Elsa regresaba a su oficina de mucho mejor humor, de alguna manera la presencia de Jack la había hecho olvidar por completo la humillación y furia que sentía contra sus compañeros de trabajo hace poco menos de una hora.
Estaba feliz, y se dio cuenta de que llevaba semanas sin sentirse de esa manera. Por primera vez desde que había llegado a esa ciudad le agradaba alguien. No demasiado, pero si lo suficiente como para que fuera divertido pasar una tarde con él.
La idea de divertirse la sorprendía, aunque… no estaba segura del todo de lo que era divertirse y aunque Jack había hecho todo lo posible por evitar los temas sexuales y hacerlos a un lado, no terminaba de confiar en que el chico no intentara llevársela a la cama, después de todo, los humanos eran humanos y tenían necesidades. No estaba segura de como sentirse respecto a eso.
Por un lado, no era como que nunca hubiera realizado el acto. Era una mujer adulta después de todo, pero no sentía que era lo que realmente quería en esta situación en la que se había metido, Jack le agradaba, aunque lo negara, en el fondo el chico le agradaba, pero, ¿él estaba buscando una amistad o un romance? Y lo más importante, ¿Qué estaba buscando ella?
Elsa llego ante su escritorio sin haber logrado responder esa cuestión. El resto de la mañana y parte de la tarde pasó mucho más rápido y alegre y cuando se dio cuenta ya estaba de camino a su departamento, indecisa en si arreglarse o no, y sin haber notado ninguna de las miradas extrañadas de sus compañeros de trabajo cuando se salió de la oficina.
Su guardarropa era mayormente azul, negro y blanco, hasta ese momento no lo había notado, tomo un suéter color celeste antes de percatarse de que no tenía ni idea de adonde irían, ¿Debía ponerse falda o pantalones? después de todo, se suponía que era una salida amistosa, pero una parte de ella no dejaba de pensar que tarde o temprano terminarían Jack y ella en la misma cama.
Al final opto por unos cómodos pantalones azules y una blusa blanca muy primaveral. Dio un respingo cuando escuchó como tocaban a su puerta y Jack preguntaba por ella, aunque no hubiera dicho su nombre con esa voz traviesa que lo caracterizaba, ¿Quién más podía ser?, ni siquiera la habían venido a ver a su departamento para temas del trabajo, de hecho, está era la primera visita que recibía desde que había llegado a Burgess.
- ¿Sí es el apartamento correcto, o me jugaron una broma? – se escuchó desde el otro lado de la puerta.
Elsa sonrió mientras se dirigía a abrir. Intentó contestar algo gracioso, pero nada se le ocurrió así que simplemente abrió con una sonrisa. Jack estaba frente a ella, y en sus brazos portaba una canasta con frutas y flores.
- ¿Qué es eso?
- Oh, bueno, pues no sabía que en la ciudad de donde venían no existían, pero se llaman flores y frutas – le dijo él mirándola con seriedad mientras señalaba las frutas como flores y las flores como frutas – unas se comen las otras simplemente son bellas.
Elsa considero cerrarle la puerta en la cara, pero se dio cuenta de que ya se había hecho a la idea de que iba a pasar la velada con él y la idea de no pasarla le parecía un poquito decepcionante, así que en lugar de eso sonrió.
- Tenía entendido que era al contrario. Pero, ¿Por qué traerlas?
- Bueno, primero pensé en traer solo flores, pero considere que si hacía eso, pensarías que era una cita y me cerrarías la puerta en la cara antes de poder decirte lo bien que te quedan los colores claros.
Elsa pensó en sonreír, entonces se dio cuenta de que ya estaba sonriendo, una parte de su mente se preocupó en pensar si los músculos de su rostro podían resultar afectados por sonreír tantas veces en un solo día, cuando ella no solía sonreír con frecuencia. La otra parte de su mente se ocupó de sus modales y regresó el cumplido.
- A ti también te queda el azul.
Jack llevaba puesta una sudadera azul bastante informal y unos pantalones cafés, se veía realmente bien, sus brillantes ojos resaltaban con ese atuendo.
- Oh, pues claro, el color azul fue inventado para que yo lo luciera – dijo con una sonrisa tan encantadora que sus palabras sonaron divertidas en vez de pretenciosas.
