Notas del capítulo:

Hola a todos, buenas noticias al fin, luego de tanta espera les traigo un nuevo capítulo. Pero antes los debidos agradecimientos:

1 Gracias a quienes me escribieron en el cap. pasado:

SakuraAli, TsukihimePrincess, AnataYume, Suuchan1795 y Sacha Guerra

Chic s tod s son geniales! Y en verdad adoro leerlos y contestarles asi que sigan comentando.

2 Un gracias extra a quienes me expresaron su apoyo ante la situación de mi compu:

AnataYume, Citlali395, mariposa de cristal, Guest y SakuraAli.

Gracias a tod s por sus palabras de animo, en serio me ayudaron mucho a que no me diera el bajon y pudiese rehacer este cap. Asi que el presente cap. va dirigido para ustedes en especial!

En fin ahora si, no los hago esperar mas… a leer se ha dicho!


CAP. 13

MASCARADA. Tercera parte.

Cuando las palabras de Lucius llegaron a sus orejas Sirius casi pudo reír, pero lo que no esperaba era lo dicho por su pareja. Entonces sí sintió su cola erizarse un poco, bueno mucho, y de inmediato se separó de un sonrojado Remus.

Lo ojos cobalto de inmediato reparando en Severus, que le miraba de una manera que jamás había hecho y no pudo menos que tragar saliva. Lucius no le intimidaba, es más, ya ni siquiera lo recordaba, pero Severus…

–Sev, yo… –musitó sin saber qué decir.

Aún turbado por el hecho de que Sirius, su mejor amigo y casi hermano había intentado besarle, Remus llevó sus ojos miel de Snape a Lucius. Ambos lucían realmente alterados y en su aturdida mente él no lograba discernir del todo el porqué de aquello. No obstante en cuanto Sirius habló, un poco de luz se abrió paso en su cabeza.

¿Sev? Esa simple contracción en el nombre del vampiro pelinegro aunado a varias cosas que llegaron a su mente de pronto, le hicieron llegar a una conclusión.

Sirius y Snape.

Sin embargo Remus no tuvo tiempo terminar la idea, pues la voz de Lucius le sacó de sus pensamientos y cuando los ojos miel se enfocaron en el Rey vampiro, supo que él había llegado a la misma conclusión.

Lucius estaba orgulloso de su perfecto autocontrol. Siempre, no importaba qué sucediera, mantenía la cabeza fría y centrada, pero el ver a Black tan cerca de Remus, el verle a punto de besarle, le sacó de base y la ira terminó estallando en su interior diseminándose por todo su cuerpo. Fue así como se olvidó de quién era y donde estaba, y sin importarle consecuencia alguna se acercó a la pareja dispuesto a esta vez sí, destrozar al licántropo pelinegro.

Pero en ese momento y luego de escuchar, pero sobre todo observar a Black y a Severus, ya no estaba tan seguro de sus deseos homicidas. Al parecer entre esos dos había algo más que una amistad como pensara. Y si era así debía saberlo, por lo que aspirando hondo y resistiendo el impulso de aniquilar a Black, habló de nuevo consciente de las miradas curiosas e indiscretas de las que eran objeto, sobre todo él.

–Black… debemos hablar los cuatro… ahora –ordenó, sin dejar lugar a replicas en sus aun ojos granate, comenzando a caminar hacia un balcón cercano que se encontraba vacío.

Severus, quien había estado por replicar a Sirius doblemente furioso por el casi beso y la mención de ese apodo inadecuado con que solía llamarle Black, fue cortado por las palabras de Lucius, a quien miró un momento antes de seguirle sin dirigir una sola mirada más a su pareja o a Lupin. Seguía furioso y celoso, claro, pero al mirar a Lucius sabía que no era prudente contrariarlo en ese momento, sobre todo por lo que pudo leer en esos ojos carmesí.

–"Lo sabe, Lucius ya lo sabe"–se dijo con fastidio y todo por culpa de los dos licántropos, porque sí, también culpaba a Lupin.

Por su parte Remus soltó un suspiro y miró un momento a Sirius antes de avanzar hacia donde Severus y Lucius. Sentía un poco de lastima por su amigo, pues si él y Severus eran pareja y por la forma en que éste les había mirado, sabía que no le sería fácil a su amigo hacerse perdonar. Pero ni hablar, Sirius se lo había buscado y no entendía para qué o porqué complicarse así las cosas, y de paso arruinarle el baile y lo que pudo ser en compañía del Rey vampiro.

Y Sirius, bueno… él tenía la cola entre las piernas, literalmente. Solo había querido divertirse a costa de Lucius pero aquello se le había salido de las manos, no había meditado que Severus pudiera estarles viendo. Aunque tal vez no todo había sido tan malo, pensó mientras seguía a Remus.

Si lo que había visto en los ojos de Lucius cuando les ordenó hablar era cierto, podría ser que tuviese algún provecho de su inmadura jugarreta. Por supuesto le costaría horrores hacerse perdonar por Severus, pero por fin podrían estar juntos sin ocultarse, pues sabiendo Lucius la verdad, él se lo diría a Tom.

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Mientras cierto peli plata que también había padecido el tormento de los celos, en ese momento se encontraba un poco mejor observando a Thomas ya sin la compañía del detestable licántropo aunque ahora se encontraba acompañado de la no tan grata presencia de Pansy Parkinson, lo cual tampoco le hacía mucha gracia. En un momento, la mirada jade se posó en él y de pronto aquellas emociones que solo Thomas le hacía experimentar inundaron su interior.

No podía explicarlo, pero desde que viera por primera vez al vampiro mayor había quedado prendado de él y aunque en ese entonces ya estaba con Draco, este jamás le había hecho sentir de ninguna forma lo que Thomas le hacía sentir solo con su presencia. Por supuesto, en todo ese tiempo quiso negar incluso a sí mismo lo que sentía por el pelinegro. Después de todo era perjudicial para él y para su objetivo, además de que no tenía esperanza alguna, así que para darle alas a aun sentimiento que no podía ser… O eso pensó hasta el día en que Thomas le salvara de esos idiotas.

Luego de eso todo parecía haber cambiado.

Sentía que no le era indiferente al vampiro pelinegro y si eso era así, tenía una oportunidad. Una oportunidad de tener lo que jamás pensó conocer, por eso estaba decidido a no dejar escapar esa ocasión, por lo que sin contenerse, en ningún momento apartó la mirada de la ajena que seguía observándolo mientras hablaba con Parkinson.

Por supuesto él quería que toda la atención de Thomas fuese suya, pero no se atrevía a hacer ningún movimiento con la odiosa vampira cerca del más alto. No quería descubrirse precisamente frente a Pansy, pues estaba seguro que esta le delataría y eso le resultaría altamente infructuoso, por lo que se quedó quieto pero sin dejar de mirar al objeto de su amor. Deseaba despertar intriga en Thomas, la suficiente para que este fuese quien se acercase hasta él y así poder estar juntos sin levantar sospechas sobre su persona.

Afortunadamente para él, parecía haber conseguido su objetivo pues Thomas no tardó en despedir a la pelinegra y caminar hacia donde él estaba.

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Así que había venido. Realmente jamás lo pensó, jamás pensó que el atrevimiento de Evan llegase a tanto. Tenía entendido que Draco le había solicitado que no fuese y sin embargo ahí estaba, a unos pasos y viéndole de aquella manera que era ciertamente enigmática, pues por la distancia y la máscara que el peli plata portaba no podía discernir mucho aunque era obvio que quería llamar su atención.

Los ojos jade recorriendo la figura cada vez más cercana.

