a encontrarte en ningún sitio a ser posible, pero veo que Nueva York no es lo suficientemente grande – le contesta tajante.
- Alice querida, no hace falta ser antipática – sonríe y se gira hacia mí – Creo que no nos conocemos, soy Tanya Denaly, la prometida de Edward, el hermano de Alice – dice sonriendo y alargando su mano de manicura perfecta hacia mí.
Me quedo momentáneamente atónita, la miro sin parpadear y oigo como Alice maldice a mi lado. ¿Ha dicho prometida? ¡No puedo creerlo! Pero esta vez no pienso quedarme callada. Parpadeo, carraspeo y alargo mi mano hasta la suya. La estrecho con fuerza y sonriendo le digo:
- ¿Prometida? ¿Estás segura? Porque creo que debe de ser un error, querida – le digo inocente – Soy Isabella Swan, la novia de Edward– sonrío de oreja a oreja y Alice estalla en carcajadas a mi lado. Tanya me mira abriendo sus ojos de par en par y tira de su mano soltando la mía.
- Es solo una ruptura temporal, es normal que quiera divertirse mientras estamos separados, pero volverá a mí, te lo aseguro – me dice intentando parecer serena pero noto el temblor en su voz.
-Tanya, Edward nunca volverá contigo – dice Alice con desprecio.
-No pierdas el tiempo Alice, si nos disculpas, Edward me espera en casa para cenar, y no quiero perder ni un minuto por estar hablando contigo. Si quieres le daré recuerdos de tu parte – le digo sonriendo.
- No juegues conmigo. Edward no vive con nadie, además está en Seattle tratando de poner distancia pero volverá a mí, te lo puedo asegurar.
- ¡Vaya, que raro! Porque también tenemos un piso allí que vamos a compartir cuando volvamos. No es que no quiera vivir con nadie, es que nunca quiso vivir contigo. Vámonos Alice – me doy media vuelta pero ella me coge de la muñeca y me hace girar para mirarme a la cara.
- Te he dicho que no juegues conmigo porque perderás – dice amenazándome. Me rio y niego con la cabeza.
-No voy a jugar contra alguien que ya ha perdido. Aléjate de él, no puedes recuperar lo que nunca has tenido. Que disfrutes de tus compras – tiro de Alice y voy hacia la caja. Cogemos las bolsas, me giro y veo que Tanya sigue en el mismo sitio mirándome como si pudiera atravesarme. Algo me dice que no va a ser la última vez que me la encuentre, pero no voy a permitirle que le haga más daño a Edward, ni mucho menos que se interponga en nuestro camino. Salimos a la calle y noto como me tiemblan las piernas. Alice chilla emocionada y da saltitos a mi lado haciéndome reír.
-¡Ha sido increíble Bella! – dice abrazándome.
- Sí, ya… Espero no tener que volver a verla – digo respirando hondo para tranquilizarme.
- Volvemos a casa – sonríe y llama a Alec que aparece en poco menos de un minuto.
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De camino pienso en cómo voy a contarle a Edward lo que ha pasado. Igual no le sienta muy bien que me haya enfrentado a ella, pero ¿qué otra cosa iba a hacer, dejar que me humillara? Creo que lo entenderá. Visualizo su cara una y otra vez. Realmente es muy guapa, entiendo que Edward se fijara en ella, harían una bonita pareja. No, no puedo imaginármelos juntos, no quiero. Aparto esa idea de mi mente y recuerdo el mensaje que le he enviado desde el probador, y así recupero mi sonrisa. Subo a casa de Edward que me espera apoyado en la puerta. Cuando llego a su altura me coge de cintura y me besa intensamente, justo lo que necesitaba. Entramos y dejo las bolsas sobre el sillón.
- ¿Qué tal ha ido? – pregunta sonriendo.
- Ha sido genial – me acerco y le abrazo por la cintura.
- La próxima vez iremos juntos y entraré en el probador – dice hundiendo la cabeza en mi cuello.
- Me encanta la idea - levanto mi cara y le beso en los labios.
- ¿Has encontrado vestido?
- Sí, lo he elegido pensando en ti así que espero que te guste. Por cierto… - me separo y voy hasta mi bolso, saco la tarjeta que me ha dado y se la devuelvo – Gracias por el regalo – me pongo de puntillas y le doy un beso en la mejilla.
-Bella, esto es para ti – dice muy serio.
- Edward no me hace falta, de verdad.
