Este capítulo tiene una gran importancia para mí, ya que cuando idee esta historia lo que realmente tenía ganas de explorar es lo que se va a contar en este capítulo y de aquí surgieron los primeros bocetos que luego se convertirían en este fanfic. Cuando me decidí a escribir por fin sobre el universo de Star Wars, mi primera intención fue la he hacer un one-shot que transcurriera en el mundo de Ziost. Las posibilidades eran múltiples y todas me atraían. Sin embargo, me pareció que tan importante como los hechos que sucederían en ese hipotético one-shot serían aquellos que hicieron que se llegara a ese momento. El resultado, los 14 capítulos que preceden a éste xD. Llegando al ecuador de esta "segunda temporada", era el momento adecuado de que los hechos que se desarrollan en este capítulo que en mi mente fue el origen de todo entrasen a formar parte de la historia.


CAPITULO 5

ENSEÑANZAS


Ziost

Ziost era un mundo frío y tenebroso, situado en la Caldera Stygian, en los territorios del Borde Exterior. El planeta apenas estaba poblado. Colonizado milenios atrás por los massassi que huyeron de Korriban tras la muerte del rey Adas no tardó tiempo en convertirse en uno de los bastiones del Imperio Sith. El lado oscuro era intenso en Ziost y eso desembocó en la construcción de numerosos templos que contenían toda clase de reliquias requisadas por sus Señores Oscuros. Tras la caída del Imperio Sith, Ziost había perdido prácticamente la totalidad de la grandeza que poseyó antaño y apenas era un oscuro planeta poblado por ruinas congeladas durante los últimos mil años. Sus escasos habitantes malvivían escondidos, presas del temor de que los dioses volviesen a descargar su ira sobre el planeta.

Pocos exploradores osaban adentrarse en Ziost, planeta que la inmensa mayoría de la galaxia consideraba carente de vida. Ziost no poseía riquezas y estaba envuelto en un halo de oscuridad y muerte en recuerdo de sus tiempos pretéritos, por lo que nadie solía acercarse a Ziost jamás. Y así había sido durante más de mil años. Sin embargo, en los últimos meses, una pequeña lanzadera de corto alcance había visitado con asiduidad distintas zonas del planeta. De morro aplanado, con dos grandes alerones a ambos lados del casco, la lanzadera disponía de un hiperimpulsor que le permitía realizar saltos desde sistemas cercanos. Su diseño, más de una nave diplomática que de otra cosa, chocaba enormemente con el tipo de nave que hubiese sobrevolado Ziost en el pasado, pero se internó en la atmósfera del planeta con decisión y con un vector de aproximación fijado en un objetivo en concreto.

Los rayos del sol pocas veces castigaban la superficie de Ziost debido a la gran nubosidad existente, que hizo que la única tripulante de la lanzadera tuviese que recurrir a los sistemas informáticos antes de internarse entre las cumbres heladas de las montañas. Cuando dejó atrás las capas más densas de nubes, contempló el enorme glaciar que ocupaba casi la totalidad de la región y viró varios grados hacia el Este para dejar a su izquierda aquella estructura. A pesar de encontrarse en las horas de mayor luminosidad del día, en cualquier otro planeta podría decirse que se estaba próximo al atardecer. Aquella era la realidad de Ziost, un planeta lleno de tonalidades apagadas.

Cuando la lanzadera llegó a la ciudadela, situada a más de tres mil metros de altura, entre dos montañas, la sobrevoló en círculos para encontrar un sitio adecuado para aterrizar. Finalmente, su piloto se decidió por una explanada situada junto a un barranco pero que cuya roca parecía lo suficientemente resistente como para asegurar el peso de la nave. La lanzadera aterrizó con suavidad, sin encender las luces de posición para evitar llamar la atención de cualquier ser vivo, aunque en aquel lugar, los vivos eran la menor de sus preocupaciones. Lo que yacía muerto en el interior de Ziost podría ser muchísimo más peligroso. Las revoluciones de los motores descendieron lentamente hasta que finalmente se apagaron y todo permaneció en silencio mientras la rampa de la bodega de carga se abría.

Darth Asha descendió lentamente por la rampa de la lanzadera y sintió el enorme poder que emanaba toda la región nada más posar sus pies sobre el hielo de Ziost. A pesar de que la temperatura rondaba los quince grados bajo cero, ella apenas iba cubierta con una túnica oscura, con capucha, pero no sintió frío. El gélido viento le golpeó de inmediato en su cara e hizo que su capa ondeara. Caminó con decisión sobre las congeladas rocas y se internó en las ruinas de aquella ciudadela que llevaba muerta un milenio. Sabía lo que estaba buscando, pero no su ubicación exacta, por lo que recurrió a la Fuerza para liberar sus sentidos. Al principio, algo en lo más profundo de Ziost respondió, atrapándola entre sus garras y asfixiándola. Sintió el lado oscuro internándose en su interior, quemándola, como si de un veneno se tratase. Sus piernas flaquearon y finalmente cayó de rodillas sobre la nieve.

