Notas del capítulo:

Hola, de nuevo estoy por aquí con otro cap mas de esta historia. Tengo un poco de prisa hoy por lo que no mencionare a cada personita que me dejo reviews en el cap anterior pero les agradezco enormemente por escribirme.

Igual también agradezco a mis lectores fantasma que por lo que sea no tienen tiempo para escribir, espero seguir contando con su apoyo también.

Ahora si, sin mas a leer.


CAP. 2

DOS NACIMIENTOS Y UNA REUNIÓN

Era el nuevo líder, el nuevo Rey; y, ejerciendo este poder, ordenó la retirada. No podían seguir luchando, no ahora que su padre acababa de morir. Sabía que su decisión era cuestionada y mal vista por varios, lo veía en sus rostros, pero por primera vez se sentía cansado y, lo más importante, sentía la inutilidad de esa cruzada, del odio. Un odio del cual nadie conocía en realidad la causa pero que estaba matando a los suyos, el mismo que había matado a su padre.

Y en ese momento supo, lo supo. Él no quería terminar de esa manera. No quería eso para su hijo que estaba próximo a nacer. No quería que su hijo lo viera morir, o él mismo verlo morir en otra batalla inútil de esta estéril e improductiva guerra que ya había durado demasiado.

Debía haber una salida, una solución. No sería fácil, pero ahora que era Rey la encontraría, la haría posible. No quería más peleas, increíblemente no quería venganza por la muerte de su padre. Quería el final de esta guerra.

*"*"*

La decisión del nuevo Rey Vampiro le sorprendió, pero extrañamente lo entendió y él como nuevo Alpha, ordenó dejar que los odiados enemigos se fueran. Recibió miradas de incomprensión, de rabia y desacuerdo de sus hermanos, pero la decisión estaba tomada y la fuerza en su mirada verde cayó a quienes hubieron osado protestar su orden.

Aunque no quisieran, debían obedecerle y lo sabían.

Era, después de todo, el nuevo Alpha. No lo había pedido y no hubiera querido que fuera gracias a la muerte de su padre, pero para bien o para mal, ahora la responsabilidad de guiar a los suyos le pertenecía. Era una responsabilidad enorme y aunque había sido educado para ello, debía confesar que no se sentía preparado. No cuando la muerte de su padre le dio certeza a una fatídica suposición que le había llegado hacía no mucho.

Todo parecía absurdo.

Desde hacía un tiempo las dudas le asaltaban. Dudas sobre la guerra y la utilidad real de ésta, dudas sobre el odio contra los vampiros. Si lo analizaba desde un punto objetivo, todo parecía inútil, absurdo. Luchar y dar tu vida por un odio del cual nadie conocía su origen. Era cierto, ambos habían cometido atrocidades los unos contra los otros pero eso era reciente, ¿cuál era el origen de ese odio?

No lo sabía, y en ese momento, mientras veía cómo el cuerpo decapitado de su padre era levantado, supo algo importante: No quería más esto, no quería que el hijo que llevaba su esposo en su vientre creciese en medio de este caos. Y ahora que era el Alpha, lo haría posible.

*"*"*

Días después en Valakya.

La nación vampírica se estremeció y sufrió la partida de su Rey pero acogieron con alegría la ascensión del príncipe. Aunque la simpatía de sus hermanos no fue demasiada cuando ordenó esparcir su orden de luto, en la cual todo ataque contra licántropos estaba prohibido y penado.

No obstante, su círculo interno aplaudió su decisión. La mayoría de ellos ya conocía el sentir de su nuevo Rey respecto a la guerra y el odio entre ambas razas, y estaban de acuerdo con él. La decisión del nuevo Rey de decretar esta orden de luto, sin embargo, no era solamente por la muerte de su padre. Tampoco era únicamente por sus ideas de terminar con la guerra.

No, el principal impulso de su decisión era el próximo nacimiento de su primogénito, su heredero. De ninguna manera quería estar ausente en este importante momento.

Momento que justamente estaba por desarrollarse.

–Cálmate, Lucius… –Decía un hermoso hombre de largos cabellos negros.

–Severus tiene razón, debes calmarte amigo –habló otro de los hombres que acompañaban al Rey fuera de la habitación, donde la Reina estaba dando a luz en ese momento.

