Disclaimer: Los personajes son de S. Meyer la creadora de Twilight (Crepúsculo) La historia no es mía, es de la fabulosa María Bravo, yo leí el libro y me encanto la historia y quise hacer una adaptación de esta historia que ella creo. TODOS LOS DERECHOS SON DE ELLAS MENTES INCREIBLES….
Ahora sí, nos vemos en los muchos capítulos que esta hermosa autora creo y plasmo en papel.
Este capítulo es dedicado para todas quienes se dan el tiempo de comentar algo Adriu, CorimarCautela, Yoliki, Dayis, teresa aguirre, ItaPalacios, Mary Lozano gracias chicas, claro que también para aquellas que son lectoras fantasma solo no me asusten por fitas …
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Música: let me go – Avril lavigne
=Capítulo 29=
Busco a Edward entre la gente y lo encuentro hablando con Alice y con Jasper que por fin han aparecido. Me acerco temblorosa pensando en lo que ha pasado en los baños, y sin saber que estará pasando.
- Hola - digo llegando hasta ellos.
- Hola – Edward me coge de la cintura y me pega contra su costado.
-Nosotros vamos a ir a buscar unas copas ¿Queréis algo? – pregunta Alice.
- No, yo no - contesto en un susurro.
- Yo tampoco - dice que él que observa cómo se alejan y se gira hacia mí - ¿Qué te ocurre? Estás muy pálida - dice acariciando mi mejilla.
- Me he encontrado con Tanya en los baños.
-¡Joder! ¿Te ha dicho algo? – pregunta preocupado.
-No, bueno si, hemos tenido un pequeño encontronazo.
- Bella no quiero que entres en su juego – dice muy serio.
- ¡No quiero hacerlo! Solo le he dicho que... que sabía toda la verdad y que se alejara de ti – digo mordiendo mi labio. Veo como aprieta los puños a los costados cada vez más cabreado.
- Hablaré con ella.
- ¡No! No hace falta, pero hay algo más – digo nerviosa.
- ¿Qué ha pasado? - pregunta frunciendo el ceño.
- No estábamos solas en el baño.
-¿Cómo que no estabais solas? ¡Bella cuéntame que ha pasado!
-Tu madre lo ha escuchado todo - me mira entrecerrando sus ojos y yo agacho la mirada.
- ¿Dónde están?
- Se han quedado dentro hablando.
- ¡Joder Bella! No puedo creerme que esto esté pasando - dice pasándose las manos por el pelo.
- Edward no sabía que estaba dentro, de verdad - digo intentando que no se enfade conmigo.
- Está bien, vamos a ver como lo solucionamos. Me parece un comportamiento tan infantil...
- ¿El mío? - pregunto perpleja.
- No, todo esto es absurdo...
- Lo siento mucho Edward- me acerco y acaricio su mejilla.
- No te preocupes. Ahí viene mi madre – dice mirando por encima de mi cabeza hacia la puerta del baño. Me giro y veo como Esme busca entre la gente. Llega hasta Carlisle que la mira frunciendo el ceño. ¡Oh Dios, espero que no le esté contando lo que ha pasado! Carlisle la coge del brazo y vienen hacia nosotros. Miro a Edward que aprieta la mandíbula nervioso, y yo agacho la cabeza sin saber muy bien qué hacer.
-Hijo nos vamos a casa. Nosotros ya no estamos para estas fiestas - dice Carlisle riendo. Lo miro y fuerzo una sonrisa nerviosa.
-De acuerdo papá, nosotros no tardaremos mucho en irnos - dice Edward a mi lado - Mamá – la mira y ella clava sus ojos en él. Se miran durante lo que a mí me parecen horas y Edward se inclina a darle dos besos.