- Cuando invente el color, puedes estar seguro que no te tenía en mente, pero sí, te queda bien. Aunque sigo sin entender el porqué de la canasta.
- Es una tradición ya sabes, cuando alguien se muda al vecindario, los vecinos le van a dar la bienvenida y le llevan comida o así.
- ¿Vives por aquí? – dijo mirándolo con enormes ojos de sorpresa.
- Pues no, pero no es como que esto se haga en los edificios de departamento y pensé que sería un gesto que ayudaría a que te sintieras bienvenida.
Elsa no pudo evitar sentir un nudo en la garganta. Jack se puso nervioso ante su silencio.
- Bueno si no te gusta…
- Cállate Jack, sí me gusta.
-oh, que alivio, eres una chica complicada ¿sabes?, Y ¿Podría pasar? Ya sabes, entrar y dejar esto en algún lugar antes de que mis brazos se rompan.
- Sí, claro. – contestó la chica haciéndose a un lado y reprendiéndose mentalmente por su torpeza social.
Jack entró y dejo la canasta con frutas y flores en la pequeña mesita que había en el lugar, después miró el lugar, notando que apenas parecía que alguien vivía ahí, no había fotografías ni cuadros en las paredes, no había ningún adorno de ningún tipo, nada parecía fuera de lugar y el lugar parecía algo… vacío y frío. No pudo evitar preguntarse si era el departamento el que lucía así por si mismo, o si Elsa lo había hechizado para que el lugar pareciera una tumba de hielo. Aunque claro, no comento nada al respecto, no iba a tentar más su suerte de lo que ya lo había hecho.
- ¿Entonces, adonde iremos? – pregunto Elsa intentando sonar lo menos incomoda posible, podía agradarle Jack, pero aun sospechaba de su actitud.
- A patinar en hielo, quizá te gustaría llevar otro suéter.
- Estaré bien, el frio nunca me ha molestado.
Jack sonrió y se encogió de hombros.
- Como la princesa prefiera.
Apenas había acabado su oración cuando se dio cuenta de que había dicho algo malo, por decirlo de alguna manera, Elsa se había quedado helada, su mirada era entre herida y enojada.
- ¿Estás bien?
- Sí – contestó la chica con una voz fúnebre – pero jamás vuelvas a decirme así. Vámonos – le dio la espalda y tomó su bolso blanco.
Jack solo asintió con la cabeza mientras ambos se dirigían a la puerta en un silencio incomodo, sentía curiosidad por la actitud que Elsa había tomado ante la simple mención de la palabra princesa, pero no le pregunto nada, y no solo porque creyera que de hacerlo Elsa jamás volvería a dirigirle la palabra en la vida, sino porque entendía lo que era tener temas de los que preferías no hablar ni escuchar nunca más.
Ambos entraron al elevador del edificio callados e incomodos, Jack no estaba seguro que hacer o decir a continuación, pero fue Elsa quien volvió a empezar la conversación como si los últimos minutos nunca hubieran pasado.
- ¿Y a que se debe que vayamos a patinar en hielo a mitad de verano?
- Me pareció una buena idea, podemos platicar y movernos, después de tres semanas sentada en un escritorio en silencio, supuse que te agradaría la idea, y hay muchos temas de conversación. Podemos quejarnos de todo lo que está mal en el sistema o puedo escuchar sobre tus increíbles calificaciones de la universidad, o simplemente hablar sobre lo lucrativo que sería para los científicos que crearan una raza de pequeños conejos rosa claro y los vendieran como mascotas.
Elsa volvía a sonreír para ese punto y Jack se alegraba de eso, el elevador se volvió a abrir y ambos atravesaron la recepción del edificio hacia la puerta principal en un silencio más tranquilo. Afuera el cielo mostraba un sol bajo y un cielo despejado, faltaba cerca de una hora para el atardecer.
- La pista de patinaje está a 4 cuadras de aquí, pensé que sería bueno ir caminando y echarle una vista a los alrededores, ¿Qué dices? – dijo Jack señalando el camino.
- Me parece una buena idea, lo que no me parece tan buena idea es que todos los conejos sean de color rosa, ¿eso no limitaría el número de sus posibles compradores?
-Pues sí – dijo Jack mientras ambos emprendían la caminata hacía la pista de patinaje – pero el rosa solo sería el primer color, después de eso seguirían otros colores.
