Hola.

Espero les guste.

Crepúsculo no me pertenece.

Pov. Bella.

Después de leer la nota una ola de furia me bañó y me puse de pie.

- Nos vemos el lunes entonces- me despedí de Alec y le hice señas a Carl para que nos marcharamos.

Edward se estaba buscando su buena tunda.

Estaba tan cabreada...

¡Por Dios!

¿Con qué derecho venía y me decía que estaba en problemas? Ni que fuese mi padre.

Pero me iba a oir.

- Vamos a casa- desde allí lo llamaría por teléfono y se las cantaría una por una.

Me encantaban sus celos, sin embargo estaban fuera de lugar. Él firmó la demanda de divorcio y ya no tenía derecho sobre mi. Si tenía que verlo sería solo por nuestro hijo. Yo entendía su pasado y todo lo que le hizo esa perra, pero no era justo que yo pagara por ello.

Todo mundo sabía que había perdido mi dignidad por ese idiota. Dejé que me tratara como a una zorra, pero una vez más otra persona se aprovecha de mi.

Ese hombre me manipuló, me hizo enamorarme como una reverenda idiota y ahora firma los papeles del divorcio y se cree con derechos de mandarme a su huele culo para vigilarme.

¡Maldito Idiota!

Pero como amaba a ese idiota...

Caminé rápidamente hasta el auto y me desplomé en el asiento trasero. Estaba harta.

Ya estaba bueno de la Isabella estúpida.

Ya no me guardaría nada.

-Vamos nena, esto es para hacerte más fuerte. Y bueno tu dale hacia adelante. Ya tienes lo que deseabas. Tu bebé. Abrazate a la idea original. Yo estoy contigo- dijo abriendo mi puerta.

- Si, Carl-bajé del auto-. Gracias por todo- sonrió y besó mi coronilla.

- Siempre estaré para ti.- me giré y caminé hasta la puerta-. Isabella tu madre quiere que la llames- asentí. Lo haría más tarde.

Entré a la casa y en la sala de estar, todo despatillado,se encontraba Jacob. Estaba tomando unas cervezas y viendo tv.

Caminé rápidamente y subí las escaleras como una fugitiva en mi propia casa.

¡Ja!

Entré en mi habitación y cerré con llave.

-Por fin llegas- dijo Edward. Estaba acostado en mi cama sin camisa y con el torso desnudo. Se veía tan sexy...

Me abofetee mentalmente y traté de centrarme en lo importante.

-¿Qué haces aquí? - pregunté molesta.

- Lo mismo que tu. Vivo aquí- dijo como si nada y se puso de pie sin importarle estar semi desnudo. Sólo tenía unos boxers negros.

Se veía tan caliente y tras eso tenía una erección muy incitante.

- Eh... T-Tu no vives uhm... aquí- mi voz salió balbuceante y es que ese hombre me ponía muy nerviosa.

De repente, fui muy consciente de mi cuerpo. Mi piel se puso más sensible y sentí ese nudo en mi vientre bajo. Mis pezones se irguieron y sentí que mis pechos pesaban mucho más que lo habitual.

Empezaba a tener mucho calor.

- A menos que regreses a casa, me iré. Tu lugar está conmigo. Yo soy tu marido- que dijera que era su esposa aún, me irritaba.

Tomé los papeles del divorcio y se los tiré.

- No soy tu esposa- espeté-. ¡Ya no! - me giré.

- Así que estabas así por esto- gruñó.

- No estoy de ninguna manera- siseé. Me enfadaba sobre manera que se tomara las cosas tan a la ligera. Me había destrozado y a mi me trataba como a una estúpida.

- Estás enfadada amor y sin ninguna razón- ¡Bien! Ahora yo era la loca que me enfadaba por tonterías. -. Mírame- me volteó y me tomó por ambos brazos y me guió hasta la cama.

Me senté y lo miré a los ojos.

- Lo hice mal. Todo lo he hecho mal. Te acosé y obligué a cambiar tus planes de vida para poder estar contigo, pero no me arrepiento. Bueno si. Me arrepiento de obligarte a casarte conmigo.- sollocé y él acarició mis muslos-. Te amo y quiero que te cases conmigo porque así lo quieras nena. Te obligué a casarte conmigo por nuestro hijo y ahora espero que sepas que yo jamás te quitaría a Amy- solté a llorar y lo abracé.

-Eres mi tonto - lo besé con ansias.