- Quiero que la tengas – dice tendiéndola hacia mí.
- ¿Por qué tienes tanto empeño en que tenga una tarjeta de tu cuenta? Es más, ¿desde cuándo tengo una tarjeta de tu cuenta? – pregunto empezando a enfadarme.
- La tienes desde que te pedí que vinieras a vivir conmigo, porque quiero compartir mi vida contigo y eso incluye mi dinero – dice clavando sus ojos en los míos. Cojo aire perpleja, lo miro sonriendo y él alza los hombros devolviéndome la sonrisa.
- ¿Compartir tu vida? – pregunto pasando las manos por su cintura.
- Sí, compartir mi vida.
- Puedo ser muy pesada e incluso cabezota – le miro y sonríe.
-Y aun así te quiero – se inclina y besa recorriendo cada rincón de mi boca – Me parece que la cena puede esperar – se agacha y levantándome de las rodillas me carga sobre su hombro.
-¡Edward! - Chillo riendo mientras él me lleva hasta la habitación donde me hace el amor sobre la cama. Estamos abrazados desnudos y su mano recorre mi espalda arriba y abajo. Pienso que aún no le he dicho que iré a vivir con él pero creo que esperaré a que volvamos a casa para darle la sorpresa. Recuerdo lo de su ex y lo miro.
- ¿Qué pasa? – pregunta dándome un beso en la nariz.
-Tengo que contarte algo – muerdo mi labio inferior y él me mira frunciendo el ceño.
-Bella, cuéntamelo – me abraza más fuerte y yo aspiro su aroma
- Esta tarde nos hemos encontrado con… - me callo sin saber muy bien como decírselo.
- ¿Con quién?
-Con Tanya– digo mirándole para ver su reacción. Se queda quieto un minuto mirándome.
- ¿Dónde?
- En Victorias Secret.
- ¿Os ha visto? – dice apretando la mandíbula.
-Sí, de hecho ha tenido la amabilidad de presentarse… como tu prometida.
- ¿Qué? ¡Oh Dios mío! – dice enfadado.
- Tranquilo, me he defendido – lo miro y sonrío.
- ¿Cómo que te has defendido? ¿Qué ha pasado?
-Bueno, ella cree que esto es un enfado temporal pero que volverás a estar con ella cuando se te pase.
- ¿Un enfado temporal? ¿Eso ha dicho?
- Sí, le he dicho que yo era tu novia, así que tendría que haber un error, pero ella cree que solo te estás divirtiendo mientras que no estáis juntos.
- ¡Hija de...!
- ¡Edward, no pasa nada! – digo cortándole para tranquilizarlo.
-¡¿Qué no pasa nada?! Le he concedido no publicar nada de lo que pasó para no dañar su imagen y ella lo único a lo que se dedica es a intentar estropear la mía.
- Pero a mí no me importa lo que ella diga, sé que no es cierto – digo intentado hacerle ver que estoy bien, que no ha conseguido lo que se proponía.
- No es solo esto Bella– dice y se levanta de la cama.
- ¿Qué quieres decir? –pregunto mientras él se pone unos pantalones de pijama.
-Ha intentado vender varias exclusivas a mi costa.
- ¿Exclusivas? – me levanto y busco un camisón en el armario.
- Si Bella, ya viste lo que pasa con la prensa.
- Ya, pero no sé qué podría contar. Vuestra vida ya era pública, no era ningún secreto – me pongo el camisón y lo miro.
- Intento vender que… - se queda callado y me mira. Le hago un gesto para que continúe y resopla – Intento vender que estaba embarazada –me tambaleo y me agarro a la estantería.
- ¿Qué? – pregunto en un hilo de voz - ¿Tenéis un hijo? – pregunto con miedo.
- ¡No, no! Era todo mentira.
-¿Por qué? Quiero decir, no entiendo como alguien puede mentir sobre algo así.
- Por dinero Bella, siempre es por dinero – se da media vuelta y se sienta a los pies de la cama. Salgo despacio y me acerco.
-Edward, no te preocupes. Sé que no es cierto – me coge de las caderas y me abraza pegando su cabeza a mi vientre.
- Es agotador – dice cansado.
- Tiene que haber una manera de terminar con esto.
- La hay – levanta la cabeza y me mira.
- Haré lo que sea necesario para no dejar que te haga daño.
-Cielo – niega sonriendo – Solo tú puedes hacerme daño – me besa por encima del camisón y yo tiro de su pelo para poder mirarlo.
