Disclaimer: Los personajes son de S. Meyer la creadora de Twilight (Crepúsculo) La historia no es mía, es de la fabulosa María Bravo, yo leí el libro y me encanto la historia y quise hacer una adaptación de esta historia que ella creo. TODOS LOS DERECHOS SON DE ELLAS MENTES INCREIBLES….

Ahora sí, nos vemos en los muchos capítulos que esta hermosa autora creo y plasmo en papel.

Este capítulo es dedicado para todas quienes se dan el tiempo de comentar algo Adriu, CorimarCautela, Yoliki, Dayis, teresa aguirre, ItaPalacios, Mary Lozano gracias chicas, claro que también para aquellas que son lectoras fantasma solo no me asusten por fitas

(-.-)(-.-)(-.-)(-.-)(-.-)(-.-(-.-)

Música:

Just a Dream.

=Capítulo 31=

Estoy agotada cuando aterrizamos, el cambio de horario me mata, pero aun así una vez que estamos en Seattle me animo y pasamos a ver a mis padres. Mi hermano y Kate están allí con mi sobrina que corre a mis brazos en cuanto nos ve entrar. Les cuento por encima que tal ha ido todo, y quedamos en que pasaremos la Nochebuena todos juntos en casa de mis padres. Nos despedimos y vamos al piso de Edward.

Cuando entra mira todo a su alrededor. En el tiempo que estuvo fuera me dedique a decorarlo un poco.

Traje algunas de mis cosas, algunos cuadros, mis libros e imprimí varias de nuestras fotos juntos que he ido colocando donde pensaba que podrían gustarle. He intentado hacerlo un poco más nuestro. Él deja las maletas en la habitación mientras yo conecto la calefacción. Me tumbo en el sofá y cuando sale se tumba a mi lado.

-Me encanta como lo has dejado – dice dándome un beso en la frente.

-Estaba todo tan vacío que pensé que decorándolo un poco...

- Cielo, esta también es tu casa, nuestra casa. Quiero que hagas y deshagas lo que te apetezca – se acerca y me da un dulce beso en los labios.

- Aun me quedan cosas por recoger de mi casa.

- Bueno tendremos tiempo. Me gusta saber que estarás aquí cuando vuelva a casa – dice acariciando mi cara – Te quiero muchísimo Bella – me abraza con fuerza y yo me dejo envolver en sus brazos.

-.-.-.-.-.-

Llega el día de Nochebuena. Mi madre se pasa el día llamándome para preguntarme lo que le gusta y lo que no le gusta a Edward, está tan preocupada por hacer que se sienta como en casa, que casi se olvida de los demás. Después de una cena en la que sobra de todo, Edward coge una campanita de las que decoran el árbol y la agita debajo de la mesa. Irina se queda paralizada tratando de escuchar y yo sonrío al verle la cara de sorpresa.

Hacemos el teatrillo de todos los años. Alguien llama al timbre como si hubiera sido Papá Noel. Irina nos mira a todos sin saber qué hacer.

-¡Peque vamos a ver quién es! – digo cogiéndola en brazos.

- Abre tu tía – dice nerviosa.

- A ver quién es… - abro la puerta y todo el rellano está repleto de regalos - ¡Ala, ha sido Papá Noel! – digo bajándola al suelo para que se acerque. Me coge de la mano y se asoma por la escalera para ver si aún puede verlo.

- ¡Ya se ha ido! – dice sonriendo.

-Si cariño, tiene que repartir aún muchos regalos – le dice mi hermano agachándose a su altura. Edward me mira y sonríe.

- ¡Vamos a abrir los regalos! – digo pasándole el primero que pone su nombre.

Entramos al recibidor y empieza a abrir un paquete tras otro. Edward aprovecha para dejar en el comedor el peluche que le hicimos en Nueva York y que está escondido en la habitación. Hace sonar la campanita de nuevo y Irina suelta el paquete que tiene en las manos y corre al salón.

- ¡Lo he visto salir por el balcón! – le dice Edward ilusionado.

