Hola buenas noches…

Espero les guste el capítulo. Es un poco corto y no tiene mucha acción, pero es un cap. de transición que me costó unas cuantas semanas escribir. Es algo triste, pero era algo que debía suceder. Ya no sé cómo disculparme, simple y llanamente, lo único que les puedo prometer es que voy a terminarla.

Disclaimer: Crepúsculo no me pertenece, es obra de S. Meyer. Lo que sí es mío, es la trama.

Besos, babies


Pov. Bella.

Me acomodé en la cama y miré al techo. Últimamente, no podía dormir bien. A mí me encantaba dormir boca abajo y ya no podía hacerlo porque la pequeña Amanda no me lo permitía. Cada vez que intentaba girarme en sueños, ella me pateaba. Enfoqué la mirada en Edward. Estaba durmiendo tan campante.

Claro.

Él no estaba embarazado.

Semi incorporada sobre mis codos, miré el brazo de Edward sobre mi vientre. Siempre, al dormir, debía tener una mano sobre mí. Sintiéndome cerca.

Aparté su mano y me senté en la cama. Estaba famélica. Coloqué los pies en el suelo y justo cuando me iba a levantar, una mano me lo impidió.

-¿A dónde cree que va, señora Cullen?- preguntó Edward. Me giré y sonreí.

-A comer. Muero de hambre- él asintió. Se puso de pie y rodeó la cama hasta llegar a mí. Me tomó de las manos y me ayudó a ponerme de pie. Estando dentro de la protección de sus fuertes brazos, fuimos a la ducha.

Besé su rostro y acaricie su cabello.

-Creo que vamos a hacer una parada en la ducha- me guiñó un ojo y yo me ruboricé. Ni bien llegamos a la ducha, lo ataqué a besos y él me acomodó de tal manera que quedé abrazándolo por las caderas con mis piernas y devorándolo a besos.

Amaba a mi hombre. A mi Edward. Me dejé llevar y consentir por sus dedos expertos. Mi cuerpo ardía por el suyo. Lo necesitaba dentro de mí. Haciéndome suya de nuevo. Dándonos amor.

*******Un rato después…

Estaba en la cocina, Edward me estaba haciendo de comer. No lo iba a negar, no podía ignorar que Edward estaba molesto. Algo le incomodaba y creo que sabía que era.

Me preocupaba verlo así de retraído como los primeros días. No sabía a ciencia cierta que era, pero estaba segura que tenía que ver con Victoria.

―Te juro que la voy a destruir- lo vi soltar el cuchillo y aferrarse con ambas manos a la encimera.

Me puse de pie y caminé hasta llegar a él.

―Estoy cansado de esconderme, cansado de estar aislado, de no poderte defender y acabar con esa maldita, de saber que violó a mi hijo solo porque se parecía a mí- contuvo la respiración y se limpió las lágrimas que caían por su rostro.-. Estoy cansado de lastimarte por culpa de mis traumas. De cargar con la culpa de la muerte de mis hijos y de las dos mujeres que pasaron por mi vida- mis ojos se llenaron de lágrimas―. Estoy harto de ser un cobarde. De soportar que controle mi vida- lo abracé por detrás y recosté mi cabeza en su espalda. Acaricié su abdomen y besé su espalda. Quería que sintiera mi apoyo.

―Todo va a estar bien.- acaricié su brazo.

―Tengo tanto miedo de que tú también te vayas al igual que ellas. A todas las perdí… ese es mi mayor temor- tragó saliva y se giró. Hasta ahora no había pensado en la posibilidad de perder la vida a manos de esa psicópata, en lo único que había pensado era en acabar con esa perra y proteger a mi familia. Nunca he sentido que mi vida esté en peligro o simplemente no tengo como opción morir.

Yo quiero vivir el resto de mi vida con Edward y tener todos los hijos que él quiera.

―No sé qué vas a hacer, Edward, pero no te vas a deshacer de mi tan fácil.- lo miré a los ojos y sonreí. Amaba a ese hombre. Acaricié su rostro y me incliné para besarlo.

―Te amo, Bella- asaltó mi boca con la suya en un beso ardiente. Ahí me demostraba todo lo que sentía. Me abracé a él todo lo que mi panza de embarazada permitía y nos fundimos.

Nos separamos por falta de aire, pero no pude evitar sonreír como una boba enamorada.

―Yo también te amo- besé su mejilla y lo empujé levemente hacia la mesada-. Tengo hambre- le saqué una sonrisa y fui a sentarme en mi lugar otra vez.