Ciertamente el más joven lucía escultural. Pero siempre lo hacía, su belleza externa no era cuestionable, podía aceptar que la hermosura que irradiaba Evan era agresiva e hipnótica, pero su interior era lo que le parecía altamente dispar. No le conocía realmente muy a fondo pero no lo creía necesario, las acciones del ojilila hablaban por sí mismas y lo que decían no era para nada halagador. Evan era alguien ambicioso y malintencionado, un experto mintiendo a pesar de ser tan joven. Alguien incapaz de nada noble y por lo tanto incapaz de amar.

Por eso no me merecía su compasión. Ejecutaría lo acordado sin mostrar piedad. Después de todo él no era exactamente tan bueno, como todos los vampiros dentro suyo latía una parte oscura que no podía negar y el la abrazaría con el fin de llevar a cabo su cometido.

Y si Evan había venido al baile con malas intenciones, conocería a un Thomas diferente de con quien había estado tratando.

–Acompáñame –musitó serio en cuanto llegó frente al peli plata, tomándole un poco bruscamente del brazo y llevándole con él, discretamente, hacia fuera del salón a un pasillo lo suficientemente desierto y alejado.

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Cuando tuvo a Thomas frente a él, aun sabiendo que no podría ver su rostro, no pudo evitar la sincera sonrisa que se formó en sus rojizos labios. Ahí estaba por fin y aunque quería lanzarse a sus brazos, no lo hizo, no sería adecuado y primero debería descubrirle quién era, así que aclaró su garganta intentando controlar lo que sentía.

Sin embargo, cuando estuvo a punto de hablar el pelinegro se le adelantó y en un tono que no le agradó demasiado, le pidió que le acompañara al tiempo que le tomaba inesperadamente del brazo con poca delicadeza. Evan le siguió sin protestar, más porque quería estar a solas con él que por otra cosa, pero se preguntaba si Thomas lo había reconocido… pero no lo creía. No le trataría así si lo supiese, ¿cierto?

No obtuvo respuesta de su interior.

Cuando Thomas convino que estaban lo suficiente retirados, detuvo sus pasos y soltó al más joven, a quien observó unos instantes antes de quitarse la máscara que portaba. Sus atractivas facciones impasibles y su mirada jade fría como el hielo cuando dijo:

– ¿Qué haces aquí?

En cuanto el pelinegro detuvo sus pasos y le soltó, Evan aspiró hondo y fijó sus ojos lilas en el más alto, suspirando levemente cuando éste descubrió su rostro.

No le extrañó que se mostrase tan inexpresivo como siempre, pero lo que no le gustó fue su gélida mirada. Aunque supuso que era porque desconocía quién era, así que de nuevo intentó hablar, siendo interrumpido nuevamente por Thomas.

Pero esta vez sus palabras le fueron aún más inesperadas. Entonces sí sabía quién era… ¿Y entonces? Confundido, removió la máscara de su rostro y se mostró ante el mayor, sin saber si responder.

– ¿No vas a contestar? –Insistió Thomas, para nada asombrado de ver el rostro de Evan surgiendo detrás de la máscara. Sus facciones igual de inalterables, pero un leve rastro de impaciencia surcó su mirada jade al notar el mutismo del peli plata–. ¿Así que no piensas hablar? Bien, seré más claro con mi pregunta: ¿Estás aquí para estar con Draco? –cuestionó, mirando fijamente a los ojos lilas, que primero lucieron sorprendidos y luego lucieron aliviados e incluso un poco complacidos, lo cual le intrigó.

¿Así que era eso? Por eso Thomas estaba actuando así con él, creía que había ido al baile para estar con el rubio príncipe. ¿Sería posible que estuviese celoso...? La sola idea podía hacerle suspirar, pero con esa intensa mirada jade mirándole y esperando una respuesta de su parte, decidió aclarar el malentendido.

–Yo… No, no estoy aquí por Draco… Él ni siquiera sabe que decidí venir –expresó, queriendo aparentar normalidad–. De hecho me pidió que no lo hiciera –agregó sin pensar.

Una negra ceja se levantó en el rostro de Thomas al confirmar de boca del mismo Evan aquella información, y sin poder evitarlo, comenzó a sentir sospecha. Los ojos jade entrecerrándose.

– ¿Entonces qué haces aquí? –Preguntó de nuevo, aunque esta vez de manera intimidante y acorralando al más bajo contra una de las paredes–. ¿Planeas algo, quizás…? Porque te advierto que… –sin embargo no pudo continuar, pues la réplica de Evan se lo impidió.

No le gustaba para nada la manera en que Thomas estaba hablándole y sobre todo la manera en la que le veía, le observaba de la misma forma en que lo hacía antes de que le salvara y eso le hería mucho más de lo que podía decir con palabras. Le hería más que antes y, cuando el pelinegro avanzó y le acorraló hablándole de aquella forma, no pudo menos que replicar.

–Vine por ti, para estar contigo.

– ¿Qué dijiste? –Cuestionó incrédulo Thomas mientras analizaba el bello rostro frente a él en busca de un atisbo de que estaba mintiendo.

–Lo que escuchaste… Estoy aquí –desviando un poco la mirada antes de agregar–, por ti –susurró con una timidez verdadera y hace mucho tiempo olvidada por el peli plata. Definitivamente toda su seguridad y arrogancia se esfumaban cuando se trataba de Thomas.

Sin duda no esperaba eso y por lo que observaba, Evan no parecía mentir y no estaba fingiendo la timidez que le mostraba al decir aquello, lo cual sinceramente le causó cierta sorpresa. Pero sin dejarse envolver, su astuta mente pensó que esa era la oportunidad que había estado esperando, pues era Evan y no él quien debía dar el primer paso para lo que debía suceder entre ellos.

Por eso y más calmado al notar que el peli plata no sería una amenaza para Harry y Draco o para la fiesta que tan exitosamente continuaba su curso en el salón, esbozó una media sonrisa y dejó que la oscuridad le invadiera, nublando la parte racional y dejando solo el instinto, que era lo único que necesitaba para lo que iba a suceder.

–Ah, ¿sí? –Murmuró, acercándose más al peli plata, lo suficiente para que sus cuerpos se encontraran de manera más íntima aunque pareciendo casual–. ¿Y por qué harías algo así? –Cuestionó, tomando el mentón ajeno para hacer que Evan le mirase–. ¿Por qué te arriesgarías a venir solo por mí, cuando el mismo Draco te pidió que no lo hicieras? –Agregó, acariciando el mentón que sostenía mientras era consciente de que su mirada jade se mezclaba levemente con un oscuro tono carmesí.

El suave agarre en su mentón junto con el repentino acercamiento del mayor, le tomaron por sorpresa y cuando sus ojos lilas se encontraron con los de Thomas, que ahora mostraban una mezcla atrayente de jade y escarlata, no pudo menos que sentir unos inusuales nervios invadirle. Aun así no desvió la mirada esta vez, ni siquiera ante la pregunta que le formulaba el más alto.

Y sin que lo pensara, un ligero suspiro salió de entre sus rojizos labios cuando sintió la suave caricia a su mentón. Electricidad pura que erizaba su piel haciéndole estremecer, era eso y más lo que esa simple y sutil caricia le hacía sentir. Tan diferente de lo que sentía con Draco, muy diferente.

Con Thomas sentía que podría derretirse con solo esa suave caricia y nada más. Pero estaba dudoso, ¿debía acaso contestar con la verdad tan pronto? Era riesgoso, una movida atrevida, pero luego de lo que había dicho anteriormente tampoco es que le quedase otra cosa por hacer ¿o sí?