- Nos veremos pronto - sonríe y le da dos besos. Se gira hacia mí y me mira fijamente - Hasta luego Bella - se acerca, me da dos besos y me dice al oído - Ya hablaremos - se separa y me mira apretando los labios. ¡Oh no, creo que esto aún no ha terminado! Se marchan, buscamos a Alice y a Jasper y los encontramos bailando en la pista. Forman una pareja estupenda, ella ríe mientras Jasper la mira embobado. Esa s la mirada de la que hablaba Alice. Nos despedimos y nos marchamos a casa. El camino lo hacemos en silencio, no sé si está enfadado, si está nervioso, o ambos. No sé qué decirle, a mí tampoco me gusta lo que ha pasado, no acostumbro a ir peleándome con ex por ahí. Subimos en el ascensor sin rozarnos, ni me mira, ni me toca, y ya estoy empezando a cabrearme. Entramos y directamente me voy a la habitación. Entro en el vestidor, cojo mi pijama y salgo de nuevo a la habitación. Edward está parado justo al lado de la chimenea mirando por el ventanal hacia el río.
- ¿Puedes ayudarme con la cremallera? – digo bajito acercándome.
-Claro - se gira hacia mí y yo me giro de espaldas. Baja la cremallera lentamente, rozando con sus dedos mi espalda haciendo que mi piel se erice. Llevo puesto el conjunto con el que le mande la foto desde el probador. De repente noto su aliento en mi nuca y deposita un suave beso entre el collar y mi pelo. Vuelve a besarme justo al lado y yo ladeo la cabeza facilitándoselo. Sus manos abren mi vestido y deja que este caiga al suelo. Sus manos acarician mi cintura mientras yo doy un paso para salir del vestido.
-Edward, siento lo que ha pasado - digo en un susurro mientras él deposita suaves y húmedos besos desde mi hombro hasta mi oreja.
- No quiero volver a hablar de ello, por favor - me gira entre sus brazos y clava sus ojos azules en mí.
- Pero quiero que entiendas que...
- No hay nada que entender cielo, estoy cansado de todo esto, lo único que quiero es ser feliz contigo sin importarme lo que piensen los demás - acaricia mi mejilla con el dorso de su mano mientras yo intento controlar la emoción - Háblame - dice mirándome fijamente. No sé qué decir, simplemente pienso que amo a este hombre con toda mi alma, que yo también soy completamente feliz a su lado y que no concibo mi vida sin él.
Le quito la chaqueta por los hombros y la lanzo el sillón, desabrocho su pajarita y desato uno a uno los botones de su camisa. Me coge las manos cuando abro su cinturón y me besa intensamente. Esta es la mejor manera que tenemos de demostrar lo que sentimos, de saber la necesidad que tenemos el uno del otro sin que hagan falta las palabras. Gimo contra sus labios cuando noto su mano rozar mi pezón por encima del corpiño.
Me gira y pega mi espalda contra la cristalera. Deja que termine de desnudarlo y él se inclina a desenganchar mi liguero, me quita el tanga y directamente hunde un dedo en mi interior mientras con la palma traza círculos sobre mi clítoris. Chillo cuando un segundo dedo entra en mí e intento coger su miembro pero él se aparta riendo.
-Si me tocas no aguantare mucho – sonríe y curva sus dedos hasta ese punto estratégico que hace que me tiemblen las rodillas.
- ¡Oh Edward! - jadeo notando como los músculos de mi vagina se cierran alrededor de sus dedos.
- ¡Vamos cielo, quiero que te corras así! – hunde su lengua en mi boca y estallo en mil pedazos.
Saca sus dedos de mi interior y los mete en su boca haciéndome reír. – Me encanta tu sabor - sonríe y se inclina a besarme. Noto el sabor salado de mis fluidos, tiro de su pelo y lo acerco más a mí. Me da media vuelta y cojo aire al ver el río Hudson extenderse bajo nosotros. Acaricia mi trasero y metiendo su mano entre mis piernas vuelve a acariciar mi clítoris. Me inclina ligeramente, apoyo mis manos contra la cristalera y se clava dentro de mí desde atrás. Se queda quieto un segundo, me coge del cuello echando mi cabeza hacia atrás y me besa con fuerza en los labios.
Empieza a moverse sujetándome de las caderas. Aún llevo puestos el corpiño, las medias, el liguero, las joyas que me ha regalado y los zapatos de tacón. Imaginar que alguien pudiera vernos a través del cristal hace que lejos de avergonzarme, mi excitación vaya en aumento. Apoyo mi espalda contra su pecho, echo mis brazos hacia atrás, hundiendo mis dedos en su pelo y me muevo a su vez. Los dos de pie, haciendo el amor con el río y las luces centelleantes al fondo, hacen que mi cuerpo se acelere.
