Hola bueno esre es el último cap de la maratón.
Gracias por los comentarios.
Capítulo dedicado a...
y Matuu2014 y Rose101226 , Liz Cullen Boschetto Belikov
No todas se acercaron pero lo que me gustó es lo que piensan de Victoria por eso son mis dedicatorias.
Gracias por seguirme y también agradezco a todos por seguirme y por sus buenos deseos.
Pov. Bella.
Me desperté y estiré mi brazo intentando sentir algo de calor.
Nada.
Suspiré.
Lo más probable es que en mi subida de presión y por mi molestia con el cuadro de ansiedad, me causara alucinaciones.
Me senté en la cama y de inmediato unas náuseas y ganas de vomitar me hicieron correr al baño y volver mi pobre estómago. Me sentía tan cansada y mareada.
Lo peor de todo era que me había ensuciado mi pijama de ositos.
Hice un puchero y me puse a llorar.
Me sentía muy triste.
Edward, aunque estuviera cabreado conmigo, siempre acariciaba mi espalda y me abrazaba.
¡Maldita sea!
¡Como extrañaba a ese idiota!
Me quité mi pijama y la ropa interior, para después meterme bajo la ducha.
Miré mi bebé, bueno mi vientre algo abultado. Me emocioné. Estaba algo grande para el tiempo que tenía.
Solo tres meses.
Acaricié la pequeña curvatura y recordé como Edward, lo acariciaba cada noche mientras dormía.
Lo extrañaba tanto. Necesitaba a mi esposo.
Anoche, lo sentí tan real... lo sentí tan tangible. Lo deseaba tanto...
- Lamento no poder darte la familia que tanto te mereces, pero vamos a abrazarnos a los planes originales, mi vida- me bañé lentamente y disfruté del momento junto a mi bebé nonato.
Cuando salí, me envolví en el albornoz y busqué mi ropa interior en el estante que tenía en el baño. Me coloqué unas prendas de algodón gris. Salí del baño con una toalla envuelta en mi cuerpo, la toalla era diminuta y como aquí mis padres entraban cuando les daba la gana...
Cuando salí del baño, ver a ese chico en mi habitación, me hizo saltar y que la toalla casi se caiga.
- ¡Jacob!- me apreté mas la toalla al pecho-. Sal de mi habitación ahora- pedí. No se por qué pero no me agradaba.
- Bella, estás hermosa- intentó acercarse, pero se lo impedí.
- Aléjate- coloqué una mano enfrente, pero él lo ignoró.
- Se lo de tu marido y estoy aquí para ti. Sabes que siempre me has encantado. Ahora que ya se van a separar, podemos estar juntos- pasó una mano por mi cintura y me pegó a él.
Nunca me había agradado Jacob, pero me callaba porque era ahijado de mi papá y mi padre lo quería como a un hijo. Es más, nos criaron como hermanos, pero él se fue haciendo ideas y trataba de tocarme y estar más cerca.
Jacob, no era feo. Para ser sinceros, era bastante apuesto, pero jamás sentí nada y cuando se lo hice saber, juró que yo estaría con él.
Ahora mismo, él se desempeñaba como SEAL. Era muy grande y tosco. Sus manos eran extremadamente grandes al igual que sus brazos y demás extremidades.
- No... vete- lo alejé de un empujón y corrí, o eso traté, hasta el vestidor, pero él lo impidió y me tiró en la cama.
- No te hagas la difícil- besó mi hombro y mis ojos se anegaron de lágrimas.
- MAMÁ- grité a todo pulmón y él se alejó. Barrió mi cuerpo con su mirada y sentí repulsión. Me cubrí con las sábanas hasta el pecho.
- Esto no se queda así- advirtió y me encogí en la cama.
Salió de la habitación y cerró la puerta.
Mi respiración estaba errática.
Detestaba a Jacob.
