Hola cómo están? Disculpa la tardanza. Es que estaba terminando mi fic de Naruto. Los quiero y espero les guste éste capítulo.

Hoy es mi graduación de la escuela y por fin salí! Espero les guste el cap.

Crepúsculo no me pertenece.

********************Obsesionado con tu Inocencia******************

Pov. Bella.

Me besó con hambre, ansias y miedo. Sentía su agitación y me preocupaba. No me gustaba verlo así.

Su beso me llevó a las nubes y él se colocó sobre mi, de tal manera que quedamos acostados en el sillón.

Tan entregada estaba en el beso que poca cuanta me di, cuando habia hecho mis pantalones a un lado y me penetraba de una sola estocada.

- ¡Edward! - jadee al sentirme llena . No estaba lo suficientemente preparada para recibirlo, pero le dejé hacer. Él lo necesitaba. Me necesitaba.

Busqué sus labios y los besé, él seguía entrando en mi cada vez mas y más rápido, dando justo allí. Maravillosamente allí. -¡Ah!- grité cuando alcancé la cima y luego, el fue bajando la intensidad de sus acometidas.

- Lo siento...- estaba no querías- iba a alejarse, pero me negué. Él aún no había terminado y no quería dejarlo asi.

- Si quería, quédate así como estás. No te preocupes, todo va a estar bien - besé su cabello y el hundió su cara en mi cuello.

Empecé a mecernos y lo sentía entrar y salir de mi cuerpo, una y otra vez. Mientras lo escuchaba gemir y jadear y eso me encantó.

Él besaba mi cuello y se abrazaba más a mi. Nos seguí meciendo, hasta que él creció más dentro de mi y luego terminó, llenándome con su semen, lo que me llevó a mi también a la cima.

Él se quedó allí, solo cambió la posición de su cabeza y la recostó sobre mis pechos. Al cabo de un rato, su respiración se volvió acompasada y su cuerpo se relajó.

Yo me quedé allí acariciando sus cabellos y espalda, pensando.

¿Quién le había hecho esto? Era como un niño. ¡Dios! El trauma de verdad tenía que ser tan grande para que doblegara a un hombre tan grande.

¿Tendría la reacción de Edward, algo que ver con el intento de asesinato de hoy?

Estaba casi segura. Tenía que preguntarle muchas cosas. Y por más que no quisiera hablar, tendría que hacerlo.

Pero algo si sabía, y era que a partir de hoy, todo había cambiado y no era por lástima, era porque él me estaba ganando. Se estaba adueñando de una parte de mi corazón.

********Al día Siguiente*********

Me desperté, y él estaba aún sobre mi. Tenía unas náuseas terribles y ganas de vomitar inmensas. Respiré profundamente, y acaricié sus cabellos.

-Edward - lo mecí levemente, y lo sentí cobrar vida dentro de mi. Por favor, ahora no-¡Edward! - llamé con más insistencia, pero él no me hacía caso. En vez de eso seguía endureciendose dentro de mi.

Con un poco de fuerza, me lo quité de encima y salí corriendo hasta la habitación. No recordaba aún el dolor en mi pie.

Gracias a Dios, llegué al baño a tiempo y vacié mi estómago. No se cuanto demoré, pero si sabía que me sentía muy cansada, me dolía todo el cuerpo por culpa de ese sofá.

Sentí que alguien, me acariciaba la espalda y colocaba paños húmedos en la frente. Era él.

Edward.

Cuando ya los vómitos habían acabado, él me ayudó a ponerme de pie y me guió al lavamanos. Allí me cepillé los dientes y enjuagué la cara.

- Gracias- sonreí.

- ¿Estás bien? -asentí.

Él me miró fijamente por un momento, luego, tomó el dobladillo de mi camiseta y me la quitó cuando yo levanté los brazos. Miró mis pechos y no me sentí cohibida, él me quitó los pantaloncillos y volvió a estudiarme. Sabía, por la reacción de su cuerpo, que le gustaba lo que veía.

Él se desvistió y yo pude apreciar su cuerpo. Estaba perfecto para mi. Duro, pero no tanto, era atlético y eso me gustaba mucho. Después se quitó los pantalones y liberó su campante erección.

