Notas del capítulo:
Hola les traigo un nuevo cap que recién mi beta termino de corregir, espero que les guste.
Igual debo decir que otra vez tengo prisa por lo que nuevamente solo puedo dar un gracias rapido a quienes me escribieron en el anterior cap. Como he dicho antes son un sol todos ustedes. Gracias por comentar.
Tambien como es usual gracias a quienes solo leen pues también son importantes para mi.
Ahora sin mas que decir, a leer.
CAP. 6- segunda parte.
ENCUENTRO Y BODA
El día siguiente les sorprendió a todos más rápido de lo que pudieron pensar. Había llegado por fin el día que ambos líderes esperaron durante décadas. El enlace que sellaría para siempre la Alianza entre vampiros y licántropos iba a efectuarse por fin. Draco y Harry se unirían en unas horas para siempre, fortaleciendo la nueva era de paz y prosperidad que había iniciado hacía años con el acuerdo que hicieran sus padres.
Y por supuesto, un día tan importante tenía un ambiente especial e incluso inesperado. Se percibía en la Tierra una presencia desconocida pero tranquilizante y cálida, y en el oscuro cielo nocturno la luna roja brillaba en un tono menos intenso, menos agresivo. Además, desde hacía días habían aparecido alguna que otra luz brillante alumbrando la negrura que perduraba en la Tierra. A estas luces las habían llamado estrellas, las cuales parecían brillar con más fuerza este día y le daban al planeta un toque menos sombrío, menos denso y más adecuado para la ocasión.
Así que, con todo a favor, nada podía salir mal. O eso esperaban todos cuando la actividad comenzó en el palacio. Los diferentes lacayos y mucamas ayudaban a los invitados a vestirse o en cualquier cosa que les solicitaran.
Aunque la atención estaba centrada en dos habitaciones en especial.
*"*"*
–Por favor, Harry, deja de moverte –pedía James, algo extenuado con el arreglo de su hijo. Afortunadamente, Remus y algunas mucamas estaban asistiéndole.
–Pero papá, estas jalándome más que peinándome –rebatía el pelinegro que, sentado frente a un gran espejo, dejaba que le arreglasen.
–Lo siento hijo mío, pero –pasando el peine por un largo mechón negro–, si te cepillaras antes de dormir como te he indicado, no tendrías tantos nudos.
Risillas discretas de las mucamas y una más obvia de parte de Remus se escucharon en la habitación ante esas palabras. Por su parte, en los labios del más joven se posó un adorable puchero pero no dijo más y trato de quedarse quieto.
Finalmente, el largo cabello del heredero licántropo quedó sedoso y brillante, y fue esta vez Remus el encargado de hacer el peinado que llevaría Harry en el enlace.
–Quedarás irreconocible, ahijado –mencionó el licántropo de mirada miel, besando la mejilla del pelinegro quien le miró inquieto–. Tranquilo, no será malo y te prometo que la atención de tu prometido solo estará en ti –agregó con una sonrisa al ver la reacción de Harry, que ante esas palabras desvió la mirada y se sonrojó levemente.
Luego de un arduo trabajo de Remus, que requirió una gran paciencia de parte de Harry, el joven licántropo estuvo listo y en verdad parecía otra persona si se juzgaba por la reacción de las mucamas y James, que sonreía encantado.
–Te ves realmente bello, hijo –admiró el consorte licántropo abrazando a su vástago con cuidado de no despeinarlo, para luego ver a su amigo–. Un excelente trabajo Remus. Tenías razón, el cabello recogido así luce muy bien en Harry.
–Gracias James y bueno, me pareció lo más adecuado en vista de que nuestro Harry tiende a no saber lidiar con el cabello suelto –expresó el de mirada miel.
Por su lado Harry no seguía la conversación de los mayores, no por falta de interés sino más bien porque estaba realmente impactado con lo que el espejo le mostraba. Ése no podía ser él, es decir, quien le regresaba la mirada era alguien totalmente desconocido.
La imagen que le obsequiaba el espejo era la de un joven bellamente peinado con un peinado recogido en un intrincado diseño, con solo unos mechones ondulados enmarcando y realzando sus facciones. Pero lo que más le tenía atónito era que ese joven bien podría pasar por un fértil delicado y agraciado, como su propio papá.