Además quería confiar, creer en que aquella cercanía entre ambos provocada por el mismo Thomas y esa caricia no podían ser eran más que señales positivas, confirmaciones de lo que tanto anhelaba, por lo que sin despegar sus ojos de los de Thomas se decidió a contestar parcialmente.

–Lo hice porque tú me gustas, Thomas. Siento algo por ti –soltó esperando la reacción del más alto a sus palabras. Una media sonrisa casi imperceptible y fugaz surcó los labios del pelinegro. Justo lo que quería escuchar.

– ¿Así que te gusto? –Enunció lenta y casi seductoramente, cerrando un poco más la distancia entre ellos, haciendo que Evan golpeara su espalda contra la pared de mármol sólido tras él–. ¿Y sientes algo por mí? Interesante, ¿pero será cierto o es lo mismo que le dijiste a Draco cuando lo conociste? –Cuestionó, tomando un poco más bruscamente el mentón ajeno, dejando de lado la sutil caricia que había mantenido en él, al tiempo que sus ojos adquirían un poco más de color escarlata y dejando solo un poco del verde jade a la vista.

–No… yo no… –intentó negar Evan, un poco intimidado por esa mirada pero a la vez extrañamente encantado con la ferocidad que veía en esos ojos. Totalmente hipnotizado por ellos, tanto que no reparaba en el brusco trato a su mentón.

–Mentiroso –interrumpió Thomas, apretando un poco más el mentón ajeno–, pero está bien… –admitió con una sonrisa perversa, extrañamente vista en su rostro, al tiempo que soltaba su agarre a la barbilla del más joven y acariciaba los rojizos labios con uno de sus largos dedos antes de agregar–. Digamos que te gusto y sientes algo por mí… ¿Qué pretendías al venir aquí hoy, qué significa? ¿Qué, viniste a estar conmigo? –Cuestionó.

Esa faceta que estaba viendo en el mayor le era desconocida pero le parecía fascinante, y mentiría si dijera que no estaba cautivado. Su mente se encontraba obnubilada por Thomas, por sus caricias a sus labios y por su mirada, por lo que tardó en procesar las palabras dichas por el pelinegro. Y tardó un poco más en poder contestar

–Significa…–murmuró luego de que las caricias a sus labios cedieron–. Significa eso, vine a estar contigo… Quiero estar contigo –musitó, atreviéndose a hacer un movimiento osado y envolver con sus brazos el cuello ajeno.

Sabía que tal vez era arriesgado hacer y decir aquello justo ahí, donde podrían verles, pero simplemente estaba reaccionando a lo que veía en Thomas. Y definitivamente no iba a dejar pasar esa oportunidad que parecía estarse presentándosele en bandeja de plata.

La mirada jade, casi por completo cubierta con carmesí, detalló al peli plata antes de volver a sonreír lascivamente, dejando entrever sus colmillos los cuales se hallaban ligeramente más largos de lo usual.

–Estás jugando con fuego, Evan –expresó Thomas, tomando de la cintura al más joven–. Y vas a quemarte –inclinándose un poco, hasta casi rozar con los suyos los rojizos labios ajenos–. Pero saldrías mal parado, Draco sabrá que estuvimos juntos, ¿no te importa? –viendo fijamente los ojos lilas que también comenzaban a teñirse de rojo.

Ciertamente había pensado mucho en lo que le decía el pelinegro, pero conocía métodos para que el aroma de Thomas no fuese evidente para el rubio príncipe, pero aun si no los hubiera, ya era tarde para arrepentirse. Había tomado su decisión al venir al baile y ya no podía retractarse.

No, no podía, ni quería y menos cuando lo que creyó imposible, inalcanzable, estaba tan cerca de sus manos. No, no había vuelta atrás…

Ya se ocuparía de Draco y todo lo demás mañana. Ahora solo quería perderse en la mirada de su Thomas, perderse entre sus brazos e incendiarse en el fuego que estaba seguro, desatarían juntos.

–No, ahora mismo nada es relevante, solo tú y yo… –expresó, aunque no pudo evitar que cierta imagen que le causara celos le llegase de pronto y le hiciera preguntar–. ¿Y a ti? ¿No te importa que sepan que estuvimos juntos? Porque mi aroma quedará en ti.

Por supuesto, la respuesta de Evan la esperaba, siempre había sabido que éste no amaba a Draco y ahora solo lo confirmaba, pero lo que no se esperó fue lo siguiente dicho por el peli plata, ante lo cual se limitó a sonreír de medio lado.

–Yo no tengo compromisos con nadie, a diferencia de ti… No tengo pareja –dijo, antes de cerrar la distancia con los labios ajenos y así evitar que Evan siguiera haciendo preguntas.

Sumergiendo a ambos en un beso que resultó apasionado y vibrante. Un beso oportuno, pues no era conveniente que el peli plata pensase más o hiciera más preguntas. Y Thomas lo sabía, sabía que debía nublar la mente del más joven con la bruma de la pasión justo como estaba haciendo… llevarlo hasta un estado en que no hubiese más que instinto entre ambos para iniciar el juego.

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En el salón

Durante todo el tiempo que duro la música y que ambos se deslizaron junto con las demás parejas ninguno emitió palabra alguna. Tan solo se limitaron a mirarse en silencio y bailar al compás de los suaves acordes que retumbaban en las paredes del magnífico recinto. Plata y esmeralda observándose fijamente tras las máscaras que portaban o, en el caso de Harry, tras el antifaz.

No importó si debían dar un giro o hacer una caravana, en ningún momento despegaron sus ojos el uno del otro, creando entre ellos un nuevo momento en que las miradas parecían hablar más que las palabras. En que las miradas decían lo que sus dueños no se atrevían o no podían decir, pero que era evidente para los ojos de la concurrencia que les observó danzar.

Y como auguró Harry, no hubo ningún accidente o mal paso en esta ocasión para él.

Así luego de que culminara la música y todos se detuvieran, el licántropo pelinegro no pudo evitar que un leve suspiro saliese de sus labios, estaba aliviado de haberlo hecho correctamente pero sobre todo, se sentía muy bien de pronto y sabía que tenía que ver con haber bailado con Draco. La experiencia había sido similar pero a la vez muy diferente a la vez que lo hicieron en el enlace.

Esta vez no había habido el usual ataque de pánico en su persona y eso hacía una gran diferencia, pero no solo fue eso lo que hizo a esta vez diferente ni que ni siquiera había reparado en la música, en los pasos o en la incomodidad de su vestimenta. No, eso no había sido en esta ocasión realmente. Lo diferente, lo importante, fue que en esta ocasión Draco no dejó de mirarlo ni un solo momento. Su intensa mirada acerada no dejó su mirada esmeralda y él no pudo dejar la mirada acerada.

Su corazón latió fuerte y rápido en todo momento y no precisamente por el baile, pero no le importó, como tampoco le importó que su estómago se llenase de mariposas revoloteando. Simplemente no pudo abandonar la mirada que tan vehementemente le observaba. Esa mirada que parecía incomprensible para él pero que se sentía tan correcta, esa mirada que sin saberlo….

…. atisbó un poco más la pequeña esperanza que había nacido nuevamente en su interior luego de que Draco le regresara el anillo/pulsera que jamás esperó volver a tener con él.

–En verdad lo hiciste muy bien, mejoraste mucho –llamó su atención de pronto la voz varonil del rubio vampiro a su lado.