- ¿Qué te ha dicho? – le dice ella acercándose despacio, porque en realidad le da miedo encontrarse a Papá Noel. Él se ríe, se agacha y la coge en brazos.

- Ha dicho que eres una niña muy buena y ha dejado esto – se da la vuelta y deja que vea el peluche al que le hemos puesto un enorme lazo rojo y su nombre. Abre los ojos y la boca de par en par y nos mira.

- ¡Es para mí! – dice chillando haciéndonos reír a todos. Edward la baja al suelo y ella corre a abrazar al peluche que le dobla en tamaño.

- ¿Te gusta peque? – digo agachándome con ella.

- Sí, quiero dormir con él – dice sin soltarlo. Estallo en carcajadas y miro a mi hermano que no puede contener la risa.

-Nos va a tocar comprarle una cama de matrimonio – dice haciendo que todos volvemos a empezar a reír.

.-.-.-.-.-.-

Llegamos a casa agotados de todo el día. Me pongo el pijama y cuando salgo del baño me encuentro a Edward sentado en la cama, con la espalda apoyada en el cabecero y las piernas estiradas. Sonrío y me tumbo a su lado.

- Lo he pasado genial cielo – dice acariciando mi brazo arriba y abajo.

- ¿De verdad?

- Oh sí, con niños se vive de otra manera – dice dándome un suave beso en la cabeza.

- Sí, lo de la campanita ha sido un acierto – lo miro y sonrío.

-Estaba muerta de miedo – muerde su labio inferior y sonríe.

-Pobrecita – digo riendo.

-Cuando tengamos hijos pienso mantener el secreto todo el tiempo que pueda – dice tranquilamente mientras yo lo miro perpleja - ¿Por qué me miras así?

-Me sorprende oírte hablar de hijos tan tranquilo.

-Bella, me encantan los niños. Imagínate si fueran nuestros – dice clavando sus ojos en los míos.

- Si… espero que sean tan guapos como tú – me acerco y le beso en los labios.

- ¡De eso nada! Tienen que parecerse a su madre – dice acariciando mi espalda.

- Bueno, lo veremos cuando llegue el momento – le digo sonriendo.

-Sí, pero espero que no sea muy tarde – se inclina sobre mí y me dejo llevar por sus besos.

-.-.-.-…

Después de una Nochebuena tan especial, el día veintiocho de diciembre volamos a París. ¡París! Aunque el viaje es corto a mí se me hace eterno. Edward no deja de reír a mi lado al verme tan emocionada. Un coche nos lleva hasta nuestro hotel mientras yo miro absorta por la ventanilla. París es una ciudad preciosa. Tiene un encanto natural en cada una de sus calles. Llegamos al hotel y mis ojos se abren de par en par. Es un hotel en pleno centro de Paris. De estilo clásico, tiene una fachada en piedra blanca con grandes ventanas, y toldos verdes. Abren una gran reja negra y paramos el coche. él abre mi puerta y yo bajo tratando de que las piernas me sostengan. Miro a mí alrededor y todo lo que veo es lujo y clase. Entramos y un gran vestíbulo nos da la bienvenida. Un botones vestido con una larga chaqueta verde y una gorra negra lleva nuestras maletas hasta la entrada. Al fondo hay una gran escalinata blanca con una barandilla en negro y oro. Edward hace el check-in mientras yo intento cerrar la boca.

Subimos a la habitación y Edward me coge de la mano sin decir nada. Cuando nos abren la puerta contengo un grito mordiendo mi labio inferior. El botones deja nuestras maletas y nos da la bienvenida a París y al hotel. Abro el balcón y salgo a la terraza. Contengo el aliento al ver las vistas. La torre

Eiffel se alza delante de mí, tan cerca que parece que alargando mi mano pueda llegar a tocarla. Me giro y veo a Edward observándome apoyado en la puerta de la terraza. Sonrío y me acerco hasta él, lo abrazo por la cintura y beso sus labios.