Pero él no era así. No podía ser así.
–Harry, deja ya esa cara pasmada, eres tú, hijo –se burló un poco el consorte del Alpha, intentando sacar a su hijo de ese desconcierto.
–Déjalo James. Además, si ahora estas sorprendido, Harry –colocándose detrás de su ahijado y a un lado de su amigo–, espera a que estés vestido, tu túnica de bodas quedó preciosa, digna de un príncipe.
El joven heredero, quien poco a poco iba saliendo de su sorpresa, abrió sus ojos esmeraldas con cierto sobresalto al escuchar a su padrino.
Al parecer en verdad saldría de ahí siendo otra persona. Aunque tal vez no fuese tan malo, pudiera ser que entonces le agradara más a Draco. Pero había algo que no dejaba que se sintiese feliz porque eso pasara, y es que una vocecita le decía que no sería real pues él no era aquel que reflejaba el espejo.
*"*"*
–Vaya, veo que por lo menos ya estás listo y no debo obligarte a arreglarte –se escuchó la voz seria pero con un dejo de alivio de Lucius, quien al entrar a la habitación designada para su hijo le encontró recargado en la puerta del balcón, peinado y vistiendo ya su túnica de boda.
–Bueno, aún faltan algunas horas pero preferí alistarme temprano –mencionó Draco en un tono diferente al del día anterior, mirando a su padre–. Yo debo ser el primero en hacer su aparición, ¿cierto? –Esbozando una media sonrisa que esta vez se veía sincera y no sarcástica o fastidiada.
De hecho el rubio príncipe se veía diferente, mas cooperador, más tranquilo incluso. La frialdad en su mirada gris había cedido hasta hacerse menos notoria.
Este cambio, por supuesto, agradó al Rey vampiro y menos inquieto se permitió corresponder la sonrisa de Draco y admirar en silencio por unos minutos a su vástago.
Draco se veía regio, le había dado a su cabello platinado un estilo desenfadado pero elegante que hacia perfecto contraste con la formalidad de la túnica. Ésta le quedaba como un guante, era de un color marfil con brocados casi imperceptibles en diferentes diseños y le llegaba casi hasta los muslos, cayendo de manera perfecta sobre unos pantalones de tela negros. Bajo la túnica, el rubio príncipe llevaba una camisa de un pulcro blanco y una sencilla corbata negra que llevaba un discreto prendedor de oro blanco con la forma del símbolo vampiro. Complementando el atuendo, unos zapatos negros y una especie de cadena también de oro blanco, que se desprendía de uno de sus hombros atravesando la túnica hasta uno de sus costados como único adorno extra.
–Te ves digno de la ocasión –por fin habló Lucius caminando hacia su hijo–. Tu madre estaría orgullosa si pudiera verte en este momento –poniendo una mano en un gesto fraternal sobre los hombros ajenos.
–Gracias, padre –expresó Draco, tratando de ocultar que la mención de su madre le había conmovido realmente.
–De nada –negó Lucius antes de tomarse unos minutos, pensando muy bien sus palabras–. Draco –comenzó–, sé que últimamente hemos discutido mucho y fuerte, hemos dicho cosas desagradables, pero eres mi hijo, te amo y lo único que deseo es verte feliz –haciendo un ademán de que le escuchase antes de decir algo.
– Sé que no consideras ésta tu felicidad –sonriendo un poco–. Reconozco que yo también lo dudaba, pero al conocer a Harry –mirando los ojos grises tan parecidos a los suyos–, ese joven es alguien especial, me bastó tratarlo unos minutos para confirmarlo y, si le das la oportunidad, sé que te hará feliz.
–Confía en un viejo vampiro –agregó al ver clara reticencia en su hijo–. Los años no te brindan sólo poder Draco, la sabiduría viene incluida y eso me hace ver cosas que tú no puedes.
El rubio príncipe realmente agradecía esas palabras y, aunque sabía que probablemente su padre tuviese razón en todo lo que decía, sentía mucho no poder hacer caso a sus palabras, pues era algo que iba más allá de su control y no quería discutir precisamente en ese momento, menos luego de tan agradable momento con su progenitor, por lo que se limitó a asentir.
