Hola!
Creo que hoy es... Dia de Maratón.
Gracias por todos los comentarios. Este capítulo viene bomba y bueno tengo una idea.
Se las digo abajo.
Crepúsculo no me pertenece.
Pov. Bella.
Me dejó.
Me dejó
Me dejó.
- ¡EL MUY MALDITO ME DEJÓ!- grité.
Con manos temblorosas sequé mis lágrimas y luego tomé lo primero que vi- el despertador- y lo tiré hacia la puerta. No me fijé que alguien había entrado.
-¡Calma! ¿Por qué gritas? -preguntó un agitado Carl.
- Me dejó. El muy desgraciado me dejó- caí de rodillas en la alfombra y solté a llorar como una niña de cinco años.
-¡Oh, cielo!- me abrazó y besó mi cabello-. No llores por él- susurró acariciando mi espalda-. No puedo creerlo, después de la serenata y que lo perdonaras... se va. Es un tonto. Pero... ¿como sabes que se fue? Digo... de seguro surgió algo y al verte dormida no quiso despertarte- negué. Ojalá fuese eso.
- No, Carl. Firmó el divorcio y el muy idiota se fue.- me aferré a él.
- Bueno entonces ya no llores más. Piensa en tu bebé. Es lo más importante. Recuerda que no debes alterarte- eso me sacó de mi trance. Me alejé de Carl, lo miré a los ojos.
Luego recordé.
- ¡Mi bebé! -me puse de pie rápidamente.
-¿Por qué lo dices así? - preguntó parándose.
- Tengo cita en menos de cuarenta minutos- dije agitada.
- ¿No era mañana? - asentí y fui a mi vestidor.
- Si, pero Angela llamó y cambió la cita- me limpié las lágrimas que aún tenía en la cara-. Tengo hambre y debo vestirme- tomé un traje gris claro y unas sandalias.
- Voy a decirle a una de las muchachas que te prepare algo para el camino. Yo te llevo. Empieza a vestirte. Tienes diez minutos. Si no estás lista, te llevo como estés- salió de la habitación y corrí al baño.
No pude evitar llorar de nuevo por la culpa de Edward. Lo extrañaba y tras eso se perdería la cita para ver a nuestro hijo. Y se la perdería porque yo no pensaba llamarlo.
Cuando me empecé a vestir, me di cuenta de que tenía mucha sensibilidad en los pechos y que el sujetador me molestaba. Entre otras cosas, la ropa que tenia en éste guardarropa era de hace tres años.
El traje me llegaba a mitad de muslo y gracias a Dios tenía un top que no me apretaba los pechos y con las almohadillas no se me notaban los pezones.
Me sentía mal emocionalmente.
Destrozada.
- BELLA- llamó Carl.
Me apresuré y tomé mi cartilla médica.
- ¡Voy!- me coloqué una diadema gris en el cabello y salí de mi habitación.
-¡Por Dios! Isabella, hazme el favor de maquillarte. Pareces un alma en pena- criticó Carl una vez llegué al estacionamiento.
-No estoy de ánimos- dije y me acerqué para quitarle la bolsa de papel manila que contenía mi desayuno.
-No- la alejó de mi-. Si no estás de ánimo ni para ver a tu hijo bien arreglada, espero que el chiquillo tenga ánimos de que tu lo veas- de mi bolso saqué mi delineador, brillo labial y polvo de cara. Me maquillé rápidamente.
-¿Feliz?- le quité mi desayuno.
-Si- entramos en el auto y yo empecé a desayunar.
- Eres muy grosero- me quejé una vez paró por el semáforo.
- No me importa- gruñó.
No le hablé más en el camino y terminé mi desayuno.
Llegamos al hospital y mientras él aparcaba, yo fui a recepción.
Me anunciaron y fui al elevador.
Carl me alcanzó y subimos al área de los consultorios.
- Eres Isabella ¿cierto?- preguntó la secretaria.
-Si. ¿Ya puedo pasar?- pregunté ansiosa.
-Espere un momento. Por favor tome asiento- asentí y me senté.
