Hola

Espero estén bien.

Crepúsculo no me pertenece, la trama si.

Disfruten.


Pov. Bella.

Me desperté al sentir que me acariciaba el vientre. De inmediato, Amy empezó a moverse, vi a Edward sonreír y besar mi barriga. Fue subiendo y se quedó jugando con mis pechos. Gemí cuando succionó uno de mis pezones. Era maravilloso…

Estaba acariciando el pecho de Edward luego de hacer el amor, miré el reloj y me percaté de que eran las dos y treinta y tres de la madrugada.

Ya era el día de su cumpleaños.

Ayer había sido un día muy ajetreado. El trabajo, la tarde con las chicas, la preparación del pastel, los preparativos para la cena…

En fin, muy cansado.

―Feliz cumpleaños- dije acomodándome sobre su pecho-. Te amo, viejito- besé su pecho y luego sus labios. Él me dio una nalgada. Sonreí.

―Yo te amo más, barrilito- murmuró. Me abrazó con fuerza.

Sin duda, este momento a solas, disfrutando de nuestra compañía, era irremplazable.

*******Horas más tarde.

Me desperté al sentir que me llamaban. Estaba molida. Edward y yo no habíamos dejado de hacer el amor, hasta que nuestros cuerpos pidieron una tregua.

―Bella…- decidí abrir los ojos y me encontré con cuatro mujeres frente a mí. Edward se iba a molestar. No le gustaba que entraran a nuestra habitación.

Palpé en la cama buscando a mi esposo y no lo encontré.

― ¿Edward?- pregunté a Esme, Mamá, Leah y Naty―. ¿Qué hacen aquí?- pregunté.

Estaba aún con la voz rasposa y mi cuerpo se sentía desmadejado. Agradecía que hoy no hubiera trabajo. Bendito sábado primero de agosto.

―Lo verás ahora - dijo mamá. Asentí y volví a acomodarme. Debía aprovechar que Amy no estaba intensa―. Al parecer la noche estuvo tan entretenida que ni siquiera quieres pararte. – me ruboricé.

―René, no la avergüences- pidió Esme. Me enrollé bien en la sabana y me puse de pie. Estaba cansada, pero era hora de levantarse.

―Vamos, Bella, tenemos un horario que cumplir- dijo Leah. Hasta ese momento reparé en su vestimenta. Era un traje largo crema con estilo playero. Tenía un corte a cada lado, que iba desde el inicio de sus muslos hasta sus pies. Obvio, llevaba un pantaloncillo rosa vieja que le llagaba una mano abajo del trasero.

Naty, llevaba un traje arriba de la rodilla de color rosa vieja, muy fresco de tiras que se ajustaba a sus pechos y caía grácilmente. Mi madre llevaba un conjunto de pantalón largo, con una blusa espalda fuera en color crema. Esme, llevaba el mismo estilo de vestido, solo que en rosa vieja. Estaban hermosas y yo hecha un lío con rostro de recién…

―La bañera está lista. Vas relajarte por unos minutos y luego te dejaremos hermosa- aseguró Esme. Sonreí al ver un brillo de emoción en sus ojos. Después de tanta tristeza, verla así de feliz y tan recuperada, era magnifico.

Me puse de pie tapando mi cuerpo y fui al baño. Me metí en la bañera y me relajé. Mis músculos deliciosamente estirados, se relajaron a causa del agua calentita.

Me sumergí en el agua y comencé a lavar mi cabello.

Salí del agua media hora después, estaba muy confusa y desconcertada. Necesitaba saber que pasaba. Quería saber dónde estaba Edward.

―Bella… ponte esto- dijo mi madre entrando al baño y tendiéndome y conjunto de ropa interior en color blanco. Las bragas eran cómodas y se unían bajo mi barriga de tal manera que no me incomodaba. El sujetador no tenía tiras y me sostenía mis llenísimos pechos.

Ni había salido del baño, envuelta en una bata, cuando me hicieron regresar al lavabo y me sentarme frente al espejo para maquillarme y peinarme.

― ¿Qué es todo esto?- pregunté. Quería saber dónde estaba Edward―, ¿Dónde está Edward?- mi pequeña ante la mención de su padre, empezó a moverse. Acaricié mi abultado vientre y en ese momento, mi estómago protestó por la falta de comida.

―Lo verás pronto- dijo Leah. Naty, estaba encargada de mis uñas.

―Tengo hambre- agradecía a Dios no tener las molestas nauseas matutinas por hoy.

