Con la vista fija en aquella moqueta grisácea, Juvia escuchaba el caminar de las doncellas a su alrededor. Debía ser el día más feliz de su vida, en cambio sentía como si fuera a caminar hacia una vida de tristeza y melancolía. Las doncellas le insistían en que sonriese, en que era un día especial. Arreglaban su cabello en un bonito recogido y quizá si supiera que le esperaba al otro lado del pasillo el amor de su vida se habría dado el lujo de comprobar en el espejo cómo estaba quedando, pero ni siquiera eso le importaba. Le daba igual el recogido que le hicieran o el maquillaje que pusieran, no podrían ocultar la tristeza en su mirada.
Juvia elevó la mirada viendo por el espejo tras ella aquel vestido blanco que debía ponerse, ese vestido del mismo color que la nieve, demasiado apropiado para el Reino del hielo, lo único que odiaba era no casarse con el hombre al que amaba. Pensaba en Gray, ya debería estar muy lejos de allí.
- Es la hora – comentó una de las doncellas indicándole a Juvia que había que vestirla.
Juvia se levantó de la elegante silla dorada caminando lentamente hacia el maniquí que sostenía aquel elegante vestido que sólo luciría un día antes de volver a la oscuridad de la profundidad de un armario.
Mientras las doncellas terminaban de arreglarla, Juvia se miraba en el espejo frente a ella. Ni siquiera podía reconocerse envuelta en aquellas finas gasas blancas. Veía a una chica maquillada, elegante y con un maravilloso recogido pero con la mirada más triste y perdida que jamás había visto. No estaba segura si iba a una boda o a un funeral.
Caminar se había convertido en un suplicio. El pasillo que estos días le parecía eterno, hoy le resultaba demasiado corto, ni siquiera quería llegar a su destino pero nada se lo impediría. Los soldados miraban sin inmutarse, la veían pasar con su elegante vestido de novia, con aquel velo con el que trataba de ocultar su tristeza sabiendo que nada ni nadie podría impedir aquello. Al menos le quedaba en la mente y en el corazón el sentimiento de haber sido de utilidad y haber ayudado a Gray a salir de allí. Al menos uno de los dos podría tratar de ser feliz.
La inesperada figura de Silver cruzó ante sus ojos. Engalanado prácticamente a Juvia le costó reconocerle. Tan sólo una vez lo había visto por el pasillo como todo un zombie. Los rumores del palacio sonaban por todas las esquinas y no había podido no escuchar aquellos comentarios donde decían que enfermó cuando su hijo falleció, cuando su hijo se perdió y se ahogó bajo aquella masa de hielo, en aquel agua congelada. Sentía tristeza por él cuando le veía, no sabía lo que era perder a un hijo, pero podía imaginarse cómo se habría sentido ella si hubiera perdido al hijo que habría tenido con Gray.
- Lamento lo de su hijo – susurró Juvia al pasar por su lado.
Quizá no debía meter el dedo en la herida, algo así debía doler, debía ser lo más doloroso de la vida. Silver observó en silencio unos segundos que le parecieron horas, aquella joven que había estado deambulando por su palacio los últimos días como si fuera un fantasma, era la chica de la que su hijo se había enamorado y que estaba recorriendo el último pasillo que le separaría para siempre de Gray.
- Aún estás a tiempo de renunciar a esta locura – susurró Silver apartándola del resto de los presentes.
- No puedo – susurró ella sonriendo levemente – tengo que hacerlo.
- ¿Por qué?
- Porque así mantendré a salvo al hombre al que amo.
- Te estás encerrando en vida, Lyon no te ama, tan sólo quiere tu trono, quiere gobernar el Reino del Agua y del Hielo, nada más.
- Lo sé.
- Estás a tiempo de escapar por esa puerta y buscar al hombre al que amas de verdad.
- Si hago eso le pondría en peligro. Todo el Reino del Hielo nos buscaría, todo el Reino del Agua me buscaría a mí, sólo podríamos huir. Eso no es una vida para nadie.
- Él vendrá por ti.
- Ese chico ya está muy lejos de aquí – susurró Juvia sonriendo.
- ¿Por qué estás tan segura?
- Porque es un pirata – le sonrió volviendo a caminar por el pasillo con el ramo de flores fuertemente apretado entre sus manos.
Caminó hacia la gran puerta de roble que se abriría para que diera su último paso. Respiró hondo y se acercó a ella hasta que escuchó a Silver a su espalda sonriendo.
- Eres una chica interesante, Juvia Loxar – comentó – me recuerdas a mi difunta esposa. Empiezo a entender lo que ese chico vio en ti. Tienes carácter y perseverancia.