-¡Ah cariño! - jadeo notando los primeros espasmos de mi orgasmo inminente.
-Así, quiero sentir como te corres entre mis brazos. Te necesito Bella.
- ¡Ah Edward! Yo también te necesito.
- ¡Oh Bella! - gruñe contra mi cuello y su mano alcanza mi clítoris - Dímelo, dime lo que te hago sentir.
- ¡Te amo! - jadeo y me corro. Edward me abraza fuerte por mi cintura y se deja ir. Sale de mí, me gira entre sus brazos y me besa con suavidad. Mis lágrimas escapan de mis ojos sin poder evitarlo. Ha sido un día de demasiadas emociones. Su hermana, su regalo, su madre, su ex... Llevo tres días aquí y siento como si hubiera pasado todo un año.
- Eh, no llores por favor, no puedo verte llorar - dice alzando mi cara para mirarme.
- Es que son tantas cosas... Tengo miedo de que te canses de todo esto y te alejes de mi - rompo a llorar y él me abraza fuerte contra su pecho.
- Cielo, tranquila - dice acariciando mi espalda – No pienso alejarme de ti.
- Edward- levanto mi cara y le miro directamente a los ojos - Yo ya no sabría vivir sin ti – digo expresando en voz alta lo que siento. Él me da un suave beso en los labios y apoya su frente con la mía.
- No pienso irme a ningún sitio Bella.
- Quiero ir a vivir contigo - le digo mientras limpia mis lágrimas.
-¿Qué has dicho? - se separa y me mira fijamente.
- Que voy a irme a vivir contigo - digo y sonrío.
- ¡Oh cielo! - me coge en brazos y me hace girar - No sabes cuánto me alegra oírte decir eso – se inclina y me besa.
- Me alegro, porque ya he trasladado casi todas mis cosas.
- ¿En serio? - pregunta y yo asiento - ¿Por qué no me lo habías dicho?
- Quería darte una sorpresa - digo alzando mis hombros.
- Bella toda tú eres una sorpresa - me coge la cara entre sus manos y me besa recorriendo mi boca.
._._._._.
Suena el despertador, pero no soy capaz de abrir los ojos. Noto como él se levanta a mi lado, me da un beso suave en los labios y entra en el baño. Me giro y tapándome vuelvo a quedarme dormida.
- Bella- dice junto a mi oreja y me besa en el cuello haciéndome cosquillas - Tengo que irme a trabajar, llámame cuando te despiertes.
- No, no te vayas - me giro hacia él y le abrazo por el cuello.
-Cielo tengo que irme. Llámame luego. Te quiero - me besa en los labios y sonríe.
- Está bien. Luego hablamos - le beso una vez más y dándome la vuelta sigo durmiendo. Me despierto sobre las nueve, me quedo un rato mirando a través del ventanal. Veo la huella de mis manos en el cristal y sonrío. Me pongo una bata y salgo a la cocina a desayunar. Le mando un mensaje a Edward diciéndole que ya estoy despierta. Termino mis tostadas y llaman a la puerta. Dejo la tasa sobre la encimera y voy a ver quién es. Me asomo a la mirilla y mi respiración se acelera. Es Esme. Dudo entre abrir o no abrir, pero sabe perfectamente que estoy aquí. Abro la puerta y me quedo mirándola sin saber que decir.
- Buenos días ¿puedo pasar? - me pregunta en tono amable.
- Eh... Edward no está, ha ido a trabajar.
- Lo sé, venía a hablar contigo, si puede ser.
- Claro, perdona, pasa - digo apartándome a un lado. Entra y me mira quitándose el abrigo.
- ¿Me invitas a un café? - dice mirándome de arriba abajo. ¿Por qué no me habré vestido antes de desayunar?
- Sí, yo estaba tomándome otro. Vamos – entro en la cocina y voy hacia la cafetera - ¿Cómo lo querías?
- Con leche, gracias - dice sentándose en uno de los taburetes de la isla de la cocina. Se lo sirvo y me siento a su lado cogiendo mi taza con las dos manos - Supongo que te debo una disculpa – dice cogiendo el azúcar.
- Esme yo no quería que nada de lo que pasó ayer pasara, tengo que decirte que no suelo actuar así, pero esa mujer...