- ¡Eh! ¡Eh!- se alejó dejándome con ganas de más-¿Vas a trabajar con el tal Alec ese?- preguntó. Asentí.

- Si- intenté besarlo, pero se negó.

- ¿Él te pone caliente?- preguntó.

Negué.

-Tu eres el único que me prende- acaricié sus hombros.

-Eres mía- dijo acariciando mis piernas y besando mi cuello-. Eres mi mujer, mi Isabella y la única mujer a la que quiero a mi lado. Yo sé que te pertenezco, pero aún no sé si es recíproco.

Gemí al sentirlo arrancar mis bragas y al deslizar la mano bajo mi traje, palpó mi vagina.

-¡Oh Edward!- gemí y me acerqué más.

-Si. Gime- me quitó el traje y lo tiró a un lado-. Di que eres mía- exigió.

- Soy tuya- lo besé y me apretó más contra su erección.

- Lo sé- me devoró los labios en un beso hambriento y me quitó el top.

- Hazme tuya- rogué abriendo mis piernas.

- Ya lo eres- besó mi cuello y lo sentí masajear mi clítoris con ganas- Tan mojada- mordió mi cuello -siempre lo has sido. Siempre has sido mía- se acostó sobre mi y le quité los boxers.

Lo abracé y lo sentí acariciar mi pierna y enredarla en su cadera.

-Por favor- rogué. Mis manos fueron a su pecho y luego a su trasero.

- Te voy a enseñar a quien perteneces- me penetró de una dola estocada que me dejó sin aire.

Lo había extrañado mucho.

A mi hombre.

Me penetró una y otra vez sin descanso y yo lo besé con ansias cuando el orgasmo me golpeó.

-¡Edward! - grité.

-Mía- me abrazó y besó mi hombro-. Voy a quedarme aquí hasta que regreses conmigo a casa- dijo y acarició mi cabello-. Y te voy a hacer mía hasta que no puedas levantarte ni para ir a trabajar.

-Eres celoso- dije con burla.

- Mucho. Por fin te tengo y sé que no soy lo que esperabas, pero voy a amarte con locura por el resto de mis días y por eso te voy a pedir dos cosas. - asentí acariciando sus cabellos.

- Dime- besé su cuello.

-Permíteme cortejarte y por favor... acepta ir en una cita conmigo...

- Claro que si- lo besé y lo sentí endurecerse.

-Bien... ahora que ya aceptaste ser mi cortejada, no puedes salir con nadie que no sea yo- asentí.

- Tu y tus celos- lo abracé.

- Eres todo lo que he soñado y sin ti me volvería loco- me giró y quedé arriba de él.

- Te amo- volví a decir y lo vi sonreír. Ahora si me creía.

-Y yo a ti- lo escuché gemir y sonreí.

No se por qué, pero recordé mi conversación con Alec sobre Alice y Rosalie.

- Edward... tenías razón sobre Alice y Rosalie- asintió con gesto sombrío.

- Isabella... ese par de arpías nunca te han valorado. Tu eres demasiado ingenua. Ellas, Isabella, querían alejarte de mi. Se que lo hice mal, pero yo a ti te amo. Ellas hace unos meses, sabiendo que yo sentía algo por ti, me propusieron que...- cerró los ojos-... pasara una noche contigo. Pensaban drogarte, pero yo por más desesperado que estuviera no lo iba a hacer. Te quiero bien. De una manera enferma... quizá. Pero no tanto para drogarte y aprovecharme de ti.

¡Maldita sea!

- Malditas...- susurré.

- ¿Recuerdas al hombre que quiso propasarse contigo en esa fiesta de disfraces? - asentí-. Por una buena suma le ofrecieron dañarte y no sé por qué sospechamos que ese tipo estaba enfermo- cubrí mi boca con ambas manos.

-¿Por qué? - pregunté molesta.

- Te odian porque tu tienes algo que ellas no. Eres pura. Estaban hartas de que las compararan contigo. Querían destruir esa esa imagen que todos tienen de ti. Querían destruirte. Te odian porque tienes todo lo que ellas deseaban. Una familia estable, unos padres amorosos y mucho dinero.

Me derrumbé.

No lo podía creer...

Gracias por leerme. Nos leemos pronto.

El martes 19 de mayo cumplo 18 años de edad y bueno por eso hice también está maratón como un regalo para ustedes.

Nos leemos en unos días.

Besos