Hola.
Bueno seguimos con la segunda parte.
Crepúsculo no me pertenece.
Pov. Bella.
Wow.
Edward estaba celoso y me di cuenta de que se veía tan caliente así. Y a mi también me ponía caliente.
Me tomó por el brazo y me haló-. ¿Quién es el, Bells?- preguntó Alec encarándolo.
-¿Qué parte de que es mi mujer no has entendido?- lo enfrentó Edward.
- Alec, Edward es mi...-mi marido me interrumpió.
-No tienes nada que decirle a este imbécil. Ahora camina- me tomó de la cintura.
-No tienes por qué hablarle así- lo retó Alec.
-¿Y tú quién mierda eres?- preguntó un muy cabreado Edward.
- ¡Edward! Calma- pidió Esme interviniendo.
- Hazle caso a la bella dama, Edward- dijo Alec guiñándole un ojo a Esme y ella se ruborizó.
Oh Alec... ¿en qué te estás metiendo?
Vi a Carlisle tomar a Esme de la cintura en un gesto posesivo.
-Mira niño estúpido, mejor vete antes de que pierda la compostura- lo amenazó.
- ¡No! Yo quiero que me diga quien es- exigió Edward.
- Edward, Alec es mi...-me vi interrumpida de nuevo. Al parecer no podía hablar. Alec se estaba metiendo en problemas por nada.
-Soy su ex novio- palidecí.
-¡Eso no es cierto! - chillé indignada-. Alec por favor ya. Y tu Edward no tienes ningún derecho a reclamarme nada- dije muy molesta-. Y para dejar esto claro, nunca fui novia de Alec.
- No fue y no es, no por falta de interés de mi parte, si no porque ella nunca quiso- dijo Alec.
Si bien yo nunca tuve novio, Alec y yo teníamos historia. También Edward era mi primer beso consentido, Jacob me había besado a la fuerza cuando tenía catorce años y él dieciocho; y Alec también me había besado cuando se me declaró, antes de que pudiera decirle que no.
Sólo vi como Edward estrelló su puño en la cara de Alec-. ¡Oye!- reclamé horrorizada. Me acerqué a ayudar a Alec, pero Carl me detuvo y negó.
- Vamos a casa Isabella- me urgió Carl.
Asentí y empezamos a caminar.
Fuimos rápidamente hasta el ascensor, pero un brazo me detuvo.
-¿A dónde crees que vas?- Edward me haló del brazo-. ¿ Me quieres explicar que te pasa? Estábamos muy bien hace unas horas y ahora no me hablas. Dime que pasa, amor...-mis ojos se anegaron de lágrimas.
- Lo firmaste. Me dejaste- entré al ascensor y Carl, cerró las puertas de este. Cuando Edward quiso reaccionar, ya era tarde.
-No llores- pidió mi segundo padre.
-No puedo evitarlo- me abrazó y las puertas del ascensor volvieron a abrirse-. No quiero ir a casa. Quiero un chocolate y un rollo de canela- asintió.
Me llevó a un café en el que vendían el mejor chocolate caliente de la ciudad.
Quería hablar con alguien y por casualidad me encontré con las chicas. Mi ánimo se elevó. Por lo menos podría hablar con alguien.
- ¡Hola chicas!- saludé y solo recibí de su parte miradas de hastío.
-¡Ah! Tu- dijo Alice con desdén.
- Si. Se que me he apartado, pero es que he tenido muchos problemas y...- empecé a decir y saqué una silla para poder sentarme.
-Pues tú no eres la única que ha tenido problemas. Yo también los tuve y Alice. No te hagas la mártir- espetó Rosalie.
- Pero chicas yo...- intenté decir.
-Eres una pésima amiga. Nosotras quisimos librarte de ese matrimonio y tu no hiciste nada cuando nos echó la vieja esa. Quisimos ayudarte y tu nos pagaste así- Alice se escuchaba muy resentida.
- Lo lamento mucho chicas, lo que pueda hacer ustedes me dicen y yo...- me interrumpió Rosalie.
- La única manera es que dejes a Edward- me puse de pie muy enfadada.
- Él no tiene nada que ver. Esto es entre nosotras- negaron y se pusieron de pie.
