- Ponte algo, que vamos a ir a comprar tu ropa.- Dijo Damien, cruzándose de brazos.
- ¿Ropa?.- preguntó Cartman.- Oh claro.
Pip agarró la mano de Eric y le acercó a él.
- Suelta!.- Dijo Cartman, apartando la mano de el rubio.
- Tenemos que elegirle un nombre. ¿Qué tal uno adorable?. Algo con i. Esa vocal siempre queda gracioso.- propuso el británico.
- Claro, Pip. Lo que tu digas.- Dijo sarcástico Damien, resaltando la vocal de él nombre del rubio, y rodó sus ojos.- ¿Irene?
- ¿Iria?
- ¿Iris?.- propuso Cartman. A lo que ambos asintieron.
- Iris entonces. - Confirmó Pip.
Damien, que estaba un poco aburrido, decidió jugar un poco con Cartman.
- y no sólo puedo convertirte en mujer...- Dijo sonriendo.- también en animal..- lanzó una llama que le hizo convertirse en un perro.- Wow, un Beagle, interesante.- volvió a lanzar otra llama, que lo convirtió en un gato.- ¿ Siberiano? Por que no me sorprende.
Pip rodó sus ojos. Cuando se ponía así no había quien le parase. Era como un niño pequeño. Prefirió irse, a quedarse ahí riñéndole.
- Cuando termines, llámame.- y Pip se fue._.
- Y si fueses...- sonrió y lanzó de nuevo otra llama.
- Ya vasta joder!.- Dijo un adorable hurón, que no pudo decir más, ya que de nuevo fue convertido en algo diferente.
Cuando fue convertido, Damien no se esperaba para nada el resultado. El fuego, al impactar, le hizo humano, pelo negro, ropa negra, piel blanca, ojos rojos y un par de colmillos que asomaban de su boca.
- ¿Qué?. - Preguntó al ver la expresión de el otro.
- N-nada... Na-nada..- Le devolvió el estado que tenía de chica. - No fue nada.- volvió a su semblante indiferente.
~ No.. No puede ser que sea... Él no... No puede ser... Tal vez sea un error. Si, eso. Solo fue un error. Él no es mi Cero Negativo... ¿O si? NO! ¡Se parecía a mi! ¡Eso es todo!~
Después de un rato, ambos fueron a la tienda de ropa más próxima.
- Deberíamos haber llamado a Pip...- Dijo Iris.
- ¿Crees que no tengo gusto para la moda?.- Se ofendió Damien, mirándolo con ojos profundos de enojo. No le gustaba para nada que le infravalorasen.
- No! No quise decir.. yo.. Esto... Joder, que complicado eres!.- pensó en voz alta. No enojar a las personas era bastante complicado, sobre todo siendo Damien. No quería verse quemado.
~ Haber.. Aguanta Eric! Sigue así. Joder. ¡Mi puto plan está saliendo de cine! Ja! Se creía que yo quería cantar! Soy tan genial mintiendo. Al ganar el concurso, pasaré a las finales generales, a nivel de todo el país... Donde estarán unos MILES DE MILLONES DE PERSONAS. Manipulando al vampiro de mierda, me adueñaré de TODOS! ¡MI PLAN ES GENIAL!~ Se sumergió en sus propios pensamientos.
- CARTMAN!.- Gritó Damien, ya harto de que el menor no le prestase atención.
- ¿¡Qué qué qué?!.- Se espantó y se echó para tras.
- ¿Que te parece esto? Te va con los ojos tan raros que tienes.- el pelinegro sujetaba un vestido color blanco sin mangas, con un cinturón marrón fino. Se veía simple y bonito.
- Es muy lindo.
- Con esto.- Le enseña unos tacones altos y color kiwi con miel, parecido al ámbar de sus ojos.
- Oh, estaría perfecto.- Se sorprendió. Si sabia conjuntar el pequeño vampiro.
- Y esto también.- señaló un collar dorado bastante grande.- Los pendientes... Y esto.- Le enseñó un conjunto de ropa interior femenina.
- QUE?! Nononononono! UNA POLLA COMO UNA OLLA! YO NO ME PONGO ESO!.- chilló.
- Ah, no?.- sonrió de lado.
- NO. Nunca!. JAMÁS. JAMÁS EN MI PUTA VIDA. JAMÁS EN TU PUTA EXISTENCIA.- chilló más alto.
∅ Más tarde..∅
Cartman se masajeaba la zona donde estaba su venda, mientras salía de los probadores con un conjunto de interior femenino.
- No era tan difícil. Verdad?!.- río Damien.
Cartman no pudo hablar.
- Okey. Ya te destapo la boca.- giró su mano en dirección a Iris.
- HIJO DE P-...
- Chs. Chs, Chs.- chistó, regalándole una mirada con superioridad.- Ya deberías saber, que no debes enojarme.- sonríe.
∅ Luego. ∅
- No me puedo creer que me hallas sacado una foto.- gruñó Iris
- Para recordar este día.- sonrió.
Ambos intentaban pasar por mucha gente. La verdad era que jamás había visto tanta gente junta.
