Mabel extrañaba mucho su vida en Gravity Falls, ella todavía no podía creer todas las aventuras que había disfrutado. Cada momento, cada risa, cada problema que resolvió junto con su hermano, su tío y todas las personas con las que formo un gran lazo.

Comenzó a sentir algo de culpa debido a que recordaba que por poco ayudo a provocar la victoria de Bill, se había encerrado en una melancolía tremenda cuando Dipper le dijo que se quedaría en Gravity Falls y que la abandonaría. Es cierto que en ese momento, y todavía aun, no le parecía la idea, pero su comportamiento por poco destruye el mundo. Dipper la necesitaba para hacer frente a Bill, y no existía forma de que ella pudiera dejar a su hermano solo en ese problema y en cualquier otro, pasara lo que pasara.

Pero todo se solucionó al final, la despedida de sus amigos fue triste, y por poco toma la impulsiva decisión de encoger y llevarse a su tío y a varios amigos, afortunadamente no lo hizo, tal vez de alguna manera Mabel en ese gran verano había madurado un poco.

Quedo muy contenta porque su hermano le dijo que se quedaría con ella, que no iría con el tío Ford. Si tenía a su hermano favorito lo demás era secundario. Y aún más contenta porque recupero la alegría de tener 13 y entrar a la secundaria, ya no tenía tanto miedo a crecer, todo ese miedo se había por fin vuelto a trasformar en una gran oportunidad para ella. Nuevas personas que podría conocer, nuevos amigos, nuevas aventuras y nuevos problemas, disfrutaría de cada una de esas cosas con gran entusiasmo, para ella eso era la vida, una enorme oportunidad de aventuras.

Era el primer día de clases. Se puso su mejor ropa, junto con su característico suéter. Entro a la escuela y de verdad era muy bonita, vio colores muy vividos, no parecía una escuela aburrida como muchas de las que veía en televisión. Recorrió varios pasillos de la escuela explorando cada centímetro de aquella.

Observo a todos los chicos y chicas que pasaban a su alrededor, se podía ver fácilmente cuales eran de primer grado, era su cara de gran asombro que los diferenciaba del resto, Mabel se preguntó si ella tenía la misma cara.

De repente observo a un chico que al parecer también era de primero, caminaba en dirección contraria a ella, lo miro discretamente. Este tenía una mirada distinta a todos los demás estudiantes que había visto hasta ese momento, si bien también tenía una cara de asombro, Mabel notaba cierta serenidad que le pareció al que tenía en ratos Dipper. Siguió caminando, y mirándolo discretamente, lo miro tanto que no se dio cuenta hacia donde caminaba por lo que choco con su hermano.

– Tierra a Mabel, ¿dónde estabas?, te estado buscando desde la mañana, faltaste a nuestra primera clase. Pero vamos ya tenemos que entrar a la segunda – Sermoneo Dipper.

– ¿Ah?, Hola Dipper – Sonrió Mabel – Discúlpame pero tenía que conocer toda la escuela, la verdad es muy fantástica.

– Si Mabel, ya me di cuenta que estas disfrutando la vista – dijo pícaramente Dipper – Mira ya suponía que te quedarías paseando por la escuela, pero recuerda Mabel esto es la secundaria y no será fácil como antes, tenemos que estudiar mas.

– Por supuesto, y lo hare pero no sin antes divertirme – decía sonriente Mabel – Pero por el momento tienes razón ya es hora de ir a clase.

Entro al salón de clases junto con su hermano, al parecer la maestra ya había comenzado a dar la clase y Dipper había ido a buscarla. Tomo asiento pero de repente se dio cuenta de algo, el chico misterioso que vio en el pasillo estaba sentado a un lado. Esto era el destino que de seguro decía que el seria suyo.

La clase continuo, era de matemáticas, Mabel no era muy buena en matemáticas pero tampoco muy mala, ella continúo poniendo atención a la profesora, pero de repente escucho que alguien le hablaba.

