Hola, espero estén bien. Este capítulo, no tiene mucha acción, pero es el puente para llegar a los acontecimientos de los próximos capítulos.

Crepúsculo no me pertenece la trama si, está registrada en Safe Creative con el código:

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POV. BELLA.

Me quedé paralizada mirando a la nada por un momento, hasta que una voz me sobresaltó.

Era Carlisle.

―Era ella… no te fíes mucho de lo que te dice ni te asustes- me dijo. Lo miré a los ojos y por primera vez vi a un Carlisle cansado, aparentando la edad que tenía en realidad-. Ella no sabe que estoy al corriente de lo que le hizo a Edward- sin pedir permiso, cosa que nunca hace Carlisle, tomó mi móvil y tecleó algo. De inmediato se escucharon las palabras de Victoria. Lo vi llevarse las manos al rostro y luego en un ataque de furia, aventó el móvil a la piscina. ¡Oh, mierda!

Edward me iba a matar.

― Mi celular… Edward estaba trabajando para hacerlo resistente al agua- me quejé.

―Lo siento. Esa mujer me sacó de quicio- se llevó ambas manos al rostro y gimió lleno de preocupación-. No te preocupes mucho por ella. Ya la estoy cazando. Voy a acabarla, lo juro. Va a ser en nombre de Esme, de Edward y de Anthony. No voy a tolerar un abuso de nuevo- observé bien a Carlisle, era como ver a Edward, pero solo con unos años más encima, claro obviando el hecho de que el cabello de Carlisle, era rubio… teñido y sus ojos eran cafés… -. Sé que tú quieres acabar con Victoria, pero no voy a permitir que te ensucies las manos con sangre. Yo ya lo he hecho y no quiero que tú lo hagas- me miró a los ojos directamente y dijo de tal manera que le creí:-. Te prometo que tu hija y tú, al igual que Edward, Esme y Anthony, van a estar a salvo, aunque sea lo último que haga- tocó mi vientre y asentí.

Era como cuando mi padre me prometía algo. Siempre lo cumplía. Tenía la certeza de que él también lo haría.

Se alejó y miró al cielo como lanzando una plegaria silenciosa.

―Lo sé- de verdad lo comprendía. Ver a Edward sufrir, como nuestra primera noche de casados o el día de nuestra primera y única cita, me partía el corazón―. Ella se va a poner bien, lo va a hacer- aseguré.

―Cuando me dijeron que tenía amnesia, te juro que me alegré. El muy maldito, tenía la costumbre de grabar lo que le hacía. Que ella recordara eso, me mataba- se sentó en el borde de una tumbona-. Agradecía a Dios todos los días porque ella no recordara nada… ahora por una estupidez mía lo recordó- no sabía qué hacer para consolarlo-. Esme y Edward, son lo más importante para mí, Isabella. Sin ellos, no podría seguir adelante y voy a hacer todo lo posible, para devolverles la paz- se puso de pie y se marchó.

Me quedé meditando un rato todo lo que había pasado en los últimos diez minutos, y resolví decirle a Carl que iniciáramos el entrenamiento lo más rápido posible. No creía que Victoria atacara aún, pero no podía confiarme. Por mi bien y el de quienes amo, no podía estar desprevenida.

Miré a la piscina, y vi mi móvil al fondo de la misma. Empecé a quitarme la blusa y el pantalón, un chapuzón no me caería nada mal. Necesitaba relajarme.

Me tiré al agua y me sumergí hasta llegar al celular. Lo tomé, y sentí un jalón en mi brazo. Salí del fondo de la piscina gracias a ese impulso y cuando abrí los ojos, me encontré con Edward, estaba transpirando y temblaba.

―Estoy bien- me quitó el cabello mojado del rostro y me abrazó-. Carlisle lanzó mi móvil a la piscina y decidí refrescarme un poco y buscarlo a la vez. Es todo- me sacó de la piscina y me sentó en el borde. No me soltó. En ningún momento.

―Me asusté mucho. Estaba dormido cuando saltó esa alarma y…- bufó.-. ¿Por qué Carlisle, tiró tu móvil al agua?- me debatí entre contarle o no. De verdad no quería preocuparlo, pero le haría más daño-. ¡Maldita sea! ¡Dime!- estaba nervioso y sus ojos esmeralda, me miraban con mucho temor.