–¿Duele, verdad? –preguntó una voz masculina junto a ella.

–Mi pecho... arde. –contestó Darth Asha mientras con su mano derecha se agarraba con fuerza su traje de cuero.

–Eres realmente osada por invocar a la Fuerza en un lugar como éste. ¿Es que no has aprendido nada de lo que te he enseñado?

Darth Asha levantó su vista para mirar al hombre que tenía ante ella. Humano, alto, de oscuros cabellos recogidos en una coleta, enfundado en un traje negro y envuelto por una capa púrpura. La cicatriz que poseía en su frente brilló cuando Exar Kun se giró para caminar alrededor de Darth Asha. La nieve no se hundía bajo sus pisadas, ni siquiera quedaba marcada tras el paso de sus botas. El último gran Señor Oscuro del Sith que había logrado poner en jaque a la República hacía más de 30 años sonreía con maldad a la muchacha que se había convertido inesperadamente en su nueva aprendiz. Aquella hembra twi´lek tenía potencial. En su interior albergaba un gran odio hacia el orden establecido en la galaxia, algo que la hacía increíblemente diestra para el uso del lado oscuro. La muchacha se había abierto al lado oscuro, y éste la había devorado por completo. Una vez más, estaba demostrando ser una excelente candidata para la instauración del nuevo Imperio Sith.

El encuentro entre ambos podría considerarse fortuito, pero la esencia de Exar Kun no estaba totalmente convencida de que él mismo hubiese creído en la casualidad en el pasado. Aquello era obra del destino. El destino era quien realmente guiaba a la galaxia. El destino había hecho posible la aparición del lado oscuro milenios atrás. Jedis oscuros, exiliados, que habían logrado construir un imperio, la edad dorada de los siths. Un imperio que el destino había hecho que se desmoronara y que permaneciese oculto hasta la llegada de uno de los jedis más poderosos que había existido. Exar Kun había devuelto la gloria perdida al Imperio Sith y había sido capaz de atacar Coruscant, asestando un golpe casi definitivo a la República. Sin embargo, los jedis, unidos por la joven Nomi Sunrider, habían logrado destruirle en su santuario de Yavin IV. Exar Kun había muerto en aquella batalla, pero su espíritu había logrado transcender las puertas de la muerte refugiándose en el interior de un holocrón sith. Y allí había aguardado durante tantos años hasta que alguien capaz de usar el lado oscuro había activado semejante fuente de conocimientos. A pesar de que Exar Kun no podía adoptar una forma tangible ni usar sus antiguos poderes para influir en el mundo real, poseía el arma más importante de todas: el conocimiento. Con su conocimiento estaba moldeando a aquella muchacha para convertirla en la sith más poderosa que existiese jamás. La nueva emperatriz, que llegaría más lejos de lo que él soñó alguna vez.

–¿Por qué me has traído hasta aquí? –preguntó Darth Asha.

–Porque estás a punto de dar un paso importante en tu entrenamiento –contestó Exar Kun. –Y hoy aprenderás una lección muy importante.

Sin añadir una sola palabra más, Exar Kun se internó en una angosta calle, atravesando los escombros con su cuerpo y ascendió por unas escaleras de piedra que iban formando una espiral. Darth Asha le siguió a escasa distancia, sorteando los obstáculos que se encontraba en su camino. Finalmente, la ascensión terminó abruptamente junto a lo que antaño hubiera sido una enorme columna de piedra que reposaba en el centro de una construcción circular, que apenas mantenía su apariencia. Aquella estructura había sido excavada en la roca y a pesar de su aspecto era bastante resistente. Exar Kun levantó su brazo derecho y señaló con un dedo una pared vertical de cientos de metros de altura que se erguía frente a ellos. Darth Asha miró en la dirección que le indicaba su maestro y se percató de que sobre la piedra, la nieve y el hielo habían formado una serie de símbolos. Entendió algunos de los símbolos, a pesar de que habían sufrido la erosión del paso del tiempo. Caminó pensativa a lo largo de la pared, desviando una y otra vez su vista hacia la columna que reposaba en el centro de aquella plataforma, tratando de desentrañar su significado. Estaba segura de que el pilar tenía relación con los símbolos de la pared y se acercó a él. Lo tocó con su mano enguantada y parte de la nieve se desprendió y cayó al suelo. La columna no parecía tener nada de especial, pero aún así seguía creyendo que tenía su importancia. Entonces, algo se iluminó en su mente y Darth Asha se quitó el guante de cuero de su mano izquierda para tocar con la palma de su mano aquella estructura. La reacción fue inmediata. Cuando posó su mano desnuda sobre la piedra, ésta se iluminó en un tono carmesí y la nieve que envolvía la piedra comenzó a derretirse. Darth Asha sintió el enorme poder que emanaba de la estructura y observó cómo sobre su superficie comenzaban a dibujarse una serie de símbolos de color dorado.