– Pssss, ¡Hey! ¡Hola! , ¿no se te hace aburridísima la clase? – era el chavo misterioso. No podía dudarlo, fue el primer chico que le absorbió enormemente la atención, lo había encontrado en su misma clase y ahora pasarían tiempo con el platicando, esto de seguro era el destino.

– ¡Ah! Si aburridísima – dijo Mabel.

– Me llamo Roberto.

– Yo soy Mabel.

– No te había visto, eres de primero ¿verdad? - dijo Roberto.

– Si, claro, espera, ¿tú no lo eres? – dijo Mabel.

– No.

– ¿Qué haces aquí entonces?, esta clase solo es de primero.

– A reprobé la materia, así que la estoy volviendo a cursar.

– "Entonces era eso, eso en su mirada, parece que él es un chico malo, eso me gusta" – pensó Mabel.

– Oye eres un chico malo, ¿verdad?, deberíamos salir alguna vez – dijo Mabel muy entusiasmada.

– Órale tu sí que eres muy aventada, claro sería divertido pasar tiempo juntos, es mas ¿qué te parece si nos escapamos ahorita? – propuso Roberto.

– Eso sí que sería una gran travesura por supuesto que lo hare.

– Entonces pon atención.

Roberto saco discretamente un celular de su mochila, luego marco un número y espero. En ese momento el celular de la maestra sonó por lo que salió del salón para contestar el teléfono. Mabel observo como al contestar el teléfono Roberto susurraba palabras comunicándose con la maestra. Después de un rato Roberto colgó el teléfono y la maestra entro muy apresurada y con una evidente preocupación en el rostro.

Lo siento muchachos, pero voy a tener que ocuparme unos minutos necesito revisar algo, por favor sigan estudiando y resuelvan los problemas 1.12, 1.13 y 1.15, vuelvo en seguida –dijo la maestra con un tono de preocupación en su voz enseguida de que salía apresurada del salón.

– ¿¡Que hiciste!? – Mabel si que estaba sorprendida, de verdad ese chico tenía límites más amplios de los que Mabel pensó en un principio.

– Descuida, solo le he dicho que había un incendio en su casa – dijo Roberto muy relajado.

– ¡Vaya!, pero es mentira ¿verdad? – Mabel se preocupó un poco más.

– Si claro, jaja, solo se lo dije para que pudiéramos salir de aquí, vamos no hay tiempo que perder – contesto Roberto.

– Si vamos – dijo Mabel.

Los dos chicos se pararon de sus asientos dirigiéndose a la salida. Dipper estaba muy concentrado resolviendo los problemas de matemáticas que había dejado la maestra y no se dio cuenta de lo que estaba haciendo su hermana.

Los dos chicos se dirigieron a una pista de patinaje sobre hielo. Mabel estaba eufórica aunque lo disimulaba de la mejor manera que una chica hiperactiva como ella podía hacerlo. Pasaron un rato agradable, entre risas y risas, bromeando y conociéndose. Cuando llego el momento de despedirse Roberto se acercó lentamente a Mabel.

– Deberíamos de repetir esto, eres muy divertida – decía Roberto, mientras se acercaba lenta y acaso disimuladamente a Mabel.

– ¡¿Ah?!, si claro – pero Mabel si apenas lo escucho, percibió enseguida las intenciones de Roberto y su mente estaba a mil por hora – "¡Quiere besarme!, ¿qué hago?, él es increíblemente guapo, y estoy segura que todos los acontecimientos de hoy eran parte del destino. Sería mi segundo beso, ¿no es demasiado rápido? El tan deseado romance que quería en el verano está ocurriendo ahorita, ¡que emoción! Él es lindísimo, lo haré" – todo eso transcurrió en la mente de Mabel en apenas segundos.

Se besaron. Un pequeño beso que se transformó sin que Mabel se diera cuenta en algo más, Mabel sintió como Roberto abría su boca y sacaba su lengua, ella no hizo nada más que entregarse a lo que decía su instinto, y disfruto de un beso, un beso distinto a su primer beso que fue algo más bien tierno, este beso tenía ya tintes de pasión. Mabel sintió un estremecimiento y un calor que recorría todo su cuerpo.