–En realidad espero que lo pienses, Draco –agregó Lucius al ver el asentimiento silencioso de su hijo.
–Lo haré, padre –mintió el rubio.
Lucius negó un poco, conocía a su hijo y sabía cuándo era condescendiente para evadir problemas, pero como el Rey vampiro tampoco quería que los ánimos se exacerbaran, también asintió.
–Eso espero, hijo –murmuró antes de abrazar a su hijo–, pero aun si no lo haces debes saber que a pesar de todo estoy orgulloso de ti, Draco –dijo con sinceridad.
Una breve pero genuina sonrisa apareció por segunda vez en el rostro del heredero vampiro con esas palabras. Y es que en el fondo, Draco detestaba pelear con Lucius, y que él le dijese justamente aquello en ese momento le era muy grato, le hacía sentir muy bien.
*"*"*
Palacio Licántropo, Hora de la boda
La hora había llegado, todo estaba dispuesto para la ceremonia que sería oficiada por un ministro que haría legal e indisoluble la unión. El salón preparado para tan preponderante ocasión lucia sencillamente magnifico. Los tonos perlados y níveos inundaban el lugar. Desde las sillas que ocuparían familiares e invitados, hasta la alfombra central por donde caminarían los novios, todo era bellamente blanco. Incluso las flores que bordeaban la alfombra central y los altos árboles que servían a su vez de iluminación poseían el característico tono que representaba la pureza y la bondad.
Y era precisamente esta la razón, el significado del blanco, de por qué James lo había escogido como único color para la decoración en un día tan especial. Era una manera sutil por parte del consorte de Tom para recordarles a todos, pero muy en especial al heredero vampiro, la inocencia y pureza que poseía Harry. Aunque también era su manera de desearle a su hijo un inicio afortunado para su unión.
Por ello, cuando los invitados comenzaron a arribar al salón y vieron la decoración, todos, incluso los vampiros, esbozaron una sonrisa entendiendo el mensaje mientras se acomodaban en sus asientos asignados.
Vampiros del lado de Draco y licántropos del lado de Harry, fueron tomando asiento, entretanto los pocos humanos que fueron invitados se distribuían en los lugares que quedaron vacíos. Todos conversando entre sí a la espera de que llegara el gran momento. A medida que pasaba el tiempo el ambiente se iba llenando de expectación, pero seguía gratamente calmado y pacífico. Vampiros y licántropos mantuvieron la cortesía e incluso amabilidad unos con otros durante la espera.
Varios minutos pasaron hasta que los familiares de ambos novios llegaron y saludaron a los presentes. Los únicos ausentes, como era de esperarse, eran Tom, que entregaría a Harry, y Lucius, que llegaría con Draco. No obstante la llegada de los familiares cercanos solo significaba que el enlace estaba por dar inicio.
Como lo manifestó Draco llegando junto con Lucius instantes después. Ambos rubios caminaron elegantes y magnificentes hasta donde esperaba ya el ministro. Por supuesto, a su paso desataron algunos suspiros y varias miradas les siguieron, sobre todo una especial, que aunque discreta, no pudo dejar de ver al Rey vampiro.
– ¿Remus?
–Oh, sí, ¿qué decías Sirius? Lo siento, me distraje –sonrojándose, un poco apenado por perder el hilo de la conversación con su amigo.
–Lo noté –sonriendo–. Supongo que fue inevitable, la entrada de Lucius y su hijo llamó la atención de todos –dijo con ironía y es que era obvio a quién veía su castaño amigo y por qué.
Remus se sonrojó ante el trasfondo que captaba en las palabras del más alto, pero decidió no contestar y mejor cambiar de tema; conocía a Sirius y si decía algo más no pararía de molestarlo.
–Claro, ahora mejor sentémonos porque Tom y Harry deben estar por llegar –murmuró, desviando sus ojos miel de los azules que le miraban con intenso interés, como si quisieran confirmar algo.
–Está bien, pero –tomando asiento junto a Remus–, no creas que se me olvidará –mencionó como sin nada, riendo un poco al notar el sobresalto del ojimiel.
