Notas del capítulo:
Hola a todos, otro día pasó y les traigo nuevo cap, espero que lo disfruten.
Otra vez traigo prisa pues debo salir en unos momentos asi que solo reiterare mis agradecimientos a quienes me escribieron en el cap anterior. Ustedes saben quienes son asi que muchas gracias por sus palabras, son geniales!.
Tambien gracias a quienes me siguen y siguen la historia, a quienes me han agregado en sus favoritos y a mis lectores fantasma, ustedes igualmente son importantes para mi.
Ahora si, sin mas les dejo leer.
CAP. 4
DESCONTENTO Y DIVISIÓN
Luego de terminada la reunión y habiendo dejado claros los puntos del compromiso, Lucius y Tom se comprometieron a hacer el anuncio oficial entre los suyos. Como lo habían previsto ambos líderes, el anuncio del fin de la guerra y del compromiso entre sus herederos no fue bien recibido.
En ambas naciones hubo descontento y solo unos cuantos podían ver los beneficios que aquella unión y paz entre vampiros y licántropos traerían. Entre esos pocos estaban los humanos que vivían entre ambos clanes, pero como era usual estos se mantenían al margen del conflicto.
Finalmente, al pasar los días y observar que la decisión de ambos líderes era firme y real el descontento fue aminorando poco a poco. La mayoría comenzó a aceptar la nueva disposición, algunos con incómoda resignación y otros con más disposición.
No obstante, como era de esperarse, no todos querían ceder. Dos minorías, en los dos bandos, estaban armando revuelo.
Lloegr, semanas después.
El regreso a Lloegr fue hecho en un tirante , ni siquiera Sirius, se atrevió a perturbar el mutismo de Tom. El Alpha se notaba más serio y frio que de costumbre. Y es que si bien se había firmado el fin de la guerra y aparentemente también el fin del odio, y una nueva era de paz se aproximaba, el precio pagado había sido demasiado alto para Tom.
Su pequeño Harry tendría que unirse a un vampiro, al hijo de Lucius, e ir a vivir con él a Valakya, la tierra de los vampiros.
Le había costado, vaya que le había costado aceptar aquello, pues si Harry tendría que casarse con el hijo de Lucius los quería viviendo en Lloegr. Donde pudiese vigilar al vampiro, donde pudiera asegurarse que su amado hijo estuviese bien y fuera feliz. Sin embargo tuvo que ceder en bienestar del pacto, de la Alianza entre ambas castas. Era otra muestra más de confianza y compromiso con la paz, había dicho Sirius.
Y él había aceptado, con incomodidad, con reticencia, pero lo había hecho. Aunque sabía que eso le costaría con su esposo. Con James.
Y no se equivocó.En cuanto llegaron a Lloegr, Tom convocó una asamblea pública donde anunció las "buenas nuevas" a sus hermanos. Las reacciones que obtuvo por supuesto fueron las esperadas, incluso de su James, quien le retiró el habla y le mandó a dormir a otra habitación, prohibiéndole acercarse a él o a Harry.
Finalmente, luego de días de luchas y de que reafirmara su posición entre los suyos, la mayoría había cedido y aceptado obedecer. Lamentablemente no podía decir lo mismo de algunos otros y de su esposo, y es que si bien James ya dejaba que se acercara a Harry, seguía serio y distante con él.
Como en ese momento, en el cual lo acorraló en uno de los pasillos del castillo en el que vivían.
– ¡Por favor James! Solo un beso, te extraño…–decía Tom, queriendo besar a su esquivo esposo.
–Ni lo pienses, Tom Riddle–haciendo a un lado el rostro, negando con ello sus labios al más alto–.Ahora apártate o te prometo que lo lamentaras–gruñó James con un peligroso brillo en sus ojos avellana.
–Pero James…
–Pero James nada–empujando al Alpha con fuerza y mirándolo fríamente–. Aun no puedo perdonarte.
Un resoplido salió de los labios de Tom antes de mirar con paciencia a su esposo.
–Te recuerdo que en nuestra plática de ayer me dijiste que ya no estabas tan molesto conmigo y que entendías lo que tuve que hacer para traer la paz que tanto queríamos–intentando volver a acercarse al de largos cabellos castaños.