–Eh… yo… –sonrojándose levemente y bajando sus orejas, no solo por el comentario sino porque había reparado en que se había quedado perdido en sus pensamientos y en la mirada que el rubio aún continuaba dándole a pesar de ya no estar bailando–. Gracias… aunque el mérito no es mío, es de Pansy y Blaise –admitió meciendo levemente su cola con timidez.

–Ya veo… Igualmente no debes quitarte mérito, debió ser complicado tener a esos dos como maestros, en especial a Pansy –admitió el rubio que aún continuaba viendo a su esposo sin reparar en nadie más, justo como había hecho durante todo el baile.

Justo como había hecho desde que dejaran a Thomas. Sabía que tal vez pudiera estar incomodando a Harry pero sinceramente no lo creía. Lo que había visto, lo que aun veía en esos ojos esmeralda no era incomodidad. Esos ojos puros y francos le estaban mirando como cuando le conoció en vez de rehuirle y ese era un cambio que sin rodeos admitía que le gustaba, al mismo tiempo que le hacía sentir aún más curiosidad por Harry, pues aunque la mirada esmeralda parecía un libro abierto también había algo en esos ojos que parecían invitarle a ver más allá de lo que revelaban.

Una invitación que no podía negar le tentaba más de lo que debería en vista de su relación con cierto peli plata, en quien por cierto no había pensado en ningún momento desde hacía horas.

– "Evan… tu deberías ocupar siempre mis pensamientos pero en este momento… sencillamente es a Harry a quien no puedo dejar de ver, sus ojos esmeralda me llaman con fuerza obnubilando tu imagen"–fue el inesperado pensamiento que surcó su mente mientras seguía observando a su esposo, que negaba apenado ante su anterior comentario.

–Eh, no, en realidad no fue tan malo –susurró el pelinegro, sin conocer el fugaz e inesperado pensamiento que había provocado en Draco y negando a lo comentado por este, realmente no había sido sencillo pero francamente Pansy y sobre todo Blaise, habían sido muy pacientes con él y su nula habilidad para bailar.

Una sonrisa que Harry no pudo ver surcó el rostro del rubio ante esa respuesta. En verdad dudaba que no hubiese sido tan malo teniendo a Pansy maestra, pero aquellas palabras solo le demostraban una vez más, la benevolencia del licántropo pelinegro al no decir nada malo de su amiga.

–Está bien, si tú lo dices te creeré pero…

No obstante el rubio no pudo continuar pues alguien llamó la atención de todos. Era su padrino Lucian, quien anunciaba a los presentes el inicio del banquete en el comedor principal, motivo por el cual la música había cesado. Aquello le tomó por sorpresa y le hizo mirar extrañado al mayor, era su padre quien debía dar tal anuncio pues como anfitrión, le correspondían esos menesteres.

Excepcionalmente inusual, fue lo único que pudo pensar antes de mirar en derredor y darse cuenta que su padre no estaba a la vista y ese era el motivo para que su padrino hiciera el anuncio.

– "¿Donde estas, padre?"–No pudo evitar preguntarse con cierta inquietud pues Lucius no era alguien que se ausentara de su propio baile. Su padre era muy estricto con ese tipo de cosas y si no estaba, debía ser por un motivo importante. Sin embargo no tuvo mucho tiempo para pensar en aquello pues Harry llamó su atención apretando sutilmente su brazo, lo que le hizo devolver la mirada al de ojos esmeralda.

– ¿Sucede algo? –Preguntó el pelinegro luego de un momento, un poco preocupado al notar como luego del anuncio de Lucian, Draco se pusiera levemente tenso y llevara su mirada alrededor como buscando algo.

–No… no es nada, vamos –respondió neutralmente sin querer preocupar o intranquilizar a Harry, avanzando hacia donde todos se dirigían. Después de todo no había por qué alarmarse, ¿o sí? No necesariamente debía ser algo malo lo que ocasionara la ausencia de su padre. De ser así, su padrino le hubiese llamado y comentado algo.

Sí, no debía ser nada de qué preocuparse.

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En el balcón

En cuanto los cuatro estuvieron fuera, las puertas del balcón se cerraron por órdenes de Lucius. El ambiente sin duda era tenso y ambos vampiros aunque lucían más calmados, no lo estaban del todo como mostraban sus miradas aun amenazantemente carmesís puestas sobre cierto licántropo pelinegro que aunque se notaba seguro de sí mismo, en sus ojos cobalto que miraban fijamente a Severus se notaba incertidumbre.

–Y bien, ¿desde cuándo están juntos? –Interrumpió Lucius el silencio que se había instaurado y que nadie parecía querer romper.

La dura mirada de Severus se desvió de su pareja hacia quien era su Rey y emitió un leve bufido antes de volver a mirar a Sirius. Se esperaba esa pregunta pero no tenía ningún deseo de contestar y mucho menos, luego del mal momento que había pasado por culpa de Black. Él había sido el idiota que hizo que los descubrieran, pues bien, que él contestara y lidiara con el mal humor de Lucius y sus preguntas.

Por su parte Sirius, al notar la reacción de su vampiro ante el cuestionamiento directo de Lucius, supo que le tocaba a él explicar, no que le molestara pero realmente estaba inquieto por la mirada que le daba Severus. En verdad sí que la tendría difícil cuando ambos estuviesen solos, no pudo evitar pensar al tiempo que un escalofrío atravesaba su cuerpo y llevaba su mirada al Rey vampiro para responderle.

–Desde hace unos años –contestó entonces con propiedad. Las apariencias ante todo, no quería mostrarse débil o vulnerable frente a Malfoy precisamente.

Una aristocrática ceja rubia se alzó sobre la amenazante mirada de Lucius cuando escuchó eso. Realmente jamás hubiera imaginado que Severus tuviese una relación al parecer seria con Black desde hacía años.

Aunque si lo pensaba mejor, a su mente acudían algunos momentos que podría haberle dado pistas si hubiera reparado en ellos lo suficiente. ¿Pero cómo iba él a imaginarse algo así? Severus y Black no eran precisamente afines, al contrario, y aun así estaban juntos desde hacía años. Curioso, muy curioso y hasta podría causarle gracia el hecho si no estuviera todavía furioso con el licántropo pelinegro.

–Así que desde hace años. Interesante –habló con cierta ironía, caminando hasta quedar frente a frente con Black. Ambos eran de igual estatura por lo que se miraron directamente–. Realmente no es de mi incumbencia a quien escoja Severus, aunque creo que pudo encontrar algo mejor ciertamente –observando de arriba abajo a Sirius con obvia altivez reflejada en sus ojos carmesí–. Aun así es su decisión y la respeto, como respeto su decisión de haberme ocultado su… relación –aceptó el rubio antes de entrecerrar sus ojos y volver a mirar con advertencia a Black–. No obstante lo que sí me incumbe es qué demonios pretendías con Remus si tú ya tienes pareja –soltó mirando de reojo un momento al licántropo de ojos miel que se mantenía en silencio a un lado de Black, antes de regresar su airada mirada al licántropo frente a él en espera de una respuesta, la cual sinceramente esperaba Black meditara bien, pues en ese momento no gozaba de paciencia alguna.

Nervios, inquietud y conmoción.

En ese orden se manifestaron tales sentimientos en Remus que, a un lado de Sirius, había preferido guardar silencio hasta ese momento y es que sinceramente no se sentía precisamente cómodo. Lo cual se hizo más evidente cuando Lucius le miró unos instantes, esos ojos por lo general grises le mostraron la furia que sentía el rubio Rey hacia su amigo y él no lograba entender del todo por qué, aunque ante lo que el rubio vampiro soltara, su corazón latió rápidamente como queriendo darle una respuesta.