- Es él o nosotras, espero que sepas elegir bien- espetó Rosalie y ambas se fueron.
Me quedé en shock.
Yo sabía que me había alejado y que no las había defendido, pero aunque las cosas con Edward hubiesen terminado, eso no quería decir que yo fuese a hacerlo. Es más si me lo hubiesen pedido cuando las cosas estaban bien, no les habría dado el gusto.
No sé por qué no les dije que ya no estaba con él, pero algo me decía que era lo mejor.
-Por fin te libraste de esas perras- dijo Alec sentándose.
Vi a Carl a dos mesas de distancia.
-¿De qué hablas, Alec? - pregunté intrigada y volví a tomar asiento.
- Con permiso- dijo el mesero poniendo un plato con tres rollos de canela y una taza con chocolate caliente.
- Disculpa, pero yo aún no he pedido-dije con una sonrisa y lo vi ruborizarse.
- Eh... um... lo manda el señor de aquella mesa- dijo tímidamente y vi en la dirección que me señalaba.
Era Laurent.
Me hizo una seña y siguió tomando su capuchino.
Puse los ojos en blanco.
- Bueno gracias- sonreí incómoda. De seguro le diría a Edward, que de un momento a otro estaba sacando su lado celoso. Uno que me ponía muy caliente, pero me cabreaba hasta el extremo.
El camarero tomó la orden de Alec y se retiró.
- Como te decía, ambas siempre te tuvieron envidia.- ¿envidia?
No lo entendía. Ella siempre fueron populares y las más bonitas del colegio y la universidad. Yo siempre pasé desapercibida.
- ¿Qué podían envidiarme?- pregunté desconcertada.
- ¿Todavía lo preguntas? - se inclinó en la mesa y yo me acerqué-. A todos les gustaba que no fueses una zorra, nos causabas intriga. Te voy a explicar una cosa. Hay dos tipos de mujeres en el mundo. Las esposas y las amantes. Tu gustabas para una relación seria y ellas para un revolcón. Raley Biers estaba colado por ti al igual que yo. Nos gustaba y me gusta tu dulzura. Ellas se hicieron amigas tuyas para tratar de cambiar la reputación que tenían, y funcionó... con algunos- no lo podía creer.
- No puede ser- dije tratando de comprender.
- Si puede ser- dijo-. Piensa un poco. Recuerda- aconsejó.
Eso hice.
Recordé.
Con razón me hablaron de un día para otro. Luego también recordé todas las cuentas que pagué por ellas. Siempre invitaba yo. Estaba tan cegada por tener amigas que no me di cuenta. Ellas siempre se aprovecharon de mi amistad. Me manipularon a su antojo.
Y su último intento fue con Edward...
Luego recordé que Esme me iba a decir algo de ellas cuando llegó Alec...
-¡Oh Dios!- sollocé de la rabia y molesta sequé mis lágrimas-. No valen la pena- dije.
- Tienes razón- dijo Alec tomando mi mano-. Gracias- dijo al mesero y este, después de dejar su pedido, se marchó.
-Háblame de tu vida- urgí. Necesitaba entretenerme con algo. Olvidar.
Hablamos por un largo rato y antes de marcharnos, me comentó.
- Sabes que yo tengo una empresa en sociedad con Raley y bueno... nuestra secretaria y asistente renunciaron porque una se casó con un jeque y a la otra le urgía cambiar de ciudad. Entonces tu estás tratando de relajarte y bueno quizás te gustaría trabajar para nosotros por un tiempo mientras puedas y así no somos tanto desastre- pidió.
Sabía que no debía aceptar el trabajo porque Edward se enfadarías, sin embargo yo ya no le rendía cuentas. Total. Habíamos firmado el divorcio.
- Está bien- acepté.
- Muchas gracias- sonrió.
Vi a Laurent dirigirse hasta nosotros y dejar un pedazo de servilleta en mi plato vacío.
- Adiós Isabella... Edward me pidió que te diera un mensaje.
"ESTÁS EN PROBLEMAS SWAN"
GRACIAS POR LEERME. LOS QUIERO.
AGRADEZCO SUS COMENTARIOS Y FAVORITOS.
NOS LEEMOS PRONTO...