- ¿Qué clase de tienda es esta?! Si parece que huviese venido el holocausto.- Se quejó Iris, empujando a la gente. Era como estar en un concierto.
- Nunca has estado aquí. Así que no te separes!.- ordenó Damien.
- ¿Qué? ¿Damien?, ¿Vampiro gótico? ¿HOLA?.-
Se había perdido. No sabía donde ir. Empezó a girar. Ya no sabía por donde había venido.
Decidió refugiarse en algún sitio. Saltó entre la multitud, intentando ver más allá..
¡Los baños! Le quedaba rezar para que no hubiese gente.
∅ Con Damien. ∅
- Nunca has estado aquí. Así que no te separes!.- ordenó Damien.
Al no recibir respuesta, dejó de nadar entre la gente y se dio la vuelta.
- Oh genial... ESTÚPIDO PENDEJO.- Dijo con rabia. Y volvió sobre sus pasos.
∅ En los baños. ∅
Tuvo una suerte tremenda. Apenas habían algunas personas. Pero no miró bien, y al no estar acostumbrado entro al baño de hombres.
Se lavo las manos. Luego buscó su móvil por sus bolsillos. No lo encontraba.
- ¡Me lo dejé en el pijama!.- chilló con su débil y fina voz.
Una de las puertas se abrió lentamente. Un chaval, más o menos el doble de Cartman.
- Qué pasa? Por que chillas así?.- Siendo hombre, a Cartman nunca le enseñaron que hablar con extraños puede causarle grandes problemas, así que, cual inocente niña, se confío demasiado.
- Hay mucha gente. No encuentro a mi amigo y bueno...
El señor se acercó a ella y le olió un poco el pelo.
- Hueles a fresa. Quieres un dulce.- (c/a: eso no me lo creo. Quien va por ahí con drogas para regalársela a los niños?! Tendía que ser alguien millonario(?). )
- Ehhhhh... No gracias.- rechazo.
- Oh. Valla. Sabes, eres una niña muy linda.- Le agarró una muñeca, justo la de la venda, haciendo que suelte un gemido de dolor. La arrastró a la entrada, para cerrar la puerta. Luego de comprobar que en los demás baños no había nadie, la empujó a la esquina de la pared.
Disfrutaba con la expresión de terror de la pequeña. Le daba morbo.
Su pequeña minifalda rosa y su camiseta blanca, con sus dos coletas y sus zapatos rosados le hacían fantasear mucho. ¡Era su culpa por parecer tan dulce y deliciosa!
~ Ayuda! Porfavor! ALGUIEN... Quién sea... Damien...~
∅ Minutos después, con Damien. ∅
- ¿¡DÓNDE ESTÁ?! CUANDO LO ENCUENTRE, LO VOY A ASESINAR!.- Gritaba.
#.. Damien...#
- EH?! ¿Qué fue eso?.- Se dio la vuelta, esperando ver a su compañera.
# …Damien...#
~ No puede ser... Telepatía?! EL NO ES MI CERO NEGATIVO! No puede ser... No lo es! ES MI IMAGINACIÓN!. No puede ser el! No... No...~
#... Ayuda...#
~ SI TE PERDISTE FUE TU JODIDA CULPA! Ahora me buscas tu sólo. Me da igual lo histérico que estés!
#… sangre.#
~...No estoy para bromas! Como sabes de esto?! Como sabes telepatía?! ~
#… baños..#
~ No voy a pillar gordo. Me buscas tu. No soy tu niñera.~
Después, el ojirojo no escuchó nada más.
- JODER! Y ahora tengo que buscarle?!.- gruñó
∅ En los baños. ∅
Cuándo el hombre terminó, se lavó las manos y salió del baño.
Mientras que Iris, estaba en la esquina, llorando en silencio, mientras abrazaba sus rodillas.
- No es nada personal, dulzura. Pero alguien tan inocente no se encuentra muy a menudo. Toma, tus braguitas.- en ese momento Cartman odio a muerte esa palabra. Aquella sombra le dio su ropa interior, recién estrenada.- están algo manchadas.- evidente. Manchadas de rojo. Dicho eso, salió de ahí.
Cartman escondió su cabeza en el hueco que tenía al estar abrazando sus piernas.
La puerta no le dio tiempo de cerrarse, ya que entró un pelinegro.
Al cruzarse con el señor, por alguna razón, le echo una mirada fijamente. Damien se volteo, observando como desaparecía entre la multitud.
Cuando devolvió su mirada busco a Iris.
- Cartman. Ya deja de hacer pendejadas y larguemonos. Llevo todo el día aquí. ¿Qué ha-... CARTMAN?!.- Encontró a la castaña con su mirada
Fue corriendo hacia la figura, arrodillándose en el suelo para verla mejor.
- ¿¡QUÉ HA PASADO?!.- Iba a acariciar su hombro, pero Cartman le empujó.
- VEINTE MINUTOS!.- Se levantó dándole igual si llevaba la ropa interior o no. La falda le tapaba. Salió de ahí lo más rápido que pudo, dejando un Damien con culpabilidad.
Y no le faltaba razón. No le había creído cuando le avisó. Y se merecía su desprecio.