Sin embargo no quería hacerse vagas ilusiones y prefirió ser prudente. Como esperaba fuera Sirius con su respuesta a Lucius, sobre todo porque su amigo ya tenía suficiente con la clara irritación de Severus como para lidiar también con la furia del Rey vampiro.

– "Por favor sé prudente, Sirius"–pensó mirando al pelinegro y a Lucius alternadamente.

Por supuesto Remus no contaba con que, a pesar de sentirse inseguro por lo que pasaría cuando Severus y él estuviesen a solas, Sirius ahora mismo sentía algo más y era molestia. Y es que no le había caído nada en gracia el comentario de Lucius acerca de que Severus podría haberse conseguido algo mejor. Y bueno Sirius, siendo Sirius, no era precisamente alguien que gustara de quedarse así como así frente algo que consideraba un insulto a su persona. Al contrario y este caso desafortunadamente no fue la excepción, por lo que alzando su barbilla de manera orgullosa encaró la mirada amenazante de Lucius antes de decir.

–Realmente Malfoy, no tengo por qué contestarte –musitó con una seguridad que rayaba en la arrogancia al tiempo que mecía su larga cola–. Y te diré por qué en este caso tu reclamo no viene al caso: es a Severus y solo a él a quien debo responder por mis acciones, en cambio a ti –mirándolo de la misma manera en que Lucius le había mirado a él–, a ti no tengo por qué contestarte nada porque simplemente no tienes ningún derecho de preguntar –terminó con una media sonrisa que podía interpretarse como retadora.

La evidente consecuencia luego de esa respuesta se dio rápidamente.

En un rápido movimiento, Lucius sostuvo a Sirius del cuello y lo estrelló contra el barandal de piedra que delimitaba el balcón.

–Respuesta equivocada, Black… –siseó el rubio vampiro apretando un poco más su agarre al cuello ajeno y mostrando levemente sus colmillos, los cuales se habían alargado.

Por supuesto Sirius no se dejó avasallar y en un violento empujón apartó a Lucius, siendo él quien esta vez tomara del cuello al rubio y lo estrellara contra una de las puertas que mantenían cerrado el balcón, al tiempo que sus ojos cobalto adquirían un tono dorado.

–No creo que mi respuesta haya sido equivocada, Malfoy –gruñó el pelinegro mostrando esta vez él sus afilados colmillos al Rey vampiro. Sus garras alargándose e incrustándose levemente en la blanca piel del cuello ajeno.

– ¡Sirius basta! –Se escucharon entonces dos voces al unísono.

Ambos, Severus y Remus, al ver que aquello podría terminar de mala manera debido a la impertinencia de Sirius, decidieron intervenir y aunque a Severus no le hizo ni pizca de gracia tener que cooperar con Lupin, lo primero era detener a esos dos antes de que iniciaran algo que terminaría siendo infructuoso, por lo que luego de intercambiar miradas y de notar que su llamado no había servido de nada. Fue Severus quien se acercó para apartar a Sirius de Lucius y contener a este último.

Mientras Remus hizo lo propio con Sirius, a quien sostuvo antes de que intentara abalanzarse nuevamente contra el rubio vampiro.

–En serio Sirius, tienes que calmarte –mencionaba el de ojos miel, arrastrando varios metros al pelinegro lejos de Lucius. Afortunadamente el balcón era lo suficiente amplio.

– ¿Calmarme? El muy imbécil me atacó –gruñía Sirius, queriendo zafarse del agarre de Remus y con sus ambarinos ojos fijos en Lucius, que de igual forma intentaba pasar de Severus para ir hasta él.

–Tú fuiste el culpable de todo esto, Sirius Black –gruñó entonces Remus agitando su cola con enojo al tiempo que empujaba al más alto y le miraba con molestia, pero manteniendo su expresión tranquila aunque más seria de lo normal–. Ahora más vale que te calmes y pienses, ¿cómo crees que quedaría parado Harry si te peleas con su suegro? O peor, si causas un escándalo delante de todos esos vampiros que están afuera. ¿Es que no piensas que todo podría arruinarse para todos, incluidos tú y Snape, por tus acciones infantiles?

Cada palabra dicha por el ojimiel sirvió para controlar la fiereza que se había despertado en el interior de Sirius y pronto la mirada dorada dio paso nuevamente al cobalto, mientras su dueño respiraba agitado y meditaba lo dicho por su amigo.

Sin duda Remus tenía razón, siempre la tenía.

–Lo siento Moony… –musitó luego de un momento ya totalmente calmado.

–No es a mí con quien debes disculparte, ¿o sí? –Respondió Remus aun serio, negando al tiempo que se acomodaba la vestimenta que portaba y que había quedado desarreglada luego de forcejear con su pelinegro amigo–. En verdad debes aprender a controlarte Sirius, ¿qué hubiera pasado si no los hubiéramos detenido?

–Lo sé pero… pero también Malfoy debió controlarse –intentó excusarse en vano el pelinegro, viendo hacia donde el rubio Rey era contenido por su pareja.

–Lucius –desviando un poco la mirada al decir el nombre del rey vampiro–. Él también estuvo mal pero tú lo provocaste con tu imprudente respuesta, era obvio que no estaba precisamente en condiciones de ser tolerante –mencionó con cierta condescendencia inconsciente.

–Sí, claro, el malo aquí soy yo ¿cierto? –Refutó con sarcasmo bufando un poco y negando a su vez al notar cómo las mejillas de Remus se habían puesto tenuemente sonrojadas justamente al mencionar al arrogante Rey–. En verdad estas perdido por ese idiota ¿no? –Se atrevió a cuestionar aunque ya sabía la respuesta–. Tienes un pésimo gusto, habiendo tantos licántropos agradables tras de ti, tenías que venirte a fijar en Malfoy, en serio Moony –agregó.

Las mejillas antes levemente sonrojadas se tornaron más rojas y los ojos miel parpadearon rápidamente antes que su dueño volviera a desviar la mirada de los ojos cobalto que le observaban con atención.

–No sé de qué hablas, Sirius… y no cambies de tema, que no estamos hablando de mí.

–Por supuesto que sabes… –expresó el más alto, ignorando lo último dicho por Remus.

Viendo que Sirius no le permitía evadir la situación, de los labios del castaño salió un ligero suspiro antes de regresar sus ojos a su amigo y decir:

–En los sentimientos no se manda, Sirius, y tú deberías saberlo, ¿o es que acaso tú puedes controlar lo que Snape te hace sentir? –Mirando de reojo hacia el vampiro que parecía hablar con un más calmado Lucius.

La mirada cobalto se desvió de Remus hacia donde Severus y la expresión de Sirius se suavizó al tiempo que una sutil sonrisa se formó en sus labios.

–No, ciertamente no puedo –respondió soltando un breve suspiro.

–Ahí… ahí tienes tu respuesta entonces –murmuró Remus imitando el suspiro de Sirius cuando sus ojos se posaron en Lucius.

Un suspiro más salió de los labios de Sirius aunque este fue en un tono de total resignación.

–No puedo decirte que estoy de acuerdo, pero… –volviendo a mirar a Remus–. Supongo que no puedo interferir con tus… sentimientos hacia Malfoy –agregó con cierta reticencia–. Sólo no se la pongas tan fácil, ¿quieres?

Una sonrisa breve apareció en el rostro de Remus ante esas palabras.

– ¿Tú se lo pusiste fácil a Snape? –Cuestionó volviendo sus ojos miel a su amigo.

Una media sonrisa enigmática surcó los labios de Sirius ante aquel cuestionamiento y cuando estaba por contestar la voz profunda y masculina de Lucius interrumpió sus palabras.