–Y lo hago, te entiendo y ya no estoy tan molesto. Te escuché ayer,cierto, pero…–haciéndose aun lado antes que su esposo le alcanzase–.Lo que no puedo perdonarte, aunque lo entienda –aclara–, es que Harry tenga que irse a Valakya–termina escabulléndose por una de las puertas, cerrándola justo en la cara de su esposo.
La cara de Tom ante esa acción fue un poema. Su larga cola negra azotó ligeramente el piso y su verde mirada se entrecerró. Si James creía que esa puerta lo detendría estaba muy equivocado, estaba dispuesto a lograr que su esposo le perdonara y lo aceptase de vuelta en su habitación hoy mismo. No soportaba más la lejanía de James.
Sin embargo, justo cuando iba a abrir la puerta que lo separaba del castaño, un sonido o más bien una voz, llegó a sus orejas e hizo que se movieran ligeramente, distrayendo su atención de su objetivo. Era Sirius quien le llamaba. Un gruñido salió de su garganta pero fue hasta él.
–Más vale que sea importante–dijo amenazante.
Por supuesto a Sirius no le intimidó y se limitó a rodar los ojos ante la mirada de su Alpha, antes de contestar.
–Lo es y no te preocupes, ya después podrás perseguir a mi primo para suplicar su perdón–mencionóburlón Sirius, agitando su peluda cola negra divertido. No podía negar que le gustaba ver los apuros del siempre frio e imperturbable Tom Riddle por conseguir el perdón de su primo; de hecho, era una diversión gratis en medio de tanta tensión.
–Mira Black, ahora mismo quiero destrozar algo,así que no tientes a tu suerte–advirtió Tom soltando un bufido molesto por el comentario de su general.
Sirius se limitó a negar con una media sonrisa, pero luego se puso serio y su cola dejó de balancearse.
–Bien, dejemos las tonterías para después. Greyback y el grupo que le apoya solicitan verte, están afuera.
La sola mención de Greyback y su grupo hizo que Tom se enderezara en toda su gran estatura y su mirada se tornara ligeramente dorada, irradiando esta vez verdadera amenaza.
–Entiendo, vamos entonces–dijo escuetamente, caminando imponente y destilando dominio.
Sirius asintió y le siguió, manteniendo respetuosa distancia. Si bien eran familia y se trataban con confianza y hasta cierta camaradería, Tom era el Alpha del clan Licántropo y fuera de la familiaridad del castillo debía tratarlo con el respeto que ameritaba su rango.
No tardaron mucho en llegar donde Greyback y su grupo les esperaban.
Tom les observó con altivez y los visitantes advirtieron la presencia del Alpha, a quien miraron con precaución y recelo. No habíamás respeto en esas miradas,lo cual disgustó al de ojos verdes, pero en su imperturbable rostro no mostró facciones masculinas permanecieron inalterables cuando dejó a sus ojos deslizarse por los licántropos, hasta toparse con la mirada del que los estaba incitando.
Fenrir Greyback
Éste miró a Tom con cinismo y, en un movimiento que más pareció ser una burla que una muestra de respecto, hizo una inclinación ante el Alpha. Era obvio lo que trataba de provocar. Lo había estado haciendo desde que Tom volvió de Koraha y anunció la alianza entre ellos y los vampiros junto con el compromiso de su heredero con el heredero vampiro.
Para Greyback, eso era una deshonra, una aberración; paz y alianza con esos repugnantes bebedores de sangre, eso jamás. Por supuesto que no podía negarse que Fenrir tomo esas nuevas noticias también como pretexto. Él siempre detestó a Tom y le consideraba indigno para ser el Alpha. Ahora tenía su oportunidad para liberarse de su yugo y formar una manada propia.
–Tus intenciones son obvias, Fenrir, y no voy a deberías saberlo–se escuchó la arrogante y gélida voz del Alpha.
El movimiento burlón de Greyback había enervado a Tom, pero él no caería en el juego del otro. No lo había hecho en todos esos días y ciertamente no lo haría ahora.
Una carcajada se escuchó provenir de Fenrir antes que este contestara.