- Lo sé, por eso quiero pedirte disculpas. He sido una completa idiota al estar tan ciega y no darme cuenta del tipo de mujer que era Tanya.
- Esme no podías saber cómo era en realidad. Edward también ocultó muchas cosas que de haberlas sabido antes te hubieran hecho cambiar de opinión.
- ¿Y contigo? Sé reconocer cuando me equivoco con alguien y desde luego contigo me he equivocado Isabella. Debí darme cuenta desde el primer día de que amas a mi hijo. Solo hay que ver como os miráis para darse cuenta - me dice y sonríe. Creo que es la primera vez que me sonríe sincera.
- Yo solo quiero hacerle feliz Esme.
- Y yo quiero que lo sea. Cuando me entere de que había conocido a alguien en Seattle supe que ya no volvería - dice sonriendo y yo la observo alucinada - Luego te conocí y entendí por qué te había escogido...
- Pensé que me odiabas...
- Y lo hacía, pero porque sabía que lo alejarías de mí.
-Esme, yo no quiero alejarlo de ti, él ha decidido vivir en Seattle yo no he tenido nada que ver - digo llevando las tazas al fregadero.
-Bella, mi hijo se queda por ti, estoy segura de ello, y me alegra.
- ¿Qué te alegra? - pregunto sin creerlo.
- Yo también lo hice en su día, sé lo que hablo. Mi hijo está enamorado de ti y eso no voy a poder cambiarlo, sé que será feliz a tu lado y espero que poco a poco puedas perdonarme, pero te tengo que pedir algo - dice levantándose, me coge de las manos y me mira a los ojos - No dejes que se olvide de nosotros - dice con lágrimas en los ojos.
- Esme eso nunca va a pasar, Edward os adora.
-Prométeme que vendréis a menudo – dice apretando mis manos. La miro durante un momento sin poder creer que sea la misma mujer que hasta ayer no podía ni verme.
- Solo si tú me prometes lo mismo - le digo y sonrió.
- Oh gracias - dice y me abraza. Si ayer me hubieran dicho que hoy estaría abrazada a Esme, en un abrazo que en principio es completamente sincero, nunca lo hubiera creído. A veces hay que saber perdonar para ser completamente feliz, y yo con Esme estoy dispuesta a empezar de cero.
Ella y yo hablamos durante un buen rato y quedamos en que esta noche Edward y yo iremos a cenar a su casa. Él no va creérselo cuando se lo cuente. Llamo a su oficina para ver si está disponible y
Ángela me pasa inmediatamente con él.
-Buenos días cielo – contesta y sé que está sonriendo.
-Buenos días. Te he echado de menos esta mañana... – le digo y se ríe.
- Si no vengo a trabajar nunca acabaré con esto, y supongo que querrás volver a Seattle.
- Sí, me muero de ganas de instalarme contigo. ¿Podrás comer conmigo? – sé que no debo molestarle pero me muero de ganas de contarle lo que ha pasado.
- ¿Con quién voy a comer si no? – me pregunta y sonrío.
- Igual tenías alguna comida de negocios o algo así…
- No, Alec te recogerá a las doce y media para traerte e iremos a comer por aquí cerca.
- De acuerdo, voy a ducharme. Luego te veo.
- No me digas que vas a ducharte si no estoy cerca – dice con la voz ronca de deseo.
-Preferiría hacerlo contigo pero tienes que trabajar así que, puedes imaginar cómo lo hago… - digo pícara y gruñe al otro lado haciéndome reír.
- Estoy deseando verte.
- ¡Concéntrese señor Cullen! Pensaré en usted mientras me enjabono… Te veré luego cariño – me río y le cuelgo. Al minuto me llega un mensaje a mi móvil.
"¡Prepárate para cuando llegues!"
Me río y voy a la habitación a prepararme. Justocuandoestoy poniéndome el abrigo Alec llama altimbre paradecirme que ya está abajo, como siempre tanpuntual.Llegamos a las oficinas, saludo a Ángela que medice queEdward ya está libre, que pase sin llamar. Abro lapuerta ylevanta la cabeza separándose del ordenador,clava susojos en los míos, se levanta y camina hacia mí.