–Es una inscripción antigua –dijo Exar Kun tras unos segundos. –¿Puedes leerla?

–Sorjus... debir...¿trys´a se traduce como thres´a? –Darth Asha trató en vano de traducir lo que estaba leyendo.

–No seas tan estúpida –le recriminó Exar Kun. –Léela.

–Se parece al lenguaje de los sith, pero solo en el uso de algunos caracteres...

La twi´lek sentía cada vez con mayor intensidad el poder que había encerrado en aquella escritura que era incapaz de leer. El dolor de su mano fue en aumento, como si su piel se consumiera y sus huesos se agrietasen. Se vio obligada a apartar la mano de la roca, pero cuando la observó, su piel estaba intacta, sin una simple quemadura.

–Te lo ordenaré una última vez. –dijo Exar Kun con su voz grave y seria –Léela.

Darth Asha miró al espíritu de aquel Señor Oscuro y sintió una enorme ira hacia él. Ella era la emperatriz y nadie que osase hablarle de esa manera solía vivir para contarlo. Con su ira, sintió que su poder aumentaba también. Estaba en Ziost y aquel planeta multiplicaba los efectos que el lado oscuro causaba en las emociones de los seres vivos. Ser esclava de sus emociones en aquel planeta podría ser algo extremadamente peligroso, por lo que Darth Asha no dijo nada, cerró los ojos y dejó que su ira le abandonase. Sin embargo, el lado oscuro seguía allí, con ella y eso le hizo sentirse más poderosa aún. Entonces fue capaz de comprender a qué se refería Exar Kun cuando le pidió que leyera aquella inscripción. Darth Asha se quitó su otro guante y lo arrojó al suelo mientras se acercaba de nuevo a la columna de piedra. Esta vez se apoyó con ambas manos sobre la inscripción, que volvió a iluminarse. Sentía dolor pero no le importaba. Entonces fue cuando empezó a leer de verdad lo que había escrito sobre la piedra, pero no con sus ojos. Invocó al lado oscuro y dejó que fluyera de ella hacia la estructura y volviese a ella de nuevo, iluminando su cuerpo de un color rojizo que la envolvió por completo como si de feroces llamas se tratasen. Sentía muchísimo dolor y eso aumentaba el poder del lado oscuro que ahora sí emanaba hacia su interior como si de un torbellino se tratase, lleno de dolor y sabiduría. Cerró los ojos con fuerza cuando sintió cómo algo parecía estar a punto de estallar dentro de su cabeza y fue entonces cuando las palabras se materializaron por fin en su mente.

La paz es una mentira, solo hay pasión. Con la pasión, obtengo fuerza. Con fuerza, obtengo poder. Con poder, obtengo victoria. Con la victoria, mis cadenas se rompen. La Fuerza me liberará.

Cuando la última de las palabras apareció en su mente dando por finalizado el mensaje, el pilar de piedra estalló, vaporizándose en apenas un segundo y enviando el cuerpo de Darth Asha por los aires, dando un giro violento hasta caer sobre la nieve por la que se arrastró un par de metros. Exar Kun sonrió al ver que su aprendiz había avanzado un paso más en su entrenamiento y caminó hacia ella mientras ésta trataba de ponerse en pie.

–¿Qué... ha sido.. eso? –preguntó Darth Asha mientras pequeñas motas de piedra congelada aún caían a su alrededor.

–El código sith. –respondió Exar Kun. –El original. Grabado por los primeros jedis oscuros de los que se tiene constancia.

–¿No había... otra forma... de aprenderlo? –preguntó Darth Asha mientras trataba de recuperar su aliento.

–Si te lo hubiese recitado yo no hubiese significado nada para ti. –dijo Exar Kun. –Ahora el código sith sólo existe en tu interior.

–Siento... algo nuevo en mí.–dijo Darth Asha mientras se miraba la palma de sus manos. –Tengo la misma energía que antes, pero sin embargo me siento más poderosa.

–La semilla ha sido plantada en tu interior –explicó Exar Kun. –Y cuando aprendas su significado serás eterna.

–Eterna... –repitió Darth Asha mientras sus ojos se desviaban hacia la cima de una montaña cercana. –Siento que allí hay algo.

Exar Kun volvió a sonreír y se congratuló de que los acontecimientos se estuvieran desarrollando tal y como él deseaba. Su aprendiz se estaba abriendo cada vez más al lado oscuro. Acababa de superar satisfactoriamente uno de los puntos críticos en su aprendizaje y sin apenas tiempo para descansar iba a enfrentarse a un nuevo desafío. En efecto, todo había comenzado ya a fluir y pronto nadie en la galaxia sería capaz de detenerlo.

–Ese sitio –dijo Exar Kun mientras señalaba la cima de una escarpada montaña de hielo. –Debes ir.