Una de las razones por las que había salido de mi casa, era por él. Como sus padres habían muerto cuando él tenía catorce años, mis padres lo acogieron en casa y vivía con nosotros como uno más. Ahora, viene aqui cada vez que no está en misión. Todo estaba bien, hasta que me empezó a ver de forma distinta.
Lo descubrí varias veces espíandome mientras me bañaba y lo que más me perturbaba era su enorme erección al verme. Me daba mucho asco.
Nada como ver el deseo de Edward hacia mi. Me ruboricé al recordar todo lo que me hacía sentir.
Lo amaba mucho.
La puerta se abrió y mi madre entró agitada. Estaba muy elegante.
- ¿ Por qué gritas? ¿Te duele algo?- negué.
- ¿ Te vas?- me miró apenada.
- Debo irme con tu padre a ver los distintos centros militares con el presidente, cariño- mi rostro palideció.
-¿Jacob, se quedará aquí? - asintió y cerré los ojos-. Me voy a mi apartamento- negó con la cabeza-. Sabes que él no me agrada.
- Ha estado siempre para ti. No seas mal educada. Además se ofreció a cuidarte- ¡claro! Ese quiere cogerme que no es lo mismo.
-Mamá... no- me quejé.
- No te podemos cuidar y no puedes moverte de aquí, así que te quedarás con él. Di órdenes exclusivas de que no te dejaran salir. - me cubrí la cara con ambas manos.
Pero si intentaba algo, lo castraría y le daría su pene a Masha, la adorada perra de mi padre.
- Está bien- ella besó mi cabeza.
Mi padre también se despidió y ambos se marcharon.
Me encerré en mi habitación y sólo le abrí la puerta a las empleadas que me llevaban de comer. Es más, mandé a subir un microondas y una mini nevera.
Me la pasé encerrada casi por dos días y no supe nada de nadie.
¡Vaya amigas tenía!
No sabía nada de ellas.
Suspiré, mis padres me llamaban a diario. También Edward, pero él lo hacía cada dos horas.
Al tercer día, me decidí a contestarle, ya que Jacob, estaba cada vez más pesado y me daba miedo.
-Nena...- me ruboricé al escucharlo.
- Hola, Edward- me acomodé en la cama.
- Mi amor, perdóname por favor. Soy un imbécil. No puedo estar sin ti. Amo verte dormir. Amo que estés embarazada de nuestro bebé. Te amo porque me amas y lo sé ahora. No te miento lo juro. No es por el miedo. Yo a ti te amo y te extraño. Si no me amaras, no hubieses venido corriendo hasta mi cuando te enteraste de mi cuadro de ansiedad. Lamento comportarme como un idiota y sé que me odias ahora y no quieres verme, pero verte dormir no me es suficiente. Quiero sentirte- mis ojos se desbordaron de lágrimas, pero me prohibi perdonarle.
O bueno, que él supiera que lo había perdonado.
-No sé si creerte- sabía que era sincero. Lo notaba en su voz. Cuando él mentía su voz adquiría un tono infantil-. No confías en mi- reproché y lo oí sollozar.
- Lo haré, y recuperaré la tuya lo prometo. Voy a sorprenderte. Te amo- miles de mariposas revoloteaban en mi estómago por sus palabras.
-Adiós, Edward- colgué y empecé a chillar de alegría.
Cuando me calmé, me reprendí por ser tan fácil.
No hice otra cosa que pensar en Edward todo el día y resolví castigarlo y hacer que se arrastrara como un perro por mi perdón.
-Si, eso haremos cariño. Papi, sufrirá, pero sólo un poquito- dijo sonriente, acariciando mi vientre.
***Horas después...
Me desperté por escuchar melodías.
Una vez sentada en la cama, me tallé los ojos y pude escuchar con más claridad.
Bajé de la cama y caminando lentamente, llegué hasta mi terraza. Allí me asomé y me tapé la boca con ambas manos.
Edward, mi Edward, me había traido serenata...
Gracias por leer y el apoyo. Nos leemos después. Gracias por los reviews. Me animan mucho.
Besos.