- Buenas tardes señorita Swan– dice sonriendo de medio lado. ¡Oh, oh, sé lo que me espera con ese tono!
- Buenas tardes – contesto y muerdo mi labio. Pasa por mi lado y se asoma a la puerta.
-Ángela, puedes salir a comer. Nos vemos a las tres y media – dice decidido y Ángela se despide. Oigo como cierra la puerta detrás de mí y como se acerca por la espalda.
-Edward– digo bajito cuando coge mi bolso y empieza a quitarme el abrigo.
-Te he avisado Bella– dice colocándose delante de mí.
- Pensaba que era una broma…
-Yo no bromeo con esto – tira de mí y hundiendo sus manos en mi pelo me besa como si llevara un año sin verme. Baja sus manos por mi espalda y aprieta mi trasero entre sus manos. Noto se erección en mi vientre y gimo contra sus labios. - Esto va a ser rápido nena– dice contra mis labios.
- Ya he oído eso antes – digo sonriendo y él me mira entrecerrando los ojos. Desabrocho su cinturón, sus pantalones y meto mi mano por dentro de su bóxer agarrando su erección. ¡Joder, está completamente duro! Se quita los zapatos de una patada, lo imito y me quito mis botas. Tira de mí y besándome me desnuda de cintura para abajo. Jadeo cuando uno de sus dedos atraviesa mis pliegues hasta alcanzar mi clítoris.
- Shh… Puede pasar cualquiera por el pasillo y oírte – dice besándome de nuevo.
- ¡Oh Dios! – cierro mis ojos cuando su dedo empieza a trazar círculos. Me levanta en brazos y me aprisiona contra la puerta. Entra en mí de una sola embestida y comienza a moverse a un ritmo demoledor. Aprieto mis piernas en sus caderas y muerdo mi labio para no chillar de placer. Lo único que se escucha son nuestras respiraciones aceleradas. Me resulta tan excitante hacer esto mientras ahí fuera los demás continúan trabajando ajenos a lo que está pasando, que en décimas de segundo un orgasmo increíble eriza mi piel y muerdo el hombro de Edward para no chillar. Él acelera el ritmo, se inclina y muerde el lóbulo de mi oreja provocándome un nuevo pinchazo en mi entrepierna. Aprieta mi trasero con fuerza mientras entra y sale de mí, a la vez que yo resbalo arriba y abajo por la puerta.
- ¡Vamos cielo, dame otro! – dice bajito en mi oído.
- ¡Oh Edward!
- Vamos sé que estas a punto, córrete conmigo – dice apretando sus dientes y sin poder, ni querer evitarlo, me corro de nuevo a su misma vez. Hunde la cabeza en mi cuello dándome suaves besos. Sale de mí, me baja de nuevo al suelo, y me abraza con fuerza.
- Yo solo quería comer contigo – digo riéndome.
-La próxima vez que me digas que vas a enjabonarte pensando en mí, iré a casa y te follaré donde te encuentre – se separa y me mira fijamente.
- ¡Qué romántico! – le digo y los dos estallamos en carcajadas.
- Vamos a lavarnos y a comer – me besa y me lleva de la mano hasta el baño. Entramos a comer en un restaurante en Bryant Park, con una fachada preciosa. Toda la pared está cubierta por enredaderas que no te dejan ver el ladrillo, lo único que se ven son los ventanales, y un pequeño toldo verde en el que pone BRYANT PARK GRILL. Todo el local está repleto de mesas con manteles blancos.
Nos sentamos al lado de una de las ventanas con vistas al parque. Es sencillamente perfecto. Pedimos la comida y una botella de vino. Edward me habla acerca de cómo va todo el asunto de Canadá y de que sospecha que todo el problema ha sido intencionado. Han perdido bastante dinero pagando indemnizaciones, pero cree que lo recuperará cuando todo se aclare.
-He tenido una visita esta mañana – digo bebiendo de mi copa y él deja el tenedor suspendido en el aire y me mira.
- ¿Una visita? – pregunta frunciendo el ceño.
- Tu madre ha pasado por tu casa – le digo y continúo comiendo.
-Sabe de sobra que estoy trabajando, no entiendo porque no ha venido a la oficina – dice confuso.