–Es fácil decirlo, Lucian, pero permíteme recordarte que tú estabas peor cuando nació Thomas –dijo el siempre imperturbable Rey Vampiro, mirando a su amigo con fastidio y siguiendo con su caminar ansioso por el pasillo.

–Mejor que ni se te ocurra debatir eso, Lucian –agregó con gracia un tercer hombre que conformaba el selecto grupo.

Lucian y Theodore Zabinni junto con Severus Snape, eran los tres mejores amigos del Rey Lucius y fueron convocados de inmediato cuando la Reina Narcissa entró en labor de parto. Lucius los apreciaba demasiado y quería tenerlos cerca en ese importante momento.

No pasó mucho para que el galeno encargado de recibir al próximo príncipe saliese y diese dos noticias. Una buena y otra mala…

Algo desconocido había complicado el parto y la Reina había muerto, pero el bebé estaba en perfecto estado.

Todos lamentaron la primera noticia, pero recibieron con alegría la segunda.

El Rey Lucius sufrió mucho la muerte de su esposa; Narcissa había sido una compañera leal y afectuosa. Y aunque siempre había sentido que algo faltaba entre ellos, la quería y la respetaba.

Además, Narcissa le había dejado un lindo regalo. Su hijo. Desde que le viera por primera vez, Lucius sintió algo que jamás había experimentado y su determinación de terminar la guerra, de crear un nuevo mundo para su hijo, se afianzó en su interior.

Por ello, luego de varios días del nacimiento del príncipe y la muerte de Narcissa, Lucius convoco a Lucian a una reunión privada.

–Lucius –dijo Zabinni, haciendo un asentimiento respetuoso en saludo. Cuando estaban a solas no había necesidad de formalidades.

–Pasa, Lucian, y siéntate. Lo que vamos a hablar es muy importante –replicó seriamente el monarca Vampiro.

Lo había pensado mucho, sabía que no sería fácil y no estaba muy seguro de si el nuevo Alpha de los licántropos estuviese dispuesto a escucharlo, pero se había prometido a sí mismo que haría hasta lo imposible para asegurarle a su hijo, a su pequeño Draco, un mejor futuro. Un futuro libre de muerte y odio.

*"*"*

Más días después en Lloegr

Luego de la muerte de su anterior líder y de la extraña orden de luto del nuevo Rey Vampiro, la nación Licántropa se encontraba en una aparente y tensa calma. Aparente, pues muchos pensaban que todo era un truco de los viles vampiros que buscaban sorprenderlos desprevenidos y así atacar primero.

Aunque, para decepción y desaprobación de los que pensaban de esta manera, su nuevo Alpha había decidido lo contrario. No atacarían a ningún vampiro y era una orden. Y, por supuesto, una orden del Alpha era ley para los licántropos y ninguno, por muy en desacuerdo que estuviese, desobedecería jamás. Así que a pesar de la tensa calma, nadie buscó venganza, nadie buscó pelea contra sus odiados enemigos.

Además, había algo que prometía disolver un poco la tensión. Un evento que los licántropos, pero en especial su Alpha, aguardaban con ansiedad. El nacimiento del primogénito de su líder.

–Vamos, James, tú puedes –decía el duro líder Licántropo, quien en ese momento tenía una mueca de dolor, pues su esposo estaba literalmente destrozándole la mano.

–Tom Riddle, si vuelves a decirme eso te asesino, ¿entiendes amor? –gruñó un bello hombre de cabellos negros y mirada avellana. Era James Riddle, el esposo del Alpha licántropo, quien estaba dando a luz al primogénito de ambos.

Ante semejante advertencia, Tom decidió que si bien era conocido por ser feroz y temerario en batalla, lidiar con el enojo de su esposo en estos momentos era peor que cualquier cruzada, por lo que decidió sabiamente guardar silencio y dejar que su esposo siguiese desquitándose con su mano.

Para suerte del líder Licántropo, la tortura a su mano no duró mucho más, pues de pronto un llanto inundó la habitación y su esposo dejó de apretar su maltrecha mano.

Como lo suponían los felices padres, era un niño, aunque cuando les dijeron de su fertilidad, un gruñido salió de los labios del Alpha. Su pequeño era fértil; no le molestaba el hecho, le molestaba lo que implicaba. No obstante, ese "inconveniente" no mermó su inmensa satisfacción.