–Fuera Black –ordenó el rubio desde su posición aun algo tenso pero evidentemente más calmado ya que su mirada había vuelto a ser grisácea–. Quiero hablar con Remus –aclaró–, y tú estorbas. Además creo que te gustaría ir tras Severus, ¿o me equivoco?

Y es que luego que Lucius entro en razón gracias a Snape, ambos habían mirado hacia donde ambos licántropos y al notar la complicidad con que parecían conversar y las sonrisas que se regalaban, Severus se había disculpado con Lucius y había decidido retirarse. Era eso o terminaría actuando de la misma manera por la que había censurado a su rubio amigo y en palabras del mismo Severus, "No le daría el gusto a Black", así que con toda dignidad se había despedido de Lucius y había atravesado las puertas del balcón sin mirar atrás.

Los ojos cobalto de Sirius se entrecerraron por la orden pero al notar que en efecto su pareja se había esfumado el licántropo pelinegro tuvo que darle la razón a Lucius. Quería y debía ir tras Severus y aclarar todo antes de que pasase más tiempo, por lo que a pesar de detestar tener que dejar a Remus con el Rey vampiro asintió reticente antes de mirar una vez más hacia Remus y mencionar:

–Recuerda lo que te dije, ¿quieres? –Pidió con una escueta sonrisa antes de ponerse serio y voltear y encarar al rubio, al tiempo que caminaba hasta él–. Cuidado Malfoy, te lo advierto, si lastimas a Remus esta vez no habrá nadie para salvarte –advirtió cuando pasó por un lado del vampiro.

–Lo mismo digo Black, Severus es uno de mis mejores amigos así que más te vale andarte con cuidado –replicó Lucius en un tono neutral pero que dejaba entrever indudable amenaza.

Finalmente, luego del tirante intercambio de palabras, Sirius terminó por irse y Lucius cerró tras él antes de acercarse al licántropo de ojos miel que se notaba inquieto, lo cual sinceramente le hizo sonreír brevemente. Porque si Remus se ponía nervioso con su presencia, sólo podía significar que no le era para nada indiferente.

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Tiempo después

El banquete, al igual que el resto de lo acontecido en esas horas, había sido un rotundo éxito. Una diversidad de deliciosos platillos dignos de los delicados y aristocráticos paladares de los vampiros fueron servidos y degustados con el más absoluto deleite. Y es que si bien los vampiros podían abstenerse de consumir alimentos, pues estos realmente no les saciaban como la sangre, gustaban de consumir "comida" siempre y cuando esta estuviese a la altura de sus exigencias, justo como la que disfrutaron en esa noche.

Y tal fue el deleite del que disfrutaron que en ningún momento repararon en la ausencia de su Rey, la cual se alargó hasta el final de la velada, lo que de hecho se dio poco tiempo después de terminado el banquete. Draco fue el encargado de despedir a los invitados y disculpar con ellos a su padre, que en palabras de su padrino, "Había tenido algo urgente que solucionar".

Dicha excusa fue suficiente para dejar complacidos a los vampiros de la corte, que con agrado aceptaron y se despidieron sin más de Draco y Harry, quienes fueron los encargados de fungir las funciones de anfitriones y despedir hasta el último invitado.

Finalmente, cuando todos se hubieron ido y solo quedaban ambos príncipes y los Zabinni, Lucian habló antes de que Draco iniciase con los cuestionamientos que ya veía venir.

–Todo está bien, es solo que como te dije antes, Lucius tuvo que encargarse de algo sin importancia –mencionó, quitándose la máscara que había portado durante casi toda la velada.

–En serio, y si todo está bien y solo fue a atender algo sin importancia, ¿por qué la tardanza? –Cuestionó el rubio príncipe imitando los movimientos de su padrino y quitándose la máscara, para nada convencido con el argumento del mayor.

–Eso deberás preguntárselo mañana a él –dijo evasivo el mayor antes de agregar–. Ahora será mejor que acompañes a tu esposo a sus aposentos, ha sido un día largo y debe estar cansado –sugirió, mirando hacia donde Harry conversaba con Theo y el menor de sus hijos.

Un resoplido nada complacido brotó de los labios del rubio príncipe, pero al llevar sus ojos plata hacia donde Harry terminó asintiendo.

–Bien, tienes razón, iré con Harry, pero que te quede claro que no creo nada de lo que dices –advirtió el más joven antes de ir hacia donde su esposo.

Lucian por su parte se limitó a esbozar una semi sonrisa. Por supuesto que no le creía pero él no era quien para decirle a su ahijado el por qué real de la ausencia de Lucius. Solo esperaba que a este le hubiese ido bien o mañana tendría que lidiar con el mal humor de su rubio amigo y esa era realmente una tarea que no deseaba. Tal vez no era una mala idea ir a investigar y no esperar hasta mañana para saber a qué atenerse…

Por su parte, unos pasos más allá de donde Lucian estaba, Harry recibía los halagos de Theodore y un animado Blaise.

– ¡En verdad estuviste increíble Harry! ¡Perfecto! –Decía sonriente el más joven de los Zabinni, causando un evidente sonrojo en el licántropo pelinegro por sus efusivas palabras.

–Bueno, no creo que haya estado perfecto, pero si lo hice bien fue por su ayuda –admitió, balanceando su cola con timidez antes de hacer una breve reverencia hacia Theodore y Blaise–. Muchas gracias a ambos por su paciencia –agregó, esbozando una linda sonrisa–. También me hubiese gustado agradecer nuevamente a Pansy y a Thomas, pero ambos se fueron antes –comentó ladeando levemente la cabeza.

–No tienes nada que agradecer, Harry –contestó Theodore con simpleza, negando–. Fue un placer ayudarte, en cuanto a Pansy y mi hijo, ya tendrás tiempo de agradecerles –terminó regalándole una sonrisa al más joven que al estar ya sin mascara, Harry pudo apreciar.

–Sí, es cierto Harry, aunque lo que se me hizo extraño fue que Thomas se fuese sin decir nada, digo, de Pansy no me sorprende pero mi hermano… –expresó un pensativo Blaise.

Sin embargo las palabras de Blaise quedarían en el aire pues en ese momento llegó hasta ellos Draco para llevarse consigo a Harry.

–Hasta mañana entonces y gracias de nuevo –dijo el pelinegro besando la mejilla de ambos vampiros antes de seguir a su esposo, que se limitó a musitar un educado "Hasta mañana" correspondido por ambos Zabinni.

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En la entrada de la habitación de Harry

Luego de dejar a los Zabinni, el camino hacia los aposentos de Harry fue más corto de lo que ambos hubiesen querido y es que para qué negarlo, luego de que bailaran y durante el banquete se había instaurado entre ellos un ambiente más que cordial y libre de incomodidades. Como si nada de lo sucedido en días pasados hubiera ocurrido y acabasen de conocerse.

Draco al fin pudo conocer una parte de su esposo de la que el mismo se había negado a percatarse y sinceramente admitía que le agradaba y solo aumentaba su curiosidad respecto a Harry, respecto a lo que silenciosamente y sin querer estaba despertando en él. Aun se sentía culpable por lo que le había hecho, claro, pero había algo más naciendo en su interior que estaba desplazando los malos sentimientos que le habían impedido hasta ahora estar en paz, y aunque no entendía aun lo que estaba comenzando a experimentar, estaba dispuesto a aceptarlo sin más cuestionamientos. Estaba dispuesto a dejarlo ser.