―Victoria… ella me llamó. Me dijo que no era su blanco específico, que me iba a dañar, pero no matarme, porque sabía que si yo muero, tú jamás serías para ella… aceptó que mató a tus antiguas parejas y…- se me hizo un nudo en la garganta. Desde que hablé con ella, no había querido pensar en su amenaza de apartarme de mi hija. No lo podría soportar. Mi niña, no.

Me llevé una mano al vientre y apreté un poco. Ella pateó en respuesta.

― ¿y qué?- preguntó él, fuera de sí.

―Dijo que no me acostumbrara mucho a Amy- no sé por qué, toda mi resolución y mi fortaleza, habían desaparecido. No podría hacer mucho por mí ni por Edward y Anthony, estando embarazada.

―Ella no le va a hacer nada a Amy, lo prometo- me abrazó con fuerza de nuevo y me dejé guiar por él, al interior de la casa. Ya eran aproximadamente las once de la mañana, por más que hiciera sol, mi cuerpo se sentía helado.

―Vamos a que te cambies-Edward, se quitó su camisa y me la puso. Él no había entrado a la piscina.

―Ok… oye…- entonces recordé que no había visto a Carl en todo el día y parte del día de ayer-. ¿Has visto a Carl? – pregunté.

―Ni idea- me encogí de hombros. Lo más probable es que estuviera con Leah.

Edward se encargó de buscarme la ropa y regularme el agua de la ducha. Yo me quité tanto su camisa, como lo ropa interior. Me guió hasta el baño y dejé que el agua de la regadera, se llevara todos mis miedros. No podía ser débil, no ahora.

Salí luego de unos minutos, me vestí con la ropa cómoda que Edward había dispuesto para mí. Salí del baño y fui hasta nuestra habitación. Allí me encontré con un Edward bastante callado.

Aun con la toalla para secarme el pelo en la mano, me acerqué a la cama.

Para tratar de alejar su mente de todos los problemas que se venían encima, traté de disipar algunas dudas.

―Edward…- me miró y palmeó el espacio vacío en la cama. Me senté y él tomó la tarea de secarme el cabello-. Carlisle… ¿se tiñe el pelo?- pregunté con curiosidad. Edward se echó a reír.

―Si, en realidad, yo soy como una réplica de él en todo.- siguió con su tarea-. Él tiene un hermano gemelo y como no querían que los relacionara ni causarse muchos problemas, decidieron hacerse algunos cambios. Papá usa lentillas y se tiñe. Mi tío también se teñía, pero ahora se lo dejó en gris platino y usa lentillas de color gris- gemelo…

¡Oh, mierda!

Uno se enteraba de cada cosa todos los días. Me giré y lo encaré.

―Gemelos… ¿Cuándo me lo ibas a decir?- se encogió de hombros.

―Llega dentro de un rato, además no lo consideré importante. Lo siento- parecía avergonzado. Sus mejillas tenían un leve rubor. Me mordí el labio inferior. Estaba eufórica.

¡Había causado que se ruborizara!

―Edward… tu rubor es tan sexy…- me le fui encima y lo devoré a besos. Era tan tierno cuando se ruborizaba y pasaba casi nunca que me provocaba comérmelo a besos.

― ¡Oye!- me tomó el rostro con sus dos manos y me miró a los ojos-. Todo va a estar bien, llamé a Masimo, mi tío, ya que es un gran estratega y así podremos acabarla. Siento que me he convertido en un hombre débil y no me gusta. Estoy harto de esa mujer y comprendí que se alimenta de mi miedo. Ya me cansé de esconderme- sonreí. Lo besé.

― ¿No más miedos?- negó. Me senté en la cama y él hizo lo mismo-. Juntos, vamos a terminar con ella- él asintió.

Para molestarlo un poco, lo miré fijamente y empecé a fruncir el ceño.

― ¿Qué pasa?- preguntó. Me acerqué lentamente a su rostro y toqué su sien. Se llevó la mano a donde yo lo había tocado―. ¿Qué tengo?- ya se estaba enfadando.

―Una pata de gallina… las líneas de expresión son clara evidencia de que uno ya pasó los treinta años- se puso serio.

― ¿Que yo te lleve siete años, es una gracia para ti?- preguntó enfadado. Se apartó de mí y bajó de la cama. Su intensa mirada verde esmeralda, furiosa, me hizo sentir pequeñita y como el avestruz, querer enterrar mi rostro en la tierra.

Mis ojos se anegaron de lágrimas. Entendí que eran las hormonas.