Carl estaba a mi lado.
Suspiré.
Quería a Edward aquí. Lo necesitaba tanto...
"Si no le dijiste, no esperes que venga"
Debí llamarlo y decirle.
"¿Y humillarte más? "
Es su hijo.
- Isabella, puedes pasar- Carl me sacó de mi disputa interna.
- Entra conmigo- negó. Me sentía muy vulnerable y no quería estar sola.
- El único que va a entrar allí soy yo. Camina- miré detrás de Carl y vi a Edward. También estaban Carlisle y Esme.
Mis ojos se anegaron de lágrimas, pero con la última gotita de orgullo que me quedaba me giré para que no me viera y entré al consultorio.
- Buenos días, Isabella. Toma asiento- saludó Angie.
- Buenos días- mi voz salió temblorosa- me miró interrogante. Ocupé una de las sillas.
- He estado viendo tu expediente y no me gusta para nada todo lo que está escrito- bajé la mirada. Angela era bastante estricta y decía las cosas como eran.
- Buenos días- entraron Edward y su familia-. Soy Edward Cullen, el padre del bebé- extendió su mano hacia Angie.
- Mucho gusto, Angela- me quedé como una espectadora-.Sólo puede quedarse una persona. - anunció.
- No pienso salir de aquí-Sentenció Carlisle.
- ¿Usted es? - preguntó Angela.
- Carlisle Cullen, no me pienso perder la ecografía. Sigue en lo que estabas, no pienso molestar - puso los ojos en blanco y volvió su atención a mi.
- Como te decía Isabella, según el médico que te atendió hace unos días, tienes la tensión alta y mucho estrés. Antes de que quisieras embarazarte te advertí sobre lo que debías evitar- miró a Edward y él la fulminó con la mirada.
- Ha sido culpa mía- siseó.
- Okay. Vamos a pesarte y a medir tu tensión. - asentí.
Ella se puso de pie.
Me guió hasta la báscula y después de quitarme los zapatos, subí.
- Puedes bajarte- anunció después de anotar mi peso en el expediente-. Ve detrás de la mampara y ponte esta bata- ordenó.
-Está bien.
Iba a tomar la bata, pero lo hizo Edward-. Camina- lo hice. No quería hablar mucho porque no confiaba en mi voz. Me sentía muy vulnerable.
Estando ya detrás de la mampara, me ayudó a vestirme.
-Voy a quemar este traje. Te queda demasiado bien- me ruboricé.
- No vas a quemar nada.
- ¿Y tu sujetador? - negué.
- Me incomoda- chasqueó la lengua.
No quería hablar con él.
Todo indicaba que también estaba molesto. Pero no sabía por qué.
- Mírame- negué y como ya tenía la bata puesta, fui al consultorio.
- Recuestate Isabella - lo hice y ella midió mi tensión-Está alta- bufó.
-Lo siento- la miré a los ojos.
-No te disculpes conmigo. Si no te tranquilizas este bebé y tu pueden sufrir las consecuencias. Te lo dije muchas veces. ¿Sabes lo que puede pasar llegado al parto si es que llegas?- mis ojos se anegaron de lágrimas-. Puedes perder al bebé, puedes irte tu o en el peor de los casos pueden morir ambos. No puedes ser tan irresponsable con esto. - regañó.
-¡¿Por qué le hablas así?!- gruñó Carlisle cabreado.
-¿No era que no iba a hablar? - espetó ella.
-¿Quién rayos te crees para hablarle así? - gruñó Carlisle cabreado.
- Soy su doctora. Ahora ¿o se calla o se va?- lo retó.
-Lo siento -susurró Edward en voz baja.
-No quiero hablarte- me miró dolido, pero su mirada se transformó en una de furia.
- Vas a hacerlo- declaró-. Doctora, sé todos los riesgos y me aseguraré de que no se estrese.
- Bien- dijo fulminando con la mirada a mi suegro.
- Amor, calma- pidió Esme al ver que quería seguir discutiendo con Angie.
- Como te decía Isa. Por favor haz algo que te relaje. Ponte a tejer, no sé... algo.- asentí.
