Gray salió hacia la cubierta para ayudar a sus compañeros. Su cabeza no dejaba de dar vueltas al asunto de Juvia, sabía el daño que le estaba haciendo pero no tenía opción. Si ella algún día consiguiera saber la situación en la que estaba metido, quizá entendiera el motivo para alejarla de él. Todo habría sido tan sencillo si sólo hubiera sido una criada, una sirvienta más en ese palacio, pero no, era la princesa y esos sentimientos... les conducían a un amor imposible. Ambos sabían que jamás podrían estar juntos.

- Gray - escuchó que le gritaba Natsu y abrió los ojos mirando hacia la cubierta.

Le dio el tiempo justo de agacharse cuando la botavara pasó por encima de su cabeza sin control alguno. El fuerte viento la empujaba de un lado a otro mientras Natsu trataba de estabilizarla junto a Cobra. Laxus aún trataba de mantener el rumbo frente a un timón que no cesaba su intento por moverse en otra dirección.

Una gigantesca ola golpeó el lado derecho del barco haciendo que todos cayeran hacia la izquierda y la botavara volviera obligando a Gray a agacharse de nuevo. Natsu sin soltar la cuerda se arrastró por el suelo tras el movimiento de la botavara hasta que Gray lo cogió intentando ayudarle a parar aquel mástil que no dejaba de moverse.

- Habría que buscar un lugar donde atracar hasta que aminorase la tormenta- comentó Natsu.

- Por aquí no hay tierra a la vista, Natsu - le dijo Gray - estamos en mitad de la nada.

Una segunda ola golpeó el lado derecho nuevamente provocando que entrase agua por la cubierta y empapase a todos. Gray sacudió la cabeza intentando apartar el agua de sus ojos aunque de su cabello resbalaban aquellas incómodas gotas que le obligaban a cerrar los ojos evitando que la sal los irritase.

- ¿Qué hacemos, capitán? - preguntó Laxus desde el timón - Si seguimos en la tormenta es muy posible que nos toque volver a detenernos para arreglar los destrozos.

- Cambia el rumbo - le dijo Gray - Iremos a favor de la corriente y buscaremos tierra para comprobar los daños.

- A la orden, capitán.

- Eso nos retrasará en la misión - comentó Cobra desde el lateral intentando agarrar también la botavara.

- Lo sé, pero es preferible retrasarnos un poco a perder el barco y no llegar - comentó Gray - Coged cabos y ataros a los mástiles y a las barandillas, no quiero perder a nadie en alguno de los movimientos.

- De acuerdo - exclamaron todos buscando las cuerdas para atarse.

- Natsu, comprueba que todos los nudos estén bien atados - le ordenó Gray.

- A la orden, capitán - dijo Natsu antes de pasar por la cubierta comprobando que todos estuvieran correctamente atados.

Ya tenían todo el barco listo y moviéndose rumbo a tierra, cuando una de las velas se soltó por el fuerte viento que azotaba. Fue Gray quien decidió subir para agarrarla de nuevo antes de que se rompiera. Soltó el nudo de su cuerda pese a que Natsu no estuvo de acuerdo con ello y subió por las pequeñas escaleras del mástil hasta alcanzar la cima. Las cuerdas se movían con violencia por el aire y cuando trató de coger la primera, recibió el latigazo de la cuerda en la mano. Pese al dolor del primer impacto, cuando se acercó de nuevo a la cuerda, creó algo de hielo de su mano agarrando la cuerda y evitando que siguiera moviéndose. Tuvo que agarrar todas y cada una de ellas hasta que la vela quedó perfectamente sujeta de nuevo y bien guardada evitando que la tormenta rasgara la tela.

Ya iba a bajar de allí para agarrarse nuevamente con su cuerda, cuando escuchó el grito asustado de Juvia al verle allí arriba. Desde arriba le gritó que volviera dentro aterrado por la idea de que se cayese por la borda en algún golpe de ola contra el casco del barco.

Juvia no podía creerse que Gray estuviera allí arriba completamente solo por la única razón de atar unas velas. Asustada, se llevó las manos a la boca a punto de llorar por la impotencia de ver el peligro por si se caía y más con esa tormenta que no dejaba de zarandear el barco de un lado al otro. Una de las olas golpeó contra la parte izquierda consiguiendo que Juvia perdiera el equilibrio y cayese al suelo resbalando por el agua de la cubierta hacia la derecha.