Mientras, ajeno a esa conversación que parecía concernirle, Lucius, parado a un costado de Draco, parecía cada vez más sosegado conversando con su hijo. Por supuesto que había notado la exquisita decoración y su sutil mensaje, pero al igual que sus hermanos lo tomaba de buena manera. Además a instantes de que ese esperado enlace se efectuara nada podría perturbarlo.
Por su parte Draco seguía los comentarios de su padre con aparente interés y conservando una buena disposición. Pasar la noche pensando y calmándose, junto con el agradable momento sucedido con su padre hacía sólo unas horas le había servido enormemente. Y ahora, ahí frente a todos, frente al ministro y a punto de enlazarse, se notaba relajado e incluso a gusto.
–Draco se ve mucho mejor, un cambio radical de ayer a hoy –comentó Blaise, mirando a su amigo con una sonrisa.
–En apariencia lo es, ¿pero será real?
–No seas aguafiestas, Thomas –reprochó la única chica del grupo–, tal vez lo que le dijiste si lo hizo pensar.
–Eso espero Pansy, pero algo me dice que no.
–Pues yo espero que sí, Harry es un chico genial y no merece que lo haga sufrir –agregó el menor de los Zabinni.
–Serán felices si Draco le da una oportunidad a Harry y deja en verdad a ese arribista interesado –exclamó Pansy con desprecio al referirse a Evan.
–Esa es otra cosa de la que no me fío y deja de mirarme así, Pansy –aclaró al ver la mirada oscura de la joven entrecerrarse–. No estoy siendo aguafiestas, sólo realista, ¿o crees acaso que el tal Evan va a quedarse así sin más? –Negando al tiempo que miraba analíticamente a Draco.
Algo había ahí que no le cuadraba.
Afortunadamente o no, ni Pansy pudo contestar a aquello, ni Thomas pudo continuar sus cavilaciones sobre el rubio y el tal Evan, pues una bella melodía anunciaba ya la llegada del heredero licántropo.
Todas las miradas se dirigieron entonces hacia la enorme puerta de entrada.
Ahí, acompañado de un imponente Tom, se encontraba Harry viéndose encantador. Su túnica de boda era larga hasta rozar el piso y de un impoluto blanco, tenía discretos bordados en perlas y algunas piedras de luna, sus largas mangas terminaban en fino encaje y se ajustaba perfectamente a su esbelta figura. Y sobre la túnica, una capa igualmente blanca y muy larga con diferentes bordados era cerrada sobre su pecho con un broche con la forma del símbolo licántropo como único adorno.
Un conjunto tal vez sencillo para algunos, pero que hacía lucir la belleza natural de Harry, resaltando el negro de su cabello y sus ojos esmeralda que parecían brillar con luz propia ese día dejando a los presentes sencillamente sin habla al verle, sobre todo quienes tan bien le conocían, como su mejor amigo Ron, cuya respiración se cortó.
No obstante, la reacción que Harry más esperaba era la de su futuro esposo a quien de inmediato buscó con la mirada sin que pudiese evitarlo. Y pronto le encontró. Ahí, viéndose mortalmente atractivo, se encontraba el heredero vampiro. Esos ojos gris plata estaban fijos en él pero el joven pelinegro no sabía descifrar la mirada que le dedicaba Draco. Era diferente a como le había mirado ayer pero ¿había algo más? No lo sabía, lo único que sabía era que su corazón latió muy rápido cuando su padre le incitó a caminar mientras le ofrecía su brazo.
Respirando hondo, el heredero licántropo le dedicó una sonrisa a su padre y tomó su brazo con firmeza.
¿Estaba nervioso?
Por supuesto que lo estaba, pero se dejó guiar por su padre a lo largo del afelpado y blanco pasillo que formaba la larga alfombra. Todo a su paso parecía perfecto y tan hermoso, tan mágico… tan irreal, que Harry no podía creer que estuviese pasando. Parecía el final de un cuento de esos que su papá solía leerle de niño, donde el doncel encontraba a su príncipe y se casaban viviendo por siempre felices.
Sin embargo, en un momento y a pasos de llegar donde su rubio príncipe, su impericia le trajo a la realidad, su realidad, demostrándole que esto no era un cuento y que él no era uno de esos donceles delicados y gráciles. En un mal paso el pelinegro se enredó con la larga túnica de bodas y tropezó con la alfombra, y mientras esperaba la irremediable caída sus negras orejas se movieron y pudo escuchar claramente como todos contuvieron la respiración.