―Me lo imaginé- dijo mi madre y salió de la habitación. Volvió a los pocos minutos con un cuenco de crema de arroz con el mismo grano, cortes de jamón, quesos y unas tostadas.

Mmm

Delicioso.

Lo devoré con la mano que no estaba siendo pintada por Naty. Por lo que sabía, ella, además de ir al colegio, asistía a cursos de cocina y era muy buena en ello. Al parecer su talento estaba en las manos, ya que me pintaba las uñas sin mancharme alrededor. Simplemente genial.

Una vez terminé con mi desayuno, fui a lavarme las manos y los dientes.

―Bella…- murmuró mi madre cuando volví a sentarme―, ¿Dónde está el hijo de Edward?- sonreí ante la mención de Anthony.

― Debe estar en su habitación- Naty terminó de pintar mis uñas con un color que se asemejaba al color de mi piel y se puso de pie.

―Lindo- dijo mirando mis manos. Se alejó y fue a sentarse en una de las sillas del baño.

Sacó su IPad y comenzó a jugar Candy Crush. Reconocí ese juego por la melodía de inicio.

―Es muy buena jugando eso, yo no he pasado del nivel 34- Leah soltó un bufido.

― ¡Mamá!- llamó Anthony. Mi madre me miró desconcertada.

Esme estaba encargada de verificar mi ropa, mientras Leah, del maquillaje y mi madre de mi cabello.

― ¡Aquí!- respondí. Llegó al baño y se acercó a mí. Mi madre había dejado de tocar mi cabello. Se veía mortificada a través del espejo.

Me dio un beso en la mejilla. Observé su vestimenta. Tenía una pantalón playero de algodón en color rosa vieja y tenía una camisa del mismo material en color crema.

No me quería hacer muchas ideas.

Mi madre carraspeó.

―¡Oh¡ Mamá, Leah y Naty él es Anthony…- se los presenté. Añadí ―, mi hijo- tomé su mano.

―Mucho gusto, Leah- se dieron las manos y luego Leah siguió maquillándome. Naty, estaba como si él no existiera. Al parecer le molestó.

―Entonces yo vengo siendo tu abuela… mi nombre es René, pero puedes llamarme Abu- dijo dándole un abrazo a Thony-. Tenía mucha curiosidad acerca de ti. Bella me había comentado sobre ti hace unos días y ya estaba con las ansias de conocerte- dijo-. Háblame de ti… ¿Cómo va el colegio?- preguntó volviendo a mi cabello. Me imaginaba que se le había olvidado lo que le conté el día de mi cita con Edward.

Anthony estaba mirando a Naty con un dejo de curiosidad.

Al parecer la voz de mi madre, lo sacó de ese ensimismamiento.

― Ya acabó- mencionó.

Mi madre lo miró con recelo.

―No ha acabado- corrigió mi madre.

Decidí intervenir.

―Anthony, al igual que Edward, Carlisle y Masimo, son niños súper dotados y genios que a los diecisiete años, ya han acabado su carrera universitaria- respondí.

―Wau… entonces… ¿Trabajas?- mi hijo asintió y miró su reloj.

―Tengo una empresa que ahora maneja mi padre hasta que cumpla los dieciocho años- asentí.

― ¿Qué haces en tu tiempo libre? – preguntó Leah.

―Comer lo que cocina mamá, jugar con la línea de consolas que me dio Carlisle o dormir- en realidad eso era lo único que él hacía.

―No quiere tomar cursos y yo no sé qué hacer, estoy frustrada. O ya habla un montón de idiomas o ya toca un montón de instrumentos… - el soltó una risita.

―Te dije que no voy a tomar más cursos- dijo algo divertido, pero firme.

― ¿Qué estudiaste?- le contó sobre sus estudios y que por el momento trataba de llevar la vida de un chico de diecisiete años.

Ser normal.

***** Minutos después…

Ellas terminaron de arreglarme el maquillaje y el peinado. Luego Esme me ayudó a ponerme un vestido en color beige, que era de tirantes y se sujetaban bajo mis axilas. Completamente descubierta la mitad de la espalda. Llegaba hasta mis rodillas. Junto con unas sandalias de tirantes planas en color rosa vieja.

Mi cabello estaba recogido en una cola alta todo hacia atrás y el maquillaje era de lo más natural.