- ¿Y porque rosa? ¿No dijiste que tu color era el azul?
- Mi color es el azul, pero estadísticamente el rosa sería un color que generaría excelentes ventas.
- Me pregunto sí los genetistas tendrán eso tan claro como los estadistas…
- Quizá no, tal vez si crearan conejos de otro color buscarían un color que fuera difícil o tuviera una utilidad de algo
- ¿Cómo que?
- No tengo idea, yo no soy científico, pero quizá ellos tratarían de hacer un conejo verde
- ¿Verde? ¿Por qué verde?
- No lo sé - se defendió Jack gesticulando con sus manos y encogiéndose de hombros - fue el primer color que me vino a la mente.
La caminata resultó tan agradable como la platica de Jack que para el momento en que llegaron a la pista y pidieron sus patines, Elsa ya había olvidado el tenso incidente que había pasado en su departamento, ambos resultaron excelentes patinadores y Elsa se sorprendió de aun recordar como moverse en el hielo cuando hace tanto que no lo hacia, después de un par de horas riéndose de los chistes de Jack y hablando sobre trivialidades dejaron la pista para ir a cenar.
En el camino habían visto un restaurante de comida china que se veía muy agradable, comer con palillos les resulto un reto a ambos, Elsa se esforzó con calma en tomar sus domplines con los palillos aunque las primeras veces estos volvían a caer a su plato a medio camino de su boca, después de innumerables intentos termino por lograr usarlos adecuadamente. Jack fue mucho menos paciente y después de dos intentos pincho las dichosas bolitas de masa rellanas con los palillos como si de un tenedor se tratase. Tampoco tuvieron mucha suerte con los fideos, pero fue divertido ver a Jack usar uno como bigote y oírlo renegar de los palillos cada vez que la comida no terminaba donde él quería.
- Creí que la mesera nos iba a decir que estábamos vetados del restaurante o algo así – dijo Elsa una vez estuvieron fuera del restaurante y camino a su departamento.
- ¿Y por qué creíste eso?
- Pues, el hecho de que toda la cena te la pasaras jugando con la comida y de que dijeras itadakimasu cuando trajo nuestra orden.
- Yo sí sabía que era comida china y no japonesa, pero fue inevitable decirlo al ver los fideos.
- Ah, sí y el hecho de que tuvieras un bigote de fideos cuando la llamaste para pedir la cuenta también fue otra cosa que me hizo pensarlo.
- En el fondo sé que le pareció divertido, cuando nos fuimos estaba sonriendo
- Quizá se alegraba de que nos fuéramos, o al menos de que tú te fueras.
- Cuanta crueldad contra mi genio creativo.
Jack se detuvo mientras le dedicaba una mirada que pretendía parecer ofendida, pero que claramente era una mueca burlona. Elsa simplemente volvió a reírse.
- Sabes, cuando te conocí jamás hubiera imaginado que tendrías una risa tan agradable, o que fueras capaz de reír…
Elsa lo golpeo en el hombro con su bolso por sus últimas palabras, y al momento de hacerlo se dio cuenta de lo cerca que estaba de él y de que ya no se sentía incomoda a su lado. Se sorprendió bastante de que en unas escasas horas aquel chico hubiera conseguido que se llevaran tan bien, porque si tenía que ser sincera, él se esforzó mucho más que ella en las conversaciones y la convivencia.
Quizás aquel trabajo y aquel lugar no eran tan malos después de todo, quizá se estaba equivocando al continuar siendo tan cerrada y seria con todo el mundo, ¿debería darles también una oportunidad al resto?... bueno, no iba a cambiar de opinión sobre el mundo de la noche a la mañana, y estaba segura de que el resto del mundo no era como Jack, lo había estado comprobando casi toda su vida.
Elsa suspiró diciéndose que probablemente mañana no pensaría igual sobre el mundo, y volvería a verlo con la seriedad de siempre, como con una borrachera, al despertar se daría cuenta de que aunque había disfrutado esa tarde, sus aspiraciones y ambiciones no habían cambiado ni un poco, y ella seguiría siendo la misma persona responsable y obstinada de siempre.
- Creo que nos separamos aquí – le dijo a Jack que seguía mirándola sonriente – fue una noche encantadora lo admito.
