Gray la observó atónito frente aquella proposición. Era cierto que se moría de ganas de estar con ella, había ocurrido lo que jamás pensó que le ocurriría a él, se había enamorado pero como solía ocurrir… de la persona equivocada. Por un momento pensó en el futuro, ella tenía razón, todo acabaría en unas horas, en cuanto llegasen al Reino del hielo. Se dio cuenta entonces que no volvería a verla o al menos… no volverían a estar como ahora.

Miró por un segundo la hoguera encendida frente a ellos. Juvia que recostaba su espalda en el pecho de Gray, agachó la mirada también observando aquellos trozos de leña consumirse lentamente. Ambos sabían que aquella noche sería la última en la que estarían juntos, la vida les separaría inevitablemente después de aquello. Gray chasqueó los labios. Tenía tantas ganas de poder contarle todo lo que ocurría a esa chica pero no podía, no quería involucrarla más de lo que ya estaba por su culpa.

Sus ojos pasaron del llameante fuego al oscuro cabello de Juvia que brillaba con los movimientos de la hoguera. Pensó por unos segundos las palabras de la chica. ¿Podía realmente llevarse aquel recuerdo y estar tranquilo? No lo creía, sabía que cuando estuviera con ella se daría aún más cuenta que era la mujer a la que amaba y que su corazón terminaría de romperse cuando tuviera que despedirse de ella. ¿Era mejor llevarse aquel recuerdo o no? Esa era la gran pregunta que se hacía una y otra vez.

- ¿Tanto tienes que pensarlo? – preguntó Juvia sin apartar su mirada de la hoguera.

- ¿Crees que podría olvidarte después de esta noche? – preguntó Gray mirando también la hoguera de nuevo.

- No lo sé, lo que sí sé… es que yo no te olvidaré. Cuando piense en ti quiero recordar algo bueno, quiero poder ser feliz aunque sea sólo en mi pasado.

- Quizá te equivoques – comentó Gray – quizá encuentres otro amor más profundo que este que estamos viviendo, aún puedes ser feliz. Eres muy joven, encontrarás a alguien importante en tu vida.

- Ya lo encontré – susurró Juvia – y aunque la vida se interponga una y otra vez entre nosotros, mi corazón seguirá amándote. De verdad que eres un auténtico pirata – sonrió – ni siquiera me has dejado el corazón, te lo has llevado todo.

Gray colocó sus manos sobre los hombros de Juvia consiguiendo que ésta se girase hacia él sorprendida por aquel brusco contacto. No había hecho más que girarse, cuando Gray unió sus labios con los de ella. Era cierto que Juvia tenía algo de frío, sus mejillas se estaban tornando ligeramente rojas y sus labios estaban fríos, aun así, no era algo que disgustase a Gray en absoluto, estaba acostumbrado al frío y hasta le gustaba.

Su mente no dejaba de pensar si sería lo correcto o sólo sería otro error más en su desastrosa vida, el tiempo lo diría pero no podía dejar las cosas como estaban después de aquellas palabras de Juvia. Le habían llegado hasta lo más profundo de su ser.

No pudo hacer otra cosa que tripas corazón y entregarse por completo a aquella mujer a la que jamás volvería a ver en cuanto la dejase en el Reino del hielo, él ni siquiera quería quedarse allí, pondría mar de por medio y se marcharía lejos. Una de las cosas que jamás podría soportar sería ver a Juvia en brazos de cualquier otro hombre pero eso tarde o temprano ocurriría, era princesa. Seguramente se casaría con algún príncipe o incluso algún Rey. Al menos le quedaba el consuelo de saber que ella sintió lo mismo que él una vez en su vida.

Las manos de Gray bajaron por la cintura de la chica hasta rodearla por completo, tratando de acercarla un poco más a él mientras con su lengua pedía permiso para entrar lamiendo dulcemente aquellos finos labios. Juvia al sentir aquella sensual lengua, abrió la boca dándole paso a su interior, dejándose llevar los dos por aquel juego cómplice.

Juvia se incorporó levemente girando hacia Gray quedando de rodillas frente a él sin separar sus labios de los suyos, acercando sus manos hacia el rostro de Gray. Era tan extrañamente cálido aquel chico. Siempre había escuchado rumores de que los hombres del Reino del hielo eran fríos, incluso su tacto era así, pero era mentira, se daba cuenta al sentir a Gray que seguía siendo un humano más, alguien corriente como cualquier otro. Sonrió al darse cuenta.

- ¿Por qué sonríes? – le preguntó Gray sonriendo.

- Es que… siempre han dicho que los hombres del hielo eráis fríos al tacto, pero no es cierto.

- Sólo son rumores. Por mis venas corre la misma sangre que por las tuyas. Te aseguro que soy muy humano y reacciono igual que cualquier otra persona. Quizá estamos más preparados al frío pero nada más, nuestro cuerpo es cálido, la sangre circula por nuestro interior.

- Mejor para mí, prefiero que puedas darme calor cuando tenga frío y busque acurrucarme en tus brazos.