- ¿Qué hay que hacer para terminar con esto?
- Casarnos – dice clavando sus ojos azules en los míos. Noto como mi corazón da un salto y reanuda su marcha a un ritmo demoledor. Estoy segura de que él puede sentirlo porque ahora me sonríe.
-Edward, eso es una locura – digo riendo.
-Bella, lo estoy diciendo en serio – dice mirándome.
- Pero Edward, eso no es una solución. Además, tu nunca has creído en el matrimonio, no tiene sentido.
- Nunca he creído en el matrimonio hasta que apareciste tu – lo miro boquiabierta.
- ¿Estás hablando en serio?
- Completamente – parpadeo y comienzo a reír.
-Edward, no pienso casarme contigo por esto.
-¿No quieres casarte conmigo? – pregunta frunciendo el ceño. ¡Oh Dios, es adorable!
- Quiero casarme contigo, pero no así.
- Ya, entiendo – se levanta y coge mi cara entre sus manos – Todo a su debido tiempo – me besa y sonríe.
- Sí, todo a su debido tiempo. – Me abraza contra su pecho y yo sonrío. ¡Estaría dispuesto a casarse conmigo! ¡Oh, adoro a este hombre!
- Bien, vamos a cenar – coge de mi mano y me guía fuera de la habitación – Además – dice parándose en seco mirándome - ¡No tengo el anillo! – me dice e intento contener la risa pero no lo consigo y estallo en carcajadas haciéndole reír a él.
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El sábado él y yo lo pasamos recorriendo Nueva York. El primer sitio al que me lleva es al Empire State. Nada más entrar me quedo boquiabierta con el vestíbulo.
Lo habré visto en cientos de series, películas e incluso imágenes por internet, pero ver ese gran vestíbulo de mármol, con la imagen de Empire State grabada en la pared de al lado de los ascensores hace que sea consciente de donde estoy. Subimos en el ascensor, que me deja alucinada por lo rápido que va, hasta el mirador de la planta ochenta y seis. De nuevo el aire escapa de mis pulmones al ver como Nueva York se extiende bajo nuestros pies. Me acerco hasta uno de sus binoculares de largo alcance y Edward inserta una moneda. Observo a través de ellos y él se coloca a mi espalda. No hablo, solo observo. ¡Es increíble! Cuando acaba apoyo mi espalda contra el pecho de Edward y suspiro. Nos acercamos al borde y observamos la ciudad.
- ¿Te gusta? – pregunta en mi oído.
- Es precioso – me giro y le beso en los labios.
- Venga vamos a seguir, un día vendremos de noche, es más bonito todavía – me coge de la mano y volvemos a bajar. Pasamos el día visitando lugares emblemáticos de la ciudad. Intento convencer a Edward para comer comida basura de uno de sus múltiples puestos de comida en mitad de la calle, pero la verdad es que hace bastante frío y no apetece mucho. Al final acepto su propuesta y saliendo de Central Park cogidos de la mano, veo como camina hacia un lujoso hotel.
- Oh no, eso sí que no Edward– digo intentando frenarlo.
- Bella ven, te encantará – dice riendo.
- Edward no quiero ir a un sitio así, quiero ir a un sitio donde puede ir cualquiera, comer un poco de esa comida grasienta que coméis aquí, y disfrutar – le digo haciendo un puchero.
- Cielo, te aseguro que es lo que vamos a hacer – dice acariciando mi mejilla.
- ¿En un hotel de lujo? Lo dudo.
- Por favor hazme caso – me da un beso en los labios y ya me tiene totalmente convencida. ¡Soy una blanda!
Entramos, pasamos por la recepción, Edward saluda pero en vez de pararse entra por un pasillo a la izquierda y arriba veo un pequeño letrero con la forma de una hamburguesa. Entramos y no puedo creer lo que estoy viendo. Un pequeño local, incluso un poco cutre, con montones de fotografías, recortes de prensa colgados de sus paredes y lleno de dibujos y firmas de lo que supongo que serán clientes que han pasado por aquí. ¡Me encanta este sitio! Además huele de maravilla. No me imaginaba a Edward en un sitio como este.
- ¡Me encanta! – me giro y le doy un abrazo.
-Te lo dije – dice dándome un beso en la cabeza.
Pedimos dos hamburguesas y nos sentamos junto a otra pareja que no conocemos de nada, pero al parecer aquí es lo que hay que hacer. La comida esta buenísima. La pareja que está sentada con nosotros termina y se marcha.