- Estás muy callada – dice sin dejar de rozar mis labios.

-Estoy atónita – digo riendo – ¡Es precioso!

- ¿Te gusta?

- ¿Gustarme? ¡Me encanta! - miro a mí alrededor sin dejar de sonreír.

-¿Probamos el jacuzzi? – dice sonriendo de medio lado.

-¡Mon plaisir Monsieur! – tira de mí y me levanta en brazos riendo.

Después de hacer el amor en el jacuzzi nos vestimos y salimos a recorrer las calles de París. Solo hay que mirar a tu alrededor para entender que tantos artistas, inspiren aquí sus obras. Cada rincón tiene algo de encanto. Llegamos a los pies de la torre Eiffel y pedimos a otros turistas que nos hagan fotos.

Subimos a lo más alto y observamos París a nuestros pies. Edward me señala los Campos Elíseos, el

Louvre, vemos los barcos pasear por el Sena y Edward se ríe cuando le digo que quiero ir. Bajamos y cenamos en el restaurante de la misma torre Eiffel. Al terminar volvemos dando un paseo por el Sena hasta nuestro hotel. Hace frío, pero la emoción de estar aquí con Edward hace que mi cuerpo ni lo sienta.

Estoy viviendo uno de esos momentos en la vida en el que te sientes completamente feliz y no tengo miedo porque sé que nada podrá cambiarlo. El día de fin de año me despierto nerviosa, Edward no quiere decirme donde vamos a pasar la noche. Huele a café y croissants recién hechos. Me pongo la bata y salgo al salón donde él está sentado a la mesa leyendo el periódico. Levanta la vista y sonríe cuando me ve.

- Buenos días bella durmiente – dice apartando el periódico a un lado. Me acerco y me siento en sus rodillas.

- Buenos días – sonrío y le doy un dulce beso en los labios.

- Iba a ir a despertarte – dice metiendo la mano por dentro de mi bata acariciando mi vientre. Hunde la cabeza entre mi pelo y me besa justo debajo de la oreja.

-Ya es fin de año – digo apartándome para mirarle a la cara.

- ¿Y? – pregunta haciéndose el tonto.

-¿Dónde vamos? – pregunto haciendo un puchero.

- Es una sorpresa. Tú ponte el vestido que te regalé y ya lo averiguarás. ¡Ahora a desayunar, hoy nos espera un gran día! – me levanta y me da una suave palmada en el trasero.

Por la tarde Edward ha contratado un servicio de peluquería que me preparará para esta noche. Llega una mujer de unos cincuenta años con un maletín enorme. Me seca el pelo a conciencia mientras veo como Edward se pasea arriba y abajo. Él también parece un poco nervioso y sin saber muy bien qué hacer.

Mientras él se ducha la peluquera y yo nos decidimos por un recogido alto. Cuando está dando los últimos retoques Edward sale de la habitación dejándome boquiabierta. ¡Es increíble lo guapo que está de esmoquin! La señora lo mira y asiente sonriendo. Cuando estoy lista doy las gracias a la mujer y una vez que se ha marchado entro a ponerme el vestido. Él me espera en el salón hablando con su familia.

Cuando salgo se gira hacia mí y contiene el aliento al verme. Sonrío nerviosa mientras él se acerca hasta mí.

- Esta preciosa Bells – se inclina y me da un beso dulce en los labios.

- Tu tampoco estás nada mal, hasta la peluquera ha perdido el hilo de lo que estaba diciendo al verte – digo riendo. Coge mi abrigo y me lo pasa por los hombros.

- ¿Nos vamos? – dice prestándome su brazo.

-¡Vámonos! – me besa y cogidos del brazo salimos de la habitación.

….

Una limusina negra nos recoge a la puerta del hotel, nos llevará a recorrer parte de la ciudad antes de llevarnos a nuestro destino. Si París es bonita de día, de noche es perfecta. Sus calles adornadas, los Campos Elíseos totalmente iluminados hacen de la ciudad un marco incomparable donde pasar la Navidad. Recorremos la orilla del Sena y llegamos a la torre Eiffel donde la limusina se detiene. Edward se gira hacia mí y sonríe.