- Porque en la oficina no hubiera podido hablar conmigo – muerdo el último bocado y dejo el tenedor en el plato. Él suspira y se echa hacia atrás en su silla. - Y bien, ¿qué te ha dicho esta vez? – pregunta resignado. Lo miro y sonrío.
- Principalmente ha venido a pedirme disculpas – me río y él se incorpora en su silla.
- ¿Cómo? – pregunta abriendo los ojos como platos.
- Al parecer tuvo una conversación con Tanya que le hizo darse cuenta del tipo de mujer que es en realidad.
- ¿Y te ha pedido disculpas? – dice sin poder creerlo.
-Edward, tu madre tenía miedo.
- ¿Miedo de qué?
- Cree que el irte a vivir a Seattle hará que te alejes de ellos, pensaba en Tanya como su baza para mantenerte aquí – lo miro y veo como niega sonriendo.
- Hablaré con ella.
- Puedes hacerlo esta noche, nos ha invitado a cenar – digo alzando mis hombros y él ríe echando la cabeza hacia atrás.
- ¡Vaya, veo que lo tenéis todo organizado!
- Bueno, hemos decidido empezar de cero – lo miro y sonrío.
- Gracias cielo.
- No tienes que darme las gracias Edward, es tu familia.
- Pero te ha hecho tanto daño – dice cogiendo mi mano.
- Sí, pero todo el mundo merece una segunda oportunidad – le sonrío y él se inclina a besarme. Me voy a casa a esperar que él termine de trabajar. Elijo mi ropa a conciencia para esta noche, el hecho de que Esme y yo empecemos de cero no significa que no vaya a observarme con lupa. Elijo una falda de tubo negra con una blusa roja con mangas de tul transparente. Me ducho y cuando estoy terminando de vestirme Edward entra en casa y se queda mirándome apoyado en la puerta de la habitación.
-¿Por qué te quedas ahí parado? – le digo riendo mientras me pongo los zapatos.
-Me encanta llegar y encontrarte aquí – se acerca y me da un suave beso en los labios – Estás muy guapa.
- Muchas gracias. Venga que llegaremos tarde – digo poniéndome los pendientes. Edward lleva un vaquero oscuro con una camisa negra y una americana de raya diplomática también en negro. Conduce hasta casa de sus padres mientras yo observo el paisaje en silencio. Enciende la radio y selecciona una canción. Suenan las primeras notas que hacen que reconozca inmediatamente la canción Thank you for loving me de Bon Jovi. Él me mira y sonríe.
- Esta canción me recuerda a ti – dice cogiendo mi mano.
- Es preciosa – le digo sintiendo cada palabra de la letra.
- Gracias Bella– dice llegando a un semáforo en rojo. Se inclina y me besa suavemente transmitiéndome en ese beso todo lo que siente por mí.
- Es tan fácil quererte… - digo acariciando su cara.
- Contigo todo es fácil – se ríe y un coche nos hace las luces indicándonos que el semáforo ha cambiado. No tardamos en llegar a la calle de sus padres. Aparcamos y caminamos de la mano hacia la casa. Es un barrio residencial, lejos de la locura de los altos edificios. Las casas son de un máximo de tres pisos de altura, y todas tienen una escalera hasta la puerta.
- ¿Has visto sexo en Nueva York? – pregunta él sonriendo.
-Cariño, ¿conoces a alguna mujer que no la haya visto? – digo poniendo mis ojos en blanco.
- Pues la casa de Carrie está en esta calle.
-¿En serio? – grito parándome en seco – Quiero verla – digo haciendo un mohín.
-Está allí delante – tira de mí y seguimos caminando. Y ahí está, la casa que tantas veces he visto en la serie, así es Nueva York, cada esquina te recuerda a alguna película o alguna serie. Caminamos un poco más y tres casas más adelante Edward me indica que hemos llegado. Subimos la escalera y Edward llama al timbre. Esme y Carlisle aparecen en el umbral.
- Buenas noches – dice Edward dando dos besos a su madre.
- Bella hija, gracias por venir – me dice Esme dándome un pequeño abrazo seguida por Carlisle. Edward nos observa y sonríe. Entramos y nos quitamos los abrigos. Es una casa preciosa, a la derecha hay un salón con dos sofás de piel blancos, una mesa de madera oscura en el centro y un mueble rustico en el mismo tono con muchísimas fotografías repartidas. Una escalera de madera sube hasta lo que supongo que serán las habitaciones y un pasillo enfrente en la que hay un baño y al fondo la cocina. Pasamos al salón donde Esme nos sirve una copa de vino para hacer tiempo hasta que esté lista la cena.