Y Harry por su parte por fin pudo disfrutar de la compañía de Draco sin sentirse incómodo o dolorido con él. No era que se hubiese olvidado de lo que había sucedido o de la presencia de Evan constante entre ellos, pero desde que Draco le devolviese el anillo/pulsera y se dieran la sucesión de momentos, de miradas entre ellos, la incomodidad parecía haberse esfumado junto con el dolor y el resentimiento que aun hubiera albergado su corazón. Y gracias a eso había podido conversar e incluso sonreír con alguno que otro comentario que su esposo le hacía sobre tal o cual situación.

Sí, sin duda había sido una velada provechosa para la pareja y por eso ahora que estaba llegando a su fin los dos se sentían nerviosos, cada uno a su manera pues temían que lo ocurrido hubiese sido solo producto de la ocasión. De que se suponía tenían que fingir delante de todos ser un "matrimonio feliz", aunque la realidad era que en ningún momento habían tenido que fingir nada, ni si quiera lo habían recordado.

–No… no tenías que molestarte en acompañarme, en serio –se escuchó la titubeante voz de Harry rompiendo el repentino silencio instaurado cuando llegaron frente a la puerta de su habitación.

–No fue una molestia –reparó Draco quizás un poco más brusco de lo que pensó pero es que ese comentario le tomo desprevenido, además que no quería realmente que Harry pensase tal cosa.

Las orejas del pelinegro se movieron levemente al captar la réplica del más alto, la cual debía admitirlo le hizo sentir bien y lo expresó esbozando una sutil sonrisa antes de atreverse a ver a su esposo, que permanecía a su lado y muy cerca suyo.

–Gracias Draco… en verdad la pasé bien –se permitió admitir meciendo su larga cola en un tímido movimiento mientras sus dedos inquietos jugaban con el antifaz y el abanico entre sus manos.

Los ojos acerados suavizaron su mirar ante la imagen tan condenadamente linda que le mostraba Harry y una sonrisa atractiva se posó en su rostro.

–No tienes que agradecer… yo también lo pase muy bien –mencionó el más alto, recorriendo con la mirada el rostro de su esposo notando como un travieso mechón de negro cabello se deslizaba de su lugar incomodando la visión de Harry, por lo que sin pensarlo simplemente hizo lo que le nació hacer.

Llevó una de sus manos al rostro ajeno y apartó con cuidado el sedoso mechón, colocándolo con suavidad en su lugar. No obstante no retiró su mano del rostro ajeno y sin pensar realmente lo que hacía, acarició sutilmente la mejilla del licántropo.

Las palabras de Draco hicieron revolotear aún más las mariposas que se habían mantenido permanentes en su estómago en toda la velada, pero intentó controlarlas aunque no contó con la sonrisa que le regalara su esposo, lo que no solo hizo imposible su cometido sino que provocó que un adorable sonrojo se apoderara de sus mejillas.

Sonrojo que se acentuó intensamente cuando en un inesperado movimiento Draco quedó más cerca de él, prodigándole una sutil caricia a su mejilla.

Ante aquello simplemente se quedó quieto y con el corazón corriéndole veloz, y justo como pasara cuando el rubio sostuviera su mano, una parte de él quería que Draco no parase, que se quedase justo así. Aunque no fue todo lo que sintió esta vez, un nuevo anhelo se abrió paso en su interior cuando sus ojos quedaron prendados de los acerados. Quería que su esposo le besase, que le besase justo como al momento de sellar el enlace entre ambos. Deseaba volver a sentir los labios de Draco reclamando los suyos.

Aun inconsciente de sus acciones pero muy consciente de sus deseos instintivos, Draco se acercó un poco más a Harry. Sentía como si esa mirada esmeralda que ahora brillaba intensamente le llamara, clamara por él y no podía negarse a su fuerza, a su ruego. Todo a su alrededor no existía. Nada ni nadie era importante en ese momento y lo único que él sabía en ese momento era que necesitaba… quería cerrar la distancia entre ambos.

La proximidad entre ambos era ineludible. Draco se inclinó entonces hacia su esposo que con la mirada fija en él, permanecía quieto y esperando lo inevitable.

No obstante un ruido interrumpió el momento e hizo que ambos esposos se separasen.

La puerta tras Harry fue abierta y por ella una sonriente Hermione salía sin imaginarse lo que había interrumpido. Sin embargo al notar la presencia de ambos príncipes y el sonrojo en Harry junto con la gélida mirada que le era lanzada de parte de Draco, bajó la mirada y se limitó a hacer una reverencia.

–Sus Altezas –susurró.

–Mio… Mione… –correspondió apenas Harry, quien aún sonrojado y con el corazón latiéndole a mil miraba hacia la chica y evitaba mirar a Draco.

Draco por su parte, al reparar en lo que había estado por hacer se sintió algo perplejo por sus acciones pero no arrepentido, al contrario, en verdad hubiese deseado que no les hubieran interrumpido. Pero nada podía hacerse ya, aunque eso no le evitó ver fríamente a la humana que se encargaba de su esposo.

Ni hablar, el momento había pasado y creía que lo conveniente era retirarse, no quería arruinar lo vivido con Harry hasta ahora por el mal humor que sentía inundarle por la interrupción, por lo que aclarándose la garganta, habló.

–Hasta mañana Harry, me retiro. Que descanses –musitó, ignorando la presencia de la inoportuna castaña.

Aun inquieto por lo que casi sucedió pero no queriendo que Draco malinterpretara su reacción, Harry se obligó a mirar a su esposo.

–Hasta mañana Draco… que descanses también –dijo lo más amable que pudo, apretando nervioso las cosas entre sus manos.

Con un asentimiento a lo dicho por Harry, el rubio se permitió una fugaz sonrisa hacia su esposo antes de dar media vuelta e ir hacia sus propios aposentos, dejando a un agitado Harry junto a una apenada Hermione que en cuanto estuvieron a solas intentó disculparse con el más joven.

–No te preocupes, Mione… está bien… –susurró el pelinegro, soltando un suspiro antes de entrar a la estancia seguido por la chica castaña.

Por supuesto que lamentaba la interrupción de la chica pero no podía culparla por algo fuera de su control. Además, tal vez fue mejor así por ahora.

En ese momento era mejor tranquilizar su interior y prepararse para dormir, mañana le esperaba un día interesante con Sirius y Remus, a quienes por cierto no había vuelto a ver ni siquiera en el banquete, pero ya tendría tiempo para hablar con ellos mañana.

Ahora debía descansar y quizás soñar con cierto atractivo vampiro rubio y el momento que no pudo ser.

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En los aposentos de Severus

Localizar a Severus había sido complicado y mucho, pero al final Sirius pudo encontrar a su pareja cuando dirigió sus pasos a las habitaciones designadas para la estancia de este en el Castillo vampiro. Estando ahí captó el inconfundible e intoxicante aroma de su Severus en la habitación de este, por lo que no dudo en ir hasta ahí.

Ciertamente le sorprendió que la puerta estuviese abierta y no cerrada como esperaba, pero confiado se adentró en la habitación.

Grave error, pues en cuanto puso un pie en el interior fue empujado bruscamente contra una de las paredes dándose un sonoro golpe en la cabeza cuando rebotó contra el mármol producto del inesperado asalto.

–Auch… –fue lo único que pudo decir antes de abrir los ojos que había cerrado por el impacto y el dolor que le causó.

Frente a él, el causante del golpe le miraba fríamente con sus ojos negros mezclados con un tono de oscuro carmesí. Esa mirada le causó escalofríos, pero sin querer mostrarse débil se enderezó y aspiró hondo antes de hablar.