Darth Asha observó durante unos instantes los altos muros de hielo cuya cima permanecía oculta por una densa nubosidad cargada de electricidad. A pesar de que en la ciudadela no nevaba en abundancia, allí arriba parecía haberse desatado una terrible ventisca. Darth Asha se volvió y empezó a caminar hacia las escaleras que la llevarían de regreso a su nave.

–Tu nave no podrá llevarte a allí–dijo Exar Kun.

–No hay ningún acceso a pie. Volaré hasta la cima y...

–Y no encontrarás nada –concluyó Exar Kun. –El poder que habita en esa montaña no es accesible a cualquiera. Para que se muestre, primero deberás afrontar una prueba de sangre, como es la tradición.

–¿Prueba de sangre? –preguntó Darth Asha.

–Shhh –susurró Exar Kun, haciendo un gesto con la mano a la twi´lek para que guardara silencio. – ¿Lo oyes?

Darth Asha se mantuvo en silencio y agudizó sus oídos. Percibió algo en la lejanía, un ruido que iba ganando intensidad, acompañado de una especie de temblor. La Fuerza puso sus sentidos en alerta y desvió sus vista hacia el Señor Oscuro, que sonreía.

–Ya vienen –dijo Exar Kun sin borrar la sonrisa de su rostro.

Darth Asha encendió su sable de luz carmesí de doble hoja mientras esquivaba dos lanzas que se dirigían hacia su cuerpo y que cayeron sobre la nieve. Los sonidos que había escuchado se convirtieron en gruñidos que ganaban intensidad y el temblor era claramente producido por pisadas de seres. Muchos seres. Darth Asha realizó un giro de 360 grados sobre su cuerpo mientras los primeros guerreros massassi saltaban los maltrechos muros de las ruinas circundantes y se abalanzaban sobre la twi´lek desde todos los ángulos. Los dos primeros guerreros cayeron inertes, sobre la nieve, partidos por la mitad. Aún quedaban una docena de guerreros a su alrededor. Cuando Darth Asha se giró para decapitar a otro massassi, a su alrededor había ya una veintena de enemigos, que parecían brotar de todas partes. Invocó al lado oscuro, sin dudar acerca de la reacción que tendría Ziost al observar cómo atacaba a sus habitantes. Agarró su sable de luz con una sola mano, haciéndolo girar para desmembrar a otros tres guerreros, mientras de los dedos de su otra mano brotaban rayos azulados que envolvieron a media docena de enemigos que murieron en cuestión de segundos. Sin pararse a pensar, saltó por los aires y dio una voltereta para caer tras otro massassi a quien decapitó con rapidez. Otro guerrero le atacó con una especie de maza entre sus manos y Darth Asha le empaló limpiamente. Se giró con rapidez. A pesar del frío, su piel empezaba a estar perlada de sudor. Aquellos guerreros eran mortíferos y atacaban sin miramientos. Si cometía un mínimo error, sus días como emperatriz terminarían prematuramente en aquel frío planeta. Con una patada lateral se libró de otro enemigo a quien lanzó contra dos guerreros que cayeron sobre la nieve. Mientras amputaba el brazo de un massassi vestido con una armadura dorada y un casco con forma de cubo vio que sus enemigos emergían desde los escalones de piedra que daban acceso a los niveles inferiores de la ciudadela. Cargó contra tres guerreros. Dos de ellos perdieron sus piernas, mientras el tercero recibió una patada ascendente en su mandíbula que le partió el cuello. Una lanza pasó demasiado cerca de su mejilla, rasgando parte de su capa que ondeaba a su alrededor. Un golpe de Fuerza lanzó al massassi a través de un muro de piedra, destrozando los huesos de su espalda. Darth Asha corrió hacia los escalones, abatiendo enemigos a su paso. Atacaban con furia, pero sin orden y aquello acabaría por condenarles. Pero entonces, algo inesperado sucedió y sus enemigos dejaron de atacar. Los guerreros massassi se detuvieron y permanecieron observando a la twi´lek desde la distancia.

–¿Y ahora qué sucede? –preguntó Darth Asha entre jadeos, dándose cuenta del terrible esfuerzo que había estado realizando.

Un enorme rugido hizo que todos sus sentidos volviesen a activarse. Por un instante estuvo tentada de invocar a la Fuerza (al lado luminoso de la Fuerza) para entrar en un trance curativo que le permitiese recuperar parte de sus energías perdidas, pero realizar tal maniobra en Ziost equivaldría a un suicidio anunciado. Mantuvo la calma, a pesar de que escuchaba rocas que se partían y muros que se derrumbaban. Desvió su vista lateralmente, para tener controlados a los massassi que aún quedaban en pie y que ahora permanecían estáticos, sin intención de atacarla. La cadencia de los temblores aumentó en intensidad anunciando la llegada de algo enorme. Un casco metálico coronado por una cornamenta dorada fue lo primero que vio Darth Asha, que en vez de miedo sintió asco cuando vio la enorme cabeza de piel rojiza llena de deformidades del enorme ser que ascendía hacia ella, destrozando los escalones de piedra con sus pisadas. Darth Asha no recordaba jamás haber visto algo igual. Aquel ser tenía la apariencia de un demonio con una desarrollada musculatura protegida por fragmentos de duracero a modo de armadura. El ser, que mediría unos 4 metros de altura, portaba entre sus garras una maza del tamaño de un pequeño caza. A su alrededor ondeaban media docena de cadenas agarradas en sus extremos por un par de guerreros massassi que trataban de controlar a aquella bestia cuya mirada ambarina se había posado sobre su presa twi´lek.