- Hemos llegado – dice acariciando mi mejilla con sus dedos – Estás especialmente hermosa esta noche Bella – dice mirándome con adoración.

- Y tú estás más adorable que de costumbre – sonrío cogiendo su mano y él se inclina a besarme. Sale y rodea la limusina hasta llegar a mi puerta. La abre y tiende su mano para ayudarme a salir. Se me entrecorta la respiración cuando veo las orillas del Sena iluminadas y la torre Eiffel mirándonos desde lo más alto. Edward tira de mi mano devolviéndome a la realidad y camina junto a mí hasta llegar a un muelle donde nos espera un barco. Le miro y él me coge de la cintura atrayéndome.

- Dijiste que querías venir – dice clavando sus hermosos ojos en los míos – Cenaremos navegando por el Sena.

- ¿En serio? – pregunto con una sonrisa tonta en la cara.

- Completamente – se ríe y yo me lanzo a sus brazos. Cuando llegamos a la pasarela que nos sube hasta el barco veo como las demás mujeres se giran al vernos pasar, sonrío sintiéndome orgullosa de que Edward este a mi lado. ¡Si señoras, es mío!

Entramos y observo todo con atención. El barco es completamente acristalado. Una fila de camareros nos saluda al entrar, todos perfectamente uniformados como si estuviéramos en cualquier otro restaurante.

Las mesas redondas vestidas con manteles rojos y blancos, flores blancas y detalles dorados, dan el toque navideño a la velada. Al fondo una orquesta encabezada por un piano de cola negro y un chico rubio al micrófono, nos da la bienvenida con Everything I do. No puedo creerme que esté viviendo esto.

Un camarero nos acompaña a nuestra mesa colocada justo en la proa, sin duda un sitio privilegiado. No puedo dejar de sonreír, todo es tan perfecto que no sé a dónde mirar. Edward no deja de observarme con una sonrisa en la cara, coge mi mano y me da un suave apretón, me giro hacia él y le beso en los labios.

- Edward esto es tan… ¡oh Dios! – digo riendo – Te quiero.

- Yo también a ti cielo. Quería que no olvidaras nunca esta noche – dice mirándome fijamente a los ojos.

- No podría olvidarla, no olvidaré ni un segundo de este viaje – muerdo mi labio emocionada.

- Repetiremos – sonríe y vuelve a besarme. Una vez que estamos sentados un camarero nos sirve un champagne rosado que está buenísimo para acompañar unos entrantes variados típicos franceses. Quiche Lorraine, foie, y unos escargots que a Edward parecen encantarle pero a mí no me llaman especialmente la atención. Él se ríe al ver mi cara cuando lo veo comer los famosos escargots -Pruébalos – dice tendiéndome uno.

- No, gracias – digo negando con la cabeza – Me quedo con el foie. Eso es demasiado blando para mi gusto – digo pícara alzando una ceja. Edward por poco escupe el vino haciéndome reír.

- Bella no me provoques – dice bajando la voz.

-¡Hablaba de los escargots! Usted siempre pensando mal señor Cullen – sonrío y doy un sorbo a mi copa.

-Le recuerdo señorita Swan que este barco también dispone de lavabos, no me importaría volver a repetir lo de aquel restaurante – dice mientras pone su mano en mi muslo. Lo miro boquiabierta y él estalla en carcajadas ¡está tan guapo cuando se ríe!

-Señor Cullen, compórtese – cojo su mano y entrelazo nuestros dedos. El camarero llega a retirar nuestros platos y los dos observamos cómo nos deslizamos sobre el Sena recorriendo París. Llega el plato principal, solomillo de buey con una salsa de frutos rojos. Nos sirve un vino tinto francés, Château Mont, o algo así, que como no, crea el maridaje perfecto.