- ¿Dónde quieres ir ahora? – me pregunta él bebiendo de su cerveza.
- La verdad es que estoy agotada.
- Mañana va a ser un día muy largo, pero antes de irnos a casa me gustaría enseñarte algo – sonríe y coge mi mano.
- Soy su invitada señor Cullen, usted dirá.
- Bien, vámonos – se levanta y tirando de mi mano volvemos a salir a la calle. Me lleva hasta una juguetería enorme de la quinta avenida en la que diseñamos un oso gigante entre los dos para Irina. Miro alucinada cada uno de los detalles que puedes incluir. Edward disfruta incluso más que yo, y sonrío al verle elegir cada complemento. Como era de esperar elige el peluche más grande que había. Estoy segura de que a mi sobrina le va a encantar, pero Kate y mi hermano probablemente nos tiren a patadas. Salimos y Alec nos lleva hasta casa.
-¿Estás cansada? – me pregunta mientras subimos en el ascensor.
- Estoy bien.
- ¿Quieres salir a cenar? Podemos reservar en algún restaurante.
-No, quiero quedarme en casa, ponernos cómodos y comer comida en esos envases de cartón que salen en las películas – digo riéndome.
- Me gusta ese plan – se inclina y me besa. Entramos y Edward deja el peluche de Irina en la habitación de invitados, luego entra en la habitación y se dirige al baño. Me siento en la cama, me quito las zapatillas y llamo a mi madre. Le cuento donde he estado hoy y hablo un poco con mi padre. Edward se mete en el vestidor coge nuestros pijamas y vuelve a entrar en el baño. Cuando sale acabo de colgar y se queda mirándome apoyado en la puerta del baño.
- He pensado que te apetecería un baño – me dice con una sonrisa.
- Me apetece muchísimo – me levanto y llego hasta él. Coge el bajo de mi jersey y me lo saca por la cabeza. Tira de mi mano y entramos en el baño. Desabrocha mis vaqueros y me los quita junto con las braguitas y los calcetines. Cuando vuelve a levantarse me quita la camiseta que llevo y el sujetador. Me mira de arriba abajo y sonríe.
- Aun no me creo que estés aquí – me coge la cara entre sus manos y me besa de forma tierna. Lo desnudo yo a él entre besos y caricias que hacen que mi cuerpo se estremezca. Me levanta la cabeza y me besa recorriendo cada rincón de mi boca. Acaricio su pecho y sus abdominales desnudos y cojo su pene entre mis dedos. Lo acaricio arriba y abajo, y bajo hasta él besando su cuerpo a cada paso. Me pongo de rodillas con mis manos en sus caderas y lamo su punta con mi lengua. Jadea echando la cabeza hacia atrás y yo lo hundo en mi boca. Subo y bajo cubriendo mis dientes con mis labios, mientras mis manos aprietan su trasero. Estoy tan excitada que noto como mis fluidos resbalan por mis muslos. Edward me levanta y me besa profundamente, me da la vuelta y pega mi espalda a su pecho. Baja sus manos hasta mis pechos y los envuelve acariciando mis pezones. Una de sus manos baja hasta mi sexo y comienza a trazar círculos en mi clítoris. Gimo y me apoyo más en él. Veo nuestro reflejo en el espejo y todavía me excito más. Edward acelera el ritmo de su mano y yo jadeo en respuesta. Me gira entre sus brazos y sentándome en el borde del lavabo entra en mí despacio.
- ¡Oh Bella, me encanta estar dentro de ti! – dice trazando círculos con sus caderas.
- ¡Ah! – gimo y le beso en los labios. Empieza a moverse despacio, entrando y saliendo provocándome. Intento que acelere pero él sonríe y continúa su ritmo lento. Me sujeto de sus hombros clavando mis dedos en ellos, mientras mi cuerpo comienza su escalada particular. Edward baja la cabeza hasta mis pechos y chupa mis pezones. Soy un nudo de sensaciones a punto de estallar. Acelera un poco el ritmo, entra y sale resbalando con mis fluidos.
- Te quiero cielo – dice y vuelve a besarme. Me levanta y se sienta en el borde de la bañera conmigo en brazos sin salir de mi interior. Me muevo hacia delante y hacia atrás, y él clava sus dedos en mi trasero. Jadeo echando la cabeza hacia atrás mientras el besa cada centímetro de mi cuello.
