Holaaaaa.
Lamento mucho la tardanza. Espero les guste el capítulo. Gracias por leerme y por comentar. Estoy feliz por los 510 comentarios que tengo. Yo le debo mucho a esta página y no se preocupen, la voy a terminar. Antes de Navidad.
Entenderé si no comentan como siempre porque yo me lo busqué y voy a asumir las consecuencias. Agradezco su apoyo y espero les siga gustando leerme.
Besos.
Crepúsculo no me pertenece, solo la trama y está registrada en Safe Creative.
Pov. Isabella.
―Vamos a casa- asentí.
Tomé mis pertenencias y seguí a mi marido.
― Hasta mañana muchachos- me despedí y tomé la mano que Edward me tendía.
En el ascensor, el me abrazó y besó mi cabello.
―No sabes cuánto te amo- me sentí muy feliz al escuchar sus dulces palabras y besé sus labios.
―Yo también te amo, Edward- permanecimos así de juntos en ese ascensor.
Salimos de la empresa y fuimos directamente hasta la camioneta.
Allí nos esperaban Carl y Ray. No sé cómo convivían ambos, por lo que sabía no se llevaban nada bien.
Yo sabía que Edward ardía en ganas de despedir a Carl, porque no obedecía sus órdenes. Para ser justos, Carl, solo obedecía las ordenes de Carl y mi padre, ni siquiera las mías.
―Isabella…- lo miré y sonreí.
―Dime- respondí.
―Tu madre me dijo que te pasara a buscar yo mañana, que quiere pasar una tarde de mujeres- dijo esto último mirando a mi dulce marido. Edward, bufó.
―Claro- sonreí.
Entramos al auto y me la pasé todo el camino en el regazo de mi esposo.
Estaba ansiosa por ver a Anthony para que sintiera a su hermanita. Quizás eso le daba algo de alegría. Me sentía muy preocupad por mi hijo. No sé cómo ayudarlo y necesito hacerlo.
Veía a Esme igual de preocupada que yo.
Anthony no se hablaba con jóvenes de su edad y les rehuía a las chicas.
Y… ¿si era gay?
No me sorprendería y tampoco lo repudiaría. Entendía que odiara a las mujeres debido a la puta que tuvo por madre y que abuso de él por tanto tiempo solo por su parentesco con Ed.
Llegamos a casa y me recibió mi hijo. Estaba en el túnel blanco que tanto odiaba.
―Hola, mamá- besó mi mejilla y me abrazó. Sonreí-. Me enteré de lo que hizo Biers.
―No me sorprende.- se echó a reír.
―creo que está enamorado de ti- me encogí de hombros.
―No puedo hacer nada, yo amo a mi marido- miré hacia atrás y le guiñé el ojo a un pegado de sí mismo, Edward-. Estaba pensando algunas cosas, Tony- lo miré y sonreí.
― ¿Qué cosas?- preguntó con cautela. Ya estábamos en la sala de estar.
―deberías estudiar otra cosa o salir más. Practicar alguna disciplina que te guste. No se…- me senté en el sofá. Edward, se acomodó a mi lado.
―Practico cuatro disciplinas, hablo…- lo pensó-. Seis idiomas. Ya estoy graduado de la universidad. No quiero volver- me recosté en el sofá y puse mis piernas sobre las de Edward.
Este niño era imposible.
― ¿Algún instrumento?- pregunté cada vez más irritada.
―Para ser sincero, no me gustan, pero Victoria me obligó a aprender a tocar todos los que tocaba papá- Asi que sabía tocar el piano, el arpa, violín y el saxofón-. ¿Por qué no haces la pregunta de una vez?- me ruboricé-. No soy gay- se puso de pie y se acercó al sofá en el que estábamos Edward y yo. Mi marido no decía nada. Como siempre que yo hablaba con Anthony.
― ¿entonces?- pregunté muy preocupada. Hizo una mueca y tomó mi mano. Se sentó en el sofá y se acomodó de tal manera que quedó con su cabeza en mi panza. Edward le acaricio el cabello.
― solamente estoy muy jodido- fue su escueta respuesta y para mí fue suficiente.
―Okay… ya encontraré algo que puedas hacer- me incliné y besé su frente.
―Anthony, yo creo que debes ser un poco más sociable- fue lo que dijo Edward.
En ese momento la pequeña Amy pateó. Anthony me miró y sonrió.
―está bien, lo intentaré- se volvió a recostar sobre mi panza y tomó m mano para que acariciara su cabello. Me recosté en el pecho de Edward y el besó mi mejilla. Si decía que estaba tranquila, era mentira. Había muchas cosas que me preocupaban y entre ellas estaba que sentía que Victoria estaba tramando algo muy malo en contra de todos nosotros. No me gustaba para nada no saber de ella y menos estos días. Que no hiciera nada, me tenía de los nervios.