― ¿Qué es todo esto?- pregunté al fin ya sin aguantar la curiosidad y sin importarme hacer ilusiones ―. ¿Dónde está Edward?- los miré a todos. Anthony, miró hacia otro lado.

―Tienes una cita dentro de…- dijo mi madre mirando su muñeca para comprobar su reloj―,… treinta minutos- me tomó del brazo y salimos del baño.

―Edward está en la oficina. Le surgió algo… tal como él dijo- suspiré.

¿Una cita el día de su cumpleaños?

― ¿Grave? – pregunté preocupada.

― ¡Nah!- Esme le restó importancia con un movimiento de su mano.

―Creo que es hora de irnos- apuró Leah, que llevaba de la mano a Naty. Anthony estaba detrás de ellas.

Bajamos las escaleras hasta la primera planta. Nos encontramos con Carlisle y Masimo.

―Hermano…― empezó Masimo―, creo que morí y llegué- contra todo pronóstico- al cielo― mi madre soltó una risita nerviosa. Masimo pasó una mano por su cabello platino y se acercó. No lo iba a negar, para tener más de cincuenta años, Masimo y Carlisle, aparentaban menos de la edad que tenían y eran dos hombres guapísimos.

Sonreí ante sus palabras y permití que me diera una vuelta para ver mi vestido.

―Divina – sonrió y besó el dorso de mi mano. Pasó de mí y se dirigió a mi madre―. Tú has de ser René – ella asintió―, yo soy el tío de Edward, hermano de Carlisle, es un placer conocer a la hermosa madre de Bella- ella se ruborizó. Si la viera mi padre…

Vi por el rabillo del ojo a Carlisle acercarse a Esme. Su mirada estaba fija en su esposa. La miraba con una mezcla de admiración, amor, ternura… pero sobre todo devoción. Mucha devoción.

Cuando sus miradas se encontraron, ella se ruborizó y la apartó de inmediato. Carlisle sonrió y se acercó a ella con un andar de depredador experimentado. Decidí dejar de mirar y fijar mi vista en lo que sucedía a mi alrededor.

Sonreí con malicia al imaginarme la reacción que tendría Carl al ver como Masimo, coqueteaba abiertamente con Leah.

―Masimo André Cullen, para servirte – ella aceptó su mano, él la besó y para nada la soltó, la colocó sobre su antebrazo y avanzó con ella―, hoy serás mi pareja de baile- le guiñó un ojo y ella me miró consternada. Me imagino que se estaba acostumbrando a la cercanía de los hombres, aunque con Carl, no creo que tenga mucho problema.

―Leah Clearwater, un placer – intentó zafar su brazo, pero él no lo permitió―. Disculpa, pero debo encargarme de Naty, mi hermana – señaló a Naty.

―Anthony la puede cuidar, además no vamos a estar tan lejos- la hizo caminar y todos los seguimos.

Masimo le halagaba una y otra vez, le contaba sobre sus viajes y mencionó hasta algo sobre una boda. Hablaba tan rápido.

Salimos de la cabaña y avanzamos por el camino de piedras blancas hasta llegar a las camionetas destinadas para conducirnos a donde sea que vamos.

Solo esperaba poder entregarle mi regalo a Edward antes de que acabara el día.

Carl estaba esperando fuera del auto y miraba furioso a Leah, otra vez sus celos. ¡Si sería idiota!

Esta era otra prueba. ¡Bendito destino!

Esperamos fuera de un vehículo todas las mujeres y Carl, le mantuvo la puerta de adelante abierta a Leah.

―Bueno querida, nos vemos en un rato- besó la palma de su mano antes de soltarla y ayudarla a entrar al auto. Carl tiró la puerta y me abrió la mía.

Entramos mi madre, Naty, Esme y yo y volvió a tirar la puerta.

― ¿Qué rayos te pasa, Carl? – inquirió mi madre una vez el subió al auto.

― Lo lamento, René – murmuró entre dientes y deslizó el vidrio templado que dividía la cabina del auto.

Solo se observaba a Carl gesticular con sus manos mientras conducía por la carretera.

―Creo que Masimo se quedó sin compañera de baile- rió Esme.

―Yo también – estuvo de acuerdo mi madre.

*********Veinte minutos después.

― ¡Ya está bueno, Carl! – siseó cabreada Leah, al bajarse del auto ―. No voy a tolerar esto. Tú, terminaste con nuestra relación una vez y me enviaste a las manos de Garrett, me destrozaste. No pretendo volver a pasar por lo mismo- sus ojos se anegaron de lágrimas―,… sólo aléjate de mí – ella tomó la mano de Naty y se acercó a las pequeñas escaleras que daban a un muelle.