–No esperaba menos de nuestro brillante líder–de nuevo, burla en su voz–.Pero no estamos aquí–mirando a los licántropos que le acompañaban– para halagarte, venimos a anunciarte algo, Tom –atreviéndose a llamar al Alpha por su nombre–.Nosotros y nuestras familias nos iremos de Lloegr y nos separaremos de la manada. El motivo ya lo sabes–continuó Greyback–. Tu detestable e indignante decisión–haciendo una mueca de asco–.Una alianza con vampiros, tu padre debe estarse revolcando en su tumba ante tu patética debilidad, jamás debiste ser Alpha. Un verdadero Alpha no entregaría a su heredero como puta de un vampiro.
Se formó un silencio antes de que la voz cortante de Sirius se escuchara.
–Tú no sabes nada Greyback, pues como siempre eres ignorante y beligerante pero no pensante –dijo, mirando con desprecio al licántropo y a los que lo seguían–.Y los que te escuchan son tan despreciables como tú… Si vuelves a decir algo así de mi sobrino, te juro que te destrozaré con mis manos.
Gruñidos se escucharon anunciando pelea.
–Basta, en mi casa no quiero peleas–se deja escuchar la voz dominante de Tom, deteniendo cualquier enfrentamiento. Sus ojos que usualmente mostraban una mezcla dorada y verde, refulgieron con advertencia antes de que caminara unos pasos y enfrentara a Fenrir.
Ambos tenían la misma estatura, por lo que sus miradas chocaron a la justa medida. Los cuerpos de ambos se veían rígidos y a la defensiva, pero mientras en el rostro de Fenrir se podía leer mucho, el de Tom permanecía ilegible.
–Tu anuncio fue escuchado y aceptado Fenrir, pueden irse y formar una nueva manada lejos de Lloegr. Pero te advierto, si rompen la ley de no atacar vampiros y provocan algo que haga tambalear la Alianza–dijo, mirándole de manera peligrosa, ojos tornándose totalmente dorados antes de decir–.Te destruiré–posando ahora sus ojos en los otros licántropos–.Los destruiré a todos y a sus familias.
La amenaza, la advertencia, estaba hecha y aunque los otros licántropos ya no sentían respeto por el Alpha, se estremecieron ante lo que ven en los dorados ojos, al mismo tiempo que sin poder evitarlo, bajaban las orejas en sumisión. Él único que no se intimidó fue Greyback, quien sostuvo la mirada a Tom.
–Entendido, ¿algo más?–Cuestionó con seriedad Fenrir, aunque en su mirada se podía leer un cierto desafío escondido.
–No, ahora lárguense de mi vista–ordenó Tom dándose media vuelta, pero antes de darle la espalda a Greyback, dijo–.Fenrir, yo no advierto en vano… ¡Oh!Y evita volver a expresarte así de mi hijo o la próxima vez no tendrás tanta suerte.
Una mueca irónica se formó en el rostro de Fenrir Greyback como respuesta antes de que el Alpha caminara hacia la entrada del castillo.
–Bueno, vámonos–dijo Fenrir a sus acompañantes antes de mirar hacia Sirius, quien los observaba fríamente–.Adiós Black, espero que tengas una vida placentera como perro faldero de Tom–se despidió sarcástico–.Oh y despídeme de James–pasando su lengua obscenamente por sus labios.
–Lárgate ya con tus desagradables seguidores, Greyback, o te juro que no salen vivos de Lloegr–advirtió Sirius, conteniendo sus ganas crecientes de atacar al imbécil.
Una nueva carcajada se escuchó, pero Greyback y sus acompañantes se marcharon del palacio. Sirius los vio irse y mientras se encaminaba dentro del castillo, en busca de Tom, por primera vez dudó de una decisión de su Alpha.
¿Habría sido buena idea dejar marchar como sin nada a Greyback y a esos licántropos?
Esperaba que sí y que no se arrepintieranmás tarde.
"*"*"*
Valakya, semanas después
Tal y como fuese el regreso de los licántropos, entre los vampiros también hubo tirantez y silencio en el trayecto a Valakya. No obstante la tensión era más palpable en Lucius, quien ni una sola vez se dirigió a sus amigos Lucian y Severus, que se limitaron a ver a su Rey sigilosamente. Éste últimosabía que el rubio debía aun estar molesto por cómo terminaron las cosas. Si bien se logró el objetivo, no fue de la manera en que a Lucius le hubiese gustado.