Darth Asha permaneció serena cuando el enorme ser gritó con tal intensidad que sintió que sus tímpanos estaban a punto de estallar. Con un violento movimiento se liberó de las cadenas de sus amos y avanzó con rapidez hacia su enemiga. Un par de zancadas de aquel ser fueron suficientes para cubrir en apenas dos segundos los escasos metros que le separaban de la mujer twi´lek. Darth Asha se movió solo cuando su enemigo alzó su maza para descargar sobre ella un golpe mortal. Era más rápido de lo que ella hubiera imaginado, pero no tuvo muchas dificultades para esquivar el golpe. La maza impactó sobre la nieve y luego sobre la roca, que se agrietó y dejó un pequeño cráter en el terreno. Darth Asha decidió que ese era un buen momento para atacar y se lanzó hacia el brazo del gigante. Una vez más, el ser demostró estar dotado de una asombrosa rapidez y sin apenas esfuerzo levantó su maza del suelo para golpear de nuevo a la joven twi´lek. Darth Asha tuvo que invocar con intensidad al lado oscuro para rectificar su movimiento en el aire y esquivar aquel golpe que le hubiese destrozado los huesos de su cuerpo. Giró sobre sí misma mientras el arma de su enemigo desgarraba parte de su capa y cayó sobre la nieve con elegancia, manteniéndose agachada, con una de sus rodillas flexionadas. Antes de que el gigante tuviera tiempo de girarse, Darth Asha cargó contra él, con la intención de cercenarle su brazo izquierdo. La primera estocada impactó lateralmente contra una de las partes de su armadura, que a pesar de resistir el impacto, se resquebrajó y quedó ennegrecida. Con la otra hoja de su sable, realizó un movimiento ascendente que perforó parte de la articulación de su enorme codo. El ser gritó de dolor y furia y le lanzó un manotazo a Darth Asha que esquivó por muy poco. Su brazo izquierdo había quedado inútil y ahora la criatura blandía su arma con una sola mano, destrozando las pocas estructuras que permanecían en pie a su alrededor, tratando en vano de acertar a la twi´lek. Los golpes eran ahora menos precisos y eso fue todo lo que necesitó Darth Asha para dar por terminado el combate. Corrió hacia su enemigo, de frente, dejando su cuerpo expuesto a un golpe fácil que sabía que vendría desde arriba. Esperó a que el gigante levantase su maza y la dejase caer sobre su cabeza. Entonces, Darth Asha se deslizó sobre la nieve hacia él, y en el preciso instante en el que la pesada maza era descargada sobre el suelo, la twi´lek se detuvo bajo su enemigo y mediante un rápido salto le asestó un golpe vertical con su sable de luz. La hoja penetró por la parte inferior de la mandíbula de la bestia y le atravesó el cerebro, matándolo en el acto.

El estruendo que hizo el cuerpo al desplomarse sobre el suelo fue similar al de un templo de piedra desmoronándose. El suelo retumbó, elevando una nube de polvo y nieve a su alrededor. Darth Asha apagó su sable de luz y permaneció junto al cadáver, jadeando, tratando de imaginar qué nuevo enemigo haría su aparición ahora y si ella sería capaz de derrotarle esta vez. Era consciente de que había gastado demasiadas energías. ¿Acaso aquel maldito planeta se alimentaba de las energías de sus habitantes? Prefería no pensar más en aquella cuestión y trató de recuperar sus energías sin recurrir a la Fuerza. Sin embargo, pronto observó cómo los massassi que quedaban en pie entre el mar de cadáveres que había a su alrededor no tenían intención de enfrentarse a ella , y sin quitarle la vista de encima, empezaron a retroceder lentamente hasta que se perdieron entre las ruinas y desaparecieron.

–Excelente –dijo Exar Kun, que acababa de materializarse junto a la antigua torre hecha pedazos y señalando a su alrededor con sus manos añadió. –Para acceder a los secretos de Ziost se requiere siempre un sacrificio de sangre.