Mi madre y Esme fueron hasta el muelle y yo las seguí. Ellas se colocaron al lado opuesto de Leah y Naty. Caminé hasta allá. A lo lejos- casi al final del muelle- vi a mi padre. Me daba la espalda. Sonreí. Estaba vestido como Anthony. Sus manos en los bolsillos.

Mi madre me instó a ir hasta él y yo muy obediente lo hice.

Mi padre se giró y terminó de recorrer lo que quedaba de camino. De un momento a otro, estaba entre sus brazos. Derramé varias lagrimas que ni siquiera era consiente que retenía.

Lo había extrañado mucho.

Lo apreté tan fuerte podía. Extrañaba tanto que me llamara "campanita"

Sollocé sin poder contenerme y él me apretó más contra su cuerpo. Amy, pateó en ese momento y mi padre se alejó de mí. Miró mi panza y se echó a reír.

― A Amy no le gusta sentirse apretada- él me preguntó con la mirada si podía tocar mi enorme vientre de casi cinco meses. Tomé su mano y la coloqué sobre mi panza. Ella se movió y pateó. Lo hizo con mucha fuerza―. Si, Amy, es el abuelo Charlie- él me volvió a abrazar.

―Te amo tanto, Bells – murmuró contra mi coronilla―, perdona a este tonto. Te dejé sola cuando más necesitabas mi apoyo. No sabes cómo me sentí cuando saltó esa alarma que indicaba que estabas en peligro. Me sentí morir y me di cuenta de que no podía seguir separado de mi razón para vivir – negué con la cabeza. Yo entendía su punto porque ante todo, la seguridad de los hijos era lo más importante para un padre y verlos en peligro y no poder hacer nada, generaba tanta impotencia…―, no sé cómo están las cosas con Edward, no sé si seguirán juntos o no, pero lo que sí sé, es que voy a estar para ti. Pase lo que pase. Te amo, campanita – besó mi mejilla.

― Yo también te amo, papi – sollocé. Esto era lo que me faltaba para sentirme completa―, gracias – él asintió.

―Ven, no podemos llegar tarde – dijo y me tendió la mano. La tomé sin dudarlo, y hasta ese momento me di cuenta de que él estaba descalzo.

― ¿Dónde vamos? – pregunté con mucha curiosidad. Cuando lo vi al final del muelle, la primera impresión que me dio es que él lo había organizado todo para nuestra reconciliación, pero después pensé en Carlisle, Masimo y Esme, por no mencionar a un Anthony, Leah y Naty. Tenían una vestimenta especial. Propio de una boda…

¡Nah!

No creo, se supone que yo debo planear junto con Esme y mi madre los preparativos.

Decidí dejar de pensar y seguí a mi padre cuando empezó a caminar. Él bajó un escalón y me preocupé por mis zapatos. Se podían dañar.

Descendimos por unas escaleras que estaban cubiertas por el agua.

―No te preocupes por los zapatos, cariño. Son para que no te lastimes los pies – asentí. Bajamos hasta que el vestido flotó. Mi padre se deslizó fuera de los peldaños y me llevó con él ―. Necesito que tomes mucho aire, el recorrido es de treinta y seis segundos, y nos vamos a sumergir bastante. Sé que aguantas hasta minuto y medio, pero con el embarazo no sé. Cualquier cosa me avisas y volvemos de inmediato – asentí. Inhalé profundamente y nos sumergimos.

Nos sumergimos unos diez metros para poder pasar por debajo de una parte rocosa. Luego de pasarla, mi padre me hizo subir unos cinco hasta que nos topamos con unas piedras ascendentes. Me impulsaba en ellas hasta que llegamos a una estructura de piedras, que tenía hermosos arrecifes de coral, demás animales del ecosistemas marino como peces, estrellas, algunos erizos y demás plantas y algas marinas de hermosos colores. Estuve a punto de llorar hasta que recordé que podría ahogarme. Fui más rápido hasta llegar al último "peldaño".

Mi padre me guió a través del lugar y me hizo subir los últimos tramos. Ya podía respirar sin problemas, ya que habíamos llegado a la superficie.

No había terminado de subir cuando una mano apareció ante mí.

Edward.

Con esa sonrisa que derrite y pone caliente a la más frígida.