Edward terminó de preparar la ensalada y el pollo a la plancha. Me colocó el plato enfrente y él se sentó a mi lado.

La comida estaba deliciosa.

― ¿Ya te conté que despedí a Tanya?- preguntó como quien no quiere la cosa y yo reprimí las ganas de reír. Ya sabía por dónde venía mi adorado esposo.

― No, no lo hiciste- seguí comiendo sin darle a entender que esa noticia me tenía bailando de la emoción. Escuché un bufido suyo y él giró mi asiento hasta quedar frente a frente-. ¿Qué pasa?- pregunté poniendo mi cara más inocente.

―No te hagas- me reí y él palmeó mi muslo-. Espero que no te estés burlando de mi…- siseó.

― ¿Adónde quieres llegar, Edward?- apoyé el codo en la mesada.

―Ya no tienes motivos para seguir trabajando con esos tipos- me crucé de brazos y negué-. Vas a renunciar- declaró.

―Si tengo motivos, y no voy a renunciar. A mí me encanta mi trabajo, Edward- puso los ojos en blanco.

―Contigo de veras que no se puede- se puso de pie y recogió los platos.

―Si se puede, pero tú me quieres tener aquí en tu cama, en la cocina, o en el cuarto de lavado- puse los brazos en jarras-. Quieres que sea algo que nunca he querido ser: un ama de casa- me giré y salí de la cocina.

Edward me siguió hasta el pasillo y me abrazó por detrás.

―Por favor, nena, comprende. Yo me muero de celos cada vez que te veo cerca de esos tipos, sabiendo que Riley es un hombre que está muy enamorado de ti. Tú eres mi mujer y no debes hacerme esto. Yo… me siento impotente y sentirme así, me hace sentir inseguro- me giré y lo abracé.

Estaba siendo una inconsciente. Que Edward sintiera impotencia debería recordarle a los tiempos en los que estaba con Victoria y no podía controlar su vida y mucho menos lo que sucedía a su alrededor.

Acaricie su rostro y rocé su nariz contra la mía.

―Dame dos semanas y seré toda tuya- él sonrió y me abrazó tan fuerte que me separé por sentir que me faltaba el aire.

―Ya eres mía- dijo muy pegado de sí mismo.

―Si…- tomé su mano y fuimos en dirección a la sala.

Ahí estaban Anthony y Esme. Esta última observaba todo el enredo que había ocasionado su esposo. Me reí. Esto se iba formar y yo quería puestos en primera fila.

― ¡¿Qué rayos es esto, Carlisle?!- preguntó la madre de mi adorado esposo.

Mi suegro se puso de pie, un poco inestable a decir verdad y miró a su alrededor. Se ruborizó al ver todo lo que él había hecho sin arreglar como lo había ordenado.

Anthony, estaba detrás de ella cargando las bolsas que me imaginaba estaban repletas de ropa nueva. Carlisle se pasó una mano por los ojos, quitándose el rastro de las lágrimas que no sabía, había derramado.

Esme… gatita, yo… estaba… no, estoy molesto- se acercó a ella y vi a Esme palidecer. Retrocedió, tropezó con un mueble y cayó al suelo. Edward, se apresuró a ayudarla al igual que lo hizo Anthony como pudo. Mi suegra estaba llorando desgarradoramente.

― ¡Aléjenlo de mí!- se abrazó a Edward como si su vida dependiera de ello. No entendía que sucedía en este momento y aun así me acerqué para poder ayudar con algo.

―Esme…- la llamó Carlisle. Se lo veía asustado. Confuso.

― ¿Qué mierda le hiciste a mamá para que se ponga así?- preguntó Edward. Ella se aferraba a su cuello y sus sollozos la hacían que su cuerpo se convulsionaba por la potencia de su llanto.

Al rostro de Carlisle llegó la comprensión. La borrachera se había ido y solo quedaba un dolor genuino en sus rasgos finos. Él volvió a acercarse y apartó a Esme de Edward. La hizo encararlo por más que ella se negaba a que la tocara.

―Carlisle, suéltala- exigió muy cabreado Edward. Me mantuve a una distancia prudente.

―No me toques, por favor, ya no…- las lágrimas se desbordaron de los ojos de Carlisle al verla tan rota. A mí se me llenaron de lágrimas los míos.

― Esme, mírame- pidió él tomando su rostro con ambas manos. Me acerqué cuando Edward quiso intervenir. Esme negó y siguió luchando-. Mírame, Esmerald- pidió otra vez.