Gray sonrió antes aquello sintiendo como Juvia rozaba con las yemas de sus dedos las mejillas enrojecidas de Gray. Él jamás pensó que podría sonrojarse por el romanticismo de una mujer. Juvia decidió tomar la iniciativa metiendo las manos bajo su camiseta apartándosela hasta conseguir quitársela por completo. No podía creerse que Gray se hubiera paralizado en aquel momento, jamás esperó que fuera un chico tan dulce.

- ¿Qué te ocurre? – preguntó Juvia – Sabes que puedes meter la mano bajo mi ropa ¿Verdad?

- Yo… - comentó sonrojado.

- Vamos… sé de sobra que no eres virgen, debes de tener una chica en cada puerto esperándote y deseándote, te habrás acostado con más.

- Sí, lo he hecho – comentó mirando hacia otro lado.

- ¿Y entonces? ¿Por qué tan tímido? – preguntó Juvia.

- Quizá… porque eres la única que me ha importado de verdad y no quiero fallarte ni pasarme contigo. Las otras me dejaban hacer cualquier cosa.

- Yo también te lo permito – susurró cerca de sus labios antes de volver a unirlos.

Gray, más decidido esta vez, metió sus manos bajo la chaqueta azul de la chica buscando con cierta timidez sus pechos. Estaba más decidido que antes pero aún así, sabía que esa chica era importante para él, el temor a no ser lo que ella esperaba le echaba un poco hacia atrás. De todas formas, no estaba dispuesto a dejar pasar aquella oportunidad y menos cuando Juvia estaba tomando la iniciativa pese al miedo que sentía por ser su primera vez. Intentaba aparentar seguridad en ella misma, pero a Gray no se le escapaban aquellos temblores que su cuerpo no podía detener.

Respiró con profundidad antes de terminar de recorrer el último trozo de piel que le quedaba hasta alcanzar los pechos de la joven. Eran suaves, los más suaves que jamás había tocado o eso le parecía a él, quizá sólo quería creer eso porque era la primera vez que se había enamorado, la primera vez que disfrutaba de verdad con alguien sin ser simplemente una necesidad como cualquier otra.

Juvia gimió con suavidad entrecerrando los ojos sin soltar los labios de Gray. Sabía que sería la única vez que estarían juntos y quería tener el mejor recuerdo de aquello. Juvia abrió su chaqueta quitándosela para lanzarla junto a la camiseta de Gray antes de bajar las manos hacia sus pantalones. Gray fue quien al ver cómo se había quedado a mitad camino cohibida y avergonzada por lo que estaba pensando, cogió su muñeca terminando de arrastrar la mano de la chica hasta su intimidad apartando el pantalón.

En aquel momento, Juvia no podía estar más roja al contemplar la intimidad de Gray en todo su esplendor. Nunca había visto a un hombre desnudo y que Gray fuera el primero le alegraba. Tampoco ella se había desnudado jamás frente a otras personas que no fueran sus sirvientas. Gray sin embargo, le ayudó a desvestirse con calma y trató de conseguir que dejase la vergüenza a un lado.

Gray metió sus dedos en la boca de Juvia pidiéndole que los lamiera, se moría de ganas de hacerla suya, de tenerla al menos una vez en la vida, de recordarla siempre como era, perfecta. Juvia lo hizo sin rechistar y una vez los ágiles dedos de Gray estuvieron lubricados, los introdujo en la intimidad de ella moviéndolos con destreza, invitando a la chica a que gimiera de placer mientras le insistía en que siguiera masajeando su miembro. Esa chica era totalmente diferente a las demás y lo sabía, con ella no tardaría en llegar a su límite.

Gray apartó la mano de Juvia y cogió su miembro con la mano derecha para conducirlo hacia la entrada. Se introdujo en ella con cuidado y se preocupó al ver el rostro contraído de dolor que ponía la chica. Por mucho que la dilatase, aquella primera vez, los nervios que se sufría y el no estar para nada acostumbrada a ello le pasaba factura, aún así, no tardó mucho tiempo ni muchas embestidas por parte de Gray en ayudarla a relajarse. Cuando Juvia consiguió calmarse y dejó el dolor a un lado, fue capaz de disfrutar como nunca de aquella experiencia nueva. Supo que con Gray siempre sería algo especial, siempre le amaría a él, no podía evitarlo.

Gray fue el primero en llegar en su interior pero no se detuvo sabiendo que Juvia todavía tardaría un poco más. Trató de aguantar todo lo que pudo con aquella erección que quería bajarse hasta que Juvia finalmente llegó a su límite con un gemido que no pudo silenciar.

Agotados, cayeron uno encima del otro dándose calor con el roce de sus propios cuerpos mirando la hoguera iluminar aquella playa. Gray cogió la chaqueta de Juvia pasándola por encima de la chica que se estaba durmiendo encima del pecho de Gray. No pudo evitar sonreír y apartar algún rebelde cabello para ver el dulce rostro relajado de la mujer a la que amaba y a la que le habría entregado completamente todo de él.