¡Oh mi Dios!

Estaba mojada, pero esperaría a que él diera el primer paso.

Pero nunca llegó, el frunció el ceño y me dio la espalda para entrar a la ducha.

Mi excitación se fue a paseo, cuando vi su espalda . Estaba toda marcada, las cicatrices eran pequeñas. Marcas redondas y oscuras, otras de bala... y las demás asumí, que eran con arma blanca.

Gemí y me llevé las manos a la boca.

- Ya se que te doy asco, pero no me mires así- estaba tenso-Por favor vete que quiero bañarme, prometo no volver a tocarte.

- ¿ Quién te hizo eso?- me acerqué a él y le tomé la mano, antes de que entrara al plato de la ducha-Edward, dímelo.

- No quiero hablar de eso- se soltó de mi agarre y entró a la ducha. Lo seguí y lo abracé-No necesito tu lástima o compasión o como lo llames, ahora vete y déjame en paz- me obligó a soltarle, y me sacó del baño-Hay otro baño, al otro lado de la habitación.

- No es lástima Edward- señaló la puerta y se apartó de mi.

Un sollozo escapó de mi, salí del baño y fui al otro.

Entré al plato de la ducha y me senté. ¿Qué rayos le había pasado? ¿Quién le había hecho eso?

Eran tantas cosas en tan poco tiempo y ninguna respuesta.

Me puse de pie luego de un largo tiempo allí sentada ya me dolía el trasero, me bañé y lavé el cabello.

Una vez salí del baño, fui a la habitación y en la cama, estaba mi ropa. Consistía en un traje gris con flores lilas, estaba hermoso.

Me puse la ropa interior y el pantaloncillo a juego con el traje y luego el vestido. Era de algodón y me encantaba.

Miré mi pie y luego escuché.

- ¡Bella!- era Edward-. Apúrate tengo hambre- volvía a ser el mismo gruñón de siempre.

Caminé con cuidado y baje las escaleras. Él estaba en bermudas negras y una camiseta blanca.

-Vamos a cambiarte la venda y luego me haces el desayuno- enarque una ceja.

- ¿No tienes quién te cocine?- él negó.

- Para eso estás tu, ahora muévete- me guió hasta el sofá y me hizo sentar.

Me cambió las vendas y colocó más crema anti-inflamatoria.

- Vamos, tengo hambre- me puse de pie y él me tomó en brazos.

Otra cosa que me gustaba, que me abrazara.

Pasamos por todas esas estancias, y abrió una de las puertas que no reconocí, porque parecían cuadros.

Cuando me puso sobre mis pies, me quedé sin aire. Esta cocina la envidiaría cualquiera.

- Tienes de todo- dijo acercándose a la enorme refrigeradora y abriéndole de canto a canto. Allí no cabía un alma.

- ¿ Tu te comes todo esto?- él negó.

- Los de seguridad también- asentí.

- ¿Ya desayunaron?- se encogió de hombros.

- Tú sólo me cocinas a mi en el desayuno, el almuerzo lo hace uno de ellos y la cena la hago yo- asentí.

- ¿ No puedes permitirte una cocinera? - el asintió.

- Si puedo, pero no me gustan los extraños en mi casa- si a el no le gustaban los extraños...-La ropa, se lava y plancha los sábados en la noche. No me gustan los pliegues en mis pantalones y no mezcles la ropa blanca con la de color.

- ¿Si querías una sirvienta por qué no la contrataste?- estaba furiosa.

- Porque también quería una esposa y en ti tengo ambas cosas- en ese momento lo vi todo rojo y lo primero que vi en la refrigeradora, se lo tiré. Suerte la de él, que era un filete de carne, porque o sino le hubiese roto la cabeza.

¿Quién mierda se creía?

Gracias por leer. Espero les haya gustado. Yo amo a Edward, ustedes no? A mi me mató de la risa cuando escribía la última parte. Espero les guste mucho.

Déjame un review si?

Hoy me gradúo de la escuela! Yupi!

Bezazos.

Danielle Franks.