- ¡Cariño, me encanta sentirte! – digo rotando mis caderas mientras lo hundo en mí.
-Bella… - aprieta los dientes y me aprieta contra él para hundirse más.
- ¡Oh sí! – digo acelerando el ritmo. Me muevo más rápido notando como voy a caer de un momento a otro. Me abrazo contra él sin dejar de moverme y rozando mi clítoris contra su pene me corro gritando su nombre. Edward me hace moverme un par de veces más y se derrama en mi interior. Estamos abrazados, se levanta sin salir de mí y entramos en la bañera. Levanto mi cabeza y le beso despacio.
-.-.-..-….
Pedimos comida tailandesa para cenar, que como yo decía viene en esos envases de cartón. Nos tumbamos en el sofá abrazados y Edward conecta la tele. En las noticias anuncian el evento de mañana y sonrío pensando en el vestido que Alec se ha encargado de recoger esta tarde y que ahora está guardado en el vestidor en su bolsa para que Edward no pueda verlo. Suena el teléfono de su casa y él pone los ojos en blanco al ver quién es.
- Hola Alice – contesta sonriendo – Si claro, está aquí conmigo. Espera te la paso – dice pasándome el teléfono.
- ¿Si? – contesto riendo.
-Bella, he hablado con mi peluquera y si quieres mañana puede pasar a peinarnos para la gala – dice ilusionada.
- Ah, por mi perfecto. ¿Dónde tengo que ir? – pregunto y Edward me mira frunciendo el ceño.
-Bueno he pensado que si quieres puede peinarnos ahí, y luego yo ya me voy a vestirme y nos encontramos en la fiesta.
- Bien, eso sería estupendo – pensaba peinarme yo, pero si viene alguien mejor. Estaré demasiado nerviosa para poder hacerme un peinado.
- Bien, pues a las cuatro y media estaremos ahí. Mañana nos vemos.
- Hasta mañana Alice – cuelgo y sonrío. Edward coge el teléfono y lo deja en su sitio.
- ¿Qué quería? – me pregunta mientras yo vuelvo a tumbarme.
- Mañana vendrá a las cuatro y media con su peluquera para peinarnos.
- La gala es a las siete – dice serio.
-Sí, pero nosotras no nos arreglamos con un poco de fijador – sonrió y le beso.
- Está bien…
Nos vamos a la cama agotados y no tardo ni cinco minutos en dormirme. La mañana pasa rápido, Edward no ha dejado de recibir llamadas, entre ellas la de su madre que también queda en reunirse con él en la gala. Alice llega con su peluquera y con una maquilladora. Mientras nos peinan Edward se va a la habitación para adelantar algo de trabajo. Le explico a la peluquera como es mi vestido y nos decantamos por un recogido que deje que se vea bien el vestido. Alice va a la nevera y sirve dos copas de champagne mientras me peinan.
- ¿Habrá mucha gente en esa fiesta? – pregunto notando un nudo de nervios en mi estómago.
- Bueno, lo normal, creo que son unos quinientos invitados.
- ¿Quinientos? ¡Dios mío!
-Tranquila Bella, cada uno va a lo suyo. Vendrá algún actor que otro y también casi todos los directores de las diferentes sucursales de Corporaciones Cullen– dice intentando aparentar tranquilidad.
- ¿Vendrá Jasper? – pregunto con una sonrisa.
- No lo sé, supongo – dice disimuladamente.
- ¡Venga ya Alice! Seguro que lo sabes…
-Bueno, creo que sí, pero no puedo estar pendiente de cada uno de ellos – dice intentando disimular su nerviosismo al hablar de él.
- ¿Por qué no viene Peter? – pregunto y la miro fijamente. Su mirada se vuelve triste y niega con la cabeza.
- Tenía otra cena importante.
-¿Y por qué no te has ido con él? – digo forzándola a que hable.
- Yo no pinto nada ahí, son sus negocios.
- Pero tú eres su prometida – digo tajante y ella clava sus preciosos ojos azules en los míos.
-Estás preciosa – dice sonriendo cuando la peluquera me da los últimos retoques.
- Ya… tu turno – me levanto y bebo de mi copa. Observo mientras le hacen un moño alto. Ella lleva un vestido negro también de un solo hombro. La maquilladora empieza a maquillarme y tras mucho debatir la convenzo de que quiero un maquillaje suave lo más natural posible. Alice le pide lo mismo.
-Alice, ¿puedo hacerte una pregunta? – digo mientras observo como la maquillan.