Era padre y, en cuanto su hijo le miró, sus ojos se cruzaron con otros idénticos a los suyos. La determinación que había nacido y se había esparcido en su ser de no querer más batallas, más derramamiento inútil de sangre, se convirtió en decisión. Terminaría con esta guerra. Tendría que pensar cómo, pero lo haría.

–Tom, ¿qué sucede? –Cuestionó de pronto un cansado James, que notó demasiado serio a su esposo después de que, minutos antes, sonreía.

–No es nada James, descansa –negó el Alpha. No era momento de informar a su esposo de su decisión ya tomada, aunque estaba seguro que estaría contento y le apoyaría.

–Pero…

–Pero nada, descansa mientras este jovencito y yo –dijo, acariciando con cuidado la mejilla del bebé en sus brazos– vamos a saludar a Remus y a tu primo, que seguro está impaciente afuera –expresó con sarcasmo Tom, mientras caminaba hacia la puerta de su habitación.

– ¡Oh es cierto, Sirius! –Exclamó el de mirada avellana, ahogando un bostezo.

–Exacto, pero no te preocupes, yo me encargo de ese pulgoso –dijo con una media sonrisa el Alpha antes de abandonar la habitación.

Y en efecto, un hombre de cabellos negros ondulados y larga cola negra y peluda parecía impaciente y de muy mal humor cuando Tom salió. Muy diferente del tranquilo hombre sentado tras él, quien se limitó a sonreírle al Alpha.

–Remus, pulgoso… alguien quiere conocerlos –expresó un imperturbable Tom, sosteniendo ante ellos con cuidado a un adorable bebé que miraba a los extraños con curiosidad.

–Es encantador –mencionó el hombre tranquilo llamado Remus, acercándose al Alpha y su hijo, acariciando las pequeñas orejas negras que sobresalían de la cabeza del bebé.

–Por supuesto Remus, es hijo de James, aunque es una pena que sacara tus ojos –habló esta vez el hombre llamado Sirius, viendo a su Alpha con fastidio.

–Deja de decir necedades, pulgoso, mi hijo es hermoso y para que lo sepas James estuvo encantado de que sacara mis ojos –mencionó arrogantemente Tom.

Remus, que ya estaba acostumbrado a las peleas de esos dos, se limitó a suspirar mientras tomaba al pequeño de los brazos de su padre y le hacía a éste una seña para evitar que protestara ante su atrevido movimiento.

–Sirius necesita hablar contigo de algo importante –murmuró meciendo al pequeño, que hacia un puchero por verse desplazado de los brazos de su progenitor.

Tom al escuchar eso se puso mortalmente serio y miro a Sirius con fijeza. Solo esperaba que eso importante no fuesen noticias de que los vampiros habían decidido reanudar la guerra.

–Te llegó un mensaje urgente y no te imaginas quién te escribe –dijo Sirius con una sonrisa irónica, al tiempo que le entregaba un sobre sellado.

El Alpha recibió el sobre y, en cuanto observó el sello que lo adornaba, entendió la sonrisa en Sirius y el tono empleado en sus palabras. Era el sello que utilizaba el Rey Vampiro para sus mensajes, lo conocía muy bien.

Con su mirada verde brillando interesada decidió abrir el sobre. En su interior había una carta y, cuando leyó el contenido de ésta, una carcajada salió de sus labios extrañando a Sirius y Remus y, de paso, sorprendiendo a su hijo recién nacido.

–Parece que Lucius Malfoy y yo nos llevaremos mejor que nuestros antepasados –fue lo único que dijo antes de extender la carta a un desconfiado Sirius.

Esa carta era la solución que no había tenido tiempo de pensar para terminar con la guerra. Y si lo que Lucius quería proponerle era justo para ambas razas, juraba por su hijo que aceptaría la tregua que el Rey Vampiro mencionaba entre líneas en su carta.


Notas finales:

Y que tal? Gusto o no?, se que varios esperaban que fuesen Harry y Draco los personajes misteriosos pero tranquilos estamos calentando y no me gustan las cosas rapidas, lo bueno lleva su tiempo, pero prometo que este encuentro será muy pronto en unos tres caps mas que ya lo tengo escrito.

En fin, espero les haya gustado, como siempre soy toda ojos y espero leer sus comentarios.

Ahora me despido, hasta mañana, cuídense y pórtense muy mal. Beso y Abrazo para todos.