Darth Asha contempló los cuerpos de los massassi abatidos sobre la nieve. No los había contado, pero habría más de cincuenta. Entonces, escuchó cómo en algún lugar el hielo comenzaba a resquebrajarse y toda la ciudadela comenzaba a vibrar. Miró a Exar Kun en busca de respuestas, pero el Señor Oscuro permanecía inalterado, observando el enorme glacial que coronaba la ciudadela y que estaba empezando a agrietarse. Darth Asha temió que se produjera un desprendimiento y que la arrastrara junto con lo que quedaba de la ciudadela. Sin embargo, las grietas que serpenteaban a lo largo del muro de hielo estaban siguiendo un patrón determinado y finalmente, varias placas comenzaron a desplazarse hasta formar unas escaleras entre el hielo que ascendían hasta perderse entre las nubes que ocultaban la cima del glaciar.

–¿Otra prueba? –preguntó Darth Asha.

–Tan solo es un camino –respondió Exar Kun. –Debes subir.

–Sí, maestro –dijo la twi´lek, pronunciando con desdén la palabra "maestro".

Darth Asha caminó hasta la base del primer escalón y comenzó su ascenso. A pesar de que los escalones estaban formados por hielo, estos no eran resbaladizos y el ascenso fue más sencillo de lo que había imaginado, al menos al principio. Los escalones formaban un sendero que serpenteaba en espiral, en dirección a la cima. La mayoría del trayecto discurrió entre peligrosos barrancos de hielo donde un paso en falso podría tener fatales consecuencias. Algunos tramos discurrían por cuevas excavadas en el hielo y en donde Darth Asha tuvo que recurrir a su sable de luz para iluminar el camino. El ascenso duró varias horas que a ella se le hicieron interminables. Sentía cómo todas las articulaciones de su cuerpo estaban entumecidas como consecuencia de las bajas temperaturas y el cansancio. Sobre su capa se acumulaba el hielo y la nieve, que caía con más violencia a medida que se acercaba a su destino. Durante el último tramo de la ascensión, las nubes la envolvieron definitivamente y la ventisca azotó su cuerpo con gran violencia. El hielo se volvía más resbaladizo y quebradizo con cada paso que daba y en varias ocasiones estuvo a punto de caer al vacío. Cuando un rayo impactó sobre un saliente de hielo tan solo un par de metros sobre su cabeza, Darth Asha tuvo que recurrir a su sable de luz para anclarse a la pared de hielo y evitar ser arrastrada por la avalancha. Los músculos de sus brazos estuvieron a punto de desgarrarse cuando la masa de hielo intentó arrastrar su cuerpo y tuvo la certeza de que si la hoja se soltaba del hielo todo terminaría muy rápido. Sin embargo, nada de eso sucedió y logró permanecer tendida sobre los escalones, con enormes trozos de hielo sobre su cuerpo. Se sintió como en una tumba, sepultada bajo toneladas de hielo y nieve, en la más absoluta oscuridad. Su corazón seguía latiendo, a baja intensidad debido a la hipotermia que estaba sufriendo su cuerpo y eso la indicó que aún seguía con vida y no tenía intención de morir allí. La emperatriz no iba a morir por una avalancha. La ira se apoderó del cuerpo de Darth Asha y el lado oscuro rugió en resonancia. La twi´lek gritó de rabia y el hielo que cubría su cuerpo voló por los aires como si algo hubiese estallado en su interior. Darth Asha volvió a ponerse en pie y desafió a la tormenta. sacó primero un pie de entre la nieve y luego el otro, caminando con decisión hacia la cima, donde le aguardaba aquello que había venido a buscar.

Tras unos interminables minutos en los que sintió que su mente había abandonado su cuerpo y que caminaba por pura inercia, ignorando el dolor, llegó al final de la escalera de hielo, que terminaba ante la entrada de una gruta. Cuando llegó al umbral de la caverna, la ventisca había amainado y la twi´lek se desplomó de rodillas sobre la nieve.

–Así que... no... era ... otra prueba..., ¿eh? –susurró Darth Asha, respirando con dificultad.

–Y la has superado, aprendiz –dijo Exar Kun tras aparecer ante ella. –Ahora, pasa a conocer tu destino.

Darth Asha permaneció algo más de un minuto agachada, hasta que consiguió respirar con mayor facilidad. No recordaba haberse sentido jamás tan exhausta como lo estaba en ese momento y se dio cuenta de que se había hecho realmente fuerte durante el último año. Se puso en pie y se adentró en la caverna mientras se iba limpiando la nieve que cubría sus ropajes. Exar Kun la siguió, en silencio y Darth Asha se preguntó si existiría algún sistema para desconectar el holocrón sith y que el espíritu de aquel Señor Oscuro apareciese sólo cuando ella lo invocase ya que muchas veces tenía la sensación de que Exar Kun tan solo jugaba con ella. Sin embargo, no era ajena a los progresos que había estado haciendo desde que activó aquel antiguo artefacto y cada vez se sentía más poderosa. Dejó a un lado sus pensamientos cuando la cueva comenzó a estrecharse hasta que finalmente desembocó en una amplia caverna en cuyo centro tan solo había una especie de esfera de hielo, de unos 10 metros de diámetro, iluminada levemente por débiles haces de luz que se colaban entre las grietas del techo.