- Claro.
- Bueno, simplemente es que me he dado cuenta de que cuando estás con Peter, no pareces divertirte mucho ¿De verdad eres feliz? – le pregunto preocupada. Ella levanta la cabeza y me mira. Veo como tiembla su labio y creo que va a echarse a llorar de un momento a otro, así que les pido disculpas a la peluquera y a la maquilladora y me llevo de la mano a Alice hacia la cocina - ¿Qué pasa Alice?
- ¡Oh Bella! – hunde su cara entre sus manos y empieza a llorar. La abrazo con fuerza intentando que se tranquilice.
- Alice cariño, a mi puedes contarme lo que quieras – digo acariciando su espalda.
- Yo… - levanta la cabeza y me mira. Coge una nueva copa de champagne y se la bebe de un solo trago.
- Cuéntamelo Alice – le digo intentando que hable.
- Yo pensaba que sí, pensaba que me quería, y que estábamos enamorados, pero luego te veo a ti y a Edward, y no veo que Peter me mire como lo hace él contigo y… - dice rompiendo a llorar de nuevo. La miro perpleja ¡Madre mía, no está enamorada! No entiendo que hace aún con él.
- Tranquila, tranquila – digo cogiendo su mano - ¿Le amas Alice? – levanta sus ojos y niega intentando contener sus lágrimas - ¡Oh Dios mío!
- No, pero ahora no sé qué hacer, no sé cómo parar esto. ¡Estamos comprometidos!
- Eso no es ningún impedimento Alice. No puedes unirte a una persona para siempre sin quererla.
- Pero mi madre, oh Dios… - llora y le acerco una servilleta. ¿Su madre? ¡Esa mujer no se da cuenta de lo que tiene a su alrededor! – Mi madre lo adora, y no va a permitir que no me case con él.
- ¡Pero Alice, no puedes casarte con alguien del que no estás enamorada! – digo prácticamente chillando.
-No puedo hacer nada Bella… Nadie me apoyaría si pusiera fin a esto - se tapa la cara entre sus manos y llora desconsoladamente. Se me parte el alma al verla llorar así, me acerco y la abrazo.
- Conmigo puedes contar – escucho la voz de Edward a mi espalda y noto como Alice se queda paralizada – Alice, mírame pequeña – dice apartándome hacia un lado y levantando su cara para que le mire.
- ¡Oh Edward! – dice respirando entrecortadamente – No sé cómo hacerlo.
- Yo te ayudaré, no tienes que preocuparte por nada – dice secando sus lágrimas.
- Pero todo el mundo hablará de mí…
-Shh… nadie dirá nada. No quiero que te preocupes, no voy a consentir que nadie te haga daño – le dice sonriendo y ella le abraza con fuerza. Observo la escena con lágrimas en los ojos – Venga ahora terminar de arreglaros, otro día aclararemos todo esto ¿de acuerdo? – nos mira a las dos y nos sonríe.
- De acuerdo – digo en un hilo de voz. Edward vuelva a abrazarla y le dice que vaya a terminar de maquillarse. Una vez que estamos solos se gira hacia mí y me mira fijamente.
-Edward, yo solo quería saber que pasaba – le digo preocupada. Se acerca hasta mí y me da un suave beso en los labios.
- Gracias – dice rozándolos.
- ¿Gracias?
- Por hacerle abrir los ojos – dice sonriendo.
- Creo que los ha abierto ella solita.
-Si tú no hubieras hablado con ella probablemente en un año iríamos a su boda con ese cabrón - aprieta la mandíbula y suelta el aire poco a poco.
- Bueno, ya veremos cómo lo solucionamos – me pongo de puntillas y le beso en los labios.
-Sí, ahora termina de arreglarte – coge un mechón que me han dejado suelto a los lados de la cara y sonríe – Estás preciosa cielo. – Alice se marcha para terminar de arreglarse y quedamos en la fiesta. Mientras Edward se ducha yo me pongo el vestido. Cuando sale del baño lleva solo una toalla atada a sus caderas, se queda parado en mitad de la habitación mirándome.
- Estás… increíble – dice acercándose poco a poco. Me coge de la cintura y me pega a él.
-¡Edward, vas a mojarme el vestido! – digo dándole un empujón riéndome.
- No voy a poder apartar mis manos de ti – se ríe y trata de alcanzarme pero yo me aparto de un salto.
