Gray odiaba las tormentas cuando navegaban. El agua enfurecida movía el barco de un lado a otro como si fuera una mísera cáscara de una nuez en mitad de un huracán. Durante el tiempo en el pueblo del reino del agua, Gray había conseguido mejorar su talento para la magia de hielo, aún así, intentar congelar toda aquella cantidad de agua habría sido una gran locura, le habría dejado sin poder mágico en poco tiempo.

Natsu no pudo salir de la bodega de carga. De por sí, los viajes tranquilos se le hacían un infierno en un barco que se movía sin parar, durante las tormentas, era aún peor. Con un hombre menos a bordo, Gray como capitán tenía que tomar decisiones más rápidas y tratar de resguardar cualquier cosa que pudiera romperse por el golpe de las olas.

Sting subió como alma que lleva el diablo por el mástil tratando de plegar y sujetar todo el velamen mientras Laxus ordenaba al resto de la tripulación que guardasen todos los barriles de provisiones y pólvora que aún quedaban en cubierta en la bodega de carga evitando que siguieran corriendo por allí. Rogue también ayudó a guardar las velas y bajaron la bandera pirata. Pese a tener todo asegurado, las olas seguían golpeando, dejando el agua correr por la cubierta arrastrando a veces a algún marinero que paraba contra alguna pared lateral del barco y trataba de recuperar la compostura. Era un infierno aquella tormenta.

Mientras todos trataban de controlar el barco y Laxus se ocupaba de no perder el rumbo mirando la brújula y tratando de dominar el timón, Gray aprovechó para bajar a su camerino golpeándose contra las paredes a cada golpe de ola que intentaba derribarle. Estaba preocupado como capitán por sus hombres allí en cubierta, temía que alguno pudiera caerse por la borda y morir ahogado, pero también le preocupaba Juvia, jamás había estado en el mar. La había dejado en su cama tras haberla dejado inconsciente, quizá ni se había levantado aún pero tenía que comprobarlo. Sus hombres al menos sabían cuidarse en el barco y durante las tormentas, no era a la primera que se enfrentaban, sin embargo, Juvia jamás había estado en un lugar así, necesitaba asegurarse que estaba bien y no atemorizada pensando que iban a morir allí.

Al alcanzar la puerta se detuvo unos segundos y sonrió. Juvia... la hija del océano. Quizá nunca hubiera salido de su reino, pero controlaba el agua, las mareas, no podía tener miedo por una tormenta o eso pensó Gray. Aunque se hubiera caído por la borda, el agua la habría obedecido para no ahogarla.

Abrió la puerta con cuidado y le dio el tiempo justo de agachar la cabeza cuando la estatua de mármol con la que siempre sujetaba los planos encima de la robusta mesa de madera salió volando hacia su él. La figura cayó en el pasillo bajo la sorprendida mirada de Gray pero luego sonrió. Alguien se había despertado y no precisamente con buen pie.

- Cálmate - le dijo Gray.

- ¿Que me calme? ¿Tú eres idiota o qué te pasa? Devuélveme inmediatamente a mi casa - le exigió Juvia mientras Gray entraba al cuarto.

- Querrás decir a tu lujoso palacio, ¿no, princesa?

- Sabía que no podía fiarme de ti. Ahora me alegro de haberte mentido. ¿Esto es lo que habías venido a buscar a mis costas? ¿Sólo querías secuestrarme? ¿Qué interés puedes tener en mí?

- Yo... ninguno. Sólo son negocios. Me pidieron que te secuestrase y aquí estás. Claro que me habrías ahorrado mucho tiempo si me hubieras dicho la verdad desde el inicio.

- Y pensar que me caías bien. Sólo eres un farsante.

- No nos equivoquemos, princesa... ésa eras tú. Yo siempre te dije la verdad y sabías que era un pirata rastrero y manipulador.

- Eres despreciable - le dijo Juvia acercándose hacia él.

- No pensabas igual cuando te besaba - le dijo Gray con una gran sonrisa de prepotencia.

- DESGRACIADO - le gritó Juvia abalanzándose contra él.

Gray no tuvo tiempo de esquivar a la chica cuando ambos cayeron al suelo. Gray al sentir a Juvia tumbada sobre su pecho sonrió y le agarró las manos tratando de bloquear su ataque de furia cuando una ola golpeó el casco del barco por el lado derecho mandándolos rodando hacia la pared izquierda de la habitación.

Juvia escondió su rostro en el pecho de Gray mientras éste rodeaba con firmeza la cabeza de Juvia tratando de protegerla de los zarandeos del barco y de los objetos que caían bruscamente sobre ellos. Cuando se detuvieron contra una de las paredes, Juvia alzó el rostro con cautela viendo la cantidad de objetos que habían caído al suelo por aquel último zarandeo que habían sufrido. Se sonrojó al darse cuenta cómo sus manos se habían agarrado con fuerza a la camiseta de Gray pese a que éste aún estaba tendido en el suelo y no se movía.