Por fortuna, gracias a su padre no cayó torpemente como se hubiese supuesto.
Tom, al sentir un tirón en su brazo, observó lo sucedido y retuvo la caída de su heredero ayudándole a enderezarse y componerse la capa.
–Tranquilo, todo está bien –susurró el Alpha al ver la mirada angustiada y apenada que reflejaban los ojos esmeralda tan iguales a los suyos.
–Pero… –murmuró rojo de pena y vergüenza el pelinegro, agachando sus orejas y sin querer ver a nadie, mucho menos a Draco.
Es que no podía dejar de ser torpe aunque fuera ese día.
–Pero nada, sigamos –expresó con firmeza y confianza el mayor, apretando la pequeña mano de su vástago con cariño.
La seguridad que irradiaba su padre y su cariñoso apretón le hicieron asentir y aspirar hondo antes de dirigir su mirada de nuevo al frente y seguir caminando. Nadie parecía verle mal o eso pensó cuando recorrió las caras de los presentes. Eso le alivió un poco, pero fue cuando enfrentó las caras de su suegro y de Draco que sintió mayor alivio; Lucius le miraba con una discreta sonrisa y Draco, bueno, él le seguía mirando de aquella manera que no podía descifrar, pero no parecía molesto.
Finalmente, luego de su bochornoso incidente, Harry llegó hasta el que sería su esposo y Tom tuvo que soltarle y entregar su mano al rubio vampiro, quien sostuvo la diestra con suavidad y gentileza haciendo un asentimiento respetuoso hacia el Alpha licántropo, que regresó el asentimiento hacia Draco y Lucius.
Luego de esto, la ceremonia dio inicio.
Como era un enlace entre un licántropo y un vampiro, la ceremonia tradicional tuvo que ser alterada y se tuvieron que crear rituales nuevos. Una mezcla interesante entre la cultura de ambas razas. Fue así como, luego de unas palabras iniciales del ministro, llegó el momento culminante. Para sellar el enlace, ambos contrayentes debían depositar unas gotas de su sangre en un cáliz con vino hecho para la ocasión y cada uno, al recitar sus votos, debían tomar de la copa.
–Yo, Draconis Lucius Malfoy, te desposo a ti, Harold James Riddle. Uno mi vida a ti libremente por la eternidad, bebo de tu sangre unida a la mía –bebiendo del cáliz–, como símbolo de nuestra vinculo inmortal –tomando la pequeña mano ajena–, y con este anillo –colocando un bello anillo de diamantes que terminaba en una pulsera de un bello y delicado diseño–, represento nuestro vinculo físico –besando el dorso de la mano ajena–. Que ambos sean uno solo, como lo somos tú y yo desde ahora –entrelazando sus manos–. Una unidad, en cuerpo y alma.
Cuando Draco terminó de recitar sus votos, el corazón de Harry parecía a punto de salirse de su pecho y las mariposas de su estómago volaban furiosas. Sus ojos no podían despegarse de los de su ahora esposo y sabía que debía estar sonrojado, pero no le importaba realmente, no cuando su mente grababa a fuego esas palabras en su corazón.
Sin embargo un carraspeo fue captado por las sensibles orejas del heredero licántropo y le hizo recordar que era su turno, por lo que con timidez pero de manera clara y recordando las palabras que debía decir comenzó a hablar.
–Yo, Harold James Riddle, me entrego a ti, Draconis Lucius Malfoy. Uno mi vida a ti libremente por la eternidad, bebo de tu sangre –bebiendo del cáliz como hiciera el rubio–, como símbolo de nuestro vinculo inmortal –tomando la mano del más alto–, y con este anillo –colocando una sencilla pero elegante banda de oro blanco–, represento nuestro vínculo físico –mirando a los ojos gris plata, que sin notarlo habían robado su corazón–, que ambos sean uno solo –deteniéndose un momento, sabía lo que seguía pero arriesgándose, quiso agregar algo más, pues los votos aunque expresaban lo necesario, no expresaban lo que Harry hubiese querido decir–. Que representen nuestra unión, mi alma unida a la tuya para siempre junto con mi corazón –mirando fijamente la mirada plata que lucía sorprendida por sus inesperadas palabras–. Tu dolor, será mi dolor, tus alegrías serán las mías –haciendo nuevamente una pausa en la cual lo único que se escuchaba era silencio–, compartiré tus tristezas y tus derrotas tanto como tu felicidad y tus victorias, y siempre estaré para ti, siempre me tendrás a tu lado –terminó con las mejillas sonrosadas, pero una sincera y pura sonrisa dedicada a su rubio esposo.