Juvia ni siquiera quiso girarse a mirar a Silver, sabía que si lo hacía se derrumbaría y no podía permitirse algo así. Debía ser fuerte ahora más que nunca. La puerta se abrió dejando ver a Lyon al otro extremo del pasillo esperando. La sala estaba llena de nobles con sus elegantes esposas que posaron sus ojos inescrutablemente en Juvia cuando empezó a caminar hacia el que iba a ser su esposo.
A mitad del pasillo, olvidándose de la posibilidad de echar marcha atrás, una voz conocida le sacó de sus pensamientos. Se detuvo unos segundos sin atreverse a girarse, creyendo que su imaginación le estaba gastando una de las tantas bromas que solía jugarle. Dio otro paso hacia delante cuando volvió a escuchar el grito nuevamente obligándola a girarse esta vez, encontrándose a Gray a su espalda.
- Juvia, ven conmigo – le comentó desde la robusta puerta de madera al otro extremo de donde estaba Lyon. Le tendía la mano y los presentes se habían quedado atónitos.
- ¿Qué haces aquí? – le preguntó Juvia - ¿Por qué no has huido ya? Deberías estar muy lejos de este sitio.
- No puedo irme sin ti. Dame la mano, Juvia, te llevaré a tu reino de nuevo, te llevaré con tu familia. Vamos, no lo hagas, no tienes por qué casarte con alguien a quien no amas y con el que siempre serás infeliz.
- Apresadle – se escuchó el grito de Lyon detrás de ellos.
Los guardias ante aquella orden empezaron a correr con sus armas en las manos hacia el intruso. Ni siquiera sabían cómo había conseguido entrar teniendo guardias en todas y cada una de las puertas, pero cuando Silver apareció frente a Gray ordenando a todos que cesasen en el intento de apresar a su hijo, se detuvieron.
La sala mantuvo un tenso silencio pese a los rumores que se habían originado al principio cuando Gray había aparecido. Que un pirata estuviera allí tratando de llevarse a la princesa del agua era demasiado extraño para todo el mundo.
- Juvia, podemos estar juntos, confía en mí. Dame la mano, nos vamos de aquí.
- ¿Cómo podría confiar en la palabra de un pirata? – preguntó Juvia con una leve sonrisa.
- Porque me robaste el corazón – le dijo Gray sonriendo – Eres tan pirata como yo. Vamos.
Juvia dudó un segundo perdiendo su mirada en la mano de Gray que la tendía hacia ella. Finalmente, cogiendo la falda de su vestido entre las manos corrió hacia él soltando una de sus manos para agarrar la de Gray cuando estaba por llegar, pese a ello, no consiguió llegar a la mano de su amado. Lyon tiró del brazo de Juvia apartándola de él y desenvainando su espada.
- Suéltala, Lyon – le dijo Gray – ella no te ama.
- ¿Crees que me importa? Sólo necesito su reino.
- Estás demasiado obstinado con conseguir más poder, ya tienes un Reino, no te hace falta otro, hermanito – le dijo Gray.
- No me llames así, tú no eres mi hermano.
- Sabes muy bien quién soy, por eso trataste de que me ejecutasen cuanto antes, querías deshacerte de mí y que nadie supiera jamás la verdad del fantástico plan que tu madre y tú urdisteis en contra de la jerarquía del Reino del hielo.
A medida que Lyon echaba pasos hacia atrás, Gray los daba hacia delante. Sabía perfectamente que la estancia de Lyon en el trono se agotaba, estaba desesperado por mantenerse firme en el trono pero veía cómo se le escapaba. Gray era el primogénito, el que tenía derecho legítimo a su trono, el que le arrebataría el poder. Con Gray allí ya no le quedaba nada.
Lyon se acercó tanto hacia la ventana que Gray se detuvo en su avance, no quería que siguiera caminando su hermano hacia atrás y cayese abajo con Juvia fuertemente agarrada, no podía permitir que ambos cayesen.
- Lyon, piensa con la cabeza. Aléjate de la ventana.
- No te acerques más, Gray. Voy a casarme con ella y conseguiré ambos reinos.
- Abre los ojos, Lyon, no tienes ningún Reino, el Reino del hielo es mío, me pertenece a mí por legitimidad – le dijo Gray – si te casas con Juvia tendrías que mudarte al Reino del Agua, tendrías que esperar a que ella fuera Reina para poder gobernar y sinceramente, dudo que su padre consienta ese matrimonio por conveniencia contigo, no tienes nada que ofrecerle. Si tuvieran que casarla por conveniencia lo harían conmigo por ser el primogénito, por ser el futuro Rey del Hielo.