La paz tuvo un precio a pagar y ambos líderes lo habían pagado. En contra de sus voluntades, de sus instintos, habían pactado la Alianza deseada, aunque poniendo como garantía sus propios corazones.
Y Lucius era consciente, muy consciente, de lo caro que le había costado lograr su propósito, por ello su molestia y su mutismo durante el largo camino a su comarca. No deseaba hablar con nadie, lo único que deseaba era una certeza que no tenía. Que su Draco fuese feliz con el hijo de Tom. Y eso era algo que no podría saber hasta que esa unión se diera. Esperaba que todo resultara bien para su vástago, o de lo contrario no se lo perdonaría.
Por supuesto, él haría su parte para que todo funcionase. Allanaría el camino para esa unión que terminaría de sellar la Alianza pactada con los Licántropos. Igual que Tom haría su parte. Intentaría por todos los medios facilitar el camino a su hijo y a su… futuro esposo.
No obstante el Rey Vampiro estaba consciente que no sería fácil.Y lo comprobó cuando la comitiva llegó a Valakya.
A pesar de llegar algo tarde, Lucius convocó una asamblea en la que dio las nuevas noticias y repartió nuevas órdenes respecto al trato con los Licántropos. El rubio líder dejó clara su posición y se mantuvo firme en todo momento, no permitió ninguna objeción a pesar del repudio tangible que varios de sus hermanos mostraron ante sus palabras.
Su posición como Rey vampiro hacía que sus órdenes fueran ley y debían ser obedecidas y cumplidas. Sin embargo confiaba en que más que por obligación, sus hermanos respetaran y cumplieran su mandato por convencimiento. Esperaba que conforme los días pasaran, su clan meditara mejor lo que pretendía con sus acciones y comprendieran que lo único que deseaba era el bienestar para todos.
Venturosamente, conforme los días pasaron luego de la asamblea, los ánimos se fueron calmando poco a poco entre los vampiros y estos comenzaron, en su mayoría, a pensar con fría calma, sin dejar que el odio les nublase como hacía usualmente cuando se trataba de licántropos o lo que tuviera que ver con ellos.
Fue de esa forma como empezaron a ver lo que su Rey quiso hacerles entender. No era debilidad su búsqueda de paz y cese al odio. Era simplemente fría lógica: si seguían en ese camino, aunque tal vez acabaran con los licántropos, también ellos se destruirían.
La guerra que habían mantenido hasta ahora lo probaba. Miles de vidas se habían perdido durante todos esos años. Licántropos, vampiros, humanos y demás animales, todos morían por igual junto con su entorno y los vampiros comenzaban a pagar el precio. Su necesidad de beber sangre para vivir era mayor cuando estaban en batalla y con solo muerte rondando, la "comida" estaba volviéndose escasa en algunos puntos de Valakya y sus alrededores.
Sí, tal vez la paz y una Alianza con sus odiados enemigos no fuese tan mala idea ahora.
Con esa nueva visión en la mente, casi la totalidad de la comunidad vampira comenzó a dar su cauteloso apoyo a Lucius. Decidieron relegar en lo más profundo de su ser el odio casi instintivo que siempre habían tenido por los licántropos y obedecer las nuevas leyes. Optaron por hacerse a la idea de la unión de su príncipe con el hijo del Alpha licántropo.
Aunque como era de suponerse, no todos grupo de vampiros cegados por el odio y el rencor, por la sed de venganza, seguían oponiéndose a la Alianza con los perros despreciables, como llamaban a los licántropos.
Este grupo de inconformes, aunque no era muy grande, estaba causándole grandes dolores de cabeza al Rey vampiro. Empezando por la notable presencia de quien parecía liderarlos: Bellatrix Lestrange, hermana de la difunta Narcissa Malfoy.
Bellatrix era una vampira radical, odiaba a los licántropos y siempre los odiaría. Por ello, la sola idea de que su sobrino se uniera y mezclara su sangre con uno de esos sucios perros le era repugnante, tanto como le repugnaba la idea de paz entre ambas razas. Paz y alianza entre licántropos y vampiros eran dos cosas totalmente intolerables e inadmisibles.