Gray trató de bajar lo más rápido que pudo para ir hacia ella y Natsu se levantó de donde estaba agarrado para intentar cogerla. Ambos corrieron todo lo que pudieron hacia ella, Natsu estaba a punto de coger su mano. El chico de fuego sonrió contento de conseguirlo cuando sintió que algo le retenía impidiendo que siguiera avanzando, la cuerda que se había atado le impedía alcanzar su mano y aquello le frustró viendo cómo era Gray sin atarse quien llegaba hasta ella cogiendo su mano pero cayendo los dos por el lado derecho del barco.

- GRAY - gritó Natsu al verle caer por la borda mientras trataba de desatar el nudo de la cuerda.

- No te la quites - le gritó Laxus desde el timón a Natsu - Ya ha caído, la corriente le arrastrará hacia tierra, puede crear hielo y está con Juvia que puede controlar las mareas, que tú vayas ahora te pondrá en peligro a ti. No les encontrarás aunque te tirases tras ellos. Pueden estar ya muy lejos del barco.

Natsu chasqueó los labios enfadado pero sabía que era cierto, cada una de las palabras de Laxus estaba cargada de verdad. Sus dedos dejaron de moverse en el nudo y volvió a su posición. Les buscarían una vez estuviera el barco a salvo y pudieran reanudar el viaje.

A la mañana siguiente, el brillante sol despertó a Gray en la orilla de una playa de blanca y fina arena. Se incorporó con rapidez mirando el horizonte, pero ningún barco se veía. Al menos la tormenta había pasado y sólo esperaba que todos estuvieran bien. Al mover los dedos de su mano, se dio cuenta que estaban agarrados a algo o más bien, a alguien. Sus ojos se fijaron en Juvia dormida en la arena bocabajo, ni siquiera había soltado su mano desde que cayeron.

Sonrió y rozó con el dorso de su mano algún cabello apartándolo de su rostro. Cuando dormía realmente podía olvidarse de aquel fuerte carácter que tenía la chica. Parecía tan dulce que contrarrestaba con aquel fuerte carácter que siempre parecía tener dispuesto a enfrentarse a él. Sabía que era ella quien le habría salvado en el agua y prefirió dejarla descansar un poco más.

Se levantó viendo sus ropas algo desgarradas, ni siquiera Juvia se había librado de que desgarrase parte de su indumentaria. La cogió en brazos aún dormida y la llevó hacia la vegetación que se veía al fondo para apartarla de los intensos rayos del sol. No quería que se quemase si la dejaba allí durmiendo.

Una vez dejó a Juvia descansando, se marchó hacia uno de los árboles y se desvistió dejando la ropa secándose al sol. Sin titubear, se metió completamente desnudo al agua y creó una red de hielo y un arpón para poder pescar. Algo tendrían que comer cuando Juvia despertase y hasta que sus compañeros consiguieran encontrarles. Lo único en lo que podía pensar mientras pescaba era que no deberían estar mucho tiempo en aquella diminuta isla, sus compañeros les encontrarían con rapidez, ambos iban a favor de la corriente, así que no podían estar muy lejos. Además, Cobra era bueno para encontrar a la gente, su habilidad leyendo las mentes y escuchando lo que era imperceptible era completamente increíble.

Juvia se despertó sobresaltada. No podía ver a Gray por ningún lado aunque se calmó al ver su ropa tendida en la rama de un árbol. Eso significaba que estaba vivo aunque se sonrojó al darse cuenta que también significaba que estaba desnudo por ahí.

- De verdad que no tienes vergüenza alguna - susurró Juvia mirando aquella ropa.

No podía dejar de pensar en el cuerpo de Gray. ¿Qué iba a hacer ella cuando le viera por ahí desnudo? Era imposible quitar ese rubor de sus mejillas, tan sólo de pensar en su cuerpo desnudo ya era demasiado. Aún así, seguía sintiéndose tremendamente triste, sabía que aquel sentimiento jamás llegaría a nada. Una princesa jamás podría estar con un simple delincuente, con un pirata.

Se incorporó cuando escuchó el leve sonido de la brisa mover las hojas de algunas palmeras y consiguió ver a Gray completamente desnudo saliendo del agua con un montón de peces clavados en unos arpones. No quiso decir nada pero cuando Gray llegó hasta ella, le comentó que debería quitarse también aquella ropa y secarla al sol antes de que cogiera un resfriado.

- Estoy bien así - comentó Juvia ruborizada tratando de no mirar hacia Gray.

- Te dejaré mi camiseta para que te tapes - le dijo Gray al ver que era por vergüenza - ya debe de estar seca. Vamos... necesitas secar esa ropa.

- De acuerdo - asintió al final.