No sabía si sus palabras habían sido convenientes, pero en verdad era eso lo que realmente quería decir, lo que sentía. Cuando Harry terminó, un nuevo silencio se instaló y la cara de varios era un poema pues era muy obvio que esas palabras del heredero licántropo no eran parte de los votos y habían salido de su corazón.
Sin embargo, aunque no fuera notorio, el más sorprendido y afectado era Draco. Su ahora esposo había sido sincero con lo que había dicho, lo veía en sus ojos esmeralda, en la sonrisa que le regalaba y eso… eso no lo esperaba. Una declaración así le hacía sentir mal por Harry, él no podía corresponder, ¿o sí? ¿Podría dejar realmente a Evan a quien decía amar y darle una oportunidad al joven frente a él?
La respuesta no llegó a Draco, pues el ministro, luego de recuperarse de la sorpresa ante el inesperado desvió de Harry en los votos impuestos, continuó con la ceremonia. Algunos otros protocolos que complementaban el enlace fueron realizados y, para cuando el último rito fue consumado, estaba hecho.
Draco y Harry estaban enlazados. Solo faltaba algo pequeño pero importante para culminar la ceremonia.
Un beso. El primer beso de los esposos.
Todos los presentes estaban atentos y Draco, siendo el que tenía la experiencia, fue quien dio el primer paso. El rubio tomó por la cintura a su ahora consorte y le pegó a su cuerpo mientras, en un movimiento suave, levantaba el rostro ajeno y, eliminando la distancia existente, tomaba los labios rosados en un beso superficial pero tierno.
En cuanto Harry sintió el movimiento de su rubio esposo al enlazar su cintura, sintió su corazón detenerse y, expectante, totalmente sonrojado, observó cómo en cámara lenta Draco le besaba. Sus verdes ojos se abrieron enormes antes de irse cerrando poco a poco al tiempo que sus labios se relajaban y seguían a los de Draco.
Su primer beso y era justo como su papá le había dicho… perfecto.
Pronto los aplausos se hicieron escuchar en el salón. Todos de pie aplaudían a los recién casados, la pareja que iniciaba un nuevo futuro. No solo para ellos sino también para los suyos. Las dos razas destinadas a estar juntas por fin parecían unirse en la forma de Draco y Harry.
Gracias a esto y como parte de la brisa que de pronto recorrió el salón se escuchó una tranquila y sedosa voz, casi imperceptible, que parecía decir: "Bien hecho hijos míos", a la vez que en el exterior quienes no estaban en tan importante evento observaban algo sorprendente.
Luego del beso de los herederos de ambas razas, el oscuro cielo se volvió más claro, no que la negrura hubiese desaparecido, pero claramente había disminuido. Más estrellas parecieron vislumbrarse y lo más impresionante: la luna roja parecía desteñirse poco a poco de su color escarlata para adoptar un armonioso color azul/plateado.
Un buen futuro se auguraba para los condenados habitantes de la Tierra. El perdón y la redención parecían estar cerca y venir de la mano de los recién casados.
Notas finales:
Y bien ya están casados nuestros chicos y que piensan de Draco se porto menos mal? O que les parece? Ya me diran.
Ahora una mala noticia, verán mañana tengo que ir a algunas conferencias por parte de la Universidad y no se si pueda actualizar pues llegare muy tarde y seguro algo cansada de tanto trajín . De todas formas intentare actualizar antes de irme pero sino puedo mis disculpas de antemano a todos y el viernes sin falta los veo con nuevo. cap.
En fin me despido por hoy, espero verles mañana créanme que lo intentare, cuídense mucho y pórtense mal. Un beso y un abrazo.