También estaba Anthony y su autoexclusión de la sociedad.
La situación con mi padre me tenía un poco deprimida, pero no se lo decía a Edward, aunque sabía que él lo sospechaba.
Aun no comprendía su proceder, pero me puse en su lugar o eso intenté y me di cuenta de que si Amy o Anthony estuvieran corriendo peligro yo también me sentiría mal y les pediría que se alejaran del peligro. El único y gran problema es que yo solo podía hablar o referirme a los inquietantes "quizás". No había más.
En eso mi móvil registra una llamada entrante. Antes de que pueda intentar siquiera tomarlo, Edward ya lo tenía. Con cuidado aparté la cabeza de Anthony de mi barriga y me enderecé en el asiento. Lo observé fruncir el ceño y darme el móvil. Lo tomé y observé en la pantalla un número desconocido.
Contesté y lo dejé en altavoz, no tenía nada que esconder.
― ¿Hola?- no sabía que podía estar pasando.
― ¡Isabella! No sabes cuánto me había costado contactar contigo, chica- abrí los ojos como platos. No lo podía creer. ¡No lo podía creer!
― ¡Leah!- chillé y me puse de pie. Ella era una de mis amigas de infancia y teníamos comunicación antes de que mi adorado tormento esmeralda, me quitara mi teléfono anterior.
― ¡Si!- chilló también. Ella era como una hermana y siempre estuvo conmigo. Nos alejamos un poco por culpa de mi relación con las chicas y también por cuestiones de trabajo. Ella odiaba a muerte a Alice y a Rosalie y hasta tuvieron sus haladas de greñas.
Me alejé de ellos y quité el altavoz del teléfono.
― Isabella…- me giré y observé a Edward. Me hizo unas señas con las manos para indicar que no comprendía lo que sucedía. Observé a Anthony tomar su propio móvil y teclear unas cuantas cosas. Le mostró el móvil a Edward. Puse los ojos en blanco y seguí mi camino hasta la habitación.
Yo no podía competir contra dos niños superdotados.
―Cuanto tiempo- dije subiendo las escaleras.
―Sí, lamento la discusión de hace unos meses. Sabes que ellas no me agradan y bueno extraño a mi amiga y quisiera que… bueno volviéramos a ser amigas como antes. Te juro que no vuelvo a molestarte con peleas con ellas- me sentí tan culpable. Yo había alejado a Leah, mi amiga de toda la infancia por la culpa de esas víboras.
― Yo te pido disculpas a ti. Ellas no son buenas. Me di cuenta recientemente. Lo siento yo también. ¿Podemos volver a ser amigas como antes?- pregunté con un nudo en la garganta.
―Claro que sí…- hubo un brevísimo silencio-. Oye… ¿Quién era ese hombre que te llamó hace un momento?- preguntó y me ruboricé. Ella siempre me había dicho que Edward le parecía el hombre perfecto para mí.
―Edward- fue lo único que dije. Al parecer ella no sabía nada-. Mi ex jefe y ahora marido- tuve que apartar el teléfono de mi oreja por la potencia de su chillido.
―Lo sabía. Te lo dije Bells. Ese es tu lugar… ¡ah, mierda!- gritó. De seguro se había golpeado-Me acabo de chocar con un hombre mega caliente, Bella- me reí. -. Vuelo 4025 con destino a Massachusetts, por favor abordar por el ala este- me acosté en la cama con cuidado-. Estoy en el aeropuerto, acabo de llegar pensaba que podíamos reunirnos. ¿Qué te parece?- preguntó.
― Vale perfecto, nos vemos dentro de… ¿dos horas?- dije poniéndome de pie.
―perfecto. Nos vemos ahora. Voy a buscar a Natassha- sonreí. Natassha es la hermana menor de Leah. Ella tiene diecisiete años y sufre de autismo-. Por eso vine. Me enteré de que su última nana, la maltrataba y la hacía pasar hambre. Mis padres están ilocalizables y no puedo permitir que la sigan lastimando- sollozó.
Me quedé de piedra. No podía creer que le hicieran daño a una chica como Naty. Con solo recordar lo que le hicieron tanto a Edward y a Anthony, me di cuenta de que la crueldad era demasiado grande.
Acaricié mi vientre y lancé una plegaria silenciosa porque mi beba estuviera bien.
―Te entiendo perfectamente. Si quieres te acompaño a buscarla- ofrecí yendo hasta el vestidor.
―No, mejor… nos vemos las tres dentro de dos horas- dijo.
―Vale, entonces nos vemos en la cafetería de siempre. Bye- colgué el teléfono y busqué algo que ponerme.
Encontré una blusa blanca, que en la parte del busto estaba hecha de encaje blanco, tenía tirantes delgados y caía graciosamente sobre mi vientre. La combiné con unos vaqueros rasgados y unas bailarinas azules.