Estaba vestido de beige y en sus manos, me entregaba un ramo de flores exóticas que contenían conchas de mar y algunas piedras preciosas. Simplemente hermoso.

Papá me abrazó y besó mi frente. Luego, me entregó a Edward.

Él me ayudó a terminar de subir y quedamos frente a frente.

―Esto es perfecto – era mejor de lo que había imaginado alguna vez. Miré a mí alrededor y me encontré con mis padres, suegros, Thony Masimo y amigos, todos sentados e rocas descendentes que se unían en un camino que llegaba hasta nosotros.

―Hice lo que pude para acercarme a lo que deseabas – lo miré a los ojos llorando de la emoción. Él secó mis lágrimas ―, también me gusta esta idea porque así no me muero de nervios por la clásica tardanza de las mujeres el día de su boda – se rió y yo lo abracé.

―No llegaría tarde, lo juro – besó mi mejilla y nos separamos cuando alguien aclaró su garganta. Era un juez y a su lado, estaba un cura. Edward, tomó mi mano y nos colocamos ante ambos señores.

La boda religiosa, fue primero. No perdí de nada, aprecié todo. No quería perder ningún detalle del mejor día de mi vida.

Lo que más me gustó de la ceremonia, fue cuando Edward, dijo sus votos:

― Isabella, eres todo lo que siempre he soñado, una mujer fuerte, talentosa, inteligente a la cual admiro y respeto mucho. Te amo por quien eres, de eso me enamoré. Me enamoré de lo que vi en tus ojos el primer día en que te vi. De esa determinación, de esa fuerza y tu espíritu de lucha, por eso, yo, Edward Anthony Cullen Platt, te tomo a ti, Isabella Marie Swan como mi esposa, para amarte respetarte en los buenos y malos momentos, para estar ahí para ti en las alegrías y en las tristezas, para cuidarte tanto en la salud como en la enfermedad y procurar que seas feliz cada día de tu vida. Te amo – había llegado un momento en el cual había detenido mis lágrimas, pero ya no podía evitarlo. Sus palabras tan hermosas me habían conmovido tanto…

―Yo, Isabella Marie Swan, te tomo a ti, Edward Anthony Cullen Platt como mi esposo por todo lo que representas para mí, porque me has hecho replantearme la idea del matrimonio. Si antes tenía miedo de enamorarme de ti, ahora no imagino mi vida sin sentir todo lo que siento por ti, no imagino una vida sin ti. No imagino a otro hombre para el padre de mi hija – tomé aire profundamente ―, te amo con todo lo gruñón que eres, te amo y quiero estar para ti en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, en las alegrías y en las tristezas y velar porque seas feliz desde hoy y todos los días de tu vida – en esta ocasión el que lloró fue él. No le importó que aún no fuera el momento de besarnos, él lo hizo. Me sentía tan feliz de sentir sus labios sobre los míos. Nos separamos de repente ―, ¡Auch! – se quejó tomándose la pierna izquierda.

― ¡Aún no es el momento, genio! – me reí al escuchar a Masimo. Edward lo miró y le sacó el dedo medio.

El padre se aclaró la garganta y proseguimos con la ceremonia.

Minutos después, nos declaró marido y mujer.

Esta vez Edward, me besó con hambre. Me sentí sobre cogida. Su lengua causó estragos a mis hormonas y cuando terminamos, yo estaba temblorosa y muy, pero muy caliente.

La boda por el civil fue corta y firmamos los papeles, luego del que el juez, nos declarara marido y mujer.

Todos aplaudieron. Los brazos de Edward me envolvieron en un fuerte abrazo.

― No te vas a ir de aquí jamás – dijo y yo me apoyé en él.

― No me quiero ir – besé su mejilla―, feliz cumpleaños de nuevo, mi viejito – él sonrió.

― Es feliz porque estás conmigo, barrilito.


****** Danielle Franks dice:

Espero que estén teniendo un gran año. Me he demorado en publicar, pero el cap. está largo y es hermoso a mi parecer. De este cap., falta la segunda parte. Espero que les guste mucho.

En mención al nombre de Edward, el segundo apellido es Platt, porque a diferencia de la película, aquí si es hijo de Esme.

Sé que ya no tengo la recepción que tenía antes y yo misma me lo he ganado por eso no voy publicar en Wattpad, hasta que no termine aquí.

Los quiero un resto y felices fiestas a tod s.

Saludos desde Panamá

Besos.

Comenten me harían ¡feliz!