- Venga vístete o llegaremos tarde por tu culpa – digo pasando a su lado para ponerme perfume. Le espero en el salón metiendo las cosas en mi bolso. Aparece con un esmoquin negro que le sienta como un guante ¡Está guapísimo! Se acerca hasta mí y me entrega un estuche de piel roja con unas letras doradas inconfundibles. Cartier.
- Esto forma parte de mi regalo – dice sin dejar de mirarme.
- Edward pero…
- Me ha costado mucho elegirlo, espero que te guste – dice y yo cojo la caja. Cuando la abro me tapo la boca con las manos para no ponerme a chillar.
-¡Oh Edward, es… perfecto! – le digo con una sonrisa. Es un collar que se ajusta al cuello, con unos pendientes pequeños a conjunto y una pulsera idéntica al collar, todo en oro blanco y lo que supongo que serán diamantes. Coge el collar y colocándose detrás de mí me lo abrocha. Me quito los pendientes que me regalo, y me pongo los nuevos. Él coge la pulsera y me la coloca rozando mi muñeca con sus dedos. Coge mi mano y me lleva frente a un espejo. Es espectacular.
- Muchas gracias – me giro entre sus brazos y le beso dulcemente.
- Estás preciosa Bella.
- Venga vámonos – cojo su mano y poniéndonos los abrigos salimos a la calle. Millones de flashes y preguntas me hacen quedarme ciega y sorda nada más llegar. Si lo de Seattle me sorprendió aquí deben de haber por lo menos el triple de periodistas. Entramos en el salón y rápidamente Alice llega hasta nosotros, seguida de sus padres. Carlisle se acerca hasta mí y dándome dos besos me dice que le encanta volver a verme. Esme es otra historia, me saluda de forma fría y sé que no se alegra de volver a verme. No pienso dejar que me amargue la noche.
Todo el mundo se acerca a saludar a Edward y él me presenta a demasiada gente como para que recuerde sus nombres. Es una fiesta fantástica en la que el glamour y la clase saltan a la vista. Creo reconocer algunas caras pero hay tanta gente que me es difícil ponerles nombre. De la nada aparece Jasper que esta impresionante con su esmoquin. Miro a Alice que sonríe a nuestro lado, y veo como Jasper le dedica una mirada haciendo que todos nos demos cuenta de que siente algo por ella. Se saludan con dos besos demasiado largos y Alice se ruboriza.
Le sonrío y aparta la mirada hacia otro lado. Los padres de Edward se alejan a saludar a unos recién llegados mientras nosotros cuatro cogemos unas copas de champagne del camarero. Jasper se coloca al lado de Alice y le dice algo al oído haciéndola reír. Edward me mira y niega con la cabeza sonriendo.
- Creo que ya ha encontrado sustituto – le digo al oído y él estalla en carcajadas.
- Sí, creo que al final vas a tener razón – me mira y me da un suave beso en los labios.
- Yo siempre tengo razón – digo haciendo una mueca. Levanta la cabeza y veo como su cara cambia completamente. Coge aire y aprieta la mandíbula enfadado.
- ¿Qué te pasa? – pregunto confusa pero no me contesta. Me giro y veo como su madre se acerca cogida del brazo de una chica morena, con un vestido dorado espectacular. Me fijo en su cara y me quedo paralizada. Es Tanya. Se acerca con su madre riendo y veo la complicidad que hay entre ellas. No puedo creer que esté aquí y que tenga la poca dignidad de acercarse hasta nosotros.
- Edward cariño, mira con quien me he encontrado – dice su madre dedicándome una sonrisa.
- Hola amor – dice ella acercándose a Edward–Te he echado de menos – se inclina para besarle pero él aparta la cara.
- ¿Qué haces aquí? – dice enfadado.
-Tu madre me dijo que vendrías y no podía desaprovechar la oportunidad de hablar contigo – dice mirándome de reojo. Edward le lanza una mirada de enfado a su madre.
-No tenemos nada de qué hablar – alarga su mano y coge la mía – Creo que ya conoces a mi novia, Isabella Swan– dice colocándome a su lado.
- Edward cariño, tú y yo sabemos que esto es algo temporal. No podemos estar enfadados eternamente – dice haciendo un puchero.
-Edward hijo, habla con ella – dice su madre mirándome con mala cara. No sé dónde meterme pero no quiero estar aquí.
- Lo nuestro terminó, no hay nada que tenga que hablar con ella. Y tu mamá no te metas. Ahora estoy con Isabella y eso no va a cambiar – dice más enfadado todavía.