-He avisado a Alice para que venga, no tardará en llegar – dice ella sentándose al lado de Carlisle frente a nosotros. Miro a Edward y sonrío.
- Ha tenido una reunión de última hora, estaban acabando cuando yo me he ido – dice él cogiendo mi mano.
- ¿Hasta cuándo te quedas Bella? – pregunta Carlisle dando un sorbo a su copa.
- Mi madre me ha hecho prometerle que estaré de vuelta en Nochebuena – digo riendo.
- ¡Oh, estaréis para Acción de Gracias! – dice Esme emocionada. Edward me mira y sonríe.
- Es el jueves que viene – dice riendo.
- Supongo que si – digo sonriendo.
- Me quedan unas dos semanas aquí, vendremos a cenar – dice él mirando a su madre que sonríe ilusionada.
- ¡Hola! – escucho la voz de Alice que entra con una sonrisa de oreja a oreja. Nos saluda a todos con dos besos y sirviéndose una copa de vino se sienta a mi lado - ¿Y esta sorpresa? – pregunta sin dejar de sonreír.
- Bueno habrá que conocer un poco mejor a la novia de tu hermano – dice Esme que me mira sonriendo.
- ¡Ya era hora! – le contesta ella haciéndonos reír.
-Venga vamos a cenar – dice Carlisle levantándose. Pasamos al comedor. Hay una mesa con seis sillas, vestida con un mantel blanco y negro y todo tipo de entrantes en el centro. Nos sentamos y observo lo que tengo delante. Todo son recetas españolas, incluso hay una tabla de jamón serrano y queso manchego. Miro a Esme que sonríe al ver mi cara.
- Hay cosas que no cambian – dice pasándome la bandeja de jamón. Sonrió y me sirvo. La cena es amena, Carlisle nos cuenta cómo se conocieron él y Esme. Por fin empiezo a ver a una mujer dulce y simpática y me doy cuenta de cuanto se parecen ella y Alice. Es una mujer entregada a su familia, a sus hijos y a su marido. Lo pasó muy mal los primeros meses que estuvo viviendo aquí pero Carlisle hizo que poco a poco se sintiera como en casa. Verlos juntos hace que te des cuenta de cuanto se quieren. – Alice ¿has hablado con Peter sobre la fecha de la boda? Como no escojáis una pronto no vais a encontrar ningún restaurante que os prepare una boda con tan poco tiempo – dice Esme sirviendo el postre.
- Alice no va a casarse – suelta Edward a mi lado y toda la mesa lo miran fijamente. Esme se ha quedado con un trozo de tarta de manzana en el aire. Alice agacha la cabeza y Edward clava sus ojos en ella.
-¿Por qué dices eso? – pregunta Carlisle rompiendo el silencio. Esme sigue sirviendo sin levantar la vista.
- Porque no le ama – contesta Edward cogiendo el plato que le pasa su madre. Carlisle mira a su hija que continua sin mirarnos a nadie.
-Alice, ¿es eso cierto? – pregunta Carlisle frunciendo el ceño. Ella levanta la cabeza y mira fijamente a su hermano. Noto el miedo en su rostro, pero Edward le sonríe para infundirle valor.
- Ni yo le amo y está claro que él tampoco a mí – dice mirando directamente a su padre.
- ¡Por Dios hija! –Esme suelta su plato de golpe haciendo que Alice de un salto en su silla. Bueno, ella y yo - ¡¿Acaso te has vuelto loca?! – dice chillando.
- Mamá, nunca quiere estar conmigo, incluso me evita.
- Trabaja mucho, no creo que te evite.
-Mamá, si de verdad quisiera estar conmigo sacaría tiempo para ello. No quiero pasar el resto de mi vida junto a una persona a la que no quiero – dice con lágrimas en los ojos.
- ¡Pero anunciamos tu compromiso!
- ¡A la mierda el compromiso Esme! ¡Tu hija no es feliz! – dice Carlisle dando un golpe en la mesa.