-¿Comeremos aquí las uvas también? – le pregunto sin dejar de comer. Edward suelta una carcajada y yo le miro alzando mis cejas ¿Qué le hace tanta gracia?

- Cielo aquí no suelen comerse las uvas – dice tratando de contener la risa.

- ¿Ah no, y qué es lo que hacen?

- Brindan con champagne.

- ¿Y ya está? – pregunto curiosa – Yo siempre me he comido las uvas – digo haciendo una mueca.

- ¿Quieres comer uvas?

- ¿Tú no?

-Bueno supongo que podrán hacer algo – levanta su mano y llama al camarero que está allí en menos de un segundo. Le explica en un perfecto francés que nos gustaría comer las uvas cuando llegue la media noche y él le dice que tienen preparadas por si hay algún extranjero. Le pide dos platos y el camarero se marcha dedicándome una sonrisa.

- Con el postre nos traerán uvas a los dos – me dice sonriendo.

- Gracias, si no nos esperaría un año de mala suerte – digo riéndome. No creo en esas cosas pero una Nochevieja sin uvas no es una Nochevieja.

- Si. Luego seguiremos la fiesta en otro sitio – dice y continúa comiendo.

- ¿En otro sitio? ¿Dónde? – lo miro y se ríe.

-Sabes que no voy a hablar. Come – dice señalando mi plato.

- ¿Más sorpresas?

- Muchas más – coge su copa y bebe. ¡Muchas más! Lo miro frunciendo el ceño pero sé que no va a decirme nada. Sin duda ha planeado este viaje al milímetro. No ha habido ni un solo día que no tuviera algo pensado. Suspiro y continúo comiendo. Recuerdo cada día que hemos pasado aquí y todos tienen algún detalle especial que han hecho de un día cualquiera uno inolvidable. Edward se ha mostrado atento a todos mis caprichos, no se ha separado de mi ni un solo momento y ha hecho que me sienta como una auténtica princesa.

Mentalmente repaso todo el último año y me doy cuenta de que hasta que conocí a Edward hace casi cuatro meses, todos mis días eran igual. Edward ha completado mi vida haciendo que estos últimos cuatro meses hayan sido los mejores de mi vida. Todo ha cambiado tanto en tan poco tiempo…

Han sido cuatro meses intensos y todas mis dudas, mi miedo a enamorarme, mis inseguridades han quedado totalmente olvidadas. Edward era justo lo que necesitaba. Hace que me sienta fuerte, me hace sentir querida y deseada, hace que cada momento a su lado haya valido la pena.

- ¿En qué piensas? – pregunta acariciando mi mejilla con sus dedos. Cierro los ojos para sentir su caricia y sonrío.

- En cuanto ha cambiado mi vida desde que te conozco – le miro y frunce el ceño.

-Espero que para bien – dice entrelazando nuestros dedos.

- Más que bien – me inclino y le beso en los labios.

-Eras tan insegura cuando te conocí – dice rozando mis labios – No puedo olvidar como temblabas la primera vez que te besé – dice volviendo a besarme.

-Aún me haces temblar al besarme – digo sonriendo.

- Y me encanta hacerlo – acerca más su silla a la mía y me besa en el cuello poniéndome la piel de gallina.

- Edward – le advierto riendo. Le miro y acaricio su cara – Al principio eras un poco frío conmigo.

- Lo sé, pero solo porque sabía que acabaría enamorándome de ti – dice en voz baja. Sonrío al escucharle decir eso.

- ¿Ya lo sabías entonces?

- Cielo, lo supe desde el momento en que te vi. – se inclina y me besa, su lengua me pide paso entre mis labios y me pierdo en ese beso. Oímos que alguien carraspea y al girarnos el camarero nos sonríe. Retira nuestros platos y como en cada menú francés después del plato principal llegan los quesos. A mí se me ha quitado el hambre con las últimas palabras de él, pero como soy adicta a los quesos pruebo un poquito de cada. Sirven el postre Bûche de Noel, que es el típico tronco de Navidad, las uvas y el champagne. Si hay algo que tampoco voy a olvidar de París es el champagne ¡creo que los he probado todos!