Me acerqué al gran espejo que predominaba la estancia y me vi de distintos ángulos. Me sentía linda.
Sonreí al sentir la presencia de mi adorado esposo. Estaba detrás de mí y en las manos cargaba un abrigo azul. Me ayudó a ponérmelo. Reposó sus manos en mis hombros y besó mi sien.
― ¿Reunión de chicas?- preguntó.
― Si, acaba de llegar y teníamos tiempo de no vernos- me abrazó y acarició mi vientre-. Siempre le caíste bien, no sé por qué. Puso los ojos en blanco y me giró.
―Cuídate mucho y por favor no te separes de Carl- asentí.
Besé sus labios y él tomó mi mano.
Me ayudó a bajar las escaleras fui a la sala por mi bolso.
Allí estaba Anthony desparramado en el sofá jugando con su celular. Uno que él mismo había hecho.
―Voy contigo- dijo poniéndose de pie.
―Si yo no voy, tu no vas- dijo Edward. Sonreí.
―Te llevo otro día, además tenemos muchas cosas de que hablar- me acerque y besé su mejilla-. Te quiero.
Edward me tomó de la mano y me guió hasta las escaleras. Yo podía amar la casa de Edward, pero ese maldito túnel blanco lo odiaba.
Estábamos por terminar de bajar las escaleras, cuando escuché a una muy molesta Esme, gritarle a Carlisle.
― ¡Ya está bueno, Carlisle!- gritó-. No voy a tolerar esto. No.- él intentó tomarla de la mano, pero ella se soltó y le dijo entre dientes-. No me toques- estaba asombrada. Esme, por lo general, siempre era un mujer tranquila, verlos discutir era algo extraño.
―Te toco todo lo que quiera- dijo también enfadado Carlisle-. Eres mi mujer y no puedes hablar con otros hombres- ella hizo una mueca.
―Puedo ser tu mujer, pero antes de serlo, era Esmerald Platt y lo sigo siendo- se giró y caminó hasta la escalera-. Tengo una vida y amigos. Eleazar es uno de ellos y está mal porque murió Carmen- dijo dándole la cara-. No puedo creer que seas así de insensible- puso los brazos en jarras.
Por el rabillo del ojo pude observar a Anthony. Estaba poniéndose una chamarra. Al parecer se iba a ir.
―no soy insensible, simple y llanamente no puedo verte cerca de ese. Es como si me traicionaras. – dijo bajando la mirada.
―Nunca te he traicionado, Carlisle- dijo Esme mirándolo a los ojos-. Tienes que confiar en mi- bajó la mirada se giró.
Decidí que era el momento de irme, no quería llegar tarde.
―Anthony… nos vamos- dijo Esme.
Él ni corto ni perezoso la siguió.
― ¿Qué?- preguntó Carlisle-. No hemos terminado de hablar Esme- dijo Carlisle.
―Bueno… yo… tengo que ir a la oficina- dijo Edward con la intención de huir.
Esme ya no estaba a la vista, al igual que Anthony.
― ¡Bien! ¡Déjenme solo! – gritó fuera de sí.
**********Dos horas después…
Estaba sentada esperando a que ella llegara. Por lo que sabía Esme y Anthony, se habían ido de compras y Edward se fue a su oficina.
Lo único que no me gustaba de que el fuera a su oficina es que allí estaba Tanya. ¡Argh!
Leah llegó junto con Natassha y yo me puse de pie. Cuando me vio abrió los ojos como platos y me abrazó.
― No pensé que ya estuviera en camino- dijo cuándo nos separamos y acarició mi vientre.
―Sí, ya está en camino. Es una niña- ella sonrió.
―Yo te dije que tu primer hijo iba a ser una niña, tú de necia decías que querías un varoncito. Quizás después- me guiñó un ojo.
Sonreí al recordar que yo sentía que era un varoncito. Aún recuerdo ver la proyección de un varoncito en El Mall de Edward. También el video de Edward cuando era un bebé. Esa imagen nunca se me iba a olvidar.
―Sí, quizás después- de la nada Naty, se acercó a mí y me tocó la cara.
―Bella…- sonreí estiré la mano e intenté acariciar el suyo. Milagrosamente me lo permitió. Ella tenía sus días en los que permitía que la tocaran y otros en los que no.
Todas tomamos asiento y pedimos los de siempre. El chocolate caliente con los rollos de canela.
― ¿Regresaste por Naty o por otra cosa?- pregunté.
Tomó un trago de su chocolate y yo la imité-. También por Naty, es que me ofrecieron trabajo en Vulturi & Biers como su gerente de marketing y es algo que no puedo rechazar. También vine a hacerme cargo de Natassha.
Acarició el cabello de su hermana.