- Peter solo buscaba reflotar su empresa, por eso se comprometió con ella mamá – dice Edward mirando a su madre. Esme se sienta en la silla y mira a Alice que ya no puede contener las lágrimas.
-¿Lo has hablado con él? – le pregunta más calmada.
- Sí, hemos comido juntos.
- ¿Y qué te ha dicho? – pregunta frunciendo el ceño. Alice se tapa la cara con las manos y rompe a llorar desconsoladamente. Edward se levanta y corre a abrazarla.
- Tranquila pequeña, no llores más, por favor – dice acariciando su hermoso pelo negro.
- Exactamente eso, que él ya ha conseguido lo que quería – dice en un hilo de voz.
- ¡Oh Dios! – dice Esme que se inclina a coger la mano de su hija. Me giro hacia Carlisle y veo como aprieta su mandíbula al igual que hace Edward.
- Maldito hijo de puta… ¿Por qué no lo dijiste antes?– le pregunta preocupado a su hija.
-Porque no quería decepcionaros – dice mirándolos
- Cariño, tu nunca podrás decepcionarnos – se levanta y va abrazar a su hija. Edward se sienta de nuevo y me coge de la mano mientras yo observo la escena y no consigo entender como el dinero puede llegar a ser más importante que la felicidad de las personas. Como alguien es capaz de hacer daño a otro con el fin de conseguir su propio beneficio.
- No te preocupes por nada cariño – dice Esme mientras las lágrimas comienzan a rodar por sus mejillas. Alice se limpia con el dorso de su mano y me mira. Le sonrío porque no sé muy bien que decir.
- Todo irá bien – digo en un hilo de voz. Edward se marcha a hablar a solas con sus padres mientras yo me quedo tratando de tranquilizar a Alice.
-Ya ha pasado todo – digo cuando deja de llorar.
- Sé que debería sentirme mal pero siento todo lo contrario – me mira y sonríe.
- No deberías haber esperado tanto.
- Lo sé Bells, pero no tenía valor para hacerlo. Pensaba que haría daño a la gente que quiero.
- Alice los que te queremos, deseamos que seas feliz, esa es la manera de hacernos feliz a los demás – digo cogiendo sus manos - ¿Supongo que Jasper también ha servido de ayuda? – le digo bajito y ella se ríe.
-Oh Bella… Jasper solo trata de ayudarme. Tengo miedo de volver a equivocarme – dice mordiendo su labio y me recuerda tanto a mi cuando conocí a Edward que no puedo evitar sonreír.
- Alice concédete la oportunidad de ser feliz. Deja que Jasper te demuestre lo fácil que es cuando tienes a tu lado a la persona adecuada. Estoy segura de que Jasper es esa persona.
-Pero él está en Italia y prácticamente no podemos vernos – dice haciendo un puchero.
- Estoy segura de que encontrareis la manera – tiro de su mano y la abrazo fuerte. Nos despedimos y quedamos en cenar todos juntos por Acción de Gracias. Edward y yo caminamos de la mano hacia el coche cuando empiezan a caer pequeños copos de nieve sobre nosotros.
-¡Está nevando! – digo riendo alzando mis manos al cielo. Él me mira y se ríe a carcajadas. Tira de mí y me abraza fuerte. Se separa y cogiendo mi cara entre sus manos me besa apasionadamente.
Mientras volvemos a casa pienso en todo lo que ha pasado desde que he llegado. En solo cuatro días todo ha dado un giro tan inesperado. Entramos en el garaje y cuando estamos aparcados me giro hacia Edward.
-Parece que he traído la revolución – digo riendo.
- ¿Por qué dices eso? – me pregunta él riendo.
- Porque desde que he llegado a Nueva York todo ha cambiado – digo mirando su perfecto perfil.
- Cielo, tu cambiaste mi vida desde el instante en que te vi – se inclina y me besa demostrándome una vez más todo lo que siente por mí.
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Bueno ya sabemos porque Esme trataba tan mal a Bella, solo quería mantener a Edward cerca yo también lo quiero cerca pero de diferente manera. Jajaja nos quedan pocos capítulos así que prepárense.
Nos vemos en el siguiente capítulo.
Cambio y fuera…
By:antoCullen::
Jane.