–Severus yo… lo siento… no… no quise hacerte enojar, verás, es que… –intentaba explicarse antes de verse interrumpido.

–No me interesan tus excusas Black –expuso glacial el pelinegro, cambiando su frío mirar por uno que mostraba total desagrado–. Lo que hagas con Lupin me tiene sin cuidado, ¿quieres cogértelo? Hazlo, adelante –apretando los puños con fuerza a medida que decía eso–. Sin embargo hacer que Lucius supiese lo que teníamos –enfatizando la palabra–, no fue grato para mí y tendrás que pagar por eso –terminó el vampiro pelinegro, esbozando una perversa sonrisa al tiempo que iba hacia un sorprendido Sirius y lo estampaba nuevamente contra la pared.

–Sev, ¿pero qué dices? Yo no quiero a Remus de esa forma... ¿y dijiste teníamos? –balbuceaba Sirius fuera de lugar, sin creerse lo que había escuchado pero más lo que veía, su pareja jamás había actuado y menos le había sonreído como lo hacía en esos instantes. No obstante el nuevo "ataque" a su persona le hizo perder el hilo de lo que quería agregar.

–Hablas mucho Black… –siseó Severus sobre los labios del licántropo manteniendo su perversa sonrisa que acompañada de una nueva mirada fría que hacía ver al vampiro realmente intimidante.

–Pero yo… –intentó protestar Sirius.

–Te dije que hablas mucho –tomando de los cabellos bruscamente al más alto, jalándole hasta sus labios para depositar en ellos un venenoso beso que poco a poco se hizo más intenso.

En verdad se hallaba confundido, primero esas inesperadas palabras y ahora esto. Definitivamente no entendía lo que sucedía aunque el beso estaba despertando cierta parte salvaje en Sirius que pronto intentó tomar el control de la situación, girando ambos cuerpos para dejar acorralado a su pareja contra la pared. Lamentablemente el intento se vio frustrado por el mismo Severus, que usando su propia fuerza le mantuvo en esa posición antes de morder con saña su labio y separarse del beso que compartían.

–Te dije que pagarías, Black –murmuró el vampiro pelinegro, volviendo a sonreír de aquella manera que intimidaba a Sirius antes de lamer la sangre que brotaba de la herida hecha por sus colmillos.

El sabor de la sangre de Sirius era único, intoxicante para Severus, que emitió un gemido totalmente sensual antes de mirar con sus ojos ahora del todo rojizos al licántropo frente a él.

–Dime, ¿estás dispuesto a pagar, Black? –Cuestionó incitante pero amenazante al mismo tiempo. Sin embargo Severus no esperó respuesta alguna y en un fluido y rápido movimiento, tomó a Sirius por las solapas del saco que vestía y le arrojó sobre la amplia cama que engalanaba la habitación.

Al verse arrojado de aquella forma y mientras meditaba las palabras y actitud de su pareja, Sirius creyó saber entonces lo que pretendía Severus. Quería castigarlo ciertamente y no estaba jugando y aunque intuía o creía intuir lo que ese castigo implicaría, lo aceptó. No era que la situación le agradara, por naturaleza él siempre era el dominante, sin embargo sabía que su pareja merecía esa satisfacción, él se había buscado el "castigo" que Severus quisiera darle, por lo que cuando sintió el blando soporte de la cama tras su espalda sus ojos entre dorados y cobalto recorrieron la figura de Severus, que de pie frente a la cama le miraba de aquella inusual forma que hacía a cada vello de su cuerpo erizarse.

–Estoy dispuesto –confirmó–. Estoy dispuesto si con eso puedes perdonarme.

Una media sonrisa complacida, pero no por ello menos maliciosa, surcó el rostro del vampiro.

–Ya lo veremos… –musitó Severus deslizándose con pasos cautivadores pero acechantes hacia Sirius y subiéndose a horcadas sobre el fuerte cuerpo del licántropo, que ahora estaba por voluntad propia a su merced–. Ya veremos si mereces o no mi perdón –agregó altivamente antes de alargar sus colmillos y morder sin piedad el cuello de Sirius, quien ahogó un gemido al sentir el ya familiar y ardiente dolor placentero atravesar su cuerpo.

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En los aposentos de Thomas

Mientras, a varios metros de donde estaban Sirius y Severus, algo similar se vivía. Dos cuerpos sobre una amplia cama caldeaban el ambiente de la habitación del primogénito Zabinni. No hacía mucho que habían llegado y sin embargo el rastro de ropas rasgadas que había sobre la mullida alfombra era un signo evidente de la pasión que se desató en cuanto Thomas y Evan pusieron un pie en la habitación.

Intoxicante y lasciva pasión que dio paso a lo que sucedía entre ambos vampiros justo en ese momento, en el que solo sonidos deleitantemente excitantes inundaban cada rincón de la habitación, resonando entre las paredes de mármol sólido.

Sonidos que evidenciaban el desenfreno del que eran presos ambos vampiros que enredados entre las sabanas de seda, se entregaban con vehemencia.

– ¡Ahh…! Thomas… –gimió entonces mitad dolor, mitad placer el peli plata al sentirse invadido repentinamente por el miembro de su amado pelinegro, mientras encajaba sus uñas en la amplia y fuerte espalda ajena, rasguñándola en el proceso.

Pero es que no pudo evitarlo, la sola sensación de tener a Thomas dentro suyo por primera vez era totalmente intensa y tan diferente a todo lo que había sentido hasta ese momento en brazos de Draco o de cualquier otro. No podía describirlo a ciencia cierta, pero era como estar completo por fin. Su cuerpo más sensible que en cualquier otra ocasión se erizaba y se estremecía con las caricias y los besos que le eran prodigados, mientras él se entregaba sin reservas al vampiro entre sus muslos como no lo había hecho jamás.

Como no lo haría jamás, pues en ese justo momento en el que Thomas embestía en su interior con arrebato y mordía su cuello enterrando sin piedad sus colmillos sobre su sensitiva piel, supo que a partir de ahora no podría ser de nadie más.

Thomas era y sería el único para él, las caricias, los besos y la entrega de esa noche la llevaría tatuada por siempre en la piel, como una huella imposible de borrar, como un juramento irrompible, como un recordatorio constante de a quien pertenecía.

De quien era su dueño.


Notas finales:

Antes que me lancen algún avada por lo que esa pasando con Evan y Thomas recuerden lo que les dije en las notas del cap anterior, no adelanten conclusiones, en serio nada es lo que parece y aunque ahora todo parece ir bien para el peli plata puedo adelantarles que le vienen cosas no muy agradables.

Oh si, tambien les pido que se guarden los crucios por el momento Drarry interrumpido, tranquilos que ya se dara ese beso lo prometo.

Ahora pasando a otro asunto, espero nuevamente que el cap no les haya parecido tediosin, de nuevo es largo y abordo a los otros personajes también pero como dije en cap. pasado, cada detalle tenía que quedar tal cual quedo plasmado. Y si soy sincera a mi me gusto como quedo en general el cap, pero ya me diran ustedes que les pareció.

Bien, abordando ahora el tema de la nueva actualización, debo decir que aun no tengo mi lap pero afortunadamente cuento con una biblioteca cerca de mi casa en donde puedo hacer los caps sin presiones, lo que son buenas noticias para ustedes pues a menos que otra cosa ocurra o que mi beta tenga algún contratiempo, el próximo cap. lo tendrán la próxima semana.

En fin ahora si me despido, cuídense mucho y ya saben ahora que viene de nuevo un fin de semana mas, aprovechen y pórtense muy mal pues el verano tristemente se esta terminando. Besos a todos.