Para Bellatrix, Lucius no estaba en sus ás la pérdida de su hermana le había afectado demasiado o tal vez la llegada de Draco lo había hecho débil y cobarde; lo que fuera, era despreciable lo que quería hacer y ella no estaba dispuesta a tolerar los delirios de nadie, ni siquiera de su Rey.
Así que justo en ese momento, una vez más, la vampira había solicitado una audiencia con su cuñado a quien intentaba hacer entrar en razón. Por supuesto y como venía haciendo esos días, Lucius no se negó a hablar con Bella.
–Debes entender Lucius, no puedes terminar con la guerra, es una locura, como es una locura repugnante lo que quieres imponerle a Draco–se escuchaba la voz furibunda de Bellatrix, que dentro del despacho del Rey vampiro miraba con reprobación el rostro impávido que la observaba.
–Dime, ¿acaso crees que mi hermana estaría de acuerdo en que su hijo, su primogénito, se uniera a un inmundo animal como el hijo de ese perro con quien hablaste? –Sus ojos marrones tornándose cada vez más rojos a medida que hablaba–. Peor aún, que ese animal gestase a los hijos de Draco, ¡tus nietos! –Negando con asco–. No cuñado, Narcissa no estaría de acuerdo–terminó la vampira de manera airada.
Durante las palabras de su cuñada, el rubio, en efecto, se mantuvo totalmente impasible. No obstante, cada oración era analizada fríamente. Entendía el punto de Bellatrix, lo había entendido desde el primer día que su cuñada solicitó hablar con él. El problema era que la mujer pelinegra parecía no entender sus argumentos. Errado o no, la decisión estaba tomada y ya no había marcha atrás. La paz era un hecho, como lo era la Alianza con los licántropos y la futura unión de Draco con el hijo de Tom.
– ¿Terminaste? –Habló por fin el rubio vampiro, ganándose un asentimiento de la mujer frente a él–. Bien, porque te diré lo que te he dicho todos estos días que has venido a verme Bella, nada que digas va a hacerme cambiar de opinión, ni siquiera el que apeles al recuerdo de Narcissa–enfatizó levantándose fluidamente de la cómoda butaca en que estuviese sentado–. Tú y los que te siguen deben aceptar los hechos y punto–dijo observando con gélida determinación a la vampira.
Estaba cansado de esas discusiones diarias con su cuñada.
Sin embargo las palabras de Lucius no eran ni por mucho lo que Bellatrix quería escuchar y su carácter irascible se hizo notar. En dos pasos estuvo frente a Lucius, no era tan alta como el Rey vampiro, pero el desprecio con el que le encaraba y el rencor abierto en sus ojos rojos le hacían alguien de temer.
–Días he tratado de convencerte, de hacerte entrar en razón, pero veo que estoy perdiendo mi tiempo. Te has vuelto endeble y pusilánime, y los que me siguen y yo no queremos seguir bajo tu mando–expresó con frialdad–.Nos iremos, pero te advierto algo Lucius, estás cometiendo un error y yo no olvidaré la afrenta cometida–advirtió antes de darse media vuelta dispuesta a salir de ese lugar cuanto antes.
–Espera, Bellatrix–le detuvo Lucius antes de que se esfumara por la puerta–. Piensa bien lo que harán tú y esos vampiros que has sabido manipular, pues si salen de Valakya no podrán regresar jamás –fue el turno del rubio de advertir–.Y aunque se vayan, deberán cumplir las órdenes de no atacar licántropos–agregó antes de que sus grises ojos fueran esta vez los que se tornaran levemente rojizos–.Sigo siendo su Rey y estén donde estén, si me desobedecen, lo sabré y estarán muertos–decretó con omnipotencia.
Bellatrix, quien miraba de reojo a su cuñado, se limitó a sonreírle de medio lado con cierta arrogancia ante esa advertencia antes de seguir su camino.
Lucius la vio salir y su puño golpeó el escritorio de madera reforzada frente a él. El gesto de su cuñada había sido una burla y un reto, lo sabía. Ira súbita que tuvo que controlar le inundó.
–Al fin terminaste con Bella–irrumpió de pronto la voz de Lucian, que venía entrando–, y veo que no te fue bien–agregó al observar el gesto de su amigo.