–¿Qué es eso? –preguntó Darth Asha

–El futuro –respondió Exar Kun. –Ahí se encuentran las respuestas a tus preguntas.

Darth Asha se acercó despacio hasta la esfera de hielo y posó una mano sobre ella. Al instante sintió el enorme poder que emanaba desde dentro del hielo junto con una calidez embriagadora. Sus dedos se mojaron cuando el hielo empezó a perder su densidad y en un par de segundos su pulso se aceleró y empezó a escuchar los latidos de su propio corazón, que empezaron a resonar con lo que quisiera que se hallase dentro de la esfera de hielo. La caverna empezó a vibrar y la esfera de hielo se resquebrajó finalmente, dejando caer al suelo afiladas placas de hielo que acababan de dejar al descubierto una esfera de un metal que ella no logró identificar. La esfera poseía en su parte central un hexágono de transpariacero, que le proporcionaba la apariencia de un ojo y en los extremos de su plano horizontal sendas aletas que le indicaron a Darth Asha que aquel objeto podría ser alguna especie de droide gigante o vehículo de transporte.

–Parece un caza –dijo Darth Asha mientras rodeaba la esfera.

–Es una esfera de meditación sith –confirmó Exar Kun. –Una antigua nave de guerra utilizada por el Imperio Sith para la meditación durante una batalla.

–¿Un ojo gigante con alas de murcielalcón? –preguntó irónicamente Darth Asha.

–El Señor Oscuro Naga Sadow la construyó hace más de mil años –explicó Exar Kun. –Y explotó todo su potencial durante la edad dorada de los sith.

Cuando Darth Asha escuchó aquel nombre, su interés por aquella supuesta esfera de meditación se acrecentó. A pesar de que era un tema tabú dentro de la Orden Jedi, Darth Asha había logrado solventar esa carencia gracias a la información que contenía el holocrón sith que poseía. Se había documentado en profundidad sobre la historia de los sith y sabía que Naga Sadow había sido uno de los más poderosos Señores Oscuros que hubiesen existido jamás. Si aquella esfera de meditación era lo que Exar Kun afirmaba, estaba segura de que se trataría de un objeto sumamente poderoso.

–La esfera de meditación posee la habilidad de amplificar los poderes de quien la maneja –continuó explicando Exar Kun. –Si su dueño es digno puede canalizar el poder del lado oscuro hasta niveles que escaparían a tu comprensión. Naga Sadow se valió de esta esfera para observar todo aquello que escondía la galaxia y controlar a todos sus lacayos.

–¿Qué sucede si quien usa la esfera no es suficientemente digno? –se aventuró a preguntar Darth Asha. –¿Sigue funcionando?

–La esfera le mataría en el acto.

–Genial –murmuró la muchacha mientras se situaba frente a aquel hipnótico ojo.

–La esfera de meditación fue destruida en la batalla de Primus Goluud, en la Gran Guerra Hiperespacial, precipitando la caída de Naga Sadow, pero sus restos fueron traídos a Ziost, donde el planeta la ha estado regenerando hasta ahora.

Cuando Exar Kun terminó de hablar, la esfera de meditación decidió que era el momento oportuno de abrirse y un surco empezó a brotar desde el perímetro de la circunferencia, abriéndose e invitándoles a que penetraran en su interior. Darth Asha colgó en su cinturón su sable de luz, ya que tenía la certeza de que no habría más pruebas por combate. Sentía que algo importante estaba a punto de suceder y caminó con decisión hacia el interior de la esfera, cuyas paredes estaban inclinadas hacia adentro dejando un espacio en el centro para la meditación del Señor Oscuro. Dentro de la nave no había asientos ni ningún tipo de instrumentos para el pilotaje. Darth Asha se situó en el centro e inmediatamente después la abertura de la esfera desapareció y todo empezó a moverse. De la tenue iluminación que había en el interior de la cueva pasó a un blanco cegador y después la oscuridad más absoluta, rota tan solo por moteadas luces en la lejanía: el firmamento. Darth Asha se encontró de rodillas en el suelo de la esfera, buscando algún objeto al que agarrarse y tratando de no vomitar la única comida que había ingerido ese día. Sin embargo, tan rápido como había empezado, el movimiento se detuvo.

–¿Cuánto tiempo...? –trató de preguntar Darth Asha –¿Estamos en el espacio?

–Has activado la esfera –respondió Exar Kun.

–Hemos abandonado Ziost en escasos segundos –comentó con asombro la muchacha. –Increíble.

Darth Asha contempló las estrellas que había al otro lado del transpariacero hexagonal e intentó cartografiar su posición. No sólo habían abandonado Ziost, sino también el sector Esstran. Y fue entonces cuando el verdadero viaje comenzó. Algo en el interior de la cabeza de Darth Asha estalló y sintió tal dolor que creyó que su fin había llegado. Su mente empezó a ser bombardeada por una miríada de imágenes en movimiento entremezcladas con gritos, llantos y lamentos.