―Yo también estoy trabajando con los muchachos, me pidieron que los ayudara y eso hago, pero ese Riley me está sacando se mis casillas. – ella asintió.
―Siempre estuvo colado por ti- me encogí de hombros.
―Yo solo tengo ojos para Edward- le hice saber.
― ¿Todavía… trabaja Carl para tu padre?- preguntó como quien no quiere la cosa y sonreí picara. Esos dos tenían su historia.
―Si. Él está encargado de mi seguridad y no se lleva nada bien con Edward… ¿por qué?- pregunté.
―No, por nada…- la miré inquisitivamente. Presencié el momento justo en el que se rindió-. ¡Bien! Es que aún siento algo por él- se llevó ambas manos al rostro.
Yo sabía que ella sentía algo por él y también veía las miradas de Carl hacia ella. Era algo de locos, pero era de ellos. Nunca supe por qué de la nada ellos ya no se hablaban ni se miraban.
― ¿Ustedes tuvieron algo, cierto?- ella asintió.
―Sí, pero él me dejó. Es un hombre muy celoso y sabes que Garrett estaba rondándome por ese tiempo y mis padres querían casarme con él. Era todo un enredo.- se llevó ambas manos a la cara-. Después de él ya no me he sentido igual… mi matrimonio con Garrett fue un desastre y por fin logré separarme de ese loco. Esa es la otra razón por la que regresé Isabella. Quiero alejarme de todo ese infierno- asentí.
―Te entiendo…- tomé su mano.
―Sí, fue un verdadero infierno… me golpeaba y como estaba obsesionado me obligaba a estar con él. Me volvió temerosa y nerviosa. No puedo con él. Gracias a Dios ya se acabó. Lo denuncié y me concedieron el divorcio. Está detenido, pero no creo que por mucho tiempo- secó una de sus lágrimas.-. Ya está bueno de hablar de mí.-. Dijo hablando sorbiendo su nariz en una servilleta-. ¿Cómo es eso que te casaste con tu jefe?- preguntó picara.
―Bueno… me iba a hacer la inseminación y bueno me la hice, pero él compró el laboratorio y me inseminaron con su esperma. Ahh… se me olvidaba. En una fiesta en Londres, que era de disfraces, me acosté con él y hace unos días me confesó que el rompió el condón y bueno… ahora estoy esperando a su hija- ella sonrió.
―Wow. Eso sí que es una locura.- asentí.
―Estoy por casarme de nuevo con él porque en muy poco tiempo nos hemos peleado un montón de veces y bueno… es una relación problemática. Ahora mi padre no me habla porque considera a Edward un peligro y bueno… estamos distanciados.
―Charlie siempre es un poco cerrado, pero ya va a entender- asentí.
Eso esperaba.
**********Horas después…
Estaba en el auto con Carl, se lo veía molesto.
― ¿Por qué terminaste con Leah?- pregunté.
― No es asunto tuyo- siseó.
―Pues por tus celos, pasó un infierno- lo miré mal.
― ¿De qué hablas?- preguntó cuándo aparcó en la casa.
―No es asunto tuyo- respondí de mala manera. Él se giró en el asiento y me increpó.
― ¿Qué le pasó a Leah?- bajé la mirada a mis manos.
― Se casó con Garrett y sufrió toda clase de maltratos. Si no hubieras sido un idiota y la hubieras escuchado, ella no hubiese sufrido todo lo que sufrió- negué con la cabeza-. Quizás debas hablar con ella- él asintió.
Me bajé del auto y me encontré con Edward en la entrada de la casa. Como siempre me ayudaba a pasar por el túnel del terror.
Me reí por mi invención.
―Si no te importa, Bella, voy a salir- dijo Carl y yo asentí.
Junto a mi marido, entré nuevamente en la casa.
―Te extrañé- dijo besando mi cuello.
― Yo a ti- besé su mejilla.
Entramos a la casa y nos encontramos con Ray y alguno de los muchachos limpiando un desastre que había en la sala.
En uno de los sillones, estaba Carlisle, con una botella de ron y escuchaba música con sus auriculares.
― ¿Qué pasó aquí?- pregunté.
Ray se acercó y nos dijo por lo bajo.
―Apenas se fueron empezó a hacer desastre y luego nos ordenó que limpiáramos todo el desastre. Por poco y nos tira balazos- puse los ojos en blanco.
Ya me imaginaba lo que diría Esme.
―Dejen eso así. Que mi madre vea lo que hizo- ordenó Edward.
―Pero…- traté de intervenir.
―Nada… siempre hace lo mismo cuando se molesta con mamá. Ya está bueno- me tomó de la mano y me guió hasta la habitación-. Tu y yo tenemos que hacer- dijo besando mis labios.
No podía negar que me encantaba tener que hacer cosas con Edward…