Tras dejar su ropa en un árbol, se colocó la camiseta de Gray tratando de cubrirse todo lo que pudo con ella. Menos mal que era larga y le llegaba hasta la mitad de sus piernas. Apenas hablaron en todo el día, Juvia se dedicó a buscar algo de leña para la fogata de la noche y Gray estuvo levantando una cabaña con hielo y algunas maderas que consiguió talando de algún árbol caído con un hacha de hielo.

Por la noche una vez consiguieron relajarse y prender la leña que Juvia había traído, se sentaron en el interior de la casa junto al fuego. Gray fue quien pinchó los pescados en unos palos y los dejó cerca del fuego para que fueran cocinándose.

- ¿Por qué te tiraste tras de mí? - preguntó Juvia.

- Una, porque eres mi misión, ya te lo dije. Tengo que llevarte al Reino del hielo.

- ¿Y la segunda? - Preguntó Juvia desanimada.

- Porque te quiero y no soportaría saber que algo malo puede pasarte - le declaró Gray sin más.

- Dijiste que no me querías.

- No podemos estar juntos y lo sabes. Además... sé que me odiarás. Te he sacado de tu hogar, te he mentido, te tengo cautiva en un barco en el que no quieres estar y te llevo al reino enemigo. Créeme que sé muy bien cuánto puedes odiarme.

- Me escaparía contigo una y mil veces, Gray. Es una locura pero si mi madre una vez escapó del reino del agua para ir al del hielo... creo que empiezo a poder entender un poco los motivos por los que pudo hacerlo.

- Nadie sabe qué ocurrió con tu madre, ya te lo dije. La gente sólo especula sobre lo sucedido.

- ¿Qué crees que pasó?

- Es posible que ni siquiera tuviera un amante en el reino del hielo - dijo Gray - es posible que fuera a tratar algún asunto y lo mantuvieran en secreto, no sé, Juvia. Conocí una vez al Rey del hielo y estaba atormentado por la pérdida de su primogénito, amaba a su esposa y cuando falleció, no tuvo más remedio que volver a casarse. Con la muerte de su primogénito, su segundo hijo obtuvo el trono o al menos... es el heredero, lo obtendrá tarde o temprano. No sé qué ocurrió en el pasado, Juvia, pero deberías dejarlo atrás. Vive tu vida como te sientas mejor contigo misma.

- Es fácil para ti, Gray. Puedes elegir dónde ir y qué hacer, eres libre. Yo sólo estoy enjaulada y obligada a hacer lo correcto por mi pueblo. Yo no puedo elegir mi vida.

- Es lo que tiene ser princesa - comentó Gray sonriendo con tristeza - me habría gustado que no lo fueras, pero es un hecho que no podemos cambiar. Jamás podrás estar conmigo.

Gray miró hacia otro lado, no quería ver aquella tristeza en los ojos de Juvia pero tampoco quería que ella pudiera descubrir todo el secreto que guardaba y cargaba a su espalda. No quería involucrarla más en todo aquel asunto de lo que ya estaba. Cuando consiguió mirarla, vio su cuerpo temblar ligeramente mientras veía el pescado cocinarse.

- ¿Tienes frío? - preguntó Gray mirándola.

- Un poco. No estoy acostumbrada a las noches frías fuera del palacio.

- Estamos cerca del país del hielo. El frío empieza a notarse y dentro de poco, todo el paisaje se convertirá en blanco - comentó Gray - la vegetación cambiará, sólo tenemos pinos y cedros, árboles resistentes al frío. Esta isla está al inicio del reino del hielo, por eso la vegetación aún no ha variado, pero el frío empieza a hacerse presente. Ni siquiera es la mitad del frío del que habrá cuando lleguemos a nuestro destino.

Juvia se sorprendió. Ni siquiera entendía cómo alguien podía vivir en un clima tan hostil. Ella no podría soportar tanto frío. Aguantaba las tormentas, la intensa lluvia, la falta de sol pero... el frío era otra cosa. Gray se acercó hacia ella colocándose a su espalda y la abrazó intentando darle calor. Enseguida empezó a dejar de temblar.

- Gray... ¿Puedo pedirte algo?

- Depende de qué.

- Quiero estar contigo.

- Ya te he dicho que no podemos.

- Me refiero... a una noche. Sé que jamás podremos estar juntos así que... al menos déjame llevarme un recuerdo de ti. Déjame saber lo que es sentirse amada al menos una noche en la vida. Jamás volveré a sentirlo cuando me entregues a ese reino. Sólo quiero poder recordarte el resto de mi vida.