La cena ha sido más que perfecta. La orquesta no ha dejado de tocar ni un momento, y ahora que todos hemos acabado de cenar la gente empieza a levantarse a bailar. Edward se levanta y me tiende la mano, la cojo con una sonrisa y nos dirigimos a la pequeña pista de baile frente a la orquesta. Me coge de la cintura, me arrima contra él y me dejo llevar en sus brazos. Hunde la cabeza en mi cuello y da pequeños besos desde mi oreja hasta mi hombro. Si no estuviéramos rodeados de gente en dos minutos estaría pidiéndole que me hiciera el amor.

El barco se desliza de nuevo hasta la torre Eiffel, nos indican que podemos salir fuera para ver el espectáculo de luces. Edward pide que nos traigan los abrigos pero nos dicen que fuera hay estufas y que no será necesario y cogidos de la mano salimos a cubierta. Me lleva hasta la barandilla y colocándose a mi espalda me abraza. El camarero nos deja en una mesita de al lado las uvas y el champagne.

- Quiero que estés muy atenta – dice él en mi oído.

- ¿Atenta a qué? – me giro y lo miro frunciendo el ceño.

- Cuando llegue el momento te lo diré. Ahora disfruta del espectáculo – vuelve a abrazarme para impedir que me mueva. Todo el mundo empieza a mirar el reloj, solo faltan cinco minutos. Desde aquí se oye a la gente emocionada esperando el año nuevo. - Estás preciosa Bella – dice él dándome un beso en la mejilla. Me río y alzando mi mano la paso por detrás de su cuello.

- Debe de ser París que me sienta bien – acerco mis labios y me besa hundiendo su lengua en mi boca.

- Aquí no habrá campanadas, tendremos que ir mirando el reloj – dice asomando su muñeca de la chaqueta del traje – Yo te aviso – coge las uvas, me pasa las mías y se coloca a mi lado.

- No somos los únicos – digo señalando a un grupo de chicas españolas que también llevan las uvas en la mano y no dejan de mirar hacia nosotros. Edward se ríe y me da un beso en la frente.

- ¿Preparada? – dice cogiendo la primera uva. Asiento emocionada y de repente por los altavoces suena la primera campanada. Abro los ojos de par en par y Edward sonríe comiéndose la primera uva. Nos las comemos entre risas tratando de no atragantarnos. Cuando nos tragamos la última Edward me atrae hacia él y cogiendo mi cara entre sus manos me besa intensamente.

-¡Feliz año nuevo cielo! – dice volviendo a besarme – Te quiero.

- Y yo a ti ¡Feliz año! – paso mis manos por su cuello y le beso.

La gente empieza a gritar, la música vuelve a sonar y Edward me gira para que observe la torre Eiffel. Un juego de luces parpadeantes da la bienvenida al año nuevo. Es un espectáculo impresionante. Algunos de los demás pasajeros se acercan a felicitarnos el año, entre ellos el grupo de españolas que se alegran de que hablemos su mismo idioma. Nos presentamos, brindamos con ellas y se marchan dentro a recoger sus cosas para seguir la fiesta en el hotel donde se alojan. Edward me abraza fuerte cuando nos quedamos solos y el barco se desliza para acercarnos a la orilla. Sin duda ha sido una de las Nocheviejas más bonitas de mi vida. Cuando estamos cerca de la orilla, levanto la cabeza mirando a Edward que clava sus preciosos ojos en los míos.

- Mira allí – me gira entre sus brazos para que mire hacia la orilla y me quedo sin habla. Toda mi familia y la suya están allí. También están Rosalie y Emmett que ríen al ver la cara que se me ha quedado. Empiezan a saltar saludándonos pero yo soy incapaz de moverme. De pronto comienza un castillo de fuegos artificiales que aún me deja más perpleja. - Ahora sí, Feliz año nuevo mi vida – dice él en mi oído. Me giro hacia él conteniendo las lágrimas de emoción.