- Está bien- me cubrió con la sábana y subió mi bata hasta mis pechos. Mi pequeño vientre quedó visible.
- ¿Lista para ver al bebé? -Asentí -. Esto está frío- dijo al colocar un poco de gel en mi vientre.
-¡Oh!- gemí por el frío. Así inició mi primera ecografía.
- Eso que está allí, es tu bebé.- miré la pantalla y no entendí nada.
- ¿Dónde? - lo señaló con su dedo. Ahí lo vi. Era hermoso.
-¡Oh por Dios!- exclamó Carlisle.
Estaba muy emocionada.
¡Ese era mi bebé!
- Ahora escucha- todos hicimos silencio y la habitación se llenó con el sonido de mi bebé. Era su corazoncito.
- Gracias, nena- dijo Edward a mi oído con voz ronca y besó mi mejilla. Estaba sobrecogida. Demasiada emoción tenía dentro de mi. Estaba feliz.
- Ahora mismo mide unos siete centímetros y medio y pesa lo mismo que medio plátano. Está sano. Te imprimiré unas fotos y el vídeo lo guardaré en un CD- asentí.
Me pasó unas servilletas para limpiarme el gel y Edward me los quitó y lo limpió él.
- Déjame cuidarte- lo dejé hacer.
Con ayuda de Edward me cambié de ropa y sin dirigirle aún la palabra regresamos con Angela.
- Isabella, debes cuidarte mucho. También tenemos un problema con el peso. Tres quilos por debajo del adecuado para el tiempo que tienes. Debes comer sano. Te puedes dar uno que otro gusto pero nada de alcohol. Para evitar cualquier tipo de molestia evita tomar alimentos con cafeína. Sigue tomando las vitaminas y come sano- pidió.
- Claro- sonreí. Ella me dijo que hiciera algo que me quitará el estrés.
Lo único que se me ocurría era trabajar.
- Lo único que me relaja es trabajar- me enarcó la ceja. Entonces recordé que ella escuchó mi conversación, hace dos meses atrás cuando me enteré de mi embarazo, con mi ahora marido. En ese tiempo, mi jefe.
- Con un jefe como el que tenías no lo creo- bufó.
- Bueno no digo que vaya a trabajar para Edward de nuevo- asintió.
-Apenas sientas que te estresas o te sientes mal, guardas reposo. ¿ok?- asentí.
Nos despedimos de ella y salimos del consultorio lueho de que me asignara una cita para dentro de un mes.
-¿Cómo te fue Bella?- preguntó Carl, sonreí.
- Entre todo muy bien. Escuché su corazón y lo vi- asintió.
- Voy a pagar la consulta- avisó Edward y fue con Carlisle.
- ¡Oh Bella! Estoy tan feliz- confesó Esme y me abrazó-. Se que ya tengo a Anthony, pero me llena de emoción ver a mi nieto allí. Edward estaba contento. Tenía tiempo sin verlo feliz. Anthony quería venir, pero Carlisle no lo dejó. No lo deja hacer nada- puso los ojos en blanco.
- Yo también estoy feliz. Me gustaría contarle a las chicas. No sé nada de ellas. Quiero ir de compras y sé que si no invito a Alice se molestará- Esme bufó.
- Esas no son tus amigas. Ellas siempre han...- se vio interrumpida por una voz muy conocida para mi.
-¡Wow! Tan ardiente como siempre Isa- no lo podía creer.
Era Alec.
- ¡Alec! - Fui hasta él y lo abracé.
- Tiempo sin verte. Estás muy sexy-dijo besando mi mejilla-. Muy hermosa.
-Suelta a mi mujer antes de que te quiebre los brazos...
Oh...
Espero les guste.
La idea la plantearé pronto.
Perdonen los errores.
Esto está bueno. Ya apareció un personaje que para los que han leído Mía y Ardiente Deseo, es un peligro.
Aquí no será la excepción.
Esta maratón va a terminar con una bomba así que esperen las actualizaciones que faltan.
Besitos.
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