El Rey vampiro seguía con el puño cerrado y la mandíbula apretada cuando su mejor amigo entró, el enojo aun le invadía, pero intentó serenarse antes de volverse hacia Lucian. Cuando lo hizo, se veía menos rígido y sus ojos eran grises de nuevo.
–No, no fue y sus seguidores han decidido marcharse de Valakya–dijo serio antes de volver a sentarse.
Lucian siguió los movimientos de su amigo y pronto le imitó mientras una de sus finas cejas se alzaba sutilmente ante las palabras escuchadas.
– ¿Y los dejarás marchar? –Cuestionó una vez estuvo sentado frente al rubio Rey.
– ¿Tengo opción?–Preguntó a su vez, observando a Lucian antes de agregar– Sino lo hago estoy seguro que Bellatrix iniciaría una pelea y lo último que quiero ahora, es iniciar una guerra entre nosotros.
–Sí, supongo que tienes razón, pero esa cuñada tuya es peligrosa para estar sin control y con vampiros a su mando.
–Lo sé –recordando la mirada que la pelinegra le diese–.Por eso quería pedirte que designaras a alguien de confianza que se infiltre entre ellos, quiero saber cada uno de sus movimientos, donde se instalarán, pero lo más importante:Si mi cuñada planea algo que haga peligrar la Alianza con los licántropos.
–No esperaba menos de ti, Lucius–admitió con una media sonrisa el vampiro pelinegro–.Dalo por hecho–agregó.
–Perfecto–asintió el rubio antes de relajar más su rostro y suavizar su mirada gris–. Imagino que viniste con Theo y Thomas ¿cierto?–El tono en su voz más distendido.
Lucian sabía, por el cambio de tema y la expresión de Lucius, que no deseaba seguir hablando de tan álgido tema, por lo que, ensanchando más su sonrisa, asintió.
–Ciertamente, mi esposo y mi hijo están encantados con Draco y sabes que no hay día que no estén aquí.
Una sonrisa inusual y pocas veces vista en el rostro de Lucius se hizo notar ante la mención del nombre de su hijo.
–Por supuesto, Draco es tan encantador como su padre–habló, orgulloso.
–Claro–mencionó el pelinegro rodando los ojos antes de agregar–.Severus también está con ellos.
–Lo sé, se ha tomado muy en serio su papel de padrino –admitió.
–Si, aunque si me preguntas, creo que Severus necesita una pareja y una familia propia.
– ¿Y crees que no se lo he dicho?
–Seguramente, pero Theo dice que debemos dejarle estar,así que… –Encogiéndose de hombros.
–Sí supongo que Theo le comprende mejor que nosotros en ese aspecto–aceptó el rubio antes de levantarse e invitar a su amigo a que hiciese lo mismo–. Vamos, quiero ver a Draco.
Los ojos grises de su amigo, de su Rey, le dijeron más a Lucian que sus palabras. Su preocupación por Draco, por la Alianza y por Bellatrix le era obvia pero no dijo nada, intuyendo que el rubio no se lo agradecería en ese momento, por lo cual, en cambio, asintió y se levantó.
–Vamos entonces–murmuró, siguiendo a Lucius.
En verdad deseaba que todo saliera bien para su rubio amigo y para el pequeño Draco; por supuesto, el ayudaría con lo que estuviese en su mano.
Pero si por alguna circunstancia todo se venía abajo, si algo malo sucedía, lucharía al lado de Lucius hasta el final tal y como lo hiciera durante la guerra. La amistad, la lealtad hacia su Rey, eran absolutas.
Notas finales:
Les gusto, si , no? Soy toda ojos como siempre, aunque espero que si les gustara pues básicamente es un cap de transición, no tan interesante tal vez para algunos, pero necesario.
Como verán aquí aparecen nuestros villanos porque si, de Bella y Fenrir sabremos mas adelante, estos dos no se quedaran asi como asi créanme.
Ahora pasemos a "una mala noticia" mañana no podre actualizar por que es mi "dia libre" por asi decirlo, los domingos no acostumbro conectarme a Internet pues tengo cosas que hacer que exigen todo mi tiempo, pero tranquilos el lunes sin falta me tendrán por aquí y mas importante tendrán por aquí un nuevo capitulo.
En fin me despido por hoy, cuídense y pórtense divertidamente mal. Un beso y un abrazo para todos y que tengan excelente fin de semana.