Escuché como se empezaba a reír y comprendí que era una broma… el muy…

―Te voy a ahorcar, Cullen- grité enfadada y le tiré una almohada. La tomó al vuelo y me la tiró él a mí. Subió a la cama y me abrazó―. Suéltame- me quejé. Él empezó a besar mis ojos.

―Mi pequeña e inocente, Isabella- me dio una nalgada-. Eres tan tierna cuando te regañan y… tu rubor es extremadamente sexy- me guiñó un ojo.

Se estaba vengando de mí.

―Te estas vengando- lo acusé y él se encogió de hombros. Se recostó en la cama y yo lo imité. Su mano se posó en mi vientre y nuestra pequeña se alegró. Que se moviera de esa manera tan rápida y repetitiva, a veces era molesto. Molesto, porque lo hacía en la madrugada, cuando Edward me abrazaba y acariciaba mi vientre. Él lo hacía inconscientemente, pero después la pequeña no paraba y yo era la que me quedaba ahí. Despierta hasta que se dignara a dejar de moverse. Parecía que estuviera jugando fútbol. Gemí frustrada.

Me estaban saliendo sendas ojeras.

Miré mi barriga, algo grande para solo tener cuatro meses y medio. Creo que Amy, estaba muy grande.

Pobre de mí vagina si llega a ser parto natural.

Ese sería uno de los cambios que sufriría mi cuerpo, pero no era el que más me importaba. El daño que más me preocupaba, eran las temibles estrías, mi subida de peso y demás.

Por lo que yo sabía, los hombres son muy visuales y…

―Deja de pensar, Isabella- pidió Edward―. Casi puedo escuchar los engranajes de tu cabeza funcionar- dijo mirándome., sé que te preocupa el tema de Victoria, pero se va a solucionar- sonrió y se me olvidaron todas mis dudas. Decidí hacerle creer que eso era lo que pensaba y asentí.

Él se levantó de la cama y me ayudó a mí a bajar.

Acepté su ayuda y fuimos a la sala. Al parecer, su tío, estaba por llegar.

―No te quiero meter ideas acerca de mi tío Masimo, pero es un poco, bueno, está jodido y es bastante temperamental. Si mi padre lo es, él es el doble- lo miré asustada. El temperamento de Carlisle, era terrible, inestable e impredecible. Era como un jodido volcán.

― ¿Puedo ir a visitar a mi madre?- pregunté poniendo cara de tragedia. Él negó y se echó a reír.

―No me vas a dejar sólo con ese psicópata, Bella.- me senté en el sofá de la sala de estar y él me siguió. Se quedó mirando algo en su móvil y después de unos segundos, me lo pasó―. Tu madre- tomé el celular y me lo puse al oído. Entonces recordé que sólo Edward y mi padre podían tener mi ubicación y con lo que le pasó al móvil, me imagino que mi padre también se preocupó.

Suspiré.

La relación con Charlie Swan, era un caos.

―Hola mamá- contesté.

―Bella, estábamos preocupados. Saltó esa terrible alarma y tu padre y yo estábamos como locos- su voz estaba muy agitada. Se veía preocupada. Miré a Edward, se había puesto de pie, luego de ver algo en su reloj. Negué mentalmente. Él y su tecnología.

― Estoy bien, el móvil se me cayó a la piscina como aún no es resistente al agua, y como también demoré un poco en buscarlo, por eso saltó la alarma, pero estén tranquilos, estoy bien- tranquilicé. No les podía decir que Carlisle fue quien la tiró, porque ella preguntaría la razón y yo no quería darle a mi padre más motivos para que siga insistiendo en que debo dejar a Edward.

―Gracias a dios. Estaba preocupada. Bueno… también quería que nos viéramos mañana, tarde de chicas. Que vaya Leah, esa compañera de trabajo tuya… Steffi…

―Stephanie, mamá- corregí. Me reí un poco.

―Sí, ella y puede ir Esme también- bueno… lo de Esme estaba difícil. No sabía si ella querría salir y menos mañana.

―Bueno, lo de Esme, no te puedo asegurar mucho, pero haré lo posible- me quedé callada por un momento y luego pregunté: ―. ¿Cómo está papá?- me apoyé en mis rodillas y miré la alfombra.

―Bien, cariño… Bella, el solo está preocupado por ti. Tiene miedo de perderte y lo manifiesta así. – Sonreí con tristeza-. Oye… ¿Qué le vas a regalar a Edward, por su cumpleaños?- preguntó.

Miré para ambos lados y sonreí.