Jack abrió la boca con la intención de quejarse, pero al final solo sonrió y le tendió la mano a Elsa.
- Bien, pero tenemos que volver a salir un día de estos.
Elsa quiso decirle que no era probable, pero al verlo sonreír con tanta ilusión no pudo.
- Está bien. – dijo estrechando su mano.
- Perfecto – dijo Jack – mañana a la misma hora entonces.
Y antes de que Elsa pudiera poner una escusa o decir que era demasiado pronto, Jack se escabulló con pasos veloces, dejándola confundida a unos pasos de su edificio.
…
A la mañana siguiente, tal como había creído, el mundo volvía a ser gris, y no dejaba de preguntarse una y otra vez ¿Qué era lo que Jack buscaba conseguir de ella? ¿Sexo? ¿Un préstamo? ¿Algún favor del trabajo? Quizás Jack veía como su talento tarde o temprano la iba a llevar a puestos realmente importantes y esperaba beneficiarse en esos momentos. Eso podría explicar porque parecía no querer involucrarse en algo sexual.
Al ir a desayunar vio la canasta con frutas aun sobre la mesita, las flores las había puesto en un florero al regresar a casa, le había sorprendido que no se hubieran marchitado durante su ausencia.
Tomó una pera de la canasta recordando la velada que había pasado mientras comía aquel fruto, ¿La gente con segundas intenciones podía realmente ser tan encantadora y lucir tan inocente? "Claro que sí, no seas ingenua" le dijo su sentido común. Sabía que tenía razón.
Después de desayunar fue a lavarse los dientes y al llegar al espejo la sorprendió notar que su rostro se veía diferente, no alegre, pero si menos serio, no era como que los demás pudieran ver la diferencia, pero ella veía su reflejo todos los días, a veces era lo único que le hacía compañía, conocía su cara y sus expresiones perfectamente.
Bueno, fuera que Jack estuviera intentando usarla de alguna manera o no, nada le impedía disfrutar de aquella situación mientras le resultara conveniente ¿verdad?
Su día continuó relativamente normal, hasta que estuvo a pocas cuadras de su trabajo, considero que tal vez Jack sinceramente estaba buscando una amistad, era difícil pensar que alguien tan agradable como él no tuviera amigos, pero Jack le había dicho que ambos eran rechazados en esas oficinas de gobierno. Y bien sabía ella lo sola y rechazada que te podía hacer sentir esa gente, o la gente en general, si incluso ella que estaba acostumbrada a la soledad la había resentido en ese lugar, no debía sorprenderle que Jack también se sintiera aislado. Le sorprendió darse cuenta de que pensaba que tal vez una amistad con Jack no sería tan mala.
Al parecer el día le tenía deparadas más sorpresas, pues no llevaba ni cinco minutos sentada de nuevo en su escritorio cuando una de sus compañeras, una mujer con una nariz que parecía el pico de un loro, se acercó a su mesa y se sentó en el borde.
- Elsa – dijo la mujer.
- ¿Si? – preguntó Elsa, recelosa y abiertamente preparada para la hostilidad, aunque por dentro esperaba vagamente que fuera un intento amistoso.
- Ese bastardo de Muertes, Jack.
- ¿Si?
- Solo una advertencia amistosa. No te molestes con él.
- ¿Por qué?
El semblante de la mujer ensombreció, aparentemente no estaba acostumbrada a que preguntaran cuando daba consejos sin solicitar. Su expresión fue desdeñosa y su voz irritada cuando le contestó.
- Porque vende su cuerpo.
.
.
.
.
.
Seis meses después, ¡seis meses! ¿Aun hay alguien que quiera leer está historia?
Pueden matarme ahora, o dejarme vivir para ver como sigue la trama, Les juro que no sé como se me pasó el tiempo tan rápido, no imaginan mi vergüenza cuando hoy la actualice y vi cuando la había publicado, en mi defensa, les diré que mi vida se volvió un caos desde octubre hasta a hace una semana o algo así, para agosto y septiembre no tengo escusa, la verdad ya ni recuerdo porque no había actualizado, (además de no haber terminado el capítulo) T-T, pero les prometo que si quieren ver el siguiente capítulo, si aun queda alguien que quiera, lo publicaré como muy tarde en dos semanas. Les adelantaré que está intenso.