- Cállate – le gritó Lyon a su hermano.
Lyon estaba tan nervioso en aquel momento, que Juvia vio la oportunidad de alejarse de él. Movió el brazo que la tenía apresada y forcejeó con un alterado Lyon que trataba de mantener su agarre sobre ella para impedir que su hermano se acercase más. Con tantos movimientos bruscos y el hielo que siempre había en las terrazas de toda casa del Reino del Hielo, ambos resbalaron cayendo inevitablemente al vacío. Por suerte para todos ellos, sólo era un primer piso.
Juvia abrió los ojos tras el impacto. Se sentía mareada y observó a su alrededor. Sus manos estaban apoyadas en una placa de hielo, seguramente la del lago que rodeaba la basílica del castillo. Trató de incorporarse pero estaba tan mareada… le dolía tanto la cabeza que fue incapaz de hacerlo. Tocó con sus manos la sien para darse cuenta que estaba sangrando, seguramente por el golpe contra el hielo.
Lyon estaba no muy lejos de ella, tumbado en el suelo también y podía escuchar la voz de Gray acercarse. Se giró hacia la puerta de entrada a la basílica y le vio dar el primer paso al hielo. El ruido del hielo resquebrajándose les hizo asustarse a todos y Gray apartó el pie de la placa alarmado. Era tiempo de deshielo, esas placas debían ser más finas que nunca.
- No te muevas, voy a por ti – le dijo Gray buscando una placa algo más gruesa y pisando con suavidad encima de ella.
- Gray, ten cuidado – le dijo su padre preocupado y es que ya le había perdido una vez según los rumores de esa misma forma.
- Lo tendré – dijo Gray asegurándose de dónde colocaba el pie.
El sonido del hielo rompiéndose bajos sus pies era audible por todo el recinto, los presentes miraban aterrados cómo las grietas empezaban a hacerse visibles en dirección a Juvia y Lyon que trataban de quedarse lo más quietos posibles escuchando el inevitable ruido del hielo.
Gray estaba a punto de llegar cuando el hielo terminó por romperse tirando a Juvia y a Lyon al agua helada bajo la placa. Gray se lanzó metiendo la mano en el agujero que se había abierto tratando de encontrar a ciegas a aquella chica que se ahogaría sin remedio en el agua helada del Reino, en aquella corriente que la impulsaba cada vez más bajo una inmensa placa de hielo sin posibilidad de salir a respirar.
- ¿Gray? – preguntó su padre viendo cómo intentaba quitar la poca capa de nieve para ver bajo ella el hielo tratando de encontrar a Juvia y a su hermano bajo aquella enorme capa.
Para su sorpresa, Natsu apareció no muy lejos de donde él estaba imitándole, tratando de encontrarles.
- Natsu, rompe la placa.
- ¿Estás loco? Caeremos al agua si lo hago.
- Encuéntrala y rompe la placa, puedo crear una de mayor espesor.
Mientras Gray trataba de crear una placa de mayor densidad en uno de los laterales que ya habían registrado, Natsu buscaba desesperadamente a ambos chicos que habían caído.
- Lo tengo – le dijo Natsu viendo al otro lado del hielo a Lyon.
Apoyó la mano en el hielo descongelándolo al aumentar su temperatura corporal hasta que su mano atravesó el hielo agarrando a Lyon para sacarlo. Natsu lo acercó hasta la plataforma que Gray había creado mientras éste seguía buscando como loco bajo la placa. No tuvo apenas ni tiempo de dejar a Lyon cuando Gray le llamó desesperado para que sacase a Juvia, la acababa de encontrar aunque tenía los ojos cerrados y ni siquiera sabía si aún tenía oxígeno.
Natsu se acercó a ella rompiendo el hielo y sacando a Juvia de allí. Gray no pudo evitar abrazarla antes de intentar encontrar su pulso. Aunque débil, aún estaba ahí, lo sentía. Gray sonrió levemente aunque Natsu le insistió en que la soltase, necesitaba entrar en calor urgentemente. Mientras los demás presentes se llevaban a Lyon a la enfermería y seguramente, a prisión cuando despertase, Natsu abrazó a Juvia tratando de que entrase en calor con rapidez gracias a su alta temperatura.
- Gracias, Natsu – le agradeció Gray.
- De nada. Pronto estará bien. Intentaré no quemarle el vestido, no querrás que destruya su vestido de novia – sonrió Natsu y Gray sonrió aún más.
- Si me caso con ella, descartaré ese vestido de inmediato – sonrió – ya ha traído bastante mala suerte, no quiero más en mi boda.