―Voy a hacerle la supertarta Swan y bueno, parte de su regalo, ya está. Es su Gameteca, conseguí lo último en tecnología con respecto a los juegos y bueno… Tenía pensado una cena familiar y ahora que lo pienso un poco, lo voy a ambientar a la década de los noventas y su música. A él le encanta bailar- ella se rió.

―Bueno, no te entretengo más. Tienes mucho que planear… eh… te dejo- me quedé pasmada con el tono de voz y lo nerviosa que se escuchaba. Lo dejé pasar y colgué el teléfono luego de decirle que la amaba.

Ya había hablado con Ray y él se había puesto de acuerdo con los otros chicos para la comida de ese día. Es decir, de pasado mañana.

Iba a preparar la supertarta, que consistía en una plancha con diferentes sabores: vainilla, fresa, chocolates y el del centro, de nueces.

Delicioso.

Unas voces, una molesta y la otra cabreada, me sacaron de mis pensamientos.

Me encontré con los hermanos Cullen. Estaban discutiendo.

―Te dije que se lo dijeras, ahora hay que ver si te lo perdona- decía un hombre de cabello platino y ojos grises.

Masimo.

―No pude, no quería que sufriera- dijo Carlisle, despeinándose el cabello.

―Ahora lo hace- Edward salió de donde fuera que estuviera y saludó a Masimo.

―Tío- le dio la mano y su tío lo abrazó-. Siempre haces lo mismo- se quejó Edward.

Sonreí y me puse de pie.

Caminé hasta ellos y esperé.

―Tío, ella es Isabella, mi esposa- me presentó Edward, una vez se separaron.

―Mucho gusto, llámame Masimo- pidió. Acepté su mano y sonreí.

―Un gusto también, llámame Bella- el asintió.

―Así que estás embarazada… ya estaba planeando la manera de que estuvieras con él, pero parece que todo salió mejor de lo que esperábamos. Lo próximo que se me ocurría, era el secuestro- entrecerré los ojos y me crucé de brazos.

Edward, estaba abochornado. Puse los ojos en blanco.

―No puedo con ustedes, de verdad- me quejé.

―Míralo por el lado amable…- estaba esperando que me dijera el lado amable de toda esta historia o por lo menos del comienzo-. Bueno, estás embarazada- sonrió.

Decidí dejarlo pasar, total, ya no se podía hacer nada y bueno, yo soy feliz.

A lo lejos, se escucharon unos ladridos.

― ¿Un perro? En mi casa, no- dijo Edward, rotundamente.

Lo entendía. Ellos babean, dañan los cables, se orinan y hacen sus necesidades necesarias donde les da la gana, siempre y cuando no están entrenados.

―Está entrenado- Edward, negó―. El animal vino conmigo y se va cuando yo me voy y no me voy aún, así que hazle como quieras- no quise intervenir. Eso era cuestión de Cullen's. Bueno, yo soy una Cullen, pero… bueno no quería problemas.

De la nada apareció un perro blanco. Parecía un lobo. Estaba hermoso.

Me acerqué lentamente y me detuve, con miedo a que me mordiera.

―No te va a morder, pero no le gusta que le toquen las mujeres, le molesta- enarqué una ceja. Estoy rodeada de anti sociales.

―Okay- retrocedí y el perro avanzó. Su pelaje era divino y tan blanco como la nieve. Era enorme. Edward, se acercó y me apartó.

―Estás embarazada, no vaya a saltarte y te tumbe- asentí.

Pasamos a la sala de estar y tomamos asiento. De una vez, el perro de Masimo, se acercó a mí. Empezó a olfatearme. Cuando Edward me abrazó, el perro gruñó.

―Cállate y vete- siseó Edward. Estaba molesto.

―No le hables así, se va a cabrear y te va a morder- dijo Masimo.

―Tu no me digas nada. Yo dije que no quiero un puto perro en mi casa y es mi opinión. Yo decido- traté de calmarlo. Acaricié su brazo.

―Papá… si el trajo ese perro, creo que es por un motivo importante…- dijo Anthony sentándose, luego de saludar a Masimo-. Ese no es un perro, es un lobo y es muy sobreprotector. Me imagino que los trajo para cuidar más de Bella y Esme. Te digo que no es el único lobo en la casa. Trajo a otro más- dijo mirando esa Tablet. Preferí no intervenir. ¡Por Dios! Estos hombres eran demasiado prepotentes y dominantes, uno en mayor medida que otro. Esos eran los que discutían en este momento.