―No, por favor, no…- me dolía verla así porque ella siempre había sido tan fresca, tan alegre y verla destrozada, como lo estaba en ese momento, me ponía mal.

― Carlisle, basta- gruñó Edward.

Carlisle lo ignoró y siguió acercándose a Esme.

― ¡MIRAME!- le gritó y eso al parecer la sacó de su trance e hizo que lo observara directamente a los ojos-. No soy él, Esme. Él ya no está.- ella negó.

― Huele a él- le dijo luchando contra los fuertes sollozos que sacudían su cuerpo-. Él huele a ron y habanos- murmuró ella. A lo lejos divisé una caja llena de puros y una botella de ron tirada en el suelo.

― No, Esme, él no está. Ya no- lo dijo de tal manera que logró tranquilizarla y a mi dejarme con los vellos de puntas. Tenía la certeza de que lo había matado.

―Carlisle…- ella lo abrazó con fuerza y luego se desvaneció en sus brazos.

― ¿Qué pasó, Carlisle?- el aludido se puso de pie con ella entre sus brazos y miró directamente a Edward.

―Ella… recordó lo que le hizo el padre de Victoria.- yo estaba confundida. Juro que creí que ella había aprendido a vivir con eso―. Perdió la memoria cuando despertó del coma al que había entrado. El médico me dijo que ella podía recuperar la memoria en días, semanas, meses, años o simplemente no lo recordaría. ¡Lo que daría porque no lo hubiera hecho! Ahora va a estar traumada por algo que pasó hace mucho- Carlisle se marchó de allí con Esme en brazos.

Observé como Anthony, se retiraba a su habitación cabizbajo. Me dolía verlo así de compungido.

Miré también a Edward y él se llevó ambas manos al rostro. Cuando me miró, tenía los ojos rojos.

― ¿Necesitas algo?- pregunté. No me gustaba verlo así. Yo deseaba ayudarlo.

―Quiero estar solo- asentí. Tenía que darle su espacio.

Él se retiró a su despacho y yo me quedé mirando a la nada. Toda la estabilidad de esta familia se había resquebrajado desde hace años por culpa de los Sutherland, pero ya estaba bueno, iba a acabar con esa puta de una vez por todas y me encargaría de que no lastimara más a mi familia.

****A la mañana siguiente…

Mi madre me había llamado para confirmar la tarde de chicas o eso supuse, pero yo no quería ir. No tenía ánimos. Edward estaba decaído al igual que todos los demás miembros de la familia.

Carlisle, había logrado que Esme desayunara algo, la noche había sido bastante movida con las constantes pesadillas de mi suegra.

―Mamá, no creo que sea el momento de salir de casa- le hice saber apenas conteste el teléfono.

―Oh, ¿y eso?- preguntó jadeante. ¿Qué estaría haciendo?

―Esme… ella está pasando por un mal momento – le hice saber.

― ¡Que mal!- murmuró-. Bueno… yo llamaba para decirte que no voy a poder lle… ¡llegar!- gimió-. ¡Charlie, ya basta! Estoy al teléfono- me tapé la boca con la mano que tenía desocupada. Mi mamá y mi papá estaban haciendo cosas.

―Ok… nos vemos mamá- colgué y arrojé el teléfono lejos de mí. Sacudí la cabeza tratando de alejar de mi mente las imágenes de ambos haciendo eso.

Me puse de pie y salí de la habitación, Edward aún estaba dormido.

Se veía tan tierno así.

En la noche, al escuchar el llanto de su madre, me había abrazado y durmió con su cabeza sobre mi pecho y sus piernas enredadas a las mías. Si no hubiera estado la peque de por medio, de seguro hubiera dormido sobre mi como aquella primera noche de casados.

Bajé las escaleras con cuidado de no resbalar y al llegar al final, quedé enternecida al ver la imagen de Carlisle y Esme, acostados en el sofá. Él la tenía abrazada desde atrás, en la tan conocida cucharita.

Veía a Carlisle, repartir besos por su mejilla y acariciar su brazo, mientras ella se encontraba dormida.

Si antes sabía que Carlisle estaba loco por su esposa, ahora lo confirmaba. Esa muestra de amor incondicional me dejaba sin aire y me hacía desear lograr lo mismo que ellos tenían.

Algo me decía que lo lograría, pero no sin antes luchar con uñas y dientes por lo mío.

