Cuando Juvia entró por el palacio, caminó con rapidez intentando no ser vista por nadie hasta llegar a su dormitorio. Se cambió de ropa con rapidez antes de que alguien pudiera descubrir en qué andaba metida y sonrió recordando aquel beso con Gray. Por primera vez empezaba a vivir aventuras. Sentía que había salvado a ese chico de ser descubierto por los guardias y la adrenalina que sentía ahora, jamás la había sentido. Ese chico es quien le hacía vivir de verdad. Hasta ahora sólo había sido un pájaro enjaulado y por fin había descubierto lo que era en realidad la vida estando al lado de Gray. Quería vivir aventuras con él, esconderse como fugitivos, partir hacia el horizonte, hacia el extenso mar sin tener que mirar lo que dejaba atrás, pero sabía que era imposible. Gray arreglaría el barco y surcaría de nuevo los mares dejándola atrás en su lujoso palacio del Reino del Agua.
Juvia miró el cristal de la ventana de su habitación sin saber que Gray en aquel mismo momento, también miraba el cristal en su camarote. Los dos suspirando el uno por el otro teniendo muy claro, que aquello que estaban sintiendo estaba mal y que un día todo acabaría. Jamás podrían estar juntos. La vida al lado de un pirata no traería nada bueno a nadie.
Durante aquel mes, Gray estuvo muy ocupado arreglando el barco y visitando a Juvia en aquella orilla. Cada vez estaban más unidos pero a medida que el tiempo pasaba, ambos sabían que se acercaba el día de la despedida. El barco prácticamente estaba terminado y pronto Gray surcaría de nuevo el inmenso océano.
- ¿Dónde irás? – preguntó Juvia mirando el rostro de Gray.
Gray que se había tumbado en la arena y apoyaba su cabeza en el regazo de la chica, alzó la vista mirándola unos segundos. Siempre había tenido algo que hacer y durante ese mes, Gray había seguido indagando en temas cada vez más personales sobre Juvia.
- No lo sé, donde el viento me lleve, supongo – comentó Gray.
- Debe ser emocionante poder viajar sin tener un rumbo fijo.
- A veces es duro. Solemos recorrer rutas de navíos mercantes intentando interceptarlos para el abordaje – comentó sonriendo – ya sabes a lo que me dedico.
- A robar – comentó Juvia sonriendo – eres el mayor ladrón de todos los tiempos.
- ¿Por qué te he robado el corazón? – preguntó sonriendo acariciando la mejilla de Juvia.
- Es la primera vez que he sentido algo así por alguien.
- Tú también estás aprendiendo a ser una buena ladrona – le dijo Gray – me estás robando el corazón.
- He tenido un buen maestro.
Gray miró aquella sonrisa tan hermosa que tenía Juvia viendo como desaparecía lentamente dejando una mirada llena de dudas y miedo.
- ¿Qué ocurre? – preguntó.
- Mañana será el gran baile. Todos los Reyes vendrán a la celebración y… eso incluirá a los Reyes del Reino del hielo.
- ¿Estás preocupada por si no aparecen?
- Al contrario. Sé que vendrán, han confirmado su asistencia.
- ¿Entonces qué te preocupa?
- Me preocupa… que las relaciones no sean cordiales. Desde aquel incidente ninguno de ambos soberanos se ha hablado y…
- Deja que el tema de política lo lleven el Rey y la princesa, tú sólo eres una sirvienta más, disfruta de la fiesta – le sonrió Gray y Juvia trató de sonreír fingiendo ser esa sirvienta a la que no debía importarle lo que ocurriera, pero sí lo hacía, ella era la princesa, tendría que estar allí - ¿Cuándo te marchas Gray?
- Dejemos eso para más tarde – comentó sonriendo.
- Eso quiere decir que te vas pronto. Quizá… ¿Esta noche?
- Mañana – dijo Gray – el barco está arreglado, tenemos suministros y ya hemos estado demasiado tiempo en tierra. No es un buen lugar para un pirata.
- Ya veo. Supongo que esto es una despedida.
- Supongo que sí – comentó Gray acariciando la mejilla de Juvia.
Juvia aguantó como pudo las ganas por llorar. Iba a echar de menos a ese chico que se había colado en su corazón y le contaba sus historias por el mar. Gray al verla tan pensativa intentando aguantar aquella tristeza que la consumía por dentro, se incorporó con lentitud acariciando la mejilla de aquella chica con las yemas de sus dedos.
Su rostro se acercó hacia el de ella en busca de sus labios. Fue un beso lento y dulce, un beso donde ambos únicamente pensaban en la otra persona y dejaban que sus sentimientos salieran a flote por primera vez durante todo este tiempo que habían estado viéndose.
Las manos de Gray bajaron hacia la cintura de Juvia en busca de la cremallera. Cuando sus dedos la encontraron, se dio cuenta que todo aquello estaba mal. Iba a marcharse para no volver, no quería simplemente estar con ella un día y nada más, no era justo para ella.
- Lo siento – susurró – creo que debo irme.
- No te vayas, por favor – susurró Juvia.
- Tengo que hacerlo. Mi vida no está aquí en tierra.
- Lo sé, pero necesitaba intentarlo.
- También lo sé – sonrió Grayl – lo siento Juvia, aún tengo promesas que cumplir. Cuando acabe prometo que volveré a por ti. Voy a mejorar. Cuando volvamos a vernos seré mejor persona, controlaré aún mejor mi magia y prometo que te pediré matrimonio como debe ser. Eres la única mujer que ha conseguido tenerme como lo haces, me he enamorado de ti.
- Vuelve, Gray – le sonrió Juvia – esperaré por ti. Cumple esa misión y vuelve.
- Te lo prometo. El último trabajo y volveré a por ti.
Gray ahora levantado dispuesto a irse, volvió sobre sus pasos hasta volver a besar a Juvia. Contuvo su tristeza guardándola en lo más profundo de su ser y convenciéndose a sí mismo que volvería, sería la última misión que iba a realizar, la última y sería libre para volver con ella. Sintió algo húmedo caer sobre su dedo apoyado en la mejilla de Juvia y supo que ella no se había contenido más, derramaba sus lágrimas por él.
- Volveré – le dijo aun rozando sus labios con los de ella.
Gray se marchó de allí sin echar la mirada atrás, no podía hacerlo, sabía que si miraba atrás se arrepentiría de tener que marcharse, pero no tenía más remedio que hacerlo. La mirada perdida de su hermana estaba clavada en su mente. Cerró los ojos con fuerza evitando llorar y continuó caminando hacia el otro extremo de aquella playa privada en busca de su barco. Al día siguiente surcarían de nuevo en su última misión.
Cuando llegó al barco, Natsu estaba allí esperándole subido a una palmera descansando. Happy siempre le acompañaba, un gato muy hablador que nadie sabía de dónde había salido. Ellos siempre iban juntos.
- ¿Estás bien? – preguntó Natsu al ver a Gray avanzar hacia el barco.
- Sí. ¿Está todo preparado para mañana?
- Por supuesto… para mi desgracia – comentó sintiendo las arcadas volver sólo con pensar de nuevo en el transporte.
- De verdad Natsu que no sé por qué te alistaste a mi tripulación, no soportas los transportes.
- Eras mi mejor amigo, el único que me ayudó y que siempre ha estado conmigo desde que perdí a mis padres. Nadie en el reino de hielo quería estar conmigo, soy el bicho raro.
- Vienes del país del Fuego, es normal que te tuvieran miedo.
- Tú no lo tenías.
- Yo soy otro bicho raro – sonrió Gray – estás a tiempo de retirarte Natsu, esto va a complicarse.
- No voy a irme a ningún lado. Empezamos juntos en esto y lo acabaremos juntos. Hagámoslo de una maldita vez y saquemos a tu hermana.
- Mañana habrá una fiesta en palacio, sólo… hay que entrar, hacer la misión y salir sin ser vistos.
- He estudiado los planos que trajiste. Supongo que tenías razón, esa chica nos ha dado mucha información.
- Sí, lo ha hecho – susurró Gray.
Natsu supo que quizá había metido la pata con sus palabras al ver a Gray tan cabizbajo y melancólico. Enseguida enlazó los hilos de todo aquello para dar con una teoría muy válida.
- Te has enamorado de ella.
- Sí – dijo Gray – pero ya no importa. La misión está por delante. Sólo quiero acabar de una vez. Le he prometido volver cuando acabase aunque…
- No querrá verte cuando sepa que la has traicionado, que la utilizaste para conseguir la información que querías.
- Me odiará. Es el precio que tendré que pagar por mi hermana – dijo caminando hacia el interior del barco.
Natsu no quiso volver a decir nada más. Entendió que su amigo necesitaba estar un rato a solas y dejó que se marchase a su habitación. Aquella noche, Gray soñó con su hermana, con la sonrisa que siempre tenía, con lo decidida que era, soñó con sus padres y lo felices que eran pese a tener que trabajar duramente para alimentarse. Les debía mucho a su familia, demasiado.
Había tomado la decisión más importante de su vida hacía unos meses atrás y ahora no podía retroceder, seguiría hasta el final sin importarle las consecuencias, renunciando al mismo amor si era necesario con tal de conseguir sus objetivos, sacar a su hermana de todo esto.
- Pronto estarás en casa – susurró Gray tumbado en su cama mirando el techo de madera del barco – ya lo verás, Ultear, pronto te encontraré.