- Pero Edward…
- Lárgate de aquí Tanya si no quieres que sea yo el que te saque, y te aseguro que esta vez no seré nada discreto.
- Está bien, como quieras. Esperaré a que estés preparado. Hasta luego cielo – alarga su mano hasta su mejilla pero cuando está a punto de rozarle soy yo la que la detiene.
- Ha dicho que te largues – digo clavando mis dedos en su muñeca.
- Ya te avisé de que no jugaras conmigo.
-Tanya, no vuelvas a amenazarla. A ella no – dice Edward aparatándola de mi lado.
- Esme querida, creo que este no es el momento ni el lugar. Vámonos – vuelve a cogerla del brazo y se marchan.
- ¡Oh Dios! – digo soltando el aire que estaba conteniendo.
- Lo siento –Edward me gira para mirarme - ¿Estás bien?
- Si… Tu madre es…
- Lo sé, hablare con ella. Perdóname.
- Tú no tienes la culpa Edward, solo espero que no vuelva a acercarse –sonrió y le beso. El resto de la noche pasa tranquila, observo como Esme y Tanya se pasean por la sala juntas saludando a todos los presentes. Me molesta que esa mujer considere a esa… mejor persona que yo, pero claro ella no sabe todo lo que le ha hecho a su hijo. Quizá si conociera la historia cambiaría su punto de vista, igual que ocurre con Alice, a la que por cierto le hemos perdido el rastro hace rato.
-Tengo que ir al servicio – le digo a Edward cuando termina de hablar con uno de sus directores.
-Bien, te esperaré fuera – dice cogiendo mi mano y llevándome hasta los lavabos. Se encuentra con otro director.
-Tranquilo, ahora vuelvo – digo soltando su mano. Entro en uno de los baños y al salir me encuentro a Tanya apoyada en el lavabo.
- Veo que no te rindes – le digo acercándome para lavarme las manos.
- Quiero que te alejes de él – dice muy seria. La miro a través del espejo y me río.
- No pienso hacerlo a menos que él me lo pida. Tuviste tu oportunidad y la jodiste, ahora no sirve de nada arrepentirse. Podrías haberlo pensado mejor antes de follarte a su mejor amigo – digo acercándome a por papel.
- Seth y yo teníamos una relación, pero se ha terminado y quiero recuperar lo que es mío.
-Tanya, Edward nunca fue tuyo. Nunca te ha querido al igual que tú nunca lo has querido a él. Búscate a otro al que puedas sacarle el dinero y déjanos en paz.
- ¡Eres una maldita zorra! – dice apretando sus puños. Me giro hacia ella y me acerco hasta su cara.
- No querida, aquí la única zorra eres tú. Sé que crees que cuentas con el apoyo de Esme porque cree que eres la novia perfecta para su hijo, pero… ¿Qué pensaría si supiera que todo era un engaño para sacarle su dinero? ¿Qué diría si supiera que mientras planeabas una boda con su hijo te follabas a su mejor amigo? ¿Qué dirá cuando sepa que intentaste hacer creer a la prensa que te había abandonado estando embarazada?
- Edward nunca se lo contará, no le conviene – dice nerviosa.
-Voy a pedírtelo por última vez Tanya, no vuelvas a acercarte a él si sabes lo que te conviene, porque entonces seré yo misma quien le cuente a la prensa la clase de mujer que eres.
- No eres capaz de hacerlo…
- No me subestimes. No me conoces y por Edward haría lo que fuera necesario – clavo mis ojos en los suyos y veo como aprieta los dientes.
- ¿Es eso cierto? – veo como Esme sale de uno de los baños y mis piernas tiemblan al verle la cara.
-Esme, no le hagas caso – dice Tanya girándose hacia ella.
- ¿Es cierto Tanya? – dice chillando. Las observo con los ojos abiertos como platos, respiro hondo y dándome media vuelta salgo del baño. No quiero estar presente en ese momento. Por una parte me alegro de que Esme sepa la clase de mujer que es Tanya en realidad, pero por otra temo el momento en el que le cuente a Edward lo que ha pasado.
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Bueno ¿Quien quiere una tarjeta de parte de Edward? Yo sí. Como vemos Tanya quedo en ridículo frente a Esme, esperemos que se dé cuenta de que ella es una arpía y no Bella.
Nos vemos en el siguiente capítulo.
Cambio y fuera…
By:antoCullen::
Jane.