Fui con dirección a la habitación de Anthony y me lo encontré con la mirada clavada en el techo, mientras yacía acostado boca arriba en la cama.

― ¿En qué piensas, Toni?- pregunté y él me miró. Ese mar de sentimientos me sobrecogió y comprendí que él quería que me acostara a su lado, cuando me dejó un espacio a su lado en la cama. Me acerqué a él y me tumbé a su lado. Inmediatamente, colocó su cabeza cerca de mi regazo. Llevé mi mano hasta su cabello.

―Ella me llama o me envía un mensaje todos los días. Cambio mi teléfono y el número cuantas veces ella lo hace y es por el gusto. Creo que ya no tendré un nuevo móvil- se acomodó más en mi regazo-. Mamá…- pregunté con la voz estrangulada.

―Dime- acaricié su brazo.

― ¿Crees que algún día pueda superar esto?- preguntó-. ¿Formar una familia o siquiera tener a alguien a quien no le importe lo que ella me haya hecho?- asentí muy confiada de que eso sucedería.

―Claro que sí- toqué levemente sus mejillas-. Vas a tener a alguien muy especial con quien podrás formar una familia o sino, compartir una vida de felicidad infinita, cariño- me abrazó con fuerza.

Bostezó audiblemente-. No he podido dormir en toda la noche- murmuró.

―Entonces descansa, yo cuidaré de tu sueño, Thony- besé su cabello y él acomodó mejor su cabeza sobre mi regazo.

******Horas después.

Estaba caminando alrededor de la alberca, disfrutando de un rato a solas. Al parecer todos estaban durmiendo. Acababa de colgar mi móvil. Había llamado a los chicos para avisarles la razón por la que no había ido a la oficina hoy. Riley se había enfadado y de verdad no estaba para él ni para nadie hoy.

Jugaba con mi móvil mientras me sentaba en una tumbona.

Me percaté de una llamada entrante. El número era desconocido.

Contesté.

― ¿Hola?- pregunté sondeando el terreno.

Hola, Isabella- respondió esa terrible voz. Maldita fuera.

― Maldita perra- mascullé cabreada a la séptima potencia-. No puedo creer que seas tan enferma y pervertida como para violar tu propio hijo- escupí.

Era mi consuelo como tú ya debes saber, como Edward… no hay ninguno- el nombre de mi marido, lo ronroneo como una gata en celo. Cochina vagabunda. ―.Pero no te llamé para eso, bella. Más bien, era para decirte que la única mujer que va a tener Edward, voy a ser yo. Voy a acabar contigo, niña de mami y de papi y te juro que no tendrás oportunidad contra mí.

―Si tú lo dices… pero te aseguro que en mis planes está pasar el resto de mi vida con Edward y darle todos los hijos que tú le negaste, porque a diferencia de ti, yo si soy una mujer completa. Si crees que va a ser muy fácil acabar conmigo, piénsalo de nuevo, porque no me conoces y para defender a mi marido… ¿oíste bien? Mi marido, hago lo que sea- me reí.

Y después la perra soy yo…- respiró profundamente-. ¿Sabes por qué te odio tanto?- preguntó de repente con la voz entrecortada, pero ni por la puta me conmovió.

― ¿Por qué? ¿Porque soy joven? ¿Porque tu hijo me dice mamá? ¿Porque soy la que duerme con Edward todas las noches?- pregunté con ganas de pincharla.

Te estas comportando como una perra, Isabella- dijo con su acento italiano bien marcado-. Pero no, te odio porque sé que si te mato, voy a perderlo a él para siempre y que tampoco será mío. Te odio porque al igual que hace veintitrés años, he vuelto a ver esa entrega de Edward por una persona. He matado a dos mujeres que no me suponían ningún problema, nunca pensé que una cualquier cosa como tú me quitaría a mi hombre. Así que he llegado a la conclusión, de no acabar con tu vida, o por lo menos no matándote. - ya no me gustaba por dónde había tomado rumbo esta conversación.

―Aterriza, maldita sea- dije fuera de mí.

Un nudo se había instalado en mi garganta.

Tú no eres mi blanco, o por lo menos, no el especifico. Yo sólo quiero a Edward y sé que para tenerlo como quiero, él debe tener la seguridad de que estás viva, pero… no vas a estar tan cuerda. Espero que no te acostumbres a ese bebé que tienes, porque no la tendrás por mucho tiempo…


Gracias por leerme y espero les haya gustado. Besos y abrazos desde Panamá.

Danielle Franks.