-¡Oh Edward! Te quiero – lo abrazo fuerte y levantando mi cara hacia él le beso intensamente. Se separa sonriendo y yo me giro a saludar a todos. Despliegan la pasarela y la gente empieza a bajar. Edward me detiene y me pide que espere a que bajen todos. Una vez que estamos solos empieza a sonar las notas de una canción que reconozco al instante. El cantante sale sonriendo y empieza a cantar When you say

nothing at all dirigiéndose a nosotros. Miro hacia la orilla dondetodosse han quedado callados y veo a mi madreemocionada sindejar de sonreír. Cuando me giro hacia Edward sonríeymetiendo su mano en el bolsillo interior de suesmoquinhinca una rodilla frente a mí.Contengo el aliento y mis ojos se llenan de lágrimascuando él coge mi mano. ¡No puedo creerlo, vahacerlode verdad! La orquesta mantiene la canción defondo yEdward coge aire para empezar a hablar.

- Bella, sé que dijimos que haríamos esto a su debido tiempo pero yo no necesito esperar más. Tú has dado sentido a mi vida, tu amor es mi fuerza para seguir día tras día. Quiero ser el motivo de tu sonrisa, estar a tu lado para sostenerte cuando me necesites y vivir contigo el resto de mi vida – suelta mi mano y abriendo la otra me enseña una inconfundible cajita azul, la abre y me muestra un precioso anillo de oro blanco – Cielo, hacerte feliz se ha convertido en mi única prioridad, solo deseo que me permitas hacerlo. ¿Quieres casarte conmigo? – pregunta sin separar sus ojos de los míos. Dejo que mis lágrimas rueden por mis mejillas, todo a mi alrededor se ha quedado en silencio, solo estamos él, yo y el amor que nos une. Trago el nudo de mi garganta para poder hablar.

- Sí, sí quiero – digo sonriendo y llorando a la vez. Edward se levanta, me alza en sus brazos y me besa con todo su amor. Me baja al suelo, se separa y cogiéndome la cara entre sus manos vuelve a besarme. Lo miro y veo como sus ojos dejan caer lágrimas de emoción. Se separa y sacando el anillo de su caja lo coloca en mi dedo anular.

Me abraza con fuerza y todos a nuestro alrededor estallan en aplausos. Bajamos cogidos de la mano y mi madre corre a abrazarme.

- ¡Hija estoy tan feliz! – me dice emocionada.

- Me alegro mucho por vosotros Bella – dice mi padre abrazándome. Veo como Edward se abraza a su madre mientras ella me mira sonriendo con lágrimas en los ojos.

-¡Tía! – chilla mi sobrina lanzándose a mis brazos – No llores más – dice limpiándome las lágrimas.

- Es que estoy muy contenta de que estéis aquí – digo volviendo a abrazarla. Mi hermano llega hasta nosotras y nos observa con una sonrisa. Dejo a mi sobrina en el suelo y me abrazo a él.

- Eh – dice acariciando mi espalda – Ha sido la mejor declaración que he visto nunca – dice sonriendo mientras limpia mis lágrimas.

- Sí, ha sido perfecto, y encima estáis todos aquí – miro a mi alrededor y veo como Rosalie se seca las lágrimas con un pañuelo mientras Emmett la abraza por los hombros. Se acerca y la abrazo con fuerza.

- ¡Oh Bella! Me alegro tanto por los dos – dice sin soltarme.

- Gracias Roslie, por todo – me separo y las dos sonreímos. Emmett me felicita y Alice llega hasta mí de la mano de Jasper.

- ¡Enhorabuena cuñada! – dice dando saltos. Me abraza y Jasper sonríe al vernos.

-¿Ya es totalmente oficial? – pregunto mirándolos.

-Sí, Jasper y yo vamos a vivir juntos cuando venga a Nueva York – dice abrazando a Jasper por la cintura.

- ¡Vaya, me alegro muchísimo!