La paz es una mentira, sólo hay pasión.

Muerte, por toda la galaxia. Darth Asha sintió en su interior el sufrimiento de millones de seres al unísono y eso desgarró su corazón. Almas que jamás encontrarían consuelo y que estaban destinadas a sufrir eternamente. ¿Dónde estaban los jedis? Fue incapaz de contener sus lágrimas cuando ella misma se vio reflejada en aquellas imágenes. Los cadáveres de sus padres flotaron ante ella. Intentó tocarlos, pero éstos se desvanecieron. El rostro de su tía Alema parecía estar en todas partes y luego ese olor que conocía tan bien...

–Kinsa... –susurró Darth Asha, recordando a su hermana fallecida.

Con la pasión, obtengo fuerza.

Darth Asha se dejó llevar por la ira. La ira que le proporcionaría la fuerza necesaria para salvar aquella galaxia que se autodestruía sin que nadie hiciese nada por evitarlo, sin que a nadie le importase. Sintió cómo el poder aumentaba en su interior y las lágrimas desaparecieron de su rostro, evaporadas por la temperatura que estaba alcanzando su cuerpo, que parecía arder con más intensidad que las entrañas de Mustafar. Se sintió más fuerte y eso le gustó.

Con fuerza, obtengo poder.

Ahora podía estar en cualquier parte de la galaxia, tocando a cada uno de sus habitantes. Estuvo en Coruscant, donde los débiles y corruptos tomaban las decisiones que condenaban a todos los habitantes de la República. Observó la ecumenópolis desde el espacio, como si estuviese allí mismo, y les sintió a todos. El inmenso poder que ahora fluía por su cuerpo hizo que se sintiese capaz de hacer cualquier cosa. Recorrió cada rincón del planeta. Miseria y opulencia se entremezclaban en un irónico baile de hipocresía marcado por la desesperación y la muerte. Viajó al Senado, corazón de todos aquellos males. En menos de un segundo les robó todos sus pensamientos. Escoria de la peor calaña y sobre la que ella gobernaría algún día, haciéndoles pagar por todos sus crímenes. Cuando abandonó Coruscant, en una de las residencias del Senado, a un diplomático zabrak le estallaron sus dos corazones. En la holored se diría que el cadáver tenía tal expresión de terror en su rostro que era bastante probable que la víctima hubiese muerto de puro miedo.

Con poder, obtengo victoria.

Darth Asha viajó al Borde Exterior, donde enormes ejércitos eran movilizados. Olió el humo de la victoria, la envolvente fragancia que emanaba de los restos de una podrida civilización que ahora quedaba atrás. Vio cómo ella comandaba los ejércitos de la nueva era, purificando una galaxia llena de impíos. Las flotas de la República sucumbían ante la devastadora potencia del Imperio Sith y los soldados enemigos morían por millones en el campo de batalla. Los jedis fueron ahora conscientes de su presencia. La sintieron y la temieron. Taris, Dantooine, Tython, Ossus... los principales enclaves jedi sucumbieron al caos. Los caballeros jedi supieron así el futuro que les aguardaba. Cientos de padawans terminarían sucumbiendo al lado oscuro, mientras otros terminarían suicidándose al descubrir que todo aquello en lo que habían creído era una falacia. Darth Asha rió con fuerza y su risa se pudo escuchar por toda la galaxia.

Con victoria, mis cadenas se rompen.

Entonces, su mente viajó más lejos aún, dejando atrás las leyes físicas que gobiernan en la galaxia. Su consciencia pareció disolverse para abarcarlo todo y se encontró con un torbellino de arena que giraba a su alrededor. Abrió sus manos y canalizó toda la energía que le proporcionaba el lado oscuro. La arena fluyó hacia ella y los granos fueron congregándose entre sus manos, formando una espiral que iba creciendo e iluminándose. Finalmente, su obra terminó y Darth Asha entendió al fin que lo que tenía entre sus manos no eran granos de arena sino estrellas. Entre sus manos tenía aquella galaxia llena de sufrimiento, aquella galaxia que ella iba a cambiar.

La Fuerza me liberará.

Volvió a ser consciente de sí misma cuando el mero hecho de respirar la devolvió a la realidad. Escuchó de nuevo los latidos de su corazón y sin necesidad de abrir sus ojos supo que la esfera de meditación sith se encontraba en la órbita de Ziost. El anhelado silencio volvió a acogerla entre sus brazos hasta que una conocida voz habló tras ella.

–¿Y bien? –preguntó Exar Kun. –¿Cómo te sientes ahora?

Darth Asha permaneció durante unos instantes con los ojos cerrados, tratando de asimilar el cambio que se había producido en su interior. Finalmente, abrió sus ojos y contemplando las estrellas que tenía ante ella respondió.

–Infinita.