- ¿Gray? - preguntó Juvia asustada al verse encima del cuerpo inmóvil de aquel chico - GRAY - gritó al ver que no respondía.

Juvia trató de despertarle. Cogió entre sus cálidas manos las tibias mejillas de Gray ladeando su angelical rostro hacia ella para verle mejor. Asustada como estaba, no dejó de mirar por la habitación intentando descubrir entre todo lo que había caído si habría algo para poder despertar a aquel chico. Seguramente se había golpeado en la cabeza con algo cuando rodaron por el suelo entre todo lo que había caído. Juvia no podía dejar de pensar que la había protegido, la había agarrado y acurrucado entre su cuerpo evitando que ella sufriera daño.

Una lágrima salió de sus ojos resbalando por su mejilla hasta golpear contra la de Gray. Sabía que era un pirata, que la había secuestrado por una misión que no entendía pero aún así, pese a estar enfadada con él, le amaba. Le había arrebatado el corazón, se lo había arrancado para dárselo a ese chico que seguramente jamás le daría el suyo.

- Por favor - susurró Juvia apoyando su frente contra la de Gray sin dejar de llorar.

Sentía que su corazón se rompería si le ocurriera algo a ese chico. Quizá poca gente creyese en el primer amor pero Juvia descubrió que existía, el amor que sentía por ese pirata era demasiado intenso, nunca había sentido algo parecido. Sintió una mano rozar su mejilla y abrió los ojos con rapidez encontrándose con aquellos ojos azules tan atractivos que tenía Gray. La sonrisa que le ofrecía hizo que la cólera volviera a ella al sentir que le estaba tomando el pelo.

- Vaya, si aún te preocupas hasta por mí. Eso no lo esperaba.

- Eres un idiota - le gritó Juvia dándole un manotazo.

Juvia se incorporó con rapidez alejándose del fuerte cuerpo de Gray y tratando de poner distancia entre ellos. Gray fue a incorporarse también cuando otra ola golpeó el casco empujando de nuevo a Juvia al suelo chocando contra el pecho de Gray nuevamente, quien, aún sentado en la madera del suelo, abrazó a Juvia evitando que se hiciera daño.

- Ya veo que no puedes vivir sin mí.

Juvia se sonrojó al escuchar las palabras de Gray, al sentir su sonrisa triunfante, al notar la respiración cálida de aquel chico golpeando contra su cuello.

- ¿Por qué, Gray? - susurró Juvia cerca de su oído - Creí que sentías algo por mí. Creí que querías terminar tu último trabajo y volver a por mí. Hablamos de casarnos en secreto, era una locura pero lo había aceptado. ¿Por qué me traicionas?

- Quería casarme contigo - dijo Gray extrañamente triste - Creí que eras una sirvienta, en eso no hay problema.

- ¿Es porque has descubierto que soy princesa?

- Las princesas y los piratas jamás se casan, Juvia - dijo Gray muy convencido - Además de eso... tú te has convertido en mi última misión. Lo siento, creí que podría secuestrar a la princesa y volver para casarme contigo, no esperé que tú fueras mi misión. No puedo hacer ambas cosas, debo elegir entre tú y la misión.

- Y por lo que veo... no soy suficiente comparado a la recompensa de tu misión - se entristeció Juvia.

- No - le dijo Gray con tristeza - Tengo que salir a ayudar a mis compañeros. Quédate aquí y no salgas. Estarás a salvo de la tormenta.

Gray se incorporó con rapidez dejando a Juvia arrodillada en el suelo. Salió del camerino y cerró la puerta tras él antes de dejar resbalar su espalda por la puerta hasta sentarse en el suelo. No esperaba aquella reacción de Juvia, no esperó enamorarse de ella pero no podía volver su decisión atrás.

Juvia gateó hasta la puerta y la rozó con sus dedos sabiendo que Gray se había marchado por allí. Apoyó la mano en ella y lloró agachando el rostro y dejando que las lágrimas se perdieran en aquel suelo de madera. No entendía cómo Gray había cambiado tanto. Se habían amado, se habían prometido tantas cosas y ninguna de ellas se iba a cumplir. Gray al otro lado, tampoco pudo evitar llorar en silencio, dejando por primera vez derramar aquellas lágrimas que tanto le costaba retener. Su felicidad se perdía en aquel momento, empezaba a entender que él jamás podría ser feliz. Perdería a la única mujer a la que había amado de verdad pero era ella o su hermana. Ni siquiera se atrevía a contarle a Juvia todo lo que estaba ocurriendo, prefería hacerle daño, prefería romperle el corazón en mil pedazos y que le odiase a que sintiera lástima por él.

Gray tenía una cosa clara. Juvia le amaba tanto que habría hecho lo que fuera por él. No quería ponerla en peligro, era mejor que le olvidase y siguiera con su vida, era mejor que se alejase de él aunque eso supusiera que tuviera que odiarle. Con el tiempo, Juvia le olvidaría, reharía su vida y sería feliz. Su amor era imposible.

- Lo siento, Juvia - susurró entre sollozos antes de levantarse, secar sus lágrimas y marcharse.