- Bella – dice Esme que se acerca con Carlisle. Este me abraza dándome la enhorabuena y Esme coge mis manos – Me alegro de que vayas a formar parte de mi familia. Gracias por hacer feliz a mi hijo – dice emocionada.

- Es tan fácil quererle – le digo sonriendo.

-Os deseo toda la felicidad del mundo – me abraza y Edward sonríe mirándonos.

- No la acaparéis que ha prometido ser mía – dice haciéndonos reír a todos. Kate se acerca con Irina en brazos.

- Te dije que este hombre estaba enamorado de ti desde el primer día – dice señalando hacia Edward que ríe mientras nos abrazamos. La gente de alrededor nos mira riendo e incluso las chicas españolas del barco se acercan a darnos la enhorabuena también. Varios coches nos llevan hasta el hotel. Edward y yo volvemos solos en la limusina, una vez dentro miro mi anillo y sonrío.

- ¿Te gusta? – dice él mirándome.

- Es precioso – le miro y sonrío – Edward gracias por hacerme feliz – le cojo la mano y él tira de mí para sentarme en su regazo.

-Prometo enamorarte cada día – acaricia mi mejilla y me besa.

-Te quiero tanto – digo sin poder dejar de sonreír.

- Y yo a ti cielo, te amo como nunca pensé que podría hacerlo – pone su mano en mi nuca y me besa apasionadamente. Gimo contra sus labios y se separa sonriendo. En el hotel hay una fiesta de fin de año espectacular. Celebramos juntos el año que empieza y mirando a mi alrededor me siento completamente feliz. A las tres de la mañana solo quedamos Alice, Jasper, Edward y yo y decidimos poner fin a esta noche de celebración. Entramos en la habitación abrazados, Edward levanta mi cara y me besa recorriendo cada rincón de mi boca. Le quito la chaqueta y desato su pajarita. Me coge de la mano y me lleva hasta la habitación, donde una cubitera nos espera con una botella de champagne. La descorcha y llena dos copas. Me pasa la mía y me acaricia la mejilla con sus dedos.

-Por nuestra vida juntos – dice chocando nuestras copas.

- Brindo por ello – digo riendo. Doy un sorbo a mi copa y Edward me la quita de la mano dejándola en la mesa junto a la suya. Me coge de la mano y me hace dar una vuelta sin dejar de mirarme, cuando vuelvo a tenerlo de frente se inclina y me besa suavemente. Sus manos bajan por los lados de mi cuerpo, y al llegar a mis caderas tira para atraerme hacia él. Nos besamos y levanto mis manos para hundirlas en su pelo. Él me quita las horquillas y mi pelo cae en cascada sobre mis hombros. Lleva sus manos a mi espalda y baja mi cremallera mientras yo desabrocho los botones de su camisa. La saco por fuera del pantalón, le quito los gemelos y los dejo sobre la mesa. Baja los tirantes por mis hombros, y el vestido cae al suelo. Le quito la camisa y él me alza en brazos haciéndome salir del vestido. Me lleva en brazos hasta la cama sin dejar de besarme y se tumba sobre mí. Se separa y sonríe mirándome.

- Resérvame tus besos cada día – dice clavando sus ojos en los míos.

- Siempre lo he hecho, y nunca dejaré de hacerlo – sonrío y vuelve a besarme como sé qué hará el resto de nuestras vidas.

FIN.

O0o0o0o0o0o0oo0o000

Hay ¿Quién no quiere una pedida de mano así? ¡Yo si, AMO a Edward!

Y colorín colorado esta historia y adaptación se ha terminado… Nah falta el epilogo así que espérenlo pronto lo tendrán por aquí…

donde les tengo un anuncio importante, espero cuente como siempre con su apoyo.

NOTA: mil disculpas pero he estado enferma y la computadora ha estado abandonada porque me he sentido mal pero prometo ya ponerme al corriente. Las y los amo y seguimos.

Locura realizada…

Cambio y fuera…

By:antoCullen::

Jane.