Carlisle, no había dicho nada, estaba mirando un punto fijo. Sin prestar atención a esta discusión.

― ¿Edward?- se escuchó la voz de Esme. Él se puso de pie y caminó hasta donde ella apareció. Estaba descalza y con unos pantalones cortos que le llegaban arriba de la rodilla. Una camisa de cuadros cubría la parte superior de su cuerpo. Se veía tan frágil.

Carlisle, se iba a acercar, pero Masimo se lo impidió. Negó con la cabeza, pero Carlisle, se soltó y fue hasta ellos.

Una lengua rasposa y muy húmeda, paseó por mi rodilla. Bajé la mirada y me fijé en ese hermoso lobo. Con cuidado y precaución, alargué la mano y toqué su pelaje. Era tan suave. El lobo acomodó la cabeza en mis piernas.

― ¿Cómo se llama?- pregunté acariciando su pelaje con más confianza.

―Lester- asentí y sonreí al ver que empezaba a olfatearme―. Le gustas- sonreí mirándolo a los ojos.

―Al parecer no le gustan las mujeres que tú le presentas- se encogió de hombros.

―En el mundo en que yo me muevo, no hay muchas mujeres decentes- se puso de pie y se fue hasta donde estaba Esme. Ella abrazaba a Edward. Rememorando, según lo que Edward me contó, después de su secuestro, Esme encontraba consuelo al abrazarlo.

Observé a Anthony, los miraba y en sus ojos había un rastro de tristeza.

―Thony- le llamé. Se sentó a mi lado y cuando lo hizo, el perro le gruñó―. ¿Qué le vas a regalar a tu papá?- pregunté con mucha curiosidad.

―Algo que ha estado buscando desde hace mucho- me guiñó un ojo y sonreí. De la nada, me dieron ganas de comer algo de carne, pero un buen corte.

Miré hacia las escaleras del recibidor y vi a Carl llegar. Lo seguía el otro lobo. Era hermoso también. Su pelaje era gris.

Me puse de pie y con la mirada le indiqué a Carl, que me siguiera.

―Vamos a comer, Thony- dije y palmé su hombro.

Fuimos a la cocina, Lester, no se separó de mí.

― ¿Dónde te habías metido?- le increpé a Carl- él tomó asiento en uno de los taburetes y se llevó ambas manos al rostro.

―Estaba con Leah- asentí. Decidí no preguntar al respecto, porque él se veía muy cansado y contrariado.

Me puse a cocinar unos buenos cortes de carne, olía delicioso. Los había puesto a marinar ayer.

―Carl… necesito que volvamos a entrenar. Sé que al estar embarazada no va a ser lo mismo, pero debo hacerlo. Por lo menos para que mis músculos vuelvan a acostumbrarse- él asintió.

―Empezamos el lunes- sonreí.

―Gracias.

Giré la carne en la plancha, cuando le iba a pedir a Anthony ayuda con la ensalada, me lo encontré cortando y lavando los vegetales.

Luego de un rato, todos fueron entrando a la cocina.

Fue una comida muy agradable.

Me desperté al sentir que me acariciaba el vientre. De inmediato, Amy empezó a moverse, vi a Edward sonreír y besar mi barriga. Fue subiendo y se quedó jugando con mis pechos. Gemí cuando succionó uno de mis pezones. Era maravilloso…

Estaba acariciando el pecho de Edward luego de hacer el amor, miré el reloj y me percaté de que eran las dos y treinta y tres de la madrugada.

Ya era el día de su cumpleaños.

Ayer había sido un día muy ajetreado. El trabajo, la tarde con las chicas, la preparación del pastel, los preparativos para la cena…

En fin, muy cansado.

―Feliz cumpleaños- dije acomodándome sobre su pecho-. Te amo, viejito- besé su pecho y luego sus labios. Él me dio una nalgada. Sonreí.

―Yo te amo más, barrilito- murmuró. Me abrazó con fuerza.

Sin duda, este momento a solas, disfrutando de nuestra compañía, era irreemplazable.


Espero que les guste el capítulo. Por ahora solo me estoy dedicando a esta historia. Sé que prometí terminarla antes de navidad, pero he tenido muchos problemas con una persona muy importante para mí y eso me tiene distraída.

Antes de navidad, espero poder actualizar.

Gracias por seguir conmigo. Se los agradezco.

Cualquier cosa, feliz Navidad.

Bendiciones.

Saludos desde Panamá.

Danielle Franks.