Aquella noche, Gray no pudo pegar ojo. Pensaba en todo lo que había ocurrido en su vida, cómo se deterioraba lentamente hasta lo que quedaba hoy en día. Una vida destruida y sumida en la desesperación por salvar a su hermana. Ni siquiera pensó jamás que el amor pudiera ser para él. Ahora se encontraba entre la espada y la pared. Podía abandonar a su hermana o abandonar a la chica de la que se había enamorado, la decisión era difícil.
Cuando los rayos del sol comenzaron a brillar entrando por su ventana, se resignó y tomó una decisión. Quizá acertada o quizá errónea, pero al menos era una decisión como podía haber sido cualquier otra. Ya no había vuelta atrás, iba a hacer lo que tenía que haber hecho desde hacía un tiempo y que no había podido. Hoy era el día perfecto.
Se incorporó de la cama y caminó descalzo hacia el armario del fondo abriendo sus puertas. Allí en una de las perchas tenía un viejo uniforme de gala de la marina del Reino del hielo. Nunca se lo contó a nadie, ni siquiera a su mejor amigo Natsu, pero él había servido durante un par de años a su país. Tras la muerte de sus padres creyó que era una buena vida, mejor que pescar. Fueron buenos años, pero la tragedia siempre golpeaba una y otra vez a su familia. Cuando su hermana fue arrestada, dejó la vida militar por la de un simple pirata que disfrutaba robando las pertenencias a los demás. Le habría gustado volver a su anterior vida, pero ya no podía, sólo era un pirata cuya cabeza tenía precio en su país.
Cogió la ropa de al lado, sólo por la noche utilizaría una última vez aquella ropa militar para aparentar ser lo que ya no era, un respetado militar al servicio de la defensa de su país. Natsu al verle salir tan temprano se extrañó pero no quiso comentar nada, sabía que algo estaba afectando al carácter de su amigo.
- Movamos el barco - comentó Gray - no quiero que ni siquiera Juvia pueda pensar que aún estamos aquí. Fingiremos habernos marchado.
- De acuerdo, Capitán.
- Izad el velamen y el ancla. Nos vamos de aquí.
Natsu vio en la mirada de Gray aquella intensa melancolía que siempre trataba de ocultar. Sabía desde hacía mucho tiempo que su mejor amigo ocultaba un triste pasado tras aquella máscara de incansable ladrón en los mares. Nunca se atrevió a preguntarle. Lo único que sabía era que había sido pescador y que algo malo ocurrió con su hermana. Jamás quiso importunarle con sus preguntas, así que mantuvo el silencio y no contó nada a la tripulación. Quizá Gray sólo quería mantener a su hermana lejos de esta vida de delincuencia, de esta vida de huida constante.
- Gray... ¿De verdad vas a hacerlo? - le preguntó Natsu al acercarse a él.
- No tengo más remedio.
- Sabes que nunca me he metido en tus asuntos pero... piénsalo, esa chica te importa de verdad. No sé en qué anda metida tu hermana pero... tú no tienes que responsabilizarte por sus acciones.
- No entiendes nada, Natsu. Tengo que hacerlo, créeme que si tuviera otra opción la utilizaría, pero no la tengo. Es herir el corazón de Juvia o perder a mi hermana. Ultear siempre es y será de mi familia, no puedo dejarla abandonada a su suerte. Es la única familia que me queda.
- Si estás tan decidido, entonces te ayudaré.
- Gracias, Natsu.
Al caer la noche, el barco empezó a moverse con lentitud hacia la playa privada escondiéndose entre las sombras. Una gran tormenta se acercaba a costa, las nubes cubrían la poca luz que la luna y las estrellas pudieran ofrecer y Gray suspiró aliviado de que al menos el tiempo estuviera también a su favor.
Se cambió de ropa en su camerino y cuando Natsu le vio salir, supo al momento que Gray siempre le había ocultado un gran secreto, ni siquiera sabía por qué tenía esa ropa, pero empezaba a imaginárselo.
- Qué elegante - exclamó Natsu sonriendo aguantando su mareo como podía.
- Gracias. Esto terminará pronto, te lo prometo.
- No te entretengas. Entra, encuentra lo que buscas y sal sin ser visto. Esperaremos con el barco amarrado aquí hasta que vuelvas y Laxus se ha comprometido a esperarte con el bote en la orilla para traerte hasta el barco. Si consigues llegar al bote, nadie podrá seguirnos. Sus barcos están en el puerto y nosotros cogeremos ventaja si cogemos las corrientes de los arrecifes.
- De acuerdo. Seré rápido entonces.
Laxus ya le esperaba bajando el bote y Gray se subió a él. Una vez en el agua, Laxus remó hasta la orilla y le comentó que le esperaría allí hasta su regreso. Gray le hizo prometerle que si no volvía en veinte minutos, se marchase al barco, quería decir que le habían encontrado y arrestado. Seguramente le ejecutarían por la mañana si eso pasaba.
Gray entró por aquel pasadizo oculto por el que siempre había visto a Juvia salir. Nunca había entrado a él pero si Juvia salía por allí y ella vivía en palacio, debía conducir al interior. Una vez dentro, comprobó que salía a uno de los pasillos, desde allí se podía escuchar la música del salón de baile, todos los altos dignatarios del resto de reinos estarían allí de celebración.
Caminó por el solitario pasillo hasta que un guardia que pasaba por el principal se cruzó con él. Gray se asombró al principio y el guardia se extrañó de ver a alguien allí.
- ¿Qué hace usted por aquí?
- Lo lamento, me he perdido. Salí a tomar un poco el aire y ahora no encuentro el salón de baile - comentó sonriendo.
- Uno de los guardias del comité del Reino del Hielo - exclamó otro guardia al ver su uniforme.
- El salón está por este pasillo a mano derecha.
- Muchas gracias.
- Por favor, reúnase con sus compañeros. Esta zona es privada.
- De acuerdo. Lo lamento.
Caminó dando la espalda a los guardias pero aún así, sabía que no se fiaban de él y le estarían observando hasta que le perdieran de vista. No se giró a mirarles, no quería demostrar que podían desconfiar de él como ya hacían. Al entrar en el salón de baile, buscó por todos los lugares lo que tanto ansiaba encontrar. Al ver a la Reina del Reino del hielo, Gray se quedó unos segundos observándola pero cuando ésta lo vio, sonrió con cierta malicia, lo que hizo que Gray volviera a su trabajo desapareciendo de su vista entre los presentes.
Sabía que la reina podría descubrirle, podría seguirle y no tenía tiempo para lidiar con eso. Le quedaban diez minutos para encontrar lo que buscaba y salir de allí con rapidez.
- ¿Gray? - Escuchó que alguien pronunciaba su nombre y se giró viendo a Juvia tras él. Era lo que le faltaba para distraerse.
Iba a marcharse con alguna excusa cuando la vio envuelta en aquellas prendas tan poco adecuadas para una sirvienta. Juvia estaba impactada de verle allí y Gray sorprendido de no haberse dado cuenta antes de la mentira que había urdido aquella chica a su alrededor.
- ¿Qué haces aquí? Tenías que haberte marchado ya - Gray sonrió como si no se creyese que ella le estaba culpando a él.
- Y tú no deberías andar en finas ropas, si no me equivoco.
- Puedo explicártelo.
- ¿Que me engañaste? - preguntó Gray - Es genial... y pensar que estaba sintiendo algo por ti, sólo eras una mentira.
- Tu tampoco estás limpio de culpa.
- ¿Yo? Al menos no te mentí, siempre te dije quién era en realidad.
- Y por eso mismo no podía decirte quién era.
La gente les miró extrañada y Gray cogió la muñeca de Juvia arrastrándola tras él hacia una de las puertas de cristal que daba a la terraza saliendo de las miradas indiscretas de la gente.
- ¿A qué has venido? Porque ya no me creo ese cuento, Gray.
- Es irónico... he venido a por lo que siempre tuve delante y no fui capaz de ver. Todo habría sido más fácil si me hubieras contado la verdad.
- ¿De qué hablas?
- Lo siento, Juvia.
- ¿Por qué?
- Por esto - le dijo golpeándola en la cabeza para dejarla inconsciente.
Gray la cargó sobre sus hombros y salió intentando no ser visto hacia el pasillo donde estaba el pasadizo. Por suerte para él, tan sólo tuvo que esperar unos segundos a que los guardias continuaran su ronda hacia un pasillo lateral, aprovechando a salir corriendo y entrar en el pasadizo. Laxus le esperaba encima del bote lanzando algunas piedras al agua tratando de sacar la onda perfecta.
- Vámonos - le dijo Gray con rapidez metiendo a la chica en el bote.
- Has sido rápido.
- Y lo habría sido más si no me hubieran mentido este último mes.
El baile no era una idea que le emocionase en particular, nunca había estado en uno y quería verlo, quería saber qué se sentía pero otra parte de ella sabía que ver a los dirigentes del reino del agua quizá no fuera algo grato y beneficioso, pero era la única opción que les quedaba para hablar personalmente con ellos y tratar de restablecer el comercio y las ventajas de las que antes disponían.
Juvia había hablado con todos los dirigentes de los reinos, tan sólo le quedaba el reino del agua. Gracias a Gray sabía que la esposa era quien llevaba todos los asuntos, lo descubrió rápido al ver que sólo ella y su hijo habían venido. La mujer con cierta amabilidad se disculpó por la ausencia de su esposo aludiendo a una grave enfermedad que le había postrado en una cama durante semanas. Ella se ocupaba ahora de los actos sociales acompañada por su hijo Lyon.
Cuando Juvia vio a Lyon, una parte le recordó mucho a Gray. Quizá su cabello era lo único que cambiaba, tan blanco como la nieve misma, como su propia tierra de nacimiento. No había duda que esa mujer y su hijo eran del reino del hielo.
Mientras su padre hablaba con la mujer, Juvia bailó un par de canciones con el príncipe del hielo y conversaron sobre lo gratificante que seria para todos volver a tener esa unión entre sus reinos. Al menos aquel joven parecía tener la misma ambición que ella, volver a una alianza olvidando las rencillas del pasado.
Juvia abrió los ojos con rapidez incorporándose en aquella cama que jamás había visto, moviéndose de un lado a otro tambaleándose, pero no estaba de pie. Extrañada como estaba, miró hacia la ventana viendo el oleaje zarandear el barco con violencia, estaban en mitad del mar, en mitad de una tormenta y era una maldita locura que Gray hubiera salido con ese tiempo. Recordó entonces a Gray, era cierto